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Ale_Mx20

Usuario (Argentina)

Primer post: 29 mar 2013Último post: 30 oct 2013
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El Hombre Mediocre.
El Hombre Mediocre.
InfoporAnónimo4/9/2013

Hoy nos toca hablar sobre la mediocridad. La mediocridad es uno de los problemas humanos que carcome cada día a nuestra sociedad. Esta es parte de nuestra vida diaria y tal parece que nos hemos acostumbrado tanto a ella, que la vemos como parte esencial de nuestras acciones diarias. Cuando hablamos de “mediocridad”, tal como lo entendemos en nuestro lenguaje común, se trata de un juicio peyorativo hacia una posición o situación que no ha llegado a la altura que debería haber alcanzado, dados los recursos y circunstancias. Es todo aquello que responde a un esfuerzo menor del que la persona está capacitada para ejercer. “Ser lo menos bueno, pudiendo ser mejor”, resultado frecuente de la indiferencia, la pereza, voluntad débil, ausencia de una sana ambición de crecimiento, objetivos y metas limitadas, cuando habría potencial para las más altas; es cumplir con lo escuetamente obligatorio, olvidando dar un paso más allá; es la rutinaria satisfacción con lo limitado, el desánimo en el camino de la excelencia, la pobreza y la cortedad de miras. Mediocre, es quien pudo ir más lejos pero, se contentó con permanecer en el límite fácil de lo obligatorio. No es el fracaso total, pero es en cierto modo peor que éste, porque mantiene al ser humano en la cuerda floja, presa fácil de todas las debilidades. Con cuánta razón y autoridad nos decía el gran pensador Colombiano Estanislao Zuleta en su ensayo “Elogio de la dificultad”: “Hay que poner un gran signo de interrogación sobre el valor de lo fácil; no solamente sobre sus consecuencias, sino sobre la cosa misma, sobre la predilección por todo aquello que no exige de nosotros ninguna superación, ni nos pone en cuestión, ni nos obliga a desplegar posibilidades”. Hoy más que nunca debemos estar convencidos que los males que aquejan la humanidad son en gran parte producto de la mediocridad. Vivimos en una sociedad en crisis de valores, donde el dinero fácil ha reemplazado la idea del trabajo creador, la prebenda personal a las capacidades. Con cuanta desgraciada frecuencia sustituimos la exigencia por la excusa, la esencia por la circunstancia, los resultados por la charlatanería y la verdad por el engaño y la mentira. Los Hombres Sin Personalidad. Individualmente considerada, la mediocridad podrá definirse como una ausencia de características personales que permitan distinguir al individuo en su sociedad. Ésta ofrece a todos un mismo fardo de rutinas, prejuicios y domesticidades; basta reunir cien hombres para que ellos coincidan en lo impersonal: "Juntad mil genios en un Concilio y tendréis el alma de un mediocre". Esas palabras denuncian lo que en cada hombre no pertenece a él mismo y que, al sumarse muchos, se revela por el bajo nivel de las opiniones colectivas. La personalidad individual comienza en el punto preciso donde cada uno se diferencia de los demás; en muchos hombres ese punto es simplemente imaginario. Por ese motivo, al clasificar los caracteres humanos, se ha comprendido la necesidad de separar a los que carecen de rasgos característicos: productos adventicios del medio, de las circunstancias, de la educación que se les suministra, de las personas que los tutelan, de las cosas que los rodean. "Indiferentes" ha llamado Ribot a los que viven sin que se advierta su existencia. La sociedad piensa y quiere por ellos. No tienen voz, sino eco. No hay líneas definidas ni en su propia sombra, que es, apenas, una penumbra. Cruzan el mundo a hurtadillas, temerosos de que alguien pueda reprocharles esa osadía de existir en vano, como contrabandistas de la vida. Y lo son. Aunque los hombres carecemos de misión trascendental sobre la tierra, en cuya superficie vivimos tan naturalmente como la rosa y el gusano, nuestra vida no es digna de ser vivida sino cuando la ennoblece algún ideal: los más altos placeres son inherentes a proponerse una perfección y perseguirla. Las existencias vegetativas no tienen biografía: en la historia de su sociedad sólo vive el que deja rastros en las cosas o en los espíritus. La vida vale por el uso que de ella hacemos, por las obras que realizamos. No ha vivido más el que cuenta más años, sino el que ha sentido mejor un ideal; las canas denuncian la vejez, pero no dicen cuánta juventud la precedió. La medida social del hombre está en la duración de sus obras: la inmortalidad es el privilegio de quienes las hacen sobrevivientes a los siglos, y por ellas se mide. El poder que se maneja, los favores que se mendigan, el dinero que se amasa, las dignidades que se consiguen, tienen cierto valor efímero que puede satisfacer los apetitos del que no lleva en sí mismo, en sus virtudes intrínsecas, las fuerzas morales que embellecen y califican la vida; la afirmación de la propia personalidad y la cantidad de hombría puesta en la dignificación de nuestro yo. Vivir es aprender, para ignorar menos; es amar, para vincularnos a una parte mayor de humanidad; es admirar, para compartir las excelencias de la naturaleza y de los hombres; es un esfuerzo por mejorarse, un incesante afán de elevación hacia ideales definidos. Muchos nacen; pocos viven. Los hombres sin personalidad son innumerables y vegetan moldeados por el medio, como cera fundida en el cuño social. Su moralidad de catecismo y su inteligencia cuadriculada los constriñen a una perpetua disciplina del pensar y de la conducta; su existencia es negativa como unidades sociales. El hombre de fino carácter es capaz de mostrar encrespamientos sublimes, como el océano; en los temperamentos domesticados todo parece quieta superficie, como en las ciénagas. La falta de personalidad hace, a éstos, incapaces de iniciativa y de resistencia. Desfilan inadvertidos, sin aprender ni enseñar, diluyendo en tedio su insipidez, vegetando en la sociedad que ignora su existencia: ceros a la izquierda que nada califican y para nada cuentan. Su falta de robustez moral háceles ceder a la más leve presión, sufrir todas las influencias, altas y bajas, grandes y pequeñas, transitoriamente arrastrados a la altura por el más leve céfiro o revolcados por la ola menuda de un arroyuelo. Barcos de amplio velamen, pero sin timón, no saben adivinar su propia ruta: ignoran si irán a varar en una playa arenosa o a quedarse estrellados contra un escollo. Están en todas partes, aunque en vano buscaríamos uno solo que se reconociera; si lo halláramos sería un original, por el simple hecho de enrolarse en la mediocridad. ¿Quién no se atribuye alguna virtud, cierto talento o un firme carácter? Muchos cerebros torpes se envanecen de su testarudez. Confundiendo la parálisis con la firmeza, que es don de pocos elegidos; los bribones se jactan de su bigardía y desvergüenza, equivocándolas con el ingenio; los serviles y los parapoco pavonéanse de honestas, como si la incapacidad del mal pudiera en caso alguno confundirse con la virtud. Si hubiera de tenerse en cuenta la buena opinión que todos los hombres tienen de sí mismos, sería imposible discurrir de los que se caracterizan por la ausencia de personalidad. Todos creen tener una; y muy suya. Ninguno advierte que la sociedad le ha sometido a esa operación aritmética que consiste en reducir muchas cantidades a un denominador común: la mediocridad. Estudiemos, pues, a los enemigos de toda perfección, ciegos a los astros. Existe una vastísima bibliografía acerca de los inferiores e insuficientes desde el criminal y el delirante hasta el retardado y el idiota; hay también una rica literatura consagrada a estudiar el genio y el talento, amén de que la historia y el arte convergen a mantener su culto. Unos y otros son, empero, excepciones. Lo habitual no es el genio ni el idiota, no es el talento ni el imbécil. El hombre que nos rodea a millares, el que prospera y se reproduce en el silencio y en la tiniebla, es el mediocre. Toca al psicólogo disecar su mente con firme escalpelo, como a los cadáveres el profesor eternizado por Rembrandt en la Lección de anatomía: sus ojos parecen iluminarse al contemplar las entrañas mismas de la naturaleza humana y sus labios palpitan de elocuencia serena al decir su verdad a cuantos le rodean. ¿Por qué no tendemos al hombre sin ideales sobre nuestra mesa de autopsias, hasta saber qué es, cómo es, qué hace, qué piensa, para qué sirve? Su etopeya constituirá un capítulo básico de la psicología y de la moral. En Torno Del Hombre Mediocre. Con diversas denominaciones, y desde puntos de vista heterogéneos, se ha intentado algunas veces definir al hombre sin personalidad. La filosofía, la estadística, la antropología, la psicología. la estética y la moral han contribuido a la determinación de tipos más o menos exactos; no se ha advertido, sin embargo, el valor esencialmente social de la mediocridad. El hombre mediocre -como, en general, la personalidad humana- sólo puede definirse en relación a la sociedad en que vive, y por su función social. Si pudiéramos medir los valores individuales, graduarían-, se ellos en escala continua, de lo bajo a lo alto. Entre los tipos extremos y escasos, observaríamos una masa abundante de sujetos, más o menos equivalentes, acumulados en los grados centrales de la serie. Vana ilusión sería la de quien pretendiera buscar allí el hipotético arquetipo de la humanidad, el Hombre normal que buscara ya Aristóteles; siglos más tarde la peregrina ocurrencia reapareció en el torbellinesco espíritu de Pascal. Medianía, en efecto, no es sinónimo de normalidad. El hombre normal no existe; no puede existir. La humanidad, como todas las especies vivientes, evoluciona sin cesar; sus cambios opéranse desigualmente en numerosos agregados sociales, distintos entre sí. El hombre normal en una sociedad no lo es en otra; el de ha mil años no lo sería hoy, ni en el porvenir. Morel se equivocaba, por olvidar eso, al concebirlo como un ejemplar de la "edición princeps" de la Humanidad, lanzada a la circulación por el Supremo Hacedor. Partiendo de esa premisa definía la degeneración, en todas sus formas, como una divergencia patológica del perfecto ejemplar originario. De eso al culto por el hombre primitivo había un paso; alejáronse, felizmente, de tal prejuicio los antropólogos contemporáneos. El hombre -decimos ahora- es un animal que evoluciona en las más recientes edades geológicas del planeta; no fue perfecto en su origen, ni consiste su perfección en volver a las formas ancestrales, surgidas de la animalidad simiesca. De no creerlo así, renovaríamos las divertidísimas leyendas del ángel caído, del árbol del bien y del mal, de la tentadora serpiente, de la manzana aceptada por Adán y del paraíso perdido. Quételet pretendió formular una doctrina antropológica o social acerca del Hombre medio: su ensayo es una inquisición estadística complicada por inocentes aplicaciones del abusado in medio stat virtus. No incurriremos en el yerro de admitir que los hombres mediocres pueden reconocerse por atributos físicos o morales que representen un término medio de los observados en la especie humana. En ese sentido sería un producto abstracto, sin corresponder a ningún individuo de existencia real. El concepto de la normalidad humana sólo podría ser relativo a determinado ambiente social; ¿serían normales los que mejor "marcan el paso", los que se alinean con más exactitud en las filas de un convencionalismo social? En este sentido, hombre normal no sería sinónimo de hombre equilibrado, sino de Hombre domesticado; la pasividad no es un equilibrio, no es complicada resultante de energías, sino su ausencia. ¿Cómo confundir a los grandes equilibrados, a Leonardo y a Goethe, con los amorfos? El equilibrio entre dos platillos cargados no puede compararse con la quietud de una balanza vacía. El hombre sin personalidad no es un modelo, sino una sombra; si hay peligros en la idolatría de los héroes y los hombres representativos, a la manera de Carlyle o Émerson, más los hay en repetir esas fábulas que permitirían mirar como una aberración toda excelencia del carácter, de la virtud y del intelecto. Bovio ha señalado este grave yerro, pintando al hombre medio con rasgos psicológicos precisos: "Es dócil, acomodaticio a todas las pequeñas oportunidades, adaptabilísimo a todas las temperaturas de un día variable, avisado para los negocios, resistente a las combinaciones de los astutos; pero dislocado de su mediocre esfera y ungido por una feliz combinación de intrigas, él se derrumba siempre, en seguida, precisamente porque es un equilibrista y no lleva en sí las fuerzas del equilibrio. Equilibrista no significa equilibrado. Ése es el prejuicio más grave, del hombre mediocre equilibrado y del genio desequilibrado". En sus más indulgentes comentaristas, ese pretendido equilibrio se establece entre cualidades poco dignas de admiración, cuya resultante provoca más lástima que envidia. Alguna vez recibió Lombroso un telegrama decididamente norteamericano. Era, en efecto, de un gran diario, y solicitaba una extensa respuesta telegráfica a la pregunta presentada con la sugerente recomendación de un cheque: "¿Cuál es el hombre normal?" La respuesta desconcertó, sin duda, a los lectores. Lejos de alabar sus virtudes, trazaba un cuadro de caracteres negativos y estériles: "Buen apetito, trabajador, ordenado, egoísta, aferrado a sus costumbres, misoneísta, paciente, respetuoso de toda autoridad, animal doméstico". O, en más breves palabras, (ruges consumere natus, que dijo el poeta latino). Con ligeras variantes, esa definición evoca la del Filisteo: "Producto de la costumbre, desprovisto de fantasía, ornado por todas las virtudes de la mediocridad, llevando una vida honesta gracias a la moderación de sus exigencias, perezoso en sus concepciones intelectuales, sobrellevando con paciencia conmovedora todo el fardo de prejuicios que heredó de sus antepasados". En estas líneas refléjanse las invectivas, ya clásicas, de Heine contra la mentalidad que él creía corriente entre sus compatriotas. Por su parte, Schopenhauer, en sus Aforismos, definió el perfecto filisteo como un ser que se deja engañar por las apariencias y toma en serio todos los dogmatismos sociales: constantemente ocupado de someterse a las farsas mundanas. A esas definiciones del hombre medio pueden aproximarse otras de carácter intelectual o estético, no exentas de interés, aunque unilaterales. Para algunos, la mediocridad consistiría en la ineptitud para ejercitar las más altas cualidades del ingenio; para otros, sería la inclinación a pensar a ras de tierra. Mediocre correspondería a Burgués, por contraposición a Artista. Flaubert lo definió como "un hombre que piensa bajamente". Juzgado con ese criterio, le parece detestable. Tal resulta en la magnífica silueta de Hello, traspapelado prosista católico que nos enseñó a admirar Rubén Darío. Distingue al mediocre del imbécil; éste ocupa un extremo del mundo y el genio ocupa el otro; el mediocre está en el centro. ¿Será, entonces, lo que en filosofía, en política o en literatura, se llama un ecléctico, un justo medio? De ninguna manera, contesta. El que es justo-medio lo sabe, tiene la intención de serlo; el hombre mediocre es justo-medio sin sospecharlo. Lo es por naturaleza, no por opinión; por carácter, no por accidente. En todo minuto de su vida, y en cualquier estado de ánimo, será siempre mediocre. Su rasgo característico, absolutamente inequívoco, es su deferencia por la opinión de los demás. No habla nunca; repite siempre. Juzga a los hombres como los oye juzgar. Reverenciará a su más cruel adversario, si éste se encumbra; desdeñará a su mejor amigo si nadie lo elogia. Su criterio carece de iniciativas. Sus admiraciones son prudentes. Sus entusiasmos son oficiales. Esa definición descriptiva –análoga a las que repitiera Barbey D'Aurevilly-, posee muy sugestiva elocuencia, aunque parte de premisas estéticas para llegar a conclusiones morales. El "hombre normal" de Bovio y Lombroso, corresponde al "filisteo" de Heine y de Schopenhauer, aproximándose ambos al "burgués" antiartístico de Flaubert y Barbey D'Aurevilly. Pero, fuerza es reconocerlo, tales definiciones son inseguras desde el punto de vista de la psicología social; conviene buscar una más exacta e inequívoca, abordando el problema por otros caminos. Concepto Social De La Mediocridad. Ningún hombre es excepcional en todas sus aptitudes; pero no podría afirmarse que son mediocres, a carta cabal, los que no descuellan en ninguna. Desfilan ante nosotros como simples ejemplares de historia natural, con tanto derecho como los genios y los imbéciles. Existen: hay que estudiarlos. El moralista dirá, después, si la mediocridad es buena o mala; al psicólogo, por ahora, le es indiferente; observa los caracteres en el medio social en que viven, los describe, los compara y los clasifica de igual manera que otras naturalistas observan fósiles en un lecho de río o mariposas en la corola de una flor. No obstante las infinitas diferencias individuales, existen grupos de hombres que pueden englobarse dentro de tipos comunes; tales clasificaciones, simplemente aproximativas, constituyen la ciencia de los caracteres humanos, la Etología, que reconoce en Teofrasto su legítimo progenitor. Los antiguos fundábanla sobre los temperamentos; los modernos buscan sus bases en la preponderancia de ciertas funciones psicológicas. Esas clasificaciones, admisibles desde algún punto de vista especial, son insuficientes para el nuestro. Si observamos cualquier sociedad humana, el valor de sus componentes resulta siempre relativo al conjunto: el hombre es un valor social. Cada individuo es el producto de dos factores: la herencia y la educación. La primera tiende a proveerle de los órganos y las funciones mentales que le transmiten las generaciones precedentes; la segunda es el resultado de las múltiples influencias del medio social en que el individuo está obligado a vivir. Esta acción educativa es, por consiguiente, una adaptación de las tendencias hereditarias a la mentalidad colectiva: una continua aclimatación del individuo en la sociedad. El niño desarróllase como un animal de la especie humana, hasta que empieza a distinguir las cosas inertes de los seres vivos y a reconocer entre éstos a sus semejantes. Los comienzos de su educación son, entonces, dirigidos por las personas que le rodean, tornándose cada vez más decisiva la influencia del medio; desde que ésta predomina, evoluciona como un miembro de su sociedad y sus hábitos se organizan mediante la imitación. Más tarde, las variaciones adquiridas en el curso de su experiencia individual pueden hacer que el hombre se caracterice como una persona diferenciada dentro de la sociedad en que vive. La imitación desempeña un papel amplísimo, casi exclusivo, en la formación de la personalidad social; la invención produce, en cambio, las variaciones individuales. Aquélla es conservadora y actúa creando hábitos; ésta es evolutiva y se desarrolla mediante la imaginación. La diversa adaptación de cada individuo a su medio depende del equilibrio entre lo que imita y lo que inventa. Todos no pueden inventar o imitar de la misma manera, pues esas aptitudes se ejercitan sobre la base de cierta capacidad congénita, inicialmente desigual, recibida mediante la herencia psicológica. El predominio de la variación determina la originalidad. Variar es ser alguien, diferenciarse es tener un carácter propio, un penacho, grande o pequeño: emblema, al fin, de que no se vive como simple reflejo de los demás. La función capital del hombre mediocre es la paciencia imitativa; la del hombre superior es la imaginación creadora. El mediocre aspira a confundirse en los que le rodean; el original tiende a diferenciarse de ellos. Mientras el uno se concreta a pensar con la cabeza de la sociedad, el otro aspira a pensar con la propia. En ello estriba la desconfianza que suele rodear a los caracteres originales: nada parece tan peligroso como un hombre que aspira a pensar con su cabeza. Podemos recapitular. Considerando a cada individuo con relación a su medio, tres elementos concurren a formar su personalidad: la herencia biológica, la imitación social y la variación individual. Todos, al nacer, reciben como herencia de la especie los elementos para adquirir una personalidad específica. El hombre inferior es un animal humano; en su mentalidad enseñoréanse las tendencias instintivas condensadas por la herencia y que constituyen el "alma de la especie". Su ineptitud para la imitación le impide adaptarse al medio social en que vive; su personalidad no se desarrolla hasta el nivel corriente, viviendo por debajo de la moral o de la cultura dominante, y en muchos casos fuera de la legalidad. Esa insuficiente adaptación determina su incapacidad para pensar como los demás y compartir las rutinas comunes. Los más, mediante la educación imitativa, copian de las personas que los rodean una personalidad social perfectamente adaptada. El hombre mediocre es una sombra proyectada por la sociedad; es por esencia imitativo y está perfectamente adaptado para vivir en rebaño, reflejando las rutinas, prejuicios y dogmatismos reconocidamente útiles para la domesticidad. Así como el inferior hereda el "alma de la especie", el mediocre adquiere el "alma de la sociedad". Su característica es imitar a cuantos le rodean: pensar con cabeza ajena y ser incapaz de formarse ideales propios. Una minoría, además de imitar la mentalidad social, adquiere variaciones propias, una personalidad individual, netamente diferenciada. El hombre superior es un accidente provechoso para la evolución humana. Es original e imaginativo, desadaptándose del medio social en la medida de su propia variación. Ésta se sobrepone a atributos hereditarios del "alma de la especie" y a las adquisiciones imitativas del "alma de la sociedad", constituyendo las aristas singulares del "alma individual", que le distinguen dentro de la sociedad. Es precursor de nuevas formas de perfección, piensa mejor que el medio en que vive y puede sobreponer ideales suyos a las rutinas de los demás. El Espíritu Conservador. Todo lo que existe es necesario. Cada hombre posee un valor de contraste, si no lo tiene de afirmación; es un detalle necesario en la infinita evolución del proto-hombre al super-hombre. Sin la sombra ignoraríamos el valor de la luz. La infamia nos induce a respetar la virtud; la miel no sería dulce si el acíbar no enseñara a paladear la amargura; admiramos el vuelo del águila porque conocemos el arrastramiento de la oruga; encanta más el gorjeo del ruiseñor cuando se ha escuchado el silbido de la serpiente. El mediocre representa un progreso, comparado con el imbécil, aunque ocupa su rango si lo comparamos con el genio: sus idiosincrasias sociales son relativas al medio y al momento en que actúa. De otra manera, si fuera intrínsecamente inútil, no existiría: la selección natural habríale exterminado. Es necesario para la sociedad, como las palabras lo son para el estilo. Pero no bastaría, para crearlo, alinear todos los vocablos que yacen en el diccionario; el estilo comienza donde aparece la originalidad individual. Todos los hombres de personalidad firme y de mente creadora, sea cual fuere su escuela filosófica o su credo literario, son hostiles a la mediocridad. Toda creación es un esfuerzo original; la historia conserva el nombre de pocos iniciadores y olvida a innúmeros secuaces que los imitan. Los visionarios de verdades nuevas, los apóstoles de moral, los innovadores de belleza -desde Renán y Hugo hasta Guyau y Flaubert-, la miran como un obstáculo con que el pasado obstruye el advenimiento de su labor renovadora. Ante la moral social, sin embargo, los mediocres encuentran una justificación, como todo lo que existe por necesidad. El eterno contraste de las fuerzas que pujan en las sociedades humanas, se traduce por la lucha entre dos grandes actitudes, que agitan la mentalidad colectiva: el espíritu conservador o rutinario y el espíritu original o de rebeldía. Bellas páginas le consagró Dorado. Cree imposible dividir la humanidad en dos categorías de hombres, los unos rebeldes en todo y los otros en todo rutinarios; si así fuera, no sabría decirse cuáles interpretan mejor la vida. No es factible un vivir inmóvil de gentes todas conservadoras, ni lo es un inestable ajetreo de rebeldes e insumisos, para quienes nada existente sea bueno y ningún sendero digno de seguirse. Es verosímil que ambas fuerzas sean igualmente imprescindibles. Obligados a elegir, ¿daríamos preferencia a una actitud conservadora? La originalidad necesita un contrapeso robusto que prevenga sus excesos; habría ligereza en fustigar a los hombres metódicos y de paso tardío, si ellos constituyeran los tejidos sociales más resistentes, soporte de los otros. Lo mismo que en los organismos, los distintos elementos sociales se sirven mutuamente de sostén; en vez de mirarse como enemigos debieran considerarse cooperadores de una, obra única, pero complicada. Si en el mundo no hubiera más que rebeldes, no podría marchar; tornárase imposible la rebeldía si faltara contra quien rebelarse. Y, sin los innovadores, ¿quién empujaría el carro de la vida sobre el que van aquéllos tan satisfechos? En vez de combatirse, ambas partes debieran entender que ninguna tendría motivo de existir como la otra no existiese. El conservador sagaz puede bendecir al revolucionario, tanto como éste a él. He aquí una nueva base para la tolerancia: cada hombre necesita de su enemigo. Si tuvieran igual razón de ser los imitadores y los originales, como arguye el pensador español, su justificación estaría hecha. Ser mediocre no es una culpa; siéndolo, su conducta es legítima. ¿Aciertan los que sacan a su vida el mayor jugo y procuran pasar lo mejor posible sus cortos días sobre la tierra, sin consagrar una hora a su propio perfeccionamiento moral, sin preocuparse de sus prójimos ni de las generaciones posteriores? ¿Es pecado obrar de ese modo? ¿Pecan, tal vez, los que piensan en sí y viven para los demás: los abnegados y los altruistas, los que sacrifican sus goces y fuerzas en beneficio ajeno, renunciando a sus comodidades y aun a su vida, como suele ocurrir? Por indefectible que sea pensar en el mañana y dedicarle cierta parte de nuestros esfuerzos, es imposible dejar de vivir en el presente, pensando en él, siquiera en parte. Antes que las generaciones venideras están las actuales; otrora fueron futuras y para ellas trabajaron las pasadas. Este razonamiento, aunque un tanto sanchesco, sería respetable, si colocáramos el problema en el terreno abstracto del hombre extrasocial, es decir, fuera de toda sanción presente y futura. Evidentemente, cada hombre es como es y no podría ser de otra manera; haciendo abstracción de toda moralidad, tendría tan poca culpa de su delito el asesino como de su creación el genio. El original y el rutinario, el holgazán y el laborioso, el malo y el bueno, el generoso y el avaro, todos lo son a pesar suyo; no lo serían si el equilibrio entre su temperamento y la sociedad lo impidiesen. ¿Por qué, entonces, la humanidad admira a los santos, a los genios y a los héroes, a todos los que inventan, enseñan o plasman, a los que piensan en el porvenir, lo encarnan en un ideal o forjan un imperio, a Sócrates y a Crislo, a Aristóteles y a Bacon, a César y a Washington? Los aplaude, porque toda la sociedad tiene, implícita, una moral, una tabla propia de valores que aplica para juzgar a cada uno de sus componentes, no ya según las conveniencias individuales, sino según su utilidad social. En cada pueblo y en cada época la medida de lo excelso está en los ideales de perfección que se denominan genio, heroísmo y santidad. La imitación conservadora debe, pues, ser juzgada por su función de resistencia, destinada a contener el impulso creador de los hombres superiores y las tendencias destructivas de los sujetos antisociales. En el prolegómeno de su ensayo sobre el genio y el talento, Nordau hace su elogio irónico; para toda mente elevada el filisteo es la bestia negra y en esa hostilidad ve una evidente ingratitud. Le parece útil; con un poco de benevolencia llegaría a concederle esa relativa belleza de las cosas perfectamente adaptadas a su objeto. Es el fondo de perspectiva en el paisaje social. De su exigüidad estética depende todo el relieve adquirido por las figuras que ocupan el primer plano. Los ideales de los hombres superiores permanecerían en estado de quimeras si no fueren recogidos y realizados por filisteos, desprovistos de iniciativas personales, que viven esperando -con encantadora ausencia de ideas propias -los impulsos y las sugestiones de los cerebros luminosos. Es verdad que el rutinario no cede fácilmente a las instigaciones de los originales; pero, su misma inercia es garantía de que sólo recoge las ideas de probada conveniencia para el bienestar social. Su gran culpa consiste en que se le encuentra sin necesidad de buscarlo; su número es inmenso. A pesar de todo, es necesario; constituye el público de esta comedia humana en que los hombres superiores avanzan hasta las candilejas, buscando su aplauso y su sanción. Nordau llega hasta decir con fina ironía: "Cada vez que algunos hombres de genio se encuentren reunidos en torno de una mesa de cervecería, su primer brindis, en virtud del derecho y de la moral, debiera ser para el filisteo". Es tan exagerado ese criterio irónico que proclama su conspicuidad, como el criterio estético que lo relega a la más baja esfera mental, confundiéndolo con el hombre inferior. Individualmente considerado a través del lente moral estético, es una entidad negativa; pero tomados los mediocres en su conjunto, puede reconocérseles funciones de lastre, indispensables para el equilibrio de la sociedad. Merecen esa justicia. ¿La continuidad de la vida social sería posible sin esa compacta masa de hombres puramente imitativos, capaces de conservar los hábitos rutinarios que la sociedad les transfunde mediante la educación? El mediocre no inventa nada, no crea, no empuja, no rompe, no engendra; pero, en cambio, custodia celosamente la armazón de automatismos, prejuicios y dogmas acumulados durante siglos, defendiendo ese capital común contra la asechanza de los inadaptables. Su rencor a los creadores compénsase por su resistencia a los destructores. Los hombres sin ideales desempeñan en la historia humana el mismo papel que la herencia en la evolución biológica: conservan y transmiten las variaciones útiles para la continuidad del grupo social. Constituyen una fuerza destinada a contrastar el poder disolvente de los inferiores y a contener las anticipaciones atrevidas de los visionarios. La cohesión del conjunto los necesita, como un mosaico bizantino al cemento que lo sostiene. Pero -hay que decirlo- el cemento no es el mosaico. Su acción sería nula sin el esfuerzo fecundo de los originales, que inventan lo imitado después por ellos. Sin los mediocres no habría estabilidad en las sociedades; pero sin los superiores no puede concebirse el progreso, pues la civilización sería inexplicable en una raza constituida por hombres sin iniciativa. Evolucionar es variar; solamente se varía mediante la invención. Los hombres imitativos limítanse a atesorar las conquistas de los originales; la utilidad del rutinario está subordinada a la existencia del idealista, como la fortuna de los libreros estriba en el ingenio de los escritores. El "alma social" es una empresa anónima que explota las creaciones de las mejores "almas individuales", resumiendo las experiencias adquiridas y enseñadas por los innovadores. Son la minoría, éstos; pero son levaduras de mayorías venideras. Las rutinas defendidas hoy por los mediocres son simples glosas colectivas de ideales, concebidos ayer por hombres originales. El grueso del rebaño social va ocupando, a paso de tortuga, las posiciones atrevidamente conquistadas mucho antes por sus centinelas perdidos en la distancia; y éstos ya están muy lejos cuando la masa cree asentar el paso a su retaguardia. Lo que ayer fue ideal contra una rutina, será mañana rutina, a su vez, contra otro ideal. Indefinidamente, porque la perfectibilidad es indefinida. Si los hábitos resumen la experiencia pasada de pueblos y de hombres, dándoles unidad, los ideales orientan su experiencia venidera y marcan su probable destino. Los idealistas y los rutinarios son factores igualmente indispensables, aunque los unos recelen de los otros. Se complementan en la evolución social, magüer se miren con oblicuidad. Si los primeros hacen más para el porvenir, los segundos interpretan mejor el pasado. La evolución de una sociedad, espoleada por el afán de perfección y contenida por tradiciones difícilmente removibles, detendríase para siempre sin el uno y sufriría sobresaltos bruscos sin las otras. Peligros Sociales De La Mediocridad. La psicología de los hombres mediocres caracterizase por un riesgo común: la incapacidad de concebir una perfección, de formarse un ideal. Son rutinarios, honestos y mansos; piensan con la cabeza de los demás, comparten la ajena hipocresía moral y ajustan su carácter a las domesticidades convencionales. Están fuera de su órbita el ingenio, la virtud y la dignidad, privilegios de los caracteres excelentes; sufren de ellos y los desdeñan. Son ciegos para las auroras; ignoran la quimera del artista, el ensueño del sabio y la pasión del apóstol. Condenados a vegetar, no sospechan que existe el infinito más allá de sus horizontes. El horror de lo desconocido los ata a mil prejuicios, tornándolos timoratos e indecisos: nada aguijonea su curiosidad; carecen de iniciativa y miran siempre al pasado, como si tuvieran los ojos en la nuca. Son incapaces de virtud; no la conciben o les exige demasiado esfuerzo. Ningún afán de santidad alborota la sangre en su corazón; a veces no delinquen por cobardía ante el remordimiento. No vibran a las tensiones más altas de la energía; son fríos, aunque ignoren la serenidad; apáticos sin ser previsores; acomodaticios siempre, nunca equilibrados. No saben estremecerse de escalofrío bajo una tierna caricia, ni abalanzarse de indignación ante una ofensa. No viven su vida para sí mismos, sino para el fantasma que proyectan en la opinión de sus similares. Carecen de línea; su personalidad se borra como un trazo de carbón bajo el esfumino, hasta desaparecer. Trocan su honor por una prebenda y echan llave a su dignidad por evitarse un peligro; renunciarían a vivir antes que gritar la verdad frente al error de muchos. Su cerebro y su corazón están entorpecidos por igual, como los polos de un imán gastado. Cuando se arrebañan son peligrosos. La fuerza del número suple a la febledad individual: acomúnanse por millares para oprimir a cuantos desdeñan encadenar su mente con los eslabones de la rutina. Substraídos a la curiosidad del sabio por la coraza de su insignificancia, fortifícanse en la cohesión del total; por eso la mediocridad es moralmente peligrosa y su conjunto es nocivo en ciertos momentos de la historia: cuando reina el clima de la mediocridad. Épocas hay en que el equilibrio social se rompe en su favor. El ambiente tórnase refractario a todo afán de perfección; los ideales se agostan y la dignidad se ausenta; los hombres acomodaticios tienen su primavera florida. Los estados conviértense en mediocracias; la falta de aspiraciones que mantengan alto el nivel de moral y de cultura, ahonda la ciénaga constantemente. Aunque aislados no merezcan atención, en conjunto constituyen un régimen, representan un sistema especial de intereses inconmovibles. Subvierten la tabla de los valores morales, falseando nombres, desvirtuando conceptos: pensar es un desvarío, la dignidad es irreverencia, es lirismo la justicia, la sinceridad es tontera, la admiración una imprudencia, la pasión ingenuidad, la virtud una estupidez. En la lucha de las conveniencias presentes contra los ideales futuros, de lo vulgar contra lo excelente, suele verse mezclado el elogio de lo subalterno con la difamación de lo conspicuo, sabiendo que el uno y la otra conmueven por igual a los espíritus arrocinados. Los dogmatistas y los serviles aguzan sus silogismos para falsear los valores en la conciencia social; viven en la mentira, comen de ella, la siembran, la riegan, la podan, la cosechan. Así crean un mundo de valores ficticios que favorece la culminación de los obtusos; así tejen su sorda telaraña en torno de los genios, los santos y los héroes, obstruyendo en los pueblos la admiración de la gloria. Cierran el corral cada vez que cimbra en las cercanías el aletazo inequívoco de un águila. Ningún idealismo es respetado. Si un filósofo estudia la verdad, tiene que luchar contra los dogmatistas momificados; si un santo persigue la virtud se astilla contra los prejuicios morales del hombre acomodaticio; si el artista sueña nuevas formas, ritmos o armonías, ciérranle el paso las reglamentaciones oficiales de la belleza; si el enamorado quiere amar escuchando su corazón, se estrella contra las hipocresías del convencionalismo; si un juvenil impulso de energía lleva a inventar, a crear, a regenerar, la vejez conservadora atájale el paso; si alguien, con gesto decisivo, enseña la dignidad, la turba de los serviles le ladra; al que toma el camino de las cumbres, los envidiosos le carcomen la reputación con saña malévola; si el destino llama a un genio, a un santo o a un héroe para reconstituir una raza o un pueblo, las mediocracias tácitamente regimentadas le resisten para encumbrar sus propios arquetipos. Todo idealismo encuentra en esos climas su Tribunal del Santo Oficio. La Vulgaridad. La vulgaridad es el aguafuerte de la mediocridad. En la ostentación de lo mediocre reside la psicología de lo vulgar; basta insistir en los rasgos suaves de la acuarela para tener el aguafuerte. Diríase que es una reviviscencia de antiguos atavismos. Los hombres se vulgarizan cuando reaparece en su carácter lo que fue mediocridad en las generaciones ancestrales: los vulgares son mediocres de razas primitivas: habrían sido perfectamente adaptados en sociedades salvajes, pero carecen de la domesticación que los confundiría con sus contemporáneos. Si conserva una dócil aclimatación en su rebaño, el mediocre puede ser rutinario, honesto y manso, sin ser decididamente vulgar. La vulgaridad es una acentuación de los estigmas comunes a todo ser gregario; sólo florece cuando las sociedades se desequilibran en desfavor del idealismo. Es el renunciamiento al pudor de lo innoble. Ningún ajetreo original la conmueve. Desdeña el verbo altivo y los romanticismos comprometedores. Su mueca es fofa, su palabra muda, su mirar opaco. Ignora el perfume de la flor, la inquietud de las estrellas, la gracia de la sonrisa, el rumor de las alas. Es la inviolable trinchera opuesta al florecimiento del ingenio y del buen gusto; es el altar donde oficia Panurgo y cifra su ensueño Bertoldo en servirle de monaguillo. La vulgaridad es el blasón nobiliario de los hombres ensoberbecidos de su mediocridad; la custodian como al tesoro el avaro. Ponen su mayor jactancia en exhibirla, sin sospechar que es su afrenta. Estalla inoportuna en la palabra o en el gesto, rompe en un solo segundo el encanto preparado en muchas horas, aplasta bajo su zarpa toda eclosión luminosa del espíritu. Incolora, sorda, ciega, insensible, nos rodea nos acecha; deléitase en lo grotesco, vive en lo turbio, se agita en las tinieblas. Es a la mente lo que son al cuerpo los defectos físicos, la cojera o el estrabismo: es incapacidad de pensar y de amar, incomprensión de lo bello, desperdicio de la vida, toda la sordidez. La conducta, en sí misma, no es distinguida ni vulgar; la intención ennoblece los actos, los eleva, los idealiza y, en otros casos, determina su vulgaridad. Ciertos gestos, que en circunstancias ordinarias serían sórdidos, pueden resultar poéticos, épicos; cuando Cambronne, invitado por el enemigo a rendirse, responde su palabra memorable, se eleva a un escenario homérico y es sublime. Los hombres vulgares querrían pedir a Circe los brebajes con que transformó en cerdos a los compañeros de Ulises, para recetárselos a todos los que poseen un ideal. Los hay en todas partes y siempre que ocurre un recrudecimiento de la mediocridad: entre la púrpura lo mismo que entre la escoria, en la avenida y en el suburbio, en los parlamentos y en las cárceles, en las universidades y en los pesebres. En ciertos momentos osan llamar ideales a sus apetitos, como si la urgencia de satisfacciones inmediatas pudiera confundirse con el afán de perfecciones infinitas. Los apetitos se hartan; los ideales nunca. Repudian las cosas líricas porque obligan a pensamientos muy altos y a gestos demasiado dignos. Son incapaces de estoicismos: su frugalidad es un cálculo para gozar más tiempo de los placeres, reservando mayor perspectiva de goces para la vejez impotente. Su generosidad es siempre dinero dado a usura. Su amistad es una complacencia servil o una adulación provechosa. Cuando creen practicar alguna virtud, degradan la honestidad misma, afeándola con algo de miserable o bajo que la macula. Admiran el utilitarismo egoísta, inmediato, menudo, al contado. Puestos a elegir, nunca seguirán el camino que les indique su propia inclinación, sino el que les marcaría el cálculo de sus iguales. Ignoran que toda grandeza de espíritu exige la complicidad del corazón. Los ideales irradian siempre un gran calor; sus prejuicios, en cambio, son fríos, porque son ajenos. Un pensamiento no fecundado por la pasión es como los soles de invierno; alumbran pero, bajo sus rayos se puede morir helado. La bajeza del propósito rebaja el mérito de todo esfuerzo y aniquila las cosas elevadas. Excluyendo el ideal queda suprimida la posibilidad de lo sublime. La vulgaridad es un cierzo que hiela todo germen de poesía capaz de embellecer la vida. El hombre sin ideales hace del arte un oficio, de la ciencia un comercio, de la filosofía un instrumento, de la virtud una empresa, de la caridad una fiesta, del placer un sensualismo. La vulgaridad transforma el amor de la vida en pusilanimidad, la prudencia en cobardía, el orgullo en vanidad, el respeto en servilismo. Lleva a la ostentación. a la avaricia, a la falsedad, a la avidez, a la simulación; detrás del hombre mediocre asoma el antepasado salvaje que conspira en su interior acosado por el hambre de atávicos instintos y sin otra aspiración que el hartazgo. En esas crisis, mientras la mediocridad tórnase atrevida y militante, los idealistas viven desorbitados, esperando otro clima. Enseñan a purificar la conducta en el filtro de un ideal; imponen su respeto a los que no pueden concebirlo. En el culto de los genios, de los santos y de los héroes, tienen su arma; despertándolo, señalando ejemplos a las inteligencias y a los corazones, puede amenguarse la omnipotencia de la vulgaridad, porque en toda larva sueña, acaso, una mariposa. Los hombres que vivieron en perpetuo florecimiento de virtud, revelan con su ejemplo que la vida puede ser intensa y conservarse digna; dirigirse a la cumbre, sin encharcarse en lodazales tortuosos; encresparse de pasión, tempestuosamente, como el océano, sin que la vulgaridad enturbie las aguas cristalinas de la ola, sin que el rutilar de sus fuentes sea opacado por el limo. En la meditación de viaje, oyendo silbar el viento entre las jarcias, la humanidad nos pareció como un velero que cruza el tiempo infinito, ignorando su punto de partida y su destino remoto. Sin velas, sería estéril la pujanza del viento; sin viento, de nada servirían las lonas más amplias. La mediocridad es el complejo velamen de las sociedades, las resistencias que éstas oponen al viento para utilizar su pujanza; la energía que infla las velas, y arrastra el buque entero, y lo conduce, y lo orienta, son los idealistas: siempre resistidos por aquélla. Así - resistiéndolos, como las velas al viento-, los rutinarios aprovechan el empuje de los creadores. El progreso humano es la resultante de ese contraste perpetuo entre masas inertes y energías propulsoras. Les dejo una frase:. Llegamos al final del post, les agradezco su visita. Hasta la próxima!!!

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El Kiri, un árbol con características únicas.
El Kiri, un árbol con características únicas.
InfoporAnónimo4/15/2013

Hoy hablaremos, de un gran árbol, llamado "Kiri" o "Paulownia Tomentosa" o "Árbol Imperial u Emperatriz". El Kiri: El árbol Kiri, originario de China. Crece de 10 a 25 m de altura, con grandes hojas acorazonadas con cinco lóbulos, de 15 a 40 cm de ancho, en pares opuestos; pilosas en el haz y tomentosas en el envés. Diámetro mayor de 7 dm (hasta 22 dm). Otra de sus propiedades reside en la regeneración rápida de sus raíces y vasos de crecimiento, lo que le permite, por ejemplo, sobrevivir a incendios y a terrenos poco fértiles. Altamente tolerable a la polución y previene la erosión. CARACTERÍSTICAS Resistente al fuego (punto de ignición de 247ºC). Soporta bien el frío (-17ºC) y el calor (45ºC). Su madera es libre de nudos, es fácil de trabajar, resiste cuarteaduras y torceduras y pesa tres veces menos que las maderas convencionales. Resistente a condiciones moderadas de sequía una vez desarrollado (1-2 años). Alta capacidad de absorción de nitrógeno. Descontaminación de suelos (nitratos, nitritos, arsénico, metales pesados, etc.). Tiempo de secado muy corto, 20-40 días al aire libre (hasta 12% humedad). Muy resistente y relativamente libre de enfermedades. Convive con otras especies Acepta cultivos intercalados (cereales, pastizales). Las hojas son más nutritivas que la alfalfa para alimentar a los animales. Las hojas sirven de forraje o abono (por su alto contenido de nitrógeno), y llegan a medir hasta 1 metro de diámetro, lo cual lo hace un gran recurso ecológico en la lucha contra la contaminación del aire. Vive hasta 100 años y retoña hasta 5 veces del mismo tronco. Aumenta la humedad relativa, reduce la evaporación y aumenta la producción de los cultivos de vegetales y granos. Esto significa que, en comparación con otros árboles, el Kiri "ahorra" agua, pues en una sola temporada de crecimiento puede alcanzar un gran desarrollo, equivalente al de otras especies en varios años. NIVELES DE RESISTENCIA Contaminación: Normal Ambiente marítimo: Normal Encharcamiento: Normal Plagas: Pocas Insolación: Sol o sombra indistintamente Necesidades hídricas: Normales Tipo de suelo: Todo tipos de suelos, mejor neutro Es el árbol que más rápido crece en el planeta. En ocho años, puede alcanzar el tamaño de un roble de 40. Puede subsistir en suelos y aguas contaminadas, pues purifica los lugares en los que crece. Sus hojas consumen diez por ciento más de dióxido de carbono que las de otros árboles. Por tanto, emiten más oxigeno. También se pueden utilizar para hacer té. Instrucciones para la germinación del Kiri: La Germinación tarda de 30 a 60 días. No se deben cubrir las semillas, requieren luz para la germinación. Se debe mantener la humedad sin exceso. Lo ideal es crear un ambiente de “efecto invernadero”, con luz pero que no sea directa porque se secarían. La temperatura debe mantenerse entre los 25 y 29 grados. Tras la germinación dejar una semana más en el recipiente, después pasarlo a otro. A las 3 semanas cambiar a un contenedor más grande y ya se puede usar fertilizante. Entre las 6 y 8 semanas ya deben sacarse al exterior. Deben plantarse en suelos húmedos, drenados y con sol pero se adaptan a varios tipos de suelo. Crecen muy rápido en su primer año fácilmente alcanzan los 3 metros y al segundo los 7, en el tercer año ya es un árbol de sombra. Podar al año para conservar la densidad del follaje y regar frecuentemente durante la época de crecimiento, si el ambiente es seco. Se le caen las hojas en invierno y se pueden cortar las ramas para que crezca más fuerte. Dato aportado por @jak71: Se corta la raíz en pedazos de aproximadamente 20cm y brota mucho mejor. (evitar la germinacion de semillas) Nota: Pon "Mute" en el vídeo (Baja el volumen). Hemos llegado al final del post... El kiri es el árbol del futuro, se dice en muchos medios. Pero creo que es el árbol del presente, ahora mismo lo podemos aprovechar. Pueden ser de gran ayuda contra el calentamiento global y contra la desertificación. Y Por su visita, solo me queda decir...

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El Problema del Mal o Paradoja de Epicuro.
InfoporAnónimo3/29/2013

Buenas noches!, hoy les traigo algo interesante, que a veces suelen ser tema de debate entre amigos, profesores, desconocidos Básicamente se trata sobre "El problema del mal o también, paradoja de Epicuro", que es estudiado en filosofía de la religión, en teodicea y en metafísica como el problema que resulta al considerar la compatibilidad entre la presencia del mal y del sufrimiento en el mundo con la existencia de Dios omnisciente, omnipresente, omnipotente y omnibenevolente. El Problema del mal: Si usted es cristiano, judío o musulmán creerá, con toda seguridad, en un Dios que sabe todo lo que es lógicamente posible saber (esto es, un Dios omnisciente), que pude hacer todo lo que es lógicamente posible hacer (esto es, es omnipotente) y que es perfectamente bueno. En este caso se enfrentará a un problema teórico bastante gordo y que es, seguramente, irresoluble. Este problema ha recibido el nombre de “problema del mal” y viene a cuestionar la existencia de un Dios del tipo postulado por las religiones mencionadas sobre la base del hecho incuestionable de que existe el mal. El bombardeo de Guernica (ataque aéreo realizado sobre la población española el 26 de abril de 1937, en el transcurso de la Guerra Civil Española) pone en duda la existencia de Dios. El Mal: Si existe un Dios bueno, omnisciente y omnipotente, ¿cómo puede ser que mueran niños por enfermedades incurables? ¿Cómo puede haber epidemias que mermen la población mundial? ¿Cómo se explican las guerras? ¿Por qué estamos condenados al sufrimiento?. Estos hechos, conocidos por todo el mundo, ponen en duda la existencia de un Dios bueno, omnipotente y omnisciente. Ponen en duda su bondad puesto que de serlo evitaría estos males, tendría una disposición a evitar que tales cosas ocurrieran. Ponen en duda su omnipotencia porque entonces podría haber creado un mundo en el que no existiera el mal y de existir evitaría que se produjera. Y ponen en duda su omnisciencia porque si es bueno y omnipotente, entonces no tiene conocimiento del mal ni del sufrimiento humano. El que cree en Dios tiene fe y eso significa que nunca se bajará del burro. Es por esta razón que desde el teísmo se han elaborado algunas doctrinas que concilian la existencia de un Dios bueno, omnipotente y omnisciente con la existencia del mal. Las veremos a continuación.. La doctrina del bien mayor: En su ánimo por defender la existencia de Dios, los teístas construyeron una doctrina según la cual la omnipotencia y la bondad de Dios no le impiden, de ninguna manera, permitir el mal. En efecto, tal vez que un niño muera en la cama de una extraña enfermedad sea un paso hacia un bien que supere ese mal. Es decir, la idea es que muchas veces para conseguir un bien superior hay que sufrir un mal menor. Por supuesto, para el individuo que lo sufre el mal no es menor ni el bien mayor, más bien el mal es mayor y el bien es inexistente. Sin embargo, los teístas que están dispuestos a defender la doctrina del bien mayor creen en la existencia de una vida tras la muerte, de modo que la persona que sufre este mal en aras de un mayor bien sería compensado en la otra vida. Desde el punto de vista de esta pintoresca doctrina, nadie pierde y todos ganan. No obstante exige mucha fe por parte del candidato a sufrir un mal menor en aras de un bien mayor, en la medida en que la única garantía que tiene de ser compensado en la otra vida son los argumentos de los teístas. Y, por supuesto, esos bienes mayores que justifican la existencia del mal no son epistemológicamente accesibles al ser humano, es decir, estos no pueden ser conocidos por un ser tan limitado como el hombre, sino solo por Dios. No obstante, los teístas parecen haber llegado aquí a un estadio de conocimiento superior de los planes divinos, cuasi místico, en la medida en que ellos sí que se muestran muy seguros de que el mal existe porque es necesario para un bien superior.. La doctrina de la suma bondad del libre albedrío: Según algunos teístas distraídos, el mayor bien es el libre albedrío, el cual permite a los humanos elegir entre el bien y el mal. Cuando estos eligen el mal, mala suerte para los demás. No obstante, cualquier hombre al elegir el mal habrá hecho uso de la cualidad más bondadosa otorgada por la divinidad, a saber, su libertad. Esta doctrina justifica el mal causado por el hombre, sin embargo, existen otros muchos males en los que no hay responsabilidad humana, tales como los tornados, los volcanes en erupción, las enfermedades, las inundaciones, etc. A los teístas esto no les supone un agravio, pues ve estos males como una oportunidad para realizar actos heroicos, buenas acciones que sin una enfermedad de por medio no se llevarían a cabo. Esta doctrina puede funcionar para pequeños volúmenes de mal, como por ejemplo un niño enfermo o una inundación en una aldea, sin embargo en la actualidad en los que los volúmenes de mal son de tamaño considerable, tales como genocidios masivos, accidentes en centrales nucleares, guerras mundiales, actos terroristas multitudinarios, etc, la doctrina hace agua. Esto por lo que refiere al mal sin responsabilidad humana. Por lo que respecta al mal con responsabilidad humana, se enfrenta al problema de que el libre albedrío no necesita de postular a ningún Dios. Es decir, la acción humana malvada puede explicarse apelando a la libertad humana, pero la libertad humana no necesita de ninguna deidad que la soporte o justifique..

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Consejos para tu Windows 7
Hazlo Tu MismoporAnónimo10/30/2013

Hola que tal a todos, gracias por tomarse el tiempo de visitar mi post. La idea, basicamente, es brindar consejos propios, que me han servido de gran utilidad, para mantener mi pc en un estado "normal" y un estado "ultimo". Porque digo "normal", vieron que al principio, todo anda rápido, sin ningún problema y luego, empieza la otra cara de la Pc; virus, pantallas azules, errores de windows etc. Lo que hago es mantener ese principio de rapidez "normal". Pero con respecto al estado "ultimo", me refiero a ir actualizando la Pc constantemente, visitando paginas cualquiera que desees, descargar todo tipo de programas, etc. A lo que voy, es brindarle estos consejos, que me han servido, para mantener lejos los problemas cotidianos que habitualmente conocemos todos y que a veces no tenemos tiempo, a prevenirlo. Obviamente, que detrás de un consejo, hay un dato de mejora, para mejorar explotando su potencial. P.D: Lamento por la introducción, se que es larga, pero explica la finalidad de este post y para que ustedes sepan lo que se van a encontrar, a medida que vayan bajando. Trate de ser lo mas entendible posible, breve y evitar generar dudas. Aclaro es contenido propio, sabemos que internet es un mundo aparte al cual vivimos dia a dia, y en este mundo hay gente con intencion mala, hackers, virus, espias, etc. Y gente con buena intencion, que nos sirve de utilidad, sus aportes y debemos aprovecharlos y no hay nada mas lindo que compartirlo. A lo que voy, es que son trucos que he probado y han funcionado a la perfeccion, son esenciales y con solo realizar cada paso, nos encontraremos con una Pc limpia, segura y 100 % confiable. En este post, haremos referencia al sistema operativo Windows 7 Ultimate 32 bits/64 bits. 1. Programas Necesarios:. Uno de los mejores antivirus gratuitos, que nos deja libre de virus, y encima en su version free. Lo recomiendo, porque desde que lo tengo, nunca me ha fallado. Cumple sus funciones principales, y con eso ya es suficiente. Ir a la pagina principal de Avg y descargarlo de manera gratuito (free) Es una aplicación completa, que permite a tu Pc funcionar mejor y mas rápido quitando archivos basuras o corrigiendo errores de registro. Ademas incluye: desfragmentar disco duro, generador de claves, borrar archivos, etc. (Mandarme un MP, asi les paso el link del programa) 2. Trucos:. Desactivar paquetes de Windows 7 que no utilicemos: Windows 7 instala por defecto paquetes que nunca utilizaremos para desactivarlos tenemos que ir a desinstalar un programa (Inicio > Panel de Control > Programas y Características) hemos de ir a activar o desactivar características de Windows para acelerar windows 7. Aquí cada uno sabe que quitar y que no. Yo lo tengo como en la imagen siguiente desactive el reproductor de Windows en características de multimedia ya que uso el Aimp en su lugar. Deshabilitar los programas que se inician con Windows: Muchos programas se inician con Windows esto acaba provocando inestabilidad en el Windows sobretodo al inicio de este si los desactivamos conseguimos acelerar Windows 7 más. Para deshabilitar estos podemos hacerlo mediante msconfig para ejecutarlo se hace escribiendo en msconfig en el buscador de Windows. Una vez dentro de este hay que ir a la pestaña inicio de Windows, aquí podemos deshabilitar los programas que se inician con Windows tener cuidado de no desactivar ningún driver ni el antivirus. Reducir tiempo de arranque: Windows por defecto solo usa un procesador para arrancar el sistema operativo esto provoca que se tarde mucho más tiempo en iniciar, la solución también se encuentra en la configuración del sistema msconfig. En la pestaña arranque en opciones avanzadas. En opciones avanzadas de arranque podemos modificar cuantos procesadores se usan para arrancar elegir el máximo posible si solo sale uno es que no tienes más procesadores. Quitar el archivo de paginación: Si el equipo tiene una cantidad de memoria de 4 Gbytes o más (y la versión del sistema es de 64 bits), el archivo de paginación pierde sentido. Para deshabilitar el archivo de paginación, solo hay que ir a Panel de control/Sistema/Configuración avanzada del sistema/Rendimiento/Opciones avanzadas/Memoria virtual. Ahí, es preciso deshabilitar la Administración automática del tamaño de archivo de paginación y seleccionar Sin archivo de paginación. 3. Registro (Regedit):. Claves secretas del Registro de Windows con información del usuario: HKEY_CURRENT_USER>Software>Microsoft>Windows>CurrentVersion>Explorer>RunMRU Se almacena y guarda en esta clave todas las entradas que han sido introducidas en el comando Ejecutar, ya sea para abrir aplicaciones, programas o para ejecutar comandos. HKEY_CURRENT_USER>Software>Microsoft>Windows>CurrentVersion>Explorer>ComDlg32>OpenSavePidlMRU En esta clave y subclaves con los archivos ordenados por la extensión todo lo que se ha abierto o guardado, usando los diálogos del menú Abrir y Guardar. HKEY_CURRENT_USER>Software>Classes>Local Settings>Software>Microsoft>Windows>Shell>MuiCache En esta clave se almacenan las últimas aplicaciones EXE ejecutadas en el equipo. HKEY_CURRENT_USER>Software>Microsoft>Windows>CurrentVersion>Applets>Regedit Clave muy útil que permite iniciar Regedit en la última clave editada, al mismo tiempo permite conocer si alguien ha hecho o ha tratado de hacer modificaciones en el equipo. Aumentar la velocidad de información: HKEY_CURRENT_USER>Control Panel>Mouse En el panel derecho, haga clic MouseHoverTime y haga clic en Modificar Escriba un número entre 0 a 4000 ( 400 es el valor predeterminado, yo uso 30 ) para cuántos milisegundos, y haga clic en Aceptar . (Ver imagen abajo) NOTA: Cuanto menor sea el número, más rápido el tiempo de respuesta. Modificar la velocidad de retraso de las miniaturas en la barra de tareas: Para ello vamos a pulsar las teclas Win + R y escribimos regedit y pulsamos Aceptar. HKEY_CURRENT_USER>Software>Microsoft>Windows>CurrentVersion>Explorer>Advanced. Damos clic derecho en la ventana de valores y en Nuevo elegimos Valor DWORD (32 bits), si sus sistema es x86 o de 32 bits o QWORD (64 bits) si su sistema es x64 o de 64bits: Llamamo a este valor ThumbnailLivePreviewHoverTime: Ahora falta definir el tiempo, damos doble clic sobre ThumbnailLivePreviewHoverTime (o clic derecho y en Modificar), en la ventana que aparece debemos cambiar la Base a Decimal: Los valores de tiempo son en segundos 1 segundo es igual a 1000. 2 segundos por tanto son 2000. Acelerar apagado de Windows: Cuando apagamos nuestro Windows 7 lo que hacer es ir cerrando los procesos abiertos, por defecto tarda 12 segundos en matar cada proceso, podemos bajarlo por ejemplo a 6 o 8 segundos para acelerar el apagado. Para especificar el tiempo de espera, haga lo siguiente: HKEY_LOCAL_MACHINE>SYSTEM>CurrentControlSet>Control En el menú Edición , haga clic en Agregar valor. Escriba lo siguiente: Nombre de valor: WaitToKillServiceTimeout Tipo de datos: REG_SZ (Valor cadena) Cadena: < en milisegundos; valor predeterminado es 12.000 > Hacemos doble clic sobre "WaitToKillServiceTimeout" y en la ventana que nos sale cambiamos el valor de 12000 por 8000 y asi el tiempo de espera en matar un servicio cuando apagemos el ordenador pasa de 12 segundos a 8 segundos. YAPA x3:. Actualizar tus driver de manera facil y segura: Esta pagina nos permite actualizar nuestro drivers, de manera mucho mas facil que ir actualizandolos uno por uno, nos sirve en caso de formateo y no haber realizado una copia de seguridad, nos sirve para actualizar driver ultimos que correspondan a la fecha de la ultima actualizacion de dicho driver, nos brinda una pagina segura de descarga y libre de virus, muy confiable. Ir a la pagina principal de Maconfig y luego iniciar deteccion, una vez hecho el primer paso, nos descargara un archivo que sirve para analizar nuestra pc y una vez instalado, vamos de nuevo a iniciar la deteccion y ahi detectara los drives que nos faltan instalar o actualizar. Limpia tu DNS: Cada vez que visitamos una página web , Windows coloca información de la conexión en caché, para que la próxima vez la conexión sea más rápida. Cuando el intento de conexión falla porque el host esta caido o por un problema de red, se guarda en la cache de DNS, como una entrada NEGATIVA. Si esta entrada, no es correctamente vaciada, o la página del host es de nuevo accesible y en nuestra cache se encuentra todavia la entrada NEGATIVA no podremos acceder al sitio. Entonces podemos ir a Inicio-> Ejecutar y escribir CMD. Se abrirá la consola de DOS y alli escribiremos ipconfig /flushdns seguido de la tecla enter. Después de un segundo recibiremos un mensaje de "vaciado con éxito". Luego de esto, ya podemos probar nuevamente el acceso al sitio web. Desactivar historial de búsquedas : La busqueda en Windows 7 es muy útil, pero a medida que buscamos cosas se nos llena el historial de búsquedas, también puede que por privacidad no queramos mostrar nuestras búsquedas al resto de la gente. En estos casos podriamos desactivar el historial de busquedas para que no se queden registradas: Para ello vamos a Inicio, en la caja de búsqueda ponemos "gpedit.msc" y damos al enter. Nos abre una ventana que es el Editor de directivas de grupo local, en la parte de la izquierda vamos a: Configuracion de usuario > Plantillas administrativas > Componentes de Windows > Explorador de Windows Ahora en la parte de la derecha buscamos esta entrada: Desactivar que se muestren las entradas de busqueda recientes en el cuadro de busqueda del Explorador de Windows Damos al botón derecho del ratón sobre ella y seleccionamos editar, en la ventana que nos sale elegimos la opción Habilitada, pulsamos en el botón de aceptar y cerramos el editor de directivas de grupo local y Windows 7 ya no guardara el historial de búsquedas.

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Consejos y Trucos para Windows 8
Hazlo Tu MismoporAnónimo6/18/2013

Hola a todos!, les traigo un par de consejos y trucos como dice el titulo, los he probado a todos y me ha servido de mucho, ya que una vez que había instalado Windows 8 me vino con demasiados problemas, y buscando y probando, etc, he encontrado la solución, en la cual, me he dado el lujo de que anda mas rápido de lo que debería andar. Funciona 100%. Pantalla de negro al inicio de Windows 8: 1. Creamos un "bloc de notas", en el "Escritorio". 2. Copiamos y pegamos en el bloc de notas, lo que escribo ahora: Windows Registry Editor Version 5.00 [HKEY_LOCAL_MACHINESOFTWAREMicrosoftOle] "MachineLaunchRestriction"=hex:01,00,04,80,90,00,00,00,a0,00,00,00,00,00,00,00, 14,00,00,00,02,00,7c,00,05,00,00,00,00,00,18,00,1f,00,00,00,01,02,00,00,00, 00,00,05,20,00,00,00,20,02,00,00,00,00,14,00,0b,00,00,00,01,01,00,00,00,00, 00,01,00,00,00,00,00,00,18,00,1f,00,00,00,01,02,00,00,00,00,00,05,20,00,00, 00,32,02,00,00,00,00,18,00,1f,00,00,00,01,02,00,00,00,00,00,05,20,00,00,00, 2f,02,00,00,00,00,18,00,0b,00,00,00,01,02,00,00,00,00,00,0f,02,00,00,00,01, 00,00,00,01,02,00,00,00,00,00,05,20,00,00,00,20,02,00,00,01,02,00,00,00,00, 00,05,20,00,00,00,20,02,00,00 "MachineAccessRestriction"=hex:01,00,04,80,8c,00,00,00,9c,00,00,00,00,00,00,00, 14,00,00,00,02,00,78,00,05,00,00,00,00,00,14,00,07,00,00,00,01,01,00,00,00, 00,00,01,00,00,00,00,00,00,14,00,03,00,00,00,01,01,00,00,00,00,00,05,07,00, 00,00,00,00,18,00,07,00,00,00,01,02,00,00,00,00,00,05,20,00,00,00,32,02,00, 00,00,00,18,00,07,00,00,00,01,02,00,00,00,00,00,05,20,00,00,00,2f,02,00,00, 00,00,18,00,03,00,00,00,01,02,00,00,00,00,00,0f,02,00,00,00,01,00,00,00,01, 02,00,00,00,00,00,05,20,00,00,00,20,02,00,00,01,02,00,00,00,00,00,05,20,00, 00,00,20,02,00,00 3. Nos iremos, a "Guardar como," y ahi seleccionamos "Escritorio", y en el nombre le ponemos: "Metro.reg". Y luego "Guardar". 4. Nos quedara por ultimo, el "bloc de notas" convertido en un "archivo de registro", en la cual, le hacemos "doble click", y nos guardara los datos que escribimos en el bloc de notas en nuestro registro, eliminando esa pantalla negra u de otro color, o cuando se traba al iniciar o se tilda. Personalizar el tiempo de espera, procesadores y acelerar el arranque: 1. Aprieta la combinación de teclas “Windows + R” y escribe en “Ejecutar” “msconfig.” 2. Ahora estarás en la ventana “Configuración de sistema”. En este punto vamos a personalizar el “Tiempo de espera” para hacerlo dirígete a la pestaña “Arranque”. Fíjate que el tiempo de espera determinado por Windows 8 es de “15 segundos”. 3. Pinchas en “Opciones Avanzadas” y en la ventana que se te abre seleccionas tanto el “Números de procesadores” y “Cantidad máxima, sea 2, 4”. Pinchas en aceptar. 4. Ahora te diriges a la pestaña “Inicio de Windows”. Ahi nos va aparecer la opción, para ir al "Administrador de tareas". 5. Ahora vamos a la pestaña "Inicio o Startup" y lo que vamos a realizar es deshabilitar todas las aplicaciones que se inicien cuando arrancamos Windows, solo dejamos las necesarias que son; antivirus, algún optimizador o un programa que personalmente necesites. Aceptas y aplicas todo. Seguramente te pedirá que reinicies el ordenador, si es así lo haces para que se efectúen los cambios. Acelera el lanzamiento de las aplicaciones: 1. Pulsa las teclas "Windows + R" y escribe "Regedit". 2. Ahora navega, hasta: HKEY_CURRENT_USER > Software > Microsoft > Windows > Current Version > Explorer. 3. Sobre la carpeta Explorer, click boton derecho y selecciona "Nuevo/Clave" (Se nos creara una nueva carpeta), donde escribimos de nombre "Serialize". 4. Dentro de la carpeta "Serialize", hacemos click derecho en una zona libre, "Nuevo/Dword(32bits) o Nuevo/Qword(64bits)", depende si tu sistema operativo es de 32 o 64 bits. Y de nombre, le ponemos "StartupDelayInMSec". 5. Haz doble click sobre este valor, y en "Informacion de Valor o Value Data", escribe el numero "0", base "Hexadecimal", y listo. Acelerar Velocidad de Windows: 1. En el teclado presionamos ”Windows + R“ y escribimos ”regedit” 2. Después buscamos la siguiente entrada: HKEY_LOCAL_MACHINE > Software > Microsoft > Windows > CurrentVersion > Explorer. 3. Agrega un ”Nuevo/ Valor de Cadena“ de nombre ”AlwaysUnloadDll”. 4. Clic derecho sobre el valor y ”Modificar“ y en ”Información de valor“ ponemos ”1”. Mejorar el Rendimiento de Windows 8: Al maximizar o minimizar una ventana en Windows 8 mediante una serie de efectos y aminaciones Windows consume muchos recursos y Windows es mas lento Pero ahora podemos conseguir un mejor rendimiento en el sistema, para ello hacemos esto: 1. En el teclado presionamos ”Windows + R“ y escribimos ”SystemPropertiesPerformance”. 2. Des-habilitamos las funciones que no tienen importancia. (Las 8 primeras). Acelerar la Barra de Tareas: 1. En el teclado presionamos ”Windows + R“ y escribimos ”regedit”. 2. Después buscamos la siguiente Entrada: HKEY_CURRENT_USER > Software > Microsoft > Windows > CurrentVersion > Explorer > Advanced. 3. En un espacio en blanco hacemos Clic derecho y seleccionamos "Nuevo > Valor DWORD". 4. A esa entrada le ponemos de nombre ”ThumbnailLivePreviewHoverTime”. 5. Ahora le damos clic derecho sobre la nueva entrada, seleccionamos "Modificar>Base>Decimal". 6. Después seleccionamos un numero en mili segundo, por ejemplo 200. Acelerar los Programas del Ordenador: 1. En el teclado presionamos ”Windows + R“ y escribimos ”regedit”. 2. Buscamos la siguiente dirección: HKEY_LOCAL_MACHINE > System > CurrentControlSet > Control > Session Manager > Memory Management. 3. Buscamos el valor llamado ”DisablePagingExecutive”. 4. Seleccionamos Modificar y cambiamos el Valor a ”1”. Mejorar el Arranque de la PC: 1. En el teclado presionamos ”Windows + R“ y escribimos ”regedit” 2. Buscamos la siguiente dirección: HKEY_LOCAL_MACHINE > Software > Microsoft > Dfrgr > BootOptimizeFunction. 3. Buscamos el Valor llamado "Enable" y seleccionamos Modificar y cambiamos el valor a ”Y” 4. En dado caso que no tengan el valor "Enable" dan clic en un espacio en blanco y "Nuevo valor de Cadena" y le ponen de nombre, "Enable". Uníte a la comunidad oficial de Windows 8!:

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