AnaLuisaMunozFlo
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PERSPECTIVA DE GÉNERO Esta perspectiva o enfoque asume como objeto de estudio el género como elemento de identidad social , no las mujeres o los hombres como grupos de individuos que pertenecen a un determinado sexo. Se emplea para explicar cuándo las diferencias se convierten en asimétricas o desventajosas para un sexo, aportando los instrumentos teóricos y metodológicos para elaborar una “reconstrucción” social y cultural de lo “femenino” y lo “masculino”. Por lo tanto, este tipo de análisis parte del reconocimiento de la existencia de desigualdades entre las mujeres y los hombres. La perspectiva de género es inclusiva, ya que incorpora otras variables que influyen en la discriminación, como lo son la clase, la raza, la etnia, las creencias religiosas y políticas, la orientación sexual, la edad y la discapacidad). Esta característica es particularmente útil en los análisis sobre las estructuras familiares, ya que permite incorporar otras variables que influyen en las relaciones que establecen los miembros del núcleo familiar para su reproducción. En este marco explicativo, podemos comprender, por una parte, que las familias indígenas son discriminadas por su origen étnico, pero por otra, no permite profundizar en este análisis para reconocer que no todos los integrantes de las familias indígenas viven la discriminación de igual forma y con la misma intensidad. Las mujeres indígenas son triplemente discriminadas, por ser mujeres indígenas pobres y no mujeres occidentales blancas de clase media. Esta discriminación la viven las mujeres indígenas dentro y fuera de su hogar, a diferencia de los varones a quienes la sociedad patriarcal les permite ejercer su poder en el seno familiar. Además, este análisis permite comprender los factores qué hacen que las mujeres indígenas sean más pobres y más explotadas que los hombres indígenas, aunque su etnia sea la misma y vivan bajo el mismo techo. Mariana Daniela Gómez, en su artículo “El género en el cuerpo”, 2009 (1) como se corporifica en cuerpos concretos que se modelan social y subjetivamente, 2) se espacializa (el género tiene un correlato inmediato en la producción social de los punto de partida consideramos que el género posee tres dimensiones básicas, interrelacionadas y acopladas en la práctica cotidiana de los sujetos: 1) el género espacios y lugares) y 3) el género se representa, se simboliza y se predica a través de discursos y representaciones sobre lo femenino y lo masculino desde la puesta en uso de esquemas de género de visión y división (Bourdieu, 1991). Y desde la producción de identidades y categorías sociales presentes en el lenguaje. ______________________________________________________________________________________________ (1 Cfr. Gómez, Mariana Daniela (2009). El género en el cuerpo Avá n.15 Posadas Licenciada en Ciencias Antropológicas. Becaria Doctoral del CONICET. Instituto de Ciencias Antropológicas (ICA). Sección Etnología y Etnografía. FFyL. UBA
COMO HUMANIDAD CRUZAMOS UN GRAN UMBRAL. APOSTEMOS POR EL SUEÑO COLECTIVO Y DEMOS NACIMIENTO A UNA NUEVA HUMANIDAD. Las nuevas investigaciones acerca de genética y cultura demuestran que existe la posibilidad de realizar cambios favorables para todo el género humano. Por el contrario, cuando hay una falta de adecuación entre un factor u otro se produce un desajuste biogénico y antropogénico. Estudios entre genética y cultura dicen que: “Esto es, la constatación desde las ciencias biológicas, la genética y las ciencias sociales y psicología del desarrollo, de que los cambios en los niveles físicos, biológicos, sociales, culturales y psicológicos se integran de manera dialéctica en una reorganización sistémica que transforma todo el programa genético. Gottlieb (1996) ha propuesto el nombre de epigénesis para caracterizar ese proceso integrado y flexible, continuamente renovado, que se da en cada organismo humano. Elder y Glen (1996) sostienen que los cambios socioculturales históricos que estamos viviendo están de hecho transformando el proceso y el producto mismos del desarrollo humano”. El comportamiento sexual, con las armonizaciones y conflictos que comporta, se forma y se desarrolla a medida que el ser sexuado, dotado de determinadas características genéticas, entra en interacción con el medio socio-cultural específico y sus estímulos singulares. Cuando ocurre una sintonía entre equipamiento genético y medio se instauran algunos comportamientos benéficos. Una de las principales funciones que hemos tenido las mujeres a través de la historia de la humanidad, ha sido dar a luz y cuidar del nuevo vástago. En la actualidad, el llamado no es solo a las mujeres, es también a todos los hombres a dar a luz una nueva humanidad. Ampliar nuestras concepciones , propios de un segmento y ampliar nuestras percepciones al de categoría “GÉNERO HUMANO”. Este en total dependencia con nuestro planeta Tierra. En el UMBRAL, corremos grandes riesgos. Pero en tiempos críticos, ha sido demostrado que se pueden desplegar todas las energías de reserva, para hacer conciencia que los unos con los otros somos interdependientes en todos los aspectos y como raza humana tenemos un destino común. Se hace necesario una sociedad global sostenible, en armonía con la naturaleza y con todos los seres humanos. ES NECESARIO CONSTRUIR UNA CIVILIZACION DE PAZ. El amor, el cuidado recíproco, la compasión y todas las cualidades que por miles de años se han reservado solo a unos pocos elegidos, o que son cualidades de mujeres, es una experiencia posible de ser compartida por todo el género humano. Hombres y mujeres unidos en un destino común, en una conciencia planetaria, elevará a la raza humana a horizontes inimaginados, asevera Humberto Maturana, en su libro “El árbol del conocimiento”. Una de las principales funciones que hemos tenido las mujeres a través de la historia de la humanidad, ha sido dar a luz y cuidar del nuevo vástago. En la actualidad, el llamado no es solo a las mujeres, es también a todos los hombres a dar a luz una nueva humanidad. Ampliar nuestras concepciones de intereses parciales, propias de un segmento y volcar nuestras energías al de categoría “GÉNERO HUMANO”. Este en total dependencia con nuestro planeta Tierra. En el UMBRAL, corremos grandes riesgos. Pero en tiempos críticos, ha sido demostrado que se pueden desplegar todas las energías de reserva, para hacer conciencia que los unos con los otros somos interdependientes en todos los aspectos y como raza humana tenemos un destino común. Se hace necesario una sociedad global sostenible, en armonía con la naturaleza y con todos los seres humanos. ES NECESARIO CONSTRUIR UNA CIVILIZACION DE PAZ. El amor, el cuidado recíproco, la compasión y todas las cualidades que por miles de años se han reservado solo a unos pocos elegidos, o que son cualidades de mujeres, es una experiencia posible de ser compartida por todo el género humano. Hombres y mujeres unidos en un destino común, en una conciencia planetaria, elevará a la raza humana a horizontes inimaginados. Dice Humberto Maturana, en su libro “El árbol del conocimiento”.(1) ______________________________________________________________________ (1). Humberto Maturana y Francisco Varela. El árbol del conocimiento. Editorial universitaria. 1986 Ana Luisa Muñoz Flores-Chile-Enero 17 de 2017
UNA NUEVA COSMOVISION Una cosmovisión, basada en la reciprocidad y la solidaridad. No está referida a grupos, instituciones u otros de dicha índole propiamente tal. La paridad, sólo adquiere sentido, si los valores de la institución primaria, tales como el afecto, el cuidado, la protección, la justicia, se introducen como forma de vida y no ser absorbidos por los patrones de conducta que se reprueban. No se trata de adherirse a causas irreflexivamente, ya que los grupos y organismos institucionalizados por lo general absorben mucha energía femenina, las cuales debemos ser doblemente más eficaces para ser reconocidas en un mundo fuertemente competitivo. Se trata de encontrar en nuestras propias profundidades del SER aquellos símbolos y signos que nos permitan transitar por lugares luminosos y nutrientes. Un nuevo lenguajear, cambiará nuestras maneras de relacionarnos y junto con ello, la humanidad se hará a sí misma, incluso sus códigos genéticos. Todo se hereda, incluso nuestros rencores. Si somos capaces de mirar desde más alto, no nos veremos como enemigos unos con otros y el afán de posesionarse de las cosas materiales o las personas, ya no tendría sentido, puesto que ese mismo afán nos ha hecho infelices como seres humanos. Esta cosmovisión, sólo se puede adquirir al margen de intereses personales y de grupo, independiente de nuestras afinidades. Sólo así posee solidez. Esta cosmovisión, exige ver a todos los seres humanos y la tierra como una unidad, ya que no somos al margen de ella. Quien es capaz de maltratar y explotar a la tierra, maltrata y explota a la mujer: sacar desde dentro de sus extrañas todas sus riquezas y reemplazarlo por un útero estéril. Una sociedad que no se preocupa del bienestar de las mujeres, tampoco se preocupa de los niños, ni nada que pueda parecer más débil o sin importancia. Ana Luisa Muñoz Flores-Chile 15 de Enero de 2017
Imagen: "Lontanaza"- Ana Luisa Muñoz Flores 19 ¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; 20 fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios. 1 Corintios 6:19-20 Nuestro cuerpo fue creado a imagen de Dios-Diosa, según la Biblia. Es un regalo de la vida que nos permite experimentarla y seguir perfeccionándonos cada vez más e ir adquiriendo la forma divina. Ese conocimiento influye en la forma en que tratamos nuestro cuerpo y cómo sentimos a Dios-Diosa en nuestro corazón. Cuando tratamos nuestro cuerpo como un templo de Dios-Diosa, obtenemos bienestar físico, espiritual y emocional. Sin embargo, al escudriñar las escrituras nos encontramos con un Dios androcéntrico y masculinizado. Lo anterior dejaba sin modelos de identificación positivos y con una serie de estereotipos desvalorizadores, desde los relatos de orígenes hasta la culpa atribuida en la caída, que legitimaban la exclusión del magisterio de la iglesia y un trato discriminador. Dolores Juliano (1), dice que a partir de las décadas de los sesenta las mujeres reclamaron su derecho a leer e interpretar las escrituras por ellas mismas. Especialmente la segunda ola de feminismo cristiano coincidente con el 2º Concilio Vaticano, reivindicó el sacerdocio femenino, como una puerta a interpretaciones menos misóginas de los textos sagrados (2) (Mollenkot, 1990). Estas reivindicaciones eran muy necesarias y urgentes. Los sistemas religiosos cumplen, además de sus funciones espirituales, un conjunto de funciones sociales. En la medida en que se derivan al campo de lo religioso los fenómenos y cuestiones que no son susceptibles de comprobación empírica, en la medida en que las verdades religiosas no son aptas para corroborarse, son un campo ideal para que se manifiesten en ellas las experiencias sociales, de las que si tenemos experiencias directas (3) (Durkheim, 1968). Así tendemos a imaginar aquello que no conocemos de acuerdo a los modelos que nos son familiares y por consiguiente nos hacemos una idea de Dios y de lo sagrado que se ajusta a las características de la sociedad de los fieles. La herramienta cognoscitiva de la religión es la fe y no la experiencia, pero se nutre de los datos realmente vividos, que se transforman en su modelo. De este modo, cada sociedad imaginará a los seres sagrados atribuyéndoles las características que tengan más prestigio en su propia comunidad. Asignar a un ser, que por definición sería “espíritu puro” características de sexo, edad y raza, no nos dice mucho sobre el ser sagrado, pero nos habla de las sociedades que lo imaginaron así. Siguiendo a Dolores Juliano (Óp. Citada), dice que las tres religiones monoteístas que surgieron de un tronco común: judaísmo, cristianismo e islamismo, masculinizaron y racializaron la imagen de Dios y generaron un imaginario según el cual se lo representa (o se habla de él) como si fuera un hombre anciano. Esto significa que las sociedades en las que se produjeron inicialmente estas imágenes eran androcéntricas y sólo podían imaginar el poder y la sabiduría encarnados en representaciones masculinas. No era la única opción posible. Muchos otros sistemas religiosos del viejo y el nuevo mundo optaron por invocaciones más matizadas, que veían la perfección como el resultado de la unión de los contrarios. El yin y el yang del taoísmo que representa el “diagrama del último supremo”, tiene algunos puntos en común con las invocaciones a dios de algunos pueblos indoamericanos, como los mapuches, que invocan a Güeneken como anciana y anciano, muchacha y muchacho del cielo, para resaltar que la perfección incluye la experiencia de la vejez y la fuerza de la juventud. También han existido sistemas religiosos feminizados, como los estudiados por Starr Sered (4), estos se centran en relaciones interpersonales, no tienen un ser supremo único y omnipotente sino una multiplicidad de seres (imaginados como mujeres, hombres o andróginos) no suelen organizarse alrededor de una central autoridad, ni tener dogmas o doctrinas escritas. No imponen a sus miembros el cumplimiento exclusivo de un conjunto específico de doctrinas. Son a menudo internamente eclécticas y absorben fácilmente nuevas ideas o deidades. Escribe Dolores Juliano, que el monoteísmo cristiano desechó tradiciones de ese tipo, incluso las que formaban parte de la propia cultura y masculinizó por completo la imagen de Dios, que en la tradición más antigua se representaba con la estrella de David. Unía el triángulo apoyado sobre su base (representación simbólica de la montaña, el fuego y la masculinidad) con el triángulo apoyado sobre su vértice, que representaba el agua y la feminidad. En el cristianismo sólo quedó el triángulo masculino, transformado en símbolo de la Santa Trinidad, completamente depurada de sus componentes femeninos. Nuestro cuerpo es sumamente importante, no solo porque nos permite caminar, comer, ver, tocar, sino también porque es nuestra principal herramienta de comunicación. A través del cuerpo nos relacionamos, conocemos el mundo y a nosotros mismos. No se debe pensar que el cuerpo es solo una estructura biológica, porque éste se encuentra cargado de sentimientos, significados y experiencias. Por eso, cuando nos miramos en el espejo, vemos más que una masa de carne y hueso, para mirar cómo somos y cuáles son nuestras capacidades. Durante la adolescencia, los cambios que experimentamos en el cuerpo, así como la forma en que enfrentamos y vivimos dichas transformaciones, afectan la percepción que tenemos de nuestro cuerpo, o sea la imagen corporal. Esta imagen se compone de dos aspectos: el cognitivo y el subjetivo. El primero tiene que ver con la información que manejamos, tanto de la anatomía como de los cambios físicos vividos. Lo subjetivo se relaciona con las valoraciones, juicios y sentimientos que tenemos sobre nuestro cuerpo. De esta forma, la imagen corporal se relaciona directamente con la autoestima (el aprecio que se siente por uno-a mismo-a). También la imagen corporal se ve afectada por las demandas y exigencias sociales que se construyen sobre el cuerpo. Los ideales de belleza y delgadez pueden generar sentimientos de insatisfacción, incomodidad y rechazo del propio cuerpo por no poder cumplir con estos prototipos. Otro elemento que afecta la percepción que tenemos de nuestro cuerpo, es que, a lo largo del tiempo, se nos han enseñado diferentes formas de entender y de relacionarnos con el cuerpo. La familia, la escuela, la religión, la política, la ciencia y los medios de comunicación social nos ofrecen distintas maneras de ver el cuerpo, de vivirlo y disfrutarlo. Algunos de estos discursos o mensajes se centran en su funcionamiento biológico, otros le brindan mayor importancia a unas partes que a otras, y hasta se le ha considerado como un objeto para vender. También existen mensajes que fomentan la creencia de que hay partes del cuerpo “buenas” y otras partes “malas”, generalmente los genitales. Estas ideas no se transmiten tan directamente, sino que se valen de otros mecanismos más sutiles, como ponerle apodos al pene o a la vagina, o prohibir que los niños o las niñas se toquen “ahí” porque “está muy feo”. Estas formas determinan el significado y valor que tiene el cuerpo para cada persona. Si recordamos que para vivir la sexualidad plenamente se debe conocer, aceptar y valorar el propio cuerpo, así como el de las demás personas, es muy importante que tener claro cuáles han sido los mensajes, exigencias y prohibiciones que sobre éste ha recibido a lo largo de la vida. La posibilidad de hablar con naturalidad sobre el cuerpo y los cambios que se experimentan, así como sobre todo aquello que sentimos, abre el camino para aprender a querer más nuestro cuerpo y por supuesto cuidarlo. Esto es indispensable para vivir la sexualidad de una forma sana, placentera y responsable. El cuidado del cuerpo y de la mente son cada vez más imprescindibles si realmente queremos disfrutar plenamente de buena salud a todos los niveles, por eso es necesario el cuidado del cuerpo, porque en este mundo de prisas en el que estamos inmersos hemos de parar y "tomar consciencia de nuestro cuerpo y de nuestra mente", si queremos estar lo más sanos posible. Cuidar nuestro cuerpo es aportar equilibrio a todos los aspectos que afectan a nuestro equilibrio físico y emocional. El ser humano supone una experiencia corporal y anímica, única para cada persona. Desde el punto de vista físico no hay nadie igual a otro. Cada uno de nosotros posee su propia historia, que es única, y la realización de esta historia entrará en relación directa con el hecho de si hemos elegido el sendero con el corazón. Venimos al mundo con una personalidad determinada: nuestra manera de ser innata se advierte ya en la infancia. Si somos seres espirituales que seguimos un camino humano, las respuestas a las preguntas que conforman el viaje no proceden del exterior, ya que la sabiduría se encuentra en nuestro interior. La senda exterior que tomamos es el conocimiento público, pero el camino del corazón es interior. Los dos se unen, sin embargo, cuando la persona que somos y que dejamos ver en el mundo coincide con quien somos en lo más profundo de nuestro ser. A medida que nos volvemos más sabias o sabios, somos más conscientes de que las encrucijadas importantes del camino, en general, no se basan en elecciones que aparecerán recogidas en los anales públicos; son decisiones y luchas que tienen más que ver con haber elegido el amor o el miedo, la rabia o el perdón, el orgullo o la humildad. Son elecciones que modelan el alma. ______________________________________________________________ (1)Cfr. Juliano, Dolores Religiosidad y feminismo (2)Mollenkot, Virginia. 1990. Dieu au féminin. Canadá: Centurion. Paulines. (3)Cfr. Durkheim, Emile. 1968. Las formas elementales de la vida religiosa. Buenos Aires: Schapire. (4)Cfr. Starr Sered, Susan. 1994. Priestess, mother, sacred sister. Religions dominated by woman. Oxford and New York Press
Imagen: "Pareja". Ana Luisa Muñoz Flores Crear nuestra vida como queremos que sea y darle la forma que queramos. Las cosas no son como deben ser, son como son. Son como las hemos hecho, como las hemos construido poco a poco, día tras día, por años. Por ello, ya que nada es permanente en este mundo cambiante, tenemos siempre la oportunidad de crear nuestra vida como queremos que sea y darle la forma que queramos. Podemos mirar la vida como un gran caldero sensual y mágico, lleno de colores, olores, sabores, texturas y formas. Todos estos elementos son sagrados y forman nuestra cotidianidad. Combinados de diferentes maneras son hechizos que alteran nuestra realidad, si estamos dispuestos a permitírnoslo. Si aceptamos la oscuridad, viviremos enfocados en ella. Si vivimos cegados por la luz, no veremos nada. Si entendemos la dificilísima dualidad del mundo, experimentaremos una realidad más amplia. Hemos hecho la vida de una manera. Nos la hemos hecho tal como la vivimos ahora. En este momento de nuevos comienzos, podemos meter en el gran caldero los nuevos ingredientes que queremos usar para crear un hechizo de amor a la vida y de cambio positivo. Lo importante es mantener el caldero siempre bullendo, en movimiento y no perderlo de vista. El caldero, símbolo de la Diosa en el panteón celta, ejemplifica la regeneración, es el útero simbólico, en el cual la Diosa revivía a los guerreros muertos en batalla, de la noche a la mañana. Posteriormente fue cristianizado y se asoció y reemplazó con el santo Grial. Las diosas celtas Cerridwen, Brigit y Branwen comparten este símbolo. Cerridwen era la diosa galesa de la regeneración, la sabiduría y la inspiración. El camino de esta diosa, frecuentemente asociada al aspecto de la anciana, es difícil, ya que representa el aspecto más oscuro de la Diosa. Ella puede brindar conocimiento, verdad y sabiduría, que a su vez son la fuente de la poesía; sin embargo, pondrá a prueba a los aspirantes, puesto deben probar si se merecen aquello que buscan. Como maestra puede tomar cualquier forma y presentarse ante el o la aspirante como una prueba física o psíquica. Su camino es el de la transformación absoluta, tal como se relata a continuación: Cerridwen vivía en una isla situada en el lago Tegid de Gales con sus dos hijos: Creidwy, su bellísima y luminosa hija, y Afagdu, feo, oscuro y malvado. La Diosa, como madre que era, sufría por el infortunio de su hijo, por lo que decidió elaborar una poción mágica para su amado hijo, que le daría un alma hermosa y poseería los dones de la sabiduría y la inteligencia. Dentro de su enorme caldero combinó hierbas sagradas, risas de niño, cantos de aves, historias maravillosas, agua pura de manantial y lo puso al fuego de troncos de roble, fresno y espino. El contenido tenía que cocerse por trece lunas llenas y un día. Se acercaba la fecha y Cerridwen fue a buscar el último ingrediente que le faltaba, el primer narciso florecido durante la última luna llena. Para que cuidara de la poción llamó a un niño llamado Gwion y le advirtió que no debía perderse una sola gota y que ella lo sabría si él se descuidaba. El pequeño se subió a lo alto de un viejo tronco de roble y con un gran palo de escoba meció la poción sin parar. Pero el tronco era viejo y podrido y se rompió. El pequeño cayó y el círculo de madera del fuego se proyectó hacia arriba haciendo hervir, burbujear y salpicar el contenido del caldero. Tres gotas saltaron y quemaron los dedos de Gwion, quien se los metió a la boca, para aplacar el dolor. En ese mismo momento sus ojos se abrieron de par en par y oyó todo lo del mundo y conoció todos los misterios. Vio el futuro y comprendió el pasado y supo que cuando volviera Cerridwen se pondría furiosa, puesto que él, un mortal, poseía los dones que ella había reservado para su hijo. Por ello se transformó en liebre y corrió rápidamente. Al instante la Diosa supo la verdad y fue tras el pequeño, transformada en galgo, con sus rojas mandíbulas persiguiendo la blanca cola de la liebre. Gwion llegó a un río y se transformó en salmón, pero Ella se transformó en nutria y nadó veloz tras el pez. Entonces él se convirtió en una paloma y voló alto en el cielo, pero la diosa se transformó en halcón y con sus garras estuvo a punto de atrapar a la pequeña ave, que se transformó en un grano de trigo y cayó en un granero. Ella entonces se volvió una gallina negra, lo buscó entre todos esos granos. Lo encontró y se lo tragó. Al volver a su forma de Diosa, el grano en su interior se transformó en un bebé, al cual llevó en su vientre por nueve meses. Cuando nació no pudo hacerle daño, pues era su hijo, por lo que lo dejó en una mágica cuna, flotando sobre las resplandecientes aguas de un lago. Lo encontró un príncipe, quien lo adoptó, lo nombró Taliesin y lo crió como su propio hijo. Cuando creció, fue el más famoso de todos los poetas, hasta el punto que los sabios y los necios viajaban de todos los confines de la tierra para escuchar sus maravillosas odas. Del mito tenemos que no sólo es necesario tener los ingredientes que queremos en nuestra poción, en el caldero de la vida, sino que se debe trabajarlos con atención, concentración y cuidado, como la trece lunas y un día en el cual trabajó Cerridwen y el pequeño Gwion. Para poder ver el resultado del trabajo de creación espiritual se requiere pasar por varias pruebas, que pueden parecer insuperables. Por último, la poesía es un lenguaje y un espiritual y todos los que buscamos el conocimiento y la sabiduría, podemos encontrar que el camino que lleva a Gwion a convertirse en Taliesin, está en el trabajo y seno de la Diosa. Bibliografía: CUROTT, Phyllis, El Diario de una Bruja, Ed. Robinbook, Barcelona, 2004. HUSAIN, Shahrukh, La Diosa, Taschen, Singapore, 2006. ALBERRO, M., “La diosa de la soberanía en la religión, la mitología y el folklore de los celtas y otros pueblos de la Antigüedad”, Anuario Brigantino 2003, nº 26 CERRIDWEN´S OIL en https://moonflowermagick.com/listing/268536677/cerridwen-oil-13oz-glass-roll-on-goddess THE BIRTH OF TALIESIN, en http://www.chalicecentre.net/cauldron-of-changes.html FUENTE: http://diosasyhadas.blogspot.cl/

Imagen: "Todas íbamos a ser reinas". Ana Luisa Muñoz Flores Las Diosas de la Sabiduría "Es ella, en efecto, más bella que el sol, más hermosa que el cielo estrellado. Ella es más luz que la luz,..." Sabiduría 7:29-30 "Si hay un tema largo y profundo es éste: la Sabiduría. Tiene tantos aspectos y profundidad que en sí misma es un camino de ascención o de iniciación. Para tratar este tema propongo una nueva serie de Diosas, en la que se abordarán varios aspectos de la Sabiduría. No creo que toda la serie sirva para ser exhaustiva con Ella; pero espero que en este proceso de descubrimiento ustedes y yo conozcamos un poco más de este maravilloso aspecto de la Divinidad. ¿Qué es la Sabiduría? La Sabiduría es la fuente de todo conocimiento: mágico, poético, cósmico, místico, misterioso, sanador, intuitivo- por lo tanto también de ella proviene todo acceso al conocimiento "tangible" del mundo material y a lo que hoy llamamos sus ciencias: Astronomía, Astrología, Medicina, Botánica e incluso Legal (en relación a la justicia y no a las leyes creadas por los humanos, algunas muy absurdas y crueles). La Diosa Madre también se aspecta como la Diosa de la Sabiduría. Ella, a diferencia de aspecto masculino de la Divinidad, es cercana a su creación. Ella es la creadora del mundo y habita en cada uno de sus reinos, en cada una de sus criaturas, por eso es que tanto el mundo interno-espiritual como el externo-material se pueden conocer y entender a través de Ella. La Diosa de la Sabiduría nos enseña el camino del aprendizaje espiritual y también nuestra relación correcta con la materia. Ella es la luz que nos guía y nos inspira. En su aspecto de Sacerdotisa Suprema es quien nos da la iniciación a las verdades del mundo interior. La Sabiduría nos permite tomar vida en la creación universal y participar de ella, ya que a través de Ella fuimos creados. Es decir, lejos de la Sabiduría no participamos de la vida cósmica, sino sólo vivimos en Maya. Por ella existe la necesidad humana de aprender, de una búsqueda incesante de comprensión profunda de los mundos. La Sabiduría es la llama encendida en el corazón humano y no en la mente. ¿Qué? Exactamente lo que he dicho, la Sabiduría no es una característica de la mente, que tiene otras características: análisis, entendimiento, lógica, entre otros. La Sabiduría es una característica del corazón, del centro del plexo cardíaco, donde habita nuestra verdadera esencia como almas. En este sentido quiero estresar la importancia que tiene la unión del Amor con la Sabiduría, para que la una (sabiduría) no se convierta en un acercamiento frío al conocimiento y el otro (amor) no sea un acercamiento sentimentalista o instintivo al mundo y sus atractivos. En realidad todos los seres humanos tenemos el deseo del alma de la complementación perfecta, pero ésta sólo se puede alcanzar a través de la alquimia del Amor-Sabiduría. También podemos decir que la Sabiduría nos permite Ver a través de la discriminación, ya que podemos percibir a través de Ella si lo que aprendemos intelectualmente es o no valioso en nuestras vidas. Eso no quiere decir juzgar o tildar de bueno o malo, útil o inútil, sino más bien de saber si aquello que vivenciamos y aprendemos resuena con nuestro ser interno o es una imposición cultural o familiar, algo traído de otras vidas o de ideales impuestos por la educación o la necesidad. Sabiduría nos guiará hacia la Verdad. Diosas de la Sabiduría incluyen: Innana, Eva, Sophia, Atenea, Minerva, Tara, Sarasvati, Isis, Ma'at, Nisaba, Tiamat, entre otras. No creo que vaya a hablar de todas ellas, per sí quiero hacer una buena serie de las diosas de la Sabiduría, para que podamos acceder a distintos aspectos de la Ella. La Diosa de la Sabiduría que aparece en la religión hebraica más antigua es Sophia o Sofía. Al parecer Sofía es una diosa pre-hebraica y está muy relacionada con las deidades femininas del Oriente medio. Sofía es la "mujer ataviada con el sol" que trae la luz del conocimiento. En este sentido algunos llaman a Sofía la Luz de la Sabiduría, ya que nos "ilumina". Es decir, nos enseña el sendero correcto de la vida, despejando con su luz las sombras y la oscuridad que producen la ignorancia de las Leyes Universales. Esta ignorancia es el origen de todo sufrimiento. Ella entonces, nos guía para poder entender la realidad y bendice a todos quienes la siguen. En algunos evangelios gnósticos se la conoce como la Madre de Cristo. También se la simboliza con una paloma, ¿acaso no es ese el aspecto femenino que le falta a la Sagrada Trinidad Cristiana, llamada Espíritu Santo? Sofía es el aspecto manifiesto de Dios, cuya presencia es perceptible y es la intercesora de la humanidad ante Dios. De brillo sin igual hacía que los ángeles se taparan los ojos. También fue comparada con el mar que no disminuye aunque llene una cuerva entera con sus aguas. ¡Tan vasta e inagotable es! Es generosa en sus dones con quienes la buscan, y jamás cesa de sorprendernos. Además de enseñarnos el camino correcto de la vida, también tiene la función de sanar y consolar, como la Madre Universal. En la Biblia católica el libro de la Sabiduría está antes del Eclesiástico y Salomón dice sobre Ella: "La sabiduría resplandece y no se enturbia su fulgor, gustosa se deja contemplar por sus amantes y se deja hallar por los que la buscan" (S,6:12) También dice: "La preferí más que las coronas y tronos considerando que toda riqueza no es nada comparada a ella. La piedra más preciosa no la reemplaza; en su presencia todo el oro del mundo no es más que un puñado de arena, y la plata, barro." (S 7:8-9)" Fuentes: www.lunaea.com/goddess/wisdom, "La Diosa", de Shahrukh Husain, "La Energía de los Rayos" de José Trigueirinho. Fuente: Publicado por (c) Copyright Carmen Jijón. Oonagh

Imagen: "Diálogos Con Selene". Ana Luisa Muñoz Flores PATRIARCALISMO Y CONTAMINACIÓN LUMÍNICA "Porque el poder que dirige al patriarcado, el poder que está violando la tierra… ha de ser transformado. Ha de haber un contrapeso a todo este frenesí, aniquilación, ambición, competición y materialismo." -Marion Woodman El consumo energético y los problemas ambientales Durante millones de años, los seres vivientes de la Tierra han ido adaptando sus procesos biológicos de acuerdo con dos ciclos astronómicos fundamentales: la sucesión de las estaciones y la alternancia día-noche. Dado que la percepción de ambos fenómenos es desigual según la latitud, las distintas especies se han acomodado a la singularidad de ambos ciclos en su hábitat. Cualquier perturbación en alguno de ellos originaría distorsiones cuyo alcance desconocemos, pero que, con toda seguridad, ocasionarían la extinción de algunas especies y la aparición de nuevas exigencias adaptativas para las demás. La acción del hombre y su cultura sobre el medio ambiente está, en la actualidad, generando una seria alteración en ambos ciclos cósmicos. La actividad industrial y las formas de vida propias de las sociedades consumistas no se pueden sostener, de mantenerse el actual modelo de economía capitalista, sino es mediante un creciente consumo energético. Niveles más elevados de “bienestar” exigen consumir cada vez más energía, proceso que amenaza con conducir a situaciones aberrantes como, por ejemplo, la de que, actualmente, gaste 100 veces más energía un ciudadano de un país industrializado que un habitante del tercer mundo. El consumo responsable de energía debería ser algo consubstancial a la educación cívica de la población por dos motivos. El primero de ellos: porque el actual modelo de consumo energético se basa en la conversión en energía de recursos naturales no renovables (carbón, petróleo o uranio), con lo cual su despilfarro acorta el tiempo de uso y priva de su disfrute a los habitantes de países no desarrollados. El segundo: porque en los procesos de conversión en energía, transporte y su posterior consumo, se generan residuos que contaminan gravemente el medio ambiente (radioactividad, lluvia ácida, contaminación de los mares, contaminación atmosférica por humos tóxicos) y amenazan con alterar el equilibrio climático (efecto invernadero por emisión de CO2). En la actualidad, el calentamiento global del planeta debido a este efecto es ya una evidencia científica y sus efectos devastadores sobre el clima son crecientes: lluvias torrenciales, huracanes catastróficos, inundaciones, sequías prolongadas, deshielo de los casquetes polares y un lamentable y futuro largo etcétera. Si bien la contaminación atmosférica por el CO2 emitido por las centrales térmicas de producción de electricidad, las industrias y los automóviles, es la principal responsable del efecto invernadero que amenaza el equilibrio climático de la Tierra, el uso excesivo e irresponsable de la energía eléctrica en el alumbrado de exteriores es la causa de una nueva agresión medioambiental que amenaza ni más ni menos que con eliminar la noche, alterando así el segundo ciclo cósmico fundamental. El fenómeno ya tiene un nombre: contaminación lumínica. Foto satélite de la península Ibérica vista de noche. Toda la luz que se escapa al cielo es energía derrochada y fuente de contaminación lumínica. Aunque se pueden ver las ciudades y las zonas habitadas, no es un mapa demográfico ni un indicador de progreso, es un mapa de la insensibilidad por el medio ambiente. La Tierra de noche, vista desde el satélite. No es sólo un mapa de las zonas habitadas, sino también de la riqueza. Texto Completo:contaminacion_luminica2.doc www.celfosc.org https://www.celfosc.org/

Imagen: Isthar. Ana Luisa Muñoz Flores La Era del Héroe De forma general, en las mitologías matriarcales, la Diosa Madre estaba siempre acompañada de una figura menor, divinidad de la fertilidad, que parece haber sido a la vez tanto la manifestación de su poder como de su bondadosa superabundancia creativa: esta figura era su hijo-amante, representado en muchas culturas por el toro o el león y, más tarde, como un joven dios masculino. El destino ineludible de esta edípica divinidad, simbolizado en el mito y el rito, era nacer como hijo cada verano para unirse como amante a su madre durante cada primavera en el hierosgamos ("matrimonio sagrado" que fecundaba y revitalizaba la tierra, y morir cada invierno, para ser resucitado nuevamente por el poder divino de su madre con el comienzo de un nuevo verano. "En el mismo sacrificio, el dios-consorte se une a la Gran Madre y luego renace o resucita (transformándose, a lo largo de este proceso, en su propio padre)… Adviértase que ésta es precisamente la fórmula de María y Jesús, en la que ella es, al mismo tiempo, la madre del dios muerto y resucitado (Jesús) y la esposa virgen del dios (el Padre). Pero, antes de María y Jesús, fueron Damuzi e Inanna, Tamuz e Isthar, Osiris e Isis… una historia muy, muy antigua." (Ken Wilber, Ibid) El psicólogo analítico Eric Neumann dirá que esta divinidad vinculada inexorablemente a la Gran Madre constituye las primeras e incipientes representaciones del yo (ego) humano en y frente al mundo que lo rodeaba. En uno de los clásicos más perdurables e influyentes del pensamiento junguiano, Los orígenes e historia de la conciencia, Neumann rastrea la progresiva transformación de este hijo subordinado o dependiente en el arquetipo del Héroe, que impregnará los mitos de todas las culturas humanas, hasta nuestros días. Para Neumann, el arquetipo del héroe no es sino el arquetipo de la propia conciencia humana en su lucha por la emancipación simbólica de las condiciones inconscientes que constituyen su seno materno. En su lucha y conquista de la individualidad y la autoconciencia frente a su condición tribal inconsciente y su inmersión en el grupo colectivo, el joven dios, subordinado de la fertilidad, deberá cortar el vínculo que lo unía a su madre, emancipándose a sí mismo, y convirtiéndose al mismo tiempo en un líder revolucionario, un auténtico faro de renovación colectiva. Como ejemplifica el mitólogo Joseph Campbell, "una multitud de hombres y mujeres escoge el camino menos aventurado de las rutinas cívicas y tribales relativamente inconscientes. Pero estos viajeros también se salvan en virtud de las ayudas heredadas y simbólicas de la sociedad, los ritos de iniciación… que han funcionado por milenios." Pero, "sólo el nacimiento puede conquistar la muerte, el nacimiento no de algo viejo, sino de algo nuevo [...]. El héroe, por lo tanto, es el hombre o la mujer que ha sido capaz de combatir y triunfar sobre sus limitaciones históricas personales y locales y ha alcanzado las formas humanas generales, válidas y normales […]. Su segunda tarea y hazaña formal ha de ser (como todas las mitologías de la humanidad indican) volver a nosotros, transfigurado y enseñar las lecciones que ha aprendido sobre la renovación de la vida." (Joseph Campbell, El Héroe de las Mil Caras, 1959) A finales de la Edad de bronce y principios de la Edad de hierro, tanto en el sur de Oriente como en Occidente, una nueva mitología se estaba imponiendo. Es la Era de los héroes solares. El amanecer de esta nueva conciencia heroica generaría la inversión total del sistema valores y símbolos de los antiguos matriarcados. La serpiente, representación ancestral de la Diosa, asumiría la forma del monstruo-dragón de los poderes telúricos, instintivos e inconscientes, que todo héroe divino debía derrotar para abrirse camino hacia la constitución de su propia libertad y poder, mostrándole el camino a los hombres. "Sea de aire, tierra o agua, la Gran Serpiente - como la Diosa - poco a poco va siendo acorralada, sujeta, vencida. Set mata a Apofis. Apolo da muerte a Pitón mediante un flechazo. El rey dragón avéstico Azhdanak es derrotado por Vahagun. Atar vence a Aji Dahara… Zeus derrota a Tifón. Belerofonte, montado a lomos de Pegaso, mata a la Quimera, hija de Tifón y Equidna, la Víbora. Perseo decapita a la Medusa, que se muestra con cabellos de sierpes sibilantes y mirada capaz de convertir en piedra a los hombres. La maldición cae sobre la serpiente… Estruendos y furias acompañan el nacimiento del nuevo orden social." (Leonor Calvera, Historia de la Gran Serpiente, 2000) El triunfo del héroe divino, dirá Neumann, representa el triunfo de la capacidad diferenciadora de la conciencia humana frente a la naturaleza. La Diosa panteísta de los cielos, la tierra y el inframundo, es reemplazada por un Dios celestial que al separar con su voluntad los cielos de la tierra, ordena el mundo (trae "Cosmos" al "Caos": "La separación del cielo y la tierra es una imagen del nacimiento de la conciencia, en la que la humanidad es apartada de la naturaleza. Uno mismo que percibe y valora se separa de lo que es percibido y evaluado. […Estos mitos] plasman la capacidad humana para actuar de manera reflexiva antes que instintivamente […] se es cada vez más consciente del poder del individuo para conformar los acontecimientos". (Erich Neumann, Los orígenes e historia de la consciencia, 1955) Y de la misma forma que las nuevas divinidades masculinas y celestiales han separado los cielos de la tierra, lo divino y lo humano se han desvinculado. El mundo de los hombres y las bestias ya no es sagrado, en tanto ha dejado de ser un aspecto o manifestación de la propia Diosa: es una creación del Dios, por fuera de Él mismo. La concepción monoteísta de un Dios trascendente que crea y ordena el mundo desde el "más allá" reemplaza al mundo viviente de la Diosa, que actúa desde el interior siguiendo su propia naturaleza. Es aquí en donde podemos comprender también el establecimiento de todos los maniqueísmos y dualismos filosóficos centrales de Oriente y Occidente: bien/mal, luz/oscuridad, trascendente/inmanente, cielo/tierra, etc. En estas nuevas mitologías, los opuestos son irreconciliables, ya que es de su propia oposición que la nueva conciencia emerge. "El héroe es asimilado al sol; como el sol, lucha contra la oscuridad, desciende al reino de la muerte y emerge victorioso. Aquí la oscuridad ya no es uno de los modos de existencia de la divinidad, como sucedía en las mitologías lunares; por el contrario, simboliza todo lo que el dios no es, y por lo tanto, el adversario par encéllense. La oscuridad ya no se valora como una fase necesaria en la vida cósmica; desde la perspectiva de la religión solar, se opone a la vida, a las formas y a la inteligencia […] Al final, el sol y la inteligencia se asociarían hasta tal punto que las teologías solares y sincréticas de finales de la antigüedad se convirtieron en filosofías racionalistas; el sol es proclamado como inteligencia del mundo." (Mircea Eliade, Lo sagrado y lo profano, 1959) Pero la gesta heroica exige una revolución permanente, o la energía renovadora del héroe cristaliza en la configuración de nuevas y rígidas (e inconscientes) estructuras sociales. Así, en el mismo acto heroico, el héroe masculino, devenido en soberano y patriarca conquistador, se convertirá, dentro de cada cultura, en el Dios supremo de un nuevo orden social. Y de esta manera, la Era del Héroe da paso a la Era del Padre, cuyo aspecto benigno es el del sustentador, ordenador y protector, y cuyo aspecto negativo es el del tirano. Y será éste, finalmente, el arquetipo del Padre (portador del orden, señor de la autoridad, la tradición y la ley, y soberano divino sobre todas las cosas) el que prevalecerá y se impondrá como estructura simbólica central en las culturas históricas, durante los próximos tres milenios. El alzamiento de reinos guerreros estructurados en jerarquías de dominación y esclavitud, así como el sometimiento sistemático de las mujeres en todas las esferas de la cultura, sería el aspecto social de esta transformación. "Esta forma de gobierno y de valores implícitos son patriarcales; es una jerarquía de hombres, de los cuales cada uno existe en un orden establecido, con Zeus o Dios en la cima, deidades inferiores debajo, luego los reyes mortales, que remontan sus orígenes a algún dios, y después los leales vasallos y súbditos. Las grandes corporaciones, con el presidente de la compañía y la junta directiva en la cima, son los equivalentes contemporáneos de Zeus y los dioses del Olimpo." (Jean Shinoda Bolen, Los Dioses de Cada Hombre, 1989) ¿Pero qué razones históricas, y que consecuencias psicológicas y sociales se encuentran detrás de la extraordinaria transformación cultural que daría lugar, tanto en Oriente como en Occidente, a este pasaje del mundo matriarcal al de los incipientes patriarcados originarios? ¿Y qué podrán decirnos éstas de nuestro presente y de la decadencia de nuestra propia cultura? Como sugiere el gran historiador de la cultura Richard Tarnas, parafraseando a Hegel, "una civilización no puede tomar conciencia de sí, no puede reconocer su propio significado, hasta que no ha madurado lo suficiente como aproximarse a su muerte." (Richard Tarnas, La pasión de la mente occidental, 1991) ¿Será posible que la filogenética travesía histórica de nuestra infancia numinosa en la Madre, de nuestra heroica pero trágica emancipación de su seno inconmensurable y de nuestra caída eventual bajo la tiranía del Padre, cuenten una sola y gran historia, la historia del desarrollo de nuestra conciencia, cuyo devenir se aproxima inexorablemente a un nuevo clímax? En la segunda parte rastrearemos las causas históricas y las consecuencias sociales de esta dramática transformación, en busca de la clave cultural que nos permita ver a través de nuestra propia perspectiva histórica, de ésa que nos hizo, nos hace, y que avanza acaso hacia su propia muerte.
Imagen: "Ensueño". Ana Luisa Muñoz Flores Del Mythos al Logos A inicios de la Edad del Hierro, todas las culturas neolíticas ancestrales de Europa y el sur de Oriente, unidas por su adoración al misterio de la sacralidad femenina y por una organización social relativamente pacífica e igualitaria, estaban pereciendo. Morían para dar paso a una nueva era: la era del hombre. Existen aún considerables controversias sobre las causas que precipitaron un cambio histórico tan profundo y cismático en la historia del devenir humano. Según la popular teoría de la antropóloga Marija Gimbutas, el surgimiento de coléricas divinidades del cielo (cuyos símbolos eran el rayo, el aire, el fuego y la tormenta), que se expandían como conquistadores brutales sobre las antiguas teogonías matriarcales, coincide con las invasiones de los pueblos guerreros, arios y semíticos que cayeron en oleadas sobre los pueblos agrarios de la vieja Europa, el Creciente Fértil y la India pre-védica, desde fines de la Edad del Bronce. Las invasiones crecientes de estos pueblos nómadas no sólo alterarían y desgarrarían el pacífico mundo de las culturas agrarias de la diosa, sino que eventualmente llevarían a un sincretismo cultural que constituiría la base de un nuevo orden social. Gradualmente, el arquetipo del Padre comenzaba a imponerse sobre la antigua supremacía de la Madre: Atón en Egipto Zeus en Grecia El (que en árabe se convertiría en "Allah" en las tierras semíticas Marduk en Babilonia Assur en Asiria Indra en la India Yahvé en el Canaán hebreo, ...encarnaron los atributos de un dios celestial, masculino, omnipotente y omnipresente, que reinaba soberano sobre todas las cosas. "La supremacía de los dioses celestes queda asegurada por una casta sacerdotal de sexo masculino en India, en Persia y en el Canaán hebreo, y posteriormente en las culturas cristiana e islámica". (Anne Baring & Jules Cashford, El mito de la diosa, 1991) Pero, como hemos visto, este nuevo orden social no estaría fundamentado únicamente en una azarosa violencia histórica, sino en una radical transformación en la conciencia humana. Friedrich Engels, cofundador del marxismo, propuso la teoría de que el paso de una organización social comunitaria (matriarcal) a una organizada en torno al poder y la conquista (patriarcal) se debió al surgimiento de la propiedad privada, la que a su vez tendría su origen en los excedentes de riqueza de la tierra, que eventualmente se traducirían en poder. Sin embargo, el surgimiento de los conceptos de "propiedad" y las leyes que la protegen puede ser visto justamente como una consecuencia material y social del incipiente sentido del "yo" de la mentalidad post-matriarcal, más orientada al poder y engrandecimiento del individuo, que al bien comunal. Otros autores han visto las causas de esta transformación en el surgimiento de las primeras ciudades-estado: la transición de la vida rural a la urbanidad, de una vida orientada en torno a los ciclos naturales a otra regida cada vez más por la ley y el poder de emperadores y reyes. El descubrimiento de la astronomía, como un orden celestial del mundo que se convertiría en reflejo de las jerarquías de los reinos terrenales, también ha sido considerado como un factor clave en este proceso. Pero quizás la innovación cultural más trascendente que conduciría a esta ineludible mutación histórica, no sería otra que la escritura. El nuevo medio de comunicación escrito, basado en el ordenamiento y la abstracción, favorecería el desarrollo del pensamiento abstracto, reflexivo y racional, sobre la percepción concreta, emocional e intuitiva de la realidad (hemisferio izquierdo sobre hemisferio derecho del cerebro). Los hemisferios cerebrales, como hoy sabemos, no trabajan de forma completamente aislada uno del otro, pero cada uno está especializado en procesar ciertas funciones, que pueden considerarse como opuestas y complementarias. Funciones que culturalmente se han tendido a calificar como "masculinas" y "femeninas", respectivamente: el hemisferio izquierdo se especializa en el lenguaje, la lógica y el pensamiento abstracto, mientras que en el derecho es donde tienen lugar fundamentalmente los procesos inconscientes, las emociones, la imaginación, el instinto, la intuición y la apreciación estética. "El cerebro izquierdo es el del intelecto, el yo; es el cerebro lógico, creador y analítico, el que cree en la ciencia y en la razón, inventa y desarrolla las matemáticas; es el cerebro de la tecnología. Su dominio es la mente consciente de vigilia. Por el contrario, el cerebro derecho está dominado por el inconsciente (en el sentido junguiano del término), la imaginación creadora, la síntesis, la emoción, los símbolos, la intuición." (André Van Lysebeth, La pareja interior, 1998) En su prolíficamente documentada obra El Alfabeto contra la Diosa, el historiador y neurocirujano Leonard Shlain plantea que la introducción de la escritura llevó gradualmente a un mayor desarrollo del hemisferio izquierdo del cerebro (analítico, racional), conduciendo a lo que se conoce como "lateralización hemisférica": un predominio de uno de los lados del cerebro sobre el otro, lo que también puede ser visto como un desequilibrio o disfunción a nivel cultural. Desequilibrio que se expresó socialmente como el dominio de lo masculino sobre lo femenino. El desarrollo creciente de la capacidad analítica de la mente introduciría por primera vez el conflicto entre Myhtos y Logos, entre el modo de ser-en-el-mundo basado en la fascinación autoevidente del mito y el rito tradicionales y el de una naciente y heroica consciencia lógico-reflexiva (filosófica). En Grecia, cuna de la cultura occidental, la escritura, más que cualquier otro descubrimiento en la historia de la cultura humana, daría lugar a la lógica, la filosofía, las matemáticas y la ciencia empírica, y poco a poco iría desplazando a los antiguos mitos ancestrales como sistema absoluto de significación colectiva. "La mente se desprendió de la experiencia inmediata, concreta, sensual-imaginativa, y se volvió consciente de sí misma en distinción al entorno, estableciéndose así como conciencia. Este fue el despertar inicial de la 'conciencia razonable' de su previa somnolencia […] En este nuevo modo de ser-en-el-mundo, la conciencia tenía que comenzar no con el conocimiento, sino sólo con ideas acerca del mundo, supuestos, hipótesis que podían ser verdaderas o falsas, es decir, que en principio eran cuestionables, y que por tanto requerían un informe racional y una verificación, fuera racional o empírica […]. De repente la conciencia se había vuelto ella misma responsable de lo que pensaba que era verdad. Tenía que pensar." (Wolfgang Giegerich, Dialectis & Analytical Psychology, 2005) Estas nuevas facultades de abstracción y diferenciación corresponden, como hemos visto, a una mayor autonomía del yo (ego) frente a los instintos naturales y frente a los valores tradicionales del grupo colectivo. "En los momentos decisivos, el individuo ya no se apoyaba tanto en las respuestas instintivas a los estímulos externos o en la mera imitación formal de una tradición social estable, sino que cada vez estaba más sometido al dominio y al control de sus propios procesos de pensamiento". (Julian Jaynes, El origen de la conciencia en la ruptura de la mente bicameral, 1976) El precio de la capacidad auto-reflexiva del ser humano y del aumento de su conciencia frente a la impulsividad instintiva y la fascinación mítica, sin embargo, parece haber sido la pérdida de una considerable armonía social, de su percepción natural de la sacralidad de la vida y de su inherente identidad con el mundo. La introducción del nuevo carácter lógico-reflexivo en la conciencia humana, por otra parte, sería gradual y, en la mayoría de los casos, privilegio de ciertas élites. Por esta razón, el despertar de la "conciencia razonable" no haría desaparecer del todo el poder colectivo de las narrativas míticas, sino que ésta se adecuaría dentro de una nueva mitología que reflejaba el nuevo ser-en-el-mundo y los sistemas de valores que lo acompañaban, una mitología del ego, en la que el hombre soberano, conquistador, heroico y racional, ocupaba el lugar central, desde el que señoreaba sobre todas las cosas. El trágico y heroico sacrificio de Sócrates en nombre de la verdad sería el ejemplo paradigmático de cómo el naciente Logos quedaría subordinado también, durante miles de años, a los nuevos esquemas autoritarios de un pensamiento mítico sustentado en valores patriarcales. Junto con el desarrollo de la autoconciencia y el naciente poder del "libre albedrío", tendría también lugar la emergencia de un concepto que sería central para las culturas patriarcales: la culpa, que implica una transgresión a las leyes divinas del mundo. El sentimiento de culpa, nos dice el psicólogo Wolfgang Giegerich, no tenía existencia en el modo de conciencia pre-filosófico de las culturas prehistóricas. "¿Cómo podría, si el hombre estaba allí en una identidad con el mundo? Podía haber errores, actos equivocados, pero no culpa en un sentido moral […] La emergencia de la idea y la experiencia de la culpa refleja simplemente el acto lógico del divorcio de la mente de su unidad simbiótica con la naturaleza". (Wolfgang Giegerich, Ibid) La idea de culpa se manifestó en la cultura griega en los conceptos de hamartía e hybris, que con tanto énfasis y dramatismo han sido expresados en la tragedia. Mientras que las religiones abrahámicas (judaísmo, cristianismo e islam), hicieron de la culpa el bastión central sobre el que se sostendría toda su cultura. En este punto, podemos ver como la tríada universal de ley-culpa-castigo (el "padre introyectado" se manifestaría en el inconsciente humano como el "Superyo" descrito por Freud. Junto con el concepto de culpa, la idea del Bien y el Mal como realidades absolutas e irreconciliables se solidificó en estas culturas. El bien pasaba a estar definido por la adecuación a la "ley del Padre", mientras que el mal constituía su transgresión. Y la ley del Padre, su ley divina, estaba grabada ahora en palabras sagradas. En el código legal mesopotámico más antiguo que se conoce, atribuido al rey Urokagina de Lagash, la nueva cultura patriarcal dejaba claro cuál sería el lugar de la mujer en el nuevo orden social: "Si una mujer habla contra su hombre, su boca será machacada con un ladrillo al rojo". (Código de Hammurabi, h.2350 a.C.)
Imagen: "Pareja"- Ana Luisa Muñoz Flores Integrar los principios masculinos-femeninos El destino de la mente humana, señala el filósofo y psicólogo Ken Wilber, es desarrollarse más allá de sus meras tendencias y condicionamientos biológicos sexuales y experimentar y explorar la totalidad de sus posibilidades psíquicas, trascendiendo los estereotipos culturales de las diferencias sexuales. "A mi juicio, la reciente investigación demuestra muy claramente que las personalidades más desarrolladas presentan un equilibrio y una integración de los principios "masculinos" y "femeninos" que los hace "mentalmente andróginos", mientras que los individuos menos desarrollados, por su parte, tienen a exhibir más nítidamente las actitudes estereotípicas propias del sexo […] Así pues, cuanto más crece y evoluciona un ser humano, más posibilidad tiene de trascender las diferencias corporales iniciales y descubrir la equivalencia mental [entre hombres y mujeres] y la identidad equilibrada. En cierto modo, esta es una forma de androginia mental superior (no de una bisexualidad física) […]. Por otra parte, cuanto menos evolucionada (y, por consiguiente, menos inteligente) es una persona, más próxima se halla a los estereotipos masculinos o femeninos". (Ken Wilber, Ibid) Con esta concepción es también compatible el reciente descubrimiento de la neurociencia sobre las facultades de "plasticidad neuronal" del ser humano: nuestro cerebro no es un órgano estático, configurado de una vez y para siempre, sino un proceso dinámico de conexiones neuronales que cambia en la medida en que también lo hacen nuestros hábitos mentales y nuestra conducta. La idea de una "androginia mental" como estadio superador de la condición humana ya estaba presente en la tradición hermética, la filosofía esotérica de Occidente. Más específicamente, en la alquimia medieval. A la luz de la psicología profunda, la filosofía simbólica de la alquimia fue interpretada por Carl Gustav Jung como la búsqueda de la psique por unificar sus aspectos "femeninos" y "masculinos", trascendiéndolos en una unidad mayor. El proceso de individuación en la psicología junguiana, análogo a la búsqueda alquímica, consiste en valorar por igual nuestras funciones psíquicas que consideramos opuestas, integrándolas en un todo que es más que la suma de las partes. Descubrimos entonces que los valores y características que hemos categorizado como "femeninos" y "masculinos" en nuestra cultura patriarcal son funciones complementarias que están disponibles para todos los seres humanos, independientemente de su sexo y de su sexualidad. "Nuestra civilización moderna privilegia excesivamente las funciones del cerebro izquierdo en detrimento del derecho. Mi progreso personal consiste en procurar desarrollar en mí la intuición, la poesía, la síntesis, el diálogo con mi inconsciente y todas sus riquezas y dejarme guiar más por la intuición que por la lógica pura, con el fin de que las dos mitades del cerebro establezcan un diálogo. Esto no implica renunciar al intelecto, el análisis, sino desarrollar los aspectos del cerebro derecho para equilibrar ambo." (André Van Lysebeth, Ibid) Plantear la necesidad de una unificación, de un trabajo conjunto de estos dos principios, constituía para Jung lo más esencial y necesariamente vital para nosotros como especie. La destacada escritora feminista Virginia Wolf lo expresó de manera poética, recuperando la tradición filosófica del romanticismo: "Y me puse a delinear de cualquier manera un plano del alma, en el que dos poderes presidían, uno masculino y otro femenino [...] Esa, tal vez, fue la intención de Coleridge cuando dijo que una gran inteligencia es andrógina. Cuando se opera esa fusión, la mente queda fecundada plenamente y dirige todas sus facultades". (Virginia Woolf, Una habitación propia, 1929) De esta integración en nuestro propio contexto histórico, y de su posible expresión en la emergencia de una nueva cultura, síntesis dialéctica de nuestra dramática historia humana, nos ocuparemos en la última parte.