AndrsLizcano
Usuario (Colombia)
... Esas pequeñas decisiones que traen grandes cambios. Atrapen a las zorras, a esas zorras pequeñas que arruinan nuestros viñedos, nuestros viñedos en flor. Cantares 2: 15 Las moscas muertas apestan y echan a perder el perfume. Pesa más una pequeña necedad que la sabiduría y la honra juntas. Eclesiastes 10: 1 Cuando Dios el Señor creó al hombre le dio todo lo necesario para la vida y la piedad: aliento de vida, la fuerza, la inteligencia, el huerto del Eden, una ayuda idonea, una labor y muchas otras cosas... entre ellas la mas importante, su presencia, su amistad y una sola advertencia: "Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara, y le dio este mandato: «Puedes comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no deberás comer. El día que de él comas, ciertamente morirás.»" Con todo, el hombre y la mujer, con solo una mala decisión por tomar, inevitablemente (aunque Dios pudo haberlo evitado) cayeron en el unico y terrible error que podían cometer, abriendo la puerta, entre otras cosas, para que su libre albedrio pasará de tener una mala elección a miles de malas decisiones por tomar. Andrew Murray nos lo deja bien claro en su libro Esperando en Dios: Dios, como Creador, formó al hombre, para que fuera un vaso en el cual El pudiera manifestar su poder y su bondad. El hombre no había de tener en sí la fuente de su vida, su fuerza, su felicidad. El Dios eterno y viviente había de ser en todo momento el que le comunicara todo lo que necesitaba. La gloria y la bienaventuranza de Dios no habían de ser su in-dependencia, o sea, el depender de sí mismo, sino el depender de Dios en sus infinitas riquezas y amor. El hombre había de tener el gozo de recibirlo todo, en todo momento de la plenitud de Dios. Este era el estado de bienaventuranza de la criatura, antes de la caída. Cuando tuvo lugar la caída, pasó a ser aún más dependiente de Él, de forma absoluta. No podía haber la más pequeña esperanza de recuperación de su estado de muerte sino en Dios, en su poder y en su misericordia. Es sólo Dios que empezó la obra de la redención. Es sólo Dios que la continuó y la lleva a cabo, en todo momento en cada creyente individual. Incluso en el hombre regenerado no hay poder de bondad en él. No puede ni tiene nada que no lo haya recibido; y el esperar en Dios le es igualmente indispensable, y debe ser tan continuo e incesante, como el respirar que mantiene su vida natural. Es, pues, porque los creyentes no conocen bien su relación de absoluta pobreza e invalidez, con respecto a Dios, que no tienen sentido de su dependencia absoluta e incesante, y de la bienaventuranza inefable de esperar en Dios de modo continuo. Así mismo el Apostol Pedro en el capitulo uno de su segunda carta nos dice que Dios en Cristo nos ha dado TODO lo que necesitamos para la vida y la piedad, por su Espíritu Santo, y que por tanto es nuestro deber esforzarnos por asegurarnos del llamado de Dios para no caer jamás, es por eso que nuestro Señor Jesucristo nos dejo una sola advertencia que no puede ser quebrantada, pues de hacerlo ¿qué esperanza habría para aquellos que cometan tal error? Les aseguro que a cualquiera que me reconozca delante de la gente, también el Hijo del hombre lo reconocerá delante de los ángeles de Dios. Pero al que me desconozca delante de la gente se le desconocerá delante de los ángeles de Dios. Y todo el que pronuncie alguna palabra contra el Hijo del hombre será perdonado, pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón.