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Primer post: 6 mar 2013Último post: 6 mar 2013
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Piloto automático
ParanormalporAnónimo3/6/2013

Envíos De Dinero a México Envía dinero por Internet a México de manera rápida por tan solo $4.99 www.xoom.com No te voy a dar vueltas con grandes explicaciones Vos hace de cuenta que esto es una introducción de muy buena calidad. No rompas las pelotas mvv_10 ¿Alguna vez te olvidaste el celular? ¿Cuándo te diste cuenta de que te lo habías olvidado? Supongo que no sólo te golpeaste la frente y dijiste "puta madre" sin razón. Probablemente no te hayas dado cuenta espontáneamente. Más posiblemente, te estiraste para agarrar el celular, palpando tu bolsillo o cartera, y te sorprendiste momentáneamente porque no estaba ahí. Después hiciste un repaso mental de los eventos de la mañana. Mierda. En mi caso, la alarma de mi teléfono me despertó como siempre pero me di cuenta de que la batería estaba más baja de lo que yo esperaba. Era un celular nuevo y constaba de un molesto hábito de dejar aplicaciones ejecutándose que agotaban la batería a la noche. Así que lo puse a cargar mientras me duchaba en vez de ponerlo en la mochila como normalmente hacía. Era un cambio momentáneo de la rutina pero iba a tomar sólo eso. Una vez en la ducha, mi cerebro volvió a la "rutina" que sigue cada mañana y eso fue todo. Olvidado. Esto no fue sólo por mi torpeza, como investigué luego, sino que es una reconocida función cerebral. Tu cerebro no trabaja solamente en un nivel, trabaja en muchos. Como cuando vas caminando hacia algún lado, pensás en tu destino y en cómo evitar peligros, pero no necesitás pensar en mantener a tus piernas moviéndose apropiadamente. Si lo hicieras, el mundo entero se transformaría en un masivo cosplay de QWOP. No estaba pensando en regular mi respiración, estaba pensando en si debería tomar café en el camino en auto hacia el trabajo (lo hice). No estaba pensando en mover mi desayuno por mis intestinos, estaba dudando si haría a tiempo de pasar a buscar a mi hija Emily de la enfermería después del trabajo o si me iba a quedar atrapado por otro expediente. Esta es la cosa; hay un nivel de tu cerebro que sólo lidia con la rutina, así el resto del cerebro puede pensar en otras cosas. Pensalo. Pensá en tu último viaje entre tu asa y el trabajo. ¿De qué te acordás realmente? Muy poco, sino nada, probablemente. Los viajes más comunes se difuminan en uno solo, y recordar uno en particular está científicamente comprobado de ser difícil. Hacé algo lo suficientemente seguido y se convierte en rutina. Seguí haciéndolo y deja de ser procesado por el pensamiento del cerebro y queda relegado a una parte del cerebro que se dedica a seguir la rutina. Tu cerebro sigue haciéndolo, sin que vos lo pienses. Pronto, vas a pensar en la ruta hacia el trabajo tanto como hacés que tus piernas se muevan mientras caminás. Osea, en absoluto. La mayoría de la gente lo llama piloto automático. Pero hay un peligro allí. Si hay un cambio en tu rutina, tu habilidad de recordar y explicar el cambio es tan buena como tu habilidad de detener a tu cerebro para que no vaya al modo de rutina. Mi habilidad de recordar que mi celular estaba en la mesada es tan confiable como mi habilidad de detener a mi cerebro entrando en el "modo de rutina mañanera" que diría que el teléfono está de hecho en mi mochila. Pero no detuve a mi cerebro entrando en el modo de rutina. Me metí en la ducha como siempre. La rutina empezó. La excepción fue olvidada. Piloto automático activado. Mi cerebro estaba de nuevo en la rutina. Me duché, me afeité, la radio predijo un hermoso tiempo, le di a Emily su desayuno y la cargué en el auto (estaba muy adorable esa mañana, se quejaba de cómo el "mal sol" la cegaba, diciendo que la detuvo de tener una mini siesta en el camino a la enfermería) y me fui. Esa era la rutina. No importaba que el celular estuviera en la mesada, cargándose silenciosamente. Mi cerebro estaba en la rutina y en la rutina mi celular estaba en mi mochila. Es por esto que me olvidé el celular. No por torpeza. No por negligencia. Nada más que mi cerebro entrando en el modo de rutina y sobrescribiendo la excepción. Piloto automático activado. Me fui hacia el trabajo. Ya desde ese entonces era un día sofocante. El mal sol había estado quemando desde antes de que mi celular ausente a traición me despertara. El volante quemaba al tacto cuando me senté. Creo que escuché a Emily recostarse detrás del asiento del conductor, quedándose fuera de mi vista. Pero llegué al trabajo. Mandé el reporte. Asistí a la reunión de la mañana. No fue sino hasta que me tomé una pausa para el café y me estiré buscando el teléfono que la ilusión estalló. Hice un repaso mental. Recordé la batería muriéndose. Recordé haberlo puesto a cargar. Recordé haberlo dejado allí. Mi celular estaba en la mesada. Piloto automático desactivado. De nuevo, ahí recae el peligro. Hasta que no llegues a ese momento, el momento donde buscás tu celular y hacés estallar la ilusión, esa parte del cerebro sigue en el modo rutinario. No tiene sentido cuestionarse los hechos de una rutina, es por eso que es una rutina. Desgaste de la repetición. No es como si alguien pudiera decir "¿Por qué no te acordaste del teléfono? ¿No se te ocurrió? ¿Cómo pudiste olvidártelo? Debés ser negligente"; eso es no entender nada. Mi cerebro me estaba diciendo que la rutina se había completado normalmente, a pesar del hecho de que no era así. No era que me había olvidado el celular. De acuerdo a mi cerebro, de acuerdo a la rutina, mi celular estaba en la mochila. ¿Por qué pensaría en cuestionármelo? ¿Por qué debería fijarme? ¿Por qué recordaría, así de la nada, que el celular estaba en la mesada? Mi cerebro estaba enchufado a la rutina y en la rutina mi celular estaba en la mochila. El día siguió, horneándose. La neblina de la mañana cedió para dar lugar al inexorable calor febril de la tarde. El asfalto burbujeaba. Los rayos directos de calor amenazaban con quebrar el pavimento. La gente cambiaba el café por frappés helados. Camperitas descartadas, las mangas arremangadas, corbatas desajustadas, cejas húmedas. Las plazas se llenaron lentamente con gente tomando sol y parrillas. Los marcos de las ventanas amenazaban con deformarse. El termómetro siguió hinchándose. Gracias a dios que las oficinas tenían aire acondicionado. Pero, como siempre, el horno de la mañana le dio paso a una tarde más fresca. Otro día, otro dolar. Mientras todavía me puteaba por haberme olvidado el celular, conduje hasta casa. El calor del día había cocinado el interior del auto, soltando un horrible olor de algún lado. Cuando llegué a la entrada de mi casa, las piedras crujiendo debajo de los neumáticos, mi esposa me saludó desde la puerta. "¿Dónde está Emily?" Mierda. Como si lo del teléfono no fuera ya suficientemente malo. Después de todo había dejado a Emily en la puta enfermería. Inmediatamente aceleré hacia allá. Llegué a la puerta y empecé a practicar mis excusas, preguntándome vanamente si podía culpar a un retraso por los expedientes. Vi un papel trabado en la puerta. "Debido al vandalismo de anoche, por favor use la puerta lateral. Sólo por hoy." ¿Anoche? ¿Eh? La puerta estaba bien esta mañan-. Me congelé. Mis rodillas temblaron. Vándalos. Un cambio en la rutina. Mi celular estaba en la mesada. No había estado acá esta mañana. Mi celular estaba en la mesada. Me pasé con el auto porque estaba tomando mi café. No bajé a Emily. Mi celular estaba en la mesada. Ella había movido su asiento. No la había visto en el espejo. Mi celular estaba en la mesada. Se había quedado dormido por el sol malo. No habló cuando me pasé con el auto de la enfermería. Mi celular estaba en la mesada. Ella había cambiado la rutina. Mi celular estaba en la mesada. Ella había cambiado la rutina y me había olvidado de bajarla. Mi celular estaba en la mesada, 9 horas. Ese auto. El sol hirviente. Sin aire. Sin agua. Sin energía. Sin ayuda. Ese calor. Un volante muy caliente como para tocarlo. Ese olor. Caminé hacia la puerta del auto. Entumecido. Shock. Abrí la puerta. Mi celular estaba en la mesada y mi hija estaba muerta. Piloto automático desactivado.

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