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Chansy

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Otra óptica de Ernesto "Che" Guevara
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Registrate y eliminá la publicidad! La máquina de matar: El Che Guevara, de agitador comunista a marca capitalista 11/7/2005 Alvaro Vargas Llosa The New Republic El Che Guevara, quien hizo tanto (¿o tan poco?) por destruir al capitalismo, es en la actualidad la quintaesencia de una marca capitalista. Su semblante adorna jarros de café, caperuzas, encendedores, llaveros, billeteras, gorras de béisbol, tocados, bandadas, musculosas, camisetas deportivas, carteras finas, jeans de denim, té de hierbas, y por supuesto esas omnipresentes remeras con la fotografía, tomada por Alberto Korda, del galán socialista luciendo su boina durante los primeros años de la revolución, en el instante en que el Che de casualidad se introdujo en el visor del fotógrafo—y en la imagen que, treinta y ocho años después de su muerte, constituye aún el logotipo del revolucionario (¿o del capitalista?) “chic”. Sean O''Hagan sostuvo en The Observer que existe incluso un jabón en polvo con el eslogan "El Che lava más blanco." Los productos del Che son comercializados por grandes corporaciones y por pequeñas empresas, tales como la Burlington Coat Factory, la cual difundió un comercial televisivo presentando a un joven en pantalones de fajina luciendo una remera del Che, o la Flamingo''s Boutique en Union City, Nueva Jersey, cuyo propietario respondió a la furia de los exiliados cubanos locales con este argumento devastador: "Yo vendo lo que la gente desea comprar." Los revolucionarios también se unieron a este frenesí de productos—desde "The Che Store", que vende provisiones, hasta el sitio que atiende "todas sus necesidades revolucionarias" en Internet, y el escritor italiano Gianni Minà, quien le vendió a Robert Redford los derechos cinematográficos del diario del Che sobre su juvenil viaje alrededor de América del Sur en el año 1952 a cambio de poder acceder al rodaje del film Diarios de Motocicleta y de que Minà pudiese producir su propio documental. Para no mencionar a Alberto Granado, quien acompañó al Che en su viaje de juventud y ahora asesora documentalistas, y que se quejaba hace poco en Madrid, según el diario El País, ante un Rioja y un magret de pato, de que el embargo estadounidense contra Cuba le dificulta el cobro de las regalías. Para llevar a la ironía más lejos: el edificio en el cual nació Guevara en la ciudad de Rosario, Argentina, un espléndido inmueble de comienzos del siglo veinte sito en la esquina de las calles Urquiza y Entre Ríos, se encontraba hasta hace poco ocupado por la administradora de fondos de jubilaciones y pensiones privada Máxima AFJP, una hija de la privatización de la seguridad social argentina en la década de 1990. La metamorfosis del Che Guevara en una marca capitalista no es nueva, pero la marca viene experimentando un renacimiento—un renacimiento especialmente destacable, dado que el mismo tiene lugar años después del colapso político e ideológico de todo lo que Guevara representaba. Esta suerte inesperada se debe sustancialmente a Diarios de Motocicleta, la película producida por Robert Redford y dirigida por Walter Salles. (Es una de las tres películas más importantes sobre el Che ya realizadas o actualmente en rodaje en los últimos dos años; las otras dos han sido dirigidas por Josh Evans y Steven Soderbergh.) Hermosamente rodada en paisajes que claramente han eludido los efectos erosivos de la polución capitalista, el film exhibe al joven en un viaje de auto-descubrimiento a medida que su conciencia social en ciernes tropieza con la explotación social y económica, lo que va preparando el terreno para la reinvención del hombre a quien Sartre llamara alguna vez el ser humano más completo de nuestra era. Es usual que los seguidores de un culto no conozcan la verdadera historia de su héroe. (Muchos rastafaris renunciarían a Haile Selassie si tuviesen alguna idea de quien fue en realidad.) No sorprende que los seguidores contemporáneos de Guevara, sus nuevos admiradores post-comunistas, también se engañen a sí mismos al aferrarse a un mito—excepto los jóvenes argentinos que corean una expresión de rima perfecta: "Tengo una remera del Che y no sé por qué." El héroe del fútbol Maradona ostentó el emblemático tatuaje del Che en su brazo derecho durante un viaje en el que se reunió con Hugo Chávez en Venezuela. En Stavropol, al sur de Rusia, unos manifestantes que reclamaban los pagos en efectivo de los beneficios del bienestar social tomaron la plaza central con banderas del Che. Ningún hombre carece de algunas cualidades atenuantes. En el caso del Che Guevara, esas cualidades pueden ayudarnos a medir el abismo que separa a la realidad del mito. Su honestidad (quiero decir: honestidad parcial) significa que dejó testimonio escrito de sus crueldades, incluido lo muy malo, aunque no lo peor. Su coraje—que Castro describió como "su manera, en los momentos difíciles y peligrosos, de hacer las cosas más difíciles y peligrosas"—significa que no vivió para asumir la plena responsabilidad por el infierno de Cuba. En abril de 1967, hablando por experiencia, resumió su idea homicida de la justicia en su "Mensaje a la Tricontinental": “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar”. La disposición de Guevara cuando viajaba con Castro desde México a Cuba a bordo del Granma es capturada en una frase de una carta a su esposa que redactó el 28 de enero de 1957, no mucho después de desembarcar, publicada en su libro Ernesto: Una Biografía del Che Guevara en Sierra Maestra: “Estoy en la manigua cubana, vivo y sediento de sangre”. En enero de 1957, tal como lo indica su diario desde la Sierra Maestra, Guevara le disparó a Eutimio Guerra porque sospechaba que aquel se encontraba pasando información: “Acabé con el problema dándole un tiro con una pistola del calibre 32 en la sien derecha, con orificio de salida en el temporal derecho...sus pertenencias pasaron a mi poder”. Más tarde mató a tiros a Aristidio, un campesino que expresó el deseo de irse cuando los rebeldes siguieran su camino. Mientras se preguntaba si esta victima en particular "era en verdad lo suficientemente culpable como para merecer la muerte," no vaciló en ordenar la muerte de Echevarría, el hermano de uno de sus camaradas, en razón de crímenes no especificados: "Tenía que pagar el precio." Luis Guardia y Pedro Corzo, dos investigadores que se encuentran trabajando en Florida en un documental sobre Guevara, han obtenido el testimonio de Jaime Costa Vázquez, un ex comandante del ejército revolucionario conocido como "El Catalán," quien sostiene que muchas de las ejecuciones atribuidas a Ramiro Valdés (futuro ministro del interior de Cuba) fueron responsabilidad directa de Guevara, debido a que Valdés se encontraba bajo sus ordenes en las montañas. “Ante la duda, mátalo” fueron las instrucciones del Che. Pero la "fría máquina de matar" no dio muestra de todo su rigor hasta que, inmediatamente después del colapso del régimen de Batista, Castro lo pusiera a cargo de la prisión de La Cabaña. (Castro tenía un buen ojo clínico para escoger a la persona perfecta para proteger a la revolución contra la infección.) San Carlos de La Cabaña es una fortaleza de piedra que fue utilizada para defender a La Habana contra los piratas ingleses en el siglo dieciocho; más tarde se convirtió en un cuartel militar. De una manera que evoca al escalofriante Lavrenti Beria, Guevara presidió durante la primera mitad de 1959 uno de los periodos más oscuros de la revolución. “El Che dirigió la Comisón Depuradora. El proceso se regía por la ley de la sierra: tribunal militar de hecho y no jurídico, y el Che nos recomendaba guiarnos por la convicción. Esto es: “Sabemos que todos son unos asesinos, luego proceder radicalmente es lo revolucionario”. Miguel Duque Estrada era mi jefe inmediato. Mi función era de instructor. Es decir legalizar profesionalmente la causa y pasarla al ministerio fiscal, sin juicio propio alguno. Se fusilaba de lunes a viernes. Las ejecuciones se llevaban a cabo de madrugada, poco después de dictar sentencia y declarar sin lugar (de oficio) la apelación. La noche más siniestra que recuerdo se ejecutaron siete hombres”. Javier Arzuaga, el capellán vasco que les brindaba consuelo a aquellos condenados a morir y que presenció personalmente docenas de ejecuciones, habló conmigo recientemente desde su casa en Puerto Rico. Ex sacerdote católico de setenta y cinco años de edad, quien se describe como "más cercano a Leonardo Boff y a la Teología de la Liberación que al ex cardenal Cardinal Ratzinger," Arzuaga recuerda que “La cárcel de La Cabaña se mantuvo llena a rebosar. Sobre 800 hombres hacinados en un espacio pensado para no más de 300: militares batistianos o miembros de algunos de los cuerpos de la policía, algunos “chivatos”, periodistas, empresarios o comerciantes. El juez no tenía por qué ser hombre de leyes; sí, en cambio, pertenecer al ejército rebelde, al igual que los compañeros que ocupaban con él la mesa del tribunal. Casi todas las vistas de apelación estuvieron presididas por el Che Guevara. No recuerdo ningún caso cuya sentencia fuera revocada en esas vistas. Todos los días yo visitaba la “galera de la muerte”, donde permanecían los prisioneros desde que eran sentenciados a muerte. Corrió la voz de que yo hipnotizaba a los condenados antes de salir para el paredón y que por eso se daban tan fáciles las cosas, sin escenas desagradables, y el Che Guevara dio orden de que nadie fuera conducido al paredón sin que yo estuviera presente. Yo asistí a 55 fusilamientos hasta el mes de mayo, cuando me fui. Eso no quiere decir que no se siguiera fusilando. Herman Marks era un americano, se decía que era prófugo de la justicia. Lo llamábamos “el carnicero” porque gozaba gritando “pelotón, atención, preparen, apunten, fuego”. Recuerdo muy bien el caso de Ariel Lima que era menor de edad, pero fue inflexible. Lo mismo puedo decir de Fidel Castro, a quien acudí también en dos ocasiones con igual propósito.Cuando nos despedíamos, el Che Guevara me dijo que nos habíamos llevado bien, tratando los dos de sacar el otro de su campo para atraerlo al de uno. “Hemos fracasado los dos. Cuando nos quitemos las caretas que hemos llevado puestas, seremos enemigos frente a frente”. ¿Cuánta gente fue asesinada en La Cabaña? Pedro Corzo ofrece una cifra de unos doscientos, similar a la proporcionada por Armando Lago, un profesor de economía retirado que ha compilado una lista de 179 nombres como parte de un estudio de ocho años sobre las ejecuciones en Cuba. Vilasuso me dijo que cuatrocientas personas fueron ejecutadas entre el mes de enero y fines de junio de 1959 (fecha en el que el Che dejó de estar a cargo de La Cabaña). Los cables secretos enviados por la Embajada de los Estados Unidos en La Habana al Departamento de Estado en Washington hablan de "más de 500." Según Jorge Castañeda, uno de los biógrafos de Guevara, un católico vasco simpatizante de la revolución, el fallecido Padre Iñaki de Aspiazú, hablaba de setecientas victimas. Félix Rodríguez, un agente de la CIA quien fue parte del equipo a cargo de la captura de Guevara en Bolivia, me dijo que él encaró al Che después de su captura respecto de "las dos mil y pico" ejecuciones por las que fue responsable durante su vida. "Dijo que todos eran agentes de la CIA y no se refirió a la cifra," recuerda Rodríguez. El ansia de poder del Che tenía otras maneras de expresarse además del asesinato. La contradicción entre su pasión por viajar—una especie de protesta contra las limitaciones del estado-nación—y su impulso por convertirse en un estado esclavizante en relación a otras personas es patético. Al escribir acerca de Pedro Valdivia, el conquistador de Chile, Guevara reflexionaba: "Pertenecía a esa clase especial de hombres a los que la especie produce de vez en cuando, en quienes un anhelo por el poder ilimitado es tan extremo que cualquier sufrimiento para lograrlo parece natural." El impulso de desposeer a los demás de su propiedad y de reclamar la propiedad del territorio de otros fue central a la política opresiva de Guevara. En sus memorias, el líder egipcio Gamal Abdel Nasser cuenta que Guevara le preguntó cuántas personas habían abandonado su país debido a la reforma agraria. Cuando Nasser replicó que ninguna, el Che contestó enojado que la manera de medir la profundidad del cambio es a través del número de individuos "que sienten que no hay lugar para ellos en la nueva sociedad." Este instinto depredador alcanzó un apoteosis en 1965, cuando empezó a hablar, como Dios, acerca del "Hombre Nuevo" que él y su revolución crearían. La revista Time parece haber errado en agosto de 1960 cuando describió a la división del trabajo de la revolución con una nota de tapa presentando al Che Guevara como el "cerebro," a Fidel Castro como el "corazón" y a Raúl Castro como el "puño." Pero la percepción revelaba el papel crucial de Guevara en hacer de Cuba un bastión del totalitarismo. El Che era de alguna manera un candidato improbable para la pureza ideológica, dado su espíritu bohemio, pero durante los años de entrenamiento en México y en el periodo resultante de la lucha armada en Cuba emergió como el ideólogo comunista locamente enamorado de la Unión Soviética, en gran medida para molestia de Castro y de otros que eran esencialmente oportunistas dispuestos a utilizar cualquier medio necesario para ganar poder. Cuando los aspirantes a revolucionarios fueron arrestados en México en 1956, Guevara fue el único que admitió que era un comunista y que estaba estudiando ruso. Esta fanática disposición convirtió al Che en una parte esencial de la "sovietización" de la revolución que se había jactado reiteradamente de su carácter independiente. Según la biografía de Guevara de Philippe Gavi, el revolucionario había alardeado que "su país se encuentra deseoso de arriesgarlo todo en una guerra atómica de inimaginable capacidad destructiva para defender un principio." Apenas después de finalizada la crisis de los misiles cubanos—cuando Khrushchev renegó de la promesa hecha en Yalta y negoció un acuerdo con los Estados Unidos a espaldas de Castro que incluía la remoción de los misiles estadounidenses de Turquía—Guevara dijo a un periódico comunista británico: "Si los cohetes hubiesen permanecido, los hubiésemos utilizado a todos y dirigido contra el mismo corazón de los Estados Unidos, incluida Nueva York, en nuestra defensa contra la agresión." Y un par de años más tarde, en las Naciones Unidas, fue leal a las formas: "Como marxistas hemos sostenido que la coexistencia pacífica entre las naciones no incluye a la coexistencia entre los explotadores y el explotado." Guevara se distanció de la Unión Soviética en los últimos años de su vida. Lo hizo por las razones equivocadas, culpando a Moscú por ser demasiado blando ideológica y diplomáticamente, y hacer demasiadas concesiones—a diferencia de la China maoísta, a la cual llegó a ver como un refugio de la ortodoxia. ica. El gran revolucionario tuvo una oportunidad de poner en práctica su visión económica—su idea de la justicia social—como director del Banco Nacional de Cuba y del Departamento de Industria del Instituto Nacional de la Reforma Agraria a fines de 1959, y, desde principios de 1961, como ministro de industria. El periodo en el cual Guevara estuvo a cargo de la mayor parte de la economía cubana atestiguó el cuasi colapso de la producción de azúcar, el fracaso de la industrialización y la introducción del racionamiento—todo esto en el que había sido uno de los cuatros países económicamente más exitosos de América Latina desde antes de la dictadura de Batista. Su tarea como director del Banco Nacional, durante la cual imprimió billetes que llevaban la firma "Che," ha sido sintetizada por su asistente, Ernesto Betancourt: “Encontré en el Che una ignorancia absoluta de los principios más elementales de la economía”. La reforma agraria le quitó tierra al rico, pero se la dio a los burócratas, no a los campesinos. (El decreto fue redactado en la casa del Che.) En el nombre de la diversificación, el área cultivada fue reducida y la mano de obra disponible distraída hacia otras actividades. El resultado fue que entre 1961 y 1963, la cosecha se redujo a la mitad: apenas unos 3,8 millones de toneladas métricas. ¿Se justificaba este sacrificio por el fomento de la industrialización cubana? Desdichadamente, Cuba carecía de materias primas para la industria pesada, y, como una consecuencia de la redistribución revolucionaria, no contaba con una moneda sólida con la cual adquirirlas—o incluso adquirir los productos básicos. Habiendo fracasado como héroe de la justicia social, ¿merece Guevara un lugar en los libros de historia como un genio de la guerra de guerrillas? Su mayor logro militar en la lucha contra Batista—la toma de la ciudad de Santa Clara después de emboscar un tren con pesados refuerzos—es seriamente cuestionado. Numerosos testimonios indican que el conductor del tren se rindió de antemano, acaso tras aceptar sobornos. (Gutiérrez Menoyo, quien dirigía un grupo guerrillero diferente en esa área, está entre aquellos que han criticado la historia oficial de Cuba sobre la victoria de Guevara.) Inmediatamente después del triunfo de la revolución, Guevara organizó ejércitos guerrilleros en Nicaragua, la República Dominicana, Panamá, y Haití—todos los cuales fueron aplastados. En 1964, envió al revolucionario argentino Jorge Ricardo Masetti a su muerte al persuadirlo de que montase un ataque contra su país natal desde Bolivia, justo después de que la democracia representativa había sido restablecida en la Argentina. En Bolivia, el Che fue nuevamente derrotado, y por última vez. Malinterpretó la situación local. Una reforma agraria había tenido lugar unos años antes; el gobierno había respetado muchas de las instituciones de las comunidades campesinas; y el ejército era cercano a los Estados Unidos a pesar de su nacionalismo. "Las masas campesinas no nos ayudan en absoluto" fue la melancólica conclusión de Guevara en su diario boliviano. Guevara fue ciertamente audaz y corajudo, y rápido para organizar la vida en base a principios militares en los territorios bajo su control, pero no era un General Giap. Su libro La Guerra de Guerrillas enseña que las fuerzas populares pueden vencer a un ejército, que no es necesario aguardar a que se den las condiciones necesarias ya que un foco insurreccional puede provocarlos, y que el combate debe tener lugar principalmente en el campo. (En su receta para la guerra de guerrillas, reserva también para las mujeres el rol de cocineras y enfermeras.) Este trabajo fue originalmente publicado en inglés por la revista The New Republic bajo el titulo de The Killing Machine: Che Guevara, from Communist Firebrand to Capitalist Brand, en sus ediciones del 11 y 18 de julio de 2005. ------------------------------------------------------ Álvaro Vargas Llosa (Lima, 1966) es un periodista, politólogo y ensayista peruano de tendencia liberal y antisocialista pero crítico del neoliberalismo latinoamericano de la década de los 90. Actualmente, es Director del Centro para la Prosperidad Global en el Independent Institute de Washington, columnista del Washington Post Writers Group y autor de varios libros. En 2007 fue nominado Joven Líder Global por el Foro Economico Mundial con sede en Davos, Suiza. Hijo del novelista Mario Vargas Llosa y hermano de Gonzalo Vargas Llosa y Morgana Vargas Llosa. Es ciudadano peruano y español. Reside en Washington DC, con su esposa y sus dos hijos. La cadena internacional National Geographic ha anunciado el lanzamiento de una serie de documentales en los que Alvaro Vargas Llosa, guionista, presentador y narrador de la serie, transmitirá a los televidentes de unos cien países su visión del continente americano. Datos del autor Es autor de numerosos libros y seminarista en numerosos eventos sobre historia y política. Actualmente, Dirige el Center on Global Prosperity del Independent Institute en Washington y su columna semanal del Washington Post Writers Group se distribuye tanto en inglés como en español en los Estados Unidos, América Latina, Europa y Asia. Asimismo, representa al grupo chileno Copesa en Estados Unidos. Actualmente interviene en el programa radiofónico La Ventana, de la Cadena SER (España) dirigido por Gemma Nierga, los martes de 18 a 19 horas. Es la denominada tertulia latinoamericana, en la que está como contertulio junto a Boris Izaguirre, Santiago Roncagliolo y Jorge Lanata. Su más reciente publicación es “Lessons from the Poor: The Triumph of the Entrepreneurial Spirit”, libro del que es editor. Álvaro Vargas ha recibido varios premios a su labor periodística y literaria, entre los que se destaca el premio Sir Antony Fisher International Memorial Award (2006) por su libro "Liberty for Latin America", el Premio Juan Bautista Alberdi 2006 otorgado por el Hispanic American Center for Economic Research (HACER) de los Estados Unidos por su defensa de la libertad en las Americas y el Premio a la Libertad de Expresión otorgado por la Asociación de Periodistas Iberoamericanos (2005). Mario Vargas Llosa y Álvaro Familia Vargas Llosa Obras El diablo en campaña (1991). La contenta barbarie (1992). Manual del perfecto idiota latinoamericano y español (1996) (en coautoría). Fabricantes de miseria (en coautoría). Tiempos de resistencia (2000). En el reino del espanto (2000) La mestiza de Pizarro (2003). Rumbo a la Libertad (2005). The Che Guevara Myth and the Future of Liberty (2006). El regreso del idiota (en coautoría, 2007). Las lecciones de los pobres: el triunfo del espíritu emprendedor (editor, 2008) Citas "No sorprende, desde luego, que el cuerpo del Che Guevara sea un mito. Todo lo relacionado con este santo moderno es un mito: su amor por la justicia, sus disposición romántica, su bondad. Lo cierto es que ejecutó a cientos de personas, arruinó la economía cubana, intentó convertir a Cuba en una potencia nuclear y ayudó a instaurar muchas dictaduras militares en América Latina por reacción contra las guerrillas que inspiró en los años 60 y 70". 2007-11-02 Opinión Diario El Día ARGENTINA. ''Exposing the real Che Guevara and the useful idiots who idolize him'' de Humberto Fontova Humberto Fontova Por Hernán Alberro 31 de octubre de 2007 El libro no sólo se preocupa por la vida pública de Ernesto Guevara, sino que también profundiza en su vida privada para contrastar la versión que lo presenta como un despreocupado por las riquezas terrenales. Permanentemente, Fontova nos recuerda de la crueldad y el ansia de sangre y muerte del Che Guevara utilizando como fuentes sus propias declaraciones y escritos. La evidencia es elocuente. Los datos y testimonios del libro por momentos ponen la piel de gallina al lector. Sin embargo, este genocida latinoamericano sigue siendo idolatrado por miles y miles de jóvenes, intelectuales, periodistas y hasta políticos. Sentinel, Nueva York, 2007. Reseña de Hernán Alberro Buscar desenmascarar un mito es indudablemente una tarea ardua. Si encima se trata de quien adorna las remeras, brazos, colgantes, bolsos y demás accesorios de buena parte de la juventud del mundo, el desafío se hace casi imposible. Por supuesto, se trata de Ernesto “Che” Guevara, el inmortalizado mito guerrillero, a quien la prensa mundial y hasta Hollywood se han deleitado describiendo y mostrando como un joven rebelde, en permanente lucha por sus ideales. Este es el gran desafío que se propone Humberto Fontova, autor de varios libros sobre el tema y una de las víctimas de las atrocidades realizadas por el Che Guevara y sus socios cubanos, ya que a los siete años de edad tuvo que huir raudamente del país con su madre y hermano sin saber si su padre sería o no fusilado por el argentino que entonces capitaneaba las ejecuciones en la cárcel La Cabaña. Así, intentando despegarse de toda carga emocional, Fontova realiza una minuciosa investigación sobre el Che Guevara, suministrando datos bien documentados y testimonios de quienes en uno u otro momento de sus vidas compartieron un tiempo con el mítico guerrillero. Con gran sencillez y una impecable rigurosidad, Fontova comienza describiendo la llegada del Che Guevara a Nueva York para dar su famoso discurso ante la Asamblea General de la ONU en 1964. Aunque tal como documenta el autor, esto era sólo una máscara para ayudar a coordinar la voladura de la Estatua de la Libertad, atentado afortunadamente frustrado por el FBI. El libro está repleto de anécdotas y detalles no muy conocidos, no sólo del Che Guevara, sino también del régimen que Fidel Castro dominó con mano férrea durante casi cincuenta años y ahora su hermano pretende extender en una suerte de dinastía. Así también, detalla la persecución específica recibida por homosexuales por parte del gobierno cubano desde mediados de la década del 60 con las Unidades Militares de Ayuda de Producción (UMAP). Se trataba de campos de concentración y trabajo forzado para homosexuales y otros “elementos antisociales” cuyo lema era “El trabajo los hará hombres” frase que recuerda al cartel de Auschwitz “El trabajo los hará libres”. El libro no sólo se preocupa por la vida pública de Ernesto Guevara, sino que también profundiza en su vida privada para contrastar la versión que lo presenta como un despreocupado por las riquezas terrenales. De todas las propiedades confiscadas por el régimen en 1959, el Che eligió como morada la más lujosa de la isla, perteneciente al, hasta entonces, constructor más importante del país, una mansión con puerto de yates, una enorme pileta de natación, siete baños, sauna y hasta un enorme televisor con lo que en esa época era poco conocido incluso en Estados Unidos: un control remoto. En este sentido también profundiza sobre la ambición de Guevara e incluso pone en duda con documentos concretos, su supuesto título de médico. Permanentemente, Fontova nos recuerda de la crueldad y el ansia de sangre y muerte del Che Guevara utilizando como fuentes sus propias declaraciones y escritos. “Si los misiles se hubiesen quedado en Cuba los habríamos utilizado contra el mismo corazón de los Estados Unidos, incluyendo Nueva York. Nunca debemos establecer una coexistencia pacífica. ¡Debemos caminar el camino de la victoria incluso si cuesta millones de víctimas atómicas!” declararía el argentino al London Daily Worker . Fue este supuesto Jesús contemporáneo quien afirmó “un revolucionario debe convertirse en una fría máquina de matar motivada por puro odio”. Esto sumado a su famosa declaración en Montevideo en 1964: “Claro que fusilamos. Y continuaremos fusilando cuanto sea necesario”. Según estimaciones, hasta 1970, el número de fusilamientos alcanzaba los 1400 en el “paraíso tropical”. Por este motivo, Fontova dedica un capítulo a una de las aparentes pasiones del Che: los fusilamientos. De esta forma, explica cómo el argentino idolatrado entonces por la revista Times y el New York Times, se convirtió en una “efectiva y violenta máquina de matar”. Es aquí donde el libro toma su lado más doloroso y relata historias realmente dignas de una película de terror sádico. Cuenta cómo este supuesto héroe mandó a fusilar a personas ante la impotente mirada de sus padres, esposas y familiares en general, deleitándose en el acto. A tal punto llegaba su sadismo, que el argentino eligió, en La Cabaña, la oficina que mejor vista tenía al paredón donde se realizaban los fusilamientos. La evidencia es elocuente. Los datos y testimonios del libro por momentos ponen la piel de gallina al lector. Sin embargo, este genocida latinoamericano sigue siendo idolatrado por miles y miles de jóvenes, intelectuales, periodistas y hasta políticos. ¿Por qué esta idolatría si los datos son tan concretos, si se sabe que asesinó a sangre fría a tanta gente y se quedó con las ganas de acribillar a tantos más? El libro también responde esta pregunta con una anécdota en la cual el cubano americano Henry Gómez caminaba por la calle luciendo su remera casera con la frase “El Che está muerto – acéptenlo”. Justo entonces, se cruza con el guitarrista Carlos Santana quien le dice que eso no es cierto porque “el Che vive en nuestros corazones”. Por supuesto, este joven cubano le comenzó a dar datos respecto del odio y la crueldad de este personaje como así también los sufrimientos por los que han pasado los cubanos por casi medio siglo, a lo cual el roquero le contesta: “Te estás aferrando demasiado a los hechos”. Es así, no hay peor ciego que el que no quiere ver. Pero quien esté dispuesto a abrir sus ojos y aferrarse a los datos concretos, en lugar de las fábulas imaginarias de hagiógrafos del Che y adoradores del régimen castrista que prefieren vivir en Estados Unidos, aquí tienen el libro indicado. Contundente, ameno, pero a la vez crudo y fundamentalmente basado en datos concretos. Hernán Alberro es Director de Programas del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL) Esto solo es una fuente de información. El objetivo es informar no polemizar.Quiero saber si esto que encontre es una calumnia o es una verdad que nunca nadie supo o quiso contar, aunque suene contradictorio. El post es denso pero inquietante, también reconozco que esta bien marcado la postura. Es mi primer post en T!. Sepan disculpar errores de novato. [/b Esta editado, tómense el trabajo de leerlo que es interesante saber otra opinión.

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Ingresantes de Abogacía y otros, esto es para ustedes.
Apuntes Y MonografiasporAnónimo6/6/2009

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