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Primer post: 31 oct 2014Último post: 19 ene 2015
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Petróleo en nuestro menú diario
EcologiaporAnónimo10/31/2014

Petróleo para desayunar, petróleo para comer y más petróleo para cenar. Las consecuencias del actual sistema de alimentación impactan en nuestra economía, salud y en el ecosistema que nos rodea. El sistema de producción, distribución y consumo de alimentos está directamente vinculado con el llamado oro negro. Sí, comemos petróleo y en la mayoría de los casos no somos conscientes. La necesidad de esta materia la observamos a lo largo de todo el proceso de la cadena alimentaria. El sistema agrícola dominante necesita altas dosis de fertilizantes elaborados con petróleo; los alimentos llegan al supermercado envueltos en plásticos, derivados del petróleo, y en muchas ocasiones nos los llevamos a casa con bolsas de plástico. Por otra parte, están los largos viajes que realizan los alimentos desde donde son cultivados hasta el lugar en el que se consumen. Según un informe de Amigos de la Tierra, se calcula que la comida viaja de media unos cinco mil kilómetros del campo al plato. Esto genera casi 5 millones de toneladas de CO2 al año, contribuyendo al agravamiento del cambio climático. Todo ello es la consecuencia de que paguemos por los alimentos más del doble de lo que nos corresponde. La globalización alimentaria en su carrera por obtener el máximo beneficio posible, deslocaliza la producción de alimentos. En unas partes de la tierra produce a gran escala, aprovechándose de unas condiciones laborales precarias y una legislación medioambiental inexistente y, vendiendo posteriormente sus productos en otra parte del planeta a un precio competitivo. El resultado: mucho beneficio para unos pocos, gran pobreza y precariedad para los agricultores y contaminación ambiental para todos. Desmantelado el sistema agrícola tradicional y dependientes totalmente del petróleo, nos encontramos, como resultado, con otra problemática: millones de famélicos en una parte del mundo y millones de obesos en otra parte. En unas zonas del planeta se tiran alimentos a causa de las regulaciones y las discriminaciones por calibre,maduración, forma o color, mientras en otras zonas el hambre es la máxima epidemia. Ante tal panorama, existen empresas que ya apuestan por reducir la dependencia del petróleo a partir de la producción local aplicando una logística diferente y una particular tecnología en la producción de alimentos. Foodtopía, por ejemplo, sería uno de los casos. Esta empresa dispone de alimentos que cubren más del 90% de las necesidades energéticas de la dieta, equilibrados, sanos, con buena calidad y representativos del recetario tradicional perteneciente a cada cultura local. De esta forma crea un nuevo paradigma alimentario, siendo solidario con el medioambiente, promoviendo la soberanía alimentaria y evitando malgastar comida (todo un ahorro para los bolsillos de las familias). link: http://www.youtube.com/watch?v=n5XrmhKCyQw Según su fundador, Jesús Pagán: “Consumimos en la actividad diaria cerca de 30 veces la energía contenida en nuestros alimentos y, en concreto, para confeccionar los alimentos consumimos 10 veces la energía que contienen. Estamos hablando de casi 2,5 kilogramos de petróleo equivalente por persona/día”. Pagán opina que consumimos más petróleo del que generamos. “Estamos en pleno pico en este momento, pero el problema es que ni la ciencia ni la técnica disponen de una alternativa. El consumo de petróleo disminuirá a la fuerza, pero en paralelo se producirá un enorme nivel de extinción. Nuestro statu quo depende de la energía y volveremos a un nivel más bajo, más bajo de lo que somos capaces de imaginar” señala. Por ello mismo Pagán apostó por Foodtopía, una empresa que basa el futuro en el desarrollo local. Para optimizar la máquina social y producir alimentos con menos energía, en esta empresa lo tienen claro: “ensamblar nodos locales, cinturones agrícolas en las ciudades conectados a fábricas locales y sistemas de distribución que permitan comer a parte de la sociedad en código abierto, alimentos en el procomún, para el bien de todos.” Esta, entre otras muchas iniciativas que ya están emergiendo, es una vía para transformar un mundo en el que la comida, mezclada con tanto oro negro, es la responsable de numerosas patologías y enfermedades actuales. Es necesario apostar por un modelo de agricultura local, social, de pequeña escala, respetuosa con el medio ambiente y en manos de agricultores en vez de empresas multinacionales y especuladores. Un modelo de alimentación contrario al que ahora nos envuelve, que ponga en el centro las necesidades de las personas y nuestro ecosistema. ¿Apostamos por él? ¿O quieres seguir comiendo petróleo? Puedes ver otros artículos de interés aquí

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Sumando energías para cambiar el mundo
Sumando energías para cambiar el mundo
EcologiaporAnónimo1/19/2015

Ideas al servicio de nuestro planeta. Ese es el objetivo que persiguen los empresarios concienciados con el medio ambiente. Hablamos de inventos ecológicos que nacen para cambiar nuestras vidas y para cuidar de la Tierra. Numerosos expertos predicen que, en la próxima década, se producirá una escasez de combustibles fósiles. Por esta razón, Ecos del Futuro ha querido conocer las ideas y puestas en práctica de varios emprendedores que aportan su conocimiento para reducir nuestra dependencia de las fuentes de energéticas tradicionales y a la vez proteger el medio ambiente. Calentarse con huesos de aceituna o con cáscaras de almendra ya es una realidad que cada vez más gente conoce. Juan Manuel Cabello, gerente de la empresa Calordom, fue el encargado de traer a España un modelo importado de Austria: la biomasa (utilización de la materia orgánica como fuente energética). “Fui a Austria por ser referente en energías renovables, pero me volví con la idea de que no podíamos tener la misma biomasa de allí; debíamos adaptarnos a nuestro entorno. A raíz de esta idea, hubo que elaborar herramientas exclusivas para aprovechar al máximo la biomasa peninsular y de esto modo reutilizar los recursos que nuestra tierra nos ofrece” apunta Cabello. Juan Manuel llegó a esta conclusión tras una profunda crisis que envolvía a su empresa familiar con 70 años de historia. “Éramos carboneros y en los años 90-95 vimos como nuestra empresa se iba a la quiebra. Teníamos camiones, almacenes, gente trabajando para nosotros… No podíamos perderlo todo y apostamos por un negocio respetuoso con el medio ambiente” señala. La biomasa constituye una de las fuentes de energía más respetuosas con el medio ambiente, ya que, a pesar de que su quema emite dióxido de carbono (gas que contribuye al efecto invernadero), la cantidad emitida es la misma que emitiría igualmente en su descomposición natural, por lo que no altera artificialmente el equilibrio de gases en la atmósfera. Además, no emite gases contaminantes como los derivados del azufre o el dióxido de nitrógeno. Vayamos a otro invento. ¿Se imaginan poder contar con baldosas que generan electricidad al pisarlas? El continuo trasiego de habitantes desplazándose de un lugar a otro es ya una nueva fuente de energía. Bautizadas con el nombre de baldosas Pavegen, el autor de la idea es del británico Laurence Kemball-Cook. Desde su equipo nos cuentan que “las baldosas tienen la propiedad de hundirse cinco milímetros del suelo, generando de entre 5 a 7 vatios de energía cada vez que una persona las pisa, lo suficiente como para poder aplicar dicho invento para el alumbrado público, pantallas de publicidad y la tecnología en las comunicaciones. Dicha energía cuenta con la posibilidad de ser almacenada dentro de una batería y utilizarla posteriormente”. link: https://www.youtube.com/watch?v=tTQxj5ZfbY0 Pavegen de esta manera “ofrece una solución mediante la distribución de la energía para las casas, oficinas, comunidades y espacios públicos, ya que proporciona electricidad allí donde se necesite. Esta energía sería idónea dentro de entornos urbanos transitados, y en especial en los países en desarrollo, donde dicha instalación podría proporcionar la suficiente energía para las futuras generaciones. Nuestra filosofía es la de crear ciudades energéticamente autónomas”. “Y no sólo Pavegen es una fuente de energía sostenible, sino que además, las baldosas están realizadas con materiales reciclables. Su superficie utiliza caucho reciclado 100% y su base utiliza un 80% de materiales reciclados, lo que hace que nuestro producto sea auto-sostenible” apuntan desde el equipo de Laurence. Estos dos inventos han nacido de la imaginación y se han desarrollado en la realidad. La adaptación a nuestro entorno de forma sostenible es una de las metas que nos llevará a la supervivencia de nuestra especie y nuestro mundo. Magno objetivo al que nos enfrentamos, aunque entre todos podemos lograrlo, porque si la ADAPTACIÓN es la clave, ¿a qué estamos esperando? Puedes ver más artículos y tendencias en ecosdelfuturo.com

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