BlondiWolf
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La cruenta batalla naval de la Primera Guerra Mundial que se libró frente a las costas de Sudamérica El domingo 1 de noviembre de 1914, a las 16:30 de la tarde, se escucharon los primeros cañonazos en Bahía de Coronel, en el sur de Chile. Es una guerra europea al frente de costas sudamericanas. La flota alemana, integrada por cinco cruceros y dirigida por el almirante Maximilian von Spee, forma una especie de cerco hacia la Bahía de Coronel, dejando a las 4 embarcaciones inglesas -comandadas por Sir Christopher Cradock- fuera de aguas neutrales. El crucero alemán S.M.S Scharnhorst es el primero en abrir fuego contra el acorazado británico H.M.S Good Hope, que comienza rápidamente a arder. Le seguiría, y muy pronto, el crucero H.M.S Monmouth, que recibió ataques de dos buques alemanes, por lo que terminó dándo vuelta de campana. Relatos de la época señalan que las lenguas de fuego de los cruceros ingleses alcanzaron los 60 metros, algo así como la altura de un edificio de 20 pisos. Y para cuando la noche cayó, ya se daba por ganadora a la flota de von Spee. Los dos buques británicos que lograron salvarse recalaron averiados en el puerto de Coronel. En tanto, tres cruceros alemanes partieron victoriosos hasta la ciudad de Valparaíso. La batalla de Coronel o "del día de Todos los Santos", como también se le conoce, se convirtió en el hecho bélico más sangriento ocurrido en costas chilenas, por su gran número de muertos (1.590). El historiador naval Germán Bravo Valdivieso, autor del libro "La Primera Guerra Mundial en la costa de Chile: una neutralidad que no fue tal", explica a BBC Mundo que esta derrota no fue "una más" para los británicos. "Esta es la primera derrota del Reino Unido después de más de un siglo invictos, y por lo que perderían luego el control del Pacífico Sur", dice a BBC Mundo. La derrota fue un golpe duro. Ni siquiera el almirante Cradock pudo salir vivo de las aguas. La Armada de Chile envió un transporte marítimo en busca de náufragos, pero no se encontraron sobrevivientes. Un alto al juego Un testigo de la época, pero de corta edad, fue el fallecido abuelo de Manuel Gutiérrez González, historiador chileno, y quien se ha interesado en investigar más sobre este episodio. Manuel González Espinoza tenía 7 años cuando presenció la batalla desde el sector de Buen Retiro, en la ciudad de Coronel. Su padre, Manuel González Thompson, era administrador de las minas de carbón de Buen Retiro y debido a este cargo su casa se ubicaba en la cima de un cerro con amplia vista al mar. Los recuerdos de Manuel González Espinoza, empiezan cuando jugaba por la tarde con su hermano menor, Francisco. El juego se vio interrumpido por un llamado apresurado de su padre, quien los llevó hasta la terraza y les pidió mirar hacia el horizonte. "¡Sentí un ruido, luego vi los fogonazos en el horizonte, cerca de la isla Mocha, donde se podía apreciar el combate", le decía Manuel González hace exactos 18 años a su nieto Manuel Gutiérrez. Aunque no hay antecedentes del lugar preciso donde se libró la Batalla de Coronel, historiadores como Germán Bravo estiman que pudo ocurrir entre las 10 y 20 millas de la costa. "Esto pudo ser así por la dificultad que tuvieron los británicos de ver a los buques alemanes a la puesta de sol y al confundirse con la costa", cuenta Bravo a BBC Mundo. Con esas distancias estimadas, los fogonazos de los cruceros dañados, como el H.M.S Good Hope o el H.M.S Monmouth, podían entonces fácilmente avistarse. La revancha Pero la estrategia del Almirante von Spee, más una serie de eventos que podrían considerarse de "mala suerte", hicieron que la victoria germana no se mantuviera por mucho tiempo. "El almirante Von Spee quería llegar a Alemania con sus buques y bien podía sortear las Islas Falklands, pero quiso tomárselas e instalar un gobernador en ellas, destruyendo las instalaciones", cuenta a BBC Mundo Germán Bravo. En las Malvinas-Falklands, von Spee estaba seguro de que sus buques eran suficientes para hundir a la flota británica, pero se equivocó. Nuevos buques británicos habían llegado a la zona: el H.M.S Invincible y el H.M.S Inflexible. Esto daría ventaja a los británicos. El S.M.S Scharnhorst, el buque alemán que durante la batalla de Coronel fue el primero en abrir fuego, recibió de lleno la revancha británica. En este crucero quedaron atrapados el almirante Maximilian von Spee y los 795 hombres. Se hundieron a las profundidades. Otro desastre más, esta vez en el océano atlántico, también con un listado de miles de muertos. La batalla de las Malvinas-Falklands dio el triunfo absoluto a los británicos y solo un buque alemán pudo escapar del combate: el S.M.S Dresden. Este buque sería hundido en marzo de 1915 en el Archipiélago de Juan Fernández, sur de Chile, por los propios alemanes, al verse acorralados ante la flota británica. Los más de 300 tripulantes alemanes sobrevivientes de este barco serían más tarde internados por cuatro años en una isla del centro sur de Chile llamada Quiriquina. Cuasi neutralidad Un tema de discusión en Chile durante la Primera Guerra Mundial fue su neutralidad, especialmente por no intervenir en los combates. "Chile se declaró neutral, pero ayudó abiertamente a las fuerzas aliadas, incluso el Ministro Plenipotenciario Británico tenía muchos vínculos con la Armada de Chile", asegura a BBC Mundo Germán Bravo. "¿Pero qué más pueden hacer los chilenos? Si Chile intervenía tendría que apoyar a uno o a otro y con ambas naciones tenía estrechos vínculos. Por ejemplo en el Ejército con los alemanes y en la Armada con los ingleses", agrega para BBC Mundo Manuel Gutiérrez. Y no solo la neutralidad se cuestionó. Los chilenos y los británicos que vivían en Chile se mostraban muy preocupados ante esta guerra que presenciaban en sus propias costas. "Para 1914 mi abuelo era un niño, pero después de la batalla, ya siendo adolescente, supo que la gente tenía miedo de que estos conflictos entorpecieran el tráfico de carbón", cuenta a BBC Mundo Manuel Gutiérrez. Durante más de un siglo la minería fue la principal actividad económica en la zona de Coronel y Lota, debido a los vastos yacimientos carboníferos que se allí hallaron. Rastros que hablan A más de un siglo de esta historia, en la ciudad de Coronel quedan algunos rastros, sobre todo de la fuerte influencia británica, reflejada en algunas construcciones. Debido al apogeo de las minas del carbón, los británicos estuvieron muy presentes en la zona, desde finales del Siglo XIX hasta aproximadamente 1930. El censo chileno de 1907 señala que dentro de los inmigrantes de las ciudades de Lota y Coronel - 10% de los habitantes- el 8%, correspondía a ciudadanos ingleses. Actualmente, el Barrio Maule de Coronel conserva fachadas de casas con estilo inglés. También en la Plaza 21 de Mayo, ubicada en la misma ciudad, se encuentra un reloj de cuatro esferas, donado por el empresario carbonífero Federico Schwager, quien trajo en noviembre de 1881, y desde Inglaterra, esta reliquia. En esa misma plaza un memorial de piedra por la Batalla de Coronel tiene dibujado en relieve, y a sus costados, a los dos buques caídos. De frente al monolito una emotiva frase por las víctimas, como para cerrar el capítulo, dice: "su único sepulcro es el mar".
La editorial Confluencias publica por primera vez en español el testimonio de Filip Müller Es un relato de cómo el Reich perfeccionó las técnicas de la aplicación de la muerte hasta lograr una eficacia industrial. Cuando Filip Müller fue deportado a Auschwitz en la primavera de 1942, el exterminio de los judíos europeos acababa de superar lo que Léon Poliakov llamó la fase de los asesinatos caóticos (iniciada con la invasión de la URSS el 22 de junio de 1941) para entrar de lleno en su momento más cruelmente homicida. Si en la anterior etapa los judíos de toda Europa, considerados "rémoras" y excedente poblacional, fueron asesinados mediante fusilamientos, o asfixiados en camiones de gas por las cuatro unidades móviles de Einsatzgruppen que acompañaban a la Wehrmacht en su camino hacia Moscú, ahora se diseñarían campos especiales para su aniquilación en cámaras de gas estancas alimentadas con los gases de combustión emitidos por potentes motores diésel y de gasolina. Concebidos como eficientes centros fabriles, desde esa misma primavera y hasta bien entrado el otoño de 1943, en Belzec, Sobibór y Treblinka (instalados en la Polonia ocupada por Reich) se logró un grado de eficacia industrial nunca antes imaginado. Pero sería Auschwitz, gracias a la utilización del Zyklon B como gas mortal, y a una estructura mixta en la que se combinaban funciones de concentración, represión, trabajo esclavo y exterminio (un modelo que se repetiría en Majdanek-Lublin), el que alcanzaría el mayor nivel de perfeccionamiento. A éste último es al que llegará Müller, un judío eslovaco de apenas 20 años, sin imaginar que su destino había quedado encadenado a un proceso de aniquilación que llevaba ya un largo camino recorrido. Como ha explicado en su monumental obra Raul Hilberg, la destrucción de los judíos europeos se desarrolló superando cuatro etapas sucesivas. Una primera, en la que una minuciosa legislación elaborada en Nüremberg en 1935 definió quién, de entre los ciudadanos alemanes, era judío y quién ario. A los primeros se les despojó de su condición de ciudadanos del Reich y sus bienes fueron paulatinamente expropiados. En un tercer momento, a partir del otoño de 1941, fueron recluidos en campos de concentración y encerrados en guetos construidos en las principales ciudades europeas. Finalmente, se decidió su eliminación física y su bienes, en manos ya legalmente del Estado, fueron utilizados para contribuir al esfuerzo bélico y resarcir a los alemanes de las pérdidas sufridas por los bombardeos aliados. Al menos, un 95% de los ciudadanos del Reich se benefició del exterminio, adquiriendo a bajo coste empresas, acciones industriales, comercios, viviendas, muebles, enseres de cocina, electrodomésticos, sábanas, cuadros, instrumentos musicales, cristalerías, cuberterías, ropa, perfumes, juguetes infantiles... "No se podrá entender el Holocausto", afirma Götz Aly, "mientras no se analice como el más consecuente atraco homicida de la historia moderna". El esquema se reprodujo de manera idéntica en todos los países de la Europa ocupada por el Reich a partir de septiembre de 1939. Capturado junto con su padre en su ciudad natal, Sered de Waag, Müller sería uno de los miles de trabajadores "jóvenes y fuertes" que fueron enviados forzosamente a trabajar para los nazis tras el acuerdo del Gobierno nacionalista y católico de Monseñor Tiso con las SS de Heinrich Himmler. Sus bienes, como los del resto de judíos eslovacos, servirían para pagar los gastos de ocupación que el Reich alemán exigía a cada uno de los países sometidos. Cuando las principales instancias políticas y policiales del Gobierno nacionalsocialista (que coordinaron sus funciones en la conocida como Conferencia de Wannsee, el 20 de enero de 1942) tomaron la decisión de asesinar a 11 millones de judíos de toda Europa, delegaron en los comandantes de los campos de exterminio la mejor forma de ejecutarla. Sometidos a un dilatado proceso de experimentación libraron entre ellos una frenética competencia por presentar a sus superiores los mejores resultados, desarrollando técnicas y procedimientos que hicieron del asesinato en masa un dispositivo estatal e industrial que desempeñó una doble finalidad: económica e ideológica. Los crematorios A Müller le tocó participar en la fase final de ese proceso. Durante tres años estuvo destinado en los crematorios (instalaciones que incluían cámaras de gas y hornos de incineración) como miembro de los llamados Sonderkommando, grupos especiales de trabajo forzado creados por los SS y formados en su mayoría por judíos, a los que les tocó realizar las tareas más abyectas en turnos de trabajo de 12 horas. Entre otras, conducir a las víctimas a los vestuarios sin desvelarles su inminente destino; clasificar sus pertenencias en almacenes para poder enviarlas a Alemania, donde serían reutilizadas; sacar los cadáveres de las cámaras de gas, cortar el pelo de las mujeres e incinerar los cuerpos en los hornos de alta presión, o enterrarlos en fosas comunes. Aislados en barracones propios y denigrados en el campo por el resto de prisioneros, que huían de ellos por su desagradable olor y su incómoda presencia, pues eran considerados auténticos enviados de la muerte, Primo Levi fue de los primeros que llamó la atención sobre el sufrimiento que habían tenido que soportar esos "cuervos del crematorio". En sus reflexiones sobre los "salvados", pero a la vez "hundidos", destacó que sólo ellos habían conocido las entrañas de la maquinaria de destrucción y que el resto de supervivientes, que incluso en sus memorias los insultan por haberse vuelto más insensibles y tener un aspecto más animalizado que algunos SS, deberían revisar sus juicios sobre ellos. Nadie, recordaba el escritor italiano, pudo elegir libremente el papel que se le asignó en el largo proceso de destrucción. Fue inevitable que siguiendo un animal instinto de supervivencia, los miembros del Sonderkommando sufriesen un bloqueo sensorial y mental que los insensibilizara y les evitase preguntarse a cada momento sobre los motivos de su comportamiento. Una enajenación que les permitió ir ganando tiempo a una muerte que sabían segura, ya que eran periódicas las liquidaciones y la renovación del Sonderkommando, que los SS llevaban a acabo para impedir que nadie que hubiese conocido el "secreto" permaneciese con vida. Y ésta fue la razón por la que todos ellos quedarían excluidos de la categoría de héroes, que sí tuvieron otros supervivientes, y fueron condenados al olvido durante años, acusados de haber sido colaboradores necesarios de los nazis. Ellos, por su parte, tuvieron que cargar el resto de su vida con el peso de una conciencia que los culpabilizaba por haber sobrevivido. "Era evidente", escribe Müller en un momento de su relato, "que el sentimiento de que como observador pasivo era culpable había arraigado fuertemente en mi subconsciente". Quizá por eso tardaría casi 35 años en publicar la versión definitiva de su experiencia. A pesar de que su conocimiento de los detalles del proceso de aniquilación sirvió para redactar en la primavera de 1944 los Protocolos de Auschwitz, escritos por cuatro prisioneros fugados del campo y difundidos por la BBC y la prensa norteamericana sin que eso provocase el bombardeo del campo por la aviación aliada, la importancia de su relato sólo empezó a reconocerse cuando testificó en los juicios de Fráncfort en 1964. Entonces tuvo que volver a enfrentarse a sus fantasmas y poner en orden sus recuerdos. Pero no fue hasta 15 años después, y ayudado por un escritor, cuando publicó su versión definitiva y Claude Lanzmann se fijó en él para incluirlo en Shoah, junto a otros miembros del Sonderkommando. La sobriedad con la que respondió ante la cámara a las insistentes preguntas del genial director francés, sólo quebrada por el recuerdo emocionado del asesinato de un grupo de judíos checoslovacos que entraron en las cámaras de gas cantando el himno nacional de una país que había dejado de existir y el de otro que aún no había nacido, es uno de los momentos mayores de la película. El proceso homicida Porque si por algo es imprescindible el testimonio de Müller (publicado en 1979 y editado ahora por primera vez en español con el título de Tres años en las cámaras de gas, gracias a la editorial Confluencias y al excelente trabajo de traducción de José Miguel Parra) es por haber dejado constancia, como pocos han sido capaces de hacerlo, de que el Holocausto sólo fue posible por el empeño en superar las dificultades técnicas y organizativas para poder llevarlo a cabo: calcular bien la inclinación de los canales de drenaje de la grasa humana en los hornos al aire libre; estudiar cuidadosamente la mejor combinación de cuerpos para que la combustión en los hornos fuese más prolongada y se pudiese ahorrar carbón, lo que se conseguía colocando en una misma plataforma dos cadáveres enfrentados y un tercero en forma de cuña, alternando un hombre bien alimentado con una mujer demacrada, o viceversa, y sobre ellos el cuerpo de un niño; o determinar de manera precisa el tiempo que tardaba en ser reducido a cenizas un convoy de prisioneros, para lo cual fue necesario acortar al máximo los tiempos en cada una de las operaciones. Müller fue testigo, y su relato ha sido de gran utilidad para los historiadores, de cómo evolucionó el procedimiento homicida, aún en fase de experimentación cuando él llego al campo. En un primer momento, relata, las víctimas eran gaseadas con la ropa, lo cual ralentizaba su posterior incineración, porque había que desnudarlas ya muertas para clasificar todas sus pertenencias. Se decidió entonces que entrasen ya desnudas a la cámara de gas, pero las mujeres se resistían a quitarse la ropa delante de los hombres y la violencia con la que eran tratadas por los SS provocaba altercados y reacciones imprevisibles. Finalmente, los SS descubrieron que a través del engaño y la falsa amabilidad se conseguían superar las reticencias y desconfianzas de las víctimas que, tras haber sido convencidas de que habían llegado a un campo para trabajar, entraban más o menos confiadas a darse una supuesta ducha tras la cual podrían tomar una sopa caliente y dormir en una cama estable, promesas que provocaban el efecto deseado por los SS en unas personas que llevaban varios días viajando hacinadas en vagones de ganado, sin agua ni comida. Y en este hallazgo cifra Müller uno de los puntos de inflexión a partir del cual el proceso de exterminio pudo alcanzar dimensiones desproporcionadas. Porque los objetivos del programa de aniquilación se ampliaban o se reducían conforme los procedimientos técnicos lo permitían, ya que, al margen de consideraciones éticas y políticas, el Holocausto es también, viene a decirnos Müller, la historia de la búsqueda de la eficacia en las técnicas de la aplicación de la muerte.
Hallada la puerta del campo nazi de Dachau desaparecida hace dos años La policía noruega ha encontrado el portón del centro donde asesinaron a 41.500 judíos La puerta del campo de exterminio nazi de Dachau (Alemania), que desapareció hace dos años, ha sido encontrada en Noruega este viernes, ha informado la policía alemana. El portón de hierro forjado con la inscripción Arbeit macht frei (El trabajo os hará libres), era una de las entradas del recinto, de 1933, en el que asesinaron alrededor de 41.500 judíos. "La puerta se encuentra en buen estado y la devolveremos lo antes posible a Alemania", ha dicho la policía de Bergen (Noruega) en un comunicado. Las autoridades encontraron el portalón después de recibir "una pista anónima" y han enviado dos fotografías, dentro de un almacén, a sus colegas alemanes. El robo de la histórica puerta, de 100 kilos, ocurrió en noviembre de 2014 y fue calificado entonces por la canciller alemana, Angela Merkel, de un hecho "terrible". El recinto de Dachau, que está abierto al público, carecía de cámaras de vigilancia. Las autoridades alemanas instalaron el año pasado una réplica de la puerta, coincidiendo con el 70º aniversario de la liberación del campo de exterminio en 1945. El campo de Dachau, a pocos kilómetros de Múnich, fue abierto en marzo de 1933, dos meses después de que Adolf Hitler llegara al poder. Al principio sirvió para encarcelar a prisioneros políticos pero durante la Segunda Guerra Mundial se convirtió en un campo de exterminio donde asesinaron a más de 41.000 judios. El centro de Dachau sirvió de modelo para las instalaciones que los nazis levantaron después en otras localidades. No es este el primer robo de un elemento de un campo nazi. En diciembre de 2009 desapareció de la entrada principal del antiguo campo de Auschwitz, en el sur de Polonia, el letrero con la inscripción Arbeit macht frei. La policía lo encontró tres días después en una casa de campo, cortado en tres piezas, y detuvo más tarde a los autores del robo. El considerado cerebro del delito, el antiguo líder neonazi sueco Anders Hoegstrem, fue condenado a dos años y ocho meses de prisión.
El objetivo del partido nazi era conquistar el mundo, y para lograrlo estaban dispuestos a hacer cualquier cosa. Como resultado, utilizaron técnicas tan alocadas como salvajes. El partido nacionalsocialista pasó a la historia como la organización política más infame que haya existido. Nadie era más cruel que sus oficiales de alto rango. La ambición de los mandatarios nazis no conocía límites. Por desgracia, lo único que deseaban estos individuos era esclavizar al resto del planeta, a todos los que no se vieran o pensaran como ellos. Como toda entidad política, el partido nazi tenía sus secretos. Datos que, si el público en general los conociera, dejarían de considerar a Hitler su Fühler, pasando a verlo como lo conocemos hoy en día: un idiota que malinterpretaba todo lo que leía, desde Nietzsche hasta la Biblia, cuyo único aspecto positivo sería inspirar varias películas excelentes sobre los valientes hombres que se aventuraron a asesinarlo. A continuación verán los veinte datos más sorprendentes acerca de esta retorcida masa de maníacos. 10. Los nazis desarrollaron un cóctel de drogas tan poderoso que permitía a los soldados marchar por días enteros sin necesitar descanso Hoy sabemos que durante la Segunda Guerra Mundial todos los bandos involucrados motivaban a sus soldados a consumir drogas especiales para que fueran más efectivos en combate. Sin embargo, los nazis fueron los primeros en implementar esta práctica. Un soldado nazi no podía vivir sin pervitin, una "medicina" que en realidad era metanfetamina pura. Muchos historiadores le atribuyen el crédito por la arrasadora marcha de las Wehrmacht a principios de la guerra a esta droga milagrosa. Más tarde, cuando los demás países igualaron el terreno, los nazis idearon una nueva sustancia, aún más poderosa. Por suerte, la guerra terminó antes de que los alemanes empezaran a consumirla en masa. 9. En los famosos juicios de Nuremberg, se confirmó que la gran mayoría de oficiales nazi de alto rango poseían coeficientes intelectuales de genios Si lo piensas suena algo obvio, sería tonto intentar conquistar el mundo contando con idiotas para que sean tus líderes. Con un promedio impresionante de ciento veintiocho, parece que sus niveles de crueldad casi se acercaban a su grado de inteligencia. 8. El ateísmo fue prohibido dentro de las filas de las SS. Debían escoger entre tres opciones de registro: protestante, católico o "creyente en Dios" A pesar de que Hitler era un escéptico en cuanto religión se refiere, sabía que era conveniente políticamente tener buenas relaciones con la Iglesia católica y con el cristianismo en general. Como declaró el mismo en una conversación privada con Artur Dinter: "Para alcanzar el poder, es importante no desprenderse de la Iglesia católica, la cual tiene gran influencia en Alemania... Debemos mostrarles a los católicos de Alemania que están en manos más seguras con los Nacional Socialistas, que con los del Partido del Centro". Incluso se cree que, luego de erradicar el judaísmo, Adolf pensaba hacer lo mismo con el cristianismo. 7. Si algún prisionero intentaba o lograba escapar del campo de concentración de Auschwitz, los nazis asesinaban a varios prisioneros como advertencia para los demás Entre todas las instancias en las que pasó esto, la más destacada sucedió el diecinueve de julio de mil novecientos cuarenta y tres. Después de que tres prisioneros lograran escapar, los guardias colgaron a doce presos en un día a plena vista de todos. 6. La idea de recorrer el trayecto portando la antorcha olímpica desde la antigua Olimpia hasta el país anfitrión de los juegos olímpicos provino de los nazis Sucedió por primera vez en las Olimpiadas de Berlín en mil novecientos treinta y seis. La cineasta Leni Riefenstahl documentó el trayecto en su película "Olympia". Desde entonces, la tradición se ha mantenido. 5. Los Sonderkommandos eran judíos prisioneros en los campos de concentración que se encargaban de limpiar las cámaras de gas y se deshacían de los cuerpos No contentos con estar aniquilando a una raza entera, los nazis obligaban a los prisioneros más físicamente capaces a limpiar las cámaras de gas, deshacerse de los cuerpos, cargándolos hasta los incineradores y luego a tirar las cenizas al mar. Cualquiera que se negara a convertirse en Sonderkommando era instantáneamente asesinado. Recibían algunos beneficios (mejor comida, ropa normal, colchones de resorte), pero el trauma de participar activamente en el asesinato en masa de tus amigos, vecinos y compatriotas es inigualable. El infierno que sufrían estos hombres es retratado en la excelente película "Son of Saul". 4. Los nazis intentaron curar la homosexualidad obligando a cientos de hombres a tener sexo con esclavas sexuales En mil novecientos cuarenta y dos, los dirigentes del partido nacionalsocialista pensaron que sería buena idea poner burdeles en los campos de concentración para incentivar a los presos a trabajar más duro. Mujeres de otros campos servían de esclavas sexuales. También fueron usados para intentar "curar" la homosexualidad. Por iniciativa de Heinrich Himmler, los prisioneros homosexuales debían visitar los burdeles una vez por semana hasta que se dieran cuenta que su orientación sexual no era natural. 3. Luego del fin de la Segunda Guerra Mundial, más de siete mil simpatizantes nazis se suicidaron Hitler no solo representaba a su partido, sino a millones de personas que lo consideraban una esperanza para salir de la crisis en la que había entrado Alemania luego de haber sido derrotados brutalmente en la Primera Guerra Mundial. Cuando la muerte del Fühler se hizo pública, miles decidieron quitarse la vida. Los nazis habían obligado a los civiles a dar su apoyo incondicional a la guerra y cuando, a pesar de todos los esfuerzos, fueron derrotados otra vez, muchos alemanes, tanto nazis como no nazis, no podían concebir un futuro en donde el tercer Reich no existiera. 2. La Alemania Nazi fue la primera nación en prohibir experimentación con animales Irónicamente, los nazis prohibieron la experimentación con animales, pero no les importaba en lo más mínimo experimentar con humanos. Desde los límites de lo irracional y lo cruel, centenas de experimentos bizarros se llevaron a cabo utilizando a los miembros de las razas que consideraban inferiores. 1. A pesar de ser liberados de los campos de concentración por los aliados, decenas de miles de prisioneros murieron días después de quedar en libertad Cuando los nazis encargados de los campos de concentración se dieron cuenta de que todo estaba perdido, decidieron asesinar a todos los prisioneros que pudieran. Algunos se salvaron de la masacre y tuvieron la suerte ser libres otra vez, solo para morir días después. Estaban desnutridos, enfermos y demasiado débiles. Los nazis se habían ido, dejándolos solos, lo que normalmente sería bueno, si no fuera por el hecho de que también se llevaban o destruían los alimentos que quedaran en las crueles prisiones de exterminio.
Una vez que la sangre dejó de correr, tras la Segunda Guerra Mundial, los misterios alrededor de la contienda sembraron un mar de preguntas, algunas de ellas sin responder hasta el día de hoy. -El avión fantasma: el misterio más llamativo y sobre el que menos se sabe. Varios aviones partieron con destino a una peligrosa misión, de la que lograron volver todos, con excepción de uno. Horas más tarde, mientras todos lo daban por perdido, se escuchó el sonido del avión aterrizando. Cuando los soldados se acercaron, constataron que el fuselaje estaba destruido, el tanque de gasolina vacío y en el interior no había tripulantes vivos ni muertos. -El gran ataque aéreo de Los Ángeles: tras el bombardeo de Pearl Harbor, la población estadounidense se encontraba profundamente temerosa de un nuevo ataque japonés. Por entonces, la irrupción en el cielo de un globo meteorológico desencadenó el pánico, a tal punto que las baterías antiaéreas abrieron fuego indiscriminado, generando grandes incendios. Se reportaron tres personas muertas por ataque cardíaco y otras tres heridas por el fuego. -El vuelo 19: los cinco aviones que despegaron de la estación naval en Fort Lauderdale, Florida, desaparecieron en el misterioso Triángulo de las Bermudas. Durante las últimas conversaciones se pudo detectar que los equipos no funcionaban de forma correcta, por lo que fue imposible localizarlos. Se cree que volaron hasta quedarse sin gasolina. -La curiosa historia de Rudolf Hess: luego de hacer estrellar el avión en el que se dirigía a Escocia, este nazi de alto rango fue tomado prisionero por los ingleses, en mayo de 1941. A pesar de que Hess aseguraba estar allí para buscar un acuerdo de paz entre Inglaterra y Alemania, fue condenado por crímenes contra la paz y conspiración, lo que le valió el resto de su vida en prisión. Ciertamente, nunca se confirmó la verdadera identidad del presunto nazi ni sus planes de paz. -El juego de El Doble Mortal: semanas antes del ataque a Pearl Harbor, en la revista The New Yorker, salieron dos anuncios publicitarios que, vendiendo un juego denominado El Doble Mortal (The Deadly Double), habrían advertido sobre el ataque. Sucede que los anuncios mostraban la palabra “alerta”, en varios idiomas, y también unos dados, cuyos números revelaban la fecha del incidente (7/12). Este suceso tuvo tanta trascendencia, que hasta el FBI se obsesionó con el caso.

Subastan el teléfono por el que Adolf Hitler mandó a asesinar millones de personas El precio base es de 200 mil dólares. El aparato, hallado en el bunker de Hitler, fue usado por el dictador alemán para transmitir la mayoría de sus decisiones durante los últimos años de la Segunda Guerra Mundial El teléfono usado por Adolf Hitler para emitir la mayoría de sus decisiones durante los últimos años de la Segunda Guerra Mundial será subastado en Estados Unidos a finales de este mes. El aparato presentado al líder nazi por la Wehrmacht y recuperado casi intacto del Fuhrerbunker, permaneció guardado en una caja en una casa de campo inglesa desde 1945, según precisa la casa "Alexander Historical Auctions" de Maryland, que realizará la subasta. Ranulf Rayner, dueño del teléfono, espera que el objeto sea comprado por un museo, en lugar de un coleccionista privado. “No quiero que se vuelvan a ocultar, quiero que recuerden al mundo los horrores de la guerra” Aunque en su versión original el teléfono era negro, más tarde fue pintado en rojo y se le grabó el nombre de Hitler y una esvástica, aclara el catálogo de la subasta, en donde se le denomina como "el dispositivo móvil de destrucción de Hitler" y "posiblemente el arma más destructiva de todos los tiempos, que envió a millones de personas a sus muertes en todo el mundo ". Según documentos personales de Ralph Rayner el teléfono fue recuperado en el fin del período de guerra. El oficial británico había sido enviado a la destrozada capital alemana para establecer contacto con las fuerzas rusas que habían capturado la ciudad, Rayner fue probablemente el primer vencedor no soviético en entrar en el búnker de Hitler. Primero le ofrecieron el teléfono negro que se encontraba en la habitación de Eva Braun, la novia de Hitler, Ralph Rayner eligió el teléfono rojo junto a la cama de Hitler. "Le dijo a los rusos que el color rojo era su color favorito", asegura su hijo Ranulf Rayner, "que a los rusos les gustaba" este exótico objeto. Ranulf Rayner, de 82 años actualmente, heredó el objeto después de la muerte de su padre en 1977. "Mi padre no lo vio como una reliquia de los días de gloria de Hitler, más un remanente de su derrota, una especie de trofeo de guerra", dijo Rayner. "Nunca pensó que se convertiría en un artefacto importante". "Todavía podía oler la carne quemada", dijo Ranulf Rayner, recordando la descripción de su padre, quien describía el refugio subterráneo donde Hitler pasó sus últimos días como un "terrible infierno". "Es una cosa bastante desagradable, tan siniestra como el teléfono", dijo Ranulf Rayner, quien prefiere que el objeto sea comprado por un museo o una institución histórica en lugar de un coleccionista privado. El teléfono original era negro, pero Hitler lo mandó a pintar de rojo y a grabarle su nombre en la parte trasera junto a una esvástica
![Hitler, Mussolini y Stalin fueron candidatos al Nobel [...]](https://storage.posteamelo.com/assets-adonis/assets/2013/10/14/1381472248991.jpg-5oqYJG7S9xZ.webp)
Hitler, Mussolini y Stalin fueron candidatos al Nobel de la Paz Alfonso XIII, el Congreso de los Diputados, Tolstói y Baden-Powell también aspiraron sin éxito al galardón Adolf Hitler Benito Mussolini Iósif Stalin Benito Mussolini, Adolf Hitler y Iósif Stalin fueron candidatos al premio Nobel de la Paz en distintas ediciones a lo largo del segundo tercio del siglo pasado. Los tres dictadores, que fueron propuestos al Comité Noruego de la Paz en los años 1935, 1939 y 1945, son los casos más chocantes de aspirantes a un galardón, cuya concesión a ciertas personalidades controvertidas ha suscitado indignación y protestas internacionales en las últimas décadas. Stalin, responsable de la muerte y tortura de centenares de miles de soviéticos que supuestamente discrepaban de su gestión, también fue candidato en 1948 "por sus esfuerzos para poner fin a la segunda guerra mundial", según informa El Hufftington Post. El escritor ruso León Tolstói y el británico Robert Baden-Powell, muchísimo menos discutidos que los antes citados, también aspiraron sin éxito al Nobel de la Paz. El literato fue nominado en dos ocasiones, y el fundador de los Boy Scouts, en tres. El galardón no ha sido concedido nunca a un español, aunque Alfonso XIII fue propuesto en 1917 por el senador Francisco de Lastres (seis años antes de que apoyase el golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera) y los parlamentarios del Congreso de los Diputados en 1933, en plena Segunda República. El abuelo y el suegro No solo el abuelo del rey Juan Carlos I estuvo a punto de lograr el Nobel. Su suegro, el rey Pablo I de Grecia, padre de la reina Sofía, fue propuesto en 1950, "por su contribución para terminar con la guerra civil griega". Si las concesiones del Nobel de la Paz a Henry Kissinger, secretario de Estado con los presidentes Nixon y Ford, en 1973; a Barack Obama en el 2009, y a la Unión Europea el año pasado provocaron quejas y erosionaron el prestigio del galardón, el escándalo podría ser mayúsculo si el Comité Noruego de la Paz decidiera otorgar este viernes el premio a Vladimir Putin. El presidente de Rusia es el más sorprendente de los candidatos conocidos de este año, en el que se han presentado 259 propuestas. El proceso de elección del Premio Nobel de la Paz 2013 comenzó en septiembre del año pasado, cuando el Comité envió cartas de invitación a las personas encargadas de las nominaciones, entre las que hay desde miembros de asambleas nacionales hasta profesores, pasando por otros premios Nobel (Cruz Roja y ACNUR repitieron el de la Paz). Tras realizar una selección y analizar los candidatos finales, en octubre se vota la opción ganadora. La ceremonia de entrega del premio tiene lugar en diciembre en Oslo (Noruega) y no en Estocolmo (Suecia), como en el resto de los premios. Los nominados no se conocen hasta 50 años después, cuando se desvela el secreto de los candidatos. Es decir, hasta dentro de medio siglo no se sabrá si en la edición de este año hubo sorprendentes nominaciones, como algunas de las que se han dado a lo largo de la historia de los Nobel.

A pesar de los juicios realizados tras la Segunda Guerra Mundial contra los criminales que ayudaron a cometer el genocidio judío, muchos de ellos consiguieron escapar y evitar su procesamiento. No sólo aquellos que huyeron a otros países y adoptaron nuevas identidades para huir de la justicia. También todos los que tuvieron un papel secundario en el mismo, o que habiendo participado activamente nadie fue capaz de identificar o poner nombre. Especialmente relevante es el caso de las mujeres nazis, ya que pocas de ellas fueron juzgadas, lo que ha hecho que se reste importancia al papel fundamental que pudieron jugar en la ejecución de un gran número de crímenes. Trece millones de mujeres militaron activamente en el partido nazi, y más de medio millón acudieron a países como Ucrania, Polonia o Bielorrusia excediendo las funciones para las que fueron enviadas, pero ¿tomaron partido en las matanzas a judíos? Eso es lo que se plantea Wendy Lower en Las arpías de Hitler (Editado por Memoria Crítica). Gracias a un arduo trabajo de documentación y búsqueda de datos y testimonios, Lower consigue ofrecer un poco de luz respecto a este tema. Aunque los juicios a mujeres nazis no fueron especialmente numerosos, Las arpías de Hitler recuerda que muchos de los supervivientes del Holocausto identificaron a las personas que los acosaron, violaron y torturaron como señoras alemanas que nunca pudieron encontrar al desconocer sus nombres. Además, los estudios realizados posteriormente han advertido que el genocidio no habría sido posible sin una amplia colaboración de la sociedad. ¿Quiénes fueron esas mujeres que ensuciaron sus manos con la sangre de los prisioneros? Maestras, enfermeras, secretarias y esposas La creencia más extendida es que las únicas que cometieron crímenes fueron las guardianas de los campos de concentración, mientras que el resto tuvo un papel secundario en la historia del nazismo. Sin embargo la realidad es bien distinta. Cuando los alemanes avanzaron hacia el este, medio millón de mujeres les acompañaron y alcanzaron un poder sin precedentes que les dio libertad para hacer con los prisioneros lo que quisieran. Maestras, enfermeras, secretarias y esposas, esas eran las funciones que originariamente tendrían que realizar todas aquellas que acudían junto al ejército. Finalmente, muchas de ellas decidieron, voluntariamente, colaborar directamente con las SS. Miembros de la Liga de Muchachas Alemanas Las arpías de Hitler incide constantemente en un dato fundamental: ninguna de las mujeres que describe tenían la obligación de matar. Negarse a asesinar judíos no les habría acarreado ningún castigo. Es más, el régimen no formaba a las mujeres para convertirse en asesinas, sino en cómplices. Por tanto, las que finalmente decidieron realizar dichos crímenes lo hicieron o por satisfacción personal o por obtener un beneficio de aquellas acciones. De hecho, las primeras matanzas cometidas por los nazis las protagonizaron las enfermeras de los hospitales, que exterminaron a miles de niños por desnutrición, o incluso con inyecciones letales, aunque la mayoría de ellas nunca pagaron por sus delitos. Es el caso de Pauline Kneissler, cuya tarea consistía en portar una lista de pacientes que posteriormente debían ser matados. En un solo año (1940) el equipo en el que trabajaba Kneissler en Grafeneck asesinó a 9.389 personas. Ella fue testigo directo de cómo los gaseaban y prestó su ayuda a la hora de administrar la inyección letal a muchos pacientes durante cinco años. Pauline fue una de las mujeres que, posteriormente, se trasladó al este para continuar con su ola de crímenes. Sin embargo, allí no fueron las enfermeras las que cometieron los asesinatos más sádicos, sino las secretarias y las esposas de los miembros del partido nazi. Entre las primeras destaca el nombre de Johanna Altvater, que desarrollaba su puesto en Minden, Westfalia, antes de ser trasladada a Ucrania. Allí, en 1942, Altvater comenzó su descenso a los infiernos, llegando incluso a asesinar a un niño judío de dos años golpeando su cabeza contra un muro para arrojarlo sin vida a los pies de su padre. Este posteriormente llegó a declarar que nunca había visto tal sadismo en una mujer, una imagen que nunca pudo borrar de su mente. Crímenes ante seres indefensos, prisioneros, mujeres e incluso niños. La mujer nazi tampoco tuvo piedad, como no la tenían sus compañeros masculinos. Aprendieron bien la lección de qué era lo que había que hacer y no dudaron ni un solo momento. Así le ocurrió a Erna Kürbs Petri, hija y esposa de granjero que junto a su marido Horst (miembro de las SS) se encargaba de dirigir una finca agrícola. Un día, Erna Petri vislumbró algo cerca de la estación de Saschkow. Cuando su carruaje se acercó se dio cuenta de que eran varios niños judíos escondidos que habían conseguido huir. Petri les pidió que se acercaran y los llevó a su casa. Allí les dio de comer y los tranquilizó. Pero todo esto sólo fue parte de su siniestro plan. Al ver que su marido no regresaba a casa, ella decidió terminar el trabajo que él habría hecho. Llevó a los niños hasta una fosa donde ya se había asesinado antes y los colocó en línea, dándoles la espalda. Cogió la pistola que su padre le había regalado y uno a uno los fue matando a sangre fría. Ni siquiera los gritos desconsolados de los que vieron cómo caía el primero ablandaron el corazón de Erna. Estos son sólo tres de los muchos casos que Wendy Lower presenta en Las arpías de Hitler. Relatos que encogen el corazón y muestran hasta dónde es capaz de llegar el ser humano. Como la propia autora dice al finalizar su libro, nunca sabremos todo sobre el nazismo y el Holocausto, esto es sólo una historia más en un puzle con infinitas piezas de crueldad.

Son legendarias las historias sobre nazis explorando las extremidades sur del planeta e incluso plantando bases en Neuschwabenland. Algunos también hablan sobre la Operación Highjump y el altercado del Almirante Byrd con presuntas fuerzas germanas que los superaron valiéndose de sorprendentes naves voladoras. Hace no mucho tiempo salió a la luz un mapa del Tercer Reich en el cual se detallan pasajes directos utilizados por los U-boots alemanes para acceder a misteriosos dominios subterráneos, como así también un completo mapa de ambos hemisferios ¡incluyendo al reino de Agharta! Rodney Cluff tiene en su sitio web dedicado a la teoría de la Tierra Hueca la copia de una carta (traducida al inglés aquí) supuestamente enviada por Karl Unger, quien estaba a bordo del U-boot 209 (al mando de Heinrich Brodda), en donde decía que habían alcanzado el interior de la tierra y no pensaban regresar… Sin embargo, durante la Segunda Guerra Mundial el submarino alemán más preparado podía sumergirse solo hasta los 850 pies de profundidad, con un rango de 385 millas de alcance sumergido y funcionando con baterías completas. La distancia más corta desde el océano abierto hasta el Polo Sur geográfico es cerca de dos veces ese rango de alcance (suponiendo que la ruta entera es marítima) debajo de una milla de hielo; por lo que las posibilidades que un submarino alemán pudiera hacer ese viaje son muy pocas. Por otro lado, la profundidad del Océano Ártico en el Polo Norte es cerca de cuatro veces lo que el mejor submarino alemán era capaz de soportar. Desde ya, si la tripulación estaba dispuesta a hacer solo el viaje de ida en busca de la míticas ciudades intraterrenas, entonces hipotéticamente habrían podido lograrlo sacrificando el regreso a casa. Si todo esto parece literalmente muy increíble, comparemos lo expuesto con este mapa hecho por el famoso cartógrafo y artista Heinrich C. Berann para la National Geographic Society en 1966. Allí se observa de forma clara el continente antártico sin su característica cubierta de hielo. El intrigante detalle es la presencia de pasajes submarinos que atraviesan casi todo el continente y parecen convergir en la ubicación exacta que se identifica como la apertura hacia la Tierra Hueca. Mapa hecho por Heinrich C. Berann para la National Geographic Society en 1966. Hitler estaba obsesionado con el misticismo y lo inexplicable, y muchos de sus seguidores lo sabían. El Führer era también conocido por “remover” gente que sentía no podía seguirlo o que bien amenazaba sus creencias. Es posible que los documentos presentados en este artículo sean genuinos, aunque también existe la eventualidad que hayan sido fabricados por personas interesadas solo en transmutar fantasías y obsesiones nazis a realidades épicas. Mapa nazi de caverna subterránea en la Antártida.
En una noche de copas, Hitler tuvo un hijo con una joven francesa Cada día existe mayor evidencia de que Jean-Marie Loret, que murió en 1985 a la edad de 67 años y que lucho contra los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, era hijo de Hitler; su descendencia podría reclamar regalías de "Mi lucha". Cada día existe más evidencia de que Jean-Marie Loret, que murió en 1985 a la edad de 67 años, era hijo de Hitler. Jean-Marie Loret nunca conoció a su padre e incluso luchó contra los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. De acuerdo con la revista francesa Le Point, es cada vez más fuerte la evidencia de que Hitler tuvo un amorío con la madre de Loret, Charlotte Lobjoie, una adolescente de 16 años, durante un periodo de descanso cuando este peleaba en la trincheras de la Primera Guerra Mundial en 1917. De acuerdo con la información, si bien Hitler estaba peleando contra los franceses en las trincheras cerca de Seboncourt, en el norte de la región Picardy, el más tarde llamado Führer logró en un descanso hacerse camino hasta un pequeño pueblo francés llamado Fournes-in-Weppe, cerca de Lille. Ahí conoció a Charlotte, quien alguna vez describió la escena en estos términos: [...] estaba cortando heno con otras mujeres, vi a un soldado alemán al otro lado de la calle, tenía un cuaderno y parecía estar dibujando. Lo encontramos interesante y estábamos curiosas de saber lo que dibujaba De acuerdo con Lobjoe, ella fue la designada, entre las mujeres, para acercarse a Hitler. Más tarde la pareja inició una relación y Jean-Marie nació en marzo de 1918, resultado de una “noche de copas”. De acuerdo con Lobjoe, Hitler la llevaba de paseo, durante los cuales el joven Adolf lanzaba arengas a multitudes imaginarias. El mal alemán de Lobjoe y el inexistente francés de Hitler generaban tensión entre la pareja. Al igual que muchos niños franceses nacidos de soldados alemanes durante la Primera Guerra Mundial, Jean-Marie fue marginado y humillado por sus compañeros del colegio, llamándolo “hijo de un Bosh”. La señora Lobjoe no habló con su hijo sobre su padre y en 1930 decidió darlo en adopción a una familia de apellido Loret. Si bien Hitler no reconoció a Jean-Marie, sí mantuvo contacto con su madre un tiempo. En 1939 Jean-Marie luchó contra los alemanes en la fallida línea Maginot y después se unió a la Resistencia francesa. Entre las pruebas más convincentes de la filiación entre ambos se citan las similitudes físicas entre el señor Loret y Hitler y la caligrafía de ambos. Además, a la muerte de la señora Lobjoe, su hijo encontró dibujos de Hitler en su ático y en dibujos del propio Hitler aparece una mujer muy similar a Lobjoe. En 1981 Jean-Marie Loret, el supuesto hijo de Hitler, escribió un libro llamado El Nombre de tu padre es Hitler, mismo que volverá a publicarse junto con toda la nueva evidencia. Por cierto, si esta llega a ser irrefutable, los hijos de Loret podrán exigir regalías de Mien Kampf.