Balderav
Usuario (Argentina)
Buen día a todos, hoy les traigo una experiencia realizada con mi profesora de prácticas, la misma se basa en como son las cárceles manicomios, más específicamente el Borda y el Moyano. Esta experiencia llevo tres años en llevarse a cabo, muchos no saben que dentro del borda existen cárceles manicomios, es por eso que hoy les traigo aquí este ensayo realizado por mi profesora y mi grupo de compañeros junto conmigo. El relato es un poco fuerte. Es un poco extenso el trabajo, pero yo creo que se puede tomar su tiempo y leerlo porque vale la pena. El borda I. Preliminar Realizar una experiencia con la palabra en la cárcel hace presente la necesidad de explicitar un modo particular de concebir la lengua, no - como refieren algunos -, en tanto medio para que los presos encuentren en ella una herramienta con que acicalar la endemia de vocabulario que los asiste, ni para coagular el ejercicio del derecho humano a la expresión. Tampoco para que asuman -acorde con cierto abordaje interpretativo que de lo carcelario y de los presos realiza la criminología en tensión con el psicoanálisis - la autoría del delito cometido como si éste debiera remitirse exclusivamente a los avatares de una estructura psíquica individual. Por el contrario, creemos que estas concepciones situadas en una visión instrumental de la lengua, la limitan a un uso abstracto y desvinculado de los procesos sociales que la sostienen y le dan sentidos negando, así, su carácter plural y dialógico, su arena carnavalesca de acentos construida en el territorio de pugna de fuerzas, donde el poder de dominación y de resistencia puede hacerse visible y discutible, a la manera de unas relaciones móviles no dadas de una vez y para siempre. No haber referido, desde un primer momento, esta experiencia con la palabra en la cárcel, a procesos de construcción de hegemonía hubiera significado volcar la propuesta al servicio de una comprensión de lo social donde cuerpo político y cuerpo biológico son homologables. Es decir, una concepción biopolítica del poder donde el organismo social - so pretexto de la distinción de un pueblo dentro de la población- se va ordenando y regulando conforme a una serie de clasificaciones flexibles y mutables, no sólo con capacidad para desplazarse de un territorio a otro, sino, además, de ampliar o estrechar los límites de esos territorios. Así, pues, sería en la consolidación de estas particularidades como continuum biológico donde se legitimaría la construcción de la diferencia hacia el interior de una sociedad; diferencia que transmutaría como anormalidad abriendo paso a toda una serie de discriminaciones ulteriores: el culpable, el loco, el paciente, el criminal, el prisionero, el deportado. Si bien, más adelante, volveremos sobre este punto, interesa, desde un inicio, situar el análisis en términos de biopoder y destacar las consecuencias que subyacen a la mayoría de las políticas carcelarias que abrevan en proyectos reformistas con el propósito de modificar ciertas condiciones de vida en las cárceles sin cuestionar el sistema ideológico que las sustenta. Haber generado un taller de escritura con el único fin de que el preso pueda construir la responsabilidad autoral del acto delictivo sin reparar en las relaciones de lenguaje que instalan las prácticas concretas de la institución carcelaria, - esto es, las fronteras que permiten dividir la sociedad entre inocencia y culpabilidad, - hubiese significado usar una experiencia con la palabra no para que los allí segregados puedan levantar un discurso contra estas instituciones, sino para perpetuarlas. II. La literatura como práctica de libertad El azar hizo que la experiencia se desarrollara en una institución de doble encierro: la Unidad Penal Neuropsiquiátrica de Varones N 20 . Allí se inició el trabajo del taller con la pregunta por qué otros modos de relación con la lengua podían ir dándose en el cruce entre la literatura y esa forma concreta y deliberada de aniquilamiento humano que es la cárcel. ¿Era plausible - bajo el efecto de la literatura – que alguna luz se encendiese cuando los márgenes de libertad son tan estrechos? Una primera aproximación reflexiva sobre los aconteceres que se estaban promoviendo refería sobre esta posición singular de sujeto en el ejercicio de lo literario: “...Todo así, hasta que el villero, el cabecita, toma su lápiz en el oscuro de la celda y, tendido sobre su brazo, se inclina hacia una hoja de papel y escribe, sobrevive, inventa. El casi analfabeto, hijo de otros “presos” y “otros”. Fruto del malentendido en que la violencia halló su forma en el crimen, repetición de una sangre ancestral, que en el linaje de la lengua dominante, fulgura, cuando encuentra su frase, una manera distinta de expresarse: en el fluir de la tinta...” La propuesta era escribir con la mirada desviada, perdida en la propia historia, amasando otro papel en el mundo. Mundo que, de ese modo, pierde certezas y recupera la pasión semántica: ese intenso juego de ecos y reenvíos intertextuales a los que invita siempre el objeto literario. Si todo texto es escrito a partir de otro texto, y otro, y otro restaba, pues, que quienes participaran de la experiencia entraran en diálogo con ese fermento coral. Se pensó, así, crear un taller de literatura en la cárcel para disputar el orden y el sentido de discursos naturalizados, para favorecer la deconstrucción de una visión unívoca sobre los presos. Los supuestos y pensamientos que rondaban los comienzos del trabajo acudían a interrogantes tales como: ¿Cuál es la lógica de poder que rige esas versiones uniformes? ¿Cuáles de ellas trabajan a favor de la anulación de la subjetividad individual? ¿Cuáles alcanzan a constituirse en gestos disonantes? ¿Será posible que volviéndose lectores y escritores de sus vidas encuentren las intermitencias -grietas- por donde erosionar el encierro? Estas y otras preguntas y presupuestos constituyeron el marco desde el cual se echó a andar la experiencia. Lo que sigue intenta ofrecer una suerte de traducción de la misma reparando en los movimientos que fueron dándose en su devenir. Para ello se ubicarán una serie de momentos en la narración que han sido ordenados tomando como eje las publicaciones del taller. III La literatura como salud Trabajar con aquello deseable de escribir fue la premisa desde la que se abordó, en los comienzos, la tarea. Acordamos que todo lo producido iba a ser considerado literario más allá de los atributos de esas escrituras, de su género, de su calidad estética. Por ello, era el espacio construido entre unos y otros lo que actuaba como reaseguro de lo literario. En el sentido de que una nueva dimensión, lo diverso polifónico, abría su paso hacia el interior del doble encierro. Si la lengua en viaje hacia otra cosa, un género confuso, una agramaticalidad, una sintaxis anómala, una no lengua supone el trabajo con bordes y fronteras que para que fortifiquen como salud es preciso que permanezcan de este lado resonando en su indecibilidad aún en el marco del hospicio, donde el delirio se ha vuelto estado clínico se hacía necesario situar una forma de desvío. Una línea mágica que cruzara esa experiencia de muerte con una palabra de vida. Un acto de creación colectiva se convertía, así, en un más allá de la locura de la cárcel manicomio. En ese espacio donde las mortíferas certidumbres avanzan para capturar voces y cuerpos emerge la palabra. El retorno del hombre al lenguaje puede aventurarse en salvación a condición de que encuentre en otros mirada o rostro con que abrir cesura a un decir aplastante. Cuando decimos palabra nos estamos refiriendo a un uso epifánico, en el sentido de revelación repentina y azarosa, de los distintos lenguajes con que el creador “da a ver” incidentalmente en la experiencia estética un destello no transitado ni calculado del mundo. Esta “palabra” - melodía, trazo, letra, gesto - sobreviene, más allá de su voluntad, como materia del asombro. Una especie de detenimiento de la inteligencia, de suspensión de la linealidad, una hendidura en el tiempo y en el espacio. En la cárcel/manicomio, paradigma de extrañeza y destitución subjetiva, donde el lugar que ocupa el Otro es de absoluta consistencia - para que la experiencia estética ocurra se hace necesario dejar a resguardo algo del orden de una ruptura y de una sustracción. Porque es en la misma experiencia del asombro, que el Otro pareciera no presentarse completo. Puesto que sólo cierto quiebre en el Otro haría posible ese desgarro en el sujeto capaz de alojar los que nos animamos a llamar: “la maravilla”. ¿Acaso el temblor, la emoción, o la risa con que los participantes del taller celebraban sus ocurrencias no estaba dando cuenta de esta quita? Una escena suscitada entre algunos de los integrantes pareciera venir a decirnos algo acerca de la importancia que las interacciones cara a cara tenían en la construcción de esta idea de “ palabra” que venimos sosteniendo: Paco cuenta al grupo que hace muchos años no se mira al espejo, puesto que el uso de espejos está prohibido en la institución para evitar autoagresiones. Pedro, otro integrante, le contesta que él descubrió una forma de mirarse: en el agua sucia del balde que utiliza para pasar el trapo a los pisos de la cárcel. A lo que Paco contesta: - pero yo no soy fajinero, ¿cómo hago para verme? En ese momento, Roberto, que había estado acariciando su barbilla mientras sus otros dos compañeros hablaban, levanta la carpeta de cartulina plastificada donde guarda sus trabajos del taller, y la lleva hasta la luz de tubo de la sala. Se mira, después, le pide a Paco que se acerque. Paco va y hace. Cuando Paco logra ver su rostro reflejado en el cartón, ríe y dice: - acá estoy. El relato anterior muestra cómo los intercambios entre los participantes hace las veces de una palabra escrita. Esto ocurre porque la decisión de trabajar con personas de las tres salas, entre las cuales había quienes tenían diagnóstico de “psicosis”, supuso ubicar un punto de quiebre con lo instituido. Puesto que aquellos otros que, ni siquiera en el patio de la cárcel hospicio podían mezclarse, separados en sectores y celdas inconexas, lograban en el taller empezar a confundirse, confundiendo el lenguaje, habilitando el lugar de una pluralidad de lenguas que daba cuenta de singulares maneras de pensar, soñar, sentir el cuerpo o circular por el espacio. El taller se tornaba, así, en reverso ideológico de lo carcelario: reunir lo diferente en vez de separarlo para potenciar el control, albergar la enfermedad mental en lugar de usarla para el ejercicio del poder, favorecer la construcción de lo grupal y no recrudecer el aislamiento. En una primera etapa, la lectura de material poético llevado especialmente a los integrantes del taller, servía para quebrar la espesura monótona de los diálogos situados en el sufrimiento por lo que les ocurría. Luego, comenzaron a incluirse objetos del afuera con los que se había perdido contacto material. Así, hojas de otoño, flores, semillas, caracolas, o un lápiz labial entraban, de repente, a la ronda de lectura, lo que disparaba sensaciones que tenían expresión en gestos, brillos, sonrisas sólo situables en una dimensión del tiempo como puro presente. Un asombro que advenía por la conmoción que producía no entender “eso otro” que había aparecido. De esta manera, lo poético no era tanto un género, sino algo que estaba antes o detrás, una forma diferente de vivir y vivirse en el tiempo del encierro. La sorpresa que producía ir encontrando nuevas letras ayudaba a que los integrantes pudieran construir un ritmo propio en la prisión, a inscribirse de otra manera en la lengua oficial, así, esas epifanías del asombro eran una suerte de persuasión a los hombres acerca de estar siendo parte de “alguna historia”, o mejor aún, el asombro era la fuerza con la que podían historizarse, construir alteridad. En cierta oportunidad, Lisandro, uno de los integrantes del taller, señala que para él el taller era como “la visita” - en alusión a la visita semanal que les está permitido tener a los presos - lo que, Lisandro, deja entrever en esa comparación es una idea de poesía en tanto aquello que adviene inesperadamente y que interrumpe la regulación - en apariencia inquebrantable – del doble encierro. Entradas y salidas de la conmoción, pequeños amagues contra la alineación que ayudaban a construir una experiencia poética - ni psicológica , ni terapéutica - de la subjetividad, es decir, una “palabra” en tanto fuerza que permitía estar de otro modo adentro del lenguaje, y por qué no de la vida. Acudiremos a otros ejemplos para mostrar esos movimientos que lo poético producía en la trama subjetiva de los integrantes del grupo. Algunos de ellos se traducen - literalmente - como comenzar a circular por los pasillos de la cárcel leyendo la poesía que se les llevaba o, bien, enunciando, en voz alta, lo que les surgía espontáneamente. El grupo denomina a este andar - los pies caminando, la boca con propia poesía o no, pero que se hace propia por portarla en el cuerpo - “poesía artística”. La misma alcanza el espacio de las celdas y, por lo tanto, a otros presos que no asistían al taller. En cierta ocasión, uno de ellos se acerca al espacio de reunión del grupo. Recién terminaba de despertar y restregándose los ojos dice: - Vengo por unos poemas de Girondo que llegaron hasta adentro. A partir de ahí, su trabajo será leer poesía sólo de este autor y, luego, comenzar a escribir a “lo Girondo”. Esta persona que había abandonado la escuela primaria, porque no lo dejaban hablar el guaraní, desliza , en otro momento de su paso por el taller, una bella expresión que atisba esa nueva subjetivación que el dispositivo ayudaba a urdir: - cuando la tierra se haiga, el corazón va a volver a escribir. Más adelante, otro integrante, volverá sobre esta idea de escritura como aproximación a ese suelo de lo real cuando afirma: - La realidad es lo que yo no puedo escribir... Vemos aquí cómo el anudamiento entre cuerpo, lenguaje y poesía pone de relieve un poder distinto al instituido. En el caso que venimos desarrollando el cuerpo del loco en la prisión está pensado para que repita con sus movimientos: deambular rodeando las paredes de la celda, balancearse en un mismo lugar, replegarse, dormir o salirse de su cauce; la naturalización de una posición de sujeto, es decir, - sirviéndonos de un concepto usado por algunas teorías de género - lo performativo en tanto esa capacidad que posee el discurso para producir lo que nombra en la interioridad de un cuerpo. Esto es, la permormatividad en tanto reiteración de ciertas prácticas en los cuerpos que habilita unos significados culturales establecidos y no otros. Lo que tiene como consecuencia, no sólo que ciertos modos de hacerse sujeto sean legitimados, sino el ejercicio de la violencia sobre aquellos que se apartan de la norma, ya sea invisibilizándolos, negándolos o desconociéndolos. Sin embargo, cuando “la palabra” se echa andar en estos cuerpos vulnerabilizados, - en nuestro caso, por ser portadores de pobreza e insanía mental - , es decir, cuando nuevas posibilidades se materializan en ellos pareciera cambiar la letra de lo que se escribe en la cárcel, porque esos cuerpos anulados por la institución se hacen presentes, cobran su importancia , se dramatizan - tal como muestran los ejemplos mencionados más arriba- temporalizándose de un modo nuevo. A tal punto que este cuerpo-lenguaje, como veremos más adelante, resulte muchas veces insoportable para quienes detentan el orden insitucional. Volvamos a mirar, una vez más, el terreno de lo real, aquello que - como decía ese integrante del taller - por no poder escribirse no deja de no escribirse. El proceso de escritura de nuevas “palabras” iba gestándose en la experiencia de los integrantes del taller cada vez que una frase, una ocurrencia, un giro intraducible producía una apertura en sus lenguajes dañados y se abría en tanto alteración con lo instituido. El cajetear , palabra que en la jerga de la cárcel remite a la imposibilidad de detener el pensamiento en las consecuencias que el estar encerrados produce: la falta de mujer, los vericuetos judiciales, el traslado a otra unidad, podía cesar para dar lugar a suspender la atención en la lluvia, el silbido del viento o la forma de una gota de agua. La contemplación emocionada de estos sucesos los reencontraba con su condición humana de seres de palabra. Palabra revelada - a veces- en gestos mínimos, como ese respirar agitado y jadeante con el que muchos integrantes llegaban al taller para participar de la actividad, luego de horas de encierro, que podía virar a un decir más sosegado y suelto en las sucesivas lecturas que se iban produciendo cuando se alternaban las voces de unos y otros. O, cuando las certezas de los primeros tramos del encuentro iban virando en balbuceo, risa, escucha y los ojos habituados a ver lo imposible de ver, volviánse mirada cuando se los invitaba a recrear el modo en que las arañas tejen sus telas en el techo de la celda o a contar cómo es que cae una hoja del árbol. Una mención especial amerita la aparición del objeto libro en la reunión, al que el grupo requiere insistentemente, ya que su presencia permite establecer esa suerte de corte con lo establecido por la institución del que venimos hablando. Porque el libro representa para muchos aquello que los aloja en un nuevo lugar, el de los mundos a los que invita la lectura, pero, también, el de la biblioteca - ubicada afuera de la cárcel - de donde el libro proviene. El libro que entra y sale de la cárcel comienza, así, a alojarse, en algunos de ellos, en tanto proyecto: “el libro que escribirán cuando salgan” como intentando darse en ese objetivo un nuevo proyecto de vida, o lo mismo, una dimensión histórica distinta, escritores y ya no escritos por otro. Parece indicado en este momento, traer el recuerdo de una experiencia de lectura con adolescentes en los pabellones de un instituto de menores donde el libro despertaba en estos jóvenes una sensación ambivalente. Por un lado, de deseo: tener un libro era estar en posesión material de un bien simbólico que les había sido negado por formar parte de un sector social excluido, pero, por otro, les suscitaba cierto rechazo, puesto que esa nueva posesión ponía en peligro su pertenencia de origen, ya que tener libros era pasar a formar parte de una nueva clase, la de la cultura escrita. Como venimos sugiriendo las intervenciones realizadas desde la coordinación buscaban traer a la escritura estas particulares maneras de hacer con lo sensible. Particularidades que se materializan en la segunda publicación del grupo cuando sus integrantes deciden nombrarse a partir de sus rasgos de escritura: el viejo era el de los acrósticos, César el de los poemas flacos; el polaco, el poeta del amor. Neri, el que escribía a lo Girondo, Diego, el músico...Este proceso de singularización en la creación colectiva abría la posibilidad por una manera otra de habitar el mundo: no locos, no presos, no invisibles, sino seres de palabra, aún no muertos. IV. Palabra y testimonio ó donde hay sujetos El otro día uno se cortó las tripas, se abrió la panza de pé a pá, mientras un milico no hacía más que pegarle patadas en la nuca. Escuche que le cuento. Escúcheme. - ¿Vos estabas ahí? Sí, yo, yo fui testigo de lo que pasó. Yo; Hugo, luzbelito, lucerito y luz. Y lo peor de todo es que no se murió. En su proceso creativo el grupo, que hasta el momento venía desarrollando una práctica de escritura vinculada en su forma al género poético, comienza a preocuparse por cómo jugar una producción que no quedara al servicio de la invisibilización del terror que ellos vivían, es decir, ¿de qué manera poner en ejercicio el uso de una palabra que pudiera enfrentar los discursos y las prácticas de exterminio promovidos para echar a rodar el secuestro organizado de esas vidas humanas? Esto significaba que todo el trabajo anterior, a partir de lecturas y escrituras orientadas hacia la poesía, había otorgado a los integrantes del taller la vivencia de un uso de la lengua por encima -o debajo- de la turbación brutal que supone el manicomio, lo que producía, a su vez, la liberación de nuevas fuerzas en su pensamiento. De este modo, las reflexiones que iban surgiendo se interrogaban en torno a si las fuerzas creativas surgidas de ese proceso no estaban siendo transformadas por el poder insitucional en territorio para disipar el horror desmarcando su crueldad, estetizando alguna de sus zonas . A partir de esta lógica un taller literario encontraba permanencia en la cárcel manicomio a la manera de pausa de humanidad; como abono a una lógica del terror que se perfecciona desesquematizándose. Puesto que su fortaleza adviene cuando logra presentarse ante las víctimas como lógica no toda en su totalidad. Es en esos supuestos detenimientos sembrados, aquí y allí, que el lenguaje del que aún vive enloquece al punto de su parálisis: ¿cómo sostener el horror en sus intermitencias? ¿Cómo narrar las inflexiones, los matices, las escansiones del totalitarismo? ¿Cómo decir que el verdadero horror de esos lugares reside en su treguas: una salida al patio, una partida de metegol, una vasija horneada por este o aquel loco prisionero que, más tarde, será duchado en agua helada si no obedece tomar la medicación? ¿Acaso no era el mismo “tipo” aquél que jugaba con ellos al metegol y, luego, los golpeaba? Uno de los integrantes del grupo lo expresa con claridad al escribir sobre las salidas al patio que hacen de tanto en tanto: Este patio es simple/ verde/ y mucho gris/ poco amarillo/ gente que camina/ gente que habla/ uno se tira al pasto/ se acurruca/ se babea/ otro /camina/ de sur a norte /de este a oeste/ y vivecersa/ metegol y ping pong/ y expertos en gimnasia/ para controlar al preso / Porque la furia del loco/ estorba/ Miro hacia arriba/ el cielo está enrejado/ y te apuntan/ este patio es/ un contrasentido/ o el sueño de un demente. De ahí que el grupo se enfrente al problema de si seguir escribiendo como venía haciéndolo o, acaso, no era aquélla una escritura que peligraba por ilusoria e imaginaria al silenciar la verdad que reclamaban sus cuerpos desaparecidos en el dolor de esas relaciones manicomiales. Los integrantes se referían a estos cuestionamientos en los siguientes términos: “no podemos seguir escribiendo sobre los pajaritos de colores” (en alusión a las dos primeras publicaciones). Con ello buscaban explicitar que si bien escribir sobre el sentir que los invadía sobre la soledad, las heridas de amor, la falta de libertad o los recursos para imaginarla podían ser formas de resistencia; sin embargo esas escrituras seguían sin cuestionar su lugar de insanos e incapaces -no aptos- para la construcción del bien común y, por lo tanto, apartados de la sociedad en calidad de deshecho humano. La piedra de toque del debate giraba en torno a si el poder hegemónico institucional no estaba sino habilitando la continuidad de un taller de palabra sólo a los efectos de capturar la producción grupal para ponerla a jugar como parte de un tratamiento terapéutico en el marco de un embellecimiento de la cárcel. Se hace necesario aclarar aquí, que estos planteos se recrudecen cuando a la institución se incorpora una Comisión Permanente de Seguimiento y Evaluación que desplaza al personal médico y psiquiátrico penitenciario por personal civil. Esta intervención que, al comienzo, despierta expectativas en muchas de las personas allí alojadas, por suponer que su presencia cambiará radicalmente su situación y la de la institución, contrarresta esas expectativas. Las acciones de reforma de esta Comisión se limitan a pintar la cárcel, revocar algunas de sus paredes, incluir juegos de mesa y profesores de gimnasia para que los “peligrosos”, ahora, renombrados “pacientes” - como se lee en una nota publicada en un matutino, donde sus directivos dan cuenta de las innovaciones efectuadas - realicen actividad física. Por otra parte, en el plano de lo terapéutico, la transformación se reduce a cambiar la medicación utilizada hasta el momento, por otra denominada de última generación . Lo que en verdad, iba mostrando la reflexión sobre los avatares de la experiencia era que estas modificaciones actuaban como maniobra ideológica cuyo fin era instalar un nivel de ambigüedad dentro de la institución total. Ambigüedad que, en el caso del taller de escritura, operaba no como motor de la creación estética, es decir, promoviendo inquietudes en el sentido, sino como parte de una herramienta de desmovilización. Esto atentaba contra el proceso creativo del grupo, puesto que esa zona gris del poder totalitario no proponía a sus integrantes otra cosa que seguir sosteniendo el rol de desviados y culpables a los que se les había encontrado una nueva utilidad; que se expresaran libremente a condición de continuar haciéndolo desde la condena social que les correspondía por haber perturbado con su irracionalidad la organización del orden. Carta a ustedes: “Del otro lado de los muros está la realidad. De este lado, también, está nuestra realidad. Lo único irreal entre éste y ese lado son las rejas. Escribimos esta carta porque queremos contar algo de lo que aprendimos a vivir entre nosotros y nuestras palabras. Lo que tenemos para decir es que la libertad existe y que creemos en ella. Porque a pesar de estar encerrados en esta fábrica de hacer locos a los locos que nunca fueron, ni serán, ni lo son, tenemos sueños. Aunque a veces se nos haga difícil soportar no saber si estamos en el mundo de los vivos o en el de los muertos, en el de nuestras fantasías o en el de la oscuridad; en el de la explotación o en el de la producción. Nosotros; a los que muchos llaman: los locos, los presos, los drogadependientes, los ladrones, los sidosos, los enfermos mentales (...) Hablamos. (...) De este infierno sacamos esperanza, ésa es nuestra pólvora. Y vamos a seguir hablando, vamos a seguir siendo, como dice un compañero nuestro, máquinas de zapar la lengua; hasta que nos escuchen, hasta que nos miren como seres humanos y no como ceros humanos. Lo único irreal es la reja que cuadricula el cielo, el canto dolorido de nosotros. (...) Sabemos que no somos un acto fallido de la psiquiatría ni de la justicia; sabemos de qué va esta fábrica. Porque acá -también- hay gente que está pensando, sintiendo (...) Sin embargo, el punto de inflexión en este proceso de creación de una nueva palabra se produce cuando el dominio totalitario alcanza la vida de un “interno”. Como lo refiere, un integrante del grupo en un poema: No sabemos de él su nombre /Lo llamaremos Abel/ El rostro tampoco está/ Ni la forma de sus manos/ Murió de sobredosis/ Ya no espera/ Aún los gritos/ Auxilio hasta en mis vísceras/ /Ayúdenme; gritó/ Fue Abel/ Pero pudo ser cualquiera de nosotros... Es a causa de esta muerte que se decide la escritura de un Manifiesto leído ante las autoridades médicas y penitenciarias del penal en un acto público donde los integrantes del taller solicitarán, además, las explicaciones acerca de este hecho. . El acto de lectura del Manifiesto constituye un acontecimiento en el sentido de que escapa a las constricciones de lo organizado e interviene como una transformación de pequeño porte que revoluciona la trama del grupo. Quizá una descripción sobre lo sucedido nos ayude a entender esta idea de acontecimiento en tanto acto de producción de un nuevo sentido grupal. “...Son las diez de la mañana de un día de noviembre. Llueve. Así, que el cierre de los talleres se hará en el interior de la Sección Educación de la cárcel. En el escenario, fabricado con bancos y tablones de madera, están Hugo, Marcelo, Diego, Francisco, el polaco. Abajo el director del penal, los responsables a cargo de la Comisión de la Reforma, el Jefe de Seguridad, la Jefa de psiquiatría y una veintena de médicos, psiquiatras y psicólogos. Detrás de ellos, el resto de los “internos” de la unidad. Hasta el momento, se han improvisado algunos temas para amenizar la “fiesta”. Las voces de algunos vestidos de blanco se han sumado cuando se entona “la canción del Comandante” , como la presenta Marcelo. El resto del público acompaña con palmas, risas, comentarios por lo bajo. La jefa de psiquiatría con su celular saca fotos a los músicos que percuten tachos y bidones de agua. Cuando termina la canción, los integrantes del taller de escritura dejan sus instrumentos y bajan del escenario. Hugo, uno de ellos, pide silencio a todos los presentes y agrega que el taller de literatura tiene algo para leer. Se suman otros compañeros que estaban sentados con el resto del público. Se ubican uno al lado del otro. Francisco dice que no van a leer producciones individuales porque el taller de literatura está de duelo. A cambio, han decidido escribir un texto colectivo, un Manifiesto que leerán entre todos. Hay un clima de tensión y nerviosismo en el lugar. Hasta el momento no se mencionó lo de la muerte del compañero. - “Manifiesto del 19 de Noviembre de 2007:.. Sangre y tinta: hacer nacer de la muerte vida” -. Empieza Francisco y , luego, la hoja va pasando de uno en uno. Las voces leen punto por punto el contenido del texto. Son voces ásperas, enardecidas. El silencio, ahora, es absoluto. Algunos de los que están parados tiemblan. Un integrante del grupo abandona el coro y vuelve a sentarse con el resto del público. Cuando termina la lectura, Hugo, dirigiéndose a las autoridades del penal menciona al compañero muerto por sobredosis y reclama explicaciones. Agrega que la denuncia por esa muerte se ha hecho en distintos Organismos de Derechos Humanos, que es necesario que digan la verdad, que hablen los responsables, exige. Nadie contesta, ni interrumpe. Ninguna explicación ni comentario serán dados antes ni después de este pedido, sin embargo, al otro día, Hugo, es inyectado con una dosis de Haloperidol que le impedirá seguir escribiendo a causa del temblor incontrolable que la medicación produce en todo su cuerpo...” “...El alma y el cuerpo son una misma cosa. Pero nadie, hasta ahora, ha determinado lo que puede un cuerpo” . Una cita de Spinoza resuena para iluminar esta acción-devenir del grupo como acción poética: la lengua deslenguada, sin cuerpo, del poder que hace callar, se había rebelado por medio de un cuerpo hablando desde la muerte en la palabra de otros: “... Mucho más que gestos, entonación, mímica (...) No, se trata de eso que puede un cuerpo en el lenguaje” La palabra insubordinada de la lectura del Manifiesto, con un otro a quien dar escucha, modifica el horizonte de comprensión de los integrantes del dispositivo en, al menos, dos cuestiones fundamentales: por un lado porque la reflexión acerca de la muerte de ese compañero permite recalar en la idea de cárcel manicomio como campo de exterminio , es decir, como un sitio donde se produce la hechura de la muerte de seres humanos - el grupo se refería a la Unidad 20 como la fábrica -. Esta comprensión, sobre la dimensión letal que entraña la cárcel manicomio tendrá efectos más que potentes en la producción de esa otra lengua construida por el grupo. Agamben, sostiene que la idea de campo refiere a ese espacio biopolítico en el cual el poder tiene ante sí la pura vida biológica sin mediación alguna. Si como señala este autor “la pregunta que cabe a los horrores cometidos en los campos no es la interrogación hipócrita de cómo ha sido posible cometer semejantes delitos a lo seres humanos, sino cómo es posible que los seres humanos hayan sido despojados de sus derechos y prerrogativas al punto de que cometer cualquier acto contra ellos no resultara delito” , el Manifiesto, resiste contra la creación de ese espacio como lugar para la vida vegetativa: Acá hay gente que está sintiendo pensando, decían ya en la Carta a ustedes; esa afirmación adquiere su máxima contundencia en la frase que encabeza el Manifiesto: de la muerte hacer nacer vida. Por otro lado, la palabra que nutre el Manifiesto, es instituyente porque, a partir de este momento, se decidirá dar un viraje a la producción del taller y éste tiene que ver con usar la lengua para narrar lo que les acontecía. Si la destrucción de experiencia pareciera ser la característica fundante del exterminio, el grupo advierte que construir un dispositivo literario dando a luz lo aberrante de ese horror, esto es, contando el día a día de la cárcel hospicio permitiría instalar en esa lengua -supuestamente muerta- una posición de sujetos. De este modo, el carácter de escenas inenarrables, motor del silencio gestado por el poder institucional, podía darse vuelta si la palabra de los integrantes del grupo se abría paso en medio de esa impotencia de decir. Ser partícipes de ese laboratorio de extinción de personas y poseer aún lenguaje los situaba en la dimensión ética de atravesar esa lengua sin vida e inventar, allí, sobre lo imposible de ser dicho. Palabra testimonio capaz de sobrevivir a la deshumanización que los cosificaba, o lo mismo: “ El hombre es lo indestructible que puede ser infinitamente destruido” como también, “el hombre es lo que puede sobrevivir al hombre” Sin embargo, la lengua del testimonio que el grupo construye será tal no sólo por ser usada para contar que en la cárcel manicomio hay tortura, vejación golpizas; para quedarse allí y narrar las cosas tal como estaban sucediendo; sino y, ante todo, por aquellos que ya no podían contar - siguiendo, una vez más, al filósofo italiano-: los “muselman” de la cárcel manicomio. Es decir, aquellos imposibilitados de lenguaje a causa del proceso de degradación flagrante al que son sometidos. Quienes no pueden, producto de su temblor permanente, tomar el lápiz o en quienes la enunciación ha quedado detenida en un babear intraducible. Son los que deambulan de un lado a otro, los que se acercan al taller para pedir una hoja y trazar algunas líneas y, al no poder escribir, piden a otros compañeros que escriban por ellos. Por esa lengua que ya no puede ser hablada es que el grupo decide justamente hablar. Invención, lengua del testimonio porque, entre quienes ya no pueden hacer uso de la lengua y quienes están muertos hay, aún, quienes insisten en transitar la experiencia de un nuevo cuerpo: el de la letra. Parece indicado, ahora, releer la experiencia en la cárcel manicomio como resto, en continuidad histórica con el holocausto: “Por eso los que hoy reivindican la indecibilidad de Auschwitz deberían mostrarse más cautos en sus afirmaciones. Si pretenden decir que Auschwitz fue un acontecimiento único, frente al que el testigo debe de una u otra forma someter su palabra a la prueba de una imposibilidad de decir, tienen desde luego razón. Pero si, conjugando lo que tiene de único y lo que tiene de indecible, hacen de Auschwitz una realidad absolutamente separada del lenguaje, si cancelan en el musulmán, la relación entre imposibilidad y posibilidad de decir que constituye el testimonio, están repitiendo sin darse cuenta el gesto de los nazis, se están mostrando secretamente solidarios con el arcanum imperii. Su silencio entraña el riesgo de duplicar la advertencia sarcástica que la SS transmitía a los habitantes del campo, que Levi transcribe al principio de los hundidos y los salvados: De cualquier manera que termine esta guerra, la guerra contra vosotros la hemos ganado; ninguno de vosotros quedará para dar testimonio de ella, pero incluso si alguno lograra escapar el mundo no lo creería” Es la producción de testimonio lo único que puede refutar estas palabras, puesto que si la autoridad del testigo reside en poder hablar en nombre de un no poder decir, o sea, en su ser sujeto, sólo se testimonia allí donde se da una imposibilidad de decir y porque hay un testigo sólo cuando ha habido una desubjetivación. En este marco de pensamientos deber leerse el decurso de las escrituras que nutren la tercera publicación del grupo Caracoles en la producción del blog “Guerreros del sol”. La publicación de este blog se realiza en máquina con el Colectivo Ciudad Interna de los presos comunes de la cárcel de Coronda con quien Caracoles entra en diálogo a través de cintas grabadas y conversaciones por Internet.. Si bien los integrantes de Caracoles, en los comienzos de la publicación del blog, recurren al anonimato, luego, decidirán salir a la luz con sus nombres y apellidos al advertir - a partir del contacto establecido con los presos de Coronda - que sólo ellos eran quienes podían hacer pasar su palabra a la sociedad, en ese nombrarse, hacia un afuera; más allá de los límites concretos de la prisión y el manicomio. Nuevo acontecimiento con el que se cierra la experiencia. El carácter -en apariencia transparente- de estos pasajes por el uso radical que allí se hace del lenguaje no debiera ser interpretado como ausencia de máscara, velo o de capacidad para construir metáfora, sino en tensión con la presencia muda y violenta de ese otro que permanece en una suerte de limbo, ahí, en ese real, reside, la focalización o la perspectiva elegida para construir relato. El musulmán de la cárcel hospicio es la antesala que habilita hacia la creación literaria; el preámbulo a la poesía del poema, aquello que lo fundará, después, más tarde, a destiempo con cualquier sutura de sentido, y, tal vez, porque lo bello, como dice Rilke, no sea sino ese último grado de lo terrible que aún soportamos Carta abierta, Manifiesto, Testimonios; movimientos de palabra que no intentan realizar un mea culpa para con la sociedad, ni abonar al discurso de unas almas vueltas bellas por el libre ejercicio del derecho humano a la expresión. Consentir esta lógica hubiera significado reconocer un estatuto jurídico en sujetos que han sido expulsados jurídicamente de la ciudadanía como inimputables . Por el contrario, se logra situar una palabra de vida que, por ello, produce una basculación en el proceso de desubjetivación al que han sido sojuzgadas estas personas. En esa otra lengua se esboza ese pueblo que falta. A continuación, reproducimos algunas de las prácticas de escritura realizadas por los integrantes del grupo que dan cuenta de que los sometidos pueden hablar, mutar en “modestos testigos” de otro modo de pensar la lengua y el vivir. - Como vemos a muchos que salen dopados con la boca abierta. Y toda la saliva caída. Por lo menos antes de entrar acá era una persona. La boca la tenía cerrada. Se le abre la boca. Sin querer. Y no sabe cómo decir. Y anda. Como un sonámbulo. Dando vueltas. De un lado al otro de esta cárcel. Nos hacen deambular por el patio. Con una pava, un pedazo de pan. Deambular como si fuésemos idiotas - Aquí estoy en una habitación de sueño enfermizo; sumido en un coma de espera. Segmentos de tiempo que se amortizan día tras día. Elocuencia de un ser que goza mi tormento. - No. A uno no lo escuchan y por más que a mí me muestren carteles diciéndome que tengo una patología x, no importa, porque no me importa un carajo. Yo sigo siendo Pancho y tengo una cabeza y un corazón que vive. Pero no me dejan vivir tranquilo. Yo no maté a nadie. Me intenté matar, eso sí, de lo cual me arrepiento. Me intenté matar porque acá me llevaron a eso. Llegó un momento donde me caí a un precipicio y ya no había pintura, ni música que pudiera salvarme. Había desesperación porque la misma terapia llevó a descontrolarme más. Me hace mejor venir acá. Escribir. Agarrar un papel que estar con la psicóloga. Ya estoy podrido. No me dejan morir en paz. Yo me quiero morir en paz.... Ya estoy podrido de que el estado se ocupe de no dejarme morir en paz - ¡Medicación! ¡medicación! un enfermero se acerca a la reja y otro enfermero recita una lista de nombres e instruye la medicación que le toca a cada uno. los hombres, dispuestos adentro del pabellón, hacen una fila con sus jarros de agua. uno detrás del otro. aguardando su turno. No existe el no quiero. Si alguien se resiste, el enfermero da parte a la guardia gris. distintos destinos: la inyección a la fuerza o la entrevista psiquiátrica. La entrevista psiquiátrica es convencer a alguien de arrojarse de la vida. - Yo tengo diez hermanos, siete sobrinos, un hay - jado. Y cuñadas. Estoy en una celda de seis piernas. Me saqué dos muelas el otro día. Hace dieciséis años que estoy en estas instituciones. Convivo con cinco personas. Van transcurriendo las semanas, los meses. Veinticuatro horas tiene el día. Son cuatro paredes donde estamos. Me siento un soñador no un esquizofrénico. A mí me gustaría expresarme como el que soy. - Tengo los dientes podridos y rotos por las pastillas. A veces logro esconder entre las muelas algunas que no quiero tomar. Entonces el enfermero dice: - ¡abra la boca! Y así se adueña hasta de mi saliva, de mis encías, del aliento de mi estómago. - Esto lo escribo yo porque mi compañero está temblando y no puede escribir. Le pregunto por qué estás acá y él responde: - Llegué acá porque estaba en la calle descalzo. No tenía plata y estaba pidiendo monedas para viajar. Había una señora con el marido. El marido pensó que le iba a robar cuando en realidad yo me había acercado a ella para pedirle una galletita que estaba comiendo. Entonces el marido me agarró por atrás, así, de los brazos. Llamó a la policía y directamente me trajeron acá. Hace siete meses que estoy encerrado. Y cada día tiemblo más. - Mi cama me chupa de una manera intensa. Dormir, dormir y que la muerte me abrace ¿por qué en este encierro que no elegí tendría que pensar en la vida? Quisiera estar afuera, loco, pero cierto. - Gallito de riña es lo que hacen para sacarse las ganas de divertirse a costa nuestra. Ponen a dos que ellos llaman “loquitos” a pelear. Hasta en el retén lo hacen. Ellos se ríen mientras dos seres humanos se pegan. Luego les hacen firmar actas de golpes: que se cayeron en el baño. Así justifican su perversión. El que más lesionado queda es el perdedor de la pelea. La apuesta del personal del manicomio es una comilona. - Lloro porque ya no puedo escribir. No por falta de inspiración, ni de claridad, sino porque se me contracturan las manos. Cometí la audacia de usar lo que aún me quedaba de razón y, por ser la piedra en el zapato, me medicaron. - Hoy más que nunca quiero volver a ver mi cuerpo. Mi cuerpo que según los años creció a lo largo y a lo ancho. Quiero verlo porque ya no sé dónde está, no puedo descubrirlo por los medicamentos que se me imponen. Pienso que tanta pastilla debe ser para desenvolverse en este hospicio. Llegando más tiempo pienso y vuelvo a penar. Y pienso... Hugo Castro, Francisco Metlicich, Jorge Rafael Carlos, Sergio Medina, Marcelo Palaviccino, Mariano Nicolini, Diego Tarsia, Hernán Mira, Neri Coronel, César Peralta, Mario Shneider, Lisandro Villalba Fuente: Caime Laura, Carrillo Miguel Ángel, Baez Oscar Sebastian, Giusti Juan Manuel, Correa Cecilia Espero que lo hayan podido leer, tenía ganas de compartirlo con ustedes. Saludos!

Buenas a todos! Hoy voy hablarles sobre la papiroflexia u origami es practicamente lo mismo.. La cocotología o papiroflexia, es el arte de hacer figuras con papel. Una de sus variantes más conocidas es la oriental "origami", que también consiste en hacer variadas formas o figuras con papel. Voy a dejarles un par de imágenes y videos de como realizarlas X-wing de las guerras de las galaxias, es una de mis favoritas. Procedimiento paso a paso para realizarlos. Esto se hizo utilizando un cuadrado de 15 cm, papel fino, de color azul por un lado y blancas por el otro - el X-Wing termina de color por todas partes. Cuando se pliega la toma, trate de ser lo más preciso posible, especialmente al doblar una esquina a la mitad! Algunos de los pliegues se ponga demasiado fina en el extremo. 1) Comience con el lado de color (en este caso azul) hacia arriba. 2) Doble a lo largo una diagonal, abrirlo, y luego doble a lo largo del otro. En la imagen, los pliegues son tales que ese documento constituye una taza (en lugar de una colina). 3) ) Gire el papel, y pliegue horizontal, abierto de nuevo, a continuación, en sentido vertical. Estos pliegues terminan en la dirección opuesta a las anteriores. 4) Unir hacia el interior a lo largo de los pliegues, para que esta forma cuadrada se forma. 5) Dobla una de las solapas cerradas hacia el centro 6) 7) A continuación, despliegue la aleta, y lo pliega sobre sí misma, a la inversa. 8) Despliegue el colgajo de nuevo, y abrir el interior para que quede plano. 9) 10) Dobla un lado blanco hacia el centro. 11) http://www.union.ic.ac.uk/scc/icsf/library/history/picocon22/xwing/11.jpg Desplieguela 12) 13) Hacer un pequeño doble como muestra la imégen 14) Presione más bajo, de modo que la diagonal que se encuentra bajo va a la derecha hacia el centro. 15) Repita con la izquierda. 16) Repita el procedimiento con todas las otras, son 3 pliegues. 17) Dobla hacia abajo el pequeño punto central. Haga lo mismo en el lado opuesto -, pero dejan los otros 2 puntos centrales como son. 18) Rotación por 90° de manera que sus patas "queden más cercanas a usted" 19) Dobla una cara de la solapa, como convertir la página de un libro 20) Doble la pierna "cerca de usted hacia arriba, doblando en sentido horizontal en el medio" 21) Doble la pierna "hacia abajo 22) Apriete la pierna hacia adentro, hacia el centro, como se muestra en la imágen 23) Continuar doblando para que la pierna termine hacia adentro y sacando a 90 grados. 24) Termianr doblandolo en forma plana 25) Repetir el movimiento con las ctras 3 patas 26) Probablemente sea la etapa más complicada: Doble el lado más largo por la mitad, en el centro. Esto comenzará a arrastrar la línea superior de la pierna con ella, no te preocupes. 27) Finalizar plegado plano 28) Doble la pierna de manera que queden bien planas - esto se pliega por la mitad 29) Repita en el otro lado 30) Y otra vez por todos los demás. Luego se consigue que los motores en la parte inferior se divide verticalmente por la mitad, como se muestra. 31) Dobla un motor nuevo en sí mismo, entre las alas 32) 33) Doble segundo motor demasiado. 34) Abra la tapa a lo largo de la parte superior de las alas 35) Reverso veces la punta de las alas hacia atrás y adentro, como se muestra en estas 3 fotos 36) 37) 38) Repita con los otros 3 alas 39) Terminado =) Les dejo un video de como realizar una rana con papel http://www.dibujosparapintar.com/plantilla2.html?doc=archivos/papiroflexia_rana.swf?400x350 Fuente: www.union.ic.ac.uk , www.dibujosparapintar.com. Espero que les haya gustado.. Saludos!

Los tatuajes se han convertido en algo habitual y, a mi entender, estéticamente discutibles. Pero lo que han hecho estas personas, hay que reconocerlo, es original y novedoso: En la discoteca va a llamar la atención, seguro. La tinta reactiva Luz Negra es una gran manera de tener un tatuaje que nadie puede ver, pero bajo la luz negra o para agregar un poco algo especial para disparar a los amigos. Realmente qué tan seguro es Chameleon luz negra tinta del tatuaje? Dada su extensa prueba para la aprobación de la FDA, con absolutamente ninguna reacción adversa a la misma en más de diez años, es todo en la prueba, esta tinta es muy probablemente el más seguro de tinta en el mercado. Aquí está la línea inferior: de Crazychameleonbodyartsupply.com - No contiene fósforo - Se activa la radio NO - No contienen Everglow - No causan cáncer - Cuenta con aprobación FDA como una espectral de marcado o pigmento que se desarrolló para su uso en el seguimiento [tatuajesanimales] y pescado - y sí los mismos que comemos, y ha sido probado y usado con ninguna reacción adversa en los seres humanos desde hace más de 10 años. - El tinte fluorescente es completamente seguro y no tiene carcinógeno y es humano seguro y no se extiende o "soplar", porque el tinte es contenido en las cápsulas de micro Sorprendete! Ahora les dejo algunas fotos de Tatuajes de Dragones! Conclución: Duele hacerte uno de estos? vale la pena? Son dibujos maravillosos de gran calidad, pero no es suficiente tenerlo en una hoja, es mejor tenerlo en la piel Espero que les haya gustado. Saludos!