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CaniggiaKempes

Usuario (Argentina)

Primer post: 8 abr 2012Último post: 8 abr 2012
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Messi fracasa en la Seleccion Argentina
Messi fracasa en la Seleccion Argentina
InfoporAnónimo4/8/2012

La Argentina le dio la espalda cuando era un pibe. Su padre, cesanteado en los ’90, lo llevó a España y se convirtió en rey. Ahora todo un país le pide que gane el próximo Mundial. Metáfora de la hipocresía nacional. No había ninguna posibilidad de progreso. Una noche, en su casa del barrio Las Heras, en las afueras de Rosario, Jorge se puso a llorar. “No doy más, me quiero ir del país. Tenemos que buscar algo mejor para los chicos.” No fue una frase que cayera en el vacío. Era invierno, y la ola de desempleo que azotaba a la Argentina a fines de los ’90 presagiaba más problemas. Jorge Messi, entonces ex empleado metalúrgico, tuvo esta charla con Celia, su mujer y madre de sus cuatro chicos. Ya estaba por terminar 1998 y decidió emprender la retirada. Su destino fue España. Hoy, uno de sus cuatro hijos, Lionel, es mencionado en todos los medios del mundo. Figura del fútbol mundial, acaba de convertir ocho goles en una semana con la camiseta del Barcelona. Muchos se animan a decir que superó a Diego Maradona y pronostican que le dará un nuevo título mundial al seleccionado argentino. Con 22 años, el miércoles cumplió 200 partidos en el Barcelona y es el jugador que más dinero gana en todo el planeta: cobra un sueldo de 33 millones de euros por año. En uno de los pocos –poquísimos– lugares donde se lo critica es justamente en su país natal, la Argentina. Donde se dice que no “siente” la camiseta de la selección, o que se “cuida” para no arriesgar el físico y poder rendirle al Barcelona. Incluso, algunos arriesgan que no canta con la misma emoción que sus compañeros el Himno Nacional antes de los partidos. Messi, es cierto, hasta ahora no ha rendido en la selección como en el club catalán. Pero la crítica es despiadada. Tanto como fueron despiadadas las circunstancias que lo llevaron al “exilio”. En estos días su éxito se presenta como una metáfora de la hipocresía nacional. Del reclamo a un jugador por el cual su país participó muy poco en la construcción de su historia profesional. En 1998, enojados con la realidad nacional, los Messi se fueron a Lérida, donde un familiar le había prometido al jefe de familia que podía encontrar trabajo. Lo logró, pero el destino le tenía preparada otra jugada. Lionel era el menor del cuarteto y el mejor con la pelota. A ninguno de sus dos hermanos varones (la otra es mujer) le daba tanto placer el fútbol como a él. Sólo Matías, un par de años mayor, imaginaba vestir una camiseta profesional en su futuro. No llegó. Lío, “el Pulga”, se había iniciado a los cinco años en el club del barrio, llamado Grandoli y del cual su padre era el entrenador. En realidad era una herramienta para poder sacar a los chicos de la calle y darles algo de contención dentro de un marco deportivo. La zona, si bien era de clase media baja, ya pintaba para ser un rincón marginal, abonado por la desocupación y donde los menores debían ver cómo sus padres se las ingeniaban para llevar algo de plata a sus casas. Jorge Messi había sido despedido de la privatizada Acindar y sólo logró que la obra social le cubriera las necesidades médicas por un par de meses. Este último dato no es menor. Lío ya había pasado los once años y todos, en Rosario, hablaban de ese chiquitín que la rompía. Ya estaba jugando en las infantiles de Newell’s y le decían que se quedara a jugar en la institución. Sin embargo su estatura seguía siendo muy baja. Sus compañeros crecían, él no. Su padre recibió una invitación: “Llevalo a River, va a quedar”, le dijeron. Quedó, a medias. Un par de gambetas hicieron ilusionar a los entrenadores y dirigentes millonarios. Había que hacerle un estudio de rutina para conocer sus genes. Una luz roja se encendió. Un problema importante en las hormonas de crecimiento hizo que en Núñez se negaran a desembolsar 990 dólares por mes para costear un tratamiento y hacerlo “crecer” al pibe. En realidad ese estudio confirmó aquel que se había realizado en Santa Fe. La obra social de Acindar no le cubría los gastos. Newell’s y River tampoco lo hicieron. La bronca de Jorge creció. El sistema de privatizaciones lo había despojado del mercado laboral. Su hijo, al que todos elogiaban por su talento, era promesa, pero los casi mil dólares mensuales –o pesos, entonces reinaba el uno a uno– que había que invertir para tratar de hacerlo escalar unos centímetros eran una inversión desmesurada. La visión a largo plazo quedó sepultada.

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