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El trabajador produce una riqueza dos veces y media mayor al salario que se le paga. Por lo tanto la estrategia de ponerle techo a los reclamos salariales responde a proteger las ganancias de las empresas que solo “perderían" 40 minutos de utilidades por cada jornada laboral, si otorgaran un aumento del 30 por ciento. Por Fabiana Arencibia-Red Eco (Fabiana Arencibia-Red Eco) Argentina. El gobierno nacional ha pedido en diferentes oportunidades y espacios públicos que los trabajadores sean responsables al momento de reclamar aumentos salariales en el marco de las paritarias. Esta estrategia, que apunta a anclar el salario como una medida más para intentar contener la inflación, instala con fuerza la idea de que el aumento de los sueldos es justamente inflacionario. Hemos analizado en otro artículo que gran parte de la inflación es generada por los formadores de precios, grandes empresas que concentran la actividad económica. (1) Allí decíamos respecto al control de precios implementado por el gobierno, que acaba de prorrogarse por otros sesenta días: “El reciente acuerdo para congelar precios en el final de la cadena de comercialización (supermercados) no solucionará aumentos futuros que se producen en el origen de su producción. Allí el capital concentrado no resigna utilidades y opera en la formación de los precios (...) para que la inflación sea contenida es imprescindible que los controles costos-utilidades se concentren allí, donde se inicia la cadena y no solamente al final de la misma”. Respecto al acuerdo de precios habría que agregar, además, que los listados de productos con los precios acordados no se han difundido. Por lo tanto los consumidores no saben si los precios que pagan son o no los congelados. Por otra parte es un dato de la realidad (solo habría que hacer memoria o recurrir a los tickets de compras) que mientras el gobierno y los supermercados discutían el congelamiento, estos últimos aumentaban los precios de los productos de consumo básico para hacerse de un colchón hacia adelante. Las grandes empresas formadoras de precios utilizan a la inflación como mecanismo para proteger sus ganancias. Es así que, a pesar de los grandes beneficios obtenidos durante la gestión kirchnerista, no han invertido para aumentar en cantidad y calidad la producción y acompañar el crecimiento de la demanda. Según datos del INDEC, en febrero pasado la Utilización de la Capacidad Instalada en la Industria fue del 71,5%. El salario de los trabajadores no es la causa de los aumentos de precios en Argentina. Un reciente estudio realizado por el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP) analiza el tema de la discusión salarial en nuestro país. (2) Tomando datos oficiales, elaborados en 2012 por el INDEC, demuestra cómo un incremento en los salarios de un 30 % no debiera ocasionar aumento de precios. Determina para el análisis cuál es que valor de la hora de trabajo en relación con la riqueza que produce (PBI) y cuál es el valor de la hora de trabajo en relación al salario promedio percibido. La diferencia entre ambos valores es el excedente económico que genera cada hora de trabajo. La conclusión es que cada hora de trabajo tiene un valor de $ 71,50 pero el trabajador recibe solo $ 20,80. Por lo tanto el excedente empresario ($ 50.70) es casi dos veces y media lo que percibe el trabajador Si estos valores se miden en horas trabajadas, tomando los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que elabora el INDEC (en 2012 cada trabajador laboró 39 horas por semana, o sea un promedio diario de 7 horas 50 minutos), se concluye que de las casi 8 horas diarias que trabaja, cobra por 2 horas 20 minutos. El resto, 5 horas 30 minutos, son las que se queda el empresario. Por lo tanto, si el salario promedio de los trabajadores en Argentina ($ 3241.- según dato de la EPH del 2012) se incrementara en un 30% (a $ 4213.-) significaría que: El valor de la hora de trabajo en relación con la riqueza que produce (PBI) sería de $71,00 (en lugar de 71,50). El valor de la hora de trabajo en relación al salario promedio percibido ascendería a $27.- (en lugar de 20,8) Y por lo tanto el excedente empresario bajaría de $50,70 a $44.-. Medido en horas, de las 7 horas 50 minutos que trabaja, con el aumento del 30% estaría cobrando 3 horas (en lugar de 2hs.20 min) y el empresario se estaría quedando con 4 horas 50 minutos, o sea dejaría de recibir solo 40 minutos del trabajo que le genera la riqueza. Este análisis se basa en una situación promedio de la economía argentina sin considerar la diversidad de sectores de actividad, regiones y tipo de empresas. Por lo que si se focalizara a las 500 grandes empresas que son relevadas por la Encuesta de Grandes Empresas (ENGE), la conclusión a la que arriba el informe es que a pesar de cobrarse mejores salarios promedios, la apropiación del excedente empresario sobre el ingreso de sus trabajadores es aun mayor. Según el informe, durante 2012 los salarios han perdido su poder de compra en un 1,4%. Si la estrategia del gobierno para poner un tope del 20% a las paritarias tiene éxito, y aun cuando la inflación real durante el año fuese similar a la de 2012 (situación difícil de lograr debido al aumento de tarifas y del tipo de cambio) el salario reducirá aún más su poder de compra. Esto presagia la profundización de los reclamos por parte de los trabajadores sobre todo teniendo en cuenta que la mitad (registrados y no registrados) no supera de bolsillo los $3.000 y solamente 2 de cada 10 superan los $ 4.500 mensuales. Ante esta situación pensar que la Moreno-card contribuirá a mejorar esta situación es volver a poner un parche sobre un problema que es estructural. Esta tarjeta que emitirá el Banco Nación para comprar en los supermercados más grandes no bajará los precios sino que aumentará su rentabilidad al bajar el costo de la comisión que pagan los súper a los bancos. Pero estos podrán recuperarlo cobrando por otros servicios o aumentando los intereses (de todos modos recordemos que el financiero es el sector que más ha ganado en estos años). (1) Inflación y concentración económica. (2) La discusión salarial en la Argentina actual
Personalidad mítica de la revolución Cubana, la personalidad del che Guevara siempre tuvo múltiples facetas. Quizás la menos conocida es la que lo señala como voraz lector de literatura norteamericana, y en particular de la obra de Mark Twain. En este artículo se analiza las profundas afinidades ideológicas que Guevara encontró en la ficción de Mark Twain. El Che Guevara ha sido un objeto de estudio importante para todo aquello que encierra el paradigma de lo revolucionario. Su popularidad con el correr del tiempo tuvo sus altibajos aunque es evidente que su figura logró inmortalizarse para siempre aunque hoy se trate más de una mercancía que vemos en remeras, posters o canciones de Silvio Rodriguez. Sus ideas y su mensaje se ve opacado por esta construcción del “ícono Guevara” que está más cerca de ser un Mesías o un simple recuerdo de lo que pudo haber sido y no fue. Ahora bien, al encontrarnos en este momento tan particular a nivel mundial, rodeado de crisis y catástrofes que parecen no tener fin, es necesario hacer una pausa y revisar el camino y también la historia del Che. Porque no siempre fue el Comandante Che Guevara, antes existió un Ernesto Guevara de la Serna, estudiante de Medicina, asmático, jugador de rugby. Nos encontramos ante alguien que fue el resultado de diversos acontecimientos históricos, de un contexto particular y que fue influido por determinadas experiencias. Experiencias que la película “Diarios de motocicletas” remarcó en la gran importancia que tuvieron sus viajes. Allí logró estudiar la realidad Latinoamericana en carne propia, lo que lo llevó a desarrollar su concepto humanista. La construcción de su pensamiento no se basó solamente en la información que sacó de los libros. El Che es el principal ejemplo de que la erudición no es el único ingrediente que se necesita para generar conocimiento. No fue un estricto estudioso de la teoría, no se enfocó en leer exclusivamente a Marx, Lenin o Sartre. Leía constantemente literatura, los libros de Mark Twain, quizás por todos los elementos vivenciales que se encuentran en ellos. Aunque también existe un acercamiento entre estas dos figuras en un nivel ideológico. El imperialismo norteamericano fue la primera causa que impulsó al Che hacia la lucha armada. Logró entenderlo como una simple ecuación en la que se suman dos bases: una económica y una militar. En cuanto a la primera, descifró que la penetración en el Cono Sur se debía a sus intenciones de generar dependencia económica a través de la emisión de créditos e inversiones, que se ocultaban detrás del disfraz de una supuesta ayuda financiera y sostén económico. Pero sostuvo que las verdaderas consecuencias fueron tanto el incremento de la explotación del hombre, como también el surgimiento de países subdesarrollos que difícilmente puedan alguna vez cambiar su condición. Todas estas características lo hicieron pensar en un retorno al colonialismo que se creía superado cuando se puso fin al dominio Europa sobre estos países a través de las guerras de independencia. En cuanto a la segunda, el accionar militar contra los pueblos invadidos era necesario para acallar y quitar del medio a quien se interpusiera. Sin embargo, subrayó que nada de esto hubiera sido posible sin el incondicional apoyo de la propia burguesía de cada país, que se encargó de asociarse al proyecto imperialista, dando rienda suelta a la injusticia y la falta de libertades. Como solución a este retroceso, el Che planteó la misma ecuación, pero con distinto contenido. Mediante sus estudios marxistas y las ideas que extrajo de su encuentro con distintos revolucionarios cubanos, entendió que era necesario sentar bases socialistas para crear un hombre diferente en un sistema diferente, y así poder avanzar. Además, para derrotar definitivamente a Estados Unidos se tendría que eliminar la dependencia a través de la liberación gradual de los pueblos. Para ello sería necesaria la unión de los países latinoamericanos. Casi un siglo antes, Mark Twain denunciaba de igual manera a este germen encubierto. Después de casarse con una mujer progresista, habiéndose acercado así a un círculo de personas que compartían esas ideas, y a través de viajes, su pensamiento comenzó a moldearse. Sostuvo que Estados Unidos, después de haber resuelto su situación interna una vez terminada la Guerra de Secesión, hacía atrocidades en nombre del patriotismo y el cristianismo. Bajo el contexto de la guerra de Filipinas, el imperialismo ya se encontraba bajo la máscara de elegancia y bondad llevando el nombre de Enmienda Platt (1901). Ésta, según Twain, demostraba las contradicciones en las que entraba el país, ya que fomentaba uno de los motivos por los que se llevó a cabo tanto su guerra de independencia como la civil: el control electoral que ponía en peligro la libertad. Luego asumió como vicepresidente de la Liga Antiimperialista asegurando “nunca aceptaré que el águila imperial pose sus garras en otro país”. Esto lo llevó a poner en cuestionamiento el “American way of life”, ese modo de vida al que aspiran todos los norteamericanos. Mediante ensayos irónicos e historias ficcionales satíricas, este escritor expresó su inconformismo con el modelo de sociedad civilizada que impuso Estados Unidos. Principalmente en el clásico de la literatura mundial, “Huckleberry Finn”, existen distintos elementos realistas que sacan a la luz el perfil del norteamericano típico. A partir de este “realismo”, con el que intentaba revelar una verdad, su idea era generar tal impacto en los lectores para que ellos por su cuenta abandonaran las convencionalidades denunciadas, y así alcanzarían un profundo poder libertador. En definitiva, lo importante era tomar consciencia de lo que se estaba viviendo, tal como lo hace el protagonista al final del cuento. Sin embargo, lo que queda bien claro es que no todo se resuelve tan fácil. Como vemos, la vida de Huck se encuentra llena de obstáculos. Tanto su padre, la mujer que lo adopta y hasta las instituciones se interponen en su camino limitándolo. Su fin: moldear al niño, que no cuestione lo establecido sino que se incorpore a la sociedad. Solo que estas experiencias lograron el efecto inverso: su huída con Jim. En la noche de su escape se encuentra con su amigo negro Jim, esclavo de su casa, quien también intentaba escapar. Entonces la conciencia de Huck lo lleva a una encrucijada: cumplir con la moralidad inculcada o con la propia. Cualquier persona que tuviera incorporados los valores norteamericanos hubiera devuelto al fugitivo, pero Huck, en cambio, entiende la decisión de Jim y emprenden el viaje juntos. El destino es la libertad, un territorio alejado de la sociedad, virgen, no corrompido por convenciones injustas. Ese lugar es la tierra del indio. A medida que va superando los obstáculos que se le presentan en su viaje (su padre borracho, el rey falso, etc), cada vez va puliendo más sus ideas hasta quedar completamente convencido de lo que tiene que hacer. Hacia el final del cuento acaba tomando la decisión de liberar a su amigo esclavo y entendiendo que la verdadera corrupción se encuentra en la civilización, no en la tierra de los indios. En este sentido de una toma de consciencia se puede encontrar otra semejanza con el Che, ya que el papel de la consciencia individual era protagónico en la liberación de los pueblos. Sostenía que el mismo proceso de lucha sería el generador de esa consciencia, que consiste en que el hombre deje de añorar la recompensa material y sea la bondad misma la que lo impulse a trabajar. Además, tanto para Twain como para Guevara la juventud es una cuestión importante. Guevara resalta en la misma tanto la inocencia como la necesidad de buscar una identidad propia; y Twain, el hecho de que el espíritu de lucha por su sociedad, su suelo, sus ideales (ideales buscan el desarrollo del ser humano) residen en aquellos que todavía no alcanzaron la adultez. A pesar de las distintas lecturas que se pueden hacer de este clásico, lo esencial es lo que cualquier persona puede entender de él. A fin de cuentas se trata de un niño que viaja en busca de felicidad, justicia, pero principalmente en busca de su libertad y la de su amigo negro Jim. Sin abandonar las aventuras y el sentido del humor, Twain muestra la generosidad de la juventud y la cruel irracionalidad de la sociedad que castiga a los negros. Aquí se puede encontrar otra influencia que el Che obtuvo de este autor. Es decir, tanto Twain como el Che defienden a aquellos que se encuentran sometidos a condiciones inhumanas dentro de un sistema que aparenta ofrecer ilimitadas oportunidades. Y entienden que el hacer el bien implica ir en contra de los intereses colectivos, de las grandes empresas o incluso de nociones ya naturalizadas. He ahí el espíritu de lucha, el negarse a que se siga eligiendo quién tiene más derechos que otro únicamente por su color de piel, más que por su moral. A partir de estas similitudes podemos entender que no solo se pueden obtener datos, ideas o denuncias de textos teóricos. La literatura, si bien se encuentra erróneamente ligada con el ocio, también puede impulsar un poco el despertar de conciencia. Y sin duda es un buen elemento para capturar la realidad y complejizarla sin encuadrarse en un manifiesto teórico.