AntoBosterita
Usuario (Argentina)
¿Te mudaste o estás por comprar una casa y quieres saber si la energía es positiva? Las casas acumulan las energías ya sean buenas o malas de quienes han vivido en ellas y, en las casas nuevas, la energía se mide de acuerdo a la ubicación y distribución de ciertos materiales y ambientes. Las casas acumulan energía - Thinkstockphotos Descubre cuál es la energía del lugar donde vives. Historia Pregunta siempre la historia a los conocedores de la vivienda o terreno y asegúrate de que no haya sido un lugar recurrente de desgracias, accidentes, enfermedades, robos u otras complicaciones. Si la vivienda tiene una larga historia de habitantes que quebraron, se divorciaron o enfermaron no es un buen signo. Averigua además si ese espacio fue siempre residencial o hubo anteriormente algún establecimiento industrial, los restos de contaminantes en el suelo afectan la energía de un sitio. Ubicación No es recomendable la cercanía a sitios como cementerios, hospitales, funerarias, agua estancada, edificios en ruinas, discotecas, comisarías, aeropuertos, vías de ferrocarril o espacios muy ruidosos. Tampoco es bueno que el frente de la casa tenga obstáculos que no permitan el flujo entrante de energía, por lo tanto no es bueno que haya árboles que tapen la entrada o basura y edificios demasiado altos ya sean en el frente o a los lados que den la sensación de aplastar tu vivienda. Calles o vías Nunca elijas una casa donde la calle o vía desemboque en ella, esto según el Feng-Shui son "flechas" amenazantes. Tampoco es aconsejable que las curvas de un puente o autopista apunten hacia la vivienda. Evita que tu casa esté sobre una vía o calle que tenga forma de "V" o "T". Las calles deben ser normales y pacíficas, sin apuntar directamente hacia la entrada. Puerta de entrada La puerta de entrada de una casa es por donde ingresa la energía. Una buena puerta y una buena ubicación de la misma son augurios de buena energía en la vivienda. Evita las casas con columnas enfrentadas a la puerta principal ya sea por dentro o por fuera. También las puertas de entrada que están ubicadas debajo del baño del dormitorio principal o de cualquier dormitorio (en casas de dos plantas). Una puerta demasiado pequeña para una casa muy grande o una puerta demasiado grande para una casa muy pequeña. Materiales La casa es como nuestra piel y como tal debe "respirar" es decir, permitir el intercambio de gases. El ladrillo, en ese sentido, es un buen material. Hoy día es muy difícil conseguir materiales sanos y el porcentaje de materiales sintéticos y artificiales tiende a ser cada vez mayor dentro de la vivienda. Los materiales ideales para los revestimientos interiores de la vivienda son los cerámicos, el corcho, el linóleo y la madera. Evita los revestimientos vinílicos, los aglomerados y las fibras sintéticas. Las pinturas al látex y los empapelados vinilizados (no vinílicos) son aceptables. También los tratamientos para pisos de madera a base de poliuretanos son mejor que los plastificados tradicionales. Ventilación Es un error creer que cuantas más ventanas tenga una casa mejor porque será más luminosa y tendrá mejores vistas. La luminosidad depende de orientar adecuadamente las ventanas y no de ampliar innecesariamente la superficie vidriada. En el Feng-Shui se cree que las ventanas son puntos a través de los cuáles la energía vital se escapa. La superficie vidriada no debería exceder el 40% del total de la superficie cubierta. Dormitorio El mejor tipo de dormitorio es el que tiene forma cuadrada. Evita los de formas irregulares. Tampoco querrás techos inclinados ni techos bajos que puedan resultar en sueño interrumpido o sueño de mala calidad. ¿Cómo te sientes allí? Hay estudios que demuestran que para cada uno de nosotros hay una combinación de formas tan específica como las huellas dactilares que nos produce de inmediato una sensación de bienestar. Nunca debes desoír lo que tu cuerpo te dice, tómate el tiempo necesario para "sentir" el lugar antes de tomar una decisión.
¿Cuántas veces nos hemos preguntado qué tienen los hombres en la cabeza? Porque es imposible que ellos no sepan en qué estamos pensando o qué sentimos las mujeres. Basta que lo sugieran para que se los contemos, con lujo de detalles si es necesario. ¿Pero ellos…? Creemos saber qué les molesta, qué los hacen felices, pero solo creemos. Por eso mi sorpresa y alegría cuando dando vueltas en la web, me topé con una investigación realizada por un grupo de científicos de la Universidad de Cambridge que aseguraba haber dado con la receta para que los hombres lleven una vida plena. Según este estudio realizado por la universidad británica, el origen de la plenitud masculina radica en ayudar en las tareas hogareñas. Sí, lavar platos, pasar la aspiradora o ir al supermercado. INCREÍBLE. "¿Serán así sólo los ingleses?", me pregunté con lógica. Pero no, la muestra fue lo suficientemente amplia como para permitirnos generalizar. Entrevistaron hombres provenientes de Suecia, Noruega, Dinamarca, Holanda, Alemania, Francia y El Reino Unido. Y a todos les hicieron las mismas preguntas que consistían, por un lado, en establecer el nivel relativo de felicidad y, por el otro, la relación entre su empleo y la vida cotidiana. Fue así que llegaron a la conclusión de que los entrevistados que más tiempo le dedicaban a las tareas domésticas, ayudando a sus parejas en el cuidado de la casa, presentaban mayores niveles de felicidad. La razón: se sienten más aliviados con su conciencia por haber colaborado. Tal vez, incluso, por haber roto un modelo masculino cargado de mandatos orientados en el sentido inverso. ¿Quién dijo que son menos masculinos cuando cargan de ropa sucia el lavarropas? No me van a negar chicas que no se sienten aliviadas ahora que saben qué tienen que hacer para ayudarlos a que se se sientan más felices. Ah… y a no olvidarse de colgar, al lado de las cartitas de amor, la lista de los mandados (¡chiste!) ¿Por qué crees que a los hombres los reconforta realizar las tareas del hogar?

"La reunión era agradable. Música suave y luz tenue. Acababa de llegar y una voz le resonó. Cierto perfume lo atrajo. Se dio vuelta y miró a una mujer que estaba junto a la ventana. Sus músculos se tensaron y su corazón se agitó. La mujer percibió su llegada, su presencia y baja la mirada. Busca distraídamente algo en su cartera, se acomoda el cabello y - como al pasar - cruza su mirada con la de él. Ambos tienen sus pupilas dilatadas. Se suceden las miradas y los gestos. Ella sabe, él sabe que ella sabe, pero ninguno evidencia demasiado su interés. Ambos disfrutan del juego". Armando la escena sexual - Thinkstockphotos Esta pareja estuvo jugando el juego de la atracción - seducción, dos fenómenos que se dan en forma sucesiva. La atracción tiene algo de mágico y de misterioso. Ocupa apenas unos pocos minutos - o tal vez segundos - en la realidad pero es el disparador. Si entre ambos hay atracción mutua y voluntad de continuar, comienza el juego de la seducción, esa peculiar forma humana de cortejar, tan compleja, con abundancia de estrategias, con exhibiciones y defensas, con aperturas y cierres, acercamientos y distancias. Interesarse y desinteresarse son elementos típicos del comportamiento de coqueteo, que se manifiesta, al comienzo, por el lenguaje de los ojos. A medida que la pareja avanza en el cortejo irá transitando diferentes escalones en los que se juegan códigos con el mismo tipo de señales. Y, a lo largo de este juego de dos, de atracción - seducción, en el cual seduzco, me dejo seducir, él me corteja, yo coqueteo, charlamos, nos mimamos, la escena se va armando. El deseo se va encendiendo, el cuerpo va entrando en calor. Atraemos si estamos dispuestas a ser seducidas por el otro. Se trata de un proceso de mutuo descubrimiento en el cual las señales que emitimos producen conductas de temor y atracción, de deseo y desconfianza. A medida que se reafirma la sensación de seguridad con la persona que amamos nos animamos a mostrarnos tal como somos, más humanos y reales. Es el momento en el cual si bien termina la idealización comienza un gran desafío: mantener la pasión por el otro tal cual es, sin idealizaciones. De este modo, la escena sexual no se arma por arte de magia en el preciso instante en que él y yo nos acostamos juntos. Se prepara antes. Muchas veces empieza con algo pequeño: una mirada, un gesto, un contacto fugaz con el cuerpo del otro. A veces un recuerdo compartido, un perfume, una melodía que nos sugiere cosas. Y el deseo se enciende. Recordamos escenas ya vividas, se imaginan otras, hay todo un ritual de sugerencias, galanteos, seducción y juego que necesariamente precede al acto sexual en sí.
