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En la historia oficial se indica que Monopoly fue idea de un hombre llamado Charles Darrow, un desempleado que había tenido muy mala fortuna hasta entonces. Tal vez Darrow haya creado el juego tal y como lo conocemos, pero jamás mencionó que su participación consistió en disfrazar y diluir un juego inventado tres décadas antes. La dinámica original se presentó en The Landlord’s Game, un juego de mesa patentado en el año de 1903 por Elizabeth Magie, quien demoró años en crearlo. Posteriormente, Parker Brothers adquirió esa patente por la cantidad US$ 500, que Magie aceptó creyendo que publicarían su juego. Cuando apareció una versión completamente modificada en el mercado, se dio todo el crédito a otra persona y se desechó un componente clave: un conjunto de reglas anti-monopolio. La historia “oficial” de Monopoly y Charles Darrow Sin importar tu edad, seguramente alguna vez has jugado Monopoly o tienes una mínima idea sobre los personajes y la mecánica del juego. Además de la disputa inicial por obtener el personaje de sombrero, Monopoly es un juego que generalmente termina en anarquía y con mesas patas arriba. Dado el contenido del juego, la popular historia sobre la creación de Monopoly no podía ser más apropiada. Después de todo, ¿quién no ama las historias de pobres diablos que terminan convirtiéndose en millonarios? La historia oficial sobre la invención del Monopoly dice que fue idea de un hombre llamado Charles Darrow. Se le habría ocurrido en medio de la Gran Depresión, época en que Darrow estaba desempleado y sin un quinto en la bolsa. Pero todo eso cambió cuando desarrolló Monopoly, que no sólo se convirtió en el juego de mesa más popular del mundo, sino que terminó salvando a la compañía Parker Brothers de una bancarrota segura. Se supone que Darrow, un ocasional cuidador de perros y técnico en reparación de radiadores, se inspiró completamente en la ciudad de Atlanta, donde solía vacacionar ocasionalmente con su familia. En cierta ocasión, cuando lo entrevistaron sobre el método que había utilizado para administrar la creación del juego, se limitó a responder: “es una monstruosidad. Completamente ilógico e inesperado”. Elizabeth Magie y “The Landlord’s Game”. Aunque era mentira, pues la idea original sobre la que hizo crecer su fortuna había sido patentada 30 años antes. La patente era propiedad de una mujer llamada Elizabeth Magie, residente de Washington DC. Magie vivía adelantada a su época, parecía más una mujer del siglo XXI atrapada en los albores del 1900. En primer lugar trabajaba como estenógrafa, tenía una casa y una finca de su propiedad, no se casó hasta que cumplió 44 años, daba clases de política y en su tiempo libre hacía lecturas. Con la esperanza de convencer a una mayor cantidad de personas para convertirse a su ideología política, decidió crear un juego de mesa al que llamó The Landlord’s Game (en traducción libre sería “el juego del propietario”). Poseía todos los sellos distintivos de lo que conocemos como Monopoly, incluyendo las propiedades, el tablero y la icónica casilla de “Vaya a la cárcel”. También presentaba casillas con nombre de estaciones de ferrocarril y de servicio, tarjetas de oportunidad y una casilla titulada “Madre Tierra” que recompensaba a los jugadores con $ 100 cada vez que completaban una vuelta al tablero y regresaban a la casilla de partida. Aquellos que tenían la mala suerte de caer en la cárcel debían pagar una fianza u obtener doble en los dados para poder salir. El juego entero se basaba en la filosofía económica de Elizabeth Magie. Los jugadores competían para acumular riqueza, pero había otro conjunto de reglas a través de las cuales los premios se repartían de forma equitativa. Magie estaba en contra de los monopolios, y el juego también condensaba la ideología de uno de sus ídolos políticos, un economista que estaba convencido de que los más ricos deberían hacerse responsables por una mayor cantidad de impuestos. Parker Brothers y la patente del juego. Magie llegó a patentar su juego en el año de 1903, y sería publicado por la Economic Game Company. Gozó de cierta popularidad en la época y terminó llamando la atención de Charles Darwin quien lo presentó a Parker Brothers, compañía que compró la patente a Elizabeth Magie por US$ 500. Aunque inicialmente se mostró muy emocionada al saber que su juego se iba a vender, no pasó mucho tiempo hasta que se dio cuenta que le habían comprado la patente para protegerse. La versión “oficial” del juego de Darrow simplemente disfrazó al original, diluyó un poco las reglas y resultó un éxito rotundo. Magie llegó a protestar por el robo y re empacamiento de su juego, pero durante muchos años su nombre se mantuvo en las penumbras. Murió viuda y sin hijos, era recordada por sus conocidos como una persona que solía hablar sobre sus incursiones en la invención de juegos de mesa. La verdad sale a la luz. No fue sino hasta el año de 1973 que un profesor de economía descubrió que la Parker Brothers la había hecho a un lado de forma bastante conveniente para sus intereses. Mientras estaba involucrado en un caso ante la Suprema Corte, peleando por el derecho a hacer sus propios juegos anti-monopolio, Ralph Anspach descubrió la historia de Elizabeth Magie. Durante el pleito legal, el presidente de la compañía Parker Brothers llegó a decir que el juego de Magie “carecía completamente de valor”. Anspach no sólo se rehusó a darse por vencido en su propio caso, también tomó la determinación de hacer público el verdadero orígen del Monopoly, un juego concebido por los ideales políticos de una mujer avanzada a su tiempo que por poco es olvidada por la historia.
Causa de muerte (tradición otomí). La tradición otomí supone dos causas de muerte: la natural y la sobrenatural. La primera obedece a alguna enfermedad, mientras que la segunda es causada por una caída a un río, a un pozo, a quemarse en fuego o a ser asesinado con algún objeto o arma punzocortante. Sin embargo, la muerte sobrenatural en los adultos también supone obedecer a brujería realizada a través de individuos que sabían hacer daño. Estos brujos podían ser hombres o mujeres. En los recién nacidos, una muerte sobrenatural se debía al famoso “chupete de la bruja”, el cual, generalmente, se ensañaba con los neonatos sin bautizar. También se tenía conocimiento de otro tipo de muerte sobrenatural provocada por el nagual, que, de acuerdo con el mito, se transformaba en algún animal, que podía ser lagartija, guajolote, perro, etc., para conseguir su fin: alimentarse. En aquellos tiempos se acostumbraba contrarrestar los efectos de estos seres malignos colocando en lugares estratégicos de la vivienda y cerca de la cabecera del infante agua bendita y oraciones impresas, objetos que muchas veces resultaban insufucientes para detener la acción. Cuando los clérigos se dieron cuenta de esta situación , intentaron convencer a los indígenas de que la muerte no era provocada por una bruja, sino que más bien era un designio del Señor, interponiendo con esto el pensamiento cristiano de decir que quien se porte bien en este mundo alcanzará el trono de La justicia. Ante la incertidumbre, los otomíes aceptaron la creencia de que las almas buenas se iban al cielo, mientras que las que habían pecado tanto en pensamiento como en acción, librarían batallas en el infierno. Sin embargo, eso no ayudó a que las muertes de los recién nacidos cesaran, por lo que en la población persistía la idea de que siendo niños cómo era posible que pudieran tener pecados, así que con tanta contradicción perduró el mito de las muertes a causa de las brujas. El mito de la Sallana. El mito de la Sallana nació precisamente en la época colonial. Se dice que era una mujer aristócrata de la ciudad de Villavicencio. La mujer siempre prestaba atención a lo que la gente decía, pues solía vivir del qué dirán. Cierta ocasión llegó hasta sus oídos la terrible noticia de que su esposo la traicionaba con su mamá. La mujer se dejó llevar por los celos, y lejos de aclarar la posible infidelidad, descuartizó a su hijo, decapitó a su marido y le dio varias puñaladas a su madre, dejándola en agonía. Cuando volvió en sí, prendió fuego a la casa, porque deseaba borrar toda huella de sospecha. Su madre, quien todavía estaba con vida, le dijo con su último aliento: “Tu nombre será Sallana, y vagarás por los llanos asustando borrachos y chismosas.” A partir de ese entonces, se cuenta que una mujer hermosa se les aparece a los ebrios asustándolos con su risa macabra. Cubre su cuerpo con un abrigo negro y es precisamente ésta su forma de atraerlos; cuando logra acaparar su atención, abre su abrigo dejando mostrar la calavera verdosa que esconde ahí. La Sallana es una mujer perversa que busca enmendar todo el mal que hizo. También persigue a las mujeres chismosas, pues fueron éstas las causantes de los celos que la llevaron a su desgracia. El hombre lobo. México no estuvo exento del mito del hombre lobo; aquel siniestro ser que a los rayos de la luna llena tomaba forma peluda para salir a alimentarse. Ese mito fue una versión traída del Viejo Continente, en donde se creía que estos “animales” obtenían su comida de los cuerpos tiernos de los bebés. Se decía que los lobos sólo atacaban por hambre, siendo el Diablo quien les daba un supuesto cinturón mágico con el que podían cambiar de forma, adoptando la apariencia de un animal asesino. Luego se creyó que los hombres lobo servían como esclavos a las supuestas brujas, pero la verdad es que nunca se les pudo ver juntos. Una de las leyendas más interesantes con respecto a los hombres lobo en la Colonia, es la de un campesino, quien cortó la pata a uno de estos seres, echándola en el saco que llevaba consigo. Mas tarde se la mostró a su familia, pero al hacerlo, descubrió que se trataba de una mano, motivo por el que fue sentenciado a muerte, sin darle la oportunidad de defenderse. Él mencionó en varias ocasiones que le había cortado la pata a un lobo y no a un humano, pero obviamente nadie le creyó, sólo su familia que por muchos días subieron a la sierra con la esperanza de encontrar al hombre que le faltara una mano, algo que nunca sucedió. Más tarde se creía que eran los brujos quienes tomaban forma de lobo, habiendo aquí una confusión, pues a ellos se les atribuía el poder de convertirse en cualquier animal, lo que comúnmente recibe el nombre de “nagual”, que era muy común en las tierras mexicanas, por lo que confundirlos no vendría siendo lo más apropiado. Pero siguiendo esta versión: dichos brujos tomaban esa forma para acudir a sus aquelarres (reuniones para invocar al diablo), atacando a todo aquel que se les cruzaba en su camino. Como quiera que sea, en la época de la Colonia fueron muchos los juicios que se llevaron a cabo condenando a las personas que se suponía cambiaban de forma, llámese nagual u hombre lobo. Y poco tiempo después nacieron algunas otras versiones refiriéndose al mismo mito. Se cuenta que el mítico ser obtenía sus poderes de un brujo del bosque, quien le ofrecía una piel de lobo y un ungüento especial con el que se les podía pegar el nuevo atuendo. La piel se solía guardar en un rincón oscuro durante el día, y en las noches de luna llena se sacaba para poder convertirse y alimentarse. De acuerdo con la leyenda, los hombres lobo no saciaban su hambre, por lo que debían salir en busca de carne cruda, de preferencia de bebés. Pero además, estaban condenados a los infiernos, pues al perder sus pieles, perdían también su inmortalidad. Siendo el Diablo el único ser que se los podía llevar al otro mundo, pues de lo contrario quedarían como almas en pena. De ahí que generalmente se les identificara con el mundo de los muertos, y se creía que eran más activos durante las doce noches posteriores a la Navidad, cuando se supone que los muertos vagan por la Tierra. Finalmente nació la versión que afirmaba que el séptimo varón de una familia se convertiría en un hombre lobo sediento de sangre y carne humana. Mito del nagual. En la época de la Colonia se creía que los brujos o hechiceros se convertían en animales para atacar tanto a personas como a similares. Los antiguos relatos se refieren a brujos con poderes sobrenaturales capaces de hacer llover, desunir matrimonios y hasta provocar muertes. El nagual fue y será el más mítico de los seres mexicanos, aunque no se tienen datos de su aparición, pues ya cuando se consumó la conquista de la Nueva España se hablaba de los poderosos hechiceros capaces de tomar cualquier forma. Al principio los recién llegados creían que se trataba de una superstición, pero más tarde el miedo se apoderó de ellos también. Los indígenas se aprovecharon del temor que estas crónicas causaban en los extranjeros para poder alimentarse, pues muchas de las leyendas afirman que curtían las pieles de los animales para colocárselas por la noche, pudiendo de esa manera escabullirse para conseguir un poco de comida, propiamente se diría robar, pero eran tantas las injusticias que no había más remedio que hacerlo. Sin embargo, el mito iba más allá de lo que pensamos: se trataba de un don brindado por los antepasados. Ellos podían tomar la forma de perro, jaguar o puma, aunque al parecer sólo dañaban cuando algo ponía en peligro su identidad. Aun así, hubo muchas versiones en las que se aseguraba que los naguales atacaban poblados enteros, lo que sería posible considerando que siempre ha existido el bien y el mal; la brujería blanca y la negra; los dioses de la luz y los del inframundo, etcétera. Siendo imposible sin alguna prueba fehaciente poder pasar a los naguales a las leyendas, por lo que pensamos que pertenecen a los mitos. Después de todo y lo que sería una fortuna, ya no existen. Los aluxes. Cerca de las costas de Veracruz y en las espesas selvas de Yucatán y Chiapas se aparecían unos diminutos seres peludos, de anatomía extraña: eran los aluxes. Una especie de duendes oriundos de nuestro país y protagonistas de uno de los mitos más extraordinarios del folklore mexicano. Sin rebasar el metro de estatura, estos hombrecitos de supuestas narices rojas y ojos rasgados, comenzaron a aparecerse desde los tiempos en que aquellas tierras gozaban de la sabiduría maya. Se cree que ellos fueron los primeros en poblar las selvas, permitiéndoles su estancia a la civilización que por primera vez utilizó el cero. Sin embargo, los aluxes poco intervinieron cuando llegaron los españoles, aunque algunas crónicas afirman que los misioneros escuchaban vocecitas provenientes de los árboles. Al principio creían que se trataba de indígenas, pero al parecer algunos fueron testigos de que no se trataba precisamente de personas, sino de seres extraños y de baja estatura. Incluso se cree que ellos fueron los que los clasificaron como duendes, pues en sus tierras era muy común hablar de varias razas de esos seres, aunque ninguno con la descripción de los “peluditos” del Nuevo Continente. El mito de los aluxes perdura hasta nuestros días, aunque hoy a los que habitan en Veracruz se les llama chaneques, siendo los primeros habitantes únicamente de Yucatán y Chiapas, donde resulta increíble mirar a las personas ofrecerles fruta y granos para su alimentación, ya que aseguran que son ellos quienes les ayudan a que sus cosechas se den en abundancia, tal y como lo hicieron algún día con nuestros antepasados. El jorobado. Corría el año de 1780 en la región tarasca de Michoacán. Por aquellos lugares había llegado el sacerdote jesuita mexicano Francisco Javier Clavijero, quien publicara más tarde su libro Historia antigua de México, en donde se contaba la historia de un itzcuintlipotzotli. En el libro se señala que era un animal grotesco semejante a un perro del tamaño de un terrier, con cola corta, una cabecita parecida a la de un lobo, prácticamente sin cuello, con extraña nariz bulbosa, piel casi lampiña y, lo más extraordinario de todo, una pronunciada joroba que se extendía desde el lomo hasta las ancas (patas). Pero además de transcribir estas características, también incluyó un viejo dibujo realizado por él mismo, en donde aparecía el supuesto animal. Aquella vieja historia se había quedado en el olvido porque todos se negaban a creer que este cuasimodo canino fuera un perro, asegurando que más bien era una especie de roedor similar al cerdo de Guinea, pues todos los rasgos señalaban eso. Pero como todos los mitos, esto nunca se sabrá, ya que el animal, así como las versiones posteriores, pudo haber desaparecido. El jorobado es un enigma que a diferencia del xoloescuintle no puede ser considerado como leyenda, aunque se asegure que en décadas pasadas se vio un ejemplar en una ranchería de Michoacán. Pero a juzgar por el dibujo de la crónica, no se puede descartar su posible existencia. Omaxsaupitau. Cuando se edificó la ciudad de la Nueva España, los españoles continuaron su labor de expandir su territorio, pues no satisfechos con lo obtenido, deseaban más riquezas para sí mismos y para la Corona. Y haciendo un pequeño repaso en la geografía, el territorio mexicano comprendía lo que ahora es gran parte de los Estados Unidos, siendo éstas las tierras en donde nació el siguiente mito. Los habitantes del lugar recorrían las montañas en busca de alimento, pues al ser tierras áridas en su mayoría, les era difícil conseguir lo suficiente para subsistir. Ellos conocían los peligros a los que se enfrentaban, pero los conquistadores no, motivo por el que uno de ellos fue sorprendido por una enorme sombra. Luego sintió cómo unas garras lo tomaban por su espalda. Cerró los ojos y cuando los abrió estaba en un nido situado en lo alto de los riscos; un ave se lo había llevado. Obviamente era demasiado grande el animal para poder realizar esta maniobra. Nunca mencionó la forma en que se escapó, sólo dijo que era un ave horrible y de gran tamaño la que lo abandonó a su suerte en aquel desolado nido con tres pájaros gigantescos, pero no tanto como el que se lo había cargado. La gente le refirió que se trataba de un omaxsaupitau, un gigantesco pájaro-trueno con apariencia de águila, temido por los indígenas e indios del Norte. Aseguraban que el animal robaba gente para alimentar a sus crías, lo que pudo ser comprobado por el español, quien aseguró que en el nido había huesos humanos. El relato es fantástico e imaginativo, a no ser porque en Norteamérica se habla de enormes aves de rapiña no identificables. La mitología americana los da a conocer como pájaros-trueno porque, según el batir de sus alas se asocia con el sonido del trueno. En la actualidad, por muy difícil que pueda resultar, en 1977, se habló en los Estados Unidos de unos enormes pájaros negros con apariencia de buitres. Tenían pico ganchudo, un anillo blanco en torno al cuello y alas que, según se calculó, medían más de tres metros. Este suceso desató gran polémica, porque había quienes aseguraban que ninguna ave podía cargar a un niño de 27 kilos, como se decía al hablar de que se llevaban a pequeños de 10 años; pero más tarde otras personas dijeron haber visto volando hacia el Sur a las mismas aves. Además, es comprobable que hace 8,000 años existían en Norteamérica aves de rapiña monstruosas conocidas como teratorns. Estas aves prehistóricas se asemejaban a los buitres, pero eran más activas que las pequeñas aves de rapiña que sus equivalentes modernas. Los fósiles encontrados a lo largo del Continente muestran que la especie más común tenía una envergadura de hasta cinco metros. Estas deducciones podrían hacernos creer que efectivamente, en la época colonial se pudieron haber encontrado aves de este tipo, siendo también más fácil el escape de los extranjeros, ya que ellos traían consigo armas de fuego, objetos con los que no contaban ni los mexicanos ni los norteamericanos. Cabras con garras. Y continuando en el Norte, vayamos a este mito que sorprende a propios y extraños. En la época colonial se hablaba de un peculiar animal de pelaje blanco, que habitaba generalmente en lo que hoy es el estado de Texas, Estados Unidos. La bestia servía como mascota, pues al parecer era inofensiva. La descripción oral nos refiere a una cabra del tamaño de un gato, con garras y cuernos de color rosado. Sí, sabemos que es increíble pensar siquiera que pudo existir semejante especie. Más tarde, en el año 1858, el abbé Emanuel Doménech informó haber visto un animal extraño en Fredericksburg, Texas. La bestia, como la llamó, era la mascota de una mujer india. El le ofreció un diamante a cambio de su extraño compañero, pero ella se negó argumentando que conocía el lugar donde se encontraban muchos animales como ése y prometió atrapar algunos, pero en cuanto el hombre la perdió de vista, la mujer se fue llevándose el secreto de las cabras con garras. Abbe Emanuel describió detalladamente al fabuloso animal, dando muestras de que era el mismo que se domesticaba en la época colonial. Onza, el gato de Colón. Para referir el siguiente mito tendríamos que citar la carta que el descubridor Cristóbal Colón envió desde México a los reyes de España. En ella se describe a un sorprendente animal de la siguiente manera: “Un hombre con una ballesta mató a una bestia semejante a un enorme gato, pero mucho más grande y con una cara como la de un hombre. La atravesó con una flecha, pero era tan fiera que tuvo que cortarle una pata anterior y una posterior. Cuando un jabalí vio a esta bestia, se le pusieron los pelos de punta. A pesar de que el enorme gato estaba moribundo, de inmediato atacó al jabalí; le rodeo el hocico con la cola y lo oprimió con fuerza. Con la pata delantera que le quedaba, lo estranguló.” Casi 500 años después, un ranchero disparó a un gato muy poco común, que se asemejaba a un puma pero con la cara más plana, el cuerpo más perfilado y las patas particularmente largas. Aquel animal resultó ser un onza (animal salvaje reconocido durante siglos sólo por los campesinos mexicanos), siendo la descripción muy similar de la que Colón refirió siglos atrás. La onza es un animal mítico poco común en la Colonia, pues al saberse muy salvajes, los fueron exterminando con armas de fuego; sin embargo, en la era prehispánica sí se pueden encontrar muchos relatos en donde se habla de animales salvajes de patas largas. El mito de las almas en pena. En México como en muchos otros países se cree que si la muerte llega repentinamente y dejamos tareas pendientes en este mundo, el espíritu volverá tratando de remediar lo inconcluso. El siguiente mito hace alusión a dicha creencia. Allá en los tiempos cuando la Virgen de Guadalupe acababa de hacer sus apariciones, hubo un padre que no encontraba a su hijo. Este individuo pidió a la Virgen que lo ayudara a encontrarlo y a cambio iría a visitar el lugar donde había hecho sus apariciones, que era el sitio donde le estaban construyendo la actual Basílica. La Virgen cumplió y el padre pudo encontrar a su hijo, olvidándose aquél de la promesa que había hecho. Pasó el tiempo y al hombre le remordió la conciencia de no haber cumplido su promesa por lo que fue a ver a su amigo el obispo, quien le aseguró que no se preocupara, sólo que como penitencia tenía que rezar una serie de oraciones. Ese mismo día, cuando el obispo iba de regreso de visitar la iglesia de la Virgen de Guadalupe se encontró a su amigo y le preguntó a dónde iba, él comentó que a cumplir su promesa. Lo notó extraño, frío y ojeroso; llevaba un blusón blanco. Eso le preocupó porque no lo veía normal. Más tarde fue a casa de su amigo a preguntarle cómo le había ido en su viaje al santuario de la Virgen, pero se encontró con que lo estaban velando. Había muerto y traía el mismo blusón con el que lo había visto ese mismo día. Historias como estas se repiten continuamente en nuestro país, como un eco constante y persistente del que no podemos escapar. De ahí nació el mito de que cuando se promete algo de esta naturaleza se debe hacer hasta lo imposible por cumplirlo, de lo contrario nuestra alma nunca encontrará la paz a la que todo difunto tiene derecho.

Según la demonología, existen siete líderes en el infierno responsables por cada uno de los pecados capitales. Belcebú. En el remoto año de 1589, un teólogo y obispo alemán llamado Peter Binsfield asoció a cada uno de estos demonios con un pecado. Belcebú sería el responsable por la gula. Su imagen provino del dios de la fertilidad Baal, idolatrado por los cananeos, pero considerado un falso dios por la doctrina cristiana. Sin embargo, en una serie de textos de 1613 escritos por el inquisidor francés Sebastien Michaelis, se le considera el promotor del orgullo. Mammón. Este nombre proviene del arameo y significa “riqueza”. Y no por casualidad, Binsfield lo relacionó con la avaricia. Aparece en dos Evangelios, el de Lucas y Mateo. En este último es citado en un versículo (Mateo 6:24): “No puedes servir a Dios y a Mammón”, que generalmente es traducido como “No puedes servir a Dios y al dinero”. Michaelis no hizo mención de dicho personaje. Azazel. Binsfield argumentaba que este demonio lideraba a los ángeles caídos que sostenían relaciones sexuales con las mujeres mortales. Además, se le acusa de haber enseñado a los hombres a fabricar armas de guerra, por eso se le vincula con la ira. Michaelis tiene otro punto de vista: propone que este pecado es causado por el antiguo príncipe de los querubines, Baalberith, que transformaba a los hombres en asesinos. Lucifer. Según Binsfield, Lucifer es la personificación del orgullo, pues sería su soberbia ante Dios lo que terminaría provocando su desgracia. Según Michaelis, este también sería el líder de la “primera esfera” del infierno, reservada para antiguos querubines, serafines y tronos. Belcebú sería su brazo derecho y el segundo al mando en este lugar. Asmodeus. Es un espíritu maligno cuyo origen, de hecho, se remonta a la religión persa del zoroastrismo. El judaísmo lo absorbió en determinado momento y pasó a ser relacionado con Sodoma (la ciudad bíblica llena de atrocidades sexuales que fue destruida por la ira de Dios en el Viejo Testamento). De ahí su relación con la lujuria. También es un antiguo serafín. Leviatán. También un antiguo serafín, es uno de los demonios más poderosos, capaz de hacer que los hombres se conviertan en herejes. Habita en el fondo del mar, es mencionado en la Biblia y tiene varias representaciones: dragón marino, serpiente, ballena e incluso como un cocodrilo. Binsfield dice que promueve la envidia y conduce a la obsesión por los bienes materiales. Belfegor. Fue recuperado de la mitología asiria. Este demonio tendría una apariencia atlética, gran estatura y cuernos de cabra. Sus ingeniosos inventos proporcionan fácilmente riquezas a los hombres, haciéndolos víctimas de la pereza. En el análisis de Michaelis, este pecado sería provocado por otra criatura maligna, Astaroth, un antiguo miembro de la clase de tronos. Para Michaelis, en la segunda esfera se encuentran los demonios que, un día, fueron virtudes, dominaciones y potestades. Entre ellos: Carreau: endurece el corazón de los hombres frente al amor. Carnivean: provocador de obscenidades. Belial: vuelve a las mujeres vanidosas. Oeillet: provoca violaciones a los votos de pobreza. En la tercera esfera se encontrarían los ex principados, arcángeles y ángeles: Olivier: relacionado con la crueldad. Luvart: el causante de que los humanos adoren a otros dioses.

Aunque no seas un adepto al cine de terror, resulta bastante probable que hayas visto el clásico de 1973 “El exorcista”, una película dirigida por William Friedkin basada en la obra literaria de William Peter Blatty publicada un par de años antes. La trama se desarrolla en torno a la posesión demoníaca de Regan MacNeil, una pequeña de 12 años, y su feroz lucha por liberarse de las garras de un demonio. Se trata de una historia bastante popular ya que la novela estuvo basada en un caso real de supuesta posesión y exorcismo que involucró a un niño de Maryland, en los Estados Unidos (aunque otras fuentes dicen que se basó en el exorcismo de Anna Ecklund). Sin embargo, muy pocas personas recuerdan el nombre de la entidad demoníaca que protagoniza la historia, y mucho menos se sabe sobre los orígenes de este ser mitológico. Por si lo has olvidado, el demonio que posee a Regan se conoce como Pazuzu, un ser mitológico cuyos orígenes se remontan a la antigua cultura de Babilonia y Siria. El príncipe del inframundo. En el folclore sumerio, Pazuzu es hijo del dios Hanbi, el gobernante del inframundo, y sus orígenes se remontan a aproximadamente 1000 años a.C. Pazuzu lideraba a los demonios del viento y, específicamente, lo relacionaban con el viento sudoeste, responsable por las tempestades pero también por las sequías y hambrunas. Por eso, los antiguos asirios y babilonios alternaban entre adorar y temer a Pazuzu. Curiosamente, las solicitudes al demonio no estaban limitadas a asuntos meteorológicos. Pese a que estaba plenamente relacionado con el mal – no olvidemos que era hijo del gobernante del infierno -, Pazuzu era invocado para proteger a las mujeres durante los meses de gestación. Y esto porque, según la creencia de los habitantes de Mesopotamia, durante los meses de embarazo las mujeres estaban expuestas al asedio de una diosa implacable llamada Lamashtu, supuestamente conyugue de Pazuzu, que entraba en escena para mantener a raya a su macabra esposa. Una estatua de Pazuzu fue montada en 2008 sobre el Institute of Contemporary Arts (ICA) de Londres. Un animal híbrido. En lo que respecta a la forma del demonio, diversos registros físicos (estatuas, figuras y amuletos) que sobrevivieron hasta nuestros días ofrecen un testimonio preciso. Si bien Pazuzu tenía el cuerpo de un humano, estaba revestido de escamas, presentaba garras de águila en lugar de pies y la cabeza de un perro o león. Además, poseía unas enormes alas y la cola de un escorpión. Algo frecuente en las representaciones de Pazuzu era la mímica de sus manos: la derecha levantada y la izquierda suelta, supuestamente esto representaba su naturaleza dual de creador y destructor, la alternancia entre proteger la vida y esparcir la muerte. Los historiadores sospechan que en la Biblia pueden encontrarse diversas bestias que se vieron inspiradas en las descripciones sobre Pazuzu, propios de otras creencias que nada tenían que ver con la judeocristiana. Sin embargo, es un hecho que la apariencia de Pazuzu evolucionó de forma considerable con el paso del tiempo. La primera referencia a este demonio se encuentra en un antiguo mito babilonio donde lo llamaban Anzu. La historia lo describe como un ave enorme que escupe agua y fuego, pero con el tiempo lo fueron dotando de la forma antropomórfica que describimos antes. Un demonio dual. Además de su capacidad de controlar el clima causando hambrunas, invasión de plagas y destrucción, así como proteger a embarazadas y parturientas del ataque de su malvada esposa, Pazuzu también era invocado para defender a los enfermos y ahuyentar a los malos espíritus. En aquellos tiempos, las personas solían atribuir las enfermedades a toda clase de demonios y espectros, y se han encontrado diversas inscripciones que servían como protección donde se invocaba a Pazuzu. Estas inscripciones frecuentemente se ubicaban en los sitios donde descansaban los enfermos, y servían tanto para pedir al demonio que ayudara en la recuperación del paciente como para solicitarle que impidiera el ataque de los espíritus del mal. Lo contradictorio de estas creencias es que, a pesar de ser invocado para proteger a los enfermos y evitar la acción de espíritus malvados, Pazuzu también diseminaba enfermedades. De acuerdo con los mitos, su aliento de fuego era capaz de esparcir calamidad y muerte, así como de infectar a aquellos que provocaban su ira. Como haya sido, la figura mitológica original contrasta mucho con el ente demoníaco que nos presentaron en el filme.

El reloj marcaba las 8:00 de la mañana del 7 de diciembre de 1941 cuando una división de fuerzas militares japonesas perpetró un ataque contra la base naval estadounidense en Pearl Harbor, en la isla hawaiana de Oahu. Aquella trágica mañana 2,400 soldados perdieron la vida, 18 buques de guerra fueron hundidos o severamente damnificados y 188 aeronaves quedaron reducidas a escombros. El sorpresivo ataque significó el disparo de apertura en una campaña militar que se extendió a lo largo del Sudeste Asiático y el Pacífico. En las semanas que siguieron, los territorios estadounidenses de Guam, Isla Wake y las Filipinas cayeron en manos niponas. El mismo destino encontraron dominios británicos como Hong Kong, Singapur, Malaya (región que actualmente pertenece a Malasia), Birmania, Tailandia y las Indias Holandesas (parte de lo que actualmente conocemos como Indonesia). Japón se apoderaba de un territorio tras otro, en un frenesí de conquista que parecía imparable. ¿Quién sería el siguiente? ¿Australia o la Costa Este de los Estados Unidos? Con una gran parte de la Flota del Pacífico destruida o fuera de servicio en Pearl Harbor, una invasión por territorio occidental en los Estados Unidos era una posibilidad bastante real y aterradora. Los japoneses que fueron culpados injustamente. Un grupo víctima de la histeria gringa que siguió al ataque de Pearl Harbor fue una comunidad japonesa-americana de familias que habitaban en la Costa Este. La mayoría eran descendientes de inmigrantes que se asentaron en los Estados Unidos en la lejana década de 1860, por lo que sus lazos con las tierras ancestrales eran muy tenues. Pero poco importó: en febrero de 1942, el presidente de los Estados Unidos Franklin D. Roosevelt firmó la orden ejecutiva 9066, autorizando al ejército para designar la totalidad del estado de California, así como algunas regiones de Arizona, Washington y Oregon como “zonas militares” donde “cualquier persona podía ser excluida”. A causa de esta decisión, 110,000 inmigrantes japoneses y ciudadanos japoneses-americanos fueron obligados a dejar sus hogares y transportados a campos de internamiento lejos de su lugar de residencia. Una madre y sus hijas descansan fuera de una tienda dos días antes de la reubicación en Florín. Durante todo el transcurso de la guerra, estos prisioneros permanecieron bajo la constante vigilancia de guardias armados. Hoy figura como la reubicación más grande en la historia de los Estados Unidos. El inspector Bob Fletcher. En febrero de 1942, un titular del periódico San Francisco Examiner anunciaba “¡EXPULSAN A TODOS LOS JAPONESES EN CALIFORNIA!”. El internamiento forzado resultó una solución popular entre el público estadounidense, pero un hombre se sintió horrorizado por el trato que se le daba a estas personas, hablamos de un inspector de agricultura de 33 años llamado Bob Fletcher, quien había tenido una relación próxima con muchos granjeros japoneses-americanos en el Valle Central, el núcleo de la agricultura en el estado de California. Granjero japonés inmigrante que se había establecido en Florín (1902). Entre estas comunidades había familias que trabajaron la tierra durante tres generaciones. Sin la posibilidad de pagar las facturas mientras duraba la reclusión en los campos de internamiento, se arriesgaban a perder todo lo que habían conseguido. Uno de estos japoneses-americanos con los que Fletcher tenía una relación muy cercana era un granjero llamado Al Tsukamoto. En la época en que las noticias empezaron a divulgarse en los postes de teléfono en la ciudad de Florín, cerca de Sacramento, se ordenó a todos los japoneses-americanos presentarse en la estación de tren de Elk Grove para ser trasladados a los campos de internamiento, y fue entonces que Tsukamoto le pidió un favor a Fletcher. Florón, California en mayo de 1942. Dos de sus vecinos, la familia Okamoto y los Nitta, buscaban a una persona que se encargara de administrar sus granjas mientras los internaban. Le ofrecieron a Fletcher administrar las granjas, llevar los libros de contabilidad y pagar las cuentas mientras la familia no estaba, y a cambio podía quedarse con todas las ganancias por su trabajo. La nobleza de un hombre. Fletcher había crecido en una granja de nueces, y durante la Gran Depresión se encargó de administrar un huerto de melocotón. Sin embargo, no tenía experiencia cultivando uvas Flame Tokay, el principal cultivo de los granjeros. Pese a esto, estaba molesto por el hecho de que personas buenas como los Okamoto y Nitta pudieran perderlo todo, así que aceptó la petición. Posteriormente, cuando también Tsukamoto tomó la decisión de dejar su granja en las manos de alguien más, Fletcher aceptó hacerse cargo de las tres instalaciones. Renunció a su trabajo como inspector de agricultura y se mudó a una caseta en la granja de Tsukamoto. Al había invitado a Fletcher a mudarse a su casa, pero se sentía un poco incómodo con la idea de vivir en este lugar cuando Tsukamoto no podía hacerlo, así que se quedó en esa pequeña caseta. ¿Traidor? Seguramente, en algún momento Fletcher se cuestionó porqué se había metido en este problema, pues pronto haría jornadas laborales de 18 horas para cuidar de las plantaciones de fresas, moras, uvas Flame Tokay, árboles de olivo y bayas – una producción que rondaba los 100 acres. Además de todo ese trabajo, tuvo que soportar las constantes críticas de los vecinos, pues la mayoría aprobaba los internamientos forzados y consideraban a Fletcher una especie de traidor. En cierta ocasión, por poco y es alcanzado por una bala cuando un desconocido disparó al establo de Tsukamoto cuando él se encontraba en el interior. Pero redobló esfuerzos, desafío a los vecinos y fue capaz de mantener las granjas hasta que la guerra terminó, los campos de internamiento fueron clausurados y las familias tuvieron posibilidad de regresar a sus hogares. De los 2,000 japoneses y japoneses-americanos que vivían en las inmediaciones de Florín antes de la guerra, sólo 400 regresaron después del conflicto. Los demás perdieron sus casas y granjas, algunas mediante ejecuciones hipotecarias y otras simplemente les fueron robadas mientras se encontraban prisioneros en los campos. Bienvenidos, amigos. Cuando los Nitta, Okamoto y Tsukamoto regresaron a Florín, lo hicieron con muy pocas expectativas. Pero lo que encontraron fue algo totalmente inesperado: sus casas y granjas intactas, y a Bob Fletcher haciéndose cargo de los cultivos. Había contraído matrimonio con su esposa Teresa, quien lo ayudaba a mantener las granjas. Incluso después del matrimonio, los Fletcher no se movieron a la casa de Tsukamoto, que hubiera sido mucho más cómoda que la caseta para la pareja. Y es que hacer esto los hacía sentir mal, pues como explicó Teresa tiempo después, “era su casa”. A los gringos no les gusta tocar mucho el tema de los campos de internamiento. Las familias también encontraron otra sorpresa cuando regresaron: dinero en el banco. El acuerdo al que llegaron estas tres familias con Bob Fletcher fue que si administraba las granjas, podía quedarse con las ganancias como pago por su trabajo. Pero al final decidió compartir los ingresos, y depositó la mitad de todo lo que ganaba en el banco, para cobrar intereses y permitirles volver a empezar sus vidas. Una amistad entrañable. Bob Fletcher seguramente disfruto su trabajo como granjero, pues después de la guerra adquirió un rancho donde sembró heno y crio ganado. También ingresó como voluntario al Departamento de Bomberos de Florín, donde sirvió durante una docena de años como jefe de bomberos. Se jubiló en 1974 y vivió hasta los 101 años de edad. En su cumpleaños número 100, en julio de 2011, su familia organizó una gran fiesta de cumpleaños. Teresa, su esposa desde hacía 66 años, se encontraba a su lado, así como su hijo, 3 nietos y 5 bisnietos. También acudieron un montón de Okamotos, Nittas y Tsukamotos. Y aunque Bob Fletcher nunca buscó reconocimiento por haber ayudado a estas personas durante la guerra, se mostraban impacientes por contar su historia. “Contábamos con 14 acres de uvas Flame Tokay que se hubieran perdido si Bob no se hubiera hecho cargo”, relató Doris Taketa en una entrevista a Sacramento Bee. Esta mujer tenía 12 años cuando su familia fue enviada a un campo de internamiento en Arkansas. Fletcher solía decir que la comunidad japonesa residente en los Estados Unidos en aquella época era como cualquier otra, y resultaba evidente que no tenían nada que ver con lo de Pearl Harbor.

Aunque los nombres de muchos espías son referidos como inspiración de James Bond, Dusko Popov realmente llegó a trabajar con Ian Fleming, con quien intercambió diversos relatos sobre sus hazañas en el mundo del espionaje. La frase “mi nombre es Bond, James Bond” es un ícono en el mundo ficticio de los súper espías por ser la forma en que se presenta (a amigos y enemigos por igual) el agente creado por Ian Fleming. Pero es casi obligatorio cuestionarse si la frase hubiera tenido el mismo éxito al salir del hombre que inspiró al personaje: un doble agente oriundo de Serbia llamado Dusko Popov. “Mi nombre es Popov, Dusko Popov” no parece tan pegajosa, pero aún sin la presentación, la vida de Popov hubiera sido la envidia del propio James Bond. Un serbio llamado Dusko Popov. Dušan Dusko Popov llegó a este mundo en el año 1912, en Serbia, en el seno de una familia acaudalada. Gran parte de sus primeros años de vida los pasó recorriendo el mar Adriático a bordo de un yate, siempre lleno de lujos y comodidades. Su educación se gestó en algunas de las instituciones educativas más prestigiosas de Europa y aprendió a expresarse de forma fluida en alemán, italiano y francés. Popov vivió una época bastante corta en territorio inglés después que su padre lo inscribiera en una prestigiosa escuela preparatoria de Surrey. Tuvo que abandonarla después que uno de los docentes lo sorprendiera fumando un cigarrillo. Como castigo recibió varios azotes. Decidido a no volver a ser castigado tras no asistir a una detención, le arrebató el bastón al profesor y lo partió por la mitad. Al regresar a su tierra, Popov terminó la preparatoria y estudió derecho en la Universidad de Belgrado. Con el título de abogado en mano, Popov tomó la decisión de mudarse a Alemania para realizar el posgrado y perfeccionar su alemán. Fue precisamente en este país donde conoció a Johan Jebsen. Al igual que Popov, Jebsen provenía de una familia adinerada y tenía gustos sofisticados. La amistad no tardó mucho en surgir entre este par. El mismo Popov llegó a describir la camaradería que surgió entre ambos: “Los dos somos adictos a los autos deportivos y a las mujeres deportistas, y tenemos suficiente dinero para financiarnos la adicción”. Dusko Popov tenía suerte con las mujeres. Aunque no encajaba en los estándares masculinos de belleza en la época, sus ojos verdes y párpados pesados esbozaban una mirada que resultaba irresistible para muchas damas. Moviéndose entre un club y otro a bordo de un automóvil deportivo, Popov y Jebsen no tardaron mucho en hacerse famosos entre las mujeres. Atrapado por la Gestapo. Pero, además de su adicción por los automóviles y las damas, estos amigos tenían algo más en común: un profundo odio por los nazis que recientemente habían llegado al poder en ese país. Popov jamás procuró disimular su disidencia, y frecuentemente debatía con estudiantes nazis en la Universidad de Friburgo. Esto terminó orillando a que la policía secreta del estado le echara el guante. En el año de 1937, cuando se disponía a salir de Alemania para celebrar su graduación con un viaje a París, la Gestapo detuvo a Dusko Popov. Jebsen inmediatamente se puso en contacto con la familia de su camarada para notificar lo sucedido. Al final, Popov pasó ocho días en una prisión de Friburgo antes que su padre lograra ponerlo en libertad apelando a la intermediación del gobierno yugoslavo. Popov fue trasladado por vía férrea hasta Suiza, donde su amigo Jebsen lo esperaba. Agradecido por esta acción, Popov le dijo a Jebsen que si alguna vez podía hacer algo para pagarle, simplemente tenía que pedírselo. Jebsen se cobró ese favor varios años después, precisamente en 1940, cuando citó a Popov en un hotel de Belgrado. Durante la reunión Jebsen le confesó que, pese al odio que sentía por los nazis, se había unido al servicio de inteligencia militar de Alemania. Fue la única forma que encontró para evitar pelear en el campo de batalla. Ahora, Jebsen pretendía que su camarada Popov se convirtiera en agente de inteligencia y le pasara información. Aunque su amigo tal vez tuvo suerte con los nazis, Popov jamás tuvo intenciones de trabajar con aquellos que lo habían encarcelado. Por eso, acudió a los británicos. Los británicos indicaron a Popov que aceptara la oferta de su amigo y les pasara toda la información posible sobre los alemanes. El doble agente Dusko Popov. Así fue que Dusko Popov se convirtió en doble agente. A lo largo de todo un año tomó solicitudes alemanas de inteligencia y las fue respondiendo con desinformación preparada por los británicos. Los nazis, convencidos de que tenían un agente valioso en Popov, le financiaron un ostentoso estilo de vida. En cada ciudad que visitaba mantenía una serie de aventuras con mujeres locales e incluso con colegas espías. Al poco tiempo, Popov ideó un plan para sacar ventaja del hecho que los alemanes le confiaban su dinero. Bajo el nombre clave de Operación Midas, el plan consistía en que los alemanes desembolsaran dinero para la construcción de un círculo de espías en Londres, pero todo terminaría en las bolsas del MI5. Una partida de bacará. La primera parte del plan resbaló sin problemas. En cuanto los alemanes supieron sobre el plan de Popov para levantar una red de espías en Inglaterra, le entregaron una jugosa suma de dinero en efectivo. Ahora, sólo restaba entregarlo a los británicos. Una noche de 1941, Popov ingresó a un casino de Portugal con todo el dinero. Acompañándolo se encontraba Ian Fleming, un oficial de inteligencia enviado exclusivamente para asegurar que Popov no hiciera nada tonto con el dinero, como apostarlo en una mano de bacará. Sin embargo, mientras se encontraba en el casino Popov escuchó a un empresario lituano gritando a los cuatro vientos que cualquier persona que quisiera jugar bacará en su mesa podía apostar, y él igualaría la cantidad. La pedante actitud de este sujeto molestó bastante a Popov. Además, quería “animar un poco” a Fleming. Popov se acercó a la mesa del empresario lituano y deslizó todo el dinero que le habían entregado los alemanes sobre el tapizado de fieltro. Fleming se puso verde sólo de pensar que Popov estaba a punto de arruinar todo el plan. El empresario, visiblemente nervioso, le preguntó al crupier si el casino podía respaldarlo en caso de perder el dinero. Una vez que le informaron que no podían hacer eso, simplemente se retiró. Ian Fleming en “Casino Royale”. Un victorioso Popov levantó el dinero de la mesa y agradeció al casino por no permitir jugadores irresponsables en sus mesas. Después de todo, había sido “una molestia para los jugadores serios”. Una escena parecida acontece en Casino Royale, la primera novela de James Bond que escribió Ian Fleming. En este mundo ficticio, Bond deja en bancarrota a un agente ruso. Cabe aclarar que Fleming, tal vez por cuestiones legales sobre la protección a operaciones clasificadas o posiblemente porque Popov abusaba de la hipérbole, posteriormente ofreció una versión distinta de la historia donde él personalmente apostaba en el casino contra algunos alemanes. Inteligencia sobre el ataque a Pearl Harbor. Tras la infartante escena en el casino, la próxima misión que asignaron los alemanes a Dusko Popov fue desplegar una red de espías en los Estados Unidos. De acuerdo con una entrevista realizada al serbio en tiempos de posguerra, los nazis tenían especial interés en cualquier tipo de información sobre la base naval de Pearl Harbor. Afirmó haber filtrado esta información al FBI, pero el director J. Edgar Hoover simplemente decidió ignorarla por el disgusto personal que sentía hacia Popov. Varios meses después, los japoneses atacaron Pearl Harbor. La colaboración de Popov en la Operación Overlord. La mayoría de los historiadores coincide en que los principales mandos nazis no tenían idea de que Japón planeaba el ataque. Pero la historia de Popov establece la posibilidad de que alguien dentro de la inteligencia nazi supiera sobre el plan. Como haya sido, el ataque a Pearl Harbor significó el ingreso de Estados Unidos a la guerra. Y el plan que eventualmente terminaría derrotando a los nazis, la Operación Overlord, requirió de la colaboración de todos los dobles agentes al servicio de los británicos. Popov fue uno de los responsables por convencer a los nazis de que los desembarcos en Normandía realmente tendrían lugar en Calais o Dieppe. Él y otro agente doble hicieron tan buen trabajo pasando información de inteligencia falsa a los nazis que, incluso después que iniciaron los desembarcos, los nazis retuvieron divisiones de reserva que podrían haber significado la victoria contra los Aliados. Estaban plenamente convencidos de que los desembarcos en Normandía eran una fachada para la invasión real. En el año de 1945, una vez finalizada la guerra, Dusko Popov se mudó a Francia. En la década de 1970 publicó una autobiografía sobre su vida como espía. Más allá de esto, su vida fue completamente ajena al escrutinio público. Dusko Popov dejó de existir en el año de 1981 por los efectos de sus viejas adicciones al tabaco y alcohol.

La muerte es una paradoja tan misteriosa como la propia vida, las diferentes culturas a lo largo de la historia de la humanidad han colaborado a mitificar y a engrandecer, o restar importancia a la muerte. Para algunos es un festejo mientras que para otros una terrible desgracia, a continuación se listan algunos de los rituales mortuorios más increíbles e insólitos alrededor del mundo. Sutee. Hasta hace algún tiempo, en la India las viudas eran quemadas vivas junto a sus difuntos esposos. La ceremonia se llama sutee, y está prohibida desde 1829 aunque se siguió practicando esporádicamente hasta 1981. La razón de que la viuda fuera quemada se debe a que en la jerarquía tradicional hindú una mujer perdía todo su valor cuando su esposo moría. Incluso, se consideraba de mala suerte toparse con ellas, tocar algún objeto de su pertenencia y hasta mirarlas de lejos, así que les parecía razonable deshacerse de ellas. En la ceremonia del sutee, la mujer acompañaba a su esposo en la pira funeraria, y los asistentes se armaban de cañas, pues la mayor parte de las viudas decidían a última hora salir de la hoguera cuando las cosas estaban poniéndose demasiado ardientes. La cañas servían, como se podrán imaginar, para impedirles salir del fuego, ya que esto se consideraba indigno. Auto-momificación. La automomificación consistía en un largo proceso en el cual el sacerdote se momificaba en vida (no se practica desde principios de 1900). Se trata de una antigua costumbre japonesa y para llevarla a cabo de forma adecuada, se requerían al menos 2,000 días de preparación (unos cinco años y medio). Durante los primeros 1,000 días el sujeto no comía ningún alimento sólido más que nueces y algunas semillas. Esto tenía como finalidad eliminar hasta el último gramo de grasa de su cuerpo. Los siguientes 1,000 días, la futura momia sólo comía corteza y raíces de pino, con la finalidad de extraer casi toda el agua de su cuerpo. Cuando estas dos fases eran completadas, se le proporcionaba un té hecho con la savia de un árbol llamado urushi, el cual es altamente venenoso y provoca una diarrea y un vómito incontrolables. Hecho esto, se le colocaba en una pequeña cámara donde apenas cabía el sacerdote sentado en posición de loto y se sellaba la entrada. Mil días después, se abría la cámara y se observaba la momia. La mayor parte de las veces el procedimiento no funcionaba, pero si el sacerdote quedaba momificado, se pensaba que finalmente había llegado a Buda. Entierro “aéreo” tibetano En el Tibet, se piensa que el cuerpo es solamente un envase para el alma, por lo que no tiene ninguna importancia. Además, la madera es excesivamente cara, y quemar un cuerpo es un proceso prohibitivo. Además, el suelo rocoso y permanentemente congelado es tan duro que es casi imposible cavar una fosa dónde enterrar el cuerpo. Por estas razones, cuando una persona muere es desmembrada y sus entrañas se ofrecen a los buitres, los cuales despachan hasta el último trozo del cadáver, incluyendo los huesos, que se trituran y se mezclan con harina para que las aves se los coman. La exposición corporal de los aborígenes australianos. En algunas regiones del norte de Australia, los aborígenes tienen su propia forma de lidiar con la muerte. Una vez que la persona ha fallecido, su cuerpo es colocado en una elevada plataforma de madera y se le cubre con hojas y ramas hasta que toda la carne ha sido consumida por los insectos y las aves. Después, los huesos son llevados a alguna cueva abandonada o depositados en el hueco de un árbol. En algunas ocasiones, son los familiares quienes los resguardan, pero la casa y las posesiones del fallecido deben ser destruidas o abandonadas, y se prohíbe que el nombre del difunto se pronuncie, pues eso atraería al fantasma del muerto.