ChotamaCtes
Usuario (Argentina)
Leyendas de Corriente El Curupí El Curupí es un ser antropófago ( que come carne humana), físicamente desagradable , petiso y fuerte, que camina con cuatro pies. Algunos agregan que posee un miembro viril de tamaño exagerado, con el que enlaza a sus víctimas para llevárselas. Este personaje se pasea a la hora de la siesta por los montes, para raptar seres humano, especialmente mujeres. Ellas al verlo pierden el juicio, se vuelven locas. La única manera de volver inofensivo al Curupí es cortándole el miembro viril. El Ucumar Ucumar es un hombre-oso, o simplemente un oso de grandes proporciones con algunos rasgos humanos. Dicen, que emite un gemido tan fuerte y cortante que hiela la sangre, o en otras ocasiones imita la voz humana. Cuando los cazadores escuchan una voz que los llama desde lo profundo de los montes, evitan dirigirse hacia allí. Es que Ucumar llama a los desaprensivos para internarlos en la espesura y perderlos. Escuché de mi padre, un migrante de Santiago del Estero, cuando residía en la zona de Los Frentones, contar con preocupación, haber escuchado el llamado, desde lo profundo del bosque, de una voz que le era familiar, pero no conseguía deducir a quién pertenecía, que lo llamaba y, ante su concurrencia, la voz se escuchaba cada vez más lejos, adentrándose en el monte. El Caburé La Luz Mala La Luz Mala, Fuego Fatuo, o Farol de Mandinga es una de las creencias populares más arraigadas en el norte argentino. Finalizada la conquista territorial y espiritual de esta parte de América a mano de los españoles, las huellas que dejaron son indelebles, y este se verifica en la conformación de muchas leyendas que circulan aún la actualidad. En cuanto a la Luz Mala, dicen se trataría de antiguos tesoros en oro y plata perdidos por los conquistadores, cuando fueron asesinados en emboscadas por los nativos. Esos bienes se enterraron producto de la erosión, o simplemente fueron escondidos por sus dueños, cuya ubicación algunos afirman conocer, tejiéndose cuentos del tío victimando a cándidos paisanos. En el noroeste argentino, afirman que las luces son los brillos del metal dirigidos por las almas de sus antiguos dueños, que intentan atemorizar a quien acierta a pasar por el lugar donde está ubicado. Se afirma que el día de San Bartolomé (fecha en que el diablo no tiene la vigilancia de los ángeles) es el propicio para descubrir el lugar de ubicación de un "Tapado" (Tesoro) Ese día Satán busca almas ingenuas que se aventuren movidos por la codicia a esos lugares. Indudablemente el miedo a la muerte, y la concepción religiosa del mal, generan en la intimidad del pensamiento estas fabulaciones. En nuestra provincia, esos avistamientos de luces serían almas en pena, que buscan contar sus cuitas a quien quiera escucharlos, pidiendo eleven oraciones que ayuden a obtener el perdón divino. Por supuesto que producen terror a quien la divisa. En las regiones central y sur del Chaco son moneda corriente las historias de apariciones de Luces Malas. Incluso yo he tenido la oportunidad de observar su presencia, de distintas formas, experiencia que resume todo lo referente a esta creencia. Es decir nunca fui molestado, ni observé extrañas formas o ruidos. Escuché relatos de golpizas, de asustar cabalgaduras, de frenar violentamente los biciclos, y floridas especulaciones respecto de contratiempos sufridos a causa de la luz. Quizá se deba a algún sentimiento de culpa muy íntimo, que actuó sobre la psiquis del paisano instalándose en su sector consciente, una ficticia experiencia de castigo por la falta que carga. La explicación más corriente a este fenómeno real, es el de creer que se trata de gases fosforescentes generados por la descomposición de huesos o metales nobles. Serían gases con esa propiedad física, que por tener una densidad distinta al aire que lo contiene no adopta su forma, aglutinándose en forma de bolas, y por su peso específico infinitesimalmente distinto al aire de la atmósfera, serían movidos por la menor brisa. Nuestro organismo no siempre percibe el movimiento de la masa de aire, lo que explicaría el movimiento de traslación del fenómeno. También nuestro territorio fue surcado por españoles portadores de cargamentos de metales preciosos traídos del sur del Imperio Inca. Además podría haber acumulación de huesos de animales producto de sequías, o de cementerios de nativos. Todas especulaciones de dan fuerza a la creencia de la descomposición de estos elementos, como generadoras de la Luz Mala. Caña con Ruda UNQg9XtP8uG5M:http://www.evisos.com.ar/images/advertisements/2009/07/25/cantildea-con-ruda_75162d0a30_2.jpg" /> En toda el área guaranítica, y allí donde esta cultura ha calado en su expansión, con actitud casi religiosa, se cumple el rito de beber “caña con ruda”, todos los 1º de agosto. El preparado, para combatir lo supuestos males que podrían venir con este mes, se elabora días antes, y debe ingerirse como primer alimento del día. En la actualidad se ha “modernizado” en sus componentes. Del licor fabricado con chañar, algarroba, patay o tunas, se pasó a la caña (la más popular es la caña paraguaya) y el lugar de la “contrayerba” (mezcla de hierbas medicinales) ahora es ocupado por la ruda. Según cronistas de la conquista, en esta época del año (agosto) se producían grandes lluvias, las que, agregando el frío estacional, provocaban enfermedades, algunas epidemiológicas. Muchas aldeas se diezmaban a causas de las pestes. Los nativos encontraron la forma de combatir los males. A través de sus chamanes elaboraron el remedio consistente en mezclar hierbas con licores, del cual debía beberse un trago al comenzar la estación de las lluvias chaqueñas (hablamos del Chaco Gualamba). El encuentro de culturas, generó la predominancia de la conquistadora que cambió los componentes, llegando a nuestros días tal como se la conoce. Aquel que no compra caña en los comercios, mezcla agua potable con alcohol etílico en proporciones que varía según el gusto, le agrega hojas de ruda maceradas, y se colorea el compuesto con azúcar quemada. Más cerca en el tiempo, los “gringos” le agregan cáscara de naranja al quemar el azúcar. El preparado debe estacionarse varios días, para permitir la conjunción de las sustancias que componen el remedio. La moderna medicina, aconseja vacunar a los ancianos y a las personas de bajas defensas, al llegar el invierno, para evitar la gripe. Es posible que se hayan operado cambios climáticos importantes, que trasladaron en el tiempo, la práctica cultural. La imaginería guaranítica le adosó virtudes a los componentes y al compuesto mismo. Desde afirmar que una ramita de ruda colocada debajo de la almohada del cónyuge poco cariñoso, cambia su actitud haciéndolo mimoso, hasta llevar una rama en la oreja para calmar los dolores menstruales. Algunos médicos antiguos han hablado de las virtudes de la ruda para calmar la fiebre producida por picaduras de avispas, hasta ser efectiva para demorar los efectos del veneno inyectado en una mordedura de víbora. Sin dudas, esta inofensiva práctica, forma parte del folclore guaranítico. Mal de Ojo El ojeo es una de las supersticiones más arraigadas en las zonas rurales, sectores periféricos de las grandes urbes y pequeños poblados de nuestro país. La mirada fuerte y dañina es una creencia que tiene sus antecedentes europeos, según testimonio de W. Born en su obra Fetiche, Amuleto y Talismán, donde da incluso una serie de recetas para conjurar el poder de aquellas personas que tiene el poder del Basilisco en la mirada. Los estudiosos del Siglo XVI arribaron a la conclusión de que el vicio fascinador de los brujos se debía a la colaboración del diablo, que las brujas tenían doble pupila en la misma órbita (única manera de tener tanto poder en la mirada) por lo tanto debía evitarse mirarlas fijamente. Tanta divagación intelectual tenía un trasfondo religioso, que llegó a nuestras costas con el desembarco de Cristóbal Colón en 1492. Siguiendo con los antecedentes europeos de esta superstición, afirmaban los eruditos del tema que la peligrosidad de los brujos variaba según fuera el país al que pertenecían. De los brujos italianos se decía eran terribles, que causaban la muerte de personas, plantas y animales aún sin desearlo, bastaba que se los cruzaran en el camino (es decir si se enemistaban con ellos). No menos temibles eran los españoles. El fluido que emitían sus ojos era de tal poder, que con mirar fijamente las ventanas de una casa los cristales se hacían añicos. Los irlandeses hablaban de los eye-biters, literalmente: mordedores de ojos. Brujos poderosísimos que diezmaban el número de hijos y de cabezas de ganado que poseían las familias campesinas. Un brujo ojeador podía producir infinitas calamidades en un pueblo. Las vacas quedaban sin leche, se prendían fuego los pajares sin causa aparente, las casas enloquecían con ruidos y movimientos que terminaban por enloquecer a sus moradores. Y si a alguno se le ocurría mojar su escoba en el agua, en luna llena, cerca de un poblado, sobrevenía entonces un verdadero diluvio. Nótese, como esta creencia está relacionada con el rechazo social que provocaban algunas personas excéntricas entre sus comunidades. Durante la Edad Media numerosas piedras eran tenidas por eficaces contra el mal de ojo. Entre ellas la más buscada era el coral. En el siglo XVIII, el rey de Nápoles, Fernando I, llevaba entre sus ropas, a modo de amuleto un pedacito de coral. Cuando estaba frente a alguien que le hiciera sospechar que fuera jettatore, sacaba el coral y se lo ponía en la cara, anulando así la fuerza de esa mirada. También por esa época eran apreciados anti mal de ojos algunos insectos, fundamentalmente los escarabajos. A tal punto que en Francia, hacia el fin del reinado de Napoleón, era sumamente raro encontrar en las fiestas del pueblo a algún ciudadano que no llevara prendido del chaleco o de la camisa a alguno de estos coleópteros a manera de talismán. Tal vez el amuleto más conocido para alejar la yeta o el mal de ojo sea la mano cornuda, los populares cuernitos, en realidad una mano talismánica. Esta manera de defenderse puede llevarse encima, como un colgante, en general de coral, o realizar el gesto a la manera italiana (el dedo índice y el anular extendidos y el resto contenidos por el pulgar) en el momento en que se haga necesario. También el cuerno (uno solo) es llevado como colgante para preservar de ojeaduras a los niños o las embarazadas. En Calabria se pintaban cuernos retorcidos en la fachada de las casas o de los establecimientos comerciales. La evolución de las creencias populares, hizo que en la actualidad, en el mundo latino, se asocien los cuernos con la infidelidad de la pareja. En Toscana, el coral es la fórmula mágica para alejar el mal de ojo. Se ata una pequeña bola de ese material al cuello de los niños recién nacidos, y a veces las madres llegan a beber agua con coral molido o hervido, antes de dar de mamar a sus pequeños. Para saber si alguien ha sido presa del Mal de Ojo, se procede de la siguiente manera: se sienta al supuesto “ojeado” frente a un plato con agua y se dejan caer unas gotas de aceite en el agua. Si el aceite se disgrega en una cantidad de pequeñas gotas (se corta) el veredicto es clarísimo: esa persona está ojeada. Para curarlo, de inmediato debe hacerse un brebaje con 3 dientes de ajo pelados, la miga de un pan y 2 litros de vino. Todo esto se cocina hasta que hierva y espese al punto de poder usarlo como un emplasto. La mezcla se coloca entonces sobre el pecho del enfermo y éste recuperará el vigor. Se supone que uno de los efectos de Mal de Ojo consiste en “enfriar” la sangre del ojeado, quitándole la energía, produciéndole sueño y abulia, además de la consabida mala suerte. Según la creencia un defecto en la vista, por ejemplo ser bizco o estrábico, es un signo claro de ser portador de esta mirada nefasta. Pero también puede hacerse mal de ojo cuando la mirada expresa amor o admiración elocuentemente, por eso tal vez las madres campesinas cuidan de no exponerlos a miradas curiosas a sus hijos cuando son hermosos. Por supuesto que la realidad desmiente toda lógica de estas creencias. Se imaginan que los actores, actrices, vedettes, cantantes, o personas expuestas a la admiración masiva encontrarían en algún momento algún portador de la mirada fascinadora y les causaría un daño enorme porque éste actuaría en el anonimato. Es común en las zonas rurales de Argentina, y en pequeñas poblaciones, que las madres lleven a sus hijos a consulta al “médico” (curandero) cuando sospechan que están ojeados. Dicen que los “doctores” (médicos diplomados) no pueden curar este mal y que muchas veces ellos mismos le aconsejan que los lleven ante un médico. Escuché decir que si sus hijos son ojeados no se les cierra la “mollera”, que lloran ininterrumpidamente debido a los fuertes dolores de cabeza que provoca el ojeo. El conocimiento de estas manifestaciones folclóricas permitirá sin dudas conocer los intrincados vericuetos del pensamiento popular, influenciados la más de las veces cuando crea sus fabulaciones, por con conocimientos previos de tipo religioso. El Carau Carau es el nombre onomatopéyico de un ave zancuda, de plumaje negro, de vuelo torpe, que habita en lagunas, esteros y bañados correntinos.Como su nombre lo indica su característica es su grito que lo emite casi toda la noche o ante la proximidad de algún extraño a la comunidad en que vive.Cuenta la leyenda que Carau fue un muchacho apuesto y muy buen bailarín, aparte de guitarrero y cantor, que vivía en compañía de su madre, para quien eran todos sus cuidados y desvelos.Pero cierta vez que ella enfermó seriamente, Carau agotó sus esfuerzos para atenderla con medicación casera, y al no tener mejoría resolvió marchar al atardecer hacia el pueblo más próximo, distante varias leguas del rancho.En el camino encontró un baile, donde se acercó por curiosidad, pero enseguida se confundió con los bailarines, atraído por una muchacha muy agraciada, que a su vez coqueteaba con él, teniendo en cuenta que sobresalía entre todos, por su postura y elegancia.Olvidando por completo la enfermedad de su madre, continuó bailando toda la noche hasta que de madrugada un amigo le trajo la noticia que su madre había muerto. ... ¡ NO IMPORTA MI BUEN AMIGO - respondió Carau - hay tiempo para llorar!.Sin embargo, atormentado por el remordimiento salió del baile para hacerse cargo de su madre muerta. Cuenta la leyenda que durante mucho tiempo peregrinó por el pago sin hallar consuelo. La ropa oscura que usaba, desgastada y desteñida por el tiempo y la intemperie se hizo trizas transformándose después en plumas, los brazos se volvieron alas y el cuerpo adquirió la forma de un ave. Se largó a vivir y llorar por los esteros.Cuenta la leyenda que la muchacha que lo retuvo en el baile, también se convirtió en ave, tomando la forma de la pollona, y lo acompaña al Carau en su constante peregrinar. La Cigueña La cigüeña blanca es el ave que más ha merecido cuentos, fabulas y leyendas, en los que está representada como "embajadora de la primavera", "talismán de la buena suerte", o "la gran voladora que cruza mares y montañas para llevar niños ercien nacidos, colgados en un pañal desde el pico".La leyenda asegura que la fama de traer niños se originó en europa Central, en un pareja de cigüeñas que todos los años anidabanen el techo de una casa. Decían que no emigraban muy lejos, no volaban al Africa como casi todas ellas, esta pareja solo lo hacia hasta Francia, en una región cercana a París.Ocurrió que una vez, una joven pareja que vivía en esa casa, dio a luz un bebé coincidentemente la misma noche que habia vuelto la pareja de cigüeñas.Cuando algunos niños preguntaron cuándo había nacido, sus padres contestaban que "lo trajo la cigüeña", de las que esos mismos niños celebraban su regreso. Así corrió la versión que "lo trajo la cigüeña", "vino con la cigüeña" o "la cigüeña lo trajo desde París". Esta costumbre se extendió al poco tiempo para todos los recién nacidos.El escritor español Joaquín Alvarez Quinterno decía que en los primeros años de su vida solía creer que era francés porque había escuchado decir que a los niños los trae la ciüeña desde parís. es por esta razón que se la considerá "El ave de la buena suerte" o un "simbolo de la suerte".Con los primeros conquistadores, llegó a América esta leyenda, que tardó en difundirse, pero cuando tomó cuerpo, se extendio por todo el territorio de la Republica Argentina y por consiguiente llegó a la Provincia de Corrientes donde tuvo otra derivación: durante muchos años y aun hoy, en algunos parajes del interior, los viajeros desean ver una cigüeña para tener suerte durante todo el día y cuando la ven, continúa tranquilo el viaje, convencido de que todo le irá bien. La Cruz de los Milagros Un hecho afirmado en la creencia popular, que se conmemora en la Ciudad de Corrientes, el día 3 de mayo de cada año, con toda la solemnidad posible, es conocido como la Cruz de los milagros o la Cruz del Milagro, esta se encuentra custodiada en una iglesia que fue construida expresamente con el fin de conservarla, esta historia se encuentra tan arraigada en el espíritu de mi provincia que incluso se la incluyo en el ESCUDO PROVINCIAL, simbolizando la fuerza de la tradición de todo un pueblo.El hecho concreto e indiscutido es la existencia de LA CRUZ INCOMBUSTIBLE, y de la veneración de todo su pueblo, ahora que fue lo que realmente sucedió hay innumerables versiones con igual numero de variantes y detalles, pero en realidad todas tienen un denominador común y varían en los detalles.El hecho concreto es que realizada las primeras construcciones de la fortaleza que daría inicio a la ciudad recién fundada o sea se construyo Iglesia, Horca y Ejido, los pobladores plantaron una CRUZ DE MADERA en las afueras del fortín con el fin de recibir las bendiciones celestiales, ante las penurias propias.Los indígenas atacaron en forma constante al asentamiento, y en un intento teniendo en cuenta la creencia de que destruyendo este símbolo que le daba poderes a los conquistadores le prendieron fuego a la CRUZ, primero se agotó la leña que habían encendido sin que el símbolo sufriera daño, y luego en un nuevo intento cuando uno de los aborígenes intentó encender una nueva hoguera para destruirla cayó fulminado por un rayo, ante la vista de los defensores de la ciudad, lo que provoco el desbande de los nativos sobrevivientes. Incluso en las versiones más radicales se aclara que este rayo cayo un día de sol brillante.Como sea es importante rescatar la fuerza que esta cruz dio a los colonos desde ese momento hasta nuestros días, manteniendo la veneración en este símbolo, que representa la protección divina, a quien se ha concurrido en reiteradas ocasiones, sobre todo en momentos de grandes penurias como ha sufrido nuestro pueblo.En las actas capitulares, se refieren a que por el día 3 de agosto de 1649, cuando pesaba sobre la ciudad y su gente las penurias propias de una larga sequía, los Cabildantes resolvieron recurrir a la protección divina disponiendo llevar una imagen de la VIRGEN DEL ROSARIO, hasta la ermita de esta cruz. Actos similares se repiten a lo largo de la historia.- El Paja Brava Esta leyenda es de oigen genuinamente guaraní, y cuenta que el cacique "ACÁ HÄTÁ", que quiere decir "cabeza dura", se caracterizaba por su coraje, pero también por la crueldad de sus procedimiento, razón por la cual era poco querido.los integrantes de su tribu, planearon una conspiración, que al llevarse a cabo, luego de algunas escaramuzas, lograron terminar con su vida, donde también pereció su hija, que por sobre los hechos de su padre, se dedicaba a proteger a los niños y a las mujeres.Para reemplazar al casique eliminado, los miembros de la tribu designaron al más bueno de ellos, como queriendo no volver a sufrir los padecimientos que tuvieron durante el cacicazgo del Acá Hätá.Inmediatamente de asumir, recogieron los cadáveers y les dieron sepultura en las inmediaciones de una cabaña.Al poco tiempo, con sorpresa vieron que en el lugar de ambas sepulturas, nacieron plantas de una variedad que no se conocía en la región. Era la paja brava, que desde entonces crece en los lugares húmedos, con sus hojas cortantes, por lo que también se la llama "Cortadora" y que recuerda al feroz cacique.Los indios guaraníes llamaron a esta planta "Capií pochí" que significa "paja brava" ya que esta planta en forma de lanzas, hiere a cuanta persona que toca su tallo y/o hoja, al igual que el casique muerto.- El Espinero Cuando Dios creó el mundo, lo primero que hizo luego de separar la TIERRA de las AGUAS y ubicar los continentes, fue cubrirlos de árboles y poblarlos de animales, cuyos caracteres quedaron condicionados al medio ambiente, su alimentación adecuada a sus posibilidades de obtención y cada cual debería procurarse su propia defensa para poder subsistir.El pequeño pájaro llamado "Espinero" y en guaraní "Taitig-ñuatí" que significa "nido de espinas" no tuvo otra alternativa que amañarse con sus escasas posibilidades naturales y con su pareja, no encontró mejor que aislarse para disimular su tamaño y falto de defensa, dándose a la ciclópea tarea de constituir un nido grande e íntegramente de espinas, que era todo el material que tenía a mano, sobre la rama del árbol, ya que no había otros elementos qu le podría servir de sostén, como desafiando los vientos, que parecen respetarlo por su valentía, por su coraje, así como los rapaces, reptiles y animales carniceros, los primeros de los cuales parecen ignorarlos, pese a que habitualmente se posan sobre ellos y a los otros, no teme por la disposición de la boca de entrada, ubicada de abajo hacia arriba, además de muy estrecha y erizada de espinas, que no permite el ingreso de intrusos, a no ser sus propios dueños o las avispas que suelen ocuparlos una vez abandonado, por lo general ya en total deterioro.Se lo considera un hábil camuflador y ejemplo de laboriosidad y empeño, un diseñador extraordinario de un nido particular, al que le copiaron otros pajaros como el loro tuí o catita, pero que tiene la ventaja de trabajar en comunidad y poseer un pico ganchudo y patas dispuestas para trepar y tomar objetos, que le facilita la tarea.Por el contrario el espinero tiene medios pobre y debiles, patas poco apropiadas, y asi y todo causan admiracion por sus nidos, cuyo aspecto, dimensiones, comodidades y caracteristicas pocos comunes, que demuestran habilidad, sacrificio, sentido de la seguridad. El Isondú (Bichito de Luz) Isondú fue el hombre más hermoso entre todos los guaraníes. El más alto, el más fuerte, el más hábil. Había que verlo disparando una flecha, remando en la canoa, bailando en las ceremonias de los payés (médico hechicero).Cuando era chico, no había madre en su tevy (familia extensa de los guaraníes que configuraba una unidad social y ocupaba una única gran vivienda) que, al verlo reírse, no le hiciera una caricia y, cuando le llegó la hora del tembetá (amuleto guaraní que llevaban los hombres adultos. Consistía en un palito en forma de T que atravesaba el mentón) ya había muchas indiecitas que querían casarse con él. A todas les gustaban sus manos diestras, su mirada penetrante y su perfume a madera.Junto con el amor que despertó en tantas muchachas, se despertó también la envidia de los hombres. Los que habían jugado con él sobre las hojas de palmera y más tarde en los claros o en el río ahora le tenían rabia. Por eso prepararon la emboscada.A Isondú lo esperaron un atardecer. Temprano habían cavado el pozo en el camino y lo habían disimulado bien: ya se sabe que los guaraníes eran especialistas en cazar con trampas, y esta ya estaba lista. Después se sentaron a esperar, y a tomarse la chicha de maíz que habían llevado.Isondú volvía de la aldea vecina, donde tenía parientes. Venía solo, pensando en una chica que había conocido allí, la única muchacha que estaba seguro de poder querer. Sin duda pronto se casaría con ella, ya se la imaginaba junto a él, con el cuerpo adornado con pinturas y una flor - la orquídea más hermosa que él pudiera encontrar - en su largo pelo negro. Contento y cansado iba por los caminos de la selva, espantándose los mosquitos de tanto en tanto. A él, tan grande y fuerte, se lo veía pequeño al lado de los árboles inmensos.Cuando faltaba poco para llegar a su aldea, empezó a escuchar las risas y los gritos de sus enemigos. Pero no se inquietó, porque era joven, no le tenía miedo a nada y había sido siempre demasiado dichoso como para suponer que se acercaba la desgracia. Cuando escucharon sus pasos, los otros se quedaron callados. De pronto, Isondú tropezó entre unas lianas y cayó en el pozo.Los otros salieron enseguida de sus escondites y empezaron a reírse y a burlarse de él:- ¡Isondú! ¡Isondú! ¡Te cazamos como a un tapir!- A ver, ¿de qué te sirve ahora ser tan valiente?- ¡Isondú! ¡Ahí va un anzuelo para que muerdas! ¿O quieres que llamemos a tu mamita para que te salve?Y mientras tanto le tiraban palitos, frutos y unas bolitas de arcilla dura con las que cazaban ratones y los pájaros.Isondú les gritaba:- Pero, ¿qué hacen? ¿Qué les pasa? ¿Qué les hice yo, cobardes? - Y desde abajo les devolvía los proyectiles.Uno de los agresores le contestó:j- Ya vas a ver si somos cobardes. - Y agarró su maza y le pegó a Isondú en un hombro, en la cabeza, en la espalda... Los demás se envalentonaron y entre insultos hicieron lo propio: el cuerpo de Isondú se fue llenando de cardenales y de sangre, y allí quedó, acallado, caído sobre un costado en el fondo del pozo.En la selva era casi de noche. Los asesinos seguían en el borde de la trampa, paralizados por el miedo. De pronto vieron confusamente que Isondú se movía, que su cuerpo tomaba de a poco la forma de un insecto y que en el lugar de cada herida se encendía una lucecita. Isondú agitó sus alas y salió volando: ya estaba libre.Un momento después centenares de Isondúes se dispersaban en la selva, debajo del techo que forman allí los árboles, los helechos y las lianas, iluminando intermitentemente la noche guaraní. Muchos de estos insectos traspusieron los ríos, dejaron atrás la selva y se perdieron en el campo. En la Argentina, algunos le siguen diciendo "isondúes", otros los llaman "bichos de luz, otros "tuquitos" y otros luciérnagas. En las noches más oscuras vuelan a nuestro alrededor, y, cuando creemos que se han ido, se encienden otra vez unos metros más allá, como estrellas terrenales. El Churrinche (Texto según el docente y periodista José M. Obregón) Era un indio guaraní, que había sido uno de los primeros de su tribu que pudo ver de cerca de los conquistadores españoles, a quienes ayudó a construir sus viviendas y los proporcionó frutas para comer y colaboró con ellos con la generosidad y desinterés que son características a esta raza.Al ser testigo de la manera en que el conquistador explotó, abusó y aniquiló a las tribus guaraníes por el trabajo excesivo, el hambre y el maltrato, su odio fue creciendo y en cuanto pudo se sublevó contra aquéllos, con el acompañamiento de muchos de su raza.Sin medir consecuencias ataco al español, pero fue vencido una y otra vez, donde no hubo piedad para nadie.Se internó lejos para buscar otras tribus y volver a enfrentarlos, pero lo persiguieron y lo rodearon, pero al no poder apresarlo, en cuanto lo avistaron dispararon las armas de fuego sobre él, así fue como lo encontraron moribundo por las heridas y el largo asedio, pero aun en esas condiciones respondió ignorando la orden de rendición, por lo que el jefe de la partida de un solo golpe le cortó la cabeza, separándole del cuerpo. No conforme con ello, abriéndole el pecho le arrancó el corazón para llevarlo como trofeo.Pero en el momento de levantar el corazón para mostrarlo a sus soldados, vieron como el sangrante órgano se convertía en llama, que después de quemar la mano del homicida es elevó por el aire hasta llegar a la altura de la copa de los árboles, donde adquirió forma de un pequeño pájaro, del tamaño y forma del corazón del joven indio, que enseguida se perdió en la espesura.Desde entonces, el Churrinche con su plumaje de color rajo sangre, matiza la rica fauna correntina. Simbolizando a la raza guaraní. El Arco Iris Siete mariposas vivían hace muchos siglos en el corazón de la selva correntina, cada una tenia un color distintoespertaban la admiración de los habitantes del monte y al volar ¡qué hermoso efecto producían sobre el verde follaje!Cierto día, una de ellas se hirió con una larga espina.La herida era fatal y, al comprenderlo, las mariposas restantes ofrecieron cualquier sacrificio para evitar que la muerte separase a su compañera. Entonces oyeron una voz que les dijo: "¿Están ustedes dispuestas a dar la vida con tal de permanecer juntas?". - Todas contestaron que sí. De inmediato negros nubarrones oscurecieron el cielo y se desató una fuerte tormenta de viento y lluvia. Un remolino envolvió a las siete mariposas amigas elevándolas hacia el infinito.Una vez restablecida la calma, el sol volvió a brillar con más fulgor que nunca, y al mismo tiempo aparecía en el firmamento un extraño arco luminoso, formado por los siete colores. Los mismos que tengan las mariposas del monte.Eran sus almas que continuaban unidas para siempre en el cielo.Ese es el origen del Arco Iris, en cuya deslumbrante belleza debemos ver y admirar el símbolo de la más pura amistad. El Carayá El carayá es un animal, tal vez el que tenga mayor cantidad de leyendas, especialmente en la República del Paraguay, en la Provincia de Misiones y en nuestra Provincia. Pero en la zona de la laguna del Iberá, se originó una leyenda que posiblemente sea la de mayor divulgación en la zona.Esa leyenda cuenta que Carayá era un indio que vivía en las inmediaciones del Iberá. Le gustaba recorrer el monte todo el día, pero sufría mucho el miedo extraordinario que tenia a las fieras, el yaguareté, el gato montés, el aguará y otros habitantes del monte.Quería superar ese inconveniente, y un día le comunicó al hechicero, que querría que lo convirtiera en un animal parecido a ellos.- Quiero ser alguien al que nada le puedan hacer los yaguaretés, ni las víboras y los zorros. Quiero vivir en el monte como ellos, trepando a los árboles, saltando de rama en rama, comiendo las frutas que estén a mi alcance, sin que nadie me diga nada.Dicen que exclamó frente al hechicero "ah, si pudiera trepar siempre a los árboles. ¡Esa será mi mayor ventura!. - Bueno le respondió el hechicero. ¡ Será lo que deseas! Y comenzó a pronunciar palabras entre dientes y quemó algunas hojas secas de una hierba del lugar mezclada con hojas secas de tabaco.De esa manera, y casi sin darse cuenta, el indio comenzó a transformarse paulatinamente en un mono. La piel se le volvió dura, con pelo y muy negra. Cambió la forma de su cabeza, la nariz, las manos adoptaron una forma especial, se le acortaron las piernas y le nació una larga cola.Y como si todo el mundo sabía lo que había pasado, en cuando vieron a ese extraño animal trepando por los árboles, los miembros de la tribu lo llamaron "Carayá", el mono gran aullador de nuestra Provincia. El Yerutí Cuenta esta leyenda que en la margen izquierda del Riachuelo, muy cerca del "Paso Pesoa" vivía una familia, cuya hija iba a contraer matrimonio, pero el acto religioso debía efectuarse en la Ciudad de Corrientes y no había manera de cruzar el arroyo, sin que el vestido largo de la novia no corriese riesgo de ensuciarse. Por ese tiempo estaba en construcción el "Puente Pesoa", cuyo director de obra, al enterarse de la situación, ofreció salvarlas a corto plazo, mediante el cierre de la cobertura del piso del último tramo y sugirió la espera.Los novios aceptaron la proposición y pocos días después se concretó el acontecimiento, concediendo a los desposados y su comitiva la prioridad del uso de la obra nueva.Finalizada la ceremonia y ya de regreso a la casa, comenzó la fiesta. Fue entonces, cuando el novio, prendado de la emotividad del ambiente, propuso a la novia una fuga silenciosa al puente, "Nosotros lo hemos inaugurado - dijo - Se trata realmente de un privilegio que Dios nos ha concedido a través de su constructor"Y agregó: "Vale la pena rendirle un tributo. Vamos hasta el puente y allí, los dos solos, bailaremos sobre ese piso nuevo, ya que la música llega hasta allá". La novia dichosa y divertida, aceptó.Llegaron al puente y al compás de un chamamé que llegaba nítidamente comenzaron a bailar. No repararon, sin embargo, que el puente todavía no tenia la baranda protectora, tanto que la pareja enfrascada en la sensibilidad de los giros, no advirtió que se hallaba muy al borde del piso, donde el joven perdió pie y arrastró al vacío a la esposa, y ambos desaparecieron en las profundidades de la corriente.Dicen que al amanecer se posó sobre uno de los pilares, una paloma blanca, una YERUTI, que nunca había aparecido por allí.También al caer la tarde vuelve a posarse sobre el mismo pilar, donde emite su típico gorgojeo natural.Los vecinos y los pescadores habituales en la zona afirman, que durante las noches de luna llena, suele verse a la Yerutí, blanca como una novia, sobre el mismo pilote, que se conserva como un milagro, y que es el alma de la novia tras el novio, al que llama insistentemente y llora sin resignación. El dueño de las Aguas Pocos lugares silvestres en el mundo tienen la complejidad y la riqueza paisajística del Yberá.Quienes viven en las cercanías de la laguna aseguran que existe un MITOLÓGICO PERSONAJE llamado en guaraní “I YARA” que se traduce como “DUEÑO DE LAS AGUAS”, que vive en la laguna, lejos de la orilla, donde tiene su guarida entre los más espesos embalsados, tiene cautivas a muchas mujeres a las que convirtió en enanas.Esta leyenda asegura que durante las noches de tormenta esas enanas cautivas lanzan un grito lastimero, como lamentando su triste situación, que llegan nítidamente hasta los ranchos de los moradores cercanos a la laguna.Algunos viejos vecinos cuentan que conocieron a gentes que vieron a ese personaje, un enano de grandes ojos, de color rojo, que posee barbas muy larga y que el cabello también es largo y de color rojo.Aseguran que el “I YARA” se transforma en un flamenco que está dotado deplumas aterciopeladas, que constituyen un atractivo para las jóvenes, las que no pueden resistir el deseo de atraparlo, y que al intentarlo, son atrapadas y convertidas en enanas para siempre.Aquellos que lo vieron, dicen que suele pasear al anochecer con su séquito de enanas tristes y llorosas.Aseguran que al único que teme ese falso flamenco es al chajhá, quien al verlo suele interceptarlo y perseguirlo hasta su madriguera.Si bien nadie lo vio directamente, todos los que saben dicen conocer a personas que si lo vieron pero por las dudas “si sos una JOVEN AGRACIADA” y ves ese pájaro que te atrae pensá bien lo que vas a hacer. El Pombero Uno de los personajes tìpicos de la imaginación popular, del hombre del litoral, especialmente los que habitan en la provincia de Misiones,es el de la existencia del Pombero ò fantasma del monte que los guaranìes llaman Cuarajhi Yara (Dueño del Sol), protector de las aves. Según esta creencia- muy arraigada por otra parte- en la gente que vive en la región, este singular personaje es un hombre de alta talla y muy delgado, que lleva un enorme sombrero de paja sobre su cabeza, y una caña en la mano, y asì el misterioso duende recorre los montes en horas de la siesta, cuidando de todos los pàjaros, ya que es su protector. Si a esa hora se encuentra con muchachos entretenidos en cazarlos los arrebata y se los lleva; de tal manera que las criaturas por temor de encontrarse con el legendario Pombero, no se alejan de los ranchos y sus padres de esta manera puden descansar tranquilamente la siesta. La leyenda o la creencia popular nos dice que este ser mitológico, es un fantasma silbador, que imita a las aves para perseguirn en hora de la siesta a niños traviesos. Tambien se dice que en la provincia del Chaco, los campesinos y hacheros de la comarca, creen que el Pombero es un compañero invisible con el cual se puede hacer trato, y asì el acompañarà a su amigo por todo y en todo, librándolo de peligros. Muchas veces según sea necesario, el Pombero puede aparecer en forma de indio, de un tronco o camalote. El Puente Pexoa Dice la tradición que las tribus que habitaban el suelo del Taragûi, vivian en continuas guerrillas. El cacique “Azucapè” cayò vencido por el fiero “Pochì”, guerrero ambicioso y de gran ascendencia entre los aborígenes del lugar. El vitorioso llevò a sus tolderìas como cautiva, a la hija de “Azucapè”, de nombre “Ariete”. Poco después enamoròse perdidamente de ella y quiso desposarla. La princesa india se negò a aceptar como esposo al matador de su padre. Asì le hizo saber al pretendiente, agregando que preferìa la muerte antes de entregarse a quièn odiaba con toda su alma. La rebeldía de la doncella indignò a “Pochì” quien, guiado por sus instintos malignos, dispuso el sacrificio de la joven cautiva. La misma serìa arrojada esa misma noche a un zanjòn de grandes proporciones para ser devorada por un enorme yacarè que allì moraba de tiempo inmemorial. Pero…las vìctimas de las crueldades de algunos hombres, siempre encuentran sus providenciales salvadores. Asì sucedió tambien en esta leyenda: el indio “Pexoa”, es el héroe de nuestra historia, que librarìa de las garras del feroz saurio a la hermosa “Airete”, quien atada de pies y manos se encontraba ya a punto de ser arrojada al zanjòn, cuando de entre las filas de los guerreros del cacique “Pochì” surgiò un indio corpulento de mirada de lince y pelos tan amarillos como el sol. Velozmente corriò hacia el lugar del sacrificio y se tendiò cuan largo era, uniendo con su cuerpo los extremos del zanjòn, que como la boca abierta y voraz de un gigante, aguardaba a la inocente vìctima. La hermosa “Airete” caminò un trecho sobre aquel cuerpo humano. Y asì al llegar al centro, una flecha cortò el aire y fue a clavarse en pleno pecho de la bella india, cayendo mortalmente herida al profundo zanjòn. Su sangre se juntò a la corriente de agua que allì serpenteaba, como una víbora vestida de flores de irupè y camalotes. El dios de los guaranìes, Tupà, que observaba la escena desde el infinito cielo, tocado en sus sentimientos de piedad, decidiò premiar la acciòn del indio y lo transformò en puente. En Puente Pexoa, y para que este no estuviera solo, convirtió a la hermosa “Airete” en la corriente de agua limpia y cristalina, que pasa besando sus plantas como amorosa satisfacción de gratitud hacia el heroico indio Pexoa. El Sapucai Porque los perjuicios y subestimaciones de mucha gente en especial los “pseudo-intelectuales”, ajenos a toda manifestación cultural de origen popular, respecto a ese mensaje musical y literario de nuestra verde esperanza regional del litoral? El chamamé , uno de los ritmos más representativos de nuestra zona, del cuál siempre hubo gente que habló en forma despectiva, considerándolo, incluso. De menor categoría (quizás por la fisonomía jocosa de su música y algunas de sus letras)…Sin tener ninguna duda hoy podemos decir que nuestra música tardó mucho tiempo en lograr su aceptación y su respeto. HOY TENEMOS UNA JUVENTUD QUE CANTA, Y BAILA NUESTRO RITMO DEL LITORAL,.Todo gracias a esos pioneros que en su lucha por hacer conocer nuestra música y geografía, nuestras costumbres e idiosincrasia enmarcado en la dulzura lírica y a veces agreste de un chamamé… Poco a poco nuestra música e intérpretes se fueron dando a conocer. Hoy reivindicamos la tarea pionera de Mauricio Valenzuela, Angel Guardia, Tránsito Cocomarola, Damasio Esquivel, Isaco Abitbol, Ernesto Montiel, Mario Millán Medina ,Osvaldo Sosa Cordero, Linares Cardozo, Abelardo Dimota, y tantos otros que con cariño entrañable por nuestra música, lucharon en épocas muy difíciles para dejar el campo arado que hoy cultivan nuevos interpretes, autores y compositores. Actualmente la música y poesía del litoral, es un aluvión incontenible de acordeonas, guitarras y voces que desbordan la emoción terruña para elevarse majestuosamente en el paisaje cultural popular argentino. También el idioma guaraní y los modismos regionales se han vistos robustecidas en la expresión de los nuevos autores. Si tomamos las palabras del padre Julián Zini ( Mercedes, Corrientes), un empecinado defensor y estudioso de la cultura regional que afirma: “cuando se deslengua un pueblo, se lo puede dominar fácilmente” por eso el sapucai cada vez más fuerte quiere traspasar nuestra frontera fluvial, y ser escuchado por el resto del país; para que nunca olvidemos nuestra raíz y origen y nos preocupemos juntos por mantener nuestra identidad. En el chamamé, toda esa inquietud queda centralizada en su hermosa música. Y es por eso, que toda reunión es propicia para que el alma correntina, sea para una alegre musiqueada, ya para una rueda de fogones, o para el clásico convite, en que se festeja el cumpleaños de la patroncita y en donde no puede faltar, junto al matiz que ponen las bromas o las personas conocidas el suculento asado o el vino abundante y generoso. Se pone de manifiesto, en esa contagiosa alegría, el natural entusiasmo, para rendir honores a los clásicos compases del chamamé y máxime en esas típicas reuniones de sus gentes pueblerinas, donde de pronto rompe el aire una clara expresión que brota de la garganta del paisano, el “SAPUCAI”, el grito que nace espontáneo y cuando parece más necesario al estado de animo ya del hombre que se acerca al festejo, ya del bailarín que lanza su sapucai al ritmo del chamamé como augurio feliz por la circunstancia de hallarse alegre bailando con su “güanita cambá” La flor del Ceibo - Leyenda de Anahí Cuenta una antigua leyenda del noreste argentino, que la “Flor de Ceibo” es el alma de una india llamada Aca-e. Aca-e, según la tradiciónera la india mas fea de la tribu guerrera e indómita, que vivía a orillas del majestuoso rió Paraná. Pero si la joven indígena era fea, en cambio, su voz era la mas dulce de cuantas habían escuchado sus hermanos. Hosca y rebelde, Aca-e había albergado en su espíritu toda la bravura de una raza muerta por la furia invasora de los conquistadores españoles. Según viejitos de la región, relatan que esta leyenda les llego a ellos en forma oral y que viene transmitiéndose de generación en generación y dice que un día Aca-e, la indómita, la rebelde, fue hecha prisionera pero poco tiempo estuvo en prisión, ya que logro huir. Perseguida fue nuevamente cautiva, pero habiendo dado muerte a sus centinelas, una noche fue condenada a morir entre las llamas. Colocado su frágil cuerpo entre gruesas ramas de un árbol y de anchas hojas, quedo envuelta entre los rojos resplandoresde la hoguera. Quienes asistieron al martirio observaron poco después, que el cuerpo de la joven india, se iba tornando ígneo y adquiriendo extraña forma. El árbol también iba sufriendo un proceso singular. Algo así como una vuelta a la fragilidad. Las primeras luces de la aurorailuminaron la flor de ceibo, una nueva planta que había nacido en el suelo patrio. Desde entonces la flor de ceibo encarna el alma pura y altiva de una raza que ya no existe. Su soledad significa el recuerdo de los que supieron morir y no ha nacido para lucir en ningún pecho humano. Es la flor triste y solitaria de la veneración y en s forma viva, palpita una oculta ternura. Es el alma de Aca-e, la indomable, la princesa fea, la de la dulce voz, que se anida en la flor de ceibo, la que ella creara con su martirio y su amor a al libertad. GUALOK (El algodón) v9ganDDwsftkM:http://www.revista.serindigena.org/noticias/wp-content/photos/algodon.jpg" /> La madre tierra había dado a luz unas plantitas nuevas. Eran tan tiernas... tan tiernas..., tan delicadas... tan sensibles... que se estremecían de emoción hasta por las ráfagas campesinas que las besaban al pasar. Cerca del seto crecían otras hierbas vigorosas y fuertes, de hojas carnosas y tallos gorditos. Y... como en los cuentos y en las leyendas las plantas suelen hablar y los pájaros también... pues he aquí que las plantitas hablaban. Mientras que las primeras crecían con timidez de doncellas castas... las otras, gorditas y coquetonas se bañaban con las luces de la aurora y hospedaban, en sus robustas siluetas de hierbas golosas, a la luz del sol que les ponía color dejándolas satisfechas... muy satisfechas. Un día observaron a sus hermanas ( débiles y tan tiernas) y se burlaron de ellas ( sin siquiera bajar la voz). Tan felices se sentían que hasta se creían con derecho a los desenfados. Por fin bajó de su carruaje de reina, doña Primavera; y casi increpó a las dulces plantas por su demora en florecer... también a las golosas de la luz solar se las podía reconvenir. ¿Para qué era reina doña Primavera? ... Y se apuraron las flores del borde del seto y echaron a lucir sus galas tintes de rojo..., jugosas y atrevidas (¡ qué corolitas tan brillantes!) ¿ Y esas debiluchas? ...¿ Se habrán atrevido también a decorar sus desgarbadas siluetas? ¡ Que extranjeras tontas! (Tontas pero envidiosas...) Sí señor: Envidiosas. ¿ Por qué sino su pálido color amarillo? Amarillas de envidia. Sí señor, de envidia. ... Y las plantitas lo oyeron... Y las plantitas se contemplaron unas a otras y se encontraron pálidas (allá en Oriente... eso no quedaba mal) ¡ Ah, si ellas pudieran lucir tan galanas como sus vecinas! ... En eso... ( no podía faltar en la leyenda): una hechicera. “ Yo os puedo quitar esa palidez y tornaros hermosas... con colores cálidos. Nadie se atreverá a ofenderos más... eso sí: tenéis que prometer en cambio darme vuestros hijos. (“ ... darme... vuestros... hijos...”) Y... claro... ¡ eran tan inexpertas... sufrían tanto las pobres plantitas que...dijeron que si ... Y al punto tornáronse rosaditas, preciosas, atrayentes en sus tonos cálidos. De pronto... ¡ Dios mío que efímera es a veces la ilusión... que, efímero el triunfo de las bellezas externas...! ¿ Ellas prometieron entregar sus hijos a cambio tan sólo de simples colores? ... Pero ya era tarde... allá a lo lejos se perdía la hechicera diciendo sentenciosa ¡ Volveré en febrero a llevarlos a todos ¡ Ya no estaban pálidas las florecillas... un rubor de vergüenza cambió el tinte de sus pétalos; y ... cuando ya amoratadas por el sufrimiento ... y angustiadas por la suerte de sus frutos ... se sentían desfallecer: un hada madrina. El hada de los cuentos infantiles. Una brisa suavecita... suavecita... de dulces consolaciones... y una voz de perdón para las que estaban arrepentidas: morid tranquilas pues a vuestros hijos los protegerá un hada. Y así... suspirando, cayeron al suelo. El fruto se hinchaba más y más. Era un vientre grávido... y, los hijos, grisecitos e inquietos se movían como en un colchoncito blando... muy blando... como si estuvieran envueltos en velloncitos de ovejas... Y, como todo llega, llegó el estío. Ya estaba cerquita febrero y la perilla de algodón abrió sus cinco ventanitas... y por ellas... como majada de corderitos, al conjuro de un hada, echaron a correr los hijos de las dulces peregrinas del oriente que un día se detuvieron en las chacras chaqueñas. Cuando la hechicera vino a cobrarse... no encontró a ninguno de los pequeñuelos que quería llevar. Estos, escondidos en ropajes blancos, iban por la llanura corriendo y triscando como corderitos. Y... como esos ropajes fueron fruto de un hada... obra de la caridad... pues -¡ natural! Todos los años realízase el milagro de nuevas vestiduras... y siempre hay un poquito de algodón para curar una herida... para preparar una venda... para coser un pañal... ¿ Quién dijo que ya no andan las hadas o los ángeles buenos por las chacras chaqueñas? ... Las que tuvimos la suerte de nacer en esas chacras... y ver crecer los algodonales... regados por sudores santos... removidos con amor por manos trémulas... sabemos que las hadas viven todavía en las chacras chaqueñas... Y aunque otros lo discuten con argumentos de ciencia tipo siglo 20... ¿Qué nos importa...! Soñaremos con las hadas de nuestros algodonales chaqueños... porque, el ser chaqueños nos da derechos para sentir... y para soñar. El Chaja Era costumbre en la campaña y sigue siéndolo aún, ir a lavar a las orillas del río o de los esteros. Las mujeres iban llegando con sus atados de ropa y ocupaban su sitio habitual, pues... la costumbre da derechos... y algunas habían adquirido ciertos derechos de sitio en las riberas del Paraná. Una mañana llegaron más temprano dos amigas acompañadas de sus correspondientes maridos y ocuparon un sitio que no les pertenecía. Era cómodo, estaba a la sombra de un timbó... allí cerquita había una parte cubierta de gramilla en la que se podía asolear la ropa. Empezaron su tarea... cuando de pronto llegaron “las dueñas del lugar”. La discusión fue violenta y las intrusas ganaron por la fuerza. Ellas tenían el apoyo decidido y enérgico de sus maridos... mientras que las otras estaban solas. Se reanudó la tarea... y el chasquido que producían las manos enjabonadas al refregar la ropa, parecía una canción del trabajo, pero... no había paz. El sol ya calentaba fuerte y las mujeres seguían jabonando... jabonando. En eso pasó por allí una señora con un niño. Era una desconocida. Tal vez se había perdido... y pidió a las dos lavanderas que charlaban sin cesar, un poco de agua limpia de su cántaro. Era para el niño. Estas se miraron... y se entendieron muy bien (porque siempre se entienden algunas personas) y aparentando una solicitud rara en ellas, ofrecieron a la desconocida un cantarillo rebosante de agua... El agua... pura espuma de jabón. La dulce señora... ( que no faltó quien diga que fue Yasi, la luna) se alejó dolorida... es que su niño tenía sed... mucha sed. Un temor misterioso sobresaltó a las otras lavanderas. El Ñandé Yara podía enojarse con todas... y – para asegurar su inocencia- empezaron ellas a castigar a quienes mostraron un corazón tan duro. Las dos egoístas huyeron juntas a reunirse con sus esposos... diciendo agitadas ¡ yajá, yajá ¡ (vamos, vamos ¡) Y era cierto Ñandé Yara se enojó y... poco a poco ellas y ellos se fueron transformando a medida que gritaban y agitaban los brazos... hasta verse convertidos en cuatro aves que recorrían el estero sin cesar.. Aquellas parejas se fueron multiplicando... pero el castigo del Ñandé no les permitió recuperar sus antiguas formas. Sus descendientes siguen en pareja recorriendo esteros; cuando ven acercarse a alguien, gritan en recíproca invitación a la fuga yajá... yajá... grito que poco a poco se transformó en chajá. El temor que inspira en ellos la llegada de un forastero es atavismo; y... ese atavismo que los impulsa a gritar... hace que resulten cerca de los ranchos, muy buenos centinelas. El Hornero . En cierta tribu había un joven guerrero muy apuesto y una jovencita esbelta..., más esbelta que los juncos de los esteros y cañadas. El guerrero y la joven estaban enamorados; pero el cacique elegía entre los mejores para esposo de su hija y... el joven era uno de los mejores. Entonces, dispuso que todos los guerreros apuestos participaran de unas pruebas de competición para ganar a la hija del cacique. El joven guerrero tuvo que alistarse obligatoriamente y triunfaría en todas las pruebas. Su honor, su linaje, su arrogancia, su temple de luchador, le acordaban el premio: sería suya la hija del cacique. Avanzó el tribunal... con la solemnidad de los rituales primitivos; pero... a medida que se acercaba el Jefe de la tribu, el joven iba achicándose, achicándose presa de un extraño temblor. Por último dio un salto, y convertido en pájaro voló hasta la copa de un árbol. Poco después, otra avecilla igual se le reunió y entonando una canción de amor, fueron a preparar su nido de barro. La joven esbelta como los juncos y el bravo guerrero de la tribu, formaron la primera pareja de horneros por obra del amor, y... frente a la obra del amor, todos se rinden en respetuoso homenaje. Lo respetan los campesinos, lo saludan los vientos... lo acarician y refrescan sin dañarlo las lluvias amigas, y le cantan los poetas. Carpincho Cuenta la leyenda que, hace mucho tiempo, cuando todo era paz y alegría; caía la tarde las mujeres preparaban el magno alimento con raíces y pescados... los hombres en rueda fraterna, compartían sus pitadas mientras conversaban sobre los accidentes de la pesca. De pronto... a la vuelta de un bosquecillo de espinillos, apareció una vieja. Venía cansada... se había perdido..., ya no podía volver a su toldería sin que la sorprendiese la noche... y pedía asilo a los hermanos. Un toba la escuchaba en silencio,... y... cosa rara; no quiso ayudarla. Saliéndose de la ley tribal, con gesto terminante de negación absoluta le contestó: caicá ( no hay)... .. No había hospitalidad para la fatigada y triste peregrina... y la vieja al perderse tras el montecito de espinillos gimió dolorida y acongojada. El cielo empezó a cubrirse de nubes. Los truenos rompían el aire, amenazadores..., y hasta el rayo apareció como dando latigazos, aquí y allá. Una lluvia persistente y furiosa cayó durante días y noches, castigando a los tobas, ya hambrientos. Al fin, pareció aplacarse la ira del Noón, el sol de un día nuevo brilló cual promesa de perdones dorados, con sonrisas de esperanzas jugueteando sobre los pastos verdes y tiernos... Los hombres y las mujeres fueron juntos al bosque... y, oh! dolorosa sorpresa: el castigo era más grande que los truenos ... mayor que los relámpagos; más terrible que el nublado mismo... Allí, tumbado en el suelo estaba un árbol sagrado, el más alto del bosque, cuyas ramas antes se confundían con las nubes. Por ese árbol las almas de los muertos, trepándose de rama en rama, subían a reunirse con el genio. Azorados observaron el tronco cortado por dientes menudos... y... allí, a poca distancia, vieron alejarse una figura extraña. Era la vieja que, transformada en carpincho había derribado el vínculo que los unía al Noón. Desde entonces, las almas de los tobas no tienen por donde subir a la región luminosa donde habita el genio.. No volvieron a crecer árboles de esa especie; porque los carpinchos, multiplicados, siguen destruyéndolos en cumplimiento de la antigua maldición. La Azucena Hace mucho tiempo el Coptanoón, genio máximo que sintetiza belleza, poder y bondad, estaba en su hábitat, el sol, contemplando la acciones de los hombres. Acá abajo, dos caciques reñían... en la costa de los ríos torcidos que recorren el Gualamba. Eran dos tribus que se habían vuelto enemigas. El Coptanoón envió a sus mensajeros y las tribus fueron convocadas. Las tribus reunidas escucharon la voz imperativa del genio... Pero los caciques enemistados avanzaron hasta ponerse cara con cara, corazón con corazón. La arenga entonces fue: primero un reto,... después una exhortación... por último una orden: debían vivir siempre en paz unidos como hermanos. Un abrazo sellaría para siempre este compromiso ante la ley del Noón. Y los caciques obedientes se abrazaron, tan estrechamente, que no pudieron separarse más. De los dos cuerpos resultó un solo tronco, que la savia unida alimentó en verde de esperanza, mientras florecían las almas en celeste de ilusión con blanca fragancia de auténtica y perenne amistad. Primera Parte Tercera Prte
Leyendas de Corrientes La Leyenda - se ha dicho - es el eslabón que une la prehistoria con la Historia misma. Y en verdad, la historia del hombre en su período nebuloso no es más que una sucesión de leyendas. Cada vez que el ser humano se encontró ante enigmas indescifrables o simplemente ante hechos inexplicables, buscó en la fantasía el origen y desenlace del enigma, de acuerdo a su sensibilidad, psicología y mentalidad. La mente tiene la facultad de reaccionar en idéntica forma ante lo incognoscible. Por eso la leyenda, que es la reacción del hombre ante lo inexplicable, tiene semejanzas en distintas latitudes. La universalidad de muchas leyendas tienen en esto, y en la unidad del género humano, su lógica explicación. Y como abarca todos los aspectos de la vida: amor, luchas, muerte, origen, fin, etc., constituye un valioso auxiliar de la Historia. Joaquín V. González ha dicho que la leyenda, desentraña muchos aspectos del espíritu humano que la Historia no pudo descubrir. Representa también, como todos los impulsos míticos, el esfuerzo del hombre por elevarse a los sobrenatural, magnificando hechos reales o fantásticos, para crear una vida distinta de la vida material, tan pobre en espíritu y poesía. El origen de la tierra Cuentan que en el principio existía sólo Ñanderú, el dios creador, que se había hecho a sí mismo. Lo primero que creó fue el lenguaje, las palabras y a otros dioses para que lo hablaran: cuatro parejas que iban a tener hijos también dioses. Ñanderú tenía un bastón, y quiso que la punta engordara, de allí salió la Tierra. Para que la tierra no se moviera demasiado creó cinco palmeras inmortales, que se ubicaron en el Centro, el Este, el Oeste, el Norte y en el Sur. Al cielo lo apoyó en cuatro columnas de madera iguales a su bastón. Luego creó animales y plantas, como el Colibrí, la Víbora y la Cigarra. Primero cubrió a la tierra con una selva continua. Pero luego agregó campos, con árboles y a la Langosta, que en donde apoyaba su cola desaparecían los árboles y crecía pasto, creándose llanuras. Terminado esto llegó la Perdiz que ocupó dicho lugar. Luego Ñanderú creó al Tatú que vivía debajo de la tierra. Le siguió la Lechuza, dueña de la oscuridad. Pronto aparecieron otros animales, los hombres y mujeres. Hecho esto el Dios Creador volvió al Cielo y dejó a cargo de la Tierra a los otros dioses. Como algunas personas eran buenas y otras malas, los dioses hicieron cambios, por esta razón mandaron un diluvio. La gente buena subió al cielo y los restantes se convirtieron en: ranas, peces, etc. Luego Ñanderú pidió a uno de sus hijos, Jakaira, que hiciera de nuevo a la tierra, éste asignó esa tarea a su hijo Pa-pa Mirí. Éste amasó a la Tierra, la llenó de árboles y nuevos animales y plantas. Hizo ríos, arroyos y piedras. Un día lo llamó su madre y dejó las cosas como estaban, formándose las montañas, restos de tierra y piedras. El primer fuego llega al hombre Pa-pa Mirí pensaba que el hombre necesitaba fuego, que hasta ese momento no lo conocían. Pero era un elemento que estaba en mano de los Futuros Cuervos que vivían en una montaña, eran muy poderosos, se alimentaban de hombres y no querían brindar el fuego a otros seres. Para obtener el fuego, Pa-pa Mirí llamó a Cururú, el Sapo, éste le explicó su plan en el oído, porque los Futuros Cuervos tenían buena audición. Juntos fueron a la montaña donde vivían los come gente. Pa-pa Mirí se tiró al suelo, para parecer un muerto y el Sapo se escondió. Los Futuros Cuervos vieron a Pa-pa Mirí como alimento y lo cocinaron, pero éste no se quemaba porque era un Dios. Cuando se alejaron las criaturas el dios tiró brasas al Sapo, que luego de varios intentos fallidos las pudo recoger con su lengua, hecho esto escaparon. Pa-pa Mirí con la braza encendió una flecha que arrojó al bejuco subterráneo, una planta. Entonces las personas podían cortar un pedazo de bejuco, hacerle un agujero, meter la punta de una flecha y hacerla dar vueltas originándose una leve llama. Desde entonces los guaraníes hicieron fuego de ese modo. Pa-pa Mirí convirtió a los Futuros Cuervos en cuervos o jotes para que no hicieran nuevos males. Los guaraníes les dicen Urubú. Madi-ó Esto debió haber pasado hace mucho, muchísimo tiempo. Antes de que los guaraníes emprendieran su largo viaje hacia el Sur, desde el corazón de las selvas sudamericanas. Mandi-ó era una nenita fea, alta, flaca y delgada. Tenía manos muy grandes con dedos muy largos. No jugueteaba con los otros chicos. Se quedaba ahí, paradita, mirando como si quisiera hacerlo. Pero no participaba. Mientras tanto, los demás correteaban por la selva. -Mandi-ó, algún día vas a echar raíces- la regañaba su mamá. Y su papá la retaba por que no acompañaba a su mamá cuando ésta salía en busca de frutos silvestres. Porque en aquellos tiempos remotos la gente no conocía la agricultura y sufría terribles hambrunas: solo se alimentaba con los productos de la caza y de la pesca ( tareas a cargo de los hombres) y con los frutos de la selva que las mujeres recogían con la ayuda de sus hijos. Pero Mandi-ó, siempre triste y avergonzada por su fealdad, se negaba a acompañar a su mamá y a sus hermanitos en esas salidas, en la que los chicos no solo ayudaban sino que, además, recorrían la selva y se deslumbraban con todo lo que veían, como cualquier chico del mundo. Mandi-ó se quedaba paradita, a la entrada de la tekoá, la aldea que su padre había construido, en un claro de la selva, junto con los otros hombres de la comunidad. No se atrevía a seguir a los suyos, como si les tuviera miedo a la espesura. Entonces Tupá, el Dios de los guaraníes, se apiadó de ella. En sueños le dijo lo que debía hacer: en adelante, la niña sería importantísima para toda su gente, porque les iba a enseñar a alimentarse mejor. Sólo era preciso que algún rayo incendiara un sector de la selva, con lo que se haría un claro en el cerrado boscaje y cuando, el terreno quedara despejado, ella debía dirigirse allí, sin miedo, para cavar un hoyo y meter en él sus piecitos. Eso sí: debía pedirles a sus hermanitos que la buscaran al día siguiente. Y así fue como lo hicieron. ¿Qué encontraron?. Cuando todos salieron en busca de Mandi-ó, en el centro del claro vieron una planta desconocida hasta entonces: un arbusto muy verde, de casi dos metros de altura, con grandes hojas en forma de manos y dedos larguísimos. Cavaron para desenterrar los pies de la niña; y en su lugar sólo encontraron gruesos tubérculos. Era la mandioca, planta originaria de esas tierras, cuyo cultivo se comenzó a realizar en claros abiertos a propósito, con hacha y fuego. Desde entonces, los tubérculos de la mandioca fueron utilísimos porque la Mandi-ó o la mandioca acompañó a los guaraníes en su larga migración hacia el Sur, asegurándoles siempre el alimento. Mientras tanto, la misma planta viajó con los tupíes hacia el norte, cruzó el caudaloso Amazonas y, ya en la meseta de las Guayanas, fue adoptada por los caribes quienes la llevaron a las Antillas con el nombre de yuca. Desde entonces, la yuca o mandioca alimenta a millones de americanos, a quienes brinda la fariña, la tapioca y el sabroso pan de cazabe. El Yaguareté El Yaguareté Abá, para la creencia popular, es un indio que, por arte de brujería, se transforma en un tigre más feroz que el tigre común. A medida que los indios se fueron reduciendo a reservas lejanas, la creencia se ha ido olvidando. En general, son los viejos los que narran los relatos de Yaguareté-Abá. En esencia la transformación del Yaguareté-Abá por arte mágica es la misma del RUNATURUNCO. Lobizon Supersticion de origen europeo, según la cual el septimo hijo varon al llegar a la adolescencia se transforma en lobizón los martes y los viernes por la noche. para poder cumplir con este proceso se revuelca sobre algun elemento desintegrado, como por ejemplo arena, ceniza o la tumba de un cementerio. Al volver el día recupera la forma humana. para convertirse en animal debe cumplir ciertos ritos, como girar tres veces sobre su cuerpo. Una forma de romper el hechizo es bautizando al niño en siete iglesias distintas. También puede librarse si es bautizado con el nombre de Benito, y si el mayor de los siete hermanos es su padrino. Se lo representa como una mezcla de perro y cerdo, muy peludo y con grandes orejas, que recobra su fisonomia humana si alguien sin conocerlo lo hiere, o si un hombre lo muerde. Se cree que se alimenta de chicos no bautizados, excrementos y de desperdicios que encuentra en los basurales de las estancias. Se caracteriza por el fulgor de la mirada (echa fuego por los ojos). Es inmune a las armas de fuego, y solo se lo puede herir con un arma blanca. En presencia de su propia sangre recobra la forma humana, pero se convierte en enemigo mortal de quien descubrió su secreto y no se detiene hasta matarlo. El lobizon ataca y puede traspasar el mal. No lo transmite mordiendo, sino pasando entre las piernas de alguien. A partir de allí la victima se convierte en lobizon, y el anterior escapa al maleficio. Si bien tiene forma perruna, los demás perros le ladran constantemente, si bien no atinan a morderle. Es conocido también como Lobishomen (lobo-hombre, Brasil y Portugal) y representado como una criatura mítica que merodea por los campos en las noches de luna llena, sobre todo si éstas caen en viernes. Asalta por detrás a los viajeros o penetra en las casas en busca de niños. Luego de capturar a sus víctimas les chupa la sangre. En Argentina la costumbre de que su hermano mayor sea el padrino, se cambió luego por el padrinazgo presidencial. Se sabe a traves de relatos orales, ya que los archivos se quemaron a mediados de siglo, que en 1907 se realizó el primer bautismo con padrinazgo presidencial para revertir el maleficio, en la localidad de Coronel Pringles. Un inmigrante ruso padre de un séptimo hijo varón importó una tradición que cumplían riurosamente los zares. En 1973 el presidente Perón legalizó a través del decreto 848 una costumbre que ya se había generalizado en la práctica. Según el decreto los padres pueden optar por el padrinazgo moral (ya que raramente concurren) del Presidente de la Nación. Asimismo, los integrantes de la División de Padrinazgos de la Casa de Gobierno se encargarán de hacerle llegar una medallita de oro y un diploma conmemorativo. También tendrán una beca para sus estudios primarios y secundarios. El decreto aclara que el padrinazgo no crea derechos ni beneficios de naturaleza alguna en favor del ahijado ni de sus parientes. Actualmente hay en Argentina un promedio de 300 padrinazgos anuales, de los cuales sólo el 30 por ciento corresponde a mujeres. EL ARA IYAPÍ Todos los aborígenes tienen especial aversión por el murciélago. Los chiriguanos le llaman mbopi y los tobas y mocobíes "sanhihuej". El murciélago representa el Ara Ipayi o fin del mundo. Por eso se le encuentra estilizado en las alfarerías de los diversos grupos étnicos de la nación Guaraní, junto con el buho que es su enemigo y de quien depende tenga o no éxito en su empresa. . . Es creencia que algún día aparecerá el Andirá Guazú (Murciélago grande) y comerá a todos los seres vivientes de la tierra, terminando así la vida en todos los órdenes. Para que esto sea posible será necesario una enorme cantidad de "andirás " chicos, sin los cuales no puede nacer el Andirá Grande que pondrá punto final a la vida. No se sabe cuándo podrá acontecer esto, por cuanto Ebliuá (Dios), les puso por enemigos el buho y la lechuza (ñacurutú y urucureá), que persiguen a los murciélagos y los matan, evitando la multiplicación convencional que determinaría el nacimiento del Murciélago. Grande. Llegará, empero, un día, en que el buho y la lechuza, sea por debilidad, incapacidad o muerte, no podrán detener los murciélagos chicos en su proliferación, y entonces acaecerá el advenimiento del Andirá Grande que impondrá el Ara Iyapi o sea el Fin del mundo. Mburucuya Aconteció esto en las cálidas tierras de Tupí, hace muchísimos años. Tupán no había creado todavía en aquel entonces ni el guayacán, ni el curupay, ni el canambí, ni muchas otras plantas prodigiosas, obra de sus milagros... Había sobre la costa del Paraná una tribu feliz, muy feliz... Su cacique se llamaba Irnndi y la vida era una bendición de paz y felicidad. Para dicha mayor Irnndi tenía una hija cuyos ojos rivalizaban en esplendor con el Sol, a quien adoraba y adoraba su gente. Como era tradicional, antes de morir, Irnndi expresó que era su voluntad que su hija Isapi (rocío) se casara con el cacique Acaviray... Y aquí comenzó la tragedia. Isapi no amaba y no podía amar a ese hombre inhumano con su gente, sensual y desenfrenado... . Y cuando su padre murió, antes que Acaviray pudiera tomarla, huyó por el bosque, resuelta a morir antes que caer en sus manos. Anduvo muchos días y muchas noches, hasta que sus fuerzas se agotaron y cayó rendida en la selva. Mientras la fiebre la consumía veía pasar en sueños las aguas del Paraná, al alcance de sus manos, deslizándose suaves y rumorosas, para darle en sus hilos cristalinos el precioso líquido para apagar su sed. Y ella bebía.. .bebía. .. hasta que las sombras de la inconsciencia más completa se apoderaron de su frágil y delicado ser. Quiso Tupán que un sacerdote que vivía con sus indios en las inmediaciones, la encontrara en la selva moribunda. Calmó su sed, sació su hambre y la llevó a su Misión. Ahí Mburucuyá aprendió la lengua de aquel hombre blanco, y de sus palabras dulces, conoció al Dios cristiano, infinitamente bueno, todo amor y misericordia. Nunca había soñado con un Dios tan bueno y grande que brindó hasta su sangre para salvar a los hombres. Que no conoce ni el odio, ni la venganza, ni la maldad. ¡ Un Dios que llama a los hombres para salvarlos ! ! Que los ama!... ! Oh; infinito misterio de las cosas! ¡Nunca lo había soñado, nunca ¡. . . Los indios convertidos que no conocían su nombre la llamaron Mburucuyá. En el silencio de las noches ella prometió a ese Dios bueno ofrendar algo en su honor. Y lo propuso al misionero: ir a la tribu que fue de su padre y ofrecerle en la Cruz el camino de la salvación. Y así lo hicieron. Caminaron largos días por la selva y sendas noches. Mburucuyá iba eufórica a cumplir con aquel deber de gratitud. . . Llegaron por fin, y ella, la Isapi, la hija del cacique Irundi, explicó el alcance de la visita y el mensaje de Amor en nombre de Aquel ser infinitamente bueno, que había llenado de amor su corazón. Acaviray, el taimado, escuchó atento a la desertora y, finalmente, con toda frialdad y cinismo, ordenó el lanceamiento de ambos. Misionero y sierva cayeron bajo las flechas arteras en la quietud de la selva, y la cortina de la noche se extendió sobre un drama más... Pero al día siguiente en el preciso lugar de la ejecución había brotado una planta nueva. Era el Mburucuyá. Su flor era una cruz y Dios puso en ella los atributos de. su pasión: los tres clavos que horadaron sus manos y pies, la corona de espinas que ciñó su frente; las cinco llagas de luz y en el corazón de su corola, una a una las gotas de su sangre preciosa. Y fué desde entonces la eterna Mburucuyá, símbolo del sacrificio por amor a su Dios... . Y Acaviray, al morir, se convirtió en pájaro agorero del mal, cuyo graznido anuncia el odio, y anda por los montes sin. reposo, despreciado de todos, llevando aún en sus ojos sanguinolentos todo el rencor que lo incitó al crimen... Es el cuervo o pitá cumpliendo su condena interminable. en la soledad de los bosques umbríos por los siglos de los siglos. Laflor del Irupé Esta hermosa leyenda guaraní viene de los vocablos “i” que significa (agua) “ru” que significa (el que trae) y “pe” que significa (plato). O sea Plato que lleva el agua. Se la conoce con el nombre de Victoria Regia, y constituye una de las flores más curiosas de nuestra flora. Con los granos de su fruto, los indígenas elaboran un pan muy exquisito. Yasí Ratá (estrella) había nacido con un pequeño mal incurable; amaba los astros. Desde pequeña quería la Luna y vivía para ella. Cuando ésta no aparecía en el cielo, Yasí lloraba insomne las noches enteras. Y cuando el pálido satélite surcaba raudo la inmensidad cubierta de estrellas, la enamorada se vestía con las mejores galas, y pasaba la noche entera en celeste idilio con el astro. Entonces era hermosísima y la Luna le daba a su rostro un halo sobrenatural. Así los dos enfermos se amaron mucho tiempo. Hasta que un día Yasí desesperada de vivir tan lejos de su celestial amante, decidió ir en su busca. Subió a uno de los árboles más altos y desde él tendió los brazos para que el astro la recogiera. Pero fue inútil. Entonces bajó y trepó a la cima más alta de la montaña y allí esperó el paso de la Luna, pero también fue en vano. Descorazonada y vencida volvió al valle y allí camino largo tiempo, sus pies desgarrados por las piedras y las espinas, manaban abundante sangre. En su marcha llegó a un lago de aguas límpidas. Se miró en ellas y vio su imagen reflejada al lado de la Luna. ¡Era el milagro!. Sin vacilar se arrojó a sus brazos, pero la imagen se desvaneció y las aguas se cerraron sobre ella cubriendo para siempre su imposible sueño. Tupá, compadecido de aquel gran amor, la transformó en Irupé con hojas de forma de un disco lunar y que mira hacia lo alto en procura de su amado ideal. De noche cierra sus pétalos cubriendo las manchas de sangre de sus heridas, pero cuando la Luna aparece, las abre, y todavía platica con ella. El Guairá Guayrá era un indio bueno. Tenía especial predilección por las" igás" (canoas) y dedicaba todo su tiempo a la fabricación de esas embarcaciones. De sus manos salían canoas admirables que' despertaban la admiración y envidia de los demás. Un día concluyó la que él consideraba más perfecta de su ingenio inquieto y creador. Ufano, decidióse dar con ella un paseo por el Paraná. Y así, gallardamente se deslizó por las mansas aguas del río dejando vagar sus pensamientos al azar. Anduvo extasiándose varias horas con el pintoresco paisaje que le ofrecían las orillas que encerraban todas las gamas del encantamiento que la Naturaleza y Dios pueden ofrecer al hombre, y cuando estaba próximo a hacerse la noche, quiso volver río arriba para regresar a su choza. A pesar de la aparente mansedumbre de las aguas, notó que la corriente le impedía remontar el trayecto recorrido. Comenzó a inquietarse, y duplicando su esfuerzo y su habilidad, intentó vencer la resistencia del agua. Inútilmente. No conseguía avanzar ni un palmo. Presintió algo fatal y tornó a hacer supremos esfuerzos por zafarse de aquella dramática situación. Entonces comenzó a anochecer súbitamente y una tormenta furiosa atronó el espacio. Taú, el genio de las tormentas y acólito de Añang lo. había atrapado. Mientras oía las palabras de Taú, Guayrá luchaba desesperadamente gastando sus últimas energías. Se embravecieron los vientos y las lluvias, y abatido Guayrá se dejó llevar por la corriente. La gallarda embarcación no resistió la furia de las aguas y bajo un relámpago cegador se abatió en ellas. Guayrá luchó un instante solo, pero de pronto, dando un salto espectacular, se hundió para siempre en aquel mar proceloso. . . Consumada su obra, Taú se rió estrepitosamente, y su risa diabólica se prolongó largo tiempo en la noche. Volvieron las aguas a tranquilizarse y se despejó el cielo. Pero en aquel lugar las aguas formaron un salto turbio, símbolo de la tragedia, y que los guara des conocen con el nombre de Salto d: Guayrá. El Coendú Era el: hijo de un cacique cainguá. De niño era bueno, ,pero de pronto su carácter se tornó irascible y malvado. La hechicera sentenció que" una araña le había picado en el costado izquierdo envenenándole el corazón". Entretanto las crueldades del niño superaban todos los límites de la tolerancia. :Miriñay, el consejero, previno que el Dios de la selva no dejaría impune tantas víctimas inocentes y que se vengaría en la gente de su tribu. Quería, pues, convencerlo de las consecuencias de su maldad. Pero mientras se acercaba, Coendú, temiendo ser atacado, le disparó sus flechas envenenadas y lo hirió de muerte. Sorprendido de su propia acción, vaciló mi instante, luego echó a correr perdiéndose en la espesura. Las sombras de la noche lo sorprendieron fugitivo. Sudoroso y fatigado se acurrucó contra un árbol, mientras un sentimiento extraño se iba apoderando de su ser. Y por primera vez su cuerpo tembló de arrepentimiento, pensando en todas las inocentes víctimas de sus flechas envenenadas. "Las primeras luces del alba lo sorprendieron en la misma posición, encogido, agarrotado de terror". Quiso separarse del árbol pero no pudo; una alfombra de zarzas se había adherido a sus carnes. Recordó las palabras de Miriñay y comprendió que era el castigo del Dios de la selva. De pronto, sus pies se convirtieron en patas pequeñísimas y sus manos en alas toscas y cortas. Su cuerpo encogido se llenó de espinas. "Cuando apareció el Sol, Coendú, arrastrando su manto verdoso, fue a internarse en lo más oscuro de la maraña. Una fuerza misteriosa lo empujaba a la penitencia... Y aun hoy, después de tantos años, apartado siempre de los otros habitantes de la selva misionera, el coendú, arrepentido de sus maldades, permanece largas horas del día de espaldas a la luz del Sol, sentado "obre sus patas traseras y con la cara entre manos, haciendo penitencia". El Timbó El timbó es un árbol corpulento de hermosa forma, cuya parte superior se parece a una sombrilla abierta. Su madera es muy consistente y tiene la particularidad de no agrietarse ni astillarse. Su fruto es una baya negra, muy semejante a una oreja humana. Por eso los guaraníes le llaman cambá nambí ( oreja negra) . Este árbol tiene una hermosa leyenda. Se dice que un cacique famoso llamado Saguáa, adoraba a su hija bella como el sol, llamada Tacuarée. Vivía por ella y para ella. Pero he aquí que un día Tacuarée se enamora de un cacique de una tribu lejana. Llevada por ese amor irresistible abandona a su padre para unirse al hombre amado. Sagnáa, desesperado, sale a buscada. Anda días y días entre la selva afrontando miles de peligros. Nada le arredra. Quiere encontrar a su hija amada. En el delirio de la desesperación cree escuchar sus pasos en la selva y aplica sus oídos sobre la tierra. Ese oído capaz de escuchar los más recónditos murmullos de la selva y descifrarlos. Pero nada puede escuchar y sigue andando y apoyando su oído a la tierra, con la esperanza postrera de oír los pasos de Tacuarée. Cuando ya sus fuerzas están agotadas, cae rendido, presa de una fiebre mortal. Y muere con el oído pegado a la tierra.. . Mucho tiempo después, dos hombres de su tribu lo encuentran, pero cuando quieren levantar su cuerpo, notan que tiene una oreja. unida a la tierra donde ha echado. raíces. Para arrancar el cuerpo deben cercenar la oreja; pero ésta ha echado raíces y da origen a una nueva planta que crece y se levanta majestuosa en la selva, y todas las primaveras brinda unas bayas negras en forma de oreja humana, recordando las orejas de indio. Es el timbó (cambá nambí) que simboliza el amor paternal. El Maíz No podía faltar la leyenda en esta planta americana por excelencia. El maíz (abatí), ha sido considerado siempre por los indígenas como una bendición del cielo. Hay varias versiones de esta leyenda, pero consignamos la más popular, que consideramos verdadera por haberla oído también de labios de los indígenas del Pilcomayo. Fue en aquellos momentos cruciales en que no se sabe si es posible sobrevivir o perecer. Todo parecía indicar que ocurriría esto último, pues durante largos meses no asomaba una nube en la comba celeste. Los ríos se secaban, se marchitaban los árboles, los animales morían de sed... Tolvaneras irresistibles barrían los campos desolados. El pueblo, paciente al principio desesperaba, enloquecía... Todas las rogativas -habían resultado estériles. Entonces el "rubichá" (Jefe de la tribu), en una sostenida cábala con los genios del cielo, develó el secreto: -Tupá está enojado con' sus hijos y por eso los castiga con el hambre, la sed y la muerte si no vuelven los ojos a EL... El pueblo entero se arrepintió y cayó de rodillas, jurando amor y respeto a sus leyes. Pero el Rubichá continuó: -Eso no basta. Para aplacar la ira de Tupá, es necesario sacrificar la vida de uno de sus hijos. Entonces, entre los circunstantes salió un guerrero joven y apuesto que exclamó con firmeza: -Yo me ofrezco al sacrificio... Lloraron los suyos y lloró el pueblo de emoción y dolor. Pero el joven mantuvo su decisión inquebrantable. El rubichá, dolorido, no tuvo otro recurso que aceptar el sacrificio de aquel joven, cuya vida podría ser tan útil. Caminaron hasta un sitio despoblado de árboles, cavaron una fosa y en ella tomó el joven su voluntaria sepultura. La tierra, fuertemete apisonada lo cubrió totalmente, dejando sólo fuera la nariz del infortunado. A los pocos instantes asomó una tormenta en el horizonte, que vertiginosamente descendió sobre la selva. El viento y los relámpagos sembraron el pánico entre los hombres. Luego comenzó a llover. Una lluvia abundante, dulce, que duró toda la noche. !El milagro se había cumplido!... Al día siguiente la tribu se dirigió al lugar del sacrificio para testimoniar su gratitud. Pero en el mismo lugar, donde el día antes asomara la nariz, había brotado una planta de largas hojas verdes entre las que asomaban espigas con granos de oro. Era el maíz, y le llamaron "abati ", que. quiere decir "Nariz de indio". Segunda Parte Tercera Parte