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Nihilismo (por Pedro Kropotkin) Un movimiento formidable se iba desarrollando al mismo tiempo entre la parte más ilustrada de la juventud rusa. La servidumbre estaba abolida; pero una extensa red de hábitos y costumbres de esclavitud doméstica, de completo desprecio de la individualidad humana, de despotismo por parte de los padres y de sumisión hipócrita por el de las esposas, hijos e hijas, se había desarrollado durante los doscientos cincuenta años que duró. En toda Europa, al principio del siglo XIX, dominaba un gran despotismo doméstico; de ello dan buen testimonio las obras de Thackeray y Dickens; pero en ninguna otra parte alcanzó tan extraordinario desarrollo como en Rusia. Toda la vida rusa, en la familia, en las relaciones entre jefes y subordinados, oficiales y soldados, y patronos y obreros, lleva impreso su sello. Todo un mundo de costumbres y modos de pensar, de preocupaciones y falta de valor moral y de hábitos creados al calor de una lánguida existencia, había tomado cuerpo a su sombra. Hasta los hombres mejores de la época pagaban un gran tributo a estos productos del periodo de servidumbre. A la ley no le era dado intervenir en tales cosas. Sólo un vigoroso movimiento social que atacara las raíces mismas del mal hubiera podido reformar los hábitos y costumbres de la vida corriente, y en Rusia esta acción, esta rebeldía del individuo, tomó un carácter más enérgico, y se hizo más radical en sus aspiraciones que en ninguna otra parte de Europa o América. Nihilismo fue el nombre que Turguéniev le dio en su novela, que hará época en la Historia, titulada Padres e Hijos. Este movimiento ha sido mal comprendido en la Europa occidental; la prensa, por ejemplo, lo confunde continuamente con el terrorismo. La agitación revolucionaria que estalló en Rusia hacia el fin del reinado de Alejandro II, y que terminó en su trágica muerte, es descrita constantemente como nihilismo, lo cual es, sin embargo, una equivocación. Confundir nihilismo con terrorismo, es tan erróneo como tomar un movimiento filosófico, como el estoico o el positivista, por uno político, como, por ejemplo, el republicano. El terrorismo vino a la existencia traído por ciertas condiciones especiales de la lucha política, en un momento histórico determinado; ha vivido y ha muerto; puede renacer y volver a morir. Pero el nihilismo ha marcado su huella en la vida entera de la parte más inteligente de la sociedad rusa, y no es posible que ésta se borre en muchos años. Es el nihilismo, desprovisto de su aspecto más violento -cosa imposible de evitar en todo nuevo movimiento de esta índole, lo que da ahora a la vida de una gran parte de la clase más ilustrada de Rusia, un cierto carácter peculiar que nosotros, los rusos, sentimos no encontrar en la de igual índole que habita el occidente europeo; él es también, en sus varias manifestaciones, lo que da a muchos de nuestros escritores esa notable sinceridad y esa costumbre de pensar en alta voz que sorprende a los lectores de aquella parte de nuestro continente. Ante todo, el nihilista declaró la guerra a lo que puede considerarse como las mentiras convencionales de la humanidad civilizada. Una sinceridad absoluta era su rasgo distintivo, y en nombre de ella, renunciaba, y pedía a los demás que lo hicieran también, a esas supersticiones, prejuicios, hábitos y costumbres que su criterio no lograra justificar. El se negaba a inclinarse ante toda autoridad que no fuera la de la razón, y en el análisis de cada institución o hábito social, se rebelaba contra toda clase de sofismas, más o menos enmascarados. El nihilista rompió, como es natural, con las supersticiones de sus padres, siendo en concepciones filosóficas un positivista, un ateo, un evolucionista spenceriano del materialismo científico; y aun cuando jamás atacaba la sencilla y sincera creencia religiosa, que es una necesidad psicológica de sentir, luchó abiertamente contra la hipocresía, que conduce a las gentes a cubrirse con la máscara de una religión de la que repetidamente se desprenden como de un lastre inútil. La vida de la sociedad civilizada está llena de pequeñas mentiras convencionales. Personas que se odian mutuamente, al encontrarse en la calle cambian una falsa sonrisa, en tanto que el nihilista sólo demuestra su satisfacción al encontrar a alguien digno de aprecio. Todas estas formas de cumplidos superficiales, que no son más que mera hipocresía, le eran igualmente repulsivas, mostrando cierta aspereza exterior como protesta contra la exagerada cortesía de sus mayores. Los había visto hablar apasionadamente como idealistas sentimentales, y al mismo tiempo conducirse como verdaderos bárbaros con sus esposas, sus hijos y sus siervos; y se declaró en rebeldía contra esa clase de sensiblería que, después de todo, se acomodaba tan fácilmente a las condiciones puramente ideales de la vida rusa. El arte se hallaba envuelto en la misma negación niveladora. Un hablar continuo sobre la hermosura, lo ideal, el arte por el arte, estética y otras cosas por el estilo, de que tanto se hacia gala -mientras que todo objeto artístico se compraba con dinero extraído de los hambrientos agricultores o de los esquilmados obreros, y el llamado culto a la belleza no era sino un antifaz para encubrir la más vulgar disolución-, le inspiraban un gran desprecio, y la critica del arte que Tolstoi, uno de los más grandes artistas del siglo, ha formulado ahora con tanta energía, el nihilista la expresaba en esta terminante afirmación: Un par de botas tiene más importancia que todas vuestras madonnas y todas vuestras disquisiciones sobre Shakespeare. El matrimonio sin amor, la familiaridad sin el afecto, eran igualmente repudiados. La joven nihilista, obligada por sus padres a ser un autómata en una casa de muñecas, y a contraer un enlace de conveniencia, prefería abandonar su hogar y sus trajes de seda, ponerse un vestido de lana negro de la clase más inferior, cortarse el cabello e ir a un instituto, dispuesta a ganar allí su independencia personal. La mujer que había visto que su casamiento no tenía ya el carácter de tal, que ni el amor ni la amistad servían de vinculo a los que legalmente eran considerados como esposos, optaba por romper un lazo que no conservaba ninguno de sus rasgos esenciales. De acuerdo, pues, con estas ideas, se iba frecuentemente con sus hijos a arrostrar la miseria, prefiriendo la pobreza y la soledad a una vida que, bajo condiciones convencionales, hubiera sido una negación completa de sí misma. El nihilista llevaba su amor a la sinceridad hasta los detalles más minuciosos de la vida corriente, descartando las formas convencionales del lenguaje de sociedad y expresando sus opiniones de un modo claro y preciso, no desprovisto de cierta determinada afectación de rudeza externa. En lrkutsk acostumbrábamos a frecuentar los bailes semanales que se daban en uno de los casinos. Durante algún tiempo fui concurrente a estas soirées; pero después, teniendo que trabajar, me vi obligado a abandonarlas. Una noche, cuando hacía varias semanas que yo no aparecía por allí, una de las señoras preguntó a un joven amigo mío por qué no asistía yo a sus reuniones: Ahora sale a caballo cuando quiere hacer ejercicio, fue la poco atenta contestación que dio aquél. Pero podría venir y pasar un par de horas con nosotras, aunque no bailase, se aventuró a decir otra de ellas. A lo que replicó mi amigo nihilista: ¿Qué había de hacer aquí, hablar con vosotras de modas y adornos? Ya está cansado de tales simplezas. Pero él va a ver algunas veces a Fulanita, observó tímidamente una de las jóvenes presentes. Si, pero es una muchacha estudiosa -respondió bruscamente él-, y le ayuda a repasar el alemán. Debo agregar que esta manera, indudablemente poco cortés, de conducirse, dio su resultado, porque muchas de las jóvenes de Irkutsk empezaron a acosarnos a mi hermano, a mi amigo y a mi, con preguntas respecto de lo que les aconsejaríamos nosotros que leyeran o estudiaran. Con la misma franqueza hablaba el nihilista a sus relaciones, diciéndoles que toda su charla compasiva respecto a los pobres, era pura hipocresía, viviendo ellos, como lo hacían, del mal retribuido trabajo de esa misma gente cuya suero te aparentaban lamentar, sentados amigable y cómodamente en sus dorados y lujosos salones. Y con la misma desenvoltura declaraba al alto funcionario que, endiosado en su pomposo cargo, la situación del pueblo le importaba un pito, y que él, como todos los empleados, no era más que un ladrón; y otras verdades de igual calibre. Con cierta austeridad, reprendía a la mujer que sólo se ocupaba de cosas frívolas, haciendo gala de sus distinguidas maneras y elegantes vestidos, diciendo, sin rodeos, a una joven hermosa: ¿Cómo no os da vergüenza de hablar tales tonterías y de llevar esa trenza de pelo postizo? En la mujer deseaba encontrar una compañera, una personalidad humana -no una muñeca o una esclava de harem-, negándose en absoluto a tomar parte en esos pequeños actos de cortesía que los hombres tanto prodigan a las que luego se complacen en considerar como el sexo débil. Cuando entraba una señora en una habitación, no saltaba el nihilista de su asiento para ofrecérselo, a menos que no pareciera cansada y no hubiera otro desocupado, tratándola como lo haría con un compañero de su mismo sexo; pero si una dama -aun cuando jamás la hubiera conocido- manifestara deseos de aprender algo que ignoraba y que él sabía, iría todas las noches de un extremo a otro de la más populosa ciudad para servirla. El joven que se negaba a moverse para ofrecer una taza de té a una dama, cedía a menudo a la muchacha que llegaba a Moscú o a Petersburgo con deseos de estudiar la única lección que tenía y que le daba el pan cotidiano, diciendo sencillamente: Para un hombre es mucho más fácil que para una mujer. Mi ofrecimiento no es caballeresco, es motivado simplemente por un sentido de igualdad. Dos grandes novelistas rusos, Turguéniev y Goncharov, han intentado presentar este nuevo tipo en sus novelas; pero el segundo, en Precipicio, tomando como tal uno, Mark Volojov, que, aunque verdadero, no se hallaba dentro de la generalidad de la clase, hizo una caricatura del nihilista, en tanto que el primero, demasiado buen artista y lleno de admiración por el carácter que se proponía describir, para incurrir en tal defecto, no logró, sin embargo, dejarnos satisfechos con su nihilista Bazarov. Lo encontramos muy poco cariñoso, en particular en sus relaciones con sus ancianos padres, y sobre todo le reprochamos el aparentar el olvido de sus deberes de ciudadano. La juventud rusa no podía quedar satisfecha con la actitud puramente negativa del héroe de Turguéniev. El nihilismo, con su afirmación de los derechos del individuo y su condenación de toda hipocresía, no era más que un primer paso hacia un tipo más elevado de hombres y mujeres que, siendo igualmente libres, viven para hacer progresar una gran causa. Los nihilistas de Chernishévski, según se representan en su novela, menos ideal que las mencionadas, ¿Qué ha de hacerse? se acercaban más a la verdad. ¡Qué amargo es el pan que amasan los esclavos! -había dicho nuestro poeta Nekrasov; y la nueva generación se negaba ahora a comer ese pan y disfrutar de las riquezas que habían sido acumuladas en las casas de sus padres por medio del trabajo servil, ya fueran los trabajadores verdaderos siervos, o esclavos del presente estado industrial. Toda Rusia leyó con asombro en la acusación presentada ante el tribunal contra Karakozov y sus amigos, que estos jóvenes, dueños de considerables fortunas, solían vivir tres o cuatro en la misma habitación, no gastando más que diez rublos cada uno al mes para atender a todas las necesidades, y dando al mismo tiempo cuanto poseían para la fundación de sociedades cooperativas, talleres cooperativos también (donde ellos mismos trabajaban) y otras obras análogas. Cinco años después, millares y millares de la juventud rusa -la flor de la misma- seguían ese ejemplo. Su lema era: ¡Vnaród! (Vayamos al pueblo, unámonos a él). Durante los años comprendidos entre el 60 y el 65, en casi todas las casas de las familias ricas se sostenía una lucha encarnizada entre los padres, empeñados en mantener las viejas tradiciones, y los hijos e hijas que defendían su derecho a disponer de su existencia según sus ideales. Los jóvenes abandonaban el servicio militar, las casas de comercio, las tiendas, y afluían a las ciudades universitarias; las muchachas, criadas en el seno de las familias más aristocráticas, corrían sin recursos a San Petersburgo, Moscú y Kiev, ávidas de aprender una profesión que las librara del yugo doméstico, y tal vez algún día también del posible de un esposo, lo que muchas de ellas consiguieron después de duros y asiduos trabajos. Procurando ahora hacer participe al pueblo de los conocimientos que las emanciparon, en lugar de utilizarlos sólo en provecho propio. En cada población rusa, en cada barrio de San Petersburgo, se formaron pequeños grupos para el mejoramiento y educación mutua; las obras de los filósofos, los trabajos de los economistas, las investigaciones históricas de la nueva escuela de la historia rusa, eran leídas detenidamente en aquellos círculos, siendo seguida la lectura de discusiones interminables. El objeto de todo aquel batallar no era otro que el de resolver el gran problema que se levantaba ante su vista. ¿De qué modo podrían ser útiles a las masas? llegando gradualmente a la conclusión de que el único medio de conseguirlo era vivir entre el pueblo y participar de su suerte. Los jóvenes fueron a los pueblos como médicos, practicantes, maestros y memorialistas, y aun como agricultores, herreros, leñadores y otras ocupaciones similares, procurando vivir allí en estrecho contacto con los campesinos; ellas, después de haberse examinado de maestras, aprendían el oficio de matronas y se iban a centenares a los pueblos, dedicándose por completo a la parte más pobre de sus habitantes. Estos muchachos y muchachas no llevaban en su mente ningún ideal de reconstrucción social ni pensaban en la revolución; sólo se preocupaban de enseñar a la masa de los campesinos a leer, e instruirla sobre otros particulares, prestarle asistencia médica y ayudarla por todos los medios posibles a salir de su obscuridad y miseria, aprendiendo al mismo tiempo cuáles eran los ideales populares respecto de una vida social mejor. Al volver de Suiza hallé este movimiento en todo su apogeo.

PAUL FEYERABEND: CÓMO DEFENDER A LA SOCIEDAD DE LA CIENCIA Quiero defender a la sociedad y a sus habitantes de toda clase de ideologías, incluyendo la ciencia. Toda ideología debe ser vista en perspectiva. Uno no las debe tomar demasiado en serio. Debe leerlas como (se leen) los cuentos de hadas, los que tienen un montón de cosas interesantes que decir, pero que contienen también maliciosas mentiras, o (leerlas) como prescripciones éticas que pueden ser útiles como reglas prácticas, pero que son mortíferas cuando se las sigue al pie de la letra. Ahora bien ¿no es ésta una extraña y ridícula actitud? La ciencia, de seguro, estuvo siempre en la avanzada de la lucha contra el autoritarismo y la superstición. A la ciencia le debemos nuestra incrementada libertad intelectual frente a las creencias religiosas y, asimismo la liberación de la humanidad de antiguas y rígidas formas de pensamiento. Hoy estas formas de pensamiento no son más que malos sueños –y esto lo aprendimos de la ciencia. Ciencia e ilustración (enlightenment) son una y la misma cosa- incluso los críticos más radicales creen esto. Kropotkin quería terminar con todas las instituciones tradicionales y formas de pensamiento, con excepción de la ciencia. Ibsen critica las ramificaciones más íntimas de la ideología burguesa del siglo XIX, pero deja intocada la ciencia. Levi-Strauss nos ha hecho darnos cuenta que el pensamiento occidental no es la cumbre solitaria del logro humano que una vez se creyó ser, pero excluye a la ciencia de su relativización de las ideologías. Marx y Engels estaban convencidos de que la ciencia ayudaría a los trabajadores en su búsqueda de una liberación intelectual y social. ¿Se engañaban todas estas personas? ¿Están todas ellas equivocadas acerca del rol de la ciencia? ¿Son todas ellas víctimas de una quimera? A estas preguntas mi respuesta es un firme: sí y no. Ahora, permítanme explicar mi respuesta. Mi explicación contiene dos partes, una más general, y otra más específica. La explicación general es simple: cualquier ideología que rompe el control que un sistema comprensivo de pensamiento ejerce sobre la mente de los hombres contribuye a la liberación humana. Cualquier ideología que hace al hombre cuestionar creencias heredadas es una ayuda a la ilustración. Una verdad que reina sin contrapeso es una tiranía que debe ser derrocada, y cualquier falsedad que pueda ayudarnos en el derrocamiento de este tirano debe ser bienvenida. En consecuencia, la ciencia de los siglos XVII y XVIII fue en realidad un instrumento de liberación e ilustración, no sé porque la ciencia está obligada a continuar siendo un tal instrumento. No hay nada inherente en la ciencia, o en cualquier otra ideología, que la haga esencialmente liberadora, las ideologías pueden deteriorarse y llegar a ser religiones estúpidas, por ejemplo, el marxismo. La ciencia de hoy es muy diferente de la ciencia de 1650, esto es evidente para la mirada más superficial. Por ejemplo, considérese el rol que la ciencia juega hoy en la educación. Los ‘hechos’ científicos son enseñados en una edad muy temprana en la misma forma en que los ‘hechos’ religiosos lo eran sólo hace un siglo. No se hace ningún intento de despertar las capacidades críticas del estudiante de modo que pueda ver las cosas en perspectiva. En las universidades la situación es incluso peor, pues el adoctrinamiento es aquí llevado a cabo de una manera mucho más sistemática. La crítica no está enteramente ausente. La sociedad, por ejemplo, y sus instituciones, son criticadas del modo más severo y a menudo de la manera más injusta, y esto ya al nivel de la escuela primaria. Pero la ciencia es exceptuada de la crítica. En la sociedad, en general, el juicio de las científicos es recibido con la misma reverencia que el juicio de arzobispos y cardenales era aceptado hasta hace no mucho tiempo. El movimiento hacia la ‘demitologización’ (de la religión), por ejemplo, está ampliamente motivado por el deseo de evitar cualquier choque entre el cristianismo y las ideas científicas. Si tal choque ocurre, entonces la ciencia está, por cierto, en lo correcto y el cristianismo está equivocado. Continúe esta investigación más adelante y verá como la ciencia se ha hecho actualmente tan opresiva como las ideologías que una vez tuvo que combatir. No se engañe por el hecho de que hoy casi nadie es muerto por sostener a una herejía científica; esto no tiene nada que ver con la ciencia. Tiene algo que ver con la cualidad general de nuestra civilización. A los herejes en ciencia aún se los hace sufrir las más severas sanciones que esta relativamente tolerante civilización tiene que ofrecer. Pero ¿no es esta descripción completamente injusta? ¿No he presentado el asunto bajo una luz muy distorsionada al usar una terminología tendenciosa y distorsionada? ¿No debiéramos describir la situación de un modo muy diferente? He dicho que la ciencia ha devenido rígida, que ha dejado de ser un instrumento de cambio y liberación sin agregar que ella ha encontrado la verdad, o una gran parte de ella. Al considerar este hecho adicional nos damos cuenta, así dice la objeción que la rigidez de la ciencia no es debida a la voluntad (wilfulness) humana. Se encuentra en la naturaleza de las cosas. Porque una vez que se ha descubierto la verdad ¿qué otra cosa podemos hacer sino seguirla? Esta trivial respuesta es cualquier cosa menos original. Se la usa cada vez que una ideología quiere reforzar la fe de sus seguidores. ‘Verdad’ es una palabra tan bellamente neutral. Nadie negaría que es loable decir la verdad y malo decir mentiras. Nadie negará eso y, sin embargo, nadie sabe lo que una tal actitud conlleva. De modo que es fácil torcer las cosas y cambiar la fidelidad a la verdad en los asuntos cotidianos en la defensa dogmática de esa (misma) ideología. Y no es, por supuesto, verdadero que tengamos que seguir la verdad. La vida humana es guiada por muchas ideas. La verdad es una de ellas, la libertad y la independencia intelectual son otras. Si la Verdad, tal como la conciben algunas ideologías, entra en conflicto con la libertad, entonces tenemos una (posibilidad de) elección. Podemos abandonar la libertad. Pero también podemos abandonar la Verdad (alternativamente, podemos adoptar una idea más sofisticada de la verdad que ya no contradice la libertad; esa fue la solución de Hegel). Mi crítica de la ciencia moderna es que inhibe la libertad de pensamiento. Si la razón (aducida) es que ella ha encontrado la verdad y ahora la sigue, entonces yo diría que hay mejores cosas que primer descubrimiento, y luego seguir a un tal monstruo. Esto finaliza la parte general de mi explicación. Existe un argumento más específico para defender la posición excepcional que la ciencia tiene hoy en la sociedad. En síntesis, el argumento dice: (1) que la ciencia ha encontrado finalmente el método correcto para lograr resultados, y (2) que hay muchos resultados que prueban la excelencia del método. El argumento está equivocado, pero la mayoría de los intentos de mostrar esto llevan a un callejón sin salida. La metodología ha devenido hoy tan llena de sofisticación vacía que es extremadamente difícil percibir los simples errores [que se encuentran] en su base. Es como combatir a la Hidra –córtese una horrible cabeza y ocho formalizaciones tomarán su lugar. En esta situación la única respuesta es la superficialidad: cuando la sofisticación pierde su contenido el único modo de mantener el contacto con la realidad es ser crudo y superficial. Esto es lo que intento ser. Contra el método Hay un método, dice la parte (1) del argumento. ¿Cuál es?, ¿Cómo funciona? Una respuesta, que ya no es tan popular como lo fue en el pasado, es que la ciencia trabaja reuniendo hechos e infiriendo teorías [a partir] de ellos. La respuesta es insatisfactoria porque las teorías nunca se siguen (infieren) de los hechos, en un estricto sentido lógico. Decir que ellas pueden, sin embargo, ser apoyadas por los hechos asume una noción de apoyo que: (a) no muestra este defecto y es (b) suficientemente sofisticada para permitirnos decir hasta qué punto, digamos, la Teoría de la Relatividad es apoyada por los hechos. No existe hoy una tal noción, ni es posible que pueda ser encontrada algunas vez (uno de los problemas es que necesitamos una noción de apoyo en la cual de “algunos cuervos son negros” pueda decirse que apoyan [la proposición] ‘todos los cuervos son negros’). De esto se dieron cuenta los convencionalistas y los idealistas transcendentales, quienes señalaron que las teorías dan forma y orden a los hechos, y por lo tanto pueden ser mantenidas pase lo que pase. Ellas pueden ser conservadas porque la mente humana, ya sea consciente o inconscientemente, realiza su función ordenadora. El problema con estas visiones es que ellas asumen para la mente aquello que quiere explicar para el mundo, es decir, que funciona de una manera regular. Hay una sola visión que supera todas estas dificultades. Fue inventada dos veces en el siglo XIX, por [John Stuart] Mill, en su inmortal ensayo Sobre la libertad, y por algunos darwinianos, quienes extendieron el darwinismo a la batalla de las ideas. Esta visión toma el toro por las astas: las teorías no pueden ser justificadas y su excelencia no puede ser mostrada sin referencia a otras teorías. Podemos explicar el éxito de una teoría por referencia a una teoría más comprensiva (podemos explicar el éxito de la teoría de Newton usando la Teoría General de la Relatividad); y podemos explicar nuestra preferencia por ella comparándola con otras teorías. Una tal comparación no establece la excelencia intrínseca de la teoría que hemos elegido. En realidad, la teoría que hemos elegido puede ser sumamente repugnante. Puede contener contradicciones, puede estar en conflicto con hechos bien conocidos, puede ser engorrosa, poco clara, “ad hoc” en lugares decisivos, y así sucesivamente. Pero puede aún ser mejor que cualquier otra teoría disponible en aquel momento, puede en realidad ser la mejor teoría repugnante que hay. Tampoco se eligen los estándares de juicio de una manera absoluta. Nuestra sofisticación se incrementa con cada elección que hacemos, y lo mismo ocurre con nuestros estándares. Estos compiten tanto como compiten nuestras teorías, y elegimos los estándares más apropiados a la situación histórica dentro de la cual ocurre la elección. Las alternativas rechazadas (teorías, estándares, ‘hechos’) no son eliminadas. Ellas sirven como correctivos (después de todo, podemos haber hecho la elección equivocada), y ellas también explican el contenido de las visiones preferidas (entendemos relativamente mejor cuando entendemos la estructura de sus competidoras; conocemos el significado pleno de la libertad sólo cuando tenemos una idea de la vida en un estado totalitario, de sus ventajas – y hay muchas ventajas – tanto como sus desventajas. El conocimiento así concebido es un océano de alternativas canalizadas y subdivididas por un océano de estándares. obliga a nuestra mente a hacer elecciones imaginativas y así lo hace crecer, la hace capaz de elegir, imaginar, criticar. Hoy esta visión es a menudo conectada con el nombre de Karl Popper. Pero hay algunas diferencias decisivas entre Popper y Mill. Para empezar, Popper desarrollo su visión para resolver un problema especial de la epistemología: quería resolver las condiciones favorables al crecimiento humano. Su epistemología es el resultado de cierta teoría del hombre, y no al revés. También, estando Popper influido por el Círculo de Viena, mejora la forma lógica de una teoría antes de discutirla; mientras que Mill usa cada teoría en la forma en que ocurre en la ciencia. En tercer lugar, los estándares de comparación de Popper son rígidos y fijos, mientras que a los de Mill se les permite cambiar con la situación histórica. Finalmente, los estándares de Popper eliminan competidores de una vez por todas: las teorías son ya sea no falsables, o falsables, y lo no refutable no tiene lugar en la ciencia. Los criterios de Popper son claros, no son ambiguos, (están) formulados con precisión; los criterios de Mill no lo son. Esto sería una ventaja si la propia ciencia fuera clara, inequívoca, y formulada con precisión fuera clara, inequívoca, y afortunadamente no lo es. Para empezar, ninguna nueva y revolucionaria teoría científica es formulada de una manera que nos permita decir bajo qué circunstancias debamos verla como un peligro; muchas teorías revolucionarias son infalsables. Existen versiones falseables, pero ellas no están casi nunca de acuerdo con afirmaciones básicas aceptadas: cada teoría moderadamente interesante es falsada. Además, las teorías tienen fallas formales, muchas de ellas contienen contradicciones, ajustes “ad hoc”, y así sucesivamente. Aplicados con rigor los criterios popperianos eliminarían la ciencia sin reemplazarla por nada comparable. Ellos son inútiles como una ayuda a la ciencia. En la década pasada esto ha sido advertido por varios pensadores, Kuhn y Lakatos, entre ellos. Las ideas de Kuhn son interesantes pero, lamentablemente, son demasiado vagas para levantar otra cosa que un “montón de aire caliente” (To give rise to anything but lots of hot air). Si no me cree, mire la bibliografía. Nunca antes la bibliografía sobre filosofía de la ciencia había sido invadida por tantos aduladores e incompetentes. Kuhn incentiva a hablar con seguridad acerca del método científico a gente que no tiene idea por qué una piedra cae al suelo. Ahora bien, yo no tengo objeción a la incompetencia, pero sí la objeto cuando viene acompañada de aburrimiento y fariseísmo. Y esto es exactamente lo que ocurre. No obtenemos ideas falsas interesantes, sino ideas aburridas o palabras que no tiene relación con ninguna idea. En segundo lugar, cada vez que uno trata de hacer las ideas de Kuhn más definitivas, encuentra que son falsas. ¿Hubo alguna vez un período de ciencia normal en la historia del pensamiento? No, y desafío a cualquiera a probar lo contrario. Lakatos es inmensamente más sofisticado que Kuhn. En vez de teorías estudia programas de investigación que son secuencias de teorías conectadas por métodos de modificación llamados heurísticos. Cada teoría en la secuencia puede estar llena de faltas. Puede estar infestada por anomalías, contradicciones, ambigüedades. Lo que cuenta no es la forma de las teorías [en particular], sino la tendencia exhibida por la secuencia. Juzgamos los desarrollos históricos, los logros en un período de tiempo, más bien que la situación en un momento particular. Historia y metodología son combinadas en una única empresa. Se dice que un programa de investigación progresa si la secuencia de las teorías conduce a nuevas predicciones; se dice que está estancado si se limita a absorber hechos que han sido descubiertos sin su ayuda. Una característica decisiva de la metodología de Lakatos es que tales evaluaciones ya no se encuentran atadas a reglas metodológicas que le digan al científico que mantenga o abandone un programa de investigación. Los científicos pueden persistir con un programa estancado o, pueden incluso tener éxito en hacer que dicho programa supere a sus rivales, y ellos por lo tanto proceden racionalmente cualquiera sea lo que estén haciendo (siempre y cuando, ellos continúen llamando estancado a un programa que lo está, y progresivo a un programa progresivo). Esto significa que Lakatos ofrece palabras que suenan como los elementos de una metodología; no nos ofrece una metodología. No hay métodos, de acuerdo con lo más avanzada y sofisticada metodología hoy en existencia. Esto finaliza mi respuesta a la parte (1) del argumento específico. Contra los resultados De acuerdo con la parte (2), la ciencia se merece una posición especial porque ha producido resultados. Este es un argumento [válido] sólo si puede darse por descontado que ninguna otra cosa ha producido jamás resultados. Ahora, puede admitirse que casi todos los que discuten el asunto asumen tal supuesto. Puede también admitirse que no es fácil mostrar que la asunción es falsa. Formas de vida diferentes de la ciencia han desaparecido o degenerado hasta un punto que hacen imposible una justa comparación. Aún así, la situación no es tan desesperada como lo fue hace sólo una década. Hemos llegado a conocer métodos de diagnóstico médico y terapia que son efectivos (y tal vez incluso más efectivos que las partes correspondientes de la medicina occidental), y que, sin embargo, se basan en una ideología que es radicalmente diferente de la ideología de la ciencia occidental. Hemos aprendido que hay fenómenos tales como la telepatía y la telekinesia que son borrados al ser abordados científicamente, y que podrían ser usados para hacer investigación en una forma enteramente nueva (pensadores más tempranos tales como Agrippa e Nettesheim, John Dee, e incluso Bacon eran conscientes de estos fenómenos). Y entonces ¿no es el caso que la Iglesia salvó almas, mientras que la ciencia a menudo hace precisamente lo opuesto? Por supuesto, nadie cree ahora en la ontología que subyace a este juicio. ¿Por qué? En razón de presiones ideológicas idénticas a aquellas que hoy día nos hacen escuchar a la ciencia con exclusión de toda otra cosa. Es cierto, también que fenómenos tales como la telekinesia y la acupuntura pueden eventualmente ser absorbidos (incluidos) dentro del cuerpo de la ciencia y pueden, por tanto, ser llamados ‘científicas’. Pero nótese que esto ocurre sólo después de largos períodos de resistencia, durante los cuales una ciencia que no contiene aún los fenómenos quiere prevalecer sobre formas de vida que los contiene. Y esto lleva a una ulterior objeción en contra de la parte (2) del argumento específico. El hecho de que la ciencia tiene resultados cuenta en su favor sólo si estos resultados fueron logrados sólo por la ciencia, y sin ninguna ayuda desde fuera. Una mirada a la historia muestra que la ciencia casi nunca obtiene sus resultados de esta manera. Cuando Copérnico introdujo una visión nueva del universo, no consultó predecesores científicos a un pitagórico loco como Filolao. Adoptó sus ideas y las mantuvo en oposición a toda regla adecuada de razonamiento científico. La mecánica y la óptica deben mucho a los artesanos, la medicina, las parteras y brujas. Y en nuestro propio tiempo hemos visto como la interferencia del Estado puede avanzar la ciencia: cuando los comunistas chinos se negaron a ser intimidados por el juicio de los expertos y ordenaron traer la medicina tradicional de vuelta a las universidades y hospitales, hubo una protesta mundial (y se dijo) que la ciencia se arruinaba en China. Ocurrió justamente lo contrario: la ciencia china avanzó y la ciencia occidental aprendió de ella. Donde quiera que miremos vemos que grandes avances científicos se deben a interferencias exteriores que prevalecen en contra de las más básicas y ‘racionales’ reglas metodológicas. La lección es clara: no existe un solo argumento que pudiera ser usado para apoyar el rol excepcional que la ciencia juega hoy en la sociedad. La ciencia ha hecho muchas cosas, pero igualmente lo han hecho otras ideologías. La ciencia a menudo procede sistemáticamente, pero también lo hacen otras ideologías (Basta con que se consulte la historia de muchos debates doctrinarios que tuvieron lugar en la Iglesia) y, además, no hay reglas dominantes a las que haya que adherirse bajo cualquier circunstancia; no hay una ‘metodología científica’ que pueda usarse para separar la ciencia del resto [de las ideologías]. La ciencia es sólo una de las muchas ideologías que impulsan a la sociedad y debería ser tratada como tal (esta afirmación se aplica incluso a las secciones más progresivas y más dialécticas de la ciencia). ¿Qué consecuencia podemos extraer de este resultado? La consecuencia más importante es que debe haber una separación formal entre el Estado y la ciencia, así como existe actualmente una separación formal entre la Iglesia y el Estado. La ciencia puede influir sobre la sociedad, pero sólo en la misma proporción en que a cualquier grupo político o de presión se le permite influenciar a la sociedad. Los científicos pueden ser consultados acerca de proyectos importantes, pero el juicio final debe ser dejado a los cuerpos consultivos democráticamente elegidos. Estos cuerpos estarían formados principalmente de legos ¿Serían ellos capaces de arribar a los juicios correctos? Ciertamente que sí, porque la competencia, las complicaciones y los éxitos de la ciencia son ampliamente exagerados. Una de las experiencias más regocijantes es ver como un abogado, que es un lego, puede encontrar debilidades en el testimonio, en el testimonio técnico del experto más avanzado, y así preparar al jurado para su veredicto. La ciencia no es un libro cerrado que se entiende sólo después de años de entrenamiento. Es una disciplina intelectual que puede ser examinada y criticada por cualquiera que esté interesado, y que parece difícil y profunda sólo por causa de una campaña sistemática de confusión llevada a cabo por muchos científicos (aunque, me alegro de decirlo, no por todos). Los órganos del Estado no deberían nunca vacilar en rechazar el juicio de los científicos, cuando tengan razones para hacerlo. Tales rechazos educarán al público general, lo harán tener más confianza en sí mismo, y puede incluso conducir a mejorías. Considerando el apreciable chovinismo del “establishment” científico podemos decir: mientras más “Lysenko affairs” mejor. No es la interferencia del Estado lo reprochable en el caso de Lysenko, sino la interferencia totalitaria que mata a los oponentes en vez de tomar en cuenta sus consejos. Tres hurras por los fundamentalistas de California que triunfaron al lograr que se eliminara de los textos de estudio una formulación dogmática de la teoría de la evolución, y que se incluyera en ellos el relato del Génesis, aunque sé que ellos llegarían a ser tan chovinistas y totalitarios como lo son hoy los científicos, si se les diera la posibilidad de dirigir la sociedad por sí mismos. Las ideologías son maravillosas cundo se las usa en compañía de otras ideologías. Ellas se convierten en aburridas y doctrinarias tan pronto como sus méritos conducen a la remoción de sus oponentes. http://zonadecaos.com/Blog/?p=927
A CONTINUACIÓN LES DEJO ALGUNAS FRASES DE AUTORES FAMOSOS CONTRA EL NACIONALISMO “El nacionalismo es una enfermedad infantil. Es el sarampión de la humanidad”. Albert Einstein. “Los nacionalistas no sólo no desaprueban los hechos atroces realizados por su bando, incluso tienen una capacidad increíble para ni siquiera oír hablar de ellos”.George Orwell. "Por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y la emigración; he visto nacer y expandirse ante mis propios ojos las grandes ideologías de masas: el fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania, el bolchevismo en Rusia y, sobre todo, la peor de todas las pestes: el nacionalismo, que envenena la flor de nuestra cultura europea".Stefan Zweig. “El nacionalismo es la extraña creencia de que un país es mejor que otro por virtud del hecho de que naciste ahí”. George Bernard Shaw. “Ser internacionalista es estar racionalmente convencido de que la división en naciones -que no tiene nada de natural- no hace sino impedir la emancipación humana y que el mito patriótico-nacional sirve siempre para legitimar en el poder a la oligarquía mas abyecta y rapaz”. Fernando Savater. “Todas las madres y todas las patrias nos quieren pequeños para que seamos más suyos”. Fernando Savater. “La patria no es el lugar donde se nace, sino donde se es libre”. Mario Onaindía. “La nacionalidad no aspira ni a la libertad ni a la prosperidad, sino que, si le es necesario, no duda en sacrificar ambas a las necesidades imperativas de la construcción nacional”. Lord Acton. “El nacionalismo es siempre una tontería, y el nacionalismo étnico, una tontería asesina” Bernard Henri-Lévy. “El Estado es superación de toda sociedad natural, es mestizo y plurilingüe”. Ortega y Gasset. “El orgullo más barato es el orgullo nacional, que delata en quien lo siente la ausencia de cualidades individuales” Goethe. “El patriotismo es la menos perspicaz de las pasiones” J.L.Borges. “La ideología del siglo XXI debe ser el humanismo global, pero tiene dos peligrosos enemigos: el nacionalismo y el fundamentalismo religioso”. Ryszard Kapuscinski. “Los hombres guerrean para adquirir un pedazo de tierra donde ser prematuramente enterrados”.Santiago Ramón y Cajal. “Una nación es un grupo de gente basada en la creencia errónea en un común origen y en una común aversión a sus vecinos”.Haddon y Huxley. “Amo demasiado a mi país para ser nacionalista”. A.Camus. “Nuestra verdadera nacionalidad es la del género humano”.Herbert G. Wells. “Cuantas menos razones tiene un hombre para enorgullecerse de sí mismo, más suele enorgullecerse de pertenecer a una nación”.Arthur Schopenhauer. "Daría la mitad de mi vida para que los nacionalistas pudieran defender sus tesis, pero la otra mitad la necesito para batallar para que los nacionalistas no consigan lo que pretenden."Voltaire. "El nacionalismo es un atavismo que tiene su origen en el instinto de territorialidad de los mamíferos". Anónimo. "El nacionalismo es la piel de cordero que utiliza el lobo racista". Anónimo[. Espero que este post no ofenda a nadie, es solo una manera de pensar.

¿Quien fue Louis Althusser? Birmandreis, 1918 - París, 1990) Filósofo francés. Está considerado, junto con Lévy-Strauss y Lacan, uno de los representantes más destacados del estructuralismo francés en lo que se refiere al análisis de las ciencias humanas, aunque siempre negó estar vinculado a dicha corriente. Marxista convencido, se propuso hacer una lectura fiel de Karl Marx a partir de la sistemática estructural, y hacer una clara distinción entre el "primer" Marx y el "último" Marx. Miembro de una familia de colonos franceses asentados en Argelia, cursó estudios de primaria en Argel, y después marchó a Francia para continuar los de secundaria en Marsella y Lyon. Se licenció en Filosofía y Letras en la prestigiosa École Normale Supérieure de París. El estallido de la Segunda Guerra Mundial supuso un parón importante en su evolución intelectual, puesto que padeció cinco largos años de cautiverio en Alemania prisionero de los nazis por ser un miembro destacado de la Resistencia francesa. Una vez finalizado el conflicto, Althusser se afilió al Partido Comunista Francés (PCF) e ingresó, en 1948, en la École Normale Supérieure como profesor titular de Filosofía. Situado siempre fuera de la disciplina ideológica marcada por el partido, Althusser comenzó a publicar una serie de trabajos en los que proponía una renovación radical de la teoría marxista. Su primera obra, que empezó a aportarle fama de heterodoxo dentro del mundo intelectual del marxismo, fue Montesquieu, la política y la historia, de 1950. Quince años más tarde, en 1965, vio la luz la que posiblemente sea su obra más polémica e importante, Por Marx, una recopilación de ensayos publicados entre 1960 y 1964 en varias revistas del género, en su mayor parte en La Pensée. En dicho libro, Althusser no escatima críticas ni dureza a la hora de acusar al PCF de insuficiencia teórica, así como de una serie de errores ideológicos. Althusser propuso en la obra una necesaria reelaboración de la filosofía marxista, teniendo en cuenta que para ello no bastaba con atenerse a la letra de las obras clásicas del marxismo. Sostenía que las obras juveniles de Marx, influidas por el pensamiento de Hegel y Feuerbach, no son en sí mismas plenamente "marxistas". Para demostrarlo, Althusser no tuvo inconveniente alguno en apoyarse en escritos de autores no marxistas, tales como Freud, Lacan, Bachelard y Lévi-Strauss. En esta nueva interpretación de Marx, Althusser no se ciñó solamente a problemas filosóficos, sino que ahondó también en cuestiones puramente políticas, tal como hizo al atacar a la clase dirigente del PCF, con su secretario general Roger Garaudy como blanco continuo de sus diatribas, al que acusó públicamente de buscar el apoyo teórico en las obras juveniles de Marx para establecer un diálogo con ciertos sectores intelectuales del catolicismo y protestantismo francés. Como es lógico, las ideas aportadas por Althusser encontraron fuertes censuras en el seno del PCF, aunque también contó con una legión de admiradores y defensores, sobre todo dentro de los ámbitos universitarios franceses, a cuyos jóvenes Althusser no dejó de animar para que manifestaran su repulsa contra la dirección ejecutiva del PCF. Con la obra colectiva Para leer "El Capital" (Lire le Capital, 1965), escrita en colaboración con Balibar, Rancière y Macheray, se convirtió en el portavoz de una particular "lectura" del pensamiento de Marx, claramente antihistoricista o antihumanista y que tiende a mostrar que el análisis de El Capital, cuando se realiza a través de un modelo de tipo estructural que ve en el modo de producción capitalista un sistema totalizador de relaciones, es científico. De este modo se involucraba, desde un tono polémico, en el debate del marxismo occidental contemporáneo, reivindicando la prioridad de las obras maduras de Marx sobre sus escritos juveniles, a su juicio todavía escasamente científicos y poco conscientes del método estructural, y oponiéndose a una amplia corriente del pensamiento que basaba su interpretación precisamente en sus obras juveniles. A partir de esta obra, su línea de investigación filosófica siguió orientada hacia la demostración de que la producción marxista era superadora del humanismo, asumiendo la dimensión de una auténtica "teoría científica" que abarcaba todas las facetas del devenir. En esa tendencia se inscribieron sus últimas producciones de peso: Lenin y la filosofía (1969), Respuesta a John Lewis (1973) y Elementos de autocrítica (1974). En Elementos de autocrítica pone en cuestión su anterior teoricismo, aproximándose a la temática de Gramsci, y revalorizando, como ya se advierte en Respuesta a John Lewis, la noción de práctica política. Aunque él mismo se había erigido en el principal crítico de las tendencias economicistas, humanistas y eurocomunistas que afloraban en el ámbito del comunismo internacional de aquellos momentos, en todas estas obras se puede advertir una total identificación con el leninismo más radical, lo que le creó serias dificultades con la ortodoxia estalinista imperante dentro del PCF. Su radicalismo impregnó a gran parte de las juventudes revolucionarias de la década de 1960, bastante críticas con los revisionismos e incluso con las teorías que abogaban por la coexistencia pacífica entre el capitalismo y el comunismo. Uno de los discípulos suyos más aventajados fue el estudiante universitario camboyano Saloth Sar, tristemente conocido después, a partir de 1973, con el nombre de Pol Pot, primer ministro de su país entre los años 1976 y 1979, y promotor de brutales cambios sociales que causaron la muerte de centenares de miles de personas en la llamada Revolución de los Jemeres Rojos. El cambio en la dinámica de las relaciones internacionales en el último tercio de la década de 1970 y la progresiva disminución de las tensiones generadas por la Guerra Fría desde el final de la Segunda Guerra Mundial condicionó considerablemente la influencia de Althusser en los medios universitarios. En su última obra, Lo que no puede durar en el PCF (1978), Althusser trató la grave crisis de identidad que padecía el partido, junto con el PCI (Partido Comunista de Italia), uno de los más influyentes en Europa. En noviembre de 1908, tras un período de inactividad de tres años alejado de la primera plana política y social de su país, su nombre apareció en los titulares de la prensa de todo el mundo por haber matado a su mujer durante un ataque de enajenación mental. Considerado por las autoridades médicas que le trataron como un enfermo mental, Althusser fue recluido en varios establecimientos psiquiátricos, donde permaneció hasta su muerte, ocurrida como consecuencia de una embolia cerebral irreversible. A continuación les dejo una serie de tres vídeos que contienen una breve, pero concisa explicación de la concepción de Althusser sobre la ideología y el estado. link: link: link: FUENTE Ideología y aparatos ideológicos de Estado en PDF
Cuentos cortos de Eduardo Galeano I El siguiente texto, es una transcripción literal de algunos cuentos relatados por Eduardo Galeano en su programa "La Vida Según Galeano" El arte de mandar Un emperador de China, no se sabe su nombre ni su dinastía ni su tiempo, llamó una noche a su consejero principal y le confió la angustia que le impedía dormir. Le dijo: "Nadie me teme". Como nadie le temía nadie lo respetaba. Y como nadie lo respetaba nadie le obedecía. El consejero principal meditó un ratito y opinó: "Falta castigo". Y el emperador sorprendido dijo que castigo no faltaba, porque él mandaba a la horca a todo el que no se inclinara a su paso. Y el consejero principal le advirtió: "Pero esos, esos son los culpables. Si solo se castiga a los culpables, solo los culpables sienten miedo". El emperador chino pensó y pensó... y llegó a la conclusión de que el consejero principal tenía razón. Y le mandó cortar la cabeza. La ejecución ocurrió en una gran plaza pública, la plaza celestial, la plaza principal del imperio. Y el consejero fue el primero de una larga lista. Fábricas Corría el año 1964. Y el dragón del comunismo internacional abría sus siete fauces para comerse a Chile. La publicidad, sobre todo la publicidad en la televisión, bombardeaba a los chilenos mostrando imágenes de iglesias quemadas, de tanques rusos, de guerrilleros barbudos que secuestraban a los niños y se los llevaban lejos. Y hubo elecciones. Y el miedo venció. Y Salvador Allende, el candidato derrotado me contó qué era lo que más le había dolido de esa experiencia dolorosa. La empleada de la casa de al lado, la casa de al lado de su casa, en el barrio de Providencia, era una pobre mujer que trabajaba veinte horas por día ocupándose de los niños, lavando y planchando la ropa, fregando, haciendo la comida... del día a la noche trabajando sin parar, esa pobre mujer que había envuelto su ropa en una bolsa de plástico y la había enterrado en el jardín, porque tenía miedo de que si ganaban los Rojos le expropiaran su propiedad. Seguridad Durmiendo nos vio. En el sueño de Elena estábamos los dos haciendo fila con muchos otros pasajeros en algún aeropuerto, quién sabe cual, porque todos los aeropuertos son más o menos todos iguales. Y cada pasajero llevaba una almohada bajo el brazo. Rumbo a una máquina, que nos esperaba, pasaban las almohadas bajo la máquina y la máquina leía los sueños de la noche anterior. Era una máquina detectora de sueños peligrosos para el orden público. Invasión Tiene pánico a la invasión el país que nadie ha invadido jamás, y que sin embargo tiene la mala costumbre de invadir a los demás. En los años 80, el peligro se llamaba Nicaragua. El presidente Ronald Reagan asustaba a la población. Y denunciaba el ¡inminente peligro, la amenaza! de la invasión que iba corriéndose desde América Central, México, vía Texas entrando en los Estados Unidos y apoderándose del país... mientras a espaldas del presidente un mapa mostraba esa Gran mancha roja que avanzaba.. La teleaudiencia espantada no tenía la menor idea de dónde quedaba Nicaragua... Ni sabía que ese pobre país había sido arrasado por una dictadura de medio siglo, fabricada en Washington. Y después, por un terremoto que no dejó nada en pie... Y esa teleaudiencia asustadísima, tampoco sabía que ese "País Feroz" tenía en total cinco ascensores y una sola escalera mecánica, que no funcionaba. El Héroe Desde siempre, las mariposas y los flamencos y las golondrinas y las ballenas y los salmones viajan miles de leguas por los libres caminos del aire y del agua. No son libres en cambio, los caminos del éxodo humano. Inmensas caravanas andan por el mundo, caravanas de fugitivos de la vida imposible que huyen de las guerras pero sobre todo huyen de los salarios exterminados y de los suelos arrasados. Sebastián Salgado los fotografió. En más de cuarenta países y a lo largo de mucho tiempo los fotografió. Y él me contó que toda esa inmensa desventura humana, cabe en apenas un segundo. Qué un segundo, solo un segundo, suma toda la luz que entró en su cámara para fotografiar. Un segundo, apenas una guiñada en los ojos del sol. Un instantito en la memoria del tiempo. Amares El amor es una enfermedad. Y a los enfermos cualquiera nos reconoce por las hondas ojeras, que delatan la falta de sueño, o por nuestra insoportable necesidad de decir estupideces. El amor se puede provocar, echando un puñadito de polvo de "quereme", en el café o en la sopa, como al descuido, pero no se puede impedir. No hay decreto de gobierno que pueda prohibirlo. Alguna vez escribí, para resumir el asunto: "Ellos son dos, por error que la noche corrige". Fundación de los abrazos. Muchísimo antes de que el Irak fuera tierra arrasada por la cruzada civilizatoria del presidente Bush, allí en Irak, había nacido la escritura. Y allí había sido escrito el primer poema de amor de la historia humana. El poema escrito en lengua sumeria, escrito en el barro, narraba el encuentro entre un pastor y una diosa. La diosa Inanna, amó esa noche como si fuera mortal, y Dumuvi, el pastor, fue inmortal mientras duró esa noche. Teología. El dios de los cristianos, dios de mi infancia, no hace el amor. Es quizá el único dios que nunca a hecho el amor entre todos los dioses de todas las religiones de este mundo. Cada vez que lo pienso siento pena por él y entonces le perdono que haya sido mi superpapá castigador, el jefe de policía del universo, y pienso que al fin y al cabo dios también supo ser mi amigo cuando en aquellos viejos tiempos yo creía en él y creía que él creía en mí. Y a veces hasta me parece escuchar sus melancólicas confidencias, como si al oido me dijera: "Lástima que Adán fuera tan bruto, lástima que Eva fuera tan sorda y lástima que yo no supe hacerme entender. Ellos creyeron que un pecado merece castigo, si es original. Dije que peca quien desama y entendieron que peca quien ama. Donde anuncié praderas de fiestas escucharon valle de lágimas. Dije que era el dolor la sal que daba gustito a la vida, a la aventura humana y entendieron que yo los estaba condenando al otorgarles la gloria de ser mortales y loquitos". El pánico macho. Uno de los mitos más antiguos y más universales, cuenta que la primera noche yacían juntos la mujer y el hombre... cuando él escuchó un ruidito amenasante, un crujidero de dientes entre las piernas de ella y el susto que cortó el abrazo. Los machos mas machos del mundo (la verdad sea dicha) tiemblan todavía. En cualquier lugar del mundo, cuando recuerdan, sin saber qué recuerdan, aquel primer peligro de devoración. Y se preguntan los machos más machos, sin saber qué se preguntan: ¿Será que la mujer sigue siendo una puerta de entrada que no tiene salida? Un arma peligrosa. En más de treinta paises la tradición manda cortar el clítoris. Este tajo confirma el derecho de propiedad del hombre sobre su mujer o mujeres. Y los mutiladores llaman "Purificación" a éste crimen cometido contra el placer femenino. Ellos explican que el clítoris es: un dardo envenenado, una cola de escorpión, un nido de termitas, que mata al hombre o lo enferma, que excita a las mujeres, se les envenena la leche y las vuelve insaciables y locas de remate. Para justificar la mutilación citan al profeta Maoma, que jamás habló del asunto, y al Corán, que tampoco lo menciona. Ventana sobre el cuerpo. La iglesia dice: "El cuerpo es una culpa". La ciencia dice: "El cuerpo es una máquina". La publicidad dice: "El cuerpo es un negocio". Y el cuerpo dice: -"Yo soy una fiesta". El diablo es indio. La Historia que pudo ser no fue la historia que fue. En la que fue, en la historia de a de veras, los conquistadores entraron en América y pudieron confirmar que Satán, expulsado de Europa, había encontrado refugio en las islas y las costas de América, besadas por su boca llameante. Aquí en América habitaban seres bestiales, que llamaban "juego" al pecado carnal y lo practicaban sin horario ni contrato, y que ignoraban los diez mandamientos y los siete sacramentos y los siete pecados capitales y andaban en cueros y hasta tenían la costumbre de comerse entre sí. La conquista de América fue una larga y dura tarea de exorcismo. Tan arraigado estaba el maligno en estas tierras, que cuando parecía que los indios estaban venerando a la virgen, en realidad veneraban a la serpiente aplastada bajo sus pies. Y cuando adoraban la cruz, estaban en realidad celebrando el encuentro de la lluvia con la tierra. Los conquistadores cumplieron la misión de devolver a Dios, el oro, la plata y las muchas otras riquezas que el diablo había usurpado. No fue fácil recuperar el botín. Menos mal que, que a veces recibían alguna ayudita desde las alturas. Una vez, el señor de los infiernos preparó una emboscada, en el desfiladero que conducía al cerro rico de Potosí, para impedir el paso de los Españoles. Y desde el cielo bajó un arcángel, que le propinó tremenda paliza. La Creación. La mujer y el hombre soñaban que dios los estaba soñando. Dios los soñaba mientras cantaba envuelto en humo de tabaco y agitaba sus maracas y se sentía feliz y también estremecido por la duda y el misterio. Los indios Maquiritares saben que si dios sueña, sueña con comida, fructifica y da de comer; y si dios sueña con la vida, nace y da nacimiento... Y en el sueño de los Maquiritares, la mujere y el hombre soñaban que en el sueño de dios aparecía un gran huevo brillante. Y dentro del huevo ellos cantaban y bailaban, y armaban mucho alboroto porque estaban locos de ganas de nacer. Y soñaban que en el sueño de dios la alegría era mas fuerte que la duda y el misterio. Y dios soñando los creaba... Y cantando decía: "Rompo este huevo y nace la mujer; y nace el hombre; y juntos vivirán y morirán; y nacerán nuevamente y volverán a morir; y otra vez nacerán... Y nunca, nunca dejarán de nacer... porque la muerte es mentira". La cultura del terror. La extorción, el insulto, la amenaza, el coscorrón, la bofetada, la paliza, el azote, el cuarto oscuro, la ducha helada, el ayuno obligatorio, la comida obligatoria, la prohibición de salir, la prohibición de decir lo que se piensa, la prohibición de hacer lo que se siente y la humillación pública, son algunos de los métodos de penitencia y tortura tracicionales en la vida de familia. Para castigo de la desobediencia y escarmiento de la libertad, la tradición familiar perpetúa una cultura del terror que humilla a la mujer, enseña a los hijos a mentir y contagia la peste del miedo. En Chile, me comenta, Andrés Rodriguez: "Los derechos humanos, tendrían que empezar por casa". Pájaros prohibidos. Por increíble que parezca, la principal cárcel de la dictadura militar uruguaya, se llamaba Libertad. Y por increíble que parezca, estaba prohibido en esa cárcel llamada Libertad, que los presos dibujaran o recibieran dibujos de mariposas, estrellas, parejas y pájaros. Uno de los presos, Didaskó Pérez, maestro de escuela, preso por tener, como dijo el oficial que lo detuvo...preso por tener "ideas ideológicas", recibió un Domingo la visita de su hija Milay de cinco años. La hija le trajo un dibujo de pájaros. Como los pájaros estaban prohibidos, la sensura se lo rempió; los censores rompieron el dibujo a la entrada de la cárcel. Al domingo siguiente Milay trajo un dibujo de árboles... como los árboles no estaban prohibidos... el dibujo, pasó. Y el padre le preguntó: -Esas frutas, esas frutas de colores que hay... ¿Qué son?, ¿Naranjas, limones, manzanas?, ¿Qué son?. Y la niña lo hizo callar: -Shhh, bobo, ¿No vés que son ojos? Los ojos de los pájaros que te traje a escondidas. Tamara Tamara Arce desapareció al año y medio de edad. Fué encontrada por las Abuelas de Plaza de Mayo. Rosa, la madre de Tamara había sido presa, torturada y violada y fusilada con balas de fogueo...Y había estado ocho años sin saber nada de su hija. Cuando Las Abuelas la encontraron, la madre y la hija se miraron al espejo juntas y se rieron y no podían parar de reirse porque eran iguales; y tenían los mismos lunares en los mismos lugares; y entonces cuando llegó la noche, esa primera noche del reencuentro, Rosa, la madre, bañó a Tamara, la hija; y la enjuagó, y la jabonó y enjuagó y una vez y otra...la bañó una vez y otra y otra... no podía sacarle el olor, un olor espeso, como dulzón y Rosa sabía que conocía ese olor y no podía ubicarlo... no sabía por qué, no había manera, no había jabón que lo quitara; y entonces, de pronto Rosa recordó que ese era el olor de los bebés cuando acaban de mamar. Rosa no podía explicárselo, pero Tamara la hija tenía nueve años y olía a recién nacida. Post dedicado a badgirl14

El siguiente texto, es una transcripción literal de algunos cuentos relatados por Eduardo Galeano en su programa "La Vida Según Galeano" El Miedo El miedo global Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo. Y los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo. Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida. Los automovilistas tienen miedo a caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados. La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir. Los civiles tienen miedo a los militares. Los militares tienen miedo a la falta de armas. Las armas tienen miedo a la falta de guerra. Es el tiempo del miedo. Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo. Miedo a los ladrones y miedo a la policía. Miedo a la puerta sin cerradura. Al tiempo sin relojes. Al niño sin televisión. Miedo a la noche sin pastillas para dormir y a la mañana sin pastillas para despertar. Miedo a la soledad y miedo a la multitud. Miedo a lo que fue. Miedo a lo que será. Miedo de morir. Miedo de vivir. El Diablo es extranjero El culpómetro indica que el inmigrante viene a robarnos el empleo. Y el peligrosímetro lo señala con luz roja. Si el intruso, el venido de afuera, es joven y pobre y no es blanco, está condenado a primera vista por indigencia o inclinación al caos o portación de piel. Pero si no es joven ni pobre, ni oscuro, de todos modos merece la malvenida porque ha venido a trabajar el doble a cambio de la mitad. El pánico a la pérdida del empleo es uno de los miedos más poderosos en estos tiempos del mundo gobernado por el miedo. Y la verdad es que el inmigrante está siempre situado a primera mano, ahí no más, a la vista, a la hora de encontrar culpables del desempleo, de la inseguridad y de otras muchas temibles desgracias. Antes Europa derramaba sobre el mundo, sobre el mundo entero: soldados, presos, campesinos muertos de hambre... que eran protagonistas de las aventuras coloniales y han pasado a la historia como mensajeros de Dios. Era la civilización lanzada al rescate de la barbarie. Ahora el viaje ocurre al revés. Eso quiere ser la invasión de los invadidos. Los que llegan o intentan llegar desde el sur al norte son protagonistas de las desventuras coloniales que pasan a la historia como mensajeros del Diablo. Es la barbarie lanzada al asalto de la civilización. Guerras mentidas Las guerras se venden mintiendo, como se venden los autos. Son operaciónes de marketing y la opinión pública es el target. En el año 1964, el presidente Lyndon Johnson, denunció que los Vietnamitas habían atacado dos buques de los Estdos Unidos en el Golfo de Tonkin. Y entonces el presidente Johnson invadió Vietnam. Cuando ya la guerra había destripado a una gran multitud de vietnamitas, en su mayoría mujeres y niños, el ministro de defensa de Johnson, Robert Mac Namara, confesó que el ataque del Golfo de Tonkin nunca había existido. Los muertos no resucitaron. Y en Marzo del año 2003, el presidente George Bush denunció que Irak estaba a punto de aniquilar el planeta con sus armas de destrucción masiva. Eran, según él, las armas más letales jamás inventadas.Y entonces el presidente invadió Irák, cuando ya la guerra había destripado una buena multitud de irakies, en su mayoría mujeres y niños. El propio presidente Bush confesó que las armas de destrucción masiva no habían existido, que esas armas más letales jamás inventadas habían sido inventadas por él. Cuando, hace ya unos cuantos años, mi mamá me daba instrucciónes para vivir, entre otras cosas me aseguró que la mentira tenía patas cortas. Pero la mentira tiene patas larguísimas, porque en las elecciónes siguientes el pueblo recompensó al presidente Bush reeligiéndolo. Mujeres San Juan Crisóstomo decía: "Cuando la primera mujer habló, provocó el pecado original" y San Ambrosio concluía: "Si a la mujer se le permite hablar de nuevo, volverá a traer la ruina al hombre". La iglesia Católica, les prohíbe la palabra. Los fundamentalistas musulmanes, les mutilan el sexo y les tapan la cara. Los judíos muy ortodoxos empiezan el día agradeciendo: "Gracias Señor por no haberme hecho mujer". Saben cocer. Saben bordar. Saben sufrir y cocinar. Hijas obedientes. Madres abnegadas. Esposas resignadas. Durante siglos o milenios ha sido así, aunque de su pasado sabemos poco. Ecos de voces masculinas. Sombras de otros cuerpos. Para elogiar a un procer se dice: "Detrás de todo gran hombre hubo una mujer", reduciendo a la mujer a la triste condición de respaldo de silla. Puntos de vista 1 Si Eva hubiera escrito el génesis... ¿Cómo sería la primera noche de amor del género humano?. Eva hubiera puesto algunos puntos sobre las ies; quizá, digo yo, no sé, hubiera aclarado que ella no nació de ninguna costilla, que no conoció a ninguna serpiente, que no ofreció nunca ninguna manzana a nadie y que nadie le dijo que: "Parirás con dolor" y "Tu marido te dominará"... Y que todo eso, diría Eva, no son más que calumnias que Adán contó a la prensa. Puntos de vista 2 Si las Santas, y no los santos, hubieran escrito los Evangelios... ¿Cómo sería la primera noche de la era cristiana?. Las Santas hubieran contado que estaban todos de muy buen humor; todos: la Virgen, el niño Jesús resplandeciente en su cuna de paja, el buey, el asno, los Reyes Magos recién venidos de Oriente y hasta la estrella que los había conducido a Belén... Todos, todos contentos, menos uno. San José, sombrío, murmuró: "Yo quería una nena". Violeta En los tristes años de la dictadura del general Pinochet, en Chile, el Régimen decidió cambiar los nombres de veinte poblaciónes de los suburbios más pobres de la ciudad de Santiago; y en el rebautizo, una de las poblaciónes, la población Violeta Parra, recibió el nombre de algún militar heróico, pero sus habitantes se negaron a llevarlo, se negaron a llamarse con otro nombre que no fuera su nombre; y en unánime Asamblea dijeron: "Somos Violeta Parra o nada". Y así riendieron homenaje, una vez más, a aquella campesina cantora, de voz gastadita, que en sus peleonas canciónes había sabido celebrar los misterios de su tierra y de su gente. Violeta era, era pecante y picante, amiga del guitarreo y del converse y del enamore y por bailar y por payasear se le quemaban las empanadas... "Gracias a la vida..." cantó en su última canción y un revolcón de amor la arrojó a la muerte. Los Nadies En una esquina del semáforo rojo, alguien traga fuego, alguien lava parabrisas, alguien vende banderitas o muñecas que hacen pipí. Alguien lee el horóscopo dando gracias a los astros porque se ocupan de él. Alguien habla con el teléfono después de colgar el tubo. Alguien conversa con el televisor. Alguien riega flores de plástico. Alguien sube al ómnibus en la madrugada y el ómnibus sigue estando vacío. Hoy voy a contarles a mi modo y manera algunas historias de "Los Nadies", que son muchos. Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres...Que algún mágico día llueva la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte, pero ni en lloviznita cae la buena suerte, ni hoy, ni mañana, ni nunca. Por mucho que a los nadies les pique la mano izquierda o se levanten con el pié derecho o empiecen el año cambiando la escoba...Los nadies, los dueños de nada, los hijos de nadie, los ningunos, los ninguneados que no son aunque sean, que no hablan idiomas sino dialectos, que no profesan religiones sino supersticiones, que no hacen arte sino artesanía, que no tienen cultura sino a lo sumo folclore, que no son seres humanos sino recursos humanos, que no tienen nombre sino número, que no figuran en la historia universal sino en la crónica roja de la prensa local... Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata. Guerras calladas No estalla como las bombas ni suena como los tiros, el hambre, que mata callando, mata a los callados. De ellos sabemos todo. Los expertos, los Obrólogos los estudian y nos ofrecen los datos actualizados: Qué no comen, en qué no trabajan, cuántos son, cuánto no pesan, cuánto no miden, qué no tienen, qué no piensan, qué no votan, en qué no creen... Solo nos falta saber, por qué los pobres son pobres. Ellos, los muertos de las guerras, los presos de las cárceles, los brazos disponibles, los brazos desechables, sin tierra, sin casa, sin camino... ¿Será que los pobres son pobres porque su hambre nos da de comer y su desnudez nos viste? ¿Qué sería de nosotros sin ellos? La Pobreza Las estadísticas dicen que son muchos los pobres del mundo. Pero los pobres del mundo son muchos más de los que se dice que son. La joven investigadora Catalina Álvarez Insúa, formuló un criterio muy útil para corregir los cálculos. Ella dijo: "Los pobres son los que tienen las puerta cerrada". Cuando lo dijo, Catalina tenía tres años de edad. La mejor edad para asomarse al mundo y ver. Espero que les haya gustado, todavía faltan varios cuentos mas que iré transcribiendo a la brevedad.