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Primer post: 4 feb 2010Último post: 14 may 2017
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Tecnologías supuestamente suprimidas: El motor de agua
Tecnologías supuestamente suprimidas: El motor de agua
InfoporAnónimo1/24/2012

Tecnologías supuestamente suprimidas: El motor de aguaEl agua es ya el resultado de una combustión y no se puede usar como combustible otra vez sin aportarle primero más energía de la que proporciona.Son muchas las personas que piensan que determinadas tecnologías prometedoras han sido suprimidas por diversos poderes políticos o económicos, generalmente con el propósito de proteger sus inversiones o apuestas y –en los extremos ya más absurdos de la ilógica conspiranoica– por motivaciones siniestras de mucho mayor alcance. Desde que un servidor puede recordar, el motor de agua ha sido la más popular de estas tecnologías supuestamente suprimidas en la mitología social contemporánea.En su forma original y más básica, la leyenda afirma que alguien inventó un motor capaz de funcionar usando agua corriente como combustible y éste fue suprimido por el poder mediante una diversidad de medios, según la imaginación del que lo cuenta: adquiriendo y enterrando la patente, comprando al inventor, matándolo, etcétera. El objetivo de esta supresión sería evidente: proteger a las grandes compañías energéticas y a los estados que tienen o puedan tener detrás, privando así al pueblo sencillo de una fuente de energía casi ilimitada, limpia y muy barata o gratuita por completo. Adquiere así características comunes en los mitos sociales, las leyendas urbanas y las conspiranoias.Verne, Franco y los cuentistas.El origen aparente de la leyenda resulta fácil de determinar: se halla en una obra notable de Julio Verne, La Isla Misteriosa, que ya planteaba en 1875 el problema del agotamiento de las energías no renovables. Entonces, uno de los protagonistas –un inteligente inventor llamado Ciro Smith– realiza las siguientes afirmaciones:Sí, amigos míos, creo que el agua se usará un día como combustible, que el hidrógeno y el oxígeno que la constituyen, utilizados aislada y simultáneamente, producirán una fuente de calor y de luz inagotable y de una intensidad mucho mayor que la de la hulla. Un día el pañol de los vapores y el ténder de las locomotoras en vez de carbón se cargarán con esos dos gases comprimidos, que arderán en los hornos con un enorme poder calorífico. No hay que temer, pues: mientras esta tierra esté habitada, suministrará elementos para satisfacer las necesidades de sus habitantes, los cuales no carecerán jamás de luz ni de calor, como tampoco de las producciones de los reinos vegetal, mineral y animal. Creo que, cuando estén agotados los yacimientos de hulla, se producirá el calor con agua. El agua es el carbón del porvenir.El carácter maravillosamente visionario de muchas de las creaciones de Julio Verne ha conducido a muchas personas a creer a pies juntillas cualquier afirmación que aparezca en las mismas, olvidando que se trata de obras de lo que hoy en día llamaríamos ciencia ficción próxima: tomar elementos ya existentes en la ciencia y la técnica de tu tiempo y forzarlos en el presente o proyectarlos en el futuro hasta que te queda una historia de lo más estupenda y realista. Otro autor muy conocido de este género es Michael Crichton, entre muchos más.Sin embargo, a diferencia de lo que se suele creer, Julio Verne no inventó nada. Verne era un escritor capaz con buena cultura científica y muy bien informado de lo que se cocía en su época, pero en sus libros no aparece nada que no se estuvieran planteando ya los científicos de su tiempo aunque fuese como conjetura. Esto le condujo a incontables aciertos y también a algunas –brillantes– meteduras de pata. La más conocida es la del viaje tripulado a la Luna mediante un disparo de cañón, que –además de impráctico– convertiría a los ocupantes en pasta cárnica para hamburguesas debido a la súbita aceleración. Y tiene perfecto sentido, porque cuando Verne escribió De la Tierra a la Luna (1865) aún faltaban casi cuarenta años para que el papi de la astronáutica Konstantin Tsiolkovsky publicara su obra clave La exploración del espacio cósmico por medio de dispositivos a reacción (1903). En cambio acertó plenamente con el lugar del lanzamiento –Florida–, pues en tiempos de Verne los Estados Unidos ya despuntaban como potencia científico-técnica y los matemáticos ya sabían que el lugar idóneo para este tipo de lanzamiento está cerca del ecuador.Para este otro caso que nos ocupa, Verne se apoyaba en la hidrólisis del agua realizada por Michael Faraday en 1853. No obstante, en los tiempos de La Isla Misteriosa las Leyes de la Termodinámica –aunque ya conocidas– aún no se comprendían en profundidad ni estaban bien extendidas: la primera y segunda leyes acababan de formalizarse y el descubrimiento de la tercera tendría que esperar hasta principios del siglo XX. En 1875 las Leyes de la Termodinámica eran ciencia tan puntera y abstracta como lo que hoy en día se hace en el LHC; tanto que a Verne se le escapaba un poquito, lo que se plasma en varios otros lugares de sus obras. Más intrigante y oscura es la vía por la que este error de Verne pasa a la mentalidad social colectiva en varios países de modo más o menos simultáneo. Parece –parece– que fue más popular en los países del Eje y sus aliados o simpatizantes, en torno a la Primera y Segunda Guerras Mundiales; entrelazándose con la injusticia nacional percibida de que nuestras patrias no dispusieran de recursos energéticos fácilmente accesibles, a diferencia de nuestros enemigos, los aliados (y de manera notoria, los Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Soviética). Es conocida la tendencia de la mente humana a inventarse –y creerse– fábulas cuando los hechos no concuerdan con sus miedos, prejuicios y deseos; de hecho, este ha sido siempre el principal motivo creador de mitos y religiones.Así, en este tiempo y lugar surgieron numerosos intentos para lograr combustibles alternativos, extendiéndose desde la gasolina sintética nazi –basada en el proceso Bergius y practicable, pero económicamente ruinosa– hasta fraudes ridículos como la gasolina en polvo de origen vegetal que el estafador Albert von Filek le colocó a Franco. Otro ejemplo paradigmático de esta tendencia fueron los vórtices fluidos de Viktor Schauberger, que llegó a reunirse varias veces con Hitler antes de terminar en un campo de concentración o un hospital psiquiátrico, según fuentes.Conforme el mundo desarrollado seguía su camino, fue dejando atrás estos sueños de autarquía energética por impracticables o ruinosos (en la foto de la derecha, una planta alemana abandonada de producción de gasolinas sintéticas). Sin embargo, en los países más pobres y menos desarrollados perduraron aún un poco más, apoyándose en el desconocimiento popular de las materias científicas. Así, en fecha tan tardía como 1970, aún tuvimos en España a un personaje llamado Arturo Estévez Varela que alcanzó cierta notoriedad social con exhibiciones de motores de agua más un aditivo secreto. En esta ocasión fue el mismo Franco quien ordenó a la prensa que dejara de darle pábulo, después de consultar al Colegio de Ingenieros Industriales, porque «ya se ha hecho bastante el ridículo».Pero, inevitablemente, la idea permaneció en la mitología popular como ejemplo paradigmático de tecnología suprimida. Por ello, cuando los conspiranoicos anglosajones de la energía libre y gratuita comenzaron a dejarse oír en España y otros países latinoamericanos, nuestras sociedades estaban preparadas para darles un inmerecido crédito.Los conspiranoicos de la energía libre y gratuita.En el mundo anglosajón, la cosa del motor de agua (o con otros combustibles curiosos) fue siempre más propia de inventores particulares fracasados, sin llegar a alcanzar los ámbitos del poder que hemos visto en los entornos continentales. Hay cientos de patentes al respecto: varias oficinas de patentes anglosajonas son conocidas por pantentar todo lo que les presenten. En Estados Unidos, un padre patentó a nombre de su hijo de siete años la manera de balancearse en un columpio; en Australia, un abogado patentó la rueda. Y así, muchas más.Estos inventores frustrados y quienes apoyan sus obras han venido a constituirse en un sector significativo del pujante movimiento conspiranoico, una industria muy rentable que deja significativos beneficios a una variedad de editoriales y productoras, por no mencionar a ciertos políticos y periodistas. En esta ocasión, el planteamiento del motor de agua se presenta bajo un aspecto un poco más sofisticado (esencialmente: más lioso) de tal modo que se camuflen mejor sus debilidades; y ha quedado incorporado en el apartado de supuestas supresiones de la energía libre y gratuita, una temática conspi habitual.Esta nueva iteración se olvida ya de Julio Verne y de los Seat 600 con motor de agua para adentrarse en la tecnología de células de combustible acuosas de Stanley A. Meyer, que viene a ser lo mismo pero más rimbombante. Después de que un tribunal lo condenara a devolver 25.000 dólares a dos inversores que se sintieron estafados, y sobre todo tras su muerte súbita por aneurisma cerebral, Meyer se convirtió inevitablemente en un ídolo del sector conspi que aprecia estas cosas como verdadero científico asesinado por las fuerzas del mal.Todas sus patentes en los Estados Unidos siguen disponibles y accesibles por Internet (5149407, 4936961, 4826581, 4798661, 4613779, 4613304, 4465455 y 4421474 y 4389981). En ellas, lo único que hace es liar por vías cada vez más complicadas un sencillo dispositivo de hidrólisis, que naturalmente consume energía en vez de producirla. Ninguna de ellas explica de qué manera se puede obtener energía en vez de consumirla –más allá de sus propias afirmaciones–, ni mucho menos determina el mecanismo de acción o el balance energético final. Esta ausencia de claridad sobre el mecanismo de acción y el balance energético es característica de las conspis con componente científico, que hemos visto recientemente en las numerosas chaladuras sobre el HAARP. En caso de duda, tú siempre pregunta cómo funciona, cuánta energía entra y cuánta energía final exige el trabajo. Así te mantendrás siempre al calor de las leyes de la Termodinámica. ;-) En la imagen podemos ver uno de los dibujos originales de Meyer, donde el fuel cell water capacitor desempeña la función de cajita mágica para la hidrólisis del agua en hidrógeno y oxígeno; ningún punto de las patentes detalla cómo lograrlo sin consumir más energía de la que se produce.En general, los defensores de estas supuestas energías libres y gratuitas ignoran un hecho bastante simple: las regiones próximas a la corteza terrestre son ya muy estables, resultado de miles de millones de años de violentísimas reacciones. Debido a esa razón, han quedado en un estado bajo de energía (y si fuera más alto, nos mataría): ya han generado y consumido la mayor parte de la energía que podían generar y consumir con facilidad. Por eso, sus reacciones son ahora lentas y progresivas; también por eso, nos resulta tan difícil encontrar fuentes cercanas de energía concentrada y fácilmente disponible. Los hidrocarburos son un regalo de Mamá Naturaleza, que no se repetirá pronto.Pero entonces, ¿por qué no puede ser?La razón fundamental de que el motor de agua no sea practicable es en realidad muy sencilla. Simplemente, el agua ya es el resultado de una combustión, ocurrida durante miles de millones de años, a lo largo de buena parte de la historia del universo. El agua es H2O: o sea, hidrógeno oxidado (quemado con oxígeno). El hidrógeno primordial y el oxígeno estelar se combinaron para formar agua, liberando energía en el proceso: este es el origen del líquido elemento. Al agua, por tanto, no le queda apenas energía química que liberar: se encuentra ya en un estado base muy estable. A todos los efectos prácticos, es una ceniza resultante de la combustión del hidrógeno en presencia de oxígeno a lo largo del tiempo.Para transformar el agua de nuevo en hidrógeno y oxígeno capaces de liberar energía al combinarse otra vez, primero hay que desensamblarla –hidrolizarla– aportándole la misma energía que cedió más un porcentaje adicional, con objeto de compensar las pérdidas inevitables. Por muchos trucos que intentemos, por muchos pasos que incorporemos, por mucho que compliquemos el proceso, el balance energético final será el mismo: si quieres que el agua libere energía, tienes que aportársela primero, porque la suya ya la perdió cuando se formaba. Lo contrario implicaría una violación radical de la primera y la segunda leyes de la termodinámica, que en este universo nos vemos obligados a respetar: estaríamos ante una máquina del movimiento perpetuo, imposible por esta misma razón.Obviamente, existe una vía para obtener grandes cantidades de energía del agua, o más bien del hidrógeno que contiene: la fusión nuclear. En este caso la cosa cambia, pues saltamos de procesos químicos a procesos físicos, enormemente más energéticos. Por supuesto, no hay en esto violación alguna de las leyes de la termodinámica, dado que hablamos de reacciones de naturaleza completamente distinta: la energía que el agua perdió al formarse durante la larga historia del universo (lo que le impide servir como combustible convencional) era de naturaleza química, no física (lo que, una vez hidrolizada, permitirá su uso como combustible nuclear cuando la fusión esté lista).Alternativamente, podría decirse que la energía hidroeléctrica o maremotriz se obtiene del agua, pero evidentemente no estamos hablando de esto. En esta variante, la energía no está en el agua, sino en la energía cinética o potencial de su masa: funcionaría igual con cualquier otra cantidad de materia análoga. Pero a nivel químico –que es lo que permite funcionar a un motor convencional, no nuclear– el agua no sirve como fuente energética por el simple motivo de que ya la cedió casi toda durante su formación. No le queda energía para suministrarnos. Y por ello el motor de agua, a pesar de lo muy querido que pueda resultar para la mitología popular, simplemente ni pudo, ni puede, ni podrá ser.

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El misterio de Roseto, aquella gente solo se moría de vieja
El misterio de Roseto, aquella gente solo se moría de vieja
Salud BienestarporAnónimo5/14/2017

El misterio de Roseto «Aquella gente solo se moría de vieja». -1- Roseto Valfortore se encuentra al pie de los Apeninos, en la provincia italiana de la Foggia, a unos 160 kilómetros al sureste de Roma. Como villa medieval que es, está organizada alrededor de su plaza mayor. En plena plaza se encuentra el Palazzo Marchesale o casa de los Saggese, antaño grandes terratenientes de aquellos pagos. Una arcada lateral conduce a una iglesia, la Madonna del Carmine o Virgen del Carmen. Estrechos escalones de piedra ascienden por la ladera, flanqueados por casas de dos pisos estrechamente arracimadas, hechas de piedra y tejas rojizas. Durante siglos, los paesani de Roseto trabajaron en las canteras de mármol de las colinas circundantes, o cultivaron los campos en terraza del valle, caminando unos ocho kilómetros montaña abajo por la mañana y haciendo el viaje de vuelta monte arriba por la tarde. Era una vida dura. La gente era en su mayor parte analfabeta y desesperadamente pobre. Nadie albergó demasiadas esperanzas de mejora económica hasta que a finales del siglo XIX llegaron a Roseto nuevas de una tierra de promisión al otro lado del océano. En enero de 1882, un grupo de once rosetinos —diez hombres y un muchacho— se embarcaron para Nueva York. En su primera noche en América durmieron sobre el suelo de una taberna de la calle Mulberry, en Little Italy (Manhattan). De allí se aventuraron al oeste, y acabaron por encontrar trabajo en una cantera de pizarra 144 kilómetros al oeste de la ciudad, cerca de la localidad de Bangor (Pensilvania). Al año siguiente, fueron quince los rosetinos que viajaron de Italia a América, y varios miembros de aquel grupo terminaron también en Bangor para unirse a sus compatriotas en la cantera de pizarra. Aquellos inmigrantes, a su vez, propagaron por Roseto la promesa del Nuevo Mundo; y pronto otro grupo hizo las maletas y se dirigió a Pensilvania, hasta que la corriente inicial de inmigrantes se convirtió en inundación. Solo en 1894, unos mil doscientos rosetinos solicitaron pasaportes para América, y dejaron así abandonadas calles enteras de su pueblo. Los rosetinos comenzaron a comprar tierra de una ladera rocosa unida a Bangor por un escarpado camino de carretas. Levantaron casas de dos pisos estrechamente arracimadas, hechas de piedra y tejas rojizas, a lo largo de callejas que recorrían la ladera. Construyeron una iglesia y la llamaron Nuestra Señora del Monte Carmelo; y a la calle principal sobre la que se alzaba, avenida de Garibaldi, en honor al gran héroe de la Unificación Italiana. Al principio, bautizaron su pueblo Nueva Italia; pero pronto le cambiaron el nombre por el de Roseto, pues les pareció muy propio, dado que casi todos procedían de aquel pueblo italiano. En 1896, un cura joven y dinámico, el padre Pasquale de Nisco, se hizo cargo de la parroquia de Nuestra Señora del Monte Carmelo. De Nisco fundó sociedades espirituales y organizó fiestas. Animó a sus conciudadanos a roturar la tierra y plantar cebollas, legumbres, patatas, melones y árboles frutales en los amplios patios traseros de sus casas. Les facilitó semillas y bulbos. El pueblo cobró vida. Los rosetinos comenzaron a criar cerdos en sus patios traseros y a cultivar uvas con que hacer su vino cosechero. Construyeron escuelas, un parque, un convento y un cementerio. Abrieron tiendas, panaderías, restaurantes y bares a lo largo de la avenida de Garibaldi. Aparecieron más de una docena de telares donde se fabricaban blusas para el comercio textil. La vecina Bangor era mayoritariamente galesa e inglesa, y la siguiente ciudad más próxima era abrumadoramente alemana, lo cual —dadas las tormentosas relaciones entre ingleses, alemanes e italianos en aquellos años— significaba que Roseto sería estrictamente para los rosetinos. Quien hubiera recorrido las calles de Roseto (Pensilvania) en los primeros decenios del siglo pasado, no habría oído hablar sino italiano, y no un italiano cualquiera, sino justo el dialecto sureño de la Foggia que se hablaba en el Roseto de Italia. El Roseto de Pensilvania era un mundo propio autosuficiente en su pequeñez, casi desconocido para la sociedad que lo rodeaba; y bien podría haber permanecido así, de no haber sido por un hombre llamado Stewart Wolf. Wolf era médico. Estudió el aparato digestivo y dio clases en la facultad de Medicina de la Universidad de Oklahoma. Pasaba los veranos en una granja en Pensilvania no muy lejos de Roseto… aunque esto, desde luego, no significaba mucho, ya que Roseto estaba tan aislado en su propio mundo que era posible vivir en la ciudad más próxima sin llegar a saber gran cosa de él. «Uno de los años que veraneamos allí, debió de ser a finales de los cincuenta, me invitaron a pronunciar una conferencia en la sociedad médica del pueblo», diría Wolf años más tarde en una entrevista. «Después de la conferencia, uno de los médicos locales me invitó a tomar una cerveza. Mientras bebíamos, me contó que en sus diecisiete años de ejercicio rara vez había tenido algún paciente de Roseto menor de sesenta y cinco años con problemas cardiacos». Wolf se quedó muy sorprendido. A finales de la década de 1950, antes de que se conocieran los fármacos para reducir el colesterol y otras medidas agresivas para prevenir afecciones cardiacas, los infartos eran una epidemia en Estados Unidos. Eran la principal causa de muerte entre los varones menores de sesenta y cinco años. El sentido común dictaba que era imposible ser médico y no encontrarse problemas cardiacos. Wolf decidió investigar. Recabó el apoyo de algunos de sus alumnos y colegas de Oklahoma. Estos recopilaron los certificados de defunción de los residentes en la ciudad, remontándose tantos años atrás como pudieron. Analizaron los registros hospitalarios, extrajeron historiales médicos y reconstruyeron genealogías familiares. —No perdimos el tiempo —explicaba Wolf—. Decidimos hacer un estudio preliminar. Comenzamos en 1961. El alcalde me dijo: «Todas mis hermanas les ayudarán». Tenía cuatro; y añadió: «Pueden usar el salón de plenos». Yo le pregunté: «¿Y dónde va a celebrar usted sus plenos?». Él respondió: «Bueno, los pospondremos». Las señoras nos traían el almuerzo. Teníamos hasta cabinas para tomar muestras de sangre y hacer electros. Estuvimos allí cuatro semanas. Entonces hablé con las autoridades. Nos dejaron usar la escuela durante el verano. Invitamos a toda la población de Roseto a que se sometiera a análisis. Los resultados fueron asombrosos. En Roseto, prácticamente nadie menor de cincuenta y cinco había muerto de infarto ni mostraba síntoma alguno de afecciones cardiacas. Para varones de más de sesenta y cinco, la tasa de mortalidad por enfermedades cardiovasculares era aproximadamente la mitad de la media estadounidense. De hecho, la tasa de mortalidad absoluta en Roseto era entre un 30 y un 35 por ciento más baja de lo esperado. Wolf llamó a un amigo, un sociólogo de Oklahoma llamado John Bruhn, para que le ayudara. —Empleé a estudiantes de medicina y sociología como entrevistadores; y en Roseto fuimos casa por casa para entrevistar a toda persona mayor de veinte años —recuerda Bruhn. Esto fue hace cincuenta años, pero Bruhn todavía conserva el tono de asombro en la voz cuando describe lo que se encontraron—: no había suicidio, alcoholismo ni drogadicción, y apenas delincuencia. Nadie percibía subsidios. Entonces buscamos úlceras pépticas. Tampoco tenían. Aquella gente solo se moría de vieja. La profesión de Wolf tenía un nombre para un lugar como Roseto, un lugar que queda fuera de la experiencia externa diaria, allí donde las reglas normales no se aplican. Roseto era algo fuera de serie. -2- Lo primero que pensó Wolf fue que los rosetinos debían de haber conservado algunas prácticas dietéticas del Viejo Mundo que les hacían estar más sanos que otros norteamericanos. Pero rápidamente comprendió que no era el caso. Los rosetinos cocinaban con manteca de cerdo en lugar del aceite de oliva, mucho más sano, que usaban en Italia. La pizza en Italia era una corteza delgada con sal, aceite y quizás tomates, anchoas o cebollas. La pizza en Pensilvania era una masa de pan con salchichas, pepperoni, salami, jamón y, a veces, huevos. Dulces como los biscotti y los taralli, que en Italia solían reservarse para Navidad y Semana Santa, en Pensilvania se comían todo el año. Cuando los dietistas de Wolf analizaron las comidas habituales del rosetino típico, encontraron que hasta un 41 por ciento de sus calorías procedían de las grasas. Tampoco era un lugar donde la gente se levantara al amanecer para hacer yoga y correr diez kilómetros a buen paso. Los rosetinos de América fumaban como sus carreteros antepasados; y muchos lidiaban con la obesidad. Si ni la dieta ni el ejercicio explicaban las conclusiones, ¿se trataba, pues, de genética? Puesto que los rosetinos procedían de una misma región de Italia, el siguiente pensamiento de Wolf fue preguntarse si vendrían de una cepa especialmente recia que los protegiera de la enfermedad. Entonces rastreó a parientes de los rosetinos que vivían en otras partes de Estados Unidos para ver si compartían la misma salud de hierro que sus primos de Pensilvania. No era el caso. Entonces miró la región donde vivían los rosetinos. ¿Era posible que hubiera algo en las colinas de Pensilvania oriental que fuese benéfico para la salud? Las dos poblaciones más cercanas a Roseto eran Bangor, a escasa distancia colina abajo, y Nazareth, a pocas millas de distancia. Ambas tenían aproximadamente el mismo tamaño que Roseto y se habían poblado con la misma clase de laboriosos inmigrantes europeos. Wolf repasó los registros médicos de ambas localidades. Para varones de más de sesenta y cinco años, los índices de mortalidad por enfermedades cardiovasculares en Nazareth y Bangor triplicaban los de Roseto. Otro callejón sin salida. Wolf empezó a comprender que el secreto de Roseto no era la dieta, ni el ejercicio, ni los genes, ni la situación geográfica. Que tenía que ser Roseto mismo. Caminando por el pueblo, Bruhn y Wolf entendieron por qué. Vieron cómo los rosetinos se visitaban unos a otros, se paraban a charlar en italiano por la calle o cocinaban para sus vecinos en los patios traseros. Aprendieron el ámbito de los clanes familiares que formaban la base de la estructura social. Observaron cuántas casas tenían tres generaciones viviendo bajo el mismo techo, y el respeto que infundían los viejos patriarcas. Oyeron misa en Nuestra Señora del Monte Carmelo, asistieron al efecto unificador y calmante de la liturgia. Contaron veintidós organizaciones cívicas en una localidad que no alcanzaba los dos mil habitantes. Repararon en el rasgo distintivo que era el igualitarismo de la comunidad, que desalentaba a los ricos de hacer alarde de su éxito y ayudaba a los perdedores a disimular su fracaso. Al trasplantar la cultura campesina de la Italia meridional a las colinas de Pensilvania oriental, los rosetinos habían creado una poderosa estructura social de protección capaz de aislarlos de las presiones del mundo moderno. Estaban sanos por ser de donde eran, por el mundo que habían creado para sí en su pequeña comunidad de las colinas. —Recuerdo la primera vez que estuve en Roseto y vi las comidas familiares de tres generaciones, todas las panaderías, la gente que paseaba por la calle, que se sentaba a charlar en los pórticos, los telares de blusas donde las mujeres trabajaban durante el día, mientras los hombres sacaban pizarra de las canteras —explica Bruhn—. Era algo mágico. Cuando Bruhn y Wolf presentaron sus conclusiones ante la comunidad médica, se enfrentaron al escepticismo que cabe imaginar. Escucharon conferencias de colegas suyos que les ofrecían largas columnas de datos organizados en complejos gráficos y se referían a tal gen o cual proceso fisiológico, mientras que ellos hablaban de las ventajas misteriosas y mágicas de pararse en la calle a hablar con la gente o de tener a tres generaciones viviendo bajo un mismo techo. La longevidad, según creencia convencional en aquel tiempo, dependía en mayor grado de quiénes éramos; es decir, de nuestros genes. Dependía de las decisiones que adoptábamos —respecto a lo que decidíamos comer, cuánto ejercicio elegíamos hacer y con qué eficacia nos trataba el sistema de atención sanitaria—. Nadie estaba acostumbrado a pensar en la salud en términos comunitarios. Wolf y Bruhn tuvieron que convencer a la institución médica de que pensara en la salud y los infartos de un modo completamente nuevo: no se podía entender por qué alguien estaba sano si solo se tenían en cuenta las opciones o acciones personales de un individuo de forma aislada. Era preciso mirar más allá del individuo. Había que entender la cultura de la que formaba parte, quiénes eran sus amigos y familias, y de qué ciudad procedían, comprender que los valores del mundo que habitamos y la gente de la que nos rodeamos ejercen un profundo efecto sobre quiénes somos. Extraído de Fuera de serie, de Malcom Gladwell

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El Asado Argentino ¿que es?
El Asado Argentino ¿que es?
Recetas Y CocinaporAnónimo2/4/2010

El Asado Argentino El conocido asado, que es la cocción de distintas partes de la vaca a las brasas, está extendido por todo el país y es una comida típica argentina. Generalmente comienza con un chorizo y una morcilla antes de que llegue la carne. También puede ser acompañado con riñones, mollejas, hígado y chinchulines, que componen la vísceras del ganado vacuno. También se suele incluir carne de pollo y esporádicamente lechón. En lugares especializados y sobre todo en el interior, es común clavar terneros, corderos o chivitos enteros en estacas que se van asando lentamente rodeados de las calurosas brasas o leñas. El condimento típico del asado es el chimichurri, que es una especia de salsa sabrosa que se compone de diferentes especias y vegetales naturales (ajo, pimiento rojo, perejil, orégano, ají, tomillo, cebolla y laurel), mezclados con agua, vinagre, azúcar, sal y aceite (pero claro, también se puede comer con sal y nada más, como todo buen gaucho). Esta comida regional se acompaña de sabrosas ensaladas de lechuga, tomate, cebolla, zanahoria, huevo duro y papa, por nombrar algunos elementos. El vino tinto es infaltable para esta ocasión. La frase "chuparse los dedos" expresa que el asado está muy sabroso. El origen de esta frase se remonta a la época del gaucho: la única "vajilla" que utilizaba al atravesar la solitaria e inmensa Pampa, era el facón (cuchilla). Al momento de comer, cortaba del asador un trozo de carne, lo sostenía con una mano y con el facón practicaba un corte parcial, el cual se llevaba a la boca con las manos (técnica que fue evolucionando). Es muy probable que de ahí viniese el uso de esta expresión. A continuación se indican los diferentes conceptos relacionados con el asado típicamente argentino. Achuras Palabra de origen española, indica intestino o menudo del animal vacuno; es el conjunto de vísceras como riñones, chinchulines, tripa gorda y mollejas. Arrebato Cuando por intensidad desmedida del fuego u otras fallas, la carne queda quemada por fuera y cruda por dentro. Asado El asado criollo incluye embutidos, achuras y carnes, que se presentan en la mesa en el siguiente orden: 1) Embutidos: chorizos, morcillas, salchicha parrillera; 2) Achuras: riñón, chinchulines, tripa gorda, mollejas; 3) Carnes: primero la tira de asado, luego el vacío. A veces se intercala una tercera carne. Asador Es un método típico para asar la carne, atravesándola por una estaca ubicada en posición vertical y con las brasas en el suelo. Con el paso del tiempo desde ya ha evolucionado. En los orígenes se utilizaba la estaca de madera, improvisada generalmente por los gauchos con alguna rama de arbustos; posteriormente se hizo de hierro con punta afilada para aferrarse bien al suelo y se usaban alambres para extender las patas de animales pequeños como terneros o corderitos. El conocido tipo "cruz", es el modelo clásico que incorpora una barra transversal, fija o movible, que sujeta las extremidades superiores del animal. El tipo "doble cruz", es un modelo moderno, con barras transversales superiores e inferiores, en este tipo ya no es necesario atravesar el animal con la estaca vertical. Finalmente se encuentra el denominado tipo "doble cruz giratorio", que podría encuadrárselo como un modelo postmoderno para realizar la tradicional y reconocida "carne al asador”. Bife de Chorizo Es la costeleta sin hueso ubicada en la cara externa del lomo del animal. Al ser separado del hueso, antes de cortarse en bifes, tiene una forma entre triangular y cilíndrica, de ahí que se lo denomine “chorizo”. Los bifes resultantes son muy gruesos de aproximadamente cinco a seis cm. de alto o más. Chimichurri Es un clásico aderezo de mesa, también utilizado para pincelar las carnes antes de asarlas, que está elaborado a base de ajo, perejil, pimienta blanca y negra, ají molido, orégano, pimentón, aceite de oliva y un poco de aceto balsámico. Chinchulín Típico integrante de las denominadas achuras que consiste en la parte primera del intestino delgado de aproximadamente tres metros de largo. Se puede asar cortado en partes, o desgrasarlo y realizar una especie de trenza marina que se denomina “chinchulín trenzado”. Puede ser de vaca, cordero o chivito. Chorizo Consiste en un embutido de carne y grasa picada envueltos en la tripa del animal. El denominado "chorizo criollo" esta compuesto de aproximadamente un setenta por ciento de carne de vaca y el resto de cerdo. En muchas parrillas directamente se ofrecen chorizos elaborados totalmente con carne de cerdo, estos últimos tienen un color más blanquecino para diferenciarlo del “criollo”. Ensalada Mixta Es un alimento típico para acompañar el asado compuesto por lechuga, tomate y cebolla. Una opción más campestre es radicheta y tomate. Se condimentan con aceite, vinagre y sal. La ensalada mixta es la más típica, pero por supuesto existen otras variantes y combinaciones también muy gustosas, como ensaladas de huevo duro, zanahorias, remolacha (por nombrar sólo algunas), y otras más elaboradas. Matambre Carne magra entre el costillar y el cuero del animal. Se puede preparar relleno, arrollado y hervido, o a la parrilla. En este último caso, a veces es incluido dentro de la moderna parrillada. El mejor resultado se obtiene asándolo doblado, en dos, tres o cuatro según el tamaño, y con un sencillo relleno de ajo y perejil; quedando muy sabroso. Mariposa Es la denominación que recibe un bife de chorizo u otro bife grueso cortado por la mitad sin separarlo del todo. Molleja Típico integrante de las denominadas achuras conformado por el apéndice carnoso de las reses jóvenes o el timo, glándula situada delante de la tráquea que se atrofia con el crecimiento del animal. De acuerdo a ello se presenta de dos maneras: 1) De "corazón", se encuentra en el tórax. 2) De "cogote" o simplemente molleja, se encuentra en la cara exterior e interior del cogote. Esta última es la más generalizada. Morcilla Es un típico embutido compuesto generalmente por sangre de cerdo (aproximadamente un quince por ciento) y arroz o cebollas, cocido y condimentado. A la denominada "morcilla dulce" o "morcilla vasca", se le agregan pasas de uva y nueces. Parrilla Grilla o utensillo de hierro en forma de rejilla colocado sobre el fuego para realizar carnes asadas en forma horizontal. Se denomina así también a los lugares que ofrecen este tipo tradicional de comidas. Parrillada Indica lo mismo que la denominación “asado”, pero el término “parrillada” es usado en un sentido comercial, especialmente en los restaurantes. El “asado” se utiliza preferentemente a nivel familiar o entre amigos cuando se invita a comerlo. La parrillada además indica asado de carne e interiores de vacuno preparado en una parrilla y servido generalmente al aire libre. La parrillada también es un plato compuesto por diversas clase de carnes o pescados asados a la parrilla. Provoletta Consiste en un queso semiduro derivado del provolone y sabor algo picante. Es calentado en la parrilla y una vez ablandado se adereza con pimienta, orégano y aceite de oliva. Se lo presenta como entrada, y a veces también puede aparecer en la parrillada. Salsa Criolla Es otro aderezo de mesa como el chimichurri. Está compuesto por tomate sin piel, pimiento morrón, cebolla o cebolla de verdeo, aceite, vinagre y sal. Los ingredientes deben ser picados a cuchillo. Existen variaciones que agregan pimentón dulce y ají picante molido. Salchicha Parrillera Es un embutido compuesto por casi los mismos ingredientes que el chorizo, pero picado mas fino. Puede estar compuesta por carne de cerdo y a veces puede incluir granos de anís. Tira de asado Costillar del vacuno cortado en "tiras" en sentido inverso, en forma horizontal, que generalmente está presente en cualquier estilo de asado o parrillada. Tripa Gorda Es un típico integrante de las denominadas achuras, conformado por el intestino grueso del animal vacuno. Vacío Es un corte de carne ubicado en la región lateral del cuarto trasero de la res, entre las costillas y la cadera. Espero sus comentarios.

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