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Depresión postparto ¿Qué es la depresión postparto? Luego del parto es normal que la mujer experimente cambios en su estado de ánimo. Del 60% al 80% de las mamás pueden adquirir una leve forma de depresión llamada tristeza postparto, que comienza a los pocos días de haber nacido el bebé, pero que no dura más de 2 semanas. En esta etapa la mujer puede sentirse sensible, ansiosa, irritable e incluso experimentar problemas para dormir. Con el transcurso de los días, y cuando ya haya descansado lo suficiente y se adapte al cuidado del bebé, la tristeza postparto desaparece. Sin embargo, si esta etapa se extiende más allá de las 2 semanas puede ser un indicio de depresión postparto. Alrededor de 20% de las mamás pueden experimentar este estado clínico de depresión que puede durar hasta un año. ¿Cuáles son los síntomas de depresión postparto? Puedes estar sufriendo de depresión postparto si experimentas los siguientes síntomas: • Tristeza persistente •Cambios repentinos de humor • Sentimientos de culpa • Ataques de pánico • Pensamientos suicidas • Sentir que nada es divertido • Falta de concentración • Ansiedad • Irritabilidad • Problemas para dormir • Cansancio extremo •Trastornos en tu alimentación • Rechazo hacia tu bebé ¿Por qué se produce la depresión postparto? Pueden ser muchos los factores que la provocan, entre ellos los hormonales, bioquímicos, genéticos, psicológicos y ambientales. El descenso repentino de las hormonas luego del parto puede ser una de las causas. También las responsabilidades que aparecen con respecto al cuidado del bebé derriban el estado de ansiedad y felicidad que traía asociado el embarazo. Además el cuidado de un recién nacido no es gratificante para todas las madres, ya que al principio las cosas pueden salir mal, generando profundos sentimientos de frustración. ¿Estoy en riesgo de padecerla? Puedes estar en riesgo de padecerla si reúnes alguna de las siguientes condiciones: • Has sufrido anteriormente de depresión postparto • Has sufrido de depresión durante el embarazo • Has experimentado mucha ansiedad durante el embarazo • Tienes antecedentes personales o familiares de depresión • Tu embarazo no fue planeado • Tienes problemas con tu pareja o te has separado • Tienes problemas económicos • Has atravesado situaciones estresantes recientemente, como la pérdida de un ser querido, problemas laborales, mudanzas, etc... • Padeces de síndrome premenstrual severo • Has tenido complicaciones obstétricas durante el embarazo, nacimiento o luego de dar a luz • Has tenido algún tipo de trauma durante la niñez , abuso o graves problemas con tu familia • Has tenido problemas con drogas o alcohol Igualmente recuerda que estos factores de riesgo no siempre causan depresión postparto. Muchas mujeres que han experimentado muchos de estos factores no sufrieron de depresión luego del nacimiento. ¿Cómo puedo evitarla? Lo primero que debes hacer es serenarte y tratar de no pensar demasiado en los problemas o en el futuro del bebé. Sólo disfruta de tu hijo recién nacido y de tu tiempo libre, tratando de limitar el vuelo de ideas y ocupándote también de ti. Descansa y trata de no sobreexigirte, cuando veas que no puedes pide ayuda. También es importante que charles mucho con tu pareja sobre tus miedos e inquietudes, dejando en claro lo que te sucede y acompañándose lo más que puedan. Él podrá ayudarte y apoyarte siempre y cuando note que confías en él. Hagan planes juntos sobre el cuidado del bebé y charlen sobre quién es la persona indicada para ayudarte en la casa. Sin embargo, a veces la relación con tu pareja no está bien y en estos casos te recomendamos que busques el apoyo de amigos u otras madres a quien le puedas contar lo que te sucede. Es de mucha ayuda que frecuentes nuestros foros de discusión, allí encontrarás a un grupo de gente maravillosa que puede darte el apoyo que necesitas, ya que tal vez atravesaron tu misma situación y sabrán escucharte y comprenderte. Relájate, recuerda que el estrés conduce directamente a la depresión y aliméntate correctamente. Si te sientes muy ansiosa te recomendamos que asistas a clases de yoga, meditación o natación. ¿Cuándo debo pedir ayuda profesional? Si luego de haber intentado lo que mencionamos anteriormente continúas sintiéndote deprimida y ya has pasado más de 2 semanas en este estado, te recomendamos que busques ayuda profesional. Pregúntale a tu médico que te recomiende un psicólogo o psiquiatra de confianza con quien puedas tener una entrevista. En el caso de que hayas experimentado depresión postparto anteriormente es importante que te contactes durante el embarazo con los profesionales que te atendieron la última vez. Si fuiste medicada seguramente volverán a recetarte las drogas que ta habían prescripto inmediatamente después del nacimiento. Esto reduce considerablemente la posibilidad de volver a padecerla. Algunas personas prefieren comenzar a tomar la medicación no bien aparecen los síntomas, sin embargo, de esta forma, va a ser más difícil de tratar. La depresión postparto no tratada a tiempo puede ser peligrosa porque conduce a la mujer a la falta de cuidado de su bebé, rompe el vínculo natural y provoca un distanciamiento entre ambos. Si persiste, produce inseguridad en el niño y un deterioro en su adquisición de conocimientos y aptitudes. Seguinos en
Bipolaridad Introducción El Trastorno Bipolar es una condición médica de la que en los últimos años se ha dado a conocer con mayor frecuencia, aunque la misma es un desorden antiguamente conocido como el trastorno maniaco-depresivo o la psicosis maniaco-depresiva. La bipolaridad es un desorden en la que el individuo que la padece presenta unas manifestaciones extremas de dos estados de ánimo principales, las cuales se conocen como el polo depresivo, y el polo maníaco o de euforia. Estos estados de ánimo fluctúan en la persona de forma cíclica e inconsistente, en la que por momentos sufre de una depresión grave o crónica, y de repente puede presentarse totalmente eufórico. Uno de los indicativos principales de una persona que padece de bipolaridad es que la misma presenta estos polos de forma extrema y exagerada. La persona puede sufrir de episodios de depresión severa en ciclos promedio de entre una a dos semanas, y luego pasa a un episodio de euforia extrema en ciclos de la misma duración en promedio. El diagnosticar esta condición en una persona no es fácil, ya que los síntomas son similares a las de otras condiciones del estado de ánimo como lo son la depresión, el trastorno obsesivo/compulsivo, entre otros. Estadísticas Algunos estudios antiguos indicaban que existía una alta relación de personas bipolares en grupos de niveles altos de inteligencia o en personas muy talentosas y educadas. Sin embargo, no existe una prueba certera para que este dato sea cierto. Es muy probable que este mito se haya manifestado debido a que se han mencionado muchas figuras conocidas en la historia y de la actualidad que pueden haber padecido, o padecen de la condición. Figuras como Abraham Lincoln, Beethoven, Van Gohgh y otros, pudieron haber padecido de este trastorno. Figuras de la farándula local y políticos de la actualidad, también se han mencionado como parte de este grupo. Síntomas El Trastorno Bipolar puede ser diagnosticado por un profesional de la salud mental, como un psiquiatra. A continuación detallamos varios de los síntomas que se manifiestan tanto en el polo depresivo como en el maníaco. Sin embargo, es importante señalar que solamente un profesional de la salud mental puede hacer un diagnóstico exacto y ayudarlo a recuperarse de esta condición. Polo Depresivo En términos generales, en este polo se manifiestan los síntomas comunes de la depresión, pero de forma intensa y extrema. Los siguientes síntomas deben estar presentes hasta por periodos de dos semanas. Entre los más comunes se encuentran: * Falta de interés o placer * Sentimientos de tristeza y vació constante * Irritabilidad en algunos casos (mayormente en adolescentes) * Pérdida o aumento de peso significativo sin dieta alguna * Cambios en los patrones de sueño, tanto como insomnio o dormir demasiado * Lentitud en los movimientos y expresiones pausadas * Dificultad para concentrarse * Fatiga o pérdida de energía, cansancio extremo * Sentimientos de culpabilidad * Pobre autoestima, sentimientos de minusvalía * Dificultad para tomar decisiones * Pensamientos de muerte y/o suicidio con o sin plan definido Polo Maníaco o Eufórico En términos generales, en este polo se manifiestan los síntomas de un estado anímico anormal o persistentemente elevado, al punto de que lo lleva a un grado de irritabilidad e intolerancia por parte de quienes lo rodean. Estos síntomas están presentes mayormente en ciclos de por lo menos una semana. Entre los síntomas más comunes se encuentran: * Autoestima exageradamente alta, delirios de grandeza * Poca necesidad de sueño (con dos o tres horas de sueño la persona se siente que ha descansado lo suficiente) * Hablar demasiado, de forma persistente * Expresión de ideas al grado acelerado en que surgen los pensamientos * Distracción persistente, su atención se torna en aspectos poco importantes * Aceleración exagerada en los movimientos * Incremento en actividades específicas al grado de ser compulsivas, como lo son eventos sociales, exceso de trabajo * Hipersexualidad, actividad sexual de forma anormal y exagerada * Comportamiento hostil y/o violento * Realizar actividades en las que se puede ver en dificultades o en peligro, como por ejemplo, compras excesivas, despilfarro de dinero, obsesión por los juegos de azar, transacciones de negocios absurdas, uso de drogas o alcohol de forma desmedida, indiscresiones sexuales, entre otros Existen otros "polos", dentro de los dos más comunes descritos anteriormente, los cuales se conocen como el polo hipomaníaco y el desorden mixto. El polo hipomaníaco es una antesala al episodio maníaco o eufórico, aunque no siempre se manifiesta en las personas bipolares. Este estado usualmente dura cuatro (4) días en promedio antes de que la persona sufra de un episodio maníaco en su totalidad. Los síntomas no se manifiestan con la intensidad y profundidad del estado maníaco, y no producen tantos inconvenientes con las personas que le rodean. El desorden mixto es mayormente una manifestación de ambos polos, creando un ciclo rápido y de cambio abrupto y repentino. En algunos casos, los cambios entre un polo y el otro pueden ser de hasta minutos. El tratamiento tiende a ser más prolongado y complicado. Afortunadamente, estos casos no son tan comunes en comparación a las otras características de la condición. Es importante señalar, que muchas veces los cambios de un polo a otro se relacionan con eventos y fechas especiales como los cumpleaños o aniversarios, o con momentos de un significado simbólico psicológico. También pueden verse cambios por temporadas como los son durante la primavera o el invierno. Causas Se han realizado muchas investigaciones relacionadas al Trastorno Bipolar, aunque todavía no existe una causa totalmente definida para que surja. En investigaciones realizadas se ha determinado una relación entre la deficiencia del Carbonato de Litio con la bipolaridad. Esta sustancia puede ser una de las causas de la condición cuando esta sustancia neurotransmisora no se distribuye adecuadamente a través de los nervios en el cerebro. Tratamiento El tratamiento para el Trastorno Bipolar es sumamente importante, ya que un tratamiento deficiente o inapropiado puede llegar a ser una de las condiciones psiquiátricas más devastadoras y catastróficas en la persona que la padece. Gracias a las investigaciones y avances de la medicina, el Trastorno Bipolar ya se puede catalogar como una condición tratable, y en muchos casos, la persona que la sufre puede recuperarse totalmente y volver a tener una vida plena y normal. Existen varias alternativas de medicamentos antidepresivos conocidos como antidepresivos de la nueva generación y los anticonvulsantes. Estos medicamentos también se conocen como estabilizadores del ánimo. Algunos ejemplos son el Depakote, Tegretoln y Neurontin. Mientras la persona sufre del polo maníaco, se les recetan inductores de sueño. Carbonato de Litio Los psiquiatras utilizan con mucha frecuencia el carbonato de litio (un tipo de sal natural) para el mejoramiento y el control de los síntomas de bipolaridad, ya que es una sustancia relativamente económica, haciéndolo un tratamiento accesible para las personas que sufren la condición. Sin embargo, no se ha podido probar a ciencia cierta que una deficiencia de litio en sangre resulte en la causa principal de bipolaridad. Una mera muestra de sangre para determinar los niveles de litio en una persona no es prueba suficiente, ni tampoco la única fuente para diagnosticar esta condición. Se requiere de un monitoreo constante y pruebas de sangre de forma periódica para poder determinar la dosis necesaria que la persona necesita. Es importante señalar que además del tratamiento médico con medicamentos, es necesaria la hospitalización en una institución psiquiátrica durante las primeras fases del tratamiento, dependiendo del grado de severidad de la condición. En algunos casos este factor es vital para la pronta recuperación y para que el tratamiento sea exitoso. Tampoco podemos pasar por alto la ayuda y apoyo espiritual que un sacerdote, pastor y/o ministro puede proveerle durante el proceso de recuperación. Una actitud y mentalidad positiva, junto con una buena dosis de fe pueden hacer la diferencia para una recuperación total y completa. Es necesario hacer énfasis de que el tratamiento para combatir el Trastorno Bipolar es un proceso a largo plazo y en algunos casos, el tratamiento se requiere que sea de por vida. La persona que sufre de la condición comenzará a sentir una mejoría considerable entre cuatro (4) a seis (6) semanas luego de comenzar a tomar sus medicamentos. Como dato adicional, es importante recalcarle al paciente bipolar que además del tratamiento médico, es sumamente necesario combinar los medicamentos con lapsicoterapia, tanto individual, como grupal para que los resultados y la recuperación sea más rápida y exitosa. Aunque la psicoterapia no juega un papel vital durante la fase mánica al comenzar el tratamiento, sí es de mucha ayuda cuando la persona está en la fase depresiva. A medida que la persona va estabilizando su estado de ánimo, la psicoterapia es fundamental y una parte integral del tratamiento. Con la psicoterapia la persona bipolar puede recibir información, orientación sobre su condición, así como herramientas para identificar síntomas y para manejar su comportamiento. Como dato adicional, es importante recalcarle al paciente bipolar que una vida balanceada es sumamente importante, saludable y vital en el proceso de recuperación. Todo exceso es dañino para la salud física y emocional del ser humano. Evite el trabajar excesivamente, así como el realizar cualquier actividad sin moderación. Es importante tomar sus horas de descanso y sueño en serio, comer saludablemente, hacer ejercicios, hacer actividades recreativas, disfrutar con sus familiares y amigos, visitar una iglesia, orar y meditar, entre otros. Seguinos en
Depresión infantil: ¿Es posible? Uno de los artículos del NYTimes más compartidos por email en los últimos días se concentra en la depresión en los niños. Las descripciones del tratamiento rompen el corazón. A quienes desconfían de la sicología, la sola insinuación de la depresión en niños puede irritarlos. Desgraciadamente, los expertos claman que la enfermedad es real, y que también puede presentarse en niños menores de 6 años. El afamado New York Times publicó el Viernes 27 un profundo reportaje sobre la depresión en niños preescolares, dando pie a un interesante debate en internet. Pamela Paul escribe en la New York Times Magazine lo que fue su experiencia compartiendo con mamás cuyos hijos estaban deprimidos. En la terapia presenciada por Pamela Paul, las madres e hijos eran inducidos a situaciones de culpa, y trabajaban sus problemas desde ahí. A modo de muestra, la autora presenta la interacción entre un pequeño niño y su madre (guardándose la identidad de las fuentes para cuidar su privacidad). La sicóloga a cargo le entregó al niño una taza que estaba hecha para romperse al ser tomada por el chico: “El chico negó con la cabeza a punto de llorar. ´Siento como si me fuera al tarro de la basura´, dijo. ´¿Quién te pondría en el tarro de la basura?´, preguntó su madre. ´Tú lo harías´, contestó él en tono acusatorio. ´Yo jamás haría eso´, contestó ella. ´Yo te amo. Los accidentes ocurren.´ El niño pareció recuperarse, luego hablaron sobre los aretes de ella, quien los agitaba con su dedo índice. Luego el niño miró al suelo otra vez, ´¿estás enojada conmigo?´, preguntó él, y luego agregó, en tono enojado, ´nunca quiero volver a participar en esta actividad´. ´No eres un chico malo´, lo consoló ella. ´Sí lo soy´, contestó él, escondiéndose bajo la mesa. ´No creo que ahora me quieras´. Comenzó a quejarse en el suelo, murmurando: ´Estoy tan triste. Tan triste.´” Quizás lo más preocupante sea que los doctores no llegan a consenso respecto a qué hacer ante una situación. Existe el riesgo de sobremedicarlos y de poner sobre ellos una etiqueta muy pesada, siendo los pre-escolares tan difíciles de diagnosticar. Como explica Paul, “Los pre-escolares no sólo carecen de la sofisticación lingüística para describir lo que sienten, sino que además son personas que aún están aprendiendo qué es lo que son las emociones”. ¿Cómo ayudar a niños que son tan pequeños que apenas entienden lo que es un sentimiento? Parece ser que una respuesta es incluir a los padres en las terapias, pero sin culparlos de lo que ocurre. Si bien es cierto que un padre depresivo puede influencias a su hijo, también es cierto que hay mucho niños deprimidos que cuentan con padres preocupados y amorosos, como bien reporta el artículo. Además, los padres pueden convertirse en actores fundamentales del proceso de sanación de los chicos: “Las terapias para pre-escolares depresivos debieran siempre involucrar a sus tutores. No porque el tutor sea un elemento negativo, si no que por su rol esencial en el aparato sicológico del niño. EL niño no es una persona independiente a esta edad”, declara el doctor Luby en el artículo original. Lo importante es tener la entereza para reconocer un problema de este tipo en nuestros niños. La depresión en pre-escolares, según el artículo, puede ocasionar serios problemas en la adultez si no es tratada. Uno de los argumentos más fuertes para promover el diagnóstico temprano es que, aún cuando el niño tenga predisposición genética a la enfermedad, ésta no se ha “cimentado”. El diagnóstico temprano, una vez más, parece ser el mejor anticuerpo para enfermedades que, una vez desarrolladas, son fatalmente difíciles de tratar.
La depresión en los ancianos. ¿Es frecuente la depresión en el anciano? La depresión es un trastorno de primer orden en cuanto a frecuencia y trascendencia dentro de las enfermedades que aquejan preferentemente a los ancianos. La existencia de tratamientos eficaces que pueden mejorar la calidad de vida de quienes padecen este trastorno, obliga a prestar especial atención a este problema. Deberemos mantener un permanente estado de alarma que permita su detección, para posteriormente abordarla con los tratamientos de los que disponemos. ¿Qué entendemos cuando hablamos de depresión? El concepto de depresión no es extraño por su difusión fuera de la practica médica. Sin embargo es necesario puntualizar que los síntomas depresivos pueden formar una variada constelación de manifestaciones que incluyen síntomas psíquicos y corporales. Entre los primeros se encuentran síntomas afectivos consistentes en una alteración del humor entendido como alteración del estado de ánimo. Es el ánimo depresivo o tristeza vital. Otros síntomas de esta esfera afectan a la pérdida de interés por las cosas así como a la capacidad para disfrutar. Constituyen el núcleo central de la depresión y se acompañan de una disminución de la vitalidad con alteración de la actividad laboral y social del individuo. En esta esfera pueden existir otros síntomas como ideas de culpa, autorreproches, pesimismo, desesperanza, dificultad para concentrarse, ideas de suicidio... Sin embargo en la depresión existen síntomas corporales o somáticos siendo los más frecuentes las alteraciones del sueño con insomnio y menos veces hipersomnia; pérdida de peso con falta de apetito; cansancio o falta de energía. Pueden existir otras muchas quejas somáticas: gastrointestinales, vértigo, dolor, cefalea, etc. que en ocasiones son predominantes en la depresión del anciano. ¿Qué predispone al anciano a estar deprimido? En la vejez concurren una serie de factores de diversa índole que pueden favorecer la aparición de este trastorno. Entre ellos se encuentran: - Pérdida de salud que acontece con la edad. En muchas ocasiones ésta pérdida de salud condiciona deterioro funcional con tendencia a la dependencia física y pérdida de autonomía. - Presencia de enfermedades crónicas, pérdidas de familiares, amigos y seres queridos en ocasiones acompañadas de reacciones de duelo patológicas. - Merma de la capacidad económica. - Pérdida de roles en el seno de la familia con la salida de los hijos y un papel menor del abuelo dentro de la misma. - Cambios con la llegada de la jubilación, que condiciona un cambio brusco en la actividad y relaciones sociales. - Factores biológicos presentes, aunque no suficientes para la depresión. Entre ellos se han implicado cambios en la estructura cerebral, neurotransmisión, sistemas hormonales. Se ha postulado que pudieran ser un factor de vulnerabilidad. A pesar de ello el envejecimiento no es sinónimo de depresión. No se deben confundir el envejecimiento normal con la presencia de una enfermedad por más que en ocasiones estén presentes una mayor introversión, reiteración y presencia del pasado en algunos ancianos. Es decir, ni todos los ancianos están deprimidos ni los síntomas de una depresión cuando aparecen en una anciano, son "normales" para su edad. ¿Por qué es importante la depresión en esta edad? En primer lugar por su frecuencia que es muy alta. Se calcula que hasta un 30% de los mayores de 65 años padece alguna de las diversas formas de depresión. Esta aseveración tiene sin embargo muchas matizaciones, todas ellas tomadas con precaución derivada de los problemas metodológicos de los estudios. - Se sabe que la depresión severa o depresión mayor es menos frecuente en el anciano que en el adulto joven. Afectaría al 1-2% de los mayores de 65 años y supondría un cuarto de todas las depresiones mayores. Existen argumentos por parte de algunos autores en contra de la anterior afirmación, dando una posible explicación a esta diferencia en un menor diagnóstico de la depresión del mayor. - Esto se debería a varios factores como la presencia de deterioro cognitivo o una expresión de los síntomas de forma diferente en el anciano, con una menor expresión de tristeza y más presencia de síntomas somáticos o corporales. Esto supondría que los estrictos listados de criterios con los que se hacen los diagnósticos estén poco adaptados a la forma de la depresión en el anciano. - En cambio la frecuencia es muy alta si se estudian depresiones menores y presencia de síntomas o estados depresivos que no cumplen suficientemente criterios para considerarlos depresión. La presencia de estas depresiones menores o depresiones subclínicas se calcula en un 15%-20% de las personas mayores. - Estas cifras que hemos dado son válidas para ancianos que viven en la comunidad. Si se analiza la frecuencia del trastorno depresivo en ancianos hospitalizados o institucionalizados en residencias, los porcentajes son aún mayores. - Se calcula que la presencia de depresión mayor en ancianos hospitalizados con enfermedad aguda llega al 10%. - En estos mismos los trastornos depresivos menores alcanzarían el 30%. En residencias los porcentajes se disparan hasta 15% y 30-35% respectivamente. - En segundo lugar por su trascendencia. La presencia de este trastorno pasa factura en el adulto mayor no sólo como fuente de sufrimiento individual afectando a su calidad de vida. - Se sabe que la depresión complica la evolución de las enfermedades médicas del anciano; interfiere en la rehabilitación de enfermedades incapacitantes como el ictus; induce un mayor riesgo de suicidio y se traduce en una mayor mortalidad por cualquier causa en quien lo padece. Son observaciones constatadas tanto a nivel comunitario como en instituciones geriátricas. Esta mayor mortalidad se ha atribuido a varios factores: * Menor soporte social del anciano deprimido. * Peor estado nutricional por pérdida del apetito. * Posibles efectos de la depresión sobre el sistema inmunitario * Pérdida de motivación para el autocuidado. ¿Qué peculiaridades tiene la depresión en el anciano? La depresión senil tiene una serie de rasgos diferenciadores. Algunos de ellos ya los hemos introducido previamente: - Menor presencia de síntomas psíquicos como la tristeza y mayor presencia de síntomas corporales. - La tristeza y el bajo estado de ánimo pueden manifestarse en el anciano como apatía y retracción y pueden ser predominantes quejas somáticas diversas que obligan a realizar pruebas en busca de otras enfermedades que por otra parte son muy frecuentes en estas edades. A veces estos síntomas corporales constituyen verdaderos cuadros hipocondríacos con temores y preocupaciones excesivas. - Algunos síntomas propios de la depresión pueden ser muy llamativos en el anciano como la pérdida de peso por falta de apetito, el insomnio o la aparición de ideas delirantes y en los cuadros graves verdaderos cuadros psicóticos. - Los ancianos con mucha frecuencia padecen enfermedades en las que la depresión puede ser un síntoma más de dicha enfermedad. En este caso la depresión en sí no es la enfermedad principal sino un síntoma acompañante. Son las llamadas depresiones somatógenas que complican procesos como la enfermedad de Parkinson, el ictus o Accidente Cerebrovascular, enfermedades del Tiroides como el Hipertiroidismo o el Hipotiroidismo, trastornos del metabolismo o algunos tipos de cáncer. - Por el mismo motivo los ancianos consumen en ocasiones fármacos para tratar sus enfermedades pero que pueden inducir la aparición de depresión días o semanas después de su uso. Entre estos están medicamentos como corticoides, antiparkinsonianos, algunos antihipertensivos, etc. - En la depresión grave del anciano es más frecuente el suicidio que en los jóvenes. - En ocasiones la depresión se presenta como deterioro cognitivo, es decir como un menor rendimiento intelectual con quejas de pérdida de memoria que obliga a los clínicos a diferenciar estas depresiones de una verdadera demencia. Diferenciar depresión de demencia: Un reto en ocasiones difícil.Trataremos de describir un problema médico muy frecuente con el que se encuentra el Geriatra en su práctica clínica. Como hemos comentado la depresión en el mayor, en ocasiones, se presenta y se manifiesta como un declinar cognitivo con quejas de pérdida de memoria y aprendizaje, confundiéndose con una Demencia. Por otra parte la Enfermedad de Alzheimer, que es la demencia más frecuente, puede acompañarse en fases iniciales e intermedias de síntomas depresivos (30%) e incluso completar una depresión que merme aún mas su rendimiento cognitivo. El problema para entender estas dos situaciones se complica aún más si tenemos en cuenta que cuando se han seguido en el tiempo a los pacientes que han desarrollado una depresión en la vejez manifestada con peor rendimiento cognitivo han desarrollado con mas frecuencia una Demencia. A la depresión que por sus quejas de memoria se confundía con una Demencia sin que esta existiese, se la llamó clásicamente pseudodemencia por ser una falsa demencia. Afortunadamente disponemos de algunos aspectos diferenciales entre los dos trastornos a la hora de preguntar al paciente y a la familia para diferenciarlos. ¿Qué son los trastornos adaptativos? Dentro de las depresiones este tipo de trastornos es extremadamente frecuente en los ancianos. Se definen por la presencia de un factor estresante claramente identificable en los meses previos a la expresión del malestar depresivo. Suponen una falta de adaptación psíquica a dicho estresante que viene a romper el equilibrio anterior. Los trastornos adaptativos pueden acompañarse de síntomas depresivos y/o ansiedad. En los ancianos son frecuentes como factores desencadenantes de trastornos adaptativos las enfermedades que en ocasiones como el ictus dejan secuelas con pérdida de autonomía o dependencia.