AlegnAngelA
Usuario (Argentina)

Con el último texto producido, me quedo la sensación de que los conceptos no terminaban de cerrar. Al volver a leerlo, comprendo que paso por alto (o doy por entendido) algunas definiciones que hacen al resto de mi, si se quiere, discurso. Por ese motivo, esta vez, me detendré en cada una de esas palabras que considero fundamentales mas no sea sino para re definir. Si bien la “Guía de lectura Nº3” no decía explícitamente que redactemos un texto a partir de los interrogantes que nos proponían resolver (tras la lectura de los textos de J. M. Barbero –El largo proceso de enculturación-, y de M. C. Mata – Nociones para pensar la comunicación-); decidí tomar este formato final para ordenar mis ideas. Desde el comienzo de la cursada, y a lo largo de los debates que se han dado en las clases, se puso sobre el tapete la metodología de pensar a la comunicación con una mirada dialéctica. De aquí que, en este momento, la tomo como un proceso relacional entre medios y mediaciones, cultura y política, medios y prácticas sociales, mensajes y discursos sociales, pensar y hacer, sujetos y sentidos,… Esta perspectiva es la que converge en ambos autores, anteriormente nombrados. Y sin quererlo (o más bien, sin poder evitarlo) volvemos a toparnos con “el conocimiento”. Ese mismo que en su momento dijimos que se hacia presente al unirse con la acción, por lo que se extiende la capacidad del hombre de reactuar sobre sus circunstancias. Jesús Martín Barbero nos propone una mirada específica de la comunicación desde el concepto de mediaciones en el terreno de la cultura. Pero nada de esto podría comprenderse si no se tiene en cuenta su propuesta de leer la cultura en clave política y lo político en clave de cultura. Retomando al español, podemos decir que lo que posibilita el paso de la unidad de mercado a la unidad política será la integración de la cultura. Esto se logra superando el obstáculo puesto por las diferencias culturales y la parcelación que ellas representan. Para ello, se da una transformación del saber y los modos populares de su transmisión. En este sentido, existirían -según J. M. Barbero- dos campos donde se hace especialmente claro el sentido que toma el proceso de enculturación: en las rupturas en el sentido del tiempo (el tiempo que antes era valorado por la circulación del dinero y las mercancías, pasa a ser sólo el tiempo de la producción, desligado totalmente de la burguesía, sometiendo el término política a un capitalismo que reduce la vida a la simple producción. De ahí que para no reducir la resistencia a reacción, necesitemos escapar a esa lógica leyendo la cultura en clave política y la política en clave de cultura ) y en las transformaciones del modo del saber (la escuela llenará recipientes vacios y arrancará vicios, se difundirá entre las clases populares la desvalorización y el menosprecio de su cultura). Teniendo en cuenta esto, es imposible no compartir la postura de que “el verdadero alcance y el sentido de los movimientos se hallan (…) en el atropello permanente y flagrante que la economía de mercado realiza sobre (…) la economía moral de la plebe” . De esta manera podemos comprender a los sujetos políticos como producto de conflictos concretos que se libran en el campo de lo económico y en el terreno de lo simbólico y no pensados desde clases sociales como entidades abstractas. A mi parecer, es desde allí que se puede hacer una lectura de la cultura en clave política. La práctica política no puede ser pensada por fuera de los lazos colectivos y de pertenencia que forma la cultura. Lo cultural señala la percepción de dimensiones del conflicto social, la formación de nuevos sujetos y formas nuevas de resistencia a lo hegemónico. Esta resistencia se da en la cultura que algunos vieron (o ven) como “no culta”. Esa que es popular y activa (en memoria, conflictividad y creación) La cultura emerge como una zona de confluencia dialéctica entre disciplinas y medios, por un lado, y mediaciones, por el otro. Así, María Cristina Mata sitúa a la comunicación en el centro de un proceso dialéctico que abarca el pensar y el hacer y, la experiencia de vida y el trabajo específico. Para ella, considerar que la cultura masiva es sinónimo de medios masivos, significa empobrecer la comprensión global de la realidad. La cultura masiva, vista desde este punto, es una construcción de la hegemonía y no de la dominación. La comunicación que esta cultura implica se entiende como "producción de sentido y hecho cultural" en el terreno de lo masivo, entendiendo a "masivo" en un sentido amplio. Parafraseando a N. G. Canclini, la autora nos dice que “para entender la eficacia persuasiva de las acciones hegemónicas, hay que reconocer (…), lo que en ellas existe de servicio hacia las clases populares” . Dadas estas característica, el vínculo tiene menos violencia que en el contrato, pues tanto en la esfera de la emisión como en la de la recepción existe producción de sentido. Lo masivo emerge como el modo predominante del funcionamiento cultural actual. Los medios despliegan su propia estrategia de construcción y conversión en espacios de representación e interacción social. Se da una legitimación de ciertos discursos como parte del conjunto de lo decible, que no obstante incluye lo no dicho. El grupo dominante se impone como una aceptabilidad instituida y confiere a determinados miembros el status de interlocutores válidos. “La constitución de la cultura masiva como espacio de diferenciación presenta (…) la aparición de subculturas generacionales, étnicas o regionales, que permiten la expresión de nuevos conflictos e identidades sociales” . Evidentemente, para ambos, los masivo y lo cultura debe una perspectiva dialéctica en el sentido de procesos que son centros de luchas, tensiones, conflictos y oposiciones, a la par de negociaciones, fusiones e integraciones. FUENTE: http://angelabeatrizjuarez.blogspot.com/2008/09/la-cultura-masiva-de-tensionar-y.html
Es difícil redactar un texto sobre el análisis institucional (o por lo menos, un acercamiento a su principal concepto y renombrados autores que aportaron al mismo), sin caer en el recitado típico de todo comunicador social como es la cita a Louis Althusser o Pichon-Rivière (sobre todo para los argentinos). Dado que el texto que sirvió de puntapié a este escrito es El análisis institucional de René Lourau, vale dar algunos rasgos de lo que era para él la “institución”. Este catedrático francés, quien falleció 11 de enero del 2000 cuando regresaba de una intervención institucional, sostiene que la institución no es algo que pertenece a la superestructura, sino que forma parte de la base social misma. Para él, la institución opera como lugar de un conflicto entre las fuerzas instituyentes y las fuerzas instituidas, en un permanente juego de fuerzas que da cuenta del movimiento institucional en el proceso de institucionalización. Para ejemplificar, contrastar y afirmar su postura, en Capitulo I del El análisis institucional, Lourau enumera a varios pensadores que contribuirán al concepto de “institución”. El aporte de Rousseau Antes de Jean Jacques Rousseau, la Institución era concebida en relación a la referencia divina. Su herencia de pensador radical y revolucionario está probablemente mejor expresada en su más célebre frase, contenida en El contrato social: “El hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado”. Con Rousseau, el Estado no se legitima a partir de lo Divino, sino a partir de la gesta del pueblo, el pueblo es el que modifica lo que existe y crea algo diferente, es el que instituye. Para él, si entre un grupo de hombres no hubiera ningún interés común a todos, que los pueda unir, seria imposible pensar en la sociedad civil y menos en un contrato social fundante de un Estado. La institución proviene de un acto social. El pueblo instituye nuevas formas sociales, protagoniza un acto social que trae como consecuencia a las instituciones Hace referencia al pueblo o el príncipe (ningún espíritu divino, ninguna idea sobrenatural) y ambos son acontecimientos sociales, aunque surja la dificultad de entender quien instituye a quien, o quien es primero y quién segundo. Rousseau basa su explicación en la idea que debe haber un acuerdo o pacto que estabilice las relaciones sociales. Las tesituras de Hegel, Renard y Hauriou El tiempo de la institución en la filosofía tiene su momento decisivo con Hegel, dado que este propone al estado, la familia y la propiedad, (pilares de la modernidad), como la encarnación del desarrollo del espíritu, de la idea. Es La institución como resultado de la evolución del espíritu o de la razón. A su tiempo, Houriou dirá que el matrimonio es una institución social que reposa en una trama subjetiva sobre los sentimientos afectivos del marido y la mujer, de los padres y los hijos. Al concebir a los seres humanos y a las instituciones en su verdadera interdependencia. Hegel rechaza la teoría de la legitimidad fundada en el contrato social, porque el individuo adquiere autonomía sólo cuando se reconoce a sí mismo como ser social, en condición de dependencia mutua, vinculado por una ley moral que lo obliga a reconocer la personalidad de los otros. El estado sería la encarnación del espíritu absoluto, su punto de máximo desarrollo o de máxima reflexividad y esta encarnación social del espíritu absoluto le permite la máxima conciencia de sí. En el Estado Moderno se unen y concilian la voluntad libre (subjetiva) y el fin ultimo de la historia universal configurándolo que Hegel llama “el mundo moral”. Las leyes de la moralidad son lo racional mismo. Este autor -quien fuese testigo de la Revolución Francesa, las guerras de expansión napoleónica y el proyecto imperial francés- considera al libre mercado como institución nuclear de la sociedad civil, y al capitalismo como consecuencia ineludible de la distinción entre sociedad civil y Estado, y necesario instrumento de continuidad social. La burocracia seria la clase social, que no tiene intereses de clases (ni de la clase sustancial ni de la clase industrial) sino que tiene intereses universales. Depende de esta clase el mantenimiento del Estado, en tanto representa al interés universal, destacando que desde su universalidad incluye a lo particular. Para él, la institución es una mediación “inconsciente”. El sujeto no está dado antes de la institución ni a pesar o en contra de ella, sino que se da en tanto es instituido. El vinculo social que liga esos accidentes para constituir una sustancia es la “identificación de las personalidades”, que no es sino el espíritu moral objetivo. Hauriou y George Renard, han realizado estudios especializados tendientes a determinar la naturaleza de la institución de la familia: mientras el primero, recalca el hecho de la idea de que el matrimonio es un "contrato", en oposición al planteamiento del matrimonio como "institución". Después de los estudios de Hauriou -cuyo mas notable continuador es Renard- en torno a la teoría de la institución, resulta ya muy clara la verdadera naturaleza jurídica de la familia. Hauriou llamó la atención sobre el hecho de que ciertas vinculaciones jurídicas no se explican satisfactoriamente por la idea del contrato o de la simple norma objetiva. Son elementos sociales cuya duración no depende de las voluntades individuales de sus integrantes y que la ley misma no puede desconocer; colocadas entre los individuos y es Estado, sirven a intereses de grupos; tienen una vida propia, una organización y una autoridad al servicio de sus fines. Para designarlas se ha elegido la palabra “institución”. Casi un siglo después de que Hegel expusieras sus ideas, Maurice Hauriou vio a las instituciones sociales como productos del poder creativo de la humanidad. Este autor, las divide en dos categorías: Institución personas y la Institución corporativa. Para él, la operación de fundación de dichas instituciones constituye el fundamento de la sociedad y del Estado. De hecho, Hauriou dedicó, la mayor parte de su atención a su primera categoría de institución – personas. De este modo, las instituciones comprenden tres elementos: La idea de la obra o empresa que se realizará de un grupo social; el poder organizado que pone al servicio de esta idea para su realización y; las manifestaciones de comunión que se producen en el seno del grupo social con respecto a la idea y su realización. Teniendo en cuenta esto, se puede llegar a la conclusión de que, para Hauriou las instituciones nacen, viven y mueren jurídicamente pues han nacido gracias a los actos de fundación; tienen una vida que es a la vez objetivo y subjetivo; y mueren jurídica en los actos de disolución o abrogación. Es por eso que afirma Renard que, “el hombre puede pertenecer, y en verdad pertenece, a una cantidad de instituciones independientes unas de otras”. La institución puede ser per percibida al mismo tiempo como totalmente real o totalmente imaginaria. Es simbólica, productora de símbolos sociales. “No hay institución sin instancia instituyente” en tanto que “La institución es algo que se mueve” La fundación “es un parto jurídico”. Fundar “no es lo mismo que obligar” bajo la presión de la ley. La idea de institución se formula en la sociedad con anterioridad al consenso de los órganos de poder. Lo que produce el “acto instituyente” mediante la “fundación” es la fundamentación desde lo jurídico, es una idea de la sociedad surgida en un momento histórico determinado. “Las manifestaciones de comunión” (o consenso) introducen al concepto de institución de Hauriou, la función de la “subjetividad”. “La fundación es una operación subjetiva” –dice él- y agrega es una crisis de comunión de voluntades fundadora, en cuyo transcurso, la “idea” de la obra pasa al estado subjetivo de los adherentes. El acto instituyente es siempre un acto colectivo, y tal realidad demanda tener en consideración la subjetividad y esclarecer la dimensión inconsciente de la institución. Es necesario interrogar la dimensión inconsciente de la institución, a las ideas, las nociones que perviven de modo inconsciente en los sujetos y que influyen en su juicio y en sus actos. Esto es de suma importancia para los Comunicadores que pretendemos hacer intervenciones en instituciones ya que se debería tomar el momento universal desde que se privilegia la racionalidad y el consenso. Se trata de observar en lo singular, el movimiento permanente de entre lo particular y lo universal que dan lugar formas sociales visibles. La capacidad instituyente, no puede ser reducida al estado o a su capa dirigente. La fundación exige el consenso: el acto instituyente es siempre un acto colectivo. Y tal realidad demanda tener en consideración la subjetividad y dilucidar la dimensión inconsciente de la institución. Como sintetiza Lourau, “la institución es represión y consenso indisolublemente ligados”, lo que hace se este en continuo movimiento. FUENTE: http://angelabeatrizjuarez.blogspot.com/2008/09/mnimo-aporte-al-anlisis-institucional.html
Autor: Rafael Britez - Néstor Denza Centro De Participación Popular Enrique Angelelli. Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia de Florencio Varela PRÓLOGO (Fragmento) Treinta años después podemos imaginarnos los patios y las aulas del Colegio Santa Lucía de Florencio Varela con centenares de activos estudiantes de la zona, hijos de obreros y clase media, cuyos deseos paternales eran el progreso de su prole. La feroz dictadura se ensañó con ellos y diez bancos vacíos tuvieron la pretensión del olvido, por el miedo, el desconocimiento o la complicidad. Los autores, con generosidad y deber histórico, desempolvan la historia de diez luchadores a los que silenciaron los genocidas, por su valentía y compromiso, pero que nunca dejaron de estar presentes en el consciente colectivo porque eran visibles, alegres, generosos, compañeros, hijos, alumnos inolvidables. Y ellos no morirán nunca. Se los recordará y honrará por siempre. Treinta años después llegará la justicia y con aportes como los que desgranan las páginas de este libro, sabremos quién fue quién en esta historia. Estoy segura de que no nos han vencido. Gracias por “Los pibes del Santa”. Estela B. de Carlotto Presidenta Abuelas de Plaza de Mayo Buenos Aires, 15 de febrero de 2007 INTRODUCCIÓN (FRAGMENTO) Teodocio Acuña, Daniel Demaestri, Horacio Gushiken, Julio Gushiken, Ángel Iula, José Lépore, Silvia Schand, Alejo Zurita, Claudio Zurita y Sergio Zurita estudiaron en el Instituto Santa Lucía de Florencio Varela. Todos ellos fueron secuestrados y desaparecidos en los años de la dictadura militar. Son diez nombres, son diez historias entrelazadas por una época y un lugar que los tuvo como ejemplo de lo que fue gran parte de la juventud argentina, protagonistas del sueño colectivo de una sociedad justa e igualitaria, cercenado brutalmente por el plan de exterminio llevado adelante por la dictadura. (…) En Florencio Varela se dieron ciertas condiciones para la aplicación del terrorismo de Estado. Este trabajo pone el foco en la historia de los pibes del Santa, como se los menciona desde el momento de su secuestro y desaparición. El caso de los ex alumnos del Instituto Santa Lucía como eje de investigación se impuso por su propio peso al planificar la reconstrucción y el análisis de la represión ejercida sobre la juventud en Florencio Varela. Este procedimiento permite mostrar el entramado social sobre el que se desenvolvieron los acontecimientos, sus causas y consecuencias; al mismo tiempo que se rescata la realidad cotidiana de los protagonistas, se cuenta la militancia, los sueños y esperanzas de las víctimas. También se traza un perfil de las responsabilidades locales en las desapariciones, y se analiza el modo —muchas veces sesgado e indirecto, pero estratégico— en que se colaboró desde el ámbito educativo con la dictadura. Finalmente, se plantean algunas conclusiones que emergen de los testimonios y de los documentos consultados. (…) Aquí están los testimonios, los recuerdos, los documentos, los análisis y las valoraciones que se proyectan más allá de los años de la dictadura y que dejaron un saldo trágico en la población. Entendemos que sólo poniéndoles nombre a los protagonistas, y precisiones a las circunstancias y su contexto, se contribuirá a la verdad, a la búsqueda de justicia, y se aportará desde el valor educativo y ético que conlleva la defensa de la vida, de la dignidad humana y el ejercicio de la memoria. Los autores Esta investigación contó con el aval de las siguientes instituciones y organizaciones: Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) Asamblea Permanente por los Derechos Humanos - La Plata (APDH-LP) Asociación Japonesa de Florencio Varela Iglesia Evangélica del Río de La Plata (IERP) Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA) FUENTE: http://angelabeatrizjuarez.blogspot.com/2008/09/ms-que-recomendable-los-pibes-del-santa.html