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Algo de información sobre el Codex Ramirez y la interpretación de sus imágenes. MÉXICO AZTECA En 1572, el rey Felipe II ordena al virrey de Nueva España la elaboración de un informe exhaustivo sobre la conquista de México y la historia y cultura de sus habitantes. Para ello, el virrey recurre a Juan de Tovar (1543-1623), un jesuita mestizo, conocedor de la lengua náhualt y de la mentalidad mexicana, quien redacta una "Primera Relación", basada principalmente en entrevistas directas con ancianos aztecas y en la lectura de viejos códices conservados en Texcoco, Tula y Tenochtitlán, que narran la historia de los nahuatlacas desde sus legendarios orígenes en la isla de Aztlán hasta la conquista del imperio azteca por Cortés. De aquí surge la existencia del Manuscrito Tovar también denominado Codex Ramirez, la Brown University al parecer posee la única versión completa de este manuscrito, existe una cierta “crónica negra” respecto a este tema, considerando que era mucho más antiguo y extenso y fue censurado. En todo caso en Biblioteca Archive of Early American Images The John Carter Brown Library de la mencionada universidad, son accesibles 53 imágenes correspondientes a la segunda y tercera partes del manuscrito, cuyo título por cierto es bastante extenso “Historia de la benida de los yndios apoblar a Mexico de las partes remotas de Occidente los sucessos y perigrinaçiones del camino su gouierno, ydolos y templos dellos, ritos y cirimonias ... calandarios delos tiempos ca. 1585” He escogido 10 de esas láminas y les he traducido del inglés la descripción y notas a cada una, mencionadas en la pestaña “date” campos “Description” y “notes”, que les transcribo al pie de cada imagen. Colina de los saltamontes. Un emperador en un trono se sienta ante la colina que está representada con un sinuoso camino y un muelle. El aspecto militar está representado por soldados con distintivos y escudos de tres ejércitos, tocados de plumas y pieles de jaguar. El emperador azteca Huitziláihuitl (reinó 1395-1417) reconocible por su símbolo del colibrí de color blanco con plumas, se sienta en su trono a la derecha. Por encima de él hay cuatro figuras que representan las cuatro tribus primitivas de México. Tres ejércitos convergen para aniquilarlos, el Tepaneca de Azcapotzalco, Chalco (que capturo y mato a Huitziláihuitl), y el Xochimilca. El jefe de uno de los ejércitos lleva una piel de jaguar simbolizando a un guerrero de alta estirpe y un escudo con el símbolo de la Mitla (Centro ceremonial zapoteco). El manuscrito Tovar se divide en tres secciones. Esta segunda sección del manuscrito - una historia ilustrada de los aztecas - es esencialmente el mismo que el Codex Ramírez y forma el cuerpo principal del manuscrito. Chimalpopoca, con una lanza o cetro, se alza sobre una estera de caña y junto a un trono. Por encima de él está el escudo de fumar Chimalpopoca (reinó 1417-1427), cuyo nombre significa escudo de fumar, fue el tercer emperador de los aztecas. Está vestido con la ropa de los más altos sacerdotes. Muestra un episodio durante la guerra contra los Chalco. Moctezuma I se muestra a la derecha sentado en su trono apuntando a la escena. Por debajo de él un soldado vestido en color amarillo con el tocado de plumas de la nobleza está siendo hecho prisionero por los soldados de Chalco. A la derecha un prisionero baila sobre una plataforma mientras debajo de él otro preso se encuentra con la cabeza y el brazo roto. En el extremo derecho un señor de Chalco está sentado en un trono. En la parte superior central está el glifo de un cactus en flor en representación de Tenochtitlán, la capital de México. Se incluyen en la escena guerreros con armamento y escudos. El héroe de esta historia es Ezhuahuacatl, primo de Moctezuma, cuya historia es narrada en el códice Durán. Fundación de la Ciudad de México o Tenochtitlán. Un águila devora un pájaro mientras se alza sobre un cactus en flor. El cactus crece de una roca en medio de un lago. Huellas de los mexicanos se muestran acercándose a la base de los cactus. A la derecha está Tenoch (conocido por su glifo de un cactus en flor) que condujo a los aztecas a Tenochtitlán. A la izquierda está Tochtzin, o Mexitzin de Calpan (conocido por su glifo de un conejo, y también por el glifo de una casa con una bandera). Los dos gobernantes se sientan sobre tronos de canasta. En la parte superior derecha está el símbolo de Copil, hijo de Malinalxóchitl, o cinco puntos con flechas cruzadas en un escudo. Los aztecas, guiado por las profecías de Huitzilopochtli (dios del sol y la guerra), terminaron su migración mediante la construcción de Tenochtitlán, en una isla en un lago, donde un águila con una serpiente se alza sobre un nopal o cactus en flor. El cactus creció, de acuerdo a la mitología, desde el corazón de Copil, hijo de la hermana de Huitzilopochtli,. Su símbolo de cinco puntos representa la creencia azteca de que el mundo era una superficie plana dividida en cinco direcciones (norte, sur, este, oeste y el centro donde se encuentra su capital). Moctezuma I, con una lanza o cetro y de pie en una estera junto a un trono de cestería, un sacerdote que lleva la túnica del dios sol le ofrece una corona con adornos de oro Junto a él esta su símbolo de una flecha lanzada hacia una noche estrellada. Moctezuma se muestra con un adorno de plumas de quetzal y un hueso a través de su nariz. Moctezuma I (reinó 1440-1469), cuyo nombre significa "señor que pone de manifiesto la ira", el sexto emperador azteca, cuyo nombre significa el señor enojado, era sobrino de Itzcól. Se cree que está dando aquí su corona de Nezahualcoyotl, gobernante de Texcoco, y aliado de Moctezuma que lleva el manto de Tonatiuh, el dios sol. Acamapichtli, el primero de la dinastía azteca, y su sucesor, Axayacatl, son los únicos otros emperadores que se haya comprobado tengan coronas de oro en sus adornos en el manuscrito Tovar. El hueso a través de la nariz de Moctezuma se dice que simboliza al hombre de acuerdo con la tradición de Texcoco. Quetzalcóatl, con sombrero cónico, un pico, pluma, escudo y capa, portando un cuchillo curvo. Quetzalcóatl, o la serpiente emplumada, uno de los principales dioses de los aztecas, era un dios de la creación, vinculado a la fertilidad y la resurrección (su corazón se convirtió en Venus, la Estrella de la Mañana), y la lluvia en su manifestación o como Ehécatl dios del viento. Fue a menudo identificado con Topiltzin, un legendario y posiblemente histórico sacerdote-rey de Tula en la época tolteca y se describió como de piel clara y barba. Cuando Hernán Cortés llegó a Mexico en 1519, el emperador azteca estaba convencido de que Cortés era Quetzalcoatl. El diseño de su capa, sombrero y taparrabos representan las alas de una mariposa, símbolo de los soldados caídos. Un viejo y desnutrido hombre tiene una bandera adornada con franjas azules y banderolas. Lleva un collar de perlas de color azul con colgantes de oro. Por encima del hombre está la cabeza de una cabra. El texto describe el mes como aquel en el que se celebra a los capitanes de guerra Este mes, identificados como diciembre con el símbolo astrológico de Capricornio. Este mes está dedicado a Huitzilopochtli, el dios del sol y la guerra. El color azul puede estar asociado con este dios cuyo nombre significa "Azul colibrí de la izquierda." Una bandera de color rojo y blanco con franjas rojas sobre un mástil está adornada con una cresta de plumas de muchos colores, con haces de maíz y frutas, y un icono con dos peces. Este mes se identifica como febrero y se llama cesación de las aguas. También se conoce como Atlcahualo, Atlcualo, Xilomaniztli, Cohuailhuitl, Atlmotzacuaya, o Xochzitzquilo. Está dedicado a Tláloc, el dios de la lluvia, y los niños fueron sacrificados a él por ahogamiento, aunque en el comentario no se menciona este ritual. Tonalpohualli el calendario azteca con un sol en el centro de la rueda. Dividida en cuatro secciones, la caña (acatl), el conejo (tochtli), la casa (calli), y el vidrio (tecpatl). Los aztecas utilizaban dos calendarios para calcular los días del año. El primero (o solar) era el calendario (xiuhpohualli) que constaba de 365 días, dividido en dieciocho "meses" de veinte unidades cada uno, más un período adicional de cinco días a la mala suerte de que finalice el año. El segundo calendario fue llamado Tonalpohualli o el "contar el día" Su ciclo se componía de 260 días, con combinaciones de 13 números y veinte símbolos. El acatl una sección de la rueda calendario es de color verde, el color del paraíso de Tomoanchan (el equivalente azteca del Jardín del Edén), y representa el este. La sección tochtli es azul y representa el sur. La sección en blanco (en este caso el artista ha utilizado amarillo) representa el oeste. La seccion tecpatl es del color del sacrificio o rojo y representa el norte. Batalla de Coyoacán. Los soldados luchan en la guerra con escudos y mazas antes de la quema de un templo, algunos de ellos mujeres, de pie en las orillas de un río. El jefe lleva un tocado de plumas de quetzal. Según las hipótesis el líder de los soldados podría ser Tlacaellel. Para acceder a todas las imágenes disponibles entrar a este enlace: http://www.brown.edu/Facilities/John_Carter_Brown_Library/pages/ea_hmpg.html Pulsar a la derecha: Insight® Browser Es necesario tener los popup desbloqueados e instalado una versión de Java compatible, caso de no ser así, desbloquear para esta página y fíjense debajo que indica de donde descargar el programa de visualización tanto para Windows como para Mac (no hay ningún problema yo lo instale sin efectos negativos). Una vez todo ok, vuelvan a pulsar Insight® Browser. Se les abrirá una nueva página, fíjense a la izquierda en las palabras group, dates, search…etc, pulsen “search”. Una vez desplegada la ventana escoger “subject Keyword” y buscar por “The Tovar manuscript”, (sin las comillas y exactamente esa frase), 53 imágenes del manuscrito están disponibles pudiendo ampliarse en alta resolución. Para acceder a los datos sobre una imagen en concreto, pican una vez sobre la imagen (quedara marcada), a la izquierda de la página pulsen “dates”, se les presentara una ventana con cursor deslizante, donde en los campos “description” y “notes”, tienen información al respecto. El último paso es picar dos veces seguidas sobre la imagen que quieran ampliar, se les abrirá una nueva ventana, con los controles a la derecha abajo pueden ampliar tanto como quieran, para descargar simplemente botón derecho del mouse y “guardar imagen como”. Relación de Códices Aztecas en Wikipedia (ingles) http://en.wikipedia.org/wiki/Aztec_codices Enlaces a códices de escritura jeroglífica Maya (aconsejable solo para verdaderos interesados) algunos se pueden descargar completos. http://www.famsi.org/mayawriting/codices/index.html Un enlace de lo que parece una traducción del Codex Ramirez completa, al inglés (sin imágenes) http://www.famsi.org/research/christensen/pinturas/index.html Fuente: http://www.odisea2008.com/2008_06_01_archive.html
Una de mis poetas preferidas sin dudas. Espero lo disfruten. CENIZAS La noche se astilló de estrellas mirándome alucinada el aire arroja odio embellecido su rostro con música. Pronto nos iremos Arcano sueño antepasado de mi sonrisa el mundo está demacrado y hay candado pero no llaves y hay pavor pero no lágrimas. ¿Qué haré conmigo? Porque a Ti te debo lo que soy Pero no tengo mañana Porque a Ti te... La noche sufre. COLD IN HAND BLUES y qué es lo que vas a decir voy a decir solamente algo y qué es lo que vas a hacer voy a ocultarme en el lenguaje y por qué tengo miedo CUARTO SOLO Si te atreves a sorprender la verdad de esta vieja pared; y sus fisuras, desgarraduras, formando rostros, esfinges, manos, clepsidras, seguramente vendrá una presencia para tu sed, probablemente partirá esta ausencia que te bebe. FRONTERAS INÚTILES un lugar no digo un espacio hablo de qué hablo de lo que no es hablo de lo que conozco no el tiempo sólo todos los instantes no el amor no sí no un lugar de ausencia un hilo de miserable unión. HIJA DEL VIENTO Han venido. Invaden la sangre. Huelen a plumas, a carencias, a llanto. Pero tú alimentas al miedo y a la soledad como a dos animales pequeños perdidos en el desierto. Han venido a incendiar la edad del sueño. Un adiós es tu vida. Pero tú te abrazas como la serpiente loca de movimiento que sólo se halla a sí misma porque no hay nadie. Tú lloras debajo del llanto, tú abres el cofre de tus deseos y eres más rica que la noche. Pero hace tanta soledad que las palabras se suicidan. LA ÚLTIMA INOCENCIA Partir en cuerpo y alma partir. Partir deshacerse de las miradas piedras opresoras que duermen en la garganta. He de partir no más inercia bajo el sol no más sangre anonadada no más fila para morir. He de partir Pero arremete ¡viajera!
Algunos poemas de esta interesante poetiza uruguaya BUSCAMOS Buscamos cada noche con esfuerzo entre tierras pesadas y asfixiantes ese liviano pájaro de luz que arde y se nos escapa en un gemido. CARTA II Estás lejos y al sur allí no son las cuatro. Recostado en tu silla apoyado en la mesa del café de tu cuarto tirado en una cama la tuya o la de alguien que quisiera borrar -estoy pensando en ti no en quienes buscan a tu lado lo mismo que yo quiero-. Estoy pensando en ti ya hace una hora tal vez media no sé. Cuando la luz se acabe sabré que son las nueve estiraré la colcha me pondré el traje negro y me pasaré el peine. Iré a cenar es claro. Pero en algún momento me volveré a este cuarto me tiraré en la cama y entonces tu recuerdo qué digo mi deseo de verte que me mires tu presencia de hombre que me falta en la vida se pondrán como ahora te pones en la tarde que ya es la noche a ser la sola única cosa que me importa en el mundo. COMPARACIÓN Como en la playa virgen dobla el viento el leve junco verde que dibuja un delicado círculo en la arena así en mí tu recuerdo. CONCÉDEME ESOS CIELOS... Concédeme esos cielos, esos mundos dormidos, el peso del silencio, ese arco, ese abandono, enciéndeme las manos, ahóndame la vida con la dádiva dulce que te pido. Dame la luz sombría, apasionada y firme de esos cielos lejanos, la armonía de esos mundos sellados, dame el límite mudo, el detenido contorno de esas lunas de sombra, su contenido canto. Tú, el negado, da todo, tú, el poderoso, pide, tú, el silencioso, dame la dádiva dulcísima de esa miel inmediata y sin sentido. ESTÁS SOLO Estás solo, lo mismo. Yo no toco tu vida, tu soledad, tu frente, yo no soy en tu noche más que un lago, una copa, más que un profundo lago, en que puedes beber aun cerrados los ojos, olvidado. soy para ti como otra oscuridad, otra noche, anticipo de la muerte, lo que llega en el día frío el hombre espera, aguarda, y llega y él se entrega a la noche, a una boca, y el olvido total lo ciega y lo anonada. Sin límites la noche, pura, despierta, sola, solícita al amor, ángel de todo gesto... Estás solo, lo mismo. Ebrio, lúcido, azul, olvidado del alma, concédete a la hora. ESTOY TEMBLANDO... Estoy temblando está temblando el árbol desnudo y en espejos cantando y cantando está la luna riendo sin silencios la lírica y romántica flauta y en cielo en hoz por vez primera se abren su luz cereza y el estiércol. No se pueden quejar ni las mañanas ni el ardiente sopor que por lo estéril no canto más no canto ni puedo deshacer en primavera ni negarla y beber ni matar sin querer ni andar a tientas ya que el aire está duro y hay monedas locuras esperando la marca del el agua en desazón riendo riéndose riendo. Ah si encono si entonces ya no quiero ya no pude se pasa nunca alcanza una ola se vaga la marea se desconcierta así y el sol no existe aquí más que en palabras Pero en cambio en el cielo caben muchas pero muchas. A veces se molestan se muerden en los labios. LA NOCHE Es un oro imposible de comprender, un acabado silencio que renace y se incorpora. Las manos de la noche buscan el aire, el aire se olvida sobre el mar, el mar cerrado, el mar, solo en la noche, envuelto en su gran soledad, el hondo mar agonizando en vano... El mar oliendo a algas moribundas y al sol, la arena a musgo, a cielo, el cielo a estrellas. La alta noche sin voces deviniendo en sí misma, inagotada y plena, es la mujer total con los ojos serenos y el hombre silencioso olvidado en la playa, el alto, el poderoso, el triste, el que contempla, conoce su poder que crea, ordena el mundo, se vuelve a su conciencia que da fe de las cosas, y el haz de los sentidos le limita la noche. Concédeme esos cielos, esos mundos dormidos, el peso del silencio, ese arco, ese abandono, enciéndeme las manos, ahóndame la vida con la dádiva dulce que te pido. Dame la luz sombría, apasionada y firme de esos cielos lejanos, la armonía de esos mundos sellados, dame el límite mudo, el detenido contorno de esas lunas de sombra, su contenido canto. Tú, el negado, da todo, tú, el poderoso, pide, tú, el silencioso, dame la dádiva dulcísima de esa miel inmediata y sin sentido. Estás solo, lo mismo. Yo no toco tu vida, tu soledad, tu frente, yo no soy en tu noche más que un lago, una copa, más que un profundo lago, en que puedes beber aun cerrados los ojos, olvidado. soy para ti como otra oscuridad, otra noche, anticipo de la muerte, lo que llega en el día frío el hombre espera, aguarda, y llega y él se entrega a la noche, a una boca, y el olvido total lo ciega y lo anonada. Sin límites la noche, pura, despierta, sola, solícita al amor, ángel de todo gesto... Estás solo, lo mismo. Ebrio, lúcido, azul, olvidado del alma, concédete a la hora.
Felisberto Hernández Escritor uruguayo. Fue también un músico notable, y vivió de sus conciertos de piano en Uruguay y Argentina mientras publicaba sus primeros y breves relatos: Fulano de tal (1925), Libro sin tapas (1929), La cara de Ana (1930) y La envenenada (1931). Su dedicación a la literatura se acentuó tras la publicación de la novela Por los tiempos de Clemente Colling (1942), donde evocó su adolescencia y al pianista ciego que fue su maestro de armonía y composición. Ya en plena madurez escribió dos relatos largos más, dedicados también a la recuperación del pasado y al análisis de los mecanismos de la memoria: El caballo perdido (1943), y Tierras de la memoria, que apareció póstumo en 1965. En su última etapa, cuando el trabajo en una oficina le permitía una dedicación plena a la literatura, prefirió el relato breve y fantástico: sus colecciones Nadie encendía las lámparas (1947) y La casa inundada (1960), así como su novela corta Las hortensias (1949), lo consagraron como un verdadero maestro del género, que renovó con la irrupción de los misterios del inconsciente en la vida cotidiana. Murió de leucemia en el año 1964 Felisberto Hernández MUR Hace muchos años, al principio de un verano, yo fui a una pequeña ciudad para dar una conferencia. Como la llevaba escrita y no tenía preocupaciones, me propuse ser feliz. Allí había una feria ganadera y los hoteles estaban llenos; me tocó dormir con paisanos que conversaban a oscuras. Hablaban de los campos que convenían a sus animales, y me dormí cansado de imaginar vacas pastando en lugares distintos. Al otro día, después de la conferencia, un amigo me dijo: -Mañana me voy para Montevideo, pero ya te conseguí una pieza de hotel donde dormirás con un muchacho que no habla ni de noche ni de día. Y señalando a un joven que fumaba frente a un vidrio biselado -sólo al otro día me di cuenta de que él echaba el humo sobre el vidrio- mi amigo le gritó: -Che, Mur... Mientras el joven venía hacia nosotros, yo dije: -¡Qué nombre!... ¡Mur! -No se llama Mur. Primero le decíamos "Murciélago", y después, Mur. No tuve tiempo de preguntarle por qué le llamaban así. Mur venía trayendo la cabeza levantada y una gran nariz violácea que parecía decir: "¿Y?" Después de las primeras palabras mi amigo tomó por una punta la pequeña moña de la corbata de Mur y con un suave tirón se la deshizo. El otro soportó la broma con una sonrisa simpática y se fue hasta un espejo para hacerse la moña. No recuerdo si en esa ocasión echó el humo del cigarrillo contra el espejo. Al poco rato mi amigo se fue para su casa y Mur y yo empezamos a caminar -más bien lentamente- hacia el hotel. Después de haber andado algunas cuadras, él me dijo: -Usted no tiene que acomodar sus pasos al compás de los míos, soy yo quien debe seguir el ritmo de los suyos. -Esta es mi manera de caminar -le contesté. Pero él hizo una sonrisa y nada más. Yo sentí necesidad de complacerlo y empecé a dar pasos largos y a balancearme hacia los costados. Al llegar al hotel tenía un poco de malestar en los riñones. El cuarto de él era grande y ya nos esperaban dos camitas vestidas de celeste. En un gran lavatorio antiguo de madera negra, había una palangana de porcelana blanca. Veía salir el agua del labio grueso de la parra y el asa fresca me llenaba toda la mano. Después de lavarme vi a Mur sentado a una gran mesa redonda y fumando con los ojos bajos. Primero yo sentí necesidad de romper el silencio con alguna palabra; pero después pensé en esa costumbre mía como en una debilidad y decidí callarme la boca. De pronto Mur miró hacia un lado de la mesa y echó humo al pie de un retrato; en él había una mujer que miraba el cielo; y cuando el humo subía, los ojos de ella parecían ventanas de una casa en un principio de incendio. Entonces Mur me dijo: -Le presento a mi novia. Yo hice una cortesía un poco en broma y al levantar la cabeza vi, colgando en la pared, un fuelle; estuve luchando con la curiosidad de preguntarle para qué lo utilizaba; pero en un momento Mur arrastró la silla con violencia y empezó a decir: -Nos van a dejar sin cena... Y los dos salimos de la habitación casi atropellándonos. Esa noche en la mesa él no pidió vino. Comía silenciosamente y de pronto me dijo: -Estuvo bien su conferencia... -¡Ah! Me alegro... -Espéreme un momento; no he terminado de hablar. Usted dijo una cosa que no es de mi gusto. -¿Cuál? -Lo de un poeta que citó. -"¿Es más interesante el más miserable de los hombres que el más maravilloso de los árboles?" -Eso mismo, a mí me gusta mucho más una plantita que muchos hombres. -Está bien. Y al rato me preguntó: -¿Usted sabe quién soy? Puse cara de no saber. -El portero del banco -me dijo-. Yo antes era auxiliar; pero un día les pedí el puesto de portero. Entonces me dijeron que eso era un mal ejemplo; y después me mandaron a campaña, donde nadie sabe que fui auxiliar. Le estoy dando los datos porque si usted escribe ese cuento sobre mí... Yo lo miré estupefacto. -Cómo, ¿usted no le dijo a Rafael que iba a escribir...? Empecé a negar con la cabeza. -¡Pero! -dijo él, riéndose-. ¡Este Rafael! Y al rato insistió: -Mire, yo sé por qué se lo digo; usted podría hacer un cuento conmigo. Yo no sabía cómo esquivarlo. -No sé si realmente podría escribirlo. Además, usted tiene novia; y generalmente a ellas no les gusta todo lo que se dice de su enamorado. Por esa noche no insistió. Yo me fui a leer a la cama. Él se sentó en la mesa redonda y empezó a escribir y a echar humo sobre el papel. Antes de dormirme pensé en el apodo de Murciélago. Me despertó, al rato, el ruido del fuelle. Mur había abierto apenas la ventana y con el fuelle corría el humo hacia la rendija. Entonces me vino a la memoria algo que decía mi abuela: "Fumaba como un murciélago" y creí comprender el sobrenombre de Mur. Pero pronto hice otras conjeturas. Vi en los hombros desnudos de él dos mechones de vello tan abultados que parecían charreteras, la parte de la espalda que dejaba ver la camisilla de verano la tenía cubierta por una capa de pelo bastante espesa. Y yo pensé: "Los murciélagos tienen todo el cuerpo lleno de pelo". Esto ocurría un viernes de noche. Al otro día se levantó temprano para ir al banco y al acercarse al espejo para arreglarse la corbata echó el humo en el vidrio y recién entonces comprendí que el día anterior había echado humo en la puerta de cristales biselados. Esa mañana, por decirle algo, le pregunté: -¿Así que usted prefirió ser portero? -¡Ah! -dijo él-. Si se decide a escribir el cuento, ya sabrá por qué. Después que se fue pensé en el gran deseo de Mur; pero todavía yo no estaba decidido. Él llegó a la una, del banco, y al sentarse en la mesa pidió una botella de vino. Yo pedí otra, pero no la tomé toda. Él sí. Y mientras tanto yo pensaba: "A los murciélagos les gusta chupar la sangre". Cuando fuimos a la habitación, él encontró sobre su cama un ramo de flores y una cartita. Tomó el ramo, le echó una bocanada de humo y después hundió aquella enorme nariz violácea entre las flores y el humo. Cuando estaba leyendo la cartita vino una criada y le dijo: -Hoy puede ir a la pieza 8. Entonces yo me comedí: -Si quiere utilizar esta pieza, yo... -No, me interrumpió él, no tiene nada que ver. Había arrugado las cejas; no sé si por mi pregunta o por lo que diría la cartita. En el momento en que yo salía me volvió a repetir que él no necesitaba pieza. Yo salí para arreglar otra conferencia en otro club. A la hora de cenar no lo vi; después fui al cine y cuando volví era más de media noche y él estaba dormido. A las dos de la madrugada me desperté por el ruido de una corneta de carnaval. Era él, había encendido la luz, se sonaba las narices con fuerza y me miraba por entre las ondas del pañuelo. Después empezó a leer, a fumar, y yo me di vuelta para el otro lado. Al rato me volvió a despertar el ruido del fuelle. Al otro día él fue a un paseo campestre desde temprano. En la tarde yo recorrí los suburbios de la ciudad y fui a tomar vino a una taberna que quedaba cerca del cementerio. Salí de noche. Me sorprendió un auto que cruzó la vereda, de tierra, y entró en un terreno lleno de arbustos que había al lado del cementerio. Yo me quedé parado porque había oído gritar: "¡Mur!" El auto se detuvo a poca distancia, pero sólo bajó una mujer gorda y un hombre que no era Mur. Esa noche él no vino a cenar. Llegó tarde y yo le dije: -Hoy creí haber oído su nombre dentro de un auto que pasó al lado del cementerio. -No oyó mal -dijo él-, riéndose. - Pero sólo bajó... Él me interrumpió: -Yo me quedé en el auto con mi muchacha; pero el otro domingo nosotros bajaremos a conversar entre los yuyos y la otra pareja quedará en el auto. -¿Y a las muchachas no les hace mala impresión ese lugar? -No; lo malo de la muerte no alcanza a llegar hasta el cementerio. Entonces yo me dije definitivamente: "Ya sé por qué le dicen Murciélago". El lunes se reunió la comisión del club que decidiría mi conferencia; yo estaba nervioso y no me fijé en Mur. El martes él no vino a cenar; después lo encontré en la calle: -Vamos a un café; tengo que hablarle. Pidió una bebida cara. Yo pensé que tendría algo más que el sueldo de portero. Y de pronto me dijo: -Se ha sabido lo del cementerio y acabo de pelearme con mi novia. ¿Sabe lo qué significa eso? -Caramba, comprendo. Pero todo pasará... -No, no, no, eso significa que usted puede escribir el cuento; ahora, a ella no se le importará nada. Yo me reí, le miré la cara y se me desvaneció todo el sentido tenebroso que me sugería su apodo. Entonces le dije: -Me alegro de que usted sea una persona tan clara. -No sé lo que quiere decir -me contestó-, pero si deseo que escriba algo sobre mi vida es porque a mí me gusta ver las cosas turbias. ¿Usted tiene tiempo, ahora? -Sí. Y me acomodé recostándome en la pared y disimulando un suspiro. Él se detuvo antes de empezar; se preparó como para un hecho histórico y se emocionó. Yo también me conmoví inesperadamente y me dispuse a recibir su confesión. Viendo que transcurría demasiado tiempo traté de ayudarlo. -¿En qué sentido le gustan las cosas turbias? -Yo le dije ver las cosas turbias; es en el sentido de la vista. A veces pienso que me correspondería mejor un pintor. -No crea -le dije para animarlo-, a todos los artistas nos gustan las cosas turbias. -Escuche -dijo él sin haberme oído-, si yo miro esta botella de cerca con la luz del día y los ojos bien abiertos, la botella se vuelve demasiado material y pensaría en cómo la fabricaron y cómo es su contenido de una manera indiferente y hasta desagradable. Pero si la botella está en la mesa redonda de mi cuarto y yo la miro con luz escasa y un poco antes de dormirme, usted comprenderá que se trata de una botella muy distinta. En ese instante me pareció que yo había recibido un mensaje inesperado y me empecé a preparar para hablar; pero él no me dejó y siguió diciendo: -Bueno, una noche yo estaba muy aburrido y después de haber tomado una botella de vino vi la vida con luz difusa y desde la otra distancia; entonces sentí ternura por las casas, las mesas, los árboles y muchas otras cosas. -¿Por personas también? -le interrumpí yo. -De ninguna manera; esa noche yo separé para siempre las personas de las cosas. -¿Y los animales? -Mejor que las personas, pero ellos son cosas que se mueven, una casa y un árbol se quedan en el lugar donde uno los deja y sus sorpresas son más suaves. El otro día descubrí que siempre había mirado las calles de cerca y a medida que necesitaba pasar por ellas; pero nunca había visto el fondo de las calles; ni los pisos intermedios de las casas altas; entonces me encontré con una ciudad nueva y con ventanas que nadie había mirado. Al principio tropecé muchas veces con la gente y estuvieron a punto de pisarme muchos autos; pero después me acostumbré a agarrarme de un árbol para ver las calles y a detenerme largo rato antes de bajar una vereda y esperar que yo pudiera poner atención en los vehículos. El primer día llegué tarde al banco y creyeron que yo estaba enfermo. Y ya esa misma noche comprendí que el banco me comía la cabeza, que yo me obstinaba en meterme números en ella, como si se llenara de seres que debía hacer mover y proliferarse. Después de un intervalo bajó los ojos como si estuviera avergonzado y agregó: -Por eso quise ser portero. Esperé un rato y entonces le dije: -Yo no creo que usted se haya separado tanto de las personas; ya ve, está hablando conmigo... -¡Ah! -me dijo él-, cuando usted daba la conferencia parecía una higuera que se arrancara, ella misma, los higos. Y además, usted siempre se queda en el mismo lugar. Después se distrajo, echó una bocanada contra la botella y el humo también me envolvió a mí. -Dígame, ¿por qué echa el humo sobre las cosas? ¿será para verlas turbias? -No; es costumbre... Al poco rato fuimos a la pieza. Allí seguimos charlando y fumando hasta que llenamos la habitación de humo. Mur se arriesgó a abrir un poco más la ventana; pero cuando se dirigía hacia la pared donde estaba colgado el fuelle, entró por la ventana un poco de viento y empezó a llevarse el humo, como si un fantasma lo manoteara. En todas las otras noches él me siguió contando su vida y yo me propuse escribirla. Me quedé en aquella ciudad hasta el domingo. Pero el sábado a medio día entró en la pieza la criada y le dijo a Mur: -Hoy puede ir a la pieza 14. Yo volví al hotel al oscurecer; la dueña estaba hablando con unos recién llegados y me dijo: -¿Quiere decirle a su compañero que me deje libre la pieza 14? -¿Cómo no? Y él, ¿dónde está? -¡Pero muchacho! ¡En la pieza 14! Estaba cerrada y a oscuras. Apenas abrí la puerta se me vino encima una espesa nube de humo. Primero vi las colchas blancas, y después a Mur; estaba sentado a una mesa frente a dos botellas vacías. Lo llevé a su cama con dificultad. Él se reía tapándose los ojos y yo le decía: -¡El vino es un elemento, para ver turbio, de primer orden! Al otro día nos despedimos como grandes amigos. Yo vine a Montevideo, busqué a Rafael y le pregunté por qué le decían "murciélago" a mi compañero de pieza. -¡Ah! ¿no sabés? Les tiene terror a los murciélagos y cree que entrarán por la ventana. FIN Carta de Julio Cortázar Felisberto Hernández que sirvió de prólogo para su libro: Nadie encendía las lámparas. http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/cortazar/felisberto.htm

Este es un trabajo para la materia de Antropología económica y política de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de Uruguay. Espero les resulte interesante de leer y no muy denso. Prácticas de consumo y valor simbólico. La construcción de una identidad plancha Objetivos: · Conceptualizar a los planchas. Definir las relaciones entre grupos hegemónicos y grupos subalternos. · Explicar los procesos de apropiación simbólica de productos Nike por el grupo social plancha. Aplicar noción de habitus objetivado: prácticas sociales. · Problematizar el proceso de producción de identidad a partir de símbolos apropiados diferencialmente del capital simbólico del sistema social. Palabras clave: plancha, cultura hegemónica, cultura subalterna, habitus, prácticas de consumo, espacio social. Antecedentes: No existen hasta el momento, en el Uruguay, investigaciones antropológicas sobre el grupo social plancha. El trabajo que tomamos como referencia es de un egresado de Ciencias de la Comunicación llamado Daniel Ríos, y fue realizado para el suplemento Qué Pasa del Diario El País. Si bien no es una investigación científica propiamente dicha, consideramos válidos sus aportes como trabajo de campo. “Just Do It” Phil Knight, norteamericano graduado en la Stanford Bussines School, funda en 1964 una empresa llamada Blue Ribbon Sports que se encargaba de distribuir una marca japonesa de calzado deportivo. En 1971 decide cambiarle el nombre por Nike, en honor a la hija de Zeus, diosa griega de la victoria: Niké. Los primeros años las ventas son muy bajas pues se trataba de una marca desconocida que Knight intentaba vender en los campus universitarios, por lo que le pide ayuda a Bill Bowerman. Bowerman intentó crear unas zapatillas mejores para sus atletas. Un día, estaba estudiando la forma de la plancha de waffles de su esposa cuando decidió poner algún componente plástico en la máquina y coció él mismo algunos waffles de goma. Los cortó y pegó en la suela de las zapatillas de deporte. La tracción era buena y además eran más cómodas que las normales. Los resultados no se hicieron esperar. El waffle de las zapatillas catapultó a Nike al gran mercado. Era la zapatilla más innovadora de los 70. Con 35 dólares se creó el logotipo que identificaría la empresa, logotipo que hoy vale millones. La innovación de los diseños se sumó a una acertada campaña publicitaria. Se elige e John Mc Enroe como imagen para la marca por su popularidad y carácter polémico. Luego se crean los modelos “Air” para el jóven deportista Michael Jordan. Los championes Air fueron el comienzo de un ascenso continuo, un anuncio del furor que causaría la firma. Hoy Nike es una de las empresas de ropa deportiva más importantes del mundo facturando 12.000 millones de dólares al año. Sin embargo, en el Río de la Plata, y en varios países de Sudamérica, acaparó un público inesperado. Nike es, además de la marca más reconocida por los deportistas y personas de nivel económico elevado, un símbolo de status entre ciertos grupos de jóvenes de clase media baja. “Los planchas” como se los llama – así también se autodenominan - un grupo social subalterno siguiendo las nociones elaboradas por Gramsci, una subcultura de surgimiento reciente en el Río de la Plata. Escuchan “cumbia villera”, tienen una forma de hablar que los caracteriza, una vestimenta, una forma de “andar” particular. Hay un componente que sobresale y adquiere una importancia vital como parte del sentido de “ser plancha”; esto es la vestimenta Nike, sobretodo los championes (Daniel Ríos, s/f). Tomando un trabajo realizado por Daniel Ríos, egresado del Instituto de Ciencias de la Comunicación, citamos algunos fragmentos: “Es la mejor marca, está fachera y es fuerte. Buen material y buenos modelos, y los colores son increíbles. Si tenés la pilchita andás más masculino, vas contento, vas caminando y te quedan mirando, vas a full". “Es que para los planchas los Nike les permiten ir "quebrando por la calle". Quebrar significa hacer estragos, llamar la atención. En el glosario plancha, Nike y "pipas" significan lo mismo. "¡Qué buenas pipas!", equivale a elogiar los championes de la marca. "A ver con qué la pisamos" es la frase con la cual los planchas piden para ver los championes que el otro trae puestos. Llaman a los calzados "bases", "gomas", "llantas", "naves". (Daniel Ríos, 2006). Mercancía y valor “Según los economistas, las mercancías simplemente son. Es decir, ciertas cosas y derechos sobre las cosas son producidos, existen, y circulan a través del sistema económico, en cuanto son intercambiados por otras cosas, usualmente por dinero”. (Igor Koytoff, “La biografía cultural de las cosas: la mercantilización como proceso”). Kopytoff nos remite a un concepto de mercancía como producto de la actividad económico-social inherente al ser humano. Este produce artículos de consumo, sea cualquier tipo de necesidad, y les otorga valor. Como bien patrimonial, la mercancía posee valor de uso y valor de cambio (Kopytoff, s/f). Entendemos por valor de uso a la utilidad y fines instrumentales para los que son elaboradas las mercancías. El valor de cambio refiere a la aptitud de intercambiabilidad de la mercancía. Un sistema social agrupa en una misma esfera económica un determinado tipo de objetos clasificándolos/equiparándolos como similares o intercambiables, distinguiéndolos de otras esferas económicas. El intercambio entre esferas distintas no es imposible, pero presenta sus dificultades (Kopytoff, ver análisis del sistema económico tiv). Para Marx el valor de uso es aquel producido por el trabajo concreto; y es en el trabajo abstracto donde el artículo producido se convierte en mercancía, es decir, que el artículo pasará por el intercambio en el mercado antes de ser consumido, mediado por una moneda que sirve de cambio, siendo referente común de valor a todas las mercancías. Esta no sólo tiene valor de uso sino además valor –valor de cambio, valor abstracto, que tiene su origen en la fetichización de la mercancía- (Kohan y Brito, 2005). Las personas se relacionan, según Marx, únicamente a través del intercambio de mercancías y es por esto que acaban atribuyéndole a ésta características mágicas. De esto se infiere un valor simbólico de la mercancía. Según Bird David, la teoría de la Economía Cultural concibe las cosas más allá de meros objetos o mercancías, teniendo una carga simbólica, siéndole atribuidos significados y valores cambiantes que sirven para expresarnos y comunicarnos dentro de un contexto social dado. El valor simbólico es, entonces, la carga de significaciones que los sujetos le atribuyen a una mercancía. Lo hegemónico y lo subalterno Tomando a García Canclini en referencia a Antonio Gramsci haremos uso del término cultura subalterna, pero es imposible referirnos a él sin remitirnos antes a algunas conceptualizaciones de lo que es la cultura hegemónica o grupos sociales hegemónicos que detentan el poder. “En Occidente […] lo que garantiza la estabilidad del orden capitalista es la influencia cultural de la clase dirigente.” (Anderson, s/f). Para Anderson hay una subordinación cultural de grupos subalternos ante un grupo dominante. José Luis Najenson da cuenta de esta relación asimétrica entre grupos sociales y habla de culturas alternativas, siendo lo alternativo característico de lo subalterno, que producen sistemas de códigos, representaciones y prácticas con significados compartidos por los sujetos que integran estos grupos. Para el autor la emergencia de culturas alternativas no sólo es consecuencia del intento de escapar a la dominación total de una cultura hegemónica, sino que esta producción alternativa de significados es imprescindible para la renovación de las estructuras socioculturales, y para que no se cumpla el democidio planificado por el Estado súper leviatán contemporáneo. Desde otras perspectivas, la cultura hegemónica, se define como tal por el reconocimiento arbitrario, social e histórico de su valor en el campo de lo simbólico. Por lo mismo, la posesión o carencia de un capital cultural que se adquiere básicamente en los referentes familiares y educativos, permite construir las distinciones cotidianas que expresan las diferencias de clase. Es decir, en la medida en que existe una correlación entre posición de clase y cultura, dos realidades de relativa autonomía, las relaciones de poder se confirman, se reproducen y renuevan. (Léase José Castillo: Consumo Cultural) Trataremos al grupo social plancha de aquí en más como cultura subalterna. Se han utilizado otras denominaciones como contracultura y tribu urbana, pero preferimos reservarnos de su uso. El primero nos resulta impreciso por substancializar al grupo subalterno en una característica que lo opone perfectamente a la cultura hegemónica transmitiendo una idea de transparencia de intenciones en los agentes sociales y de fácil identificación de los mismos en grupos perfectamente delimitados cuando lo hegemónico no es completamente hegemónico y lo contracultural no se cristaliza completamente en un grupo social. En todos hay algo de contracultural, y la relación entre lo hegemónico y lo subalterno, más que dicotómica es una relación dialéctica de mutua construcción; La hegemonía no es imposición absoluta. En el consumo, los bienes y mensajes hegemónicos interactúan con los códigos preceptivos y los hábitos cotidianos de lo subalterno. El repertorio de bienes y mensajes ofrecidos por la cultura hegemónica condiciona las opciones de las clases populares, pero éstas seleccionan y combinan los materiales recibidos – en la percepción, memoria y uso – y construyen con ellos otros sistemas que nunca son el eco automático de la oferta hegemónica (García Canclini, 1984) En cuanto al segundo pensamos que está cargado de connotaciones peyorativas, descalificativos y etnocentristas. Prácticas de consumo Utilizamos a García Canclini para contrastar este marco conceptual gramsciano con los estudios que realizara Pierre Bourdieu. El primero estudia los procesos culturales en tanto constituidos por la contraposición entre acciones hegemónicas y subalternas, concebía como un problema político la fragmentación y diversidad de las culturas populares; también celebraba su existencia como una manifestación de resistencia. Mientras que el segundo desarrolla un modelo según el cual la cultura de las distintas clases se configuraría por la apropiación diferencial de un capital simbólico común, por las maneras en que el consumo las incorpora a la reproducción social. De este modelo surge la idea de clases que se distinguen por su posición en la estructura de la producción y por la forma como se producen y distribuyen los bienes materiales y simbólicos en una sociedad. Veamos uno de los conceptos centrales en la teoría sociológica de Bourdieu. Los habitus son sistemas de disposiciones duraderas, estructuras estructuradas predispuestas a funcionar como estructuras estructurantes, es decir, en tanto que principio de generación y de estructuración de prácticas y estructuraciones […] los habitus no están simple o mecánicamente superpuestos a los sujetos, como se observa claramente en el tema del consumo, sino que son parte de la expresión de los sujetos mismos”. (Alonso, s/f) El habitus se objetiva en las prácticas de consumo y confiere existencia social a los agentes concientes de su pertenencia a un mismo grupo social que produce prácticas y representaciones de significaciones similares. Y las prácticas de consumo reproducen las estructuras sociales, en un movimiento de objetivación y subjetivación, de exteriorización y de interiorización de las condiciones objetivas por parte de los agentes sociales. La teoría sociológica de consumo de Bourdieu nos vuelve hacia nuestro objeto de estudio. Nike promovió en su campaña publicitaria la velocidad, la competencia, el éxito individualista, el “Just Do It”. “Viví rápido, actuá sin pensar”. El ser intrépido y desafiante se inscribe en el sentido de las representaciones que Nike proyecta sobre el imaginario social. Los planchas reciben el mensaje y se lo apropian, resignificándolo en parte. Numerosos trabajos en antropología social explican la necesidad de vivir el ahora sin pensar en el mañana en los sujetos pertenecientes a clases desposeídas. Susana Rostagnol habla de jóvenes que “manejan un discurso rico en matices de lo concreto, así como inferencias y deducciones, que los mantienen, justamente, en la inmediatez” (Rostagnol, s/f); “los conceptos de futuro se diluyen y adquiere significado sólo el presente, y en algunos casos el pasado como sostén de su vida actual” (Davyt y Rial, 2004). Los planchas, como clase desposeída y cultura subalterna, fueron especialmente sensibles al “Just Do It”. Las identidades se definen en la mayoría de las sociedades actuales, en función del consumo. Dependen de lo que uno posee o de lo que es capaz de apropiarse, de aquellos bienes que percibimos como públicamente valiosos, la selección de los mismos es una forma de integración y distinción de los agentes en el sistema social. Comprar objetos, colgárselos en el cuerpo o distribuirlos por la casa, asignarles un lugar en un orden, atribuirles funciones en la comunicación con los otros, son los recursos para pensar el propio cuerpo, el inestable orden social y las interacciones inciertas con los demás. Consumir es hacer más inteligible un mundo donde lo sólido se evapora. (García Canclini, 1991). Las prácticas de consumo buscan construir clases e identidades lo más homogéneas posibles dentro de la heterogeneidad de lo social. Los planchas, como cultura subalterna y desposeída, objetivan en sus prácticas lo que fue subjetivado en su habitus de clase, las condiciones objetivas que estructuran el sistema social y que padecen: pobreza económica, exclusión, marginalización, inestabilidad social, quiebre de referentes familiares y fracaso de instituciones educativas y culturales que los contengan. El valor simbólico de la mercancía – en tanto artículos manufacturados para el intercambio en el mercado- de los productos Nike se deja ver en la necesidad de apropiación y posesión de estos bienes. Los planchas requieren de estos para producir una identidad y autoconferirse/autoelaborarse una forma particular de existencia social. “Aunque no me quede nada los consigo, no me importa, me voy al mercado modelo y un amigo me tira algo, yo me rescato con la comida” dijo Rodríguez. Le importan tanto que le robaron el resto de la ropa hace dos meses y desde entonces no sale más a los bailes. Cuando consiga todo su atuendo, volverá. (Daniel Ríos, 2006) En tanto cultura subalterna se trata de un éxito para su reproducción social, ahora construída también por ellos mismos y no por la exclusión/estigmatización de grupos con mayor capital, sea económico, social o cultural. Se vuelven agentes activos en un proceso en el que los mecanismos de invalidación son muy fuertes. Los agentes con menor capital –en todas sus formas- detentan/ejercen menor poder, y se encuentran desvalidos o por lo menos en gran desventaja ante agentes mejor ubicados en el espacio social. Siguiendo a García Canclini; los comportamientos del consumo no sirven solo para dividir. Si los miembros de una sociedad no compartieran los sentidos de los bienes, si solo fueran comprensibles para la élite, o la minoría que los usa, no servirían como instrumento de diferenciación. “Se vuelven elementos de distinción o discriminación en tanto otros sectores de la misma sociedad se interesan en ellas y entienden en alguna medida su significado.” (García Canclini en Sunkel, 2001). Los chetos usan championes bajos y con colores discretos, sin tapones en las suelas. El logo se lleva en los talones, y apenas se ve, tapado con un pantalón vaquero. "Son muy bajos", concluyó Rodríguez. Los planchas usan los Nike con tapones y de colores fuertes y lo más importante es que se vea bien la pipa. "La buscás y la buscás, por eso usás bermudas o los pantalones tres cuartos o te los cortás para que se vean". ...Para Zeballos (los verdaderos planchas) llevan los Nike de otra manera: "los ves con terribles Nike, buenas camperas, algún vehículo, pero no molestan ni miran de pesados. Los otros son planchitas, proyectos de planchas, se tiñen, hacen muecas, muestran la pipa por todos lados, quieren hacerse los planchas. Caen presos por pasta base, son unos giles y salen y dicen `yo soy ladrón` y la madre de nuevo los viste con todo y salen bardeando, `ah yo salí de la cárcel y soy terrible malo`. Quieren llegar a ser planchas verdaderos." (Ríos, 2006) La apropiación de la pipa Nike como símbolo, en parte resignificado, y en gran medida portadora de un significado común a todos los agentes sociales, es central en la producción de una identidad plancha, del “ser plancha”, en la que se deposita todo un bagaje de significados relacionados a gustos estéticos elaborados inconcientemente por los actores mismos. Se trata de una estrategia de apropiación diferencial del capital simbólico del sistema social para marcar una distinción. El excluido, construido en mayor medida por los otros mediante estigmatizaciones mas que por él mismo, invierte las condiciones que conforman la situación desfavorable y dan forma a la coyuntura para maximizar su propio poder –por consiguiente, aumentar su capital- en el sistema social para cambiar su situación en la coyuntura y convertirse en artífice de su propio destino, tener capacidad de actuar y no ser un mero testigo o sujeto pasivo. La pasividad absoluta es imposible y una fuerte pasividad impuesta es insoportable. La pipa es el instrumento que mediatiza el procedimiento de inversión y -¿por qué no?- de subversión por el cual los planchas alteran las condiciones objetivas inhóspitas para un proceso de construcción de identidad positivo, estructuradas en mayor medida desde los grupos sociales detentadores de mayor poder para construir su propio micro lugar o hábitat social en el espacio social, con unos significados compartidos por el resto de los agentes sociales pero a los que adjudican valoraciones propias que se insertan en su sistema de disposiciones, en el habitus de clase. Referencias bibliográficas: o Alonso, Luis Enrique. “El estructuralismo genético y los estilos de vida: consumos, distinción y capital simbólico en la obra de Pierre Bourdieu”. s/f. o Anderson, Perry. “Las antinomias de Antonio Gramsci.” s/f. o Bourdieu, Pierre. “La distinción.” 1998. Buenos Aires: Taurus. o Bird David, Nurit. “Las economías: una perspectiva económico cultural.” s/f. o Davyt, Fabiana; Rial, Virginia. “Vivir la calle.” 2004. En Anuario de Antropología Social y Cultural en Uruguay. o García Canclini, Néstor. “Gramsci con Bourdieu. Hegemonía, consumo y nuevas formas de organización popular.” 1984. En Buscador Scholar Google o García Canclini, Néstor. “Consumidores y Ciudadanos.” 1991. En Buscador Scholar Google. o Kohan, Néstor; Brito, Piero. “Marixsmo para principiantes.” 2005. Buenos Aires: Era Naciente. o Kopytoff, Igor. “La biografía cultural de las cosas: La mercantilización como proceso.” En: La vida social de las cosas. Grijalbo, Mexico D.F. o Najenson, José Luis. “Cultura e Ideología.” 1982. o Ríos, Daniel. “La quebrada de las pipas.” 26/8/06. Suplemento Qué Pasa, Diario El País. o Rostagnol, Susana. “Representaciones y prácticas sobre sexualidad y métodos anticonceptivos. Hombres de sectores pobres urbanos.” s/f. En Buscador Scholar Google o Sunkel, Daniel. “El consumo cultural en América Latina.” 2001. Buscador Scholar Google. está medio larguito
Registrate y eliminá la publicidad! www.de-noted.com Página que se dedica a juntar billetes con algún dibujo, broma, referencia, frase, u otro tipo de representación escrita sobre los mismos. Su intento es simplemente el de recopilar y tener archivo de usos particulares de los billetes, llevandonos a pensar sobre el mismo y el valor del dinero en nuestra sociedad. Un billete con una frase, o un número que por alguna razón es importante para alguien, pasa de mano en mano miles de veces en una forma de transmisión de mensajes inusual. La idea de la página entonces es mostrar algunos billetes para que opinemos. AMY WINEHOUSE ZOMBIE BUCKS Presidente Mao DONDE ESTÁ WALLY? THE QUEEN