Adhirael
Usuario (Argentina)
El 8 de diciembre se impuso como el día para comenzar a armar el Arbol de Navidad, normalmente un pino o un abeto, tradición cristiana que reconoce raíces paganas, especialmente de los celtas, que al comenzar el solsticio de invierno adornaban un roble -su árbol sagrado- para asegurarse el regreso del Sol. Aunque el árbol navideño y la Virgen María no tengan ninguna relación, la Iglesia buscó la forma de establecerla, promoviendo que se comenzara a armarlo el Día de la Inmaculada Concepción, a lo que la superstición le añadió que "es para tener suerte". En invierno, los robles pierden sus hojas, de ahí que los celtas le adosaran pequeñas antorchas y ramas de especies perennes, en la creencia de que así lo protegían del frío invierno y lo ayudaban a recobrar fuerzas para retoñar en primavera. Actualmente, la ceremonia es más expeditiva: se va al mercado, se compra un pino o un abeto de plástico y se le cuelgan moños de seda, globos brillantes y luces eléctricas. Cabe agregar que la costumbre cristiana de colocar regalos a los pies del árbol y abrirlos en Navidad, también proviene de los celtas, quienes una vez producido el solsticio (21 de diciembre) se repartían entre las antorchas como augurio de un pronto verano. En el norte de Europa existió además el Arbol del Universo, llamado Yggdrasil, en cuya copa estaba el palacio de Odín, el máximo dios, de donde los primeros evangelistas tomaron la idea del árbol para celebrar el nacimiento de Cristo, pero cambiándole el significado. Ocurría que mientras a Yggdrasil se le ofrecían sacrificios humanos, para los cristianos eso no hacía falta: Jesús ya había dado su vida en los maderos de la cruz (el árbol) para salvar a la humanidad. A propósito de esto se cuenta que san Bonifacio, evangelizador de Alemania, sesgó con un hacha un árbol que representaba el Yggdrasil y ante el cual se estaba por sacrificar a un niño; y que de allí brotó milagrosamente un abeto. Mientras los cristianos protestantes eligen el pino, los católicos no dudan en preferir el abeto y esto tiene que ver con que fue Martín Lutero, padre de la Reforma, quien impuso el pino como Arbol de Navidad, porque sus hojas, que simbolizan el eterno amor a Dios, debían ser perennes. A esta idea también adhirieron los católicos, pero para distinguirse de los protestantes lo suplantaron por el abeto, que además de hojas perennes, tiene una forma triangular que representa a la Santísima Trinidad. Por su parte, los judíos poseen su Arbol de la Vida, que no existe materialmente, pero que se dibuja con diez redondeles, que representan las diez emanaciones espirituales o sefirots, a través de las cuales Dios habría dado origen a todo lo existente. Estas diez emanaciones se interconectan a su vez con las 22 letras del alfabeto hebreo y su compleja interpretación entra en el terreno de la Cábala. El Arbol de Navidad también recuerda al manzano del Paraíso de cuyos frutos comieron Adán y Eva, y de donde provino el pecado original. Normalmente se cree que vestir el árbol enteramente de rojo, depara pasión; si de oro, riqueza; si de blanco, paz; si de azul, tranquilidad; si de amarillo, éxito; si de naranja, alegría; si de marrón o beige, trabajo; si de verde, esperanza. Pero para los católicos devotos, el simbolismo es otro: las esferas representan los rezos que se hacen durante el período de Adviento y sus colores responden, si son rojas, a peticiones; si plateadas, a agradecimiento; las doradas son de alabanza y las azules de arrepentimiento. Además, la estrella que se acostumbra poner en la punta del árbol representa la fe que debe guiar la vida del cristiano. El Arbol de Navidad debe poseer entre 24 a 28 esferas, dependiendo de los días que tenga el Adviento, que se van colgando desde el 8 de diciembre hasta Nochebuena, y cada una se acompaña de una oración o un propósito. Pasado el día de Reyes Magos, el árbol de plástico es despojado de sus adornos, doblado al medio y guardado hasta el próximo año en una caja, bien arriba, en el placard, para que no moleste. Pese a la perennidad que simboliza, sobrevive menos de un mes: apenas entre el 8 de diciembre y el 6 de enero.

El manuscrito Voynich es uno de los libros más valiosos del mundo. Datado en el siglo XV, está escrito en un idioma desconocido, que ha sido objeto de estudio de cientos de criptógrafos. Su origen no está claro, y hay teorías para todos los gustos. Lo único seguro es que se trata de un auténtico texto medieval y que su contenido sigue siendo un misterio. Muchos científicos han insistido en que se trata de un engaño: un objeto creado a propósito para parecer misterioso y antiguo ante los ojos de los reyes de finales de la Edad Media, cuyo único objetivo era ser vendido al mejor postor. Pero Stephen Bax, un lingüista de la Universidad de Bedfordshire, en Reino Unido, asegura todo lo contrario: el manuscrito es real. Y lo es porque ha logrado traducir partes del texto que todo el mundo creía indescifrable. Bax ha estado dos años estudiando el manuscrito, utilizando análisis lingüísticos letra por letra. “Mi idea era identificar nombres propios en el texto, la técnica que se ha usado con éxito para descifrar jeroglíficos egipcios y otros textos misteriosos”, ha explicado el profesor en un comunicado de la universidad. “Una vez que descifras esos nombres puedes trabajar con partes del manuscrito”. Hay algunas secciones del manuscrito Voynich cuyo sentido parece más fácilmente identificable, aquella conocida como el “herbario”, un compendio de ilustraciones de plantas, y la “astronómica”, que contiene diagramas circulares que muestran constelaciones y planetas. Es en estas secciones donde Bax empezó a atar cabos: “El manuscrito tiene un montón de ilustraciones de estrellas y plantas. Fui capaz de identificar algunas de ellas y sus nombres estudiando manuscritos medievales sobre plantas escritos en árabe y otros lenguajes. Ya tenía algo con lo que empezar, y los resultados fueron exciantes”. Entre las palabras descifradas se encuentra la que se utiliza en el texto para referirse a la constelación de Tauro, que aparece junto a una ilustración de siete estrellas que parecen ser las Pléyades –el grupo de estrellas situado a un costado de la constelación–. Además ha identificado la palabra “kantairon”, que se refiere a la planta Centaurea cyanus, una hierba bien conocida en la Edad Media. Una codificación parcial El profesor Bax sigue trabajando en el texto, y sólo ha logrado decodificar parcialmente algunas partes del mismo, pero su hallazgo resulta de suma importancia pues, de ser cierto, podría abrir el camino a la traducción completa de éste y, lo que es seguro, a desterrar la idea de que se trata de una falsificación. “Mi intención al comunicar los hallazgos tan pronto es animar a otros lingüistas a que trabajen conmigo para descifrar el manuscrito por completo, utilizando el mismo planteamiento”, asegura Bax. “Auque no va a ser nada fácil, es la manera con la que podremos entender finalmente que era lo que sus misteriosos autores querían decirnos. Lo que es seguro es que mis hallazgos muestran de forma concluyente que el manuscrito no es un engaño, como algunos creen. Es probablemente un tratado sobre naturaleza escrito en un lenguaje de Oriente Próximo o Asia”. La tercera investigación en lo que va de año El manuscrito Voynich es uno de los textos que más se han estudiado en la historia, y hoy en día goza de una gran atención. No en vano es la bestia negra por excelencia de la criptografía. El pasado enero, el profesor Marcelo Montemurro, físico teórico en la Universidad de Manchester, adelantó los resultados de un análisis estadístico realizado sobre el manuscrito. Según Montemurro, si el lenguaje fuera real, cada sección debería contener palabras que se repitieran con más frecuencia, del mismo modo que, por ejemplo, en un libro de bricolaje aparecen con mayor reiteración palabras como "taladro", "martillo" o "destornillador". Y en el manuscrito ocurre: hay conjuntos de palabras que se repiten más en cada sección. Además, como en todo lenguaje real, existe un espacio predecible entre el conjunto de palabras que se repiten. Su conclusión era clara: “El voynichés es un lenguaje. Y es imposible pensar que fuese puesto ahí a propósito”. Los hallazgos de Bax no son los únicos publicados este mes en torno al manuscrito. A principios de febrero un estudio publicado en el American Botanical Council sugería que el texto podría tener origen azteca, ya que muestra plantas que sólo crecen en Mesoamérica. En total, los investigadores creen que 37 de las 303 plantas dibujadas en el manustricrito, seis animales y un mineral, pertenecen a una región concreta entre Texas, el oeste de California, el sur de Nicaragua y el centro de México. En opinión de los investigadores estadounidenses, el idioma del texto podría ser un dialecto extinto del Nahúatl, una lengua azteca que se hablaba en esta zona de Mesoamérica. Algo que choca por completo con las conclusiones de Bax, que sitúa el origen del manuscrito en la otra punta del mundo. No cabe duda de que el manuscrito Voynich seguirá dando que hablar en el futuro. Aca mas informacion: http://es.wikipedia.org/wiki/Manuscrito_Voynich
Imaginen el siguiente vídeo. Un hombre está sentado frente a una mesa. Encima de ella hay una caja con 100 dados. El hombre vuelca la caja y los 100 dados caen con la cara del seis boca arriba. ¿Cómo ha podido ocurrir eso? Vamos a suponer que el vídeo no está trucado. No hay efectos ni montajes ni cortes de ningún tipo. Los dados no están cargados. El vídeo es 100% real. No hace falta ser matemático para intuir que la probabilidad de que alguien obtenga 100 seises simultáneos al tirar 100 dados es extraordinariamente baja. A escala humana, los científicos suelen desechar este tipo de probabilidades ínfimas considerándolas nulas. Y eso aún no siéndolo en realidad: si dispusiéramos de la eternidad acabaríamos obteniendo 100 seises simultáneos con total seguridad. En un universo espacial y temporalmente infinito todo aquello que no tiene una probabilidad nula de suceder acabará sucediendo en un momento u otro. Si lo prefieren así: todo aquello que no esté prohibido por las leyes de la física acabará ocurriendo con total seguridad en un universo de estas características. Así pues, las dos únicas explicaciones posibles para el vídeo son las siguientes: Es magia. El hombre ha volcado la caja millones de veces hasta conseguir el resultado deseado. La primera explicación es la de la religión. La segunda, la de la razón científica. Para entender la enormidad de las cifras que estamos manejando, rebajemos el objetivo. Saquemos 90 dados de la caja y quedémonos con tan solo diez. Aquí entramos ya en terreno amable, ¿cierto? En realidad, no. Haría falta tirar esos dados una media de 60.466.176 veces para obtener el resultado de diez seises. A cinco segundos por tirada eso supone nueve años y medio de nuestras vidas, 24 horas al día, 365 días del año. Aunque es perfectamente posible tirar los dados durante 20, 30 o 100 años seguidos sin que aparezcan esos diez seises. Al igual que es perfectamente posible obtener el resultado deseado a la primera. Pero yo no apostaría mi dinero por ello. Por supuesto, jamás veremos un vídeo como el descrito en el primer párrafo. Ni siquiera rebajando nuestras ambiciones a tan solo diez dados. Sin embargo, y por extraño que pueda parecer, todos nosotros vemos a diario a nuestro alrededor algo mucho más improbable aún que los 100 seises del vídeo. Es el universo. Nuestra realidad. A eso exactamente se refería Einstein cuando se preguntó si dios tenía otra opción al crear el universo. Y de eso habla el físico y cosmólogo estadounidense Lawrence M. Krauss en su último libro, A universe from nothing. Why there is something rather than nothing, publicado en inglés por la editorial Free Press y en español por nadie. El título del libro de Krauss, como todo buen título de libro de divulgación científica, es autoexplicativo y no deja espacio para intrigas. Nuestro universo nació de la nada. Más concretamente, de unas leyes de la física que no permiten otra posibilidad que esa: la de un universo sin causa externa que nace espontáneamente de la nada a partir de fluctuaciones cuánticas. El término fluctuación cuántica puede parecer intimidatorio pero en realidad resulta relativamente sencillo de explicar: una fluctuación cuántica es una variación temporal en la cantidad de energía en un punto determinado del espacio. Dicho de otra manera: a nivel cuántico, es decir a escalas microscópicas, la nada siempre produce algo aunque sea apenas durante un instante. La nada es algo muy inestable. Según la teoría cuántica del electromagnetismo, las partículas pueden surgir de esa nada siempre y cuando desaparezcan prácticamente de inmediato en una fracción de tiempo minúscula determinada por el principio de incertidumbre de Heisenberg. Esa fracción de tiempo es de hecho la más minúscula posible. Aquella por debajo de la cual ni siquiera existe tiempo. La pregunta es ¿existían esas partículas antes de aparecer espontáneamente en nuestra realidad desde la nada? Y cuando hablamos de partículas hablamos también de universos enteros. Esos universos, según Krauss, no tienen por qué estar vacíos sino que pueden albergar materia y energía… siempre y cuando su energía total sea igual a cero. Y ese es precisamente el universo en el que vivimos: un universo inflacionario plano cuya energía total es cero y que ha nacido de la nada. Entendiendo nada por ausencia de espacio y tiempo. Pero descubrir que nuestro universo nació de la nada y que toda la materia y la energía que alberga surgieron de un minúsculo desequilibrio entre materia y antimateria durante los primeros instantes del Big Bang solo hace retroceder un paso la pregunta clave. Si las leyes de la física dicen que la nada siempre produce algo, es decir si la nada alberga la potencialidad de la existencia, ¿de dónde salen esas leyes de la física? ¿No es la potencialidad de existencia algo en sí mismo? Y esa es la pregunta que se hacía Einstein. ¿Son las leyes de la física únicas y eternas para toda la realidad? ¿O son ambientales y cambian de universo a universo? En otras palabras, ¿son las leyes de la física accidentales? ¿Hay otras opciones posibles más allá de las leyes que gobiernan nuestro universo? Como dice Krauss en el libro, ¿por qué es la gravedad mucho más débil que el resto de fuerzas que gobiernan nuestro universo? ¿Podría ser un poco más fuerte o más débil de lo que lo es? ¿Por qué es el protón 2000 veces más pesado que el electrón y no 10.000, 100.000 o 23? Y aquí es donde liga el libro de Krauss con el ejemplo del vídeo: si algo tan improbable como la existencia de inteligencia en un universo apto para la vida ha ocurrido, y nosotros somos la prueba de ello, solo caben dos explicaciones: Es magia (dios). Existen decenas de miles de millones de universos paralelos con leyes físicas propias. Leyes ambientales y accidentales que gobiernan la energía y la materia y cuyos valores varían de un universo a otro. Así pues, es muy probable que nuestra realidad no esté formada por un único universo sino por un multiverso infinito en el que cada uno de los universos que lo componen cuenta con sus propias leyes físicas. En alguno de esos universos la vida es imposible. En otros es tan viable que esta florece de inmediato en todos aquellos planetas que reúnen unas laxas condiciones mínimas. En otros, sus particulares leyes de la física provocan que el universo colapse sobre sí mismo nada más nacer. Otros están destinados a quedar vacíos de materia o de energía con el transcurso del tiempo. Infinitos, eternos y muertos. Este último universo es precisamente el nuestro. Un universo sin sentido ni objetivo ni trascendencia que existe por la única razón de que sería imposible que no existiera. Como dice Krauss en A universe from nothing, el problema del concepto de creación es que este parece requerir un agente externo primigenio. El mago del vídeo. Dios. Una solución que nos parece absurda en el ejemplo de los dados pero que aceptamos con relativa normalidad en el caso de todo lo que nos rodea. Lo lógico es pensar que si dios ha sido capaz de crear un universo también lo será de lograr que 100 dados caigan con la cara del seis boca arriba, ¿cierto? Sin embargo, la explicación que no admitiríamos jamás para un suceso banal como el de una tirada de dados nos sirve para explicar la enormidad de la realidad. Pero esa es tan solo una de las incongruencias intelectuales que surgen espontáneamente cuando se confronta la religión con la realidad. Hay muchas más. Por supuesto, dios es en este caso tan solo el truco de magia con el que los creyentes detienen la regresión infinita de la pregunta original en un momento aleatorio del proceso de la creación. Un momento aleatorio que, casualmente, ha coincidido a lo largo de la historia del ser humano con los límites de la ciencia en ese punto determinado de la historia. Con la barrera coyuntural del momento. Una posición ventajista la de andar a remolque de las limitaciones momentáneas de tu rival, ¿no es cierto? Me explico. Hace cientos de años esa barrera coyuntural era la del origen de la materia. ¿De dónde salía toda la materia que vemos a nuestro alrededor: los planetas, las estrellas, las galaxias? La ciencia no podía dar respuesta a eso y las religiones ocuparon el hueco alegando que “dios es el creador de todo lo que vemos”. Esas religiones estaban hablando de un dios de la materia, un dios mundano, un mero orfebre de partículas. Bien, eso es falso: nuestro universo y todo lo que este contiene surgieron muy probablemente de la nada. La ciencia ha saltado ya la barrera del origen de la materia… y la religión ha respondido retrocediendo un paso hasta las leyes físicas que gobiernan esa nada. Ahora las religiones dicen: “Dios es el creador de las leyes físicas que conducen a la creación de algo a partir de la nada”. Y si mañana la ciencia descubriera o tuviera meros indicios racionales de la existencia de una verdad física subyacente que pudiera dar origen a las leyes de la física tal y como las conocemos, la religión volvería a retroceder otro paso para defender con toda la vehemencia de la que fuera capaz la idea de que dios es el creador de esa verdad física subyacente a las leyes de la física. Por supuesto, la ciencia no puede afirmar que dios no existe de la misma manera que no puede negar la existencia de los wookies en un universo paralelo. Todo el que ha tenido novia sabe lo difícil que es demostrar que algo no ha ocurrido. El contraargumento de la ciencia es obvio. Si dios es el origen de todo, ¿quién creó a dios? ¿Por qué debemos aceptar la idea de un mago todopoderoso y primigenio situado fuera de la realidad del espacio y del tiempo y no la idea de unas leyes de la física eternas e inmutables (o mutables de universo a universo a partir de una realidad física subyacente)? Hay algo lamentable en toda esta martingala de la religión que Krauss explica perfectamente en su libro. Dentro de miles de millones de años, todas las galaxias que no formen parte de nuestro clúster (un clúster es una agrupación de galaxias) se habrán alejado de nosotros a una velocidad mayor que la de la luz. “Ah, pero nada puede viajar a una velocidad mayor que la de la luz”, dirán ustedes. Mec. Error. Esa frase es incorrecta tal y como está escrita. La frase correcta es “nada puede viajar en el espacio a mayor velocidad que la de la luz”. El espacio mismo sí puede. Y de hecho lo está haciendo en estos momentos. Así que dentro de dos billones de años las galaxias que no formen parte de nuestro clúster de galaxias se habrán alejado tanto de nosotros que la longitud de onda de su luz será igual a la del tamaño del universo visible. En castellano: esas galaxias serán invisibles para el observador y nada que ocurra en ellas, por cataclísmico que sea, tendrá la más mínima oportunidad de dejar un rastro visible para nosotros. Los futuros habitantes de nuestra galaxia no tendrán ninguna prueba de la existencia de esas 400.000 millones de galaxias que nosotros sí podemos ver en estos momentos. Es decir, y aquí viene lo importante: los futuros habitantes de nuestra galaxia no tendrán ninguna prueba de la existencia del Big Bang. No sabrán de la expansión del universo, ni del fondo de radiación cósmica, ni de la concordancia entre la cantidad de elementos ligeros (helio, hidrógeno y litio) de nuestro universo y la que sería predecible tras un suceso como el del Big Bang. Y esas son exactamente las tres razones por las que nosotros sabemos que nuestro universo tuvo un origen y que ese origen fue el Big Bang. Véanlo así: los seres humanos del siglo XXI disfrutamos del privilegio cósmico de vivir en el único momento de la historia de nuestro universo en el que podemos tener pruebas fehacientes de que dicho universo tuvo un origen, de que ese origen fue el Big Bang y de que ese Big Bang surgió de la nada. Los habitantes futuros de nuestra galaxia podrán intuir que el universo tuvo un origen, pero no tendrán pruebas definitivas de ello, sino meramente circunstanciales. Y eso quiere decir que esos habitantes futuros de nuestra galaxia estarán vendidos frente a la religión. Es probable que en el futuro sigan existiendo ateos, pero su posición será sensiblemente más débil que la nuestra y mucho más difícil de defender a partir de la razón científica. Obviamente, cuando hablo de “el único momento de la historia” estoy hablando de un lapso de tiempo enorme a escala humana (aunque minúsculo a escala cósmica). A dicha escala cósmica, el Big Bang es tan reciente que casi podría decirse que quema. Acaba de suceder. Así que sabemos lo que sabemos porque nuestro universo es todavía muy joven y todo lo que alberga en su interior está aún lo suficientemente cercano a nosotros como para que podamos ver cómo se aleja. De hecho, es bastante probable que a la vida en la tierra le de tiempo a extinguirse y florecer unas cuantas veces antes de que ese lapso temporal llegue a su fin. Aún y así, es lamentable comprobar como el ser humano, frente a la posibilidad histórica y ciertamente excepcional del conocimiento total, sigue refugiándose en la superstición, la credulidad y la especulación de la religión… y la filosofía, esa metafísica con pretensiones que algunos aún se empeñan en mantener en un compartimento estanco alejado de los mitos y fábulas de la fe. Son esos mismos pervertidos intelectuales que se escandalizan cuando los beatos del PP les meten cucharadas de religión a los niños en la escuela pero que gozan patéticamente con la idea de inyectarles a los pobres críos filosofía en vena. ¡Pero si ambas son la misma sandez! ¿Es que no lo ven? Adaptando a Krauss, les reto a que mencionen una sola brizna de conocimiento que hayan aportado la religión o la filosofía al ser humano a lo largo de la historia. Con dos condiciones: Ese conocimiento ha de ser verdadero, es decir susceptible de ser confirmado en nuestra realidad física. Ese conocimiento ha de ser exclusivo de esas dos disciplinas. Es decir que a ese conocimiento no debe poder llegarse por ninguna otra vía o disciplina intelectual y muy especialmente por la vía científica. Van a pasar un mal rato intentando dar con esa brizna. Porque esa brizna no existe. Y si existe ha dejado hace tiempo de ser religión o filosofía para pasar a ser ciencia. La filosofía y la religión son dos gigantescos pozos de mentiras, de especulación y de charlatanería. Dos variantes especialmente ridículas de la metafísica y el espiritismo, respectivamente. Carne de Cuarto Milenio. Lo repito: no es de extrañar que en las librerías la sección de autoayuda se encuentre siempre al lado de las de religión y filosofía. Lo extraño es que no estén las tres al lado de la de cuentos infantiles. link: http://www.youtube.com/watch?v=Fs_MwYZHm7g
¿Qué será, niño o niña? En los mamíferos, incluido el hombre, que nazcan machos o hembras depende de un único elemento de nuestro genoma, el cromosoma Y. Solo los machos lo llevan, junto al otro cromosoma sexual, el X, del que las mujeres tienen dos copias. Por lo tanto el cromosoma Y es el responsable último de todas las diferencias morfológicas y fisiológicas entre los dos sexos. Aunque no siempre ha sido así. Hace mucho tiempo, en efecto, los cromosomas X e Y eran absolutamente idénticos, y solo en tiempos relativamente recientes el cromosoma Y empezó a diferenciarse del X en los machos. Y también tiende a "encoger", hasta el punto de que en la actualidad apenas si cuenta con unos 20 genes, nada si se compara con los más de mil que posee el cromosoma X. La revista Nature publica esta semana dos estudios diferentes sobre la cuestión. Hace 180 millones de años Pero, ¿cuándo se originó el cromosoma Y y qué genes, entre todos los posibles, se mantuvieron finalmente en él? La respuesta a esta cuestión acaba de ser anunciada por un grupo internacional de investigadores liderado por Henrik Kaessmann, del Instituto Suizo de Bioinformática de la SIB. En su trabajo, han logrado determinar que los primeros "genes sexuales" aparecieron en los mamíferos hace unos 180 millones de años. Hace muy poco, si se tiene en cuenta que la vida apareció en la Tierra hace más de 3.700 millones de años. Analizando muestras de numerosos tejidos masculinos de diferentes especies (especialmente de testículos), los investigadores recuperaron los genes contenidos por los cromosomas Y de los tres principales linajes de mamíferos: los placentarios (que incluyen a humanos, simios, roedores o elefantes); los marsupiales (como los opossum o los canguros); y los monotremas (mamíferos que ponen huevos, como el ornitorrinco y el equidna, una especie de puercoespín australiano). En total, los investigadores trabajaron con muestras de quince especies diferentes de mamíferos, pertenecientes a los tres linajes. Para hacer comparaciones, añadieron además muestras obtenidas de gallinas. En lugar de secuenciar por completo el cromosoma Y, lo que habría supuesto una "tarea colosal" en palabras de Diego Cortez, uno de los autores del estudio, los científicos optaron por "tomar un atajo". Comparando las secuencias genéticas de tejidos de machos y de hembras, eliminaron todas aquellas (secuencias) que eran comunes a ambos sexos. Las que quedaron tras la criba correspondían solo al cromosoma Y. El proceso supone el mayor "mapa genético" del cromosoma masculino del que se dispone hasta la fecha. El estudio necesitó más de 29.500 horas de computación. Una tarea gigantesca y que no habría podido abordarse sin los más modernos medios técnicos, como secuenciadores genéticos y ordenadores con una gran capacidad de cálculo. ¿Cuestión de temperatura? Los resultados del estudio muestran que un mismo gen determinante del sexo, llamado SRY, surgió en un ancestro común de marsupiales y mamíferos placentarios hace unos 180 millones de años. Y que otro gen, llamado AMHY, responsable del surgimiento del cromosoma Y en los monotremas, tiene una antigüedad parecida, 175 millones de años. Ambos genes, según Henrik Kaessmann, "están implicados en el desarrollo de los testículos" y surgieron "casi al mismo tiempo pero de una forma totalmente independiente". Sin embargo, y a pesar de este espectacular avance, la naturaleza del sistema de determinación del sexo presente en el ancestro común de todos los mamíferos (de los tres linajes) sigue siendo un misterio, ya que ese ancestro vivió muchos millones de años antes de que surgieran los cromosomas Y a los que se refiere el estudio. ¿Qué fue, pues, lo que desencadenó la necesidad original de distinguir entre machos y hembras? ¿Se debe quizá a algún otro factor genético aún desconocido o se podría achacar a meros factores ambientales, como la temperatura? Esta última posibilidad dibuja, según los investigadores, un escenario más que plausible, dado que la temperatura es capaz, por ejemplo, de determinar el sexo de las crías de los cocodrilos actuales. Sin embargo, por lo que respecta a los mamíferos, y por tanto a nosotros mismos, la cuestión sigue abierta.

La mecánica cuántica o la física de lo microscópico tuvo su aparición en los trabajos de Max Planck, Albert Einstein y Niel Borh. Este último, partiendo del concepto de los cuantos, pudo explicar muy bien el modelo atómico del hidrógeno, solo que este modelo no era capaz de explicar el comportamiento de las líneas espectrales de átomos más complejos. Por tal motivo, el modelo estaba incompleto y solo fue terminado más adelante con los trabajos de Werner Heisenberg y Erwin Schrödinger. 1. de Broglie extiende las propiedades ondulatorias de la luz a la materia Louis de Broglie llego a sugerir que el comportamiento corpuscular-ondulatorio de la luz podía extenderse a la materia misma llegando a formular su ecuación de la siguiente manera. Partió de las ecuaciones: E=mc2 y E=fh; donde E es energía; m es la masa; c es la velocidad de la luz; f, la frecuencia y h es la constante de Planck. Al igualar las dos ecuaciones se obtiene mc2= fh. Pero, teniendo en cuenta a la longitud de onda (L), entonces f = c/L; de donde mc2 = ch/L. Si eliminamos una de las c en ambas ecuaciones, nos queda mc = h/L. Al despejar L nos queda que L = h/mc y como las partículas viajan a velocidades menores que la de la luz, entonces c se aproxima a v, por lo que la formula que relaciona la onda con la partícula es: L = h/mv 2. La física cuántica matricial de Werner Heisenberg Para 1925, Heisenberg desarrolla una teoría cuántica eliminando todo sistema referencial, que elimina la dualidad onda-partícula y que solo considera reales a las propiedades medibles del átomo. A Max Born le gusto el trabajo de Heisenberg y sugirió que tales mediciones podían ser organizadas en filas y columnas, es decir un arreglo matricial, y con ello hacer predicciones para las variables físicas. El método de Heisenberg fue un éxito y fue denominado mecánica de matrices. Asimismo, Heisenberg también es conocido por su descubrimiento y formulación del principio de incertidumbre el cual es ineludible en la mecánica cuántica. 3. La física cuántica ondulatoria de Schrödinger Por otro lado, el físico austriaco y Premio Nobel Erwin Schrödinger, seguro de la posibilidad de representar el micromundo mediante un referencial, retoma la dualidad onda-partícula y desarrolla una ecuación de onda que sería aplicada a cualquier sistema de referencia físico, con la condición de que fueran conocidos los valores matemáticos de su energía. A esto se lo conoce como mecánica ondulatoria. 4. El álgebra cuántica de Paul Dirac Las dos teorías anteriores tuvieron críticas cruzadas por parte de sus creadores. Pero, en 1926, Paul Dirac, un físico británico y premio Nobel, aparece con una teoría a la que llamo álgebra cuántica, que demostraba que la mecánica de matrices y la ondulatoria son matemáticamente equivalentes. Paul Dirac también realizó una unificación de la teoría de la relatividad especial y la teoría cuántica en sus ecuaciones, y prediciendo a la vez la existencia del positrón, partícula encontrada en 1932 por Carl David Anderson, y que es la antipartícula del electrón. Así, la física cuántica moderna puede explicar el espectro de todos los átomos. Claro que la mecánica cuántica moderna también encuentra su desarrollo en los trabajos de Wolfgang Pauli, con el principio de exclusión y la aparición del neutrino, así como los aportes de John von Neumann y Richard Feynman, todos ganadores del premio Nobel.
Espergesia - Cesar Vallejos Yo nací un día que Dios estuvo enfermo. Todos saben que vivo, que soy malo; y no saben del diciembre de ese enero. Pues yo nací un día que Dios estuvo enfermo. Hay un vacío en mi aire metafísico que nadie ha de palpar: el claustro de un silencio que habló a flor de fuego. Yo nací un día que Dios estuvo enfermo. Hermano, escucha, escucha... Bueno. Y que no me vaya sin llevar diciembres, sin dejar eneros. Pues yo nací un día que Dios estuvo enfermo. Todos saben que vivo, que mastico... y no saben por qué en mi verso chirrían, oscuro sinsabor de ferétro, luyidos vientos desenroscados de la Esfinge preguntona del Desierto. Todos saben... Y no saben que la Luz es tísica, y la Sombra gorda... Y no saben que el misterio sintetiza... que él es la joroba musical y triste que a distancia denuncia el paso meridiano de las lindes a las Lindes. Yo nací un día que Dios estuvo enfermo, grave.