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Usuario (Argentina)

Primer post: 29 mar 2014
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Rimas de Becquer Parte 3
Rimas de Becquer Parte 3
ArteporAnónimo3/29/2014

RIMA XVIII Fatigada del baile, Encendido el color, breve el aliento , Apoyada en mi brazo, Del salón se detuvo en un extremo. Entre la leve gasa Que levantaba el palpitante seno, Una flor se mecía En compasado y dulce movimiento. Como en cuna de nácar Que empuja el mar y que acaricia el céfiro, Tal vez allí dormía Al soplo de sus labios entreabiertos. — ¡Oh! ¿Quién así, pensaba, Dejar pudiera deslizarse el tiempo? ¡Oh, si las flores duermen, Qué dulcísimo sueño! RIMA XIX Cuando sobre el pecho inclinas La melancólica frente, Una azucena tronchada Me pareces. Porque al darte la pureza De que es símbolo celeste. Como á ella, te hizo Dios De oro y nieve. RIMA XX Sabe, si alguna vez tus labios rojos Quema invisible atmósfera abrasada, Que el alma que hablar puede con los ojos, También puede besar con la mirada. RIMA XXI Qué es poesía? dices mientras clavas En mi pupila tu pupila azul; ¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? Poesía... eres tú.

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Rimas de Becquer Parte 8
Rimas de Becquer Parte 8
ArteporAnónimo3/29/2014

RIMA XLIII Dejé la luz a un lado, y en el borde de la revuelta cama me senté, Mudo, sombrío, la pupila inmóvil clavada en la pared. ¿Qué tiempo estuve así? No sé: al dejarme la embriaguez horrible de dolor, expiraba la luz y en mis balcones reía el sol. Ni sé tampoco en tan terribles horas en qué pensaba o que pasó por mí; solo recuerdo que lloré y maldije, y que en aquella noche envejecí. RIMA XLIV Como en un libro abierto leo de tus pupilas en el fondo; ¿a qué fingir el labio risas que se desmienten con los ojos? ¡Llora! No te avergüences de confesar que me quisiste un poco. ¡Llora! Nadie nos mira! Ya ves: soy un hombre... ¡y también lloro! RIMA XLV En la clave del arco ruinoso cuyas piedras el tiempo enrojeció, obra de un cincel rudo campeaba el gótico blasón. Penacho de su yelmo de granito, la yedra que colgaba en derredor daba sombra al escudo en que una mano tenía un corazón. A contemplarle en la desierta plaza nos paramos los dos: Y, “ése, me dijo, es el cabal emblema de mi constante amor”. ¡Ay!, y es verdad lo que me dijo entonces: Verdad que el corazón lo llevará en la mano..., en cualquier parte.... pero en el pecho, no. RIMA XLVI Me ha herido recatándose en las sombras, sellando con un beso su traición. Los brazos me echó al cuello y por la espalda partióme a sangre fría el corazón. Y ella prosigue alegre su camino, feliz, risueña, impávida. ¿Y por qué? Porque no brota sangre de la herida. Porque el muerto está en pie. RIMA XI Yo soy ardiente, yo soy morena, Yo soy el símbolo de la pasión; De ansia de goces mi alma está llena. — ¿A mí me buscas? — No es á tí; no. — Mi frente es pálida; mis trenzas de oro: Puedo brindarte dichas sin fin; Yo de ternura guardo un tesoro. — ¿A mí me llamas? — No; no es á tí. — Yo soy un sueño, un imposible, Vano fantasma de niebla y luz; Soy incorpórea, soy intangible; No puedo amarte. — ¡Oh, ven; ven tú! RIMA X Los invisibles átomos del aire En derredor palpitan y se inflaman; El cielo se deshace en rayos de oro; La tierra se estremece alborozada; Oigo flotando en olas de armonía Rumor de besos y batir de alas; Mis párpados se cierran... ¿Qué sucede? — ¡Es el amor que pasa! RIMA XV Cendal flotante de leve bruma, Rizada cinta de blanca espuma, Rumor sonoro De arpa de oro, Beso del áura, onda de luz, Eso eres tú. Tú, sombra aérea que, cuantas veces Voy á tocarte, te desvaneces Como la llama, como el sonido, Como la niebla, como el gemido Del lago azul. En mar sin playas onda sonante, En el vacío cometa errante, Largo lamento Del ronco viento, Ansia perpetua de algo mejor. Eso soy yo. ¡Yo, que á tus ojos en mi agonía Los ojos vuelvo de noche y día; Yo, que incansable corro y demente Tras una sombra, tras la hija ardiente De una visión!

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Rimas de Becquer Parte 4
Rimas de Becquer Parte 4
ArteporAnónimoFecha desconocida

RIMA XXII ¿Cómo vive esa rosa que has prendido Junto á tu corazón? Nunca hasta ahora contemplé en la tierra Sobre el volcán la flor. RIMA XXIII Por una mirada, un mundo Por una sonrisa, un cielo; Por un beso... ¡yo no sé Qué te diera por un beso! RIMA XXIV Dos rojas lenguas de fuego Que, á un mismo tronco enlazadas, Se aproximan, y al besarse Forman una sola llama; Dos notas que del laúd A un tiempo la mano arranca, Y en el espacio se encuentran Y armoniosas se abrazan; Dos olas que vienen juntas A morir sobre una playa, Y que al romper se coronan Con un penacho de plata; Dos jirones de vapor Que del lago se levantan, Y al juntarse allí en el cielo Forman una nube blanca; Dos ideas que al par brotan. Dos besos que á un tiempo estallan, Dos ecos que se confunden... Eso son nuestras dos almas. RIMA XXV Cuando en la noche te envuelven Las alas de tul del sueño, Y tus tendidas pestañas Semejan arcos de ébano, Por escuchar los latidos De tu corazón inquieto, Y reclinar tu dormida Cabeza sobre mi pecho, Diera, alma mía, Cuanto poseo: La luz, el aire Y el pensamiento! Cuando se clavan tus ojos En un invisible objeto, Y tus labios ilumina De una sonrisa el reflejo; Por leer sobre tu frente El callado pensamiento Que pasa como la nube Del mar sobre el ancho espejo, Diera, alma mía, Cuanto deseo: La fama, el oro. La gloria, el genio! Cuando enmudece tu lengua, Y se apresura tu aliento, Y tus mejillas se encienden, Y entornas tus ojos negros; Por ver entre sus pestañas Brillar con húmedo fuego La ardiente chispa que brota Del volcán de los deseos, Diera, alma mía. Por cuanto espero, La fe, el espíritu, La tierra, el cielo!

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Rimas de Becquer Parte 2
Rimas de Becquer Parte 2
ArteporAnónimo3/29/2014

RIMA I Yo sé un himno gigante y extraño Que anuncia en la noche del alma una aurora, Y estas páginas son de ese himno Cadencias que el aire dilata en las sombras. Yo quisiera escribirle, del hombre Domando el rebelde, mezquino idioma, Con palabras que fuesen á un tiempo Suspiros y risas, colores y notas. Pero en vano es luchar; que no hay cifra Capaz de encerrarlo, y apenas ¡oh hermosa! Si, teniendo en mis manos las tuyas, Pudiera, al oirlo, cantártelo á solas. RIMA V Espíritu sin nombre Indefinible esencia, Yo vivo con la vida Sin formas de la idea. Yo nado en el vacío. Del sol tiemblo en la hoguera. Palpito entre las sombras Y floto con las nieblas. Yo soy el fleco de oro De la lejana estrella; Yo soy de la alta luna La luz tibia y serena. Yo soy la ardiente nube Que en el ocaso ondea; Yo soy del astro errante La luminosa estela. Yo soy nieve en las cumbres, Soy fuego en las arenas, Azul onda en los mares, Y espuma en las riberas. En el laúd soy nota. Perfume en la violeta, Fugaz llama en las tumbas, Y en las ruínas hiedra. Yo atrueno en el torrente, Y silbo en la centella, Y ciego en el relámpago, Y rujo en la tormenta. Yo río en los alcores, Susurro en la alta hierba. Suspiro en la onda pura, Y lloro en la hoja seca. Yo ondulo en los átomos Del humo que se eleva, Y al cielo lento sube En espiral inmensa. Yo, en los dorados hilos Que los insectos cuelgan. Me mezclo entre los árboles En la ardorosa siesta. Yo, corro tras las ninfas Que en la corriente fresca Del cristalino arroyo Desnudas juguetean. Yo, en bosque de corales, Que alfombran blancas perlas, Persigo en el Océano Las náyades ligeras. Yo, en las cavernas cóncavas, Do el sol nunca penetra, Mezclándome á los gnomos, Contemplo sus riquezas. Yo busco de los siglos las ya borradas huellas, Y sé de esos imperios De que ni el nombre queda. Yo sigo en raudo vértigo Los mundos que voltean, Y mi pupila abarca La creación entera. Yo sé de esas regiones A do un rumor no llega Y dónde informes astros De vida un soplo esperan. Yo soy sobre el abismo El puente que atraviesa; Yo soy la ignota escala Que el cielo une á la tierra, Yo soy el invisible Anillo que sujeta El mundo de la forma Al mundo de la idea. Yo, en fin, soy ese espíritu, Desconocida esencia. Perfume misterioso De que es vaso el poeta. RIMA XVI Si al mecer las azules campanillas De tu balcón, Crees que suspirando pasa el viento Murmurador, Sabe que, oculto entre las verdes hojas, Suspiro yo. Si al resonar confuso á tus espaldas Vago rumor, Crees que por tu nombre te ha llamado Lejana voz, Sabe que, entre las sombras que te cercan, Te llamo yo. Si se turba medroso en la alta noche Tu corazón, Al sentir en tus labios un aliento Abrasador, Sabe que, aunque invisible, al lado tuyo Respiro yo.

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Rimas de Becquer Parte 7
Rimas de Becquer Parte 7
ArteporAnónimo3/29/2014

RIMA XXXIX ¿A qué me lo decís? Lo sé: es mudable, es altanera y vana y caprichosa; antes que el sentimiento de su alma, brotará el agua de la estéril roca. Sé que en su corazón, nido de sierpes, no hay una fibra que al amor responda; que es una estatua inanimada..., pero... ¡es tan hermosa! RIMA XL Su mano entre mis manos, sus ojos en mis ojos, la amorosa cabeza apoyada en mi hombro, ¡Dios sabe cuántas veces, con paso perezoso, hemos vagado juntos bajo los altos olmos que de su casa prestan misterio y sombra al pórtico! Y ayer... un año apenas, pasando como un soplo con qué exquisita gracia con qué admirable aplomo, me dijo al presentarnos un amigo oficioso: “Creo que alguna parte he visto a usted” ¡Ah, bobos que sois de los salones comadres de buen tono, y andáis por allí a caza de galantes embrollos. ¡Qué historía habéis perdido! ¡Qué manjar tan sabroso! para ser devorado “soto voce” en un corro, detrás de abanico de plumas de oro! ¡Discreta y casta luna, copudos y altos olmos, paredes de su casa, umbrales de su pórtico, callad, y que en secreto no salga con vosotros! Callad; que por mi parte lo he vivido todo: y ella..., ella..., ¡no hay máscara semejante a su rostro! RIMA XLI Tú eras el huracán y yo la alta torre que desafía su poder: ¡tenías que estrellarte o que abatirme! ¡No pudo ser! Tú eras el océano y yo la enhiesta roca que firme aguarda su vaivén: ¡tenías que romperte o que arrancarme! ... ¡No pudo ser! Hermosa tú, yo altivo; acostumbrados el uno a arrollar, el otro a no ceder: la senda estrecha, inevitable el choque ... ¡No pudo ser! RIMA XLII Cuando me lo contaron sentí el frío de una hoja de acero en las entrañas, me apoyé contra el muro, y un instante la conciencia perdí de donde estaba. Cayó sobre mi espíritu la noche, en ira y en piedad se anegó el alma, ¡Y entonces comprendí por qué se llora! ¡Y entonces comprendí por qué se mata! Pasó la nube de dolor..., con pena logré balbucear breves palabras... ¿Quién me dio la noticia?... Un fiel amigo ¡Me hacia un gran favor!... Le di las gracias.

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Rimas de Becquer Parte 10
Rimas de Becquer Parte 10
ArteporAnónimo3/29/2014

RIMA LV Entre el discorde estruendo de la orgía acarició mi oído, como nota de lejana música, el eco de un suspiro. El eco de un suspiro que conozco, formado de un aliento que he bebido, perfume de una flor que oculta crece en un claustro sombrío. Mi adorada de un día, cariñosa, "¿en qué piensas ?", me dijo: "En nada..." "¿En nada y lloras?" "Es que tengo alegre la tristeza y triste el vino" RIMA LVI Hoy como ayer, mañana como hoy ¡y siempre igual! Un cielo gris, un horizonte eterno y andar..., andar. Moviéndose a compás como una estúpida máquina, el corazón; la torpe inteligencia del cerebro dormida en un rincón. El alma, que ambiciona un paraíso, buscándole sin fe; fatiga sin objeto, ola que rueda ignorando por qué. Voz que incesante con el mismo tono canta el mismo cantar; gota de agua monótona que cae, y cae sin cesar. Así van deslizándose los días unos de otros en pos, hoy lo mismo que ayer..., y todos ellos sin goce ni dolor. ¡Ay!, ¡a veces me acuerdo suspirando del antiguo sufrir... Amargo es el dolor; ¡pero siquiera padecer es vivir! RIMA LVII Este armazón de huesos y pellejo de pasear una cabeza loca cansado se halla al fin, y no lo extraño; pues, aunque es la verdad que no soy viejo, de la parte de vida que me toca en la vida del mundo, por mi daño he hecho un uso tal, que juraría que he condensado un siglo en cada día. Así, aunque ahora muriera, no podría decir que no he vivido; que el sayo, al parecer nuevo por fuera, conozco que por dentro ha envejecido. Ha envejecido, sí, ¡pese a mi estrella!, harto lo dice ya mi afán doliente; que hay dolor que al pasar su horrible huella graba en el corazón, si no en la frente. RIMA LVII ¿Quieres que de ese néctar delicioso no te amargue la hez? pues aspírale, acércale a tus labios y déjale después. ¿Quieres que conservemos una dulce memoria de este amor? Pues amémonos hoy mucho y mañana digámonos ¡adiós! RIMA LIX Yo sé cuál el objeto de tus suspiros es; yo conozco la causa de tu dulce secreta languidez. ¿Te ríes?... Algún día sabrás, niña, por qué: tú lo sabes apenas y yo lo sé. Yo sé cuando tu sueñas, y lo que en sueños ves; como en un libro puedo lo que callas en tu frente leer. ¿Te ríes?... Algún día sabrás, niña, por qué: tú lo sabes apenas y yo lo sé. Yo sé por qué sonríes y lloras a la vez. yo penetro en los senos misteriosos de tu alma de mujer. ¿Te ríes?... Algún día sabrás, niña, por qué: mientras tu sientes mucho y nada sabes, yo que no siento ya, todo lo sé. RIMA LX Mi vida es un erial, flor que toco se deshoja; que en mi camino fatal alguien va sembrando el mal para que yo lo recoja. RIMA LXI Al ver mis horas de fiebre e insomnio lentas pasar, a la orilla de mi lecho, ¿quién se sentará? Cuando la trémula mano tienda próximo a expirar buscando una mano amiga, ¿quién la estrechará? Cuando la muerte vidríe de mis ojos el cristal, mis párpados aún abiertos, ¿quién los cerrará? Cuando la campana suene (si suena en mi funeral), una oración al oírla, ¿quién murmurará? Cuando mis pálidos restos oprima la tierra ya, sobre la olvidada fosa. ¿quién vendar a llorar? ¿Quién en fin al otro día, cuando el sol vuelva a brillar, de que pasé por el mundo, ¿quién se acordará?

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Rimas de Becquer Parte 6
ArteporAnónimo3/29/2014

RIMA XXXIII Es cuestión de palabras, y, no obstante, ni tú ni yo jamás, después de lo pasado, convendremos en quién la culpa está. ¡Lástima que el amor un diccionario no tenga dónde hallar cuándo el orgullo es simplemente orgullo y cuándo es dignidad! RIMA XXXIV Cruza callada y son sus movimientos silenciosa armonía; suenan sus pasos, y al sonar recuerdan del himno alado la cadencia rítmica. Los entreabre, aquellos ojos tan claros como el día, y la tierra y el cielo, cuando abarcan, arden con nueva luz en sus pupilas. Ríe, y su carcajada tiene notas del agua fugitiva; llora, y es cada lágrima un poema de ternura infinita. Ella tiene la luz, tiene el perfume, el color y la línea, la forma, engendradora de deseos, la expresión, fuente eterna de poesía. ¿Que es estúpida?... ¡Bah!, mientras, callando guarde obscuro el enigma, siempre valdrá, a mi ver, lo que ella calla más que lo que cualquiera otra me lo diga. RIMA XXXV No me admiró tu olvido! Aunque de un día, me admiró tu cariño mucho más; porque lo que hay en mí que vale algo eso... ¡ni lo pudiste sospechar!. RIMA XXXVI Si de nuestros agravios en un libro se escribiese la historia, y se borrase en nuestras almas cuanto se borrase en sus hojas; te quiero tanto aún; dejó en mi pecho tu amor huellas tan hondas, que sólo con que tú borrases una, ¡las borraba yo todas! RIMA XXXVII Antes que tú me moriré: escondido en las entrañas ya el hierro llevo con que abrió tu mano la ancha herida mortal. Antes que tú me moriré: y mi espíritu, en su empeño tenaz, sentándose a las puertas de la muerte, allí te esperará. Con las horas los días, con los días los años volarán, y a aquella puerta llamarás al cabo... ¿Quién deja de llamar? Entonces que tu culpa y tus despojos la tierra guardará, lavándote en las ondas de la muerte como en otro Jordán. Allí, donde el murmullo de la vida temblando a morir va, como la ola que a la playa viene silenciosa a expirar. Allí donde el sepulcro que se cierra abre una eternidad... ¡Todo lo que los dos hemos callado lo tenemos que hablar!

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Rimas de Becquer
Rimas de Becquer
ArteporAnónimo3/29/2014

RIMA XXXVIII Los suspiros son aire y van al aire. Las lágrimas son agua y van al mar. Dime, mujer, cuando el amor se olvida, ¿sabes tú adónde va? RIMA XXX Asomaba a sus ojos una lágrima y a mi labio una frase de perdón; habló el orgullo y se enjugó su llanto, y la frase en mis labios expiró. Yo voy por un camino; ella, por otro; pero, al pensar en nuestro mutuo amor, yo digo aún: —¿Por qué callé aquel día? Y ella dirá: —¿Por qué no lloré yo? RIMA LXXIII Cerraron sus ojos que aún tenía abiertos, taparon su cara con un blanco lienzo, y unos sollozando, otros en silencio, de la triste alcoba todos se salieron. La luz que en un vaso ardía en el suelo, al muro arrojaba la sombra del lecho; y entre aquella sombra veíase a intérvalos dibujarse rígida la forma del cuerpo. Despertaba el día, y, a su albor primero, con sus mil rüidos despertaba el pueblo. Ante aquel contraste de vida y misterio, de luz y tinieblas, yo pensé un momento: —¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos! * De la casa, en hombros, lleváronla al templo y en una capilla dejaron el féretro. Allí rodearon sus pálidos restos de amarillas velas y de paños negros. Al dar de las Ánimas el toque postrero, acabó una vieja sus últimos rezos, cruzó la ancha nave, las puertas gimieron, y el santo recinto quedóse desierto. De un reloj se oía compasado el péndulo, y de algunos cirios el chisporroteo. Tan medroso y triste, tan oscuro y yerto todo se encontraba que pensé un momento: ¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos! * De la alta campana la lengua de hierro le dio volteando su adiós lastimero. El luto en las ropas, amigos y deudos cruzaron en fila formando el cortejo. Del último asilo, oscuro y estrecho, abrió la piqueta el nicho a un extremo. Allí la acostaron, tapiáronle luego, y con un saludo despidióse el duelo. La piqueta al hombro el sepulturero, cantando entre dientes, se perdió a lo lejos. La noche se entraba, el sol se había puesto: perdido en las sombras yo pensé un momento: ¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos! * En las largas noches del helado invierno, cuando las maderas crujir hace el viento y azota los vidrios el fuerte aguacero, de la pobre niña a veces me acuerdo. Allí cae la lluvia con un son eterno; allí la combate el soplo del cierzo. Del húmedo muro tendida en el hueco, ¡acaso de frío se hielan sus huesos...! * ¿Vuelve el polvo al polvo? ¿Vuela el alma al cielo? ¿Todo es sin espíritu, podredumbre y cieno? No sé; pero hay algo que explicar no puedo, algo que repugna aunque es fuerza hacerlo, el dejar tan tristes, tan solos los muertos.

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Rimas de Becquer Parte 9
Rimas de Becquer Parte 9
ArteporAnónimo3/29/2014

RIMA XLVII Yo me he asomado a las profundas simas de la tierra y del cielo y les he visto el fin con los ojos o con el pensamiento. Mas, ¡ay! de un corazón llegué al abismo, y me incliné por verlo, y mi alma y mis ojos se turbaron: ¡tan hondo era y tan negro! RIMA XLVIII Como se arranca el hierro de una herida su amor de las entrañas me arranqué, aunque sentí al hacerlo que la vida me arrancaba con él. Del altar que le alcé en el alma mía la voluntad su imagen arrojó, y la luz de la fe que en ella ardía ante el ara desierta se apagó. Aún turbando en la noche el firme empeño viene en la idea su visión tenaz... ¡Cuándo podré dormir con ese sueño En que acaba el soñar! RIMA XLIX Alguna vez la encuentro por el mundo, y pasa junto a mí; y pasa sonriéndose, y yo digo: "¿Cómo puede reír?" Luego asoma a mi labio otra sonrisa, máscara del dolor, y entonces pienso: "¡Acaso ella se ríe, como me río yo!" RIMA L Lo que el salvaje que con torpe mano hace de un tronco a su capricho un dios, y luego ante su obra se arrodilla, eso hicimos tú y yo. Dimos formas reales a un fantasma, de la mente ridícula invención, y hecho el ídolo ya, sacrificamos en su altar nuestro amor. RIMA LI De lo poco de vida que me resta diera con gusto los mejores años, por saber lo que a otros de mí has hablado. Y esta vida mortal... y de la eterna lo que me toque, si me toca algo, por saber lo que a solas de mí has pensado. RIMA LII Olas gigantes que os rompéis bramando en las playas desiertas y remotas, envuelto entre la sábana de espumas, ¡llevadme con vosotras! Ráfagas de huracán que arrebatáis del alto bosque las marchitas hojas, arrastrado en el ciego torbellino, ¡llevadme con vosotras! Nubes de tempestad que rompe el rayo y en fuego encienden las sangrientas orlas, arrebatado entre la niebla oscura, ¡llevadme con vosotras! Llevadme por piedad a donde el vértigo con la razón me arranque la memoria. ¡Por piedad!, ¡tengo miedo de quedarme con mi dolor a solas! RIMA LIII Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales jugando llamarán. Pero aquellas que el vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha a contemplar, aquellas que aprendieron nuestros nombres, ésas... ¡no volverán! Volverán las tupidas madreselvas de tu jardín las tapias a escalar y otra vez a la tarde aún más hermosas sus flores se abrirán. Pero aquellas cuajadas de rocío cuyas gotas mirábamos temblar y caer como lágrimas del día.... ésas... ¡no volverán! Volverán del amor en tus oídos las palabras ardientes a sonar, tu corazón de su profundo sueño tal vez despertará. Pero mudo y absorto y de rodillas, como se adora a Dios ante su altar, como yo te he querido..., desengáñate, ¡así no te querrán! RIMA LIV Cuando volvemos las fugaces horas del pasado a evocar, temblando brilla en sus pestañas negras una lágrima pronta a resbalar. Y al fin resbala y cae como gota del rocío al pensar que cual hoy por ayer, por hoy mañana volveremos los dos a suspirar.

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