Belieber153
Usuario (Alemania)

Ya habia escrito unas historias asi que ahora las sigo La Joven Canguro Una joven pareja había tenido que llamar a una agencia de canguros para guardar a su hijo ya que tenían una cena importante y tenían que asistir sólos, sin el pequeño. Ellos tenían una canguro de confianza, pero esa noche se había puesto mala, por lo que, sin más remedio, habían tenido que llamar y confiar en la profesionalidad de la agencia. Estaban nerviosos. Pero al llegar la chica de la agencia se tranquilizaron. La joven canguro que llegó a casa era una chica con una muy buena apariencia, parecía centrada y responsable. Así que partieron a la fiesta tranquilamente. A mitad cena, la joven madre tuvo un raro presentimiento, por lo que telefoneó a casa para verificar que todo iba bien. La joven canguro respondió que todo iba muy bien, que no debía inquietarse. Y le dio las gracias por la cena que le habían dejado: "el pavo estaba muy rico". La joven madre volvió hacia su marido después de la llamada y le pidió al marido de volver inmediatamente. Algo le pareció extraño en la conversación. Ella no recordaba tener pavo en la nevera. Llegaron rápidamente a casa. Una vez allí comprueban que la chica está tranquilamente en el sofá viendo la tele. La madre se tranquiliza al ver la escena. Pero al subir a la habitación del bebé, descubren que no está. Algo no marcha bien. Lo buscan por toda la habitación pero no dan con él. Bajan abajo y asustados le preguntan a la canguro. Ésta tranquilamente les contesta que está en la cocina. Extrañados, van hacia ella y al llegar descubren aterrorizados lo que había sucedido. El bebé estaba metido en el horno, parcialmente comido, y embalado en aluminio. Investigaciones posteriores descubrieron que la canguro sufría trastornos de personalidad. La silla maldita En Korea, como en otros paises asiaticos, es muy importante estudiar mucho y ser un buen estudiante. Una chica se esforzaba mucho pero era muy difícil. No era que el material era muy difícil, sino que su espalda le dolia a los pocos minutos de sentarse en su silla en el salon. La incomodidad no le permitia estudiar correctamente y sus notas empezaron a declinar. Su madre se mostro preocupada y llevo a su hija a varios doctores, pero ninguno encontraba algo malo en la joven. Lo curioso era que la chica podia concentrarse tranquilamente sin dolor en cualquier otra silla a excepcion de esa. La madre desesperada consulto con una adivina y esta le aconsejo q tomara una foto de ella usando la silla en cuestion. La madre tomo la foto y cuando la vio, se sorprendio de lo que vio. En ella aparecia su hija, pero tambien aparecia otra chica con una soga al cuello ahorcandose, la cual trataba de apoyar sus pies en los hombros de su hija. Esa chica era la antigua dueña de la silla q se habia ahorcado saltando de esa silla cuando no aguanto mas porque no podia con la presion de las notas en la escuela. Espíritus oscuros Hace algunas semanas, algunos amigos y yo decidimos visitar el rancho de una tía mía que actualmente no vivía allí y así pasar el fin de semana en el campo. Decidimos ir allí precisamente porque nos hablaron mucho del pequeño lago y las montañas que rodean el rancho, pero curiosamente lo que más nos entusiasmaba eran los cuentos de terror sobre espíritus oscuros que rodeaban al pueblo y la pequeña casa encantada que había a las orillas del bosque. El sábado conocimos a Mario, que nos estuvo contando sobre las leyendas y cuentos de terror que sucedían en el pueblo desde hace más de trescientos años. Nos comento que los famosos “espíritus nocturnos” aparecían solo una vez. Si alguien los veía, debía abandonar el pueblo, sino moriría al siguiente día. El domingo, nuestro ultimo día en el rancho, decidimos hacer una visita nocturna a la casa encantada que había en las orillas del bosque. Las chicas iban muy asustadas y yo, aunque no lo mostraba por fuera, también. Al mismo llegar nos surgió el primer problema: la puerta estaba cerrada. Intentamos forzar la puerta y mientras lo hacíamos, desde dentro se oía algo parecido a gemidos. Cuando al fin lo conseguimos y abrimos las puertas de par en par, la oscuridad nos rodeó. Enfrente de nosotros teníamos uno de esos espíritus oscuros sobre los que nos había hablado Mario. Se nos quedo mirando fijamente, sin pronunciar palabra. No dejaba de gemir y en su rostro se apreciaba el sufrimiento. Todos decidimos irnos directamente a nuestras casas al instante. Ni volvimos al rancho a por nuestras cosas.