CarlosRomeroCruz
Usuario (Honduras)
29 May 2015 / 05:13 PM Lee las frases y reconoce alguna que te haya dicho tu maestro. Redacción.Durante la primaria y secundaria se guardan momentos inolvidables. Los maestros, esas personas nobles que se dedican a enseñar a los demás también forman parte de los buenos recuerdos. Tal vez te llamaron la atención en más de una ocasión, pero debes saber que todo fue para enseñarte a ser una mejor persona.A continuación te presentamos 10 frases típicas de los profesores: 1. "¿Está bueno el chiste? ¿Por qué no se lo cuenta a todo el salón para que todos se rían?". 2. "No pueden pedir permiso para ir al baño a cada rato, tienen que aprender a controlar su cuerpo". 3. "De aquí nadie se va hasta que aparezcan los materiales del compañero". 4. "Fulano y compañía se puede callar". 5. "¿Terminaron? ¿puedo borrar el pizarrón?". 6. "Ese grupito de atrás, pueden guardar silencio que no me dejan dar la clase". 7. "El que no entendió que levante la mano, que no tenga pena, yo le vuelvo a explicar". 8. "Suena el timbre. ¿Por qué se levantan, yo no he terminado de dar la clase?". 9. "¿Saben el sacrifico que hacen sus padres para que estudien en esta escuela?". 10. "Bueno saquen lápiz y una hoja de papel, guarden su mochila debajo del asiento, vamos a prueba sorpresa".Seguramente escuchaste alguna de estas frases en tu escuela o colegio. Si tienes otras frases clásicas de los profesores compártelas con nosotros.
Habilidad 1: Comunicación: Fernando invitó a su madre a cenar a su mamá a su departamento de soltero. Durante la cena la madre no pudo por menos que reparar en lo hermosa que era Lorena, la compañera de departamento de su hijo. Sospechaba que Fernando tenía una relación con Lourdes. En el transcurso de la velada, mientras veía el modo en que los dos se comportaban, se preguntó si estarían acostándose. Leyendo el pensamiento de su madre, Fernando le dijo: – “Mama sé lo que estás pensando, pero te aseguro que Lorena y yo sólo somos compañeros de departamento”. Aproximadamente una semana después, Lorena le comentó a Fernando que desde el día en que su madre vino a cenar, no encontraba el cucharón grande de plata para servir la sopa. Fernando dijo que dudaba que se lo hubiese llevado pero que le escribiría una carta. – “Querida mama: No estoy diciendo que vos te llevaras el cucharón de plata de servir sopa, pero el hecho es que ha desaparecido desde que viniste a cenar a casa”. Unos días mas tarde, Fernando recibió una carta de su madre que decía: – “Querido hijo: No estoy diciéndo que te acuestes con Lorena, pero el hecho es que si ella durmiera en su propia cama, ya habría encontrado el cucharón de plata para servir sopa. Con todo cariño, mama” Habilidad 2: Networking El dueño de una empresa invitó a sus trabajadores a una comida de fraternidad. Cuando llegaron los postres se levantó para pronunciar un discurso. Durante el mismo contó un chiste que, al ser oído, provocó grandes carcajadas en todos los trabajadores, menos en uno. El empresario le preguntó, sorprendido por su inhabitual seriedad: – ¿Es que a usted no le ha hecho gracia?– A mí me ha hecho la misma gracia que a todos los demás, – contestó el perspicaz empleado-, pero lo que pasa es que me jubilo mañana. Habilidad 3: Prejuicio Una pareja va de vacaciones a un centro turístico de pesca, Mientras él se echa una siesta, ella decide subir el bote e irse al lago a leer. Pero, cuando ella está tomando el sol, se acerca un policía local en otro bote y le dice: – Aquí no se puede pescar, señora. Voy a tener que detenerla. – Pero, señor – se queja la mujer- si no estoy pescando. El policía insiste: – Señora, lleva usted todo el equipo necesario para la pesca. Debo llevármela. La mujer dice: – Si lo hace, voy a tener que denunciarle por violación. – Pero, ¡si no la he tocado! – Ya lo se –dice ella-. Pero tiene usted todo el equipo necesario para hacerlo.

Coleccionar historietas requiere las mismas cualidades que tener un negocio propio exige a una persona. Empecé a coleccionar comics cuando era un niño creciendo en la granja de mi familia. La fantasía y el escapismo de las historietas me llenaban la cabeza pueblerina con ideas de aventuras en las grandes ciudades. Una vez que compré la primera tira cómica, nunca me detuve. Hoy, mi colección abarca unos 21 mil cómics que engloban 45 años de aventuras de los personajes más populares, Batman y Superman incluidos, por supuesto, y algunas historias menos conocidas que surgieron en los años previos a la Segunda Guerra Mundial. Lo creas o no, mi amor por los cómics es más que lectura de diversión y escape de mi infancia en el campo. Con los años, la disciplina que tuve que usar para amasar mi colección me ha dejado importantes lecciones de negocios y me ha ayudado inmensamente en mi vida profesional. 1. Ama lo que haces… aun cuando otros no lo hagan Apegarte a algo suele dar resultados. He tenido la suerte de disfrutar de las historietas durante la mayor parte de mi vida y te puedo decir que las tramas actuales son mucho más sofisticadas que cuando era niño. Esto te lo puedo decir porque con el tiempo se genera una mejor apreciación de las cosas. En los negocios esto generalmente significa aferrarte a una idea que amas – aun cuando otros no comparten tu visión- y comprometerte hasta encontrar quien crea en tu idea. 2. Evoluciona Cuando yo era niño los cómics eran sólo eso, cómics. Hoy películas, libros, series de televisión, páginas web y, en general, el entretenimiento popular están plagados de superhéroes coloridos. Esto puede reflejarse en el mundo profesional y empresarial, donde hacer lo mismo por mucho tiempo puede llevar al estancamiento. La industria del cómic ha tenido un par de experiencias cercanas a la muerte, pero ha resistido y evolucionado hacia nuevos formatos que atraen a nuevas audiencias. Evolucionar quiere decir sobrevivir, tanto para las personas como para los negocios. 3. El equipo siempre importa Me encantan las historias de superhéroes individuales, pero adoro las tramas sobre equipos como la Liga de la Justicia y los Teen Titans. En las historietas, la competencia entre individuos saca lo mejor de todas las partes de un equipo y esto también es real para las compañías. Contrata y construye un equipo en el que confíes para que luche por tu negocio. 4. Mantente organizado y hazlo de manera digital Si yo no fuera una persona organizada jamás sabría en dónde tengo guardado un título cuando quisiera leerlo, podría comprar copias duplicadas o hasta perdería mi tiempo buscando un cómic que tal vez ya tengo. Mi iPhone escanea el código de barras de cada nueva historieta y la agrega a mi base de datos, de esta manera la información de mi colección siempre está al alcance de la mano. Todos tenemos maneras diferentes de organizarnos, sin embargo es necesario recordar cuáles son las necesidades del cliente: quieren ser capaces de acceder a la información que buscan en cualquier y desde diversos dispositivos. Aunque cueste entenderlo, hoy lo más importante es tener presencia en los dispositivos móviles ya que los smartphones son cada vez una parte más integral en la relación de las personas con las marcas. Deber pensar siempre: los dispositivos móviles son primero. 5. La atención hace la diferencia Mi amor por los cómics es parte fundamental de quien soy. Esto significa que jamás hubiera podido hacer una colección tan grande sin un poco de esfuerzo, trabajo y concentración para formarla. De manera similar, en mi compañía, tratamos de mantener esa concentración en nuestras habilidades y nichos de mercado. Enfocarse en hacer una cosa bien da más resultados que querer sobresalir en diferentes aspectos. La disciplina, paciencia y el sentido del humor son cualidades que los cómics me ayudaron a desarrollar y que me ayudan en la vida profesional. Si puedes seguir tu pasión, cualquiera que esta sea, con vigor y concentración, seguro encontrarás el éxito. Chuck Cordray fuente: Soy Entrepreneur

Un hombre italiano insultó a un cliente insatisfecho y éste se convirtió en su rival de negocios. Por SoyEntrepreneur29-04-2015 El mundo de los negocios está lleno de historias interesantes y una de ellas es la crónica de dos marcas italianas que lucharon por tener los mejores automóviles deportivos: Ferrari y Lamborghini. El toro y el caballo, ambas marcas sinónimo de riqueza y velocidad, han sido rivales desde que dos hombres de la región italiana Emilia-Romagna tuvieron un enfrentamiento. Ferruccio Lamborghini era el joven hijo de una familia de granjeros de uvas que siempre tuvo una inclinación por la mecánica. Luego de servir en la Real Fuerza Aérea italiana en la Segunda Guerra Mundial, aprovechó el ambiente de la post guerra para transformar camiones y otras máquinas bélicas en tractores para granjas. Su inventiva le generó tanta riqueza que pudo comprar automóviles de lujo como Alfa Romeos, Lancias, Maseratis, Mercedes-Benz y en 1958 su primer Ferrari, un 250GT. Ferruccio amaba su auto y pronto aumentó su colección e incluso trató de participar en carreras profesionales. Sin embargo, como tenía buen ojo para la mecánica, pronto notó algunos detalles de su auto que podrían mejorar. Decía que los automóviles Ferrari eran demasiado ruidosos y toscos para maniobrar en el camino. Del otro lado de la historia tenemos a Enzo Ferrari, un hombre que después de la Primera Guerra Mundial trató de conseguir, sin éxito, trabajo en la firma automotriz Fiat. Un día compró un Alfa Romeo usado que modificó para competir en carreras profesionales. Años después, el hombre abriría la Scuderia Ferrari. Sin embargo durante la guerra con los Aliados, Ferrari se vio obligado a trabajar con el gobierno fascista de Benito Mussolini. Tiempo después, sus autos serían de los más reconocidos en los circuitos de carrera profesional de Italia. Enzo Ferrari y Ferruccio Lamborghini Fue en esa época en que uno de los Ferrari de Ferruccio Lamborghini se descompuso. Al tratar de arreglar el auto, el granjero notó que el clutch era el mismo que utilizaba para sus tractores. Impresionado, Lamborghini fue directamente con Enzo Ferrari para pedirle que mejorara la pieza para que fuera más resistente. Ferrari se ofendió y le respondió diciendo que no era más que un constructor de tractores “que no sabía nada de autos deportivos”. Lamborghini se sintió humillado y decidió transformar su afición en una herramienta para demostrarle a Ferrari que se equivocaba. Desde entonces surgió una fuerte rivalidad entre ambos hombres ya que el constructor de tractores prometió que construiría el mejor automóvil deportivo del mundo. De inmediato instaló una fábrica en Sant’Agata Bolognese y tan sólo cuatro meses después de la confrontación con Ferrari, develó el Lamborghini 350 GTV en el Motor Show de Turín de 1963. Para finales de 1964, Lamborghini había vendido sus primeros 13 autos. Desde entonces, ambas compañías lucharon por destacarse en el mercado. En 1966, Lamborghini presentó el Miura, un modelo que implementaba el motor central V12 que en un principio fue despreciado por Ferrari. No obstante, se vio obligado a implementarlo cuando las demás marcas deportivas empezaron a obtener resultados positivos en las carreras. Por otro lado, Lamborghini jamás pudo superar la huella dejada en las competencias por Ferrari ya que desde un principio Ferrucio destacó que las carreras no le eran rentables y que prefería “competir en la calle”. Hoy en día la rivalidad parece haberse diluido. La marca Ferrari pertenece a FIAT y Lamborghini a Audi, pero sin duda la historia de estos dos italianos deja buenas lecciones sobre el trato que se les debe dar a los clientes insatisfechos. Nunca sabes quién puede convertirse en tu competencia.

Una persona dominada por el enfado está como obcecada y ebria por el furor Por: Alfonso Aguiló Pastrana | Fuente: Catholic.net Cuando alguien recibe un agravio, o algo que le parece un agravio, si es persona poco capaz de controlarse, es fácil que eso le parezca cada más ofensivo, porque su memoria y su imaginación avivan dentro de él un gran fuego gracias a que da vueltas y más vueltas a lo que ha sucedido. La pasión de la ira tiene una enorme fuerza destructora. La ira es causa de muchas tragedias irreparables. Son muchas las personas que por un instante de cólera han arruinado un proyecto, una amistad, una familia. Por eso conviene que antes de que el incendio tome cuerpo, extingamos las brasas de la irritación sin dar tiempo a que se propague el fuego. La ira es como un animal impetuoso que hemos de tener bien asido de las bridas. Si cada uno recordamos alguna ocasión en que, sintiendo un impulso de cólera, nos hayamos refrenado, y otro momento en que nos hayamos dejado arrastrar por ella, comparando ambos episodios podremos fácilmente sacar conclusiones interesantes. Basta pensar en cómo nos hemos sentido después de haber dominado la ira y cómo nos hemos sentido si nos ha dominado ella. Cuando sucede esto último, experimentamos enseguida pesadumbre y vergüenza, aunque nadie nos dirija ningún reproche. Basta contemplar serenamente en otros un arrebato de ira para captar un poco de la torpeza que supone. Una persona dominada por el enfado está como obcecada y ebria por el furor. Cuando la ira se revuelve y se agita a un hombre, es difícil que sus actos estén previamente orientados por la razón. Y cuando esa persona vuelve en sí, se atormenta de nuevo recordando lo que hizo, el daño que produjo, el espectáculo que dio. Piensa en quiénes estuvieron presentes, en esas personas en cuya presencia entonces quizá no reparaba, pero que ahora le inquieta recordar. Y tanto si eran gente amiga o menos amiga, se siente ante ellos profundamente avergonzado. La ira suele tener como desencadenante una frustración provocada por el bloqueo de deseos o expectativas, que son defraudados por la acción de otra persona, cuya actitud percibimos como agresiva. Es cierto que podemos irritarnos por cualquier cosa, pero la verdadera ira se siente ante acciones en las que apreciamos una hostilidad voluntaria de otra persona. Como ha señalado José Antonio Marina, el estado físico y afectivo en que nos encontremos influye en esto de forma importante. Es bien conocido cómo el alcohol predispone a la furia, igual que el cansancio, o cualquier tipo de excitación. También los ruidos fuertes o continuos, la prisa, las situaciones muy repetitivas, pueden producir enfado, ira o furia. En casos de furia por acumulación de diversos sumandos, uno puede estar furioso y no saber bien por qué. ¿Y por qué unas personas son tan sociables, y ríen y bromean, y otras son malhumoradas, hurañas y tristes; y unas son irritables, violentas e iracundas, mientras que otras son indolentes, irresolutas y apocadas? Sin duda hay razones biológicas, pero que han sido completadas, aumentadas o amortiguadas por la educación y el aprendizaje personal: también la ira o la calma se aprenden. Muchas personas mantienen una conducta o una actitud agresiva porque les parece encontrar en ella una fuente de orgullo personal. En las culturas agresivas, los individuos suelen estar orgullosos de sus estallidos de violencia, pues piensan que les proporcionan autoridad y reconocimiento. Es una lástima que en algunos ambientes se valoren tanto esos modelos agresivos, que confunden la capacidad para superar obstáculos con la absurda necesidad de maltratar a los demás. Las conductas agresivas se aprenden a veces por recompensa. Lamentablemente, en muchos casos sucede que las conductas agresivas resultan premiadas. Por ejemplo, un niño advierte enseguida si llorar, patalear o enfadarse son medios eficaces para conseguir lo que se propone; y si eso se repite de modo habitual, es indudable que para esa chica o ese chico será realmente difícil el aprendizaje del dominio de la ira, y que, educándole así, se le hace un daño grande.
Tercer capítulo del libro “Las Sectas frente a la Biblia” Trinidad NOTA SOBRE LAS VERSIONES DEL TEXTO SAGRADO: A lo largo de la obra he utilizado con preferencia mi propia traducción directa del griego para el Nuevo Testamento, y del hebreo y arameo para el Antiguo. En el primer caso me he valido del Greek-English New Testament, de Nestlé y Aland, Editio XXVI, Stuttgart 1981, y en el segundo de la Biblia Hebraica Stuttgartensia, Editio Minor, Stuttgart 1984. Cito también de las versiones prestigiosas de la Biblia comunes en el mundo de habla hispana y de las propias ediciones de las sectas. Las siglas siguientes son las utilizadas en relación con las diversas traducciones de la Biblia: VNM: Versión del Nuevo Mundo o Biblia de los Testigos de Jehová; EP: La Santa Biblia, de Ediciones Paulinas; BJ: Biblia de Jerusalén; NC: Nácar Colunga;VP: Versión Popular; VM: Versión Moderna; NBE: Nueva Biblia Española; RV: Reina-Valera. Cuando no se indica referencia, la traducción es mía. El que haya seguido pacientemente los dos capítulos anteriores sobre la divinidad de Cristo y la divinidad del Espíritu Santo, cuya lectura supongo en el presente capítulo) seguramente habrá llegado a la conclusión de que la Trinidad es una enseñanza plenamente bíblica, además de capital para la comprensión del cristianismo. Católicos, protestantes y ortodoxos, aun separados por cuestiones teológicas de no escaso relieve, coinciden en la aceptación de la misma como verdad revelada y esencial de la fe cristiana, lo que resulta lógico. Desearía, no obstante, y aunque sea brevemente, hacer algunas referencias a esta doctrina, no ya en los aspectos parciales de la divinidad plena del Hijo y del Espíritu Santo, sino en los de la vinculación de las tres personas en el texto bíblico. A esta cuestión, aunque sea someramente, dedicaremos las páginas siguientes. l. La prefiguración de la doctrina de la Trinidad en el AT Resulta evidente que la manifestación plena de la doctrina de la Trinidad se encuentra en el Nuevo Testamento. No obstante, el Antiguo parece contener algunas prefiguraciones de la pluralidad de personas dentro de la divinidad que fueron señaladas por los primeros cristianos y que constituyeron un auténtico quebradero de cabeza para sus oponentes judíos. Veamos alguno de estos textos: "Y Dios pasó a decir: Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza... Y Dios procedió a crear al hombre a su imagen, a la imagen de Dios lo creó" (Gén 1,26-27) (VNM). "Y Jehová Dios pasó a decir: Mira que el hombre ha llegado a ser como uno de nosotros al conocer lo bueno y lo malo" (Gén 3,22). "Y Jehová procedió a bajar para ver la ciudad y la torre que los hijos de los hombres habían edificado. A continuación dijo Jehová: Mira, son un solo pueblo y hay un solo lenguaje para todos ellos, y esto es lo que comienzan a hacer. Pues ahora no hay nada que tengan pensado hacer que no les sea posible lograr. Vamos. Bajemos y confundamos allí su lenguaje para que no escuche el uno el lenguaje del otro. Por consiguiente, Jehová los esparció desde allí sobre toda la superficie de la tierra, y poco a poco dejaron de edificar la ciudad" (Gén 11,5-9) (VNM). "Y empecé a oír la voz de Jehová que decía: ¿A quién enviaremos y quién irá por nosotros? Y yo procedí a decir: Aquí estoy yo. Envíame a mí" (Is 6,8) (VNM). Todos estos pasajes fueron interpretados por los primeros cristianos como prueba irrefutable de que el Antiguo Testamento ya hacía referencia a la pluralidad de personas que hay en Dios. Prueba de que fue así es que el Talmud y otros escritos teológicos judíos registran la manera en que los rabinos judíos intentaron desvirtuar su contenido para así negar la posibilidad de que Dios fuera una Trinidad. Así, por ejemplo, leemos en Gen. R., VIII, 9: "R. Simlai dijo: En todo lugar donde encontréis un texto que es utilizado por los minim [Uno de los nombres despectivos con que se califica a los cristianos (y otros herejes) en la literatura judía. El decreto contra los minim, anterior, en nuestra opinión, al año 70 d.C., implicó la excomunión generalizada de todos los judeo- cristianos que aún seguían conectados con el judaísmo.] en apoyo de sus opiniones, encontrarais la refutación al lado. Volvieron y le preguntaron: ¿Qué pasa con lo que está escrito: Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza? Él contestó: Leed lo que sigue; no se dice: Y dioses creó al hombre a su imagen, sino Dios creó al hombre a su propia imagen. Cuando se hubieron marchado, sus discípulos le dijeron: Te los has quitado de encima con una tontería; ¿qué respuesta nos darás a nosotros? Él les dijo: En el pasado Adán fue creado del polvo de la tierra, y Eva fue creada de Adán. Por eso es a nuestra imagen, según nuestra semejanza; queriendo dar a entender que el hombre no puede llegar a existir sin la mujer, ni la mujer sin el hombre, ni ninguno de ellos sin la Shejinah". El texto es sumamente revelador por varias razones. La primera, porque se alude al hecho de que los primeros cristianos (y al tratarse aquí de cristianos judíos debe ser una época muy temprana) creían en la Trinidad y trataban de demostrársela a los judíos apelando a textos del Antiguo Testamento como los que yo he señalado arriba. La segunda, porque queda claro que el mismo judaísmo rabínico no sabía muy bien cómo refutar a los cristianos primitivos y tenía que recurrir para ello a respuestas alambicadas. La tercera, porque pone de manifiesto que la única manera de negar la Trinidad consiste en forjar una caricatura de ella que la equipare con el politeísmo (lo que no es), exponiéndola al ridículo. Tal ha sido hasta ahora la táctica del rabinismo talmúdico, del racionalismo y del islamismo. En ninguno de los tres casos parece, sin embargo, que llegue a entenderse lo que implica este dogma. Otra muestra de hasta qué grado debió impresionar al judaísmo rabínico la creencia trinitaria de los primeros cristianos la tenemos en la afirmación, contenida en los Principios de Fe del judaísmo, de que Dios es una unidad (clara contraposición a Trinidad). Debe notarse, sin embargo, que la palabra que se usa en los Principios de Fe en hebreo para decir "unidad" es yajid. Esto implica un cambio sustancial sobre el término hebreo que se utiliza al decir que Dios es uno en, por ejemplo, Dt 6,4. Allí el término empleado es ejad. ¿A qué se debe este cambio? A nuestro juicio, la idea es clara: ejad aparece en el Antiguo Testamento en multitud de ocasiones como "uno"; pero no "uno simple", sino "uno formado por varios". Citemos algunos ejemplos: "Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, y tiene que adherirse a su esposa, y tienen que llegar a ser una sola carne" (Gén 2,24) (VNM). "Ahora bien, toda la tierra continuaba siendo de un solo lenguaje y de un solo conjunto de palabras" (Gén 11,1) (VNM). "Son un solo pueblo y hay un solo lenguaje para todos ellos" (Gén 11,6) (VNM). "Y haz que se acerque el uno al otro hasta formar un solo palo para ti, y realmente llegarán a ser uno solo en tu mano" (Ez 37,17). En todos los casos precedentes la palabra hebrea que aparece es ejad, pero conserva la idea de "uno formado por varios": un matrimonio formado por un hombre y una mujer, una lengua que hablan varios, un solo pueblo formado por todos los hombres, etc. El judaísmo poscristiano no podía negar que había referencias en el Antiguo Testamento susceptibles de servir de argumento en favor de la Trinidad (igual que de apoyar la idea de que el mesías sería un siervo sufriente) y fue reinterpretando los pasajes para evitar su utilización apologética por los cristianos primitivos. No obstante, como vimos arriba, esa reinterpretación distó mucho de ser sólida. Así, por citar sólo un ejemplo, el mismo término "Dios" en hebreo es Elohim, que significa literalmente "dioses"; y, aunque generalmente lleva el verbo en singular, en repetidas ocasiones éste va también en plural; v.gr.: Gén 20,13; 35,7, etc. No sólo eso; también en repetidas ocasiones el adjetivo calificativo que acompaña a Elohim, aunque se traduzca como singular, es plural; v.gr.: Dt 4,7, Jos 24,19, etc. No es de extrañar por ello que brotes seculares de esta consciencia hayan aparecido, acá y allá, en la literatura judía de todos los tiempos como vestigios de la época en que, no habiendo aún aparecido el cristianismo, no había por qué oponerse ferozmente a la idea de la divinidad del mesías o del Dios plural. Quisiera concluir este apartado con una cita al respecto tomada del Zohar, uno de los clásicos de la literatura de espiritualidad judía: "Escucha, oh Israel: Yahveh nuestro Dios, Yahveh es uno. ¿Por qué hay necesidad de mencionar el nombre de Dios en este versículo? El primer Jehová es el Padre de arriba. El segundo es la descendencia de Jesé, el mesías que vendrá de la familia de Jesé pasando por David. Y el tercero es el Camino que está debajo (es decir, el Espíritu Santo, que nos muestra el camino), y estos tres son uno". Difícilmente un autor trinitaria lo hubiera podido expresar mejor. 2. Las referencias trinitarias en el NT Trinidad Por todo lo que hemos visto en las páginas precedentes no debería resultarnos chocante que el Nuevo Testamento una de manera repetida al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Tal conducta sería ilógica de no creer sus autores en la Trinidad, porque, ¿cuál sería la razón para justificar la presentación conjunta del Dios omnipotente, un mini-dios y una fuerza sin personalidad? No vamos a tratar este tema de manera exhaustiva, pero sí podemos ver algunos ejemplos antes de concluir este capítulo: Los primeros cristianos utilizaban fórmulas trinitarias. "La bondad inmerecida del Señor Jesucristo y el amor de Dios y la participación en el Espíritu Santo estén con todos ustedes" (2Cor 13,13) (en la VNM aparece numerado por razones desconocidas como versículo 14). "Pero ustedes han sido lavados, pero ustedes han sido santificados, pero ustedes han sido declarados justos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo y con el espíritu de nuestro Dios" (1Cor 6,11) (VNM). "Un cuerpo hay y un espíritu, así como ustedes fueron llamados en una sola esperanza a la cual fueron llamados; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, que es sobre todos y por todos y en todos" (Ef 4,4-6) (VNM). Aquellos primeros cristianos no se sentían avergonzados de concluir sus cartas, como la Segunda a los Corintios, con una triple invocación en la que se unían el Padre, el Hijo y el Espíritu; tampoco les avergonzaba recordar que toda la labor de salvación en su vida era fruto del Padre, del Hijo y del Espíritu, y sentían un especial orgullo al poder decir que en su vida estaba presente un solo Señor, un solo Espíritu y un solo Padre. Ésa era su experiencia vital y su fe, y jamás se les hubiera podido pasar por la cabeza que el Espíritu que movía a la Iglesia era una simple fuerza activa sin personalidad, y que el Hijo no era sino un dios, un arcángel encarnado. Los primeros cristianos creían que los carismas entregados a la Iglesia procedían de la Trinidad. No era sólo el testimonio de los apóstoles lo que movía a los primeros cristianos a confirmarse en aquella fe trinitaria, sino también la propia experiencia cotidiana de vida eclesial. Existía en ellos la absoluta convicción de que su vida de fe edificada por los carismas divinos era alimentada por las tres personas de la Trinidad: "Ahora bien, hay variedades de dones, pero hay el mismo Espíritu, y hay variedades de ministerios, y sin embargo hay el mismo Señor, y hay variedades de operaciones, y sin embargo es el mismo Dios quien ejecuta todas las operaciones en todos" (1Cor 12,4-6). El bautismo en el nombre de la Trinidad. A fin de cuentas, todo lo que hemos visto con anterioridad no tenía nada de extraño para los primeros cristianos. En la enseñanza de los apóstoles se había transmitido la orden dada por el propio Jesús en el sentido de que el sacramento de entrada en la comunión de los creyentes, el bautismo, se celebrara en el nombre común del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo: "Vayan, por lo tanto, y hagan discípulos de gente de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del espíritu santo" (Mt 28,19) (VNM). Fíjese bien el lector que Jesús no atribuyó nombres distintos a cada una de las tres personas de la Trinidad, sino que enseñó la existencia de un nombre común a los tres. Pero ¿es siquiera verosímil que Dios iba a tener un nombre común con un arcángel y una fuerza que ni siquiera tiene personalidad? Resulta patente que no; como también le resultará seguramente claro al lector, tras la lectura de las evidencias bíblicas indicadas en las páginas anteriores, que la Biblia sí enseña la doctrina de la Trinidad. 3. Conclusión Al autor de estas líneas, y no dice esto con petulancia, le parece que el concepto de la divinidad que aparece en el Nuevo Testamento es con mucho el más grandioso que podría captar la atención del ser humano. Frente a la grosería de los politeísmos o la frialdad del panteísmo, surge la grandeza moral del monoteísmo. Pero no se trata de un monoteísmo como el islámico (y, en buena medida, el del judaísmo), en el que Dios es un ser lejano e inaccesible a nosotros. El Nuevo Testamento enseña que ese Dios se hizo carne y habitó entre nosotros, que creció como un ser humano, que conoce hasta la fibra más íntima de nuestro ser y que, por ello, hace posible que nos acerquemos a él con toda confianza (Heb 2,17-18; 4,15-16). Este mismo Dios, lleno de amor y compasión, no retrocedió ante nada en favor nuestro, hasta el punto de verse injustamente juzgado, escarnecido, escupido, torturado, condenado y, finalmente, muerto en uno de los suplicios más terribles que ha ideado el ser humano: la cruz. Pero la muerte no podía contener al autor de la vida (He 3,15) y, vuelto de entre los muertos, provocó entre sus discípulos una convicción más firme aún de que era su Señor y su Dios (Jn 20,28). Aquello no era el final, sino casi el principio. El Espíritu Santo enviado por el Padre ha guiado desde entonces a la Iglesia redimida por la sangre del Hijo. La ha impulsado, le ha dado dones y carismas, ha intercedido por ella. La misma vida eclesial sería inconcebible sin su presencia continua. Frente a estas realidades gloriosas, las sectas ofrecen un panorama que, en realidad, arranca de concepciones paganas: Jesús fue sólo un hombre o, como mucho, un arcángel, un dios. Su obra fue de mucho menos valor del que señalan las Escrituras, e incluso necesita ser enmendada por las revelaciones de los profetas o mesías de turno. El Espíritu Santo es una mera fuerza, como la electricidad. Un impulso desprovisto de razón o personalidad que, en la mayoría de las teologías de las sectas, ya no actúa en medio del pueblo de Dios. Puede que a alguien le resulte consoladora una visión tan patética, tan capitidisminuida, tan tergiversada del Dios de la Biblia. Al que escribe estas líneas, sin embargo, le atrae más la gloriosa realidad que sólo hemos podido ver a vuelo de pájaro en las páginas anteriores. Le convence más el Dios de amor encarnado que el arcángel enviado en sustitución de Dios a salvarnos. Le conmueve más el Dios-Espíritu Santo que intercede por él con gemidos indecibles (Rom 8,26-27) que esa fuerza activa impersonal que, a semejanza de la electricidad, ni siente ni padece y se mueve ciega y sin saber adónde la llevan. A ese Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, sea la gloria por los siglos de los siglos.

Rómulo Emiliani Soy un chico de catorce años y estoy aturdido monseñor. No aguanto las continuas peleas de mi papá y de mi mamá. A cada rato se insultan. Ya me tienen desesperado. Los vecinos se enteran de sus groserías cuando gritan. Es muy difícil encontrar un día con paz, aunque algunas veces duran una semana sin problemas, pero al poco tiempo vuelven a reñir y con más ganas. Por cualquier cosa hay problemas: “que la sopa está fría, que la camisa está mal planchada, que me pides demasiada plata, que ya estoy harto de tus celos”. Eso de parte de mi papá. “¿Que de dónde vienes a estas horas? ¿Con quién chateas a cada rato? No me gusta esa secretaria que tienes”. Esas son algunas de las quejas de mi mamá. Ambos tienen carácter fuerte. Aprovechan cualquier situación para enfrentarse. Mi mamá antes trabajaba y era menos violenta, pero ahora que está en la casa está insoportable. A mí y a mis hermanitos nos trata a veces con dureza. Es cierto que al perder el empleo, ella ahora hace todas las labores domésticas en la casa. La empresa donde trabajaba quebró y tienen un lío legal por unos sueldos que le deben. Despidió a la empleada doméstica para ahorrar. Yo la veo que está todo el día haciendo cosas en la casa y es bien responsable. Pero está nerviosa y cuando papá llega un poquito tarde sé que habrá problemas. Mamá es muy celosa. Yo sé que ambos se quieren, pero son como una chispa que se enciende en peleas por cualquier cosa. Algunas veces me han dado ganas de irme de la casa. Las cosas que se dicen cuando están bravos son feas. Mi mamá lo amenaza y le dice que no la va a tocar más hasta que él se haga un examen de sida. Esto pone enojadísimo a mi papá. Mi papá le dice que ella es una inútil y que no hace nada bien. Que en cualquier momento se va de la casa y se busca otra mujer. Mi mamá entonces le grita y le dice que la mamá de él es culpable por protegerlo. A mí me da vergüenza y me entristece ver eso en dos personas adultas que son mi padre y mi madre. Estimado joven: Entiendo tu dolor, pero antes de juzgar analiza lo que está pasando. Recuerda que son tus padres. Ella, tu madre, trabajaba y ahora está reducida su acción a labores domésticas, que en sí son buenas, pero frustran un poco sus aspiraciones. Sufre además la postura machista de tu padre que le critica todas las cosas que hace en la casa y para colmo de males, es celosa. Agobia a tu papá con sus sospechas. El, que pareciera no la está engañando, sufre la persecución mental constante de tu madre que lo altera con sus celos. Ambos tienen carácter fuerte y lo peor, se están faltando mucho el respeto con sus gritos e insultos. Han perdido toda medida de discusión racional y controlada con su continuo enfrentamiento haciendo que se enteren los vecinos, y lo peor, que tú y tus hermanos sufran viendo el cuadro tan lamentable de dos adultos con regresiones infantiles. En esto son dos personas muy inmaduras. Pero joven, se comprende, aunque no se justifica, el estado emocional de ellos. Tienen heridas en su alma y miedo al futuro. Tu madre perdió el empleo y tuvieron que despedir a la empleada doméstica. Imagínate, no lo quiera Dios, que tu padre pierda el empleo. La clase media está tambaleándose y si con el sueldo de los dos, más o menos vivían al día, ahora si ambos quedaran desempleados, ¿cómo sería? La gente vive consumida en preocupaciones económicas y con mucho miedo. El contexto no es el mejor. Quiero que les escribas una carta y les digas todo lo que sientes como hijo, por lo que le pasa a ellos y les pidas acudan cuanto antes a un consejero matrimonial o a un sacerdote y que busquen al Señor. Que se perdonen y se comprendan. Que lleguen a un acuerdo donde se comprometan a no discutir en público, a tratarse como personas y qué bueno sería un retiro matrimonial. Que acuden al Movimiento Familiar Cristiano o a otro similar y busquen ayuda. Ya son adictos a la violencia doméstica. Necesitan una terapia espiritual y emocional. No sigas nunca el mal ejemplo de ellos, sino lo bueno que hacen. Tienes que mantener una coraza espiritual para que no te afecte el conflicto de ellos y te haga colérico o depresivo y ora para que el Señor los ayude, sabiendo que con Dios tú eres invencible.
Cristiano de hoy Soy peregrino en este mundo, que va de paso, que está dirigiéndose a su patria: a la eternidad con Dios. Por: P. Juan Antonio Ruiz J., L.C. | Fuente: www.la-oracion.com Aquí tienes mi corazón ansioso, ensanchado por el inmenso deseo de las realidades futuras, que desde hace mucho tiempo está suspirando por ti, por el regreso a la patria: desea, antes que amanezca, contemplar ya aquí en la tierra los gozos de la felicidad futura. Desea saber qué gozos esperan a las almas de los difuntos después de la muerte del cuerpo, y qué glorificación se les añade después de recibir sus cuerpos. [...] Yo, queriendo volar al interior de aquella patria, de la que se dicen tantas cosas, te pido subir por Ti, que eres el camino; que no te ofenda a Ti, que eres la verdad; que llegue a Ti, que eres la vida. Que de ninguna manera me separe de Ti, que eres el camino de la felicidad plena; que de ningún modo desista por la dificultad de estas cosas, sino que subiendo por Ti, al morir no sufra [el ataque del] al ladrón, y, una vez muerto, no lleve al acusador (San Julián de Toledo, La oración que Julián dirige a Dios). ¿A quién no le gusta reírse a carcajada limpia? Estoy seguro que todos disfrutamos un buen chiste, una puntada cómica. Y si eso viene acompañado de imágenes, todavía más. Como las películas o series de televisión divertidas -para quienes las ven- que logran hacernos olvidar muchas veces las preocupaciones de todos los días. Me vino esto a la mente cuando veía una entrevista que Andreu Buenafuente, humorista español, le hizo a Mons. Xavier Novell, obispo de Solsona (España). Y lo admito: me dio mucha rabia. No porque Mons. Xavier no respondiese bien, pues estuvo bastante bien a decir verdad. Lo que me enojó fue ver que gente con mucho talento en el mundo del espectáculo, como el caso de Buenafuente, no sean creyentes y que, en numerosas ocasiones, critiquen y ridiculicen a la Iglesia y a Dios. Y entiéndanme, sé que ataques siempre habrán, pero es que creo que los cómicos y humoristas pueden tener un papel fundamental en mostrar lo que será el cielo en la eternidad: una risa sin fin, un eterno sentirse llenos por dentro, una compañía de Dios que nunca se acabará. ¿No les pasa a ustedes? A mí siempre me viene un deseo profundo de dejar de sufrir, de que los malos momentos no sucedan más, que ya no tenga tragos amargos en mi vida. Y luego, en contrapartida, desearía detener el segundero del reloj cuando le doy un abrazo a un ser querido, cuando paso un buen momento con los amigos, cuando tengo a Cristo en mis manos como sacerdote. Y aunque en ocasiones deseo callar mi corazón, es tal el anhelo de felicidad que no puedo hacerme ilusiones: mis ansias de eternidad son mayores. San Julián de Toledo era muy consciente de este sentimiento dentro del corazón del hombre y por ello dedicó gran parte de su vida a estudiar y meditar la eternidad. Prueba de ello es este extracto de la bellísima oración que le dirige a Dios: una oda a la búsqueda que todo ser humano tiene de felicidad. Es un sentirse peregrino en este mundo, que va de paso, que está dirigiéndose a su patria. Dialogar con Dios de estas realidades no es sólo recomendable, sino necesario. De hecho, algunos maestros de la vida espiritual recomiendan poner ante nuestros ojos estas realidades futuras por lo menos una vez por semana. Ésta es, creo yo, la gran enseñanza que San Julián nos deja y que debemos tatuarnos en el alma con el fuego de la oración: soy peregrino, esta vida es a fin de cuentas sólo pasajera. Y aunque debo trabajar y ayudar en la sociedad aquí, el apellido de mis actos sólo puede ser "eternidad". Si no, la felicidad seguirá rondando nuestro corazón, sin tocarlo del todo en este mundo. ¿Y los humoristas qué pintan en todo esto? Pues mucho. Porque cada vez que reímos, tocamos un poco la orla del manto de la eternidad y nos sentimos plenos. Y por eso un buen comediante, si es creyente, puede ser un buen predicador. Tal vez por eso que me he tomado muy en serio la petición que el mismo Andreu Buenafuente le hizo a Mons. Xavier Novell al final de la entrevista mencionada. Decía: "Si habla usted con Dios, hable bien de nosotros. Porque a lo mejor no vamos mucho a misa, pero nos gusta ser buenas personas". ¡Cuenta con ello, Andreu! Para escribir tus comentarios entra a No soy totalmente feliz aquí, pero quiero serlo Esperamos tus comentarios, participa. Comparte tu sed y tu experiencia de Dios con apertura y humildad, para ayudarnos entre todos en un clima de amistad. Este artículo se puede reproducir sin fines comerciales y citando siempre la fuente www.la-oracion.com
¡Qué afortunados quienes tienen un ser amado en cuyo rostro aparece con frecuencia el fulgor maravilloso de la sonrisa! Por: Ma Esther de Ariño | Fuente: Catholic.net ¿La risa, la sonrisa? algo que muchos considerarán intrascendente, pero sin embargo es de gran importancia y valor. Valioso e importante para nuestro caminar por la vida, para nuestro trato con los demás, para nuestro beneficio y hasta para nuestra salud. La risa y la sonrisa. Según una terapeuta que realizó estudios en los Estados Unidos relativos a los beneficios de la risa para la mente y el cuerpo humano, así como las terapias adicionales a la misma, tales como la respiración consciente, la expresión corporal, el canto y la conversación eran factores importantísimos, aparte de un signo externo de alegría, para prevenir las enfermedades cardiovasculares, calmar los dolores físicos, regular el sistema nervioso y aliviar el stres. No sabemos que es lo que pensarán los médicos al respecto pero lo que si sabemos todos es que reír es algo que nos deja el alma aligerada, que es una sensación extraordinaria de bienestar y gozo que como algo mágico nos transporta un poco a nuestros tiempos infantiles y por eso el reír rejuvenece. Si, el reír rejuvenece... ¡Y qué poco reímos! Al sentirnos adultos nos revestimos de una gran austeridad y de una propiedad tan seria y formal que vamos olvidando poco a poco lo que es el reír y podemos decir que pasan días y días sin que la risa vigorice nuestra personalidad y alegre nuestra existencia y la de los demás. Ceño fruncido, mirada torva y reconcentrada, gesto adusto, labios apretados... eso hace daño al corazón y al espíritu. La Madre Teresa de Calcuta solía decir: "Familia que reza unida, permanece unida" y estamos de completo acuerdo pero también nos atrevemos a decir que : "Familia que ríe unida, permanece unida" Y reírnos un poco de nosotros mismos es el mejor antídoto para sobrellevar con buen ánimo todos nuestros errores y fallas que como seres humanos tenemos. Es cierto que no siempre hay motivos para reír, pero de lo que no podemos prescindir es de la sonrisa. La sonrisa no es carcajada, es algo más sutil, es como dice de ella Martín Descalzo: "Si yo tuviera que pedirle a Dios un DON, le pediría que me concediera el supremo arte de la sonrisa. Es lo que más envidio en algunas personas. Es, me parece, la cima de la expresión humana. Debe ser, por ello, muy fácil enamorarse de personas que poseen una buena sonrisa. Y ¡qué afortunados quienes tienen un ser amado en cuyo rostro aparece con frecuencia ese fulgor maravilloso!". Cuando alguien nos sonríe nos está mandando un mensaje de paz, de equilibrio interior, de dulzura y de amor. Quién sabe amar sonríe fácilmente Las personas amargadas, egoístas, envidiosas, no saben sonreír y mucho menos si son orgullosas. Reír es bueno para la salud porque la alegría es cosa sana y provechosa. Sonreír es ir derramando un haz luminoso de calor y ternura para los demás, es como un destello del mismo Dios que brota como agua fresca para las almas sedientas que se nos acercan. Que nuestra sonrisa no sea un gesto forzado, sino algo espontáneo y natural que dará a nuestra personalidad un relieve maravillosamente profundo y humano.

05 Jun 2015 / 11:01 PM / Emilio Santamaría Normando se había acostumbrando. Hacía años que había entrado en esa celda sucia y maloliente. ¿Por qué estaba preso? Ni siquiera lo recordaba. ¿Cuánto tiempo llevaba ahí? Había perdido la cuenta. ¿Hasta cuando estaría encerrado? No tenía ni la menor idea. El rechinar de la vieja puerta lo sacó de sus pensamientos. Era el viejecito que le traía la comida. Lo miró más viejo que de costumbre cuando dejó sobre el piso, como siempre en total silencio, su consabida comida, el plato de frijoles aguados y las dos tortillas mohosas. Lo vio salir trabajosamente y oyó el chirriar de la puerta al cerrarse de nuevo. Mientras comía lo asaltó una duda. Pensó que en ese pueblo venido a menos, quizá era el último preso. Y de pronto se dio cuenta de que el día que el viejo muriera, él también perecería de hambre. Y llegó el día en que salió el sol y se ocultó de nuevo, pero el anciano no llegó. Otra vez el sol, otra vez la oscuridad, y el viejo no apareció. Comprendió que aquel anciano debía haber muerto. Sintió que su único lazo con la vida se rompía. Se sentó abrumado en el desvencijado catre y en su desesperación solo pudo quejarse de su suerte. De pronto, un chispazo de determinación iluminó su mente. Se puso de pie y fue resueltamente hasta la puerta. Furioso le dio un tirón. Oyó de nuevo el chirriar de los metales, y notó con sorpresa que se abría fácilmente. Quedó atónito. Se fijó con cuidado, y se percató que no tenía cerradura. ¡La puerta había estado siempre abierta! Salió y se encontró en un largo y vacío corredor. ¡La prisión estaba abandonada! Increíble, ¿Cuánto tiempo llevaba prisionero en una celda sin cerradura, en un pueblo abandonado, y con un endeble celador? En realidad, Normando había estado preso todo ese tiempo, tan solo porque “creía” que estaba encerrado. Había sido víctima de su conformismo. ¿Qué diferencia habrá entre Normando y usted? Porque hoy en día, hay muchas personas que caminan por las calles de todo el mundo sin lograr su plena realización, porque mentalmente están en una prisión. Son presos del conformismo de los “no se puede” y de los “es imposible”. LO NEGATIVO: Permanecer prisioneros de nuestro derrotista y desalentador conformismo. LO POSITIVO: Actuar decididamente y liberar así el enorme potencial con que Dios nos dotó.