CharlyEtcetera
Usuario (Argentina)

Hubo una época donde la moda era creer que todas las personas tenían derecho a un juicio justo. Poco después, la onda era ponerse a militar la reinserción y las garantías. Así fueron pasando las modas y en las cabezas de la gente hubo de todo: desde derechos humanos a inclusión social. Quién diría que, después de tantas excentricidades, el año 2016 encontraría a la juventud adhiriendo al clásico Código de Hammurabi que tanto amaba la generación de Babilonia. Me refiero a los Justicieros por Mano Propia, la nueva tribu urbana de la que todos los medios están hablando, y que promete terminar de una vez por todas con eso que llamamos "delincuentes". Estos delincuentes visten indumentaria rústica. No creen en el empleo formal e incluso algunos de ellos llegan a pasar su vida sin buscar trabajo. Eligen viviendas y barrios marginales o, directamente, la calle para crecer. De niños, reniegan de los dibujos animados, la contención familiar y los videojuegos, prefiriendo adquirir un arma. Gustan de la drogadicción y abandonar la escuela a temprana edad. Sus consumos culturales generalmente son la cumbia y las series de Netflix pirateadas. Son los pibes chorros, la nueva amenaza para el argentino de bien. Quizás para dejar en claro la diferencia entre un pibe chorro y otro tipo de delincuentes, también existen los ladrones de guante blanco, gente ligada a la política y al mundo empresarial, que se oponen a costumbres del pibe chorro como ir a la cárcel o salir en los medios. Tendencias: Cada vez son más los vecinos que deciden salir a combatir el crimen por cuenta propia. No sé por qué, pero, de golpe, así, como si nada, no puede uno prender la tele sin escuchar un Lapegüe o un Andino hablando de que “un despachante de aduana de Laferrere asesino a un pibe chorro con un destornillador". A mí se me había ocurrido que todo esto podía, en una de ésas, tener algo que ver con tapar cierta incapacidad del Gobierno respecto a dar respuestas al problema del crimen y la pobreza; pero seguro que es una casualidad. Así que bueno, habrá que pensar que en realidad esta gente descubrió la justicia por mano propia un día, y, zácate, se les ocurrió que era algo copado y empezaron a difundirla. Y pensar que uno había puesto TN sólo para mirarle las tetas a Sandra Borghi. Por supuesto, apenas se empezó a correr la bola no tardaron en aparecer unos cuantos individuos que juraban haber visto delincuentes que merecían ser ajusticiados, y de distintas clases: un punga en la puerta de la casa, una "mechera" en la esquina, un "motochorro" un poco más lejos. La indignación por la delincuencia se sumaba a la bronca por lo montonera y conchuda que es Cristina Kirchner, por los terroristas que mantienen la ciudad sitiada con sus manifestaciones y por la impericia de Higuain en las finales. En resumen, el país se estaba yendo a la remierda y sólo quedaba una cosa por hacer: opinar. Todos aportaron sus ideas para salvar a la Argentina del cataclismo. La mayoría concluyó en que la mejor solución era matar a todos los delincuentes con Zyklon B, cerrar las fronteras y ver qué se podía hacer con los que quedaban; pero la idea fue descartada por dificultades logísticas. Otros pensaban que la solución era un sistema educativo amplio y de calidad; pero esto requería décadas de esfuerzo, y daba demasiada paja. Como no se llegaba a un acuerdo, se decidió pedirle ayuda a los países del primer mundo, pero sólo consiguieron a Uruguay. La Televisión Uruguaya se preguntó "¿hasta cuándo?"; y del otro lado del charco, Pepe Mujica dijo que los argentinos éramos todos medio boludos y por eso no la pegábamos. Estas declaraciones fueron aceptadas con resignación, porque, claro, Uruguay es un país en serio, allá la gente es más tranquila, es otra mentalidad, es la Suiza de Latinoamérica, los negros son más negros y las murgas no dan lástima. Sospechando que sólo es otro de esos efímeros lapsus de idiotez colectiva con los que de vez en los medios atacan a la humanidad, como aquella transmisión radial de La guerra de los mundos, y como no nos gusta quedar afuera de nada, aprovechamos el momento y hablamos de la justicia por mano propia, a ver si después deja de estar de moda. Todos sabemos de qué el homicidio buscando justicia al margen del Estado de Derecho tiene sus cosas, como eso de cagarse en los derechos humanos y destruir todas las garantías que sostienen una sociedad moderna y democrática. Pero reconozcamos que la venganza, el colorido de la sangre y la oportunidad de dispararle a los chicos malos tiene un nosequé muy hollywoodense. Entonces, no nos queda que preguntarnos: ¿está bien matar, o está mal? Para pensar.