BahiaCesar
Usuario
Todos los días recibo algunas gacetillas de prensa en español que han pasado antes por un servicio de traducción en línea, como Google Translate u otros similares. El resultado es deplorable: un material de lectura difícil por no decir improbable. El caso extremo de esta situación se registró el 1 de septiembre de 2011, cuando una gacetilla incluía el copiado y pegado textual del Google Translate, con párrafos consecutivos en inglés y español, en el cuerpo de la nota. Sería mejor para todos los que estamos en este proceso periodístico la contratación de un buen servicio de traducción real, pagando lo que corresponde, para luego enviar la gacetilla en un español comprensible.
Hace algunos años viví una experiencia agradable. Llegué a una conferencia de prensa unos 20 minutos después de la hora original de la convocatoria, una demora inhabitual en mí. Cuando ingresé al salón, la conferencia ya había empezado. “Sí, empezaron puntuales”, fue la respuesta de un amigo presente en el lugar cuando le pregunté, sorprendido y en voz baja, por algo que en realidad debería ser moneda corriente en el ambiente periodístico. Recuerdo largas esperas de 45 minutos o de una hora, en lugares cuasi inaccesibles, como Brisas del Plata o Costa Salguero, en Buenos Aires, y algunas históricas como la presentación oficial de Nativa, ese brebaje verde y viscoso de Coca Cola, en Espacio Darwin que comenzó con ¡1 hora 45 minutos! de atraso. Y no me refiero a reuniones donde también hay socios de negocio, clientes, etc., sino a actividades especiales para la prensa. Se impuso como una norma no escrita el comienzo con al menos 30 minutos de atraso respecto a la hora oficial de la convocatoria. Como bien señala la Wikipedia, “hay a menudo una convención de que una pequeña cantidad de retraso es aceptable en circunstancias normales; por lo general, diez o quince minutos en las culturas occidentales (¿La Argentina forma parte de Occidente?). En otras culturas, tales como la sociedad japonesa (…) no existe básicamente ninguna permisividad (La Argentina no es Japón, precisamente…). No obstante, la puntualidad se considera un signo de consideración hacia las personas que están esperando (…) En las culturas que valoran puntualidad, retrasarse es equivalente a demostrar desprecio por el tiempo de otra persona y se puede considerar un insulto”. Estaría bien (no “bueno”, como decía el macrismo en su campaña electoral) que se reduzcan estos plazos de espera. Por una cuestión de respeto y educación.
El ego argentino, desmedido de por sí, crece a alturas himaláyicas cuando se recorre la ciudad estadounidense de Boston y se encuentra en una de sus avenidas más distinguidas una estatua al ex presidente Domingo Faustino Sarmiento. En junio de 2010 conocí esta obra sobre el único extranjero homenajeado en la arbolada avenida Commonwealth, bordeada por residencias tradicionales. Volví a visitar la zona el 28 de abril de 2014. En su primer viaje al país norteamericano en 1847, Sarmiento conoció al educador Horace Mann, que vivía cerca de Boston. El político sanjuanino volvió a los Estados Unidos en 1865, esta vez como representante del gobierno del presidente Bartolomé Mitre, cuando emprendió proyectos educativos entre ambas naciones, varios de ellos con participación de educadores bostonianos. El Gobierno argentino ofreció el monumento a Sarmiento en Boston en 1913. En 1972, Carlos Manuel Muñiz, embajador argentino en Washington, retomó el proyecto y y obtuvo la aprobación de las autoridades de la ciudad, que cedieron el espacio de la avenida Commomwealth, entre Hereford Street y Gloucester Street, en el barrio de Back Bay. Se realizó un concurso en la Escuela Superior Nacional de Bellas Artes “Ernesto de la Cárcova” de Buenos Aires que fue ganado por Yvette Compagnion, alumna de los escultores José Fioravanti y Juan Carlos Labourdette. El monumento de bronce y cemento fue inaugurado el 21 de mayo de 1973. Comparto las coordenadas de la obra aquí. Y debajo, fotos propias: