AlmiranteCero
Usuario (Argentina)
El director de un colegio secundario de Córdoba rechazó dar explicaciones sobre la colocación de una placa que conmemora al terrorista del ERP que entregó al Coronel Larrabure. <<Necesito autorización para hablar de ese tema>> <Para seguir hablando con vos de este tema necesito autorización de mi supervisor>>, fueron las palabras de Jorge Daniel Agusto, director del IPEM 289 – “Dr. Ramón Pico”, colegio secundario de la ciudad de Oliva, en la provincia de Córdoba. Quien subscribe simplemente lo llamó para saber por qué ese establecimiento educativo rendía homenaje, mediante placa, al terrorista del ERP Mario Eugenio Pettigiani. En efecto, la institución señalada, desde el año 2008 conserva una placa en la pared para “recordar” a “Quico”. Y que dice: “Nuestros sueños florecerán en tu nombre y en la memoria de tu generoso ejemplo”. Una bazofia, pues. Sobre todo si tenemos en cuenta que el mentado Mario Eugenio Pettigiani, mientras que realizaba el Servicio Militar, en el año 1974, también formaba parte de la organización guerrillera Ejército Revolucionario del Pueblo. Sobre todo si pensamos que fue el que permitió el ingreso del ERP, en Agosto de ese año, a la Fábrica Militar de Villa María. Sobre todo si por culpa suya fue posible otra de las tantas masacres terroristas, con el consiguiente secuestro del Coronel Argentino del Valle Larrabure, quien se entregó “para que dejen de matar”. Y sobre todo si sabemos que el simpático “Quico” le disparó a su compañero de guardia (su amigo), Daniel Fernández, dos tiros en la cabeza y uno en el pecho, conminándolo a 28 años de cuadriplejia. No obstante, el señor Agusto ha sido amable conmigo (fuerza es decirlo). Me atendió el teléfono y me dispensó su tiempo para que yo pueda realizar mi trabajo. Pero todo su palabrerío se reduce a un balbuceo escurridizo. Es francamente imposible entrevistar a una persona que dice, por un lado, que la placa en conmemoración a un homicida está puesta para “olvidar el pasado” y por el otro dice que es para “mantenerlo presente”. Mucho más no se le puede preguntar. Es imposible entrevistar a alguien que venera a un terrorista. Me hubiera gustado preguntarle qué le diría a los familiares de Larrabure, Fernández y otros tantos más… pero, honestamente… ¿qué iba a ganar con ello? Simple: seguir insultando a esas familias que hoy no son recordadas en los colegios ni en ningún otro lugar. Los rufianes que asesinaron a sus familiares, homenajeados cual héroes y cuál víctimas. Yo no quiero participar de un insulto superior a ése, por favor. <<Pero tienen la placa tapada con una tela>>, me dijo quien sacó la foto aquí consignada. <<Yo tuve que destapar para ver>>. También entrevistado por teléfono, el doctor Mariano Ludueña, me dice: <<En Oliva se sabe mucho de ese tema. Pero todo el mundo habla de puertas para adentro>>. Nadie se anima. Eso es lo que han conseguido con tanta hipocresía: que la gente tenga miedo de contar la verdad. Y peor: que sientan vergüenza de “tener” la verdad. Pero, a pesar de todo, ésta gente al menos no balbucea cuando encuentra en quién confiar. En contraste con los que hoy no temen y que han aprendido a “tapar” la vergüenza… pero que no pueden hilar una sola frase coherente, y que sencillamente no tienen en qué confiar más que en una ilusión vaga y mentirosa. Sería facilista de nuestra parte, no obstante, “agarrárnoslas” solamente con el director o la comisión directiva del IPEM 289 por semejante falta de respeto y consideración para con las víctimas del terror. Claramente, si el mismo director no puede responder a una pregunta por falta de “autorización”, queda al descubierto el clima antidemocrático que rige la estructura institucional de nuestro país. Pongámonos en el lugar del director, por ejemplo, y hagamos de cuenta que nos oponemos a la “ucase” de rendir homenaje a un terrorista; no debería resultarnos sorprendente la olímpica patada en el trasero que recibiría por parte de sus “superiores”, como él mismo los ha ponderado en la entrevista. Es, pues, la forma más compasiva que tenemos para comprender la situación. Lo cierto es que hace tiempo ya que está de moda ponerles nombres de terroristas o pro terroristas a instituciones preferentemente relacionadas con el ámbito educativo. Lo celebran – la película siempre es la misma – como a un “logro” más que se consigue en pos de seguir apedreando a un Goliat imponderable aunque ficticio. Muchos hay que, sin embargo, tienen razones reales para celebrarlo, como es el caso del hermano del aquí referido Pettigiani, quien habría cobrado la jugosa suma de 250 mil dólares, en concepto de indemnización, y que gracias a lo mismo tiene la suerte de vivir holgadamente en Europa. 372 días pasó el Coronel Argentino del Valle Larrabure en una de las “cárceles del pueblo” (dos en realidad; muy poco tiempo en la primera – donde habría recibido un buen trato –, y todo el resto en una celda de un metro y medio por un metro, donde fue salvajemente torturado para finalmente ser asesinado por sus captores). Desde allí rogaba a su familia que no odiara a sus captores y que aprendieran a perdonarlos; desde allí escribía poesías y resolvía problemas matemáticos para matar tanto tiempo muerto; desde allí entonó las estrofas del himno nacional argentino, como un último suspiro de lucha, antes de caer muerto por el maltrato recibido. Señales de haber sido torturado con picana eléctrica consignan los peritajes; los terroristas querían obtener información, querían aprender de la ciencia de Larrabure (fue subdirector de la Fábrica de Pólvora y Explosivos de la Fábrica Militar de Villa María, Córdoba). Y hoy los padres de los alumnos, calladamente, tienen que soportar que sus hijos asistan a un colegio que homenajea el nombre de la persona que hizo posible todo eso: Mario Eugenio Pettigiani. <<En Oliva se saben muchas cosas, pero la gente habla de puertas para adentro>>. En Argentina hay dos clases de personas: las que callan, y que esperan el advenimiento insobornable de la Justicia; y los que parlotean fétidamente todos los días de su vida, y por la sencilla razón de pretender “tapar” la vergüenza de ser cómplices de la peor injusticia que tiene lugar en nuestro país. Para unos, la Justicia es la esperanza que protegen “puertas adentro”; para otros, la horrible amenaza de la que – lo saben – no podrán seguir escapando durante mucho tiempo más. http://www.davidrey.com.ar/la-mala-costumbre-de-homenajear-asesinos-en-argentina-2/

Los podés encontrar en lugares como Facebook y otras redes sociales. https://www.facebook.com/movimiento.neomontonero Oportunamente fueron declarados DURANTE LA DEMOCRACIA como una organización terrorista guerrillera. Hoy los ves con fotos como estas: Restando pocos días para la asunción de Juan Domingo Perón a su tercera y última presidencia, el gobierno de Héctor Cámpora desplegó en 1973 el llamado “Operativo Dorrego”, que puso en las calles bonaerenses a 4 mil efectivos del Ejército y 800 integrantes de organizaciones de superficie de Montoneros, en el marco de tareas conjuntas de reconstrucción barrial. Las hipótesis esbozadas respecto de los verdaderos objetivos de la actividad en cuestión han sido de lo más variadas. La historia oficial enseña que se trató de un intento de “reconciliar a las Fuerzas Armadas con la Juventud Peronista”, pero interpretaciones más ajustadas a los documentos secretos de la época sostienen que la intención de fondo consistía en inyectar nuevas perspectivas ideológicas en las Fuerzas Armadas. Tal es el caso del escritor Juan Bautista “Tata” Yofre, quien en su libro El Escarmiento cita la confidencial “Biblia Montonera” en la que la organización terrorista se refirió al Operativo Dorrego de la siguiente forma: “Se alternan tareas manuales con las intelectuales, y en los momentos de descanso prolongado se organizan reuniones de grupos mixtos, de civiles y militares, alrededor de los fogones del vivac, produciéndose de esta forma un intercambio de opiniones y una comunicación más fluida que durante las tareas cotidianas, posibilitando y facilitando la captación ideológica”. Tras asumir Perón la presidencia, el Operativo Dorrego quedó en el olvido y la carrera del coronel Juan Jaime Cesio y del teniente general Jorge Carcagno –hombres del Ejército que impulsaron la actividad junto a dirigentes guerrilleros– se vino en picada. Perón ni siquiera concurrió al cierre del operativo el 25 de octubre de 1973, donde el Ejército hizo desfilar a sus tropas mientras las organizaciones de base de Montoneros también hacían desfilar a sus grupos militarizados: “Brigada Pablo Maestre”, “Brigada de Reconstrucción Eva Perón”, “Brigada Capuano Martínez”, “Brigada Fernando Abal Medina”. Cámpora terminó siendo virtualmente destituido por su propio jefe partidario, y pronto vería morir su carrera política en México, completamente solo y aislado de la Argentina. A cuatro décadas del Operativo Dorrego, la historia se evidencia circular, redundante, repetitiva. Héctor Cámpora ya no gobierna el país, pero sí lo hacen quienes se dicen sus herederos políticos. La organización Montoneros fue exterminada, pero las llamadas “organizaciones de derechos humanos” recogieron el legado ideológico de aquélla. Las Fuerzas Armadas ya no tienen el poder de antaño, pero sí padecen una crisis moral similar a la que las aquejaba en 1973, cuando el aludido operativo tuvo lugar. Y en el marco de este anacronismo setentista que caracteriza los tiempos que corren, el kirchnerismo vuelve a la carga con el objetivo que jamás pudo cumplir Cámpora: adoctrinar a las Fuerzas Armadas con arreglo a ideas de izquierda. Así las cosas, los recientes cambios en el gabinete del gobierno reflejan una nueva etapa en la estrategia kirchnerista respecto de las Fuerzas Armadas. Del año 2003 a esta parte, la destrucción moral e ideológica de las fuerzas fue la meta que guió a Néstor y Cristina en el trazado de sus políticas de defensa. El hombre clave de ese período se llamó Horacio Verbitsky, quien puso a la ex montonera Nilda Garré en el gobierno como ministra de Defensa primero, y como ministra de Seguridad después. De esta parte a lo que se viene, en cambio, es la reconstrucción de las fuerzas en virtud de una nueva ideología funcional al kirchnerismo lo que guiará al régimen. El hombre de esta renovada etapa sería el nuevo ministro de Defensa, Agustín Rossi, quien ya anunció que la estructura de las Fuerzas Armadas será utilizada para efectuar “tareas sociales” en pleno año electoral, apoyadas por los militantes de La Cámpora. ¿Un nuevo “Operativo Dorrego” está en marcha? Lo cierto es que las intromisiones de La Cámpora en sectores vinculados a las Fuerzas Armadas han sido moneda corriente en los últimos días. El desembarco de la agrupación neomontonera en el área de defensa ya está en marcha. El caso más visible es el del dirigente camporista Santiago Rodríguez, que estuvo al frente de Fabricaciones Militares –totalmente cooptada por militantes– junto a su novia Bárbara Grané, y que ahora estará a cargo de la secretaría de Ciencia, Tecnología y Producción para la Defensa. Otros tantos camporistas, al igual que Rodríguez, han asumido puestos administrativos que los ponen en contacto con miembros de las fuerzas, permitiéndoles efectuar ese trabajo en el que se muestran expertos: el adoctrinamiento. Fuentes que por razones obvias me solicitaron mantenerlas en el anonimato me aseguraron que el personal civil de los Casinos de Oficiales y Suboficiales de la Fuerza Aérea Argentina con base en la Guarnición Aérea Córdoba son militantes de La Cámpora, que cobran cerca de $5.000 mensuales. Según estas mismas fuentes militares, “el personal civil proveniente de La Cámpora se ha infiltrado totalmente dentro de nuestras Fuerzas Armadas, con conocimiento de la alta oficialidad encargada de los Institutos Militares”. Llamativamente, la preocupación se manifiesta en los cuadros más jóvenes, que advierten los esfuerzos por desvirtuar aquellos valores por los que decidieron incorporarse en las Fuerzas Armadas, tras un largo proceso de previa desmoralización. La preocupación se fundamenta, en concreto, sobre dos cuestiones: el adoctrinamiento que ya están empezando a sufrir los miembros de las Fuerzas Armadas por un lado, y el contacto con el arte y la técnica militar que están teniendo los militantes de La Cámpora por el otro, de lo cual pueden aprender mucho. Adoctrinar niños de jardín de infantes y presos en las cárceles ha sido, hasta el momento, una actividad relativamente sencilla para La Cámpora. ¿Pero cómo terminará esta nuevo “Operativo Dorrego” versión siglo XXI? El hecho sucede en el Colegio Militar de la Nación. La ministro de Defensa, Nilda Garré, se encuentra presidiendo un cine debate que pretende coronar el cambio cultural que pregona desde su ministerio para las Fuerzas Armadas. En ese sentido viene trabajando activamente Martín Grass, un ¿ex? dirigente montonero, que conduce actualmente el sector educativo del área castrense. Acaba de terminar la proyección de la película “Desobediencia”, un film tendencioso que narra situaciones de guerra, donde soldados y cuadros de distinta jerarquía se niegan a obedecer órdenes presuntamente inmorales. El objetivo: profundizar el lavado de cerebros de los jóvenes cadetes. La película termina y un silencio sepulcral se respira en el salón. Tratando de romper el hielo, con una sonrisa dibujada en su rostro, la Dra Garré toma la palabra y pregunta: -¿Acá nadie aplaude, como en los cines?. -En el ámbito castrense esto no se acostumbra, fue la tajante respuesta de algún uniformado, iniciándose de esta manera un breve intercambio de ideas. Un oficial jefe pide tomar la palabra y expresa con altura, con respeto y con mucha convicción lo que todos piensan: que independientemente del contenido, aquel no era el ámbito adecuado para pasar esa película; que los cadetes estaban formándose en la disciplina para operar en el marco de una guerra regular y que la película nada aportaba en esa dirección. En definitiva: que no servía para nada. La ministro no terminaba de acomodarse a esta cachetada intelectual, cuando un bisoño cadete hace uso de la palabra, rematando el sentimiento generalizado: -“Si estos son los valores que pretenden imponerse para el nuevo ejército yo pido inmediatamente la baja”. Y el salón estalló en un aplauso generalizado, que ponía en evidencia la magnitud del fracaso de la política oficial seguida por los neo-montoneros. Querían cambiar el alma del soldado... y el espíritu castrense permanecía inalterable. Dominando sus nervios, Nilda Garré, ya sin la sonrisa inicial, se preguntaba cómo era aquello de que en el ámbito castrense no se acostumbraba aplaudir. Esta situación, nada novedosa por cierto, puede ser comparada con el “Operativo Dorrego”, al que antes nos referíamos. Pero el agua y el aceite nunca fueron buenos amantes. Los que se sabían tutores legítimos del monopolio de la fuerza no estaban dispuestos a compartir su tiempo, más allá del estrictamente obligatorio, con los que habían pasado a la historia asesinando a un general de la institución. Y el operativo fue un absoluto fracaso, tanto para los mandos castrenses, como para los dirigentes terroristas. Fruto de aquel, el general Carcagno, Jefe de Estado mayor General del Ejército, y el artífice intelectual de aquel operativo, Coronel Jaime Cessio, terminaron abruptamente su carrera por orden del General Juan Domingo Perón, que no estaba dispuesto a mantener en la fuerza a nadie que tuviera relaciones carnales con sus enemigos dentro del movimiento. Queda claro que los montoneros NO SON SOLDADOS DE PERON? Los montos tampoco lograron su cometido. Se fueron con la sensación de haber perdido el tiempo. Comprendieron que nada lograría cambiar el sustrato ideológico de esa institución. Pensaban que los generales elitistas eran los que conducían al ejército en contra de lo que ellos entendían por el campo popular... y descubrieron que eran los cuadros subalternos y los soldados conscriptos, los más férreos opositores a su utopía demencial. El Operativo Dorrego de Cámpora–Carcagno del 73 y el nuevo Operativo Dorrego de Kirchner– Bendini del presente, han fracasado rotundamente por la oposición de los cuadros medios de la fuerza, donde realmente descansa el alma del soldado. Lo sucedido recientemente en el Colegio Militar y la actitud de los cuadros en el 73, ponen de manifiesto que la coquetería negociadora de las conducciones sólo consigue el repudio masivo de todos los sectores. Es de esperar que los altos mandos actuales del Ejército Argentino hayan tomado nota de esta lección de la historia. Y a la hora de formular estrategias no dejen de lado las corazonadas de los cuadros medios de la institución, que menos comprometidos con las prebendas del poder, suelen estar más cerca de las verdaderas soluciones. Otrora fueron declarados durante la democracia y por la justicia, fuera de la ley. Hoy con agrupaciones como el "vatayon militonto" Y las agrupaciones rentadas como Y otras yerbas amenazan por redes sociales, foros, comunidades, etc. Amenazan desde asesinar legisladores solo por pensar distinto o amenazan con tener lista de gente y enfrentarlos a las guerrillas armadas. Son muy democráticos hasta que las cosas no salen como ellos quieren. Ahí se tornan violentos como en otras portunidades. Si conoce a un neomontonero armado ilegalmente, denuncielo. Sino, volvemos a lo mismo de siempre: 26.600 atentados terroristas durante la democracia y durante los gobiernos militares que asumieron para combatir al terrorismo. Hoy siguen siendo igual de ilegales y violentos. Mañana podrían caer sus hijos. ------------------------------------------ http://seprin.com/2013/06/18/la-campora-se-infiltra-en-las-fuerzas-armadas/ http://afyappa.blogspot.com.ar/2008/10/reflexiones-castrenses-por-el-lic-pedro.html