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Primer post: 14 may 2014Último post: 25 may 2014
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El Curioso caso del Sr.Thompson
El Curioso caso del Sr.Thompson
InfoporAnónimo5/14/2014

Noches atrás el viejo hombre yacía ebrio y destrozado en el sillón de su casa por la muerte de su querida Abigail; él no lo podía creer, hace sólo unas semanas habían celebrado su duodécimo cumpleaños y ella reía y saltaba como si su vida sería próspera por muchos años más. Pero por hechos del destino, y caprichos que muchos aún no pueden digerir, ella se fue, dejando un hoyo gigantesco en Richard Donovan Thompson. La muerte de la única hija de Rick fue realmente espeluznante para nuestro pequeño pueblo de Bigtown, en Colorado. La noticia rodeó no sólo el lugar, sino que revoloteó por todo el país como un terrible caso de asesinato y violación, pues según los forenses la pequeña sufrió de múltiples ataques de violación y tortura; su pequeño cuerpo fue hallado maltrecho y destrozado en las afueras del pueblo, en un paraje desolado del bosque. Las descripciones de los profesionales indicaron que fue torturada con varios instrumentos quirúrgicos básicos de un cirujano, como bisturíes, dilatadores y lancetas, para rasgar su delicada piel, y su inocencia. Lo más desagradable y horripilante del caso fue que hallaron el cuerpo de Abigail decapitado y bañado en sangre, y una marca sucia y de protagonismo estaba dibujada en su espalda con carboncillo, el bastón de Esculapio. Yo estuve en la escena del crimen al llevar a Rick preocupado por lo de su hija, sin saber lo que le esperaba ahí. Según me contaba en el trayecto, su hija había salido a las nueve de la noche a la casa de una amiga a una fiesta que ésta ofrecería con sus padres. Le pregunté por qué no la había acompañado hasta la casa de la cumpleañera, y ahí fue cuando el hombre se puso nervioso y comenzó a sentirse terrible y culpable por el caso. Tartamudeando y pegando la mirada a varios lados a la vez, me contó algo que no le creí al principio, me dijo que «ella ya estaba lo suficiente grandecita como para poder ir sola a la calle, que confiaba mucho en su suerte, y que la zona a donde iba no era para nada peligrosa». Yo lo vi con una mirada de asombro, y pensé, «eres una mierda de padre, Rick». Sabía cómo se portaba el hombre, fue mi vecino por más de quince años y conocía sus actividades, hasta la más minúscula. Trabajaba en obras de construcción y casi todos los días llegaba a casa ebrio a altas horas de la noche sólo a golpear a su esposa Margaret, por distintas razones estúpidas. Escuchaba los gemidos de su esposa y sus llantos, y a veces había noches en que no podía conciliar el sueño porque Margaret me buscaba y me pedía ayuda con los maltratos de su esposo. Me molestaba el caso, pero… no era algo en lo que me correspondía meterme. Después del nacimiento de su única hija, pasaron seis años para que Margaret se hartara del viejo Rick y lo dejara con la pequeña. Hizo muy mal al hacer eso, y era raro en ella, ya que amaba tanto a su hija que era difícil verlas separadas. Que de la noche a la mañana se esfumara del pueblo sin dejar rastro alguno le pareció raro a los vecinos, y en especial a Rick; todos esos hechos dejaron consternado al viejo y lo endurecieron en un odio total contra el género femenino, blasfemando y diciendo que eran de lo peor. Comenzó a hundirse más en el alcohol y yo veía con frecuencia las prostitutas baratas que llevaba a casa. Según entendía, la preocupación por Abigail era mínima y la que siempre velaba por ella era la vieja señora Smicht, una anciana bonachona y gentil que vivía al frente de los Thompson. Cuando llegamos al paraje desolado del bosque vimos una multitud de gente rodeando la escena y a varias patrullas en la zona. Al pasearse por el lugar del macabro hecho, Rick reconoció los pequeños zapatos de charol que estrenaría la niña en la fiesta de su amiga bañados en su sangre, ya seca. El hombre quedó anonadado y se puso en blanco; yo intenté pararlo, pero me consternó su actitud, pues se puso furioso y comenzó a decir estupideces. Maldición, fue una escena sacada de un maldito cuento: en vez de llorar por su hija, sacaba en cara lo estúpida que fue en vida; y la gente no lo creía, el padre no lloraba por la muerte de su hija. El entierro de Abigail fue algo desconcertante, del viejo Rick no brotaba ni una sola lágrima y la única que lloraba desconsoladamente enfrente del ataúd era la señora Smicth, mientras que los presentes le daban el pésame al viejo hombre y él sólo asentía sin decir palabra alguna. La escena me dio tanta pena y coraje a la vez que partí del cementerio del pueblo y fui a mi hogar a tomar unas bocanadas de humo de cigarro, pensando en el curioso caso. Pasadas las once de la noche, Rick llegó totalmente alcoholizado con una vieja rubia mal maquillada con ropas de ramera de quinta; ese tipo era de lo peor, ni siquiera en el día del funeral de su hija dejaría el alcohol y el sexo comprado por luto. Esto lo cuento en forma de pasado, ya que hace un par de días fue hallado el cuerpo de Rick, frío y tieso en la parte trasera de su casa; tal vez fue justicia divina. El cadáver fue hallado desnudo y con quemaduras en varias partes de su obeso cuerpo, con los genitales mutilados, faltándole uno de sus brazos y su rostro era irreconocible por los horrendos martillazos que el homicida le propinó. Lo que les pareció más curioso del caso a los forenses, y los dejó consternados, fue que hallaron la misma marca que encontraron en su difunta hija; pero esta vez con una frase escrita, también con carboncillo, en su calva y regordeta cabeza: «Así mueren los cerdos». Nadie asistió a su funeral, al parecer todos en el pueblo lo odiaban por cómo era él y por su actitud con todo lo que rodeó la muerte de su hija. Los policías buscaron pistas para hallar al «Asesino Médico»; sí, así lo apodaron por la escabrosa imagen que impregnaba en sus víctimas. Por mi parte, tampoco podía creer lo sucedido; padre e hija muertos. Escribí unas notas sobre el caso y las actividades que había percibido en la casa de los Thompson y se los mandé a la policía por si les era útil. Lamentablemente, yo estaba en una de mis conferencias en la universidad en el momento del asesinato de Richard, y no pude escuchar ni ver nada. Por otro lado, después de tantos años aún no puedo creer que Margaret me abandonara por ese perdedor. Pensándolo más a profundidad, el viejo Rick tal vez sí merecía la muerte; fue por eso, tal vez, que en una de esas noches en las cuales Margaret me fue a buscar le destrocé el cráneo con la base de una lámpara, e hizo que aún conserve el cuerpo embalsamado en el viejo baúl de mi sótano desde hace más de seis años, y aún tiene esa apariencia que me enamoró en mi juventud. Fue por eso tal vez que me crucé con la pequeña Abigail aquella noche, cuando ella salió desacompañada e indefensa a la casa de su amiga, y la secuestré y disfruté torturándola y violándola constantemente, mientras ella lloraba y clamaba por su tan pequeña vida; y por capricho mío me quedé con su cabeza como trofeo de guerra, ahora apilada con los restos de su querida madre. Pero honestamente, lo que me parece más gracioso e irónico de todo este caso, es que no fui yo quien llevó a la muerte al viejo Richard Thompson.

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Slenderman (Creepypasta)
ParanormalporAnónimo5/14/2014

El "Slender Man" (el hombre delgado) es un personaje que supuestamente fue creado en el foro Something Awful y se le describe como una especie de hombre muy esbelto, vestido siempre con traje, al estilo de los "hombres de negro" o los agentes de Matrix. Puede estirar sus brazos y cuerpo hasta límites extraordinarios, e incluso crear tentáculos, todo esto lo usa para asustar y capturar a su víctima, la cual supuestamente queda en un estado hipnótico. No se sabe como este ser elimina a sus víctimas, ya que no hay cuerpos ni pruebas, solamente desaparecen. Además, prefiere secuestrar a los niños, solamente puede ser visto por ellos, y no por los adultos. Estos son supuestos grabados del siglo XV el 1º y del siglo XVII el 2º en que se aprecia una criatura similar a Slenderman. El primero se titula "El caballero" y muestra a un ser enfrentando a un caballero. El ser usa sus brazos como lanzas. El segundo muestra a un niño siendo arrebatado a sus padres por un ser similar al de arriba, con múltiples brazos, con forma de esqueleto. Cabe destacar 3 puntos: 1. El rostro de ambos seres es igual, por lo podemos deducir que sería "el mismo autor", obviamente desconocido. 2. En ambos dibujos hay un reloj de arena en el piso. Sabemos que el reloj es un símbolo de la muerte "La Muerte" en el tarot.... 3. No hay autor confiable ni fuente que nos pueda decir su procedencia. Esta foto en particular tiene una historia detrás: "Una de las dos fotografías recuperadas del incendio de la biblioteca de Stirling City. Notable por ser tomada el mismo día que catorce niños desaparecieron por lo que se refiere como Slender Man. Las deformidades en el ser son nombradas defectos de la película por los oficiales. El incendio en la biblioteca ocurrió una semana después. Fotografía actual confiscada como evidencia, Fotógrafo: Mary Thomas. Desaparecida desde el 13 de Junio de 1986." No hay mas información de esta foto, aparte de que fue en una escuela en 1973, el incendio ocurrió por causas desconocidas. El delgado aparece en la oscuridad, y siempre asomándose por áreas boscosas y ríos cercanos. Se ha reportado que gusta de asomarse a ventanas abiertas, y que tiende a caminar frente a motoristas solitarios en caminos desolados. El Slender Man ha (o han) aparecido en todos lados, desde Japón, Noruega y América, por nombrar algunos. "No quisimos ir, no quisimos matarlos, pero el persistente silencio y los brazos alargados nos horrorizaban y nos reconfortaban al mismo tiempo..." -1983, Fotógrafo desconocido, se presume muerto. También hay otras fotografías, en blanco y negro algunas, incluso dibujos de niños que han soñado con él. Y por último, hay una serie de videos "Marble Hornets", que relatan una serie de encuentros con este personaje. Es el amigo del narrador (Jay) quien sube los videos a YouTube. Alex estaba haciendo una película que se iba a llamar Marble Hornets, y empieza a ponerse un poco neurótico, paranoico y a comportarse de manera extraña. Empieza a grabar absolutamente todo lo que hace, sea parte de la película o no. Al final Alex dejó la película sin terminar, pasa algún tiempo y Jay le pregunta por las cintas con lo que había grabado y Alex dice que las va a quemar. Jay se las pide y aunque le cuesta convencerlo, Alex le da las cintas a Jay y le dice que por favor nunca se las devuelva ni le hable de las cintas y que no le comente a nadie sobre lo que vea. Después de eso, Alex se va de la ciudad y no se sabe más de él. Jay empieza a ver los videos para tratar de averiguar qué pasó con Alex, y empieza a subir a YouTube cualquier cosa que le parezca relevante. La aventura de Jay y Alex comenzó aquí: link: https://www.youtube.com/watch?v=Bn59FJ4HrmU

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Mentirosos
Mentirosos
ParanormalporAnónimo5/25/2014

Había una vez un joven que vivía en nuestro vecindario llamado Jimmy, que fue acogido por ser un chico seguro y divertido; pero su boca frecuentemente lo solía meter en varios problemas, y nunca aprendía la lección. Cuando la gente le preguntaba por su conducta y sus bromas, él siempre sonreía, y decía, “La honestidad es la mejor política, al menos ellos no me ocultan nada mí, ni yo les oculto nada a ellos”. Un día, uno de los chicos que se enfadaba constantemente por las bromas pesadas de Jimmy reunió a un grupo de amigos suyos a los que tampoco les agradaba Jimmy, y lo acorralaron en el laboratorio de ciencias. Brett, el cabecilla del grupo, le dijo mientras lo miraba con su cara amenazadora: “Tu boca te metió en esto… recuérdalo”. Cogió un bote de ácido sulfúrico de un estante del laboratorio y se lo arrojó en la cara. Se le quedaron viendo mientras Jimmy gritaba de dolor y el ácido derretía lentamente su cara, antes de mofarse de él y salir corriendo fingiendo estar alarmados y buscando ayuda. Cuando la ambulancia llegó y atendieron a Jimmy, el director preguntó al resto de los adolescentes si sabían lo que pasó. Brett explicó que pasaron por el salón y vieron a Jimmy merodear por la sala del laboratorio, y que, para el momento en que entraron, ya estaba en ese estado. Los otros miembros del grupo se unieron y respaldaron a Brett con otros datos falsos; Jimmy trató de protestar, pero su terrible agonía lo mantuvo callado. El director asintió y dijo que iba a hablar con ellos después de que escuchase la versión de Jimmy, una vez que le dieran de alta. Pasaron los días y Jimmy permaneció en la unidad de cuidados intensivos. Los médicos se esforzaban por salvar lo poco que quedaba de su rostro; su visión seguía intacta en uno de sus ojos y su mandíbula seguía resistiendo a pesar de la pérdida de carne. Aún era incapaz de hablar, sólo se quedaba sentado en la camilla del hospital todo el día, mirando al techo con sus ojos sin pestañear, inyectados en sangre y llenos de resentimiento. Cuando salió del hospital, tiempo después, nunca respondía a lo que se le decía con otra cosa que la palabra “mentirosos”. Su vida social se esfumó por completo; incapaz de sonreír o incluso de hacer una broma inocente, se recluyó en su habitación y comenzó a planear. Pensamientos vengativos y enfermizos empezaron a irrumpir en su mente, se vengaría de todos, uno por uno, los diezmaría, los cortaría en rodajas y quemaría sus restos. Esperó pacientemente hasta que el grupo fuese vulnerable, por la noche, cuando se despidieran entre sí y cada uno partiera a su casa. Entonces atacaría. Ese fin de semana, Brett recibió un paquete por correo. Curioso, lo abrió y encontró una cinta de video que tenía escritas las palabras “Para ti” en la parte frontal. La colocó en el reproductor y se puso a verla. Era un video casero grabado por alguien desconocido que no habló en lo absoluto durante toda la película. En el inicio, la cámara apuntaba a la fecha de un periódico, era de ayer. Mientras la cámara se alejaba, se podía ver que estaba en un sótano. En medio de la sala colgaba una bombilla que iluminaba una parte del cuarto, y debajo de ella, delante de la cámara, con sus manos sobre las rodillas, se encontraba uno de los amigos de Brett. Estaba desnudo, con una venda sucia alrededor de su cara y una mordaza en su boca. Su cuerpo estaba cubierto de sangre, quemaduras desagradables, moretones y cortes. El camarógrafo retiró la mordaza de la boca del niño llorando y éste le suplicó de inmediato que lo llevara a casa: “Por favor, POR FAVOR déjame ir… yo… ¡hice lo que querías! Oh Dios… Jesse, Mike, Keith… ¡Tú me has hecho un puto carnicero! Sólo… me quiero ir a casa… por favor”, repetía una y otra y otra vez, balanceándose de atrás hacia adelante. Las piernas de Brett comenzaron a temblar y sintió la bilis en su estómago, podía ver los cuerpos quemados y mutilados en el fondo del cuarto. Los cuerpos de sus amigos. El camarógrafo se acercó a la barbilla del chico y la levantó, alentándolo a ponerse de pie. Luego, lo puso de espaldas a la cámara. Tenía una herida más grande que las anteriores, formando la palabra “MENTIROSOS”. El camarógrafo se lo llevó hacia una puerta fuera de la pantalla y la cámara se apagó… Cuando se inició de nuevo, ya no estaban en la casa, estaban en las afueras de un bosque espeso cubierto por una densa capa de nieve, y ya no parecía ser el mismo hombre el que sostenía la cámara. Era el amigo de Brett, que temblaba y murmuraba algo mientras sostenía la cámara por 30 segundos, apuntando en dirección a unos árboles en la distancia. Se escucharon pisadas acercándose. El niño empezó a gritar y llorar en lo que el sonido de las pisadas sobre la nieve se hacía audible desde aparentemente todos los ángulos. Se detuvo. Él se volteó rápidamente encontrándose con la cara destrozada de Jimmy; un terrible alarido estalló por los parlantes y la palabra “MENTIROSOS” apareció antes de que la cinta se interrumpiera abruptamente. Brett sentía que se iba a desmayar. Aseguró la puerta de su entrada, sabiendo lo que le esperaba. Justo al voltearse para salir corriendo, chocó con algo y cayó de espaldas contra el suelo. De golpe, sintió cómo el ácido era derramado lentamente sobre su cara. Lo último que llegó a ver y escuchar fue la palabra “mentirosos”, y la cara de Jimmy, deformándose en una sonrisa enfermiza…

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El que nunca debe ser nombrado
El que nunca debe ser nombrado
ParanormalporAnónimo5/16/2014

Primera de varias entradas que protagonizan personajes temidos en el mundo de los creepypastas y los cuentos de terror. El crédito de las historias va hacia ignacio, Lemiwinks y Cesar Landeros (según el orden de aparición de cada relato). Lean la Guía de supervivencia para pistas de los próximos personajes. Al final de la entrada pueden acceder a más publicaciones populares de estos mismos usuarios. El roto que engañó al Diablo El Diablo es tan diablo, que hasta los más malvados le temen. Es que nadie se atrevía con el Diablo, hasta que cierta vez, hace mucho, muchísimo tiempo, se encontraba un roto (persona pobre de malas costumbres) chileno. Bartolo era un huaso joven que todo le salía mal en ese año: en otoño se le helaron sus cultivos y en invierno se le inundó el sembrado. De pura flaca se murió su vaca. Así que Bartolo dejó el yugo, el arado, la rastra y el rastrón, y partió en busca de mejor suerte. Tenía familiares en la costa que eran pescadores. «Pero si yo no conozco el mar», se dijo a sí mismo el pobre Bartolo. «Ser minero debe ser más fácil», y se encaminó a los lavaderos de oro, en donde se decía que las pepitas de oro eran abundantes como chicharrones en un plato de porotos. Pero no encontró oro. Volviendo triste a casa, se preguntaba cómo podría resolver sus problemas económicos. Tenía miedo, pero más que miedo, vergüenza de volver a su familia sin dinero, pues se acercaba la fiesta de aniversario de Chile y él quería bailar una buena cueca con La Peta, la chica más linda y hacendosa de la comarca. Entonces recordó una idea que tuvo su abuelo para hacerse rico, pero que nunca intentó por miedo: hacer un pacto con el Diablo. El joven arrogante pensó, «De más que hago pacto con el Diablo», pero apenas se dijo esas palabras, sintió miedo. Ya entrada la noche, fue al bosque, era una de esas noches sin luna. Con toda la fuerza de voluntad, y con lo que sus pulmones le permitieron, gritó «¡Patas de Hilo!» tres veces, uno de los apodos del Diablo en Chile, como también lo son Malo, Malulo, Cachudo y El Cola en Punta. Un relámpago abrió de par en par el cielo, la tierra tembló y el joven sintió un olor a azufre. Entonces lo vio… De barbilla, bigote y rabo; de chispas por los ojos y una risa del demonio. Bartolo no se asustó, sorprendentemente, y luego ambos comenzaron a hablar de negocios. Bartolo quería venderle su alma, ya que nada más tenía. —Cien mil pesos y mi alma es tuya —sentenció Bartolo, y al Diablo le pareció un buen precio por un alma, así que se los dio. —Pero hay que firmar un pacto —dijo el Diablo—. ¿Cuándo queréis que te lleve? —Hoy mismo —respondió Bartolo, haciéndose el tonto. El Demonio se extrañó mucho, pues todos le pedían años y años para gozar la vida. Por fin, ambos acordaron que el Diablo vendría a buscarlo mañana. El Malo le pinchó el dedo corazón al huaso, y con su misma sangre, escribió: «Bartolo Lara, No te llevaré hoy, Pero te llevo mañana». En cuanto el huaso lo firmó, el Diablo lo recibió y desapareció, entre una risa maléfica y una explosión de fuego, humo y olor a azufre. No hay necesidad de decirlo, el huaso Bartolo aprovechó al máximo sus cien mil pesos, con un caballo, ropa de buena calidad, dinero para sus familiares y dinero para La Peta, con la cual bailó un montón de cuecas. Se le hizo corto el día. Apenas anocheció, fue a su cita con el Diablo, el cual lo saludó con su sonrisa endemoniada. —Muy bien —le dijo—. Mucho gozaste, ahora recibo mi premio. —¿Cómo que recibes mi alma? —dijo Bartolo irónico—. Tan Diablo eres, y no sabes leer… De mala gana, el Diablo sacó el pacto, y lo leyó. «Bartolo Lara, No te llevaré hoy, Pero te llevo mañana». —Es verdad —dijo—, la cosa es mañana. —Así es —asintió Bartolo—, pero déjeme otros cien mil pesos por el viaje y la puntualidad. El Malo se los dio. —¡Mañana te espero! —le dijo al pasárselos. —Mañana volveré —aseguró el huaso. Y cuentan que el roto siempre volvía, y el Diablo siempre leía aquel pacto que entraba en una contradicción temporal. «Bartolo Lara, No te llevaré hoy, Pero te llevo mañana». El Diablo, que se dio cuenta de esto en algún momento, le dijo, ya cansado: —¡Me has engañado! Y estalló, ardió; había fuego por doquier. Bartolo no se explicaba cómo era que no le pasó nada. Las historias cuentan que el roto se mudó del campo hacia el gran Santiago para evitar estar solo en los bosques, y que le apareciera el Diablo. También se dice que hizo un pacto con la Tierra, la cual lo ayudó con su granja, que ahora que tenía dinero, la mejoró y comenzó su producción. Pero por los bosques de Chile, cerca de las granjas, cuando los perros se ponen a aullar, los ancianos aseguran que sale el Diablo buscando al hueso roto que lo engañó.

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