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Ruz procesa por genocidio en el Sáhara a 11 militares marroquíes El magistrado ordena detener a ocho imputados por 50 asesinatos y 202 secuestros ocurridos tras la retirada de España de su antigua colonia y hasta 1992 Entierro el pasado noviembre de los ocho saharauis asesinados en 1976 y exhumados de dos fosas comunes por un equipo español el pasado junio. / ARANZADI El juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz procesó ayer a 11 altos cargos de Marruecos —ocho mandos militares y tres civiles— por su supuesta participación en el genocidio del pueblo saharaui entre 1976 y 1991. Ruz, que también ordena detener a siete de ellos, considera acreditado que tras el abandono del Sáhara Occidental por parte de España se produjo “un ataque sistemático contra la población civil saharaui por parte de las fuerzas militares y policiales marroquíes”. Estas acciones, según el juez, tenían el fin de “destruir total o parcialmente” a la población autóctona y “apoderarse del territorio” de la antigua colonia y provincia española. El magistrado describe en su auto —resolución razonada— al menos 50 casos de asesinato, seis desapariciones, 202 detenciones ilegales y hasta 23 casos de torturas supuestamente infligidas por estos imputados, de los cuales uno podría haber fallecido en 2010, según informaciones periodísticas. El resto no ha sido localizado porque Marruecos no ha respondido a las diferentes comisiones rogatorias —peticiones de auxilio judicial entre Estados— cursadas en esta investigación. Ruz, que en los próximos días será relevado al frente del Juzgado Central de Instrucción número 5, cierra su paso por la Audiencia Nacional con un auto que previsiblemente tensará las relaciones entre España y Marruecos. El juez da por concluida la investigación iniciada por su antecesor, Baltasar Garzón, en 2007, a raíz de una querella de la Asociación de Familiares de Presos y Desaparecidos Saharauis. En su resolución final, Ruz relata “bombardeos contra campamentos de población civil, desplazamientos forzados de población civil, asesinatos, detenciones y desapariciones de personas, todas ellas de origen saharaui”, y con independencia de que fueran miembros del Frente Polisario, la guerrilla que hasta 1991 luchó contra Marruecos por la autodeterminación del Sahara. También reseña el magistrado que se produjeron “encarcelamientos prolongados sin juicio, algunos durante muchos años”, y “torturas a personas saharauis por parte de funcionarios militares y policiales marroquíes en diversos centros oficiales de detención ubicados tanto en territorio del Sáhara Occidental como en Marruecos”. Ruz sostiene que tales hechos fueron “impulsados” por los altos mandos de los cuerpos militares marroquíes. El juez dedica las primeras siete páginas de las 40 que componen el auto a realizar un recorrido histórico y jurídico sobre la presencia de España en el Sáhara Occidental, que se inició en 1885 con la Conferencia de Berlín, y terminó en los estertores de la dictadura de Franco en noviembre de 1975 con la Marcha Verde ordenada por Hassan II de Marruecos. Esta introducción, en apariencia más propia de un libro de ensayo que de un auto judicial, tiene un sentido muy claro: poner de manifiesto que Marruecos no tiene soberanía sobre el Sáhara y que los casi 74.000 nativos saharuis censados en 1974, antes de la ocupación marroquí, tenían “la consideración de españoles”. El hecho de que las víctimas tuvieran DNI, pasaporte y libro de familia español por el hecho de haber nacido en unos territorios que España consideraba “provincias” suyas, ha evitado que la investigación fuera archivada por la reforma de la justicia universal del PP en marzo de 2014. El magistrado divide los hechos investigados, que se iniciaron cuando España aún no había salido del territorio, en dos grupos. El primero es el de los que no tienen autor conocido. Entre ellos se relata el asesinato de ocho personas en Amgala, en la zona de Smara, entre los días 12 y 13 de febrero de 1976. Un hombre que entonces tenía 10 años, Abba Ali Said, vio cómo soldados marroquíes disparaban directamente en el pecho en su presencia a dos pastores saharauis que se negaron a responder preguntas sobre el Frente Polisario. Después le llegó el turno a él, pero un soldado marroquí intercedió ante los oficiales salvándole la vida. Escondido tras un camión, esa misma noche presenció el asesinato de otras seis personas, entre ellas un primo suyo de 14 años. Los restos de estas víctimas fueron hallados en dos fosas comunes separadas entre sí por 30 metros en la zona de Fedret Leguiaa en febrero de 2013. La excavación de la fosa, donde se hallaron los DNI de algunas de las víctimas, así como varios billetes y monedas, y las pruebas de ADN practicadas por los forenses Martín Beristáin y Francisco Echevarría han sido una prueba “fundamental” para corroborar la veracidad de los testimonios de las víctimas supervivientes recogidos en la querella y ratificados ante el propio magistrado por algunas de ellas. Otro episodio sin autor conocido es el bombardeo con napalm y fósforo blanco del campamento de desplazados Un Dreiga el 20 de febrero de 1976. Ese día, dos aviones de la fuerza aérea marroquí arrasaron las jaimas donde se refugiaban cientos de saharauis. Al menos 39 personas han sido reconocidas por Ruz como muertas en aquel ataque —otras fuentes elevan la cifra a entre 100 y 200— y al menos 75 fueron heridas. La agresión afectó incluso a una tienda hospital señalada con una media luna roja. Los hechos con autor conocido se registraron en las ciudades de Smara y El Aaiun. En el cuartel de la primera población, en enero de 1977 un prisionero presenció cómo al recién nacido de otra presa “le cortaron los dedos y se los trajeron a la madre después en la comida”. También vio cómo los militares envolvieron a un anciano saharaui de 70 años en una manta, lo rociaron con gasolina y lo quemaron. Al mando del cuartel se encontraban el coronel Abdelak Lemdaour y el teniente de la Gendarmería Real Driss Sbai. En los años 80, las detenciones irregulares y las torturas estuvieron supuestamente coordinadas por el wali (gobernador) Hassan Uychen. Entre sus víctimas figura la activista más conocida de la causa saharaui en la actualidad, Aminatu Haidar. “Las acciones investigadas cometidas por militares o policías marroquíes se dirigen unívocamente contra los saharauis, que son sometidos a persecución únicamente por ser originarios de ese territorio que reclama Marruecos y con la finalidad de destruirlos, mediante el asesinato, o desapareciones forzadas o incluso mediante la reclusión durante grandes periodos de tiempo. Existe, por tanto una finalidad de destrucción biológica de esas personas simplemente por su origen étnico”, concluye el juez Ruz. Los implicados La querella inicial se dirigía contra 32 personas. La investigación se cierra con 11. Estos son los principales: Abdelhafid Ben Hachem, gobernador de la Administración Territorial hasta 1997. Abdelhak Lemdaour, coronel del Ejército. Driss Sbai, teniente de la Gendarmería Real. Said Ouassou, exgobernador de Smara. Podría haber fallecido en 2010. Hassan Uychen, exgobernador de Smara. Brahim ben Sami, inspector en El Aaiun. Haris el Arbi, inspector en El Aaiun.
Bienvenido Los casos de explotación sexual por parte de los cascos azules de la Naciones Unidas continúan siendo algo sistémico. El último informe de supervisión interno del organismo se concentra este año en la conducta del personal en Haití y Liberia, dos de los países más pobres del planeta y los más afectados por estos abusos. El estudio revela que el sexo utilizado como moneda de cambio es “bastante común”, aunque las víctimas tienden a no denunciar y eso complica que se las pueda asistir convenientemente. La ONU tiene desplegados en torno a 125.000 cascos azules por todo el mundo, en misiones de mantenimiento de la paz en zonas de conflicto o realizando labores de asistencia en países azotados por los desastres naturales. La práctica de pagar por sexo está prohibida para los cascos azules. Se desaconseja incluso la relación del personal con los beneficiarios de la ayuda. El borrador del informe, que se hará público próximamente, aunque ha sido filtrado a través de varios medios, revela que durante el año pasado se denunciaron 51 casos de abusos y explotación sexual en todas las misiones de las Naciones Unidas, según la agencia AP. Son 15 menos que los recogidos en el último informe anual. Pero este descenso se considera insuficiente por los investigadores, pese a que en paralelo se haya incrementado el número de efectivos desplegados. Stéphane Dujarric, portavoz del secretario general Ban-Ki moon, ha explicado este jueves que el documento final no está aún redactado y avanzó que podría publicarse el próximo lunes 16 de junio. Sí insistió en que desde el organismo “no se va a tolerar” ningún tipo de abuso y dijo que espera que los cascos azules envueltos en este tipo de intercambio "sean investigados por los países que tienen la autoridad sobre ellos". El informe, concluyó, será otro instrumento para ayudar a combatir estos abusos sexuales. En el caso concreto de Haití, los cascos azules pagaron por sexo a 225 mujeres en Haití que se veían en la necesidad de obtener alimentos o medicamentos, según han publicado varios medios. Lo que no se precisa es el periodo en el que ocurrió ni cuántos miembros de la misión, tanto civiles como militares, estarían implicados en estos actos. Las primeras tropas se desplegaron en 2004. Hace un año se publicó un estudio similar en el que se elevaba a 231 la cifra de afectadas por estas “transacciones sexuales”. Es un problema que afecta especialmente a las mujeres en medios rurales, que buscan en medio de la miseria tener acceso a productos y servicios básicos para poder sostener a sus familias. También las que viven en zonas urbanas o en los suburbios, que en su caso, a cambio de la relación sexual, reciben “zapatos, teléfonos móviles, ordenadores portátiles, joyas y dinero”. El documento eleva a 480 las alegaciones por explotación sexual y abusos en un periodo que comprende los años 2008 y 2013. De ese total, un tercio de los casos eran menores, lo que da aún una mayor dimensión al problema. Junto a Haití y Liberia, las otras dos misiones más afectadas son las que operan en Sudán del Sur y la República Democrática del Congo. El informe denuncia, además, que la asistencia a las víctimas es “severamente deficiente” y se pide que se aclaren la reglas. La revelación del informe no es nueva. La ONU viene arrastrando con este problema desde que saltó a la luz hace ahora una década. El secretario general Ban Ki-moon anunció, además, hace una semana el inicio de otra investigación por los últimos casos que han aflorado en la misión desplegada en la República Centroafricana, en la que están envueltos cascos azules franceses. El objetivo de este último informe trata de arrojar luz sobre la manera en la que la ONU lidia con un problema que califica como persistente y extendido. A la conducta abusiva del personal que luce los colores del organismo se le suma el problema de que la población local, la que se beneficia de esta asistencia, desconoce que este tipo de relaciones con los cascos azules no está consentida. Solo siete de las entrevistadas para el estudio sabía de esta prohibición y ninguna estaba informada de que existía la posibilidad de poder denunciar estos abusos. Naciones Unidas recuerda, además, que son los Estados miembros los encargados de investigar la conducta de sus tropas, que suelen durar más de un año en la mayor parte de los casos. Pero el organismo está obligado a actuar en el caso de que el problema no se resuelva. La OIOS ha admitido que entre estas relaciones sexuales podría haber también abusos y violaciones. En concreto, alude a 480 denuncias por hechos ocurridos entre 2008 y 2013, un tercio de los cuales implicarían a niños. Solo el año pasado hubo 51 casos. La ONU ha reconocido que, "a pesar de la continua reducción del número de denuncias", ésta se explica por "la compleja arquitectura" que existe para que lleguen a los cauces adecuados y a resultados concretos, incluida la "deficiente asistencia a las víctimas".
México y los secretos del meteorito que acabó con los dinosaurios Un proyecto perforará bajo el mar para analizar el cráter que dejó hace 66 millones de años un descomunal impacto de masa cósmica Representación del impacto del meteorito en Yucatán. América del Sur y África aún no eran dos continentes separados. Se estaba formando el golfo de México. Y el Caribe. Y la zona central del océano Atlántico. Hace 66 millones de años, cuando México no era México, un meteorito de más de diez kilómetros de diámetro cayó sobre lo que hoy es la mexicana Península de Yucatán, entonces sumergida, y desencadenó un cataclismo que terminó con infinidad de organismos vivos. Entre ellos, los dinosaurios. La descripción que hace de aquello el geofísico mexicano Jaime Urrutia Fucugauchi (la familia de su padre era de un pueblo al sur de Bilbao, su madre japonesa) es dantesca. Habla de un nube de polvo que lo cubrió todo y cortó la fotosíntesis porque bloqueó la llegada de la luz del sol. De toneladas de fragmentos de roca que saltaron por los aires con una violencia inimaginable, atravesaron la atmósfera hacia arriba, volvieron de regreso por efecto de la gravedad y, a la vuelta, por el roce con la atmósfera, generaron un "pulso térmico", una ola de calor, que barrió la superficie a temperaturas de más de 500 grados. Urrutia es uno de los directores de un proyecto internacional que trata de ahondar en el conocimiento de aquel fenómeno clave de la historia de la Tierra. El cráter que provocó el impacto del meteorito sigue existiendo y se encuentra sumergido, oculto bajo el lecho marino. El plan del Proyecto Científico de Perforación del Cráter Chicxulub, adelantado esta semana por el diario Animal Político, es perforar el lecho hasta aproximadamente un kilómetro de profundidad, donde, sepultado por 66 millones de años de sedimentos, se encuentra el cráter. El proyecto cuenta con un equipo de científicos internacional y multidisciplinar: geofísicos, geólogos, paleontólogos, biólogos, expertos en investigación molecular, en ciencias planetarias… La financiación, 10 millones de dólares, proviene de fondos de distintos países, y se prevé que la perforación, con técnicas de ingeniería petrolera, empiece en la primavera de 2016 y dure dos meses. Urrutia, investigador de la Universidad Nacional (UNAM), explica que se busca información sobre los siguientes asuntos: saber más de cómo se fue restableciendo la vida en el planeta después de aquel apocalipsis; investigar cambios climáticos a través de los tiempos, por ejemplo las bajadas de temperatura que crearon los casquetes polares; estudiar cómo se forma un cráter de anillos concéntricos, una estructura que en la Tierra sólo presenta el cráter de Yucatán pero que es común en la Luna y en Marte; también conocer con precisión detalles del propio impacto, por ejemplo la velocidad a la que la gran masa cósmica chocó con la Tierra y el efecto que tuvo en el clima y en la vida terrestre. La primera referencia que hubo del cráter sumergido se dio, a mediados del siglo pasado, dentro de trabajos exploratorios de Petróleos Mexicanos (Pemex). Se detectó que bajo el mar había una anomalía geofísica: una estructura semicircular de unos 200 kilómetros de diámetro. Pero no fue hasta finales de los años 70 que ingenieros de Pemex, el mexicano Antonio Camargo y el estadounidense Glen Penfield, establecieron la hipótesis de que aquella forma submarina podía ser, una de dos: un campo volcánico enorme o un "cráter de impacto". En 1991, Penfield, Camargo y un grupo de investigadores confirmaron que era un cráter. Y en 1992, una investigación de la que ya formó parte Urrutia Fucugauchi determinó, mediante estratigrafía magnética, que la edad del cráter se correspondía con la del tiempo del cataclismo del cretácico. Por aquel entonces, encontrar el punto exacto de impacto del meteorito que había provocado ese hito universal era un reto. "Había grupos trabajando en Siberia, en Europa, en Estados Unidos...", recuerda Urrutia. Él mismo, en los años ochenta, había seguido el rastro del cráter de todos los cráteres por lugares lejanos como India o Brasil. Hoy sonríe recordándolo. Lo que buscaba tan lejos estaba bajo sus pies, en México: el cráter Chicxulub, que aún guarda un profundo pozo de conocimiento para la ciencia.
Los más duros entre los republicanos acaparan los puestos que supervisan la investigación en las dos cámaras. La NASA y el cambio climático, en el punto de mira El senador Ted Cruz, en un acto reciente en New Hampshire. / BRIAN SNYDER (REUTERS) "Casi cualquier estadounidense estaría de acuerdo en que la función principal de la NASA es la de explorar el espacio. Es lo que inspira a los niños y las niñas de todo el país. Me preocupa que la NASA deje de centrar la atención en su misión principal", señaló el senador republicano Ted Cruz durante la reciente vista para revisar el presupuesto solicitado por la NASA. A Cruz le parece que la agencia espacial gasta demasiado en estudiar la situación de la Tierra, ya que esa no es su función. Frente a él, el administrador de la NASA, Charles Bolden, le respondió: "Es absolutamente fundamental que comprendamos la situación de la Tierra, porque este es el único lugar que tenemos para vivir". Y añadió: "No podremos ir a ninguna parte si el Centro Espacial Kennedy [desde donde se lanzan las misiones espaciales] queda sumergido bajo las aguas". Este rifirrafe ejemplifica muy bien la situación en la que ha quedado la supervisión de la ciencia tras las elecciones legislativas del año pasado en las que el partido republicano consiguió el control de las dos cámaras del Congreso. La presidencia de todos los comités y subcomités han quedado no solo en manos de los conservadores, sino de los más duros en su rechazo a la ciencia que muestra las causas del cambio climático, la evolución o la creación de la Tierra. En este contexto, el lanzamiento de la carrera presidencial augura que esta postura se fortalecerá, por ejemplo, con la candidatura que acaba de presentar Ted Cruz. La semana pasada, el candidato Cruz aseguró en una entrevista que los defensores del cambio climático de origen humano son como inquisidores medievales: "El conocimiento científico aseguraba que la Tierra es plana, y este hereje llamado Galileo fue calificado de negacionista". Cruz no solo se ponía en el lugar del científico —Galileo— y a la comunidad científica en el papel de la Inquisición; además, confundía el célebre caso del astrónomo italiano, que fue perseguido por defender que el Sol no giraba alrededor de la Tierra. La cuestión del planeta esférico la habían zanjado Magallanes y Elcano 42 años antes de que Galileo naciera. Cruz, que no cree que estudiar los cambios en su planeta pertenezca a la misión central de la NASA, está equivocado: el primer objetivo que establecía la ley que la fundó fue "la expansión del conocimiento humano de los fenómenos en la atmósfera y el espacio". Desde la perspectiva del senador texano, que no cree en el origen humano del cambio climático, las "ciencias de la tierra" no son "ciencias duras". Cruz asegura que no es verdad que la Tierra se haya calentado en los últimos 15 años, frente a los datos que muestran que, por ejemplo, 2014 fue el más cálido desde que se tienen registros. Su opinión importa porque preside el subcomité del Senado que supervisa las actividades de la NASA y, aunque no tiene capacidad ejecutiva sobre la agencia, puede torpedear con requerimientos y leyes su labor científica. No es el único representante que parece dispuesto a ponerle palos en las ruedas a la ciencia en EE UU, en lo que el astrónomo y divulgador Phil Plait considera "probablemente, el grupo de políticos más anticientífico que este país ha visto en décadas". Marco Rubio —"no creo que la actividad humana esté causando estos cambios dramáticos en nuestro clima de la forma en que los científicos lo están retratando"— está al frente del subcomité del Senado que supervisa al otro gran organismo de investigación del clima: la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA). Mientras los republicanos piden que sea la NOAA y no la NASA la que investigue el clima, los propios republicanos promovieron una iniciativa para la NOAA gaste menos en el estudio del clima y más en las predicciones meteorológicas. link: https://www.youtube.com/watch?v=3E0a_60PMR8 La diferencia entre clima y tiempo es clara para el reparto presupuestario, pero fue convenientemente olvidada por Jim Inhofe, senador de Oklahoma, al tirar una bola de nieve dentro de la cámara en febrero mientras decía: "Seguimos escuchando que 2014 ha sido el año más cálido registrado, ¿y saben lo que es esto? Es una bola de nieve. Y es de aquí fuera. Porque fuera hace mucho, mucho frío". Inhofe, conocido negacionista del cambio climático, publicó en 2012 un libro en el que lo denominaba El mayor bulo (The Greatest Hoax). En él, aseguraba que la Biblia explica en el Génesis que siempre habrá estaciones, calor y frío, y que pensar que los humanos podían cambiar eso es muy arrogante por parte de los científicos. Hace dos semanas, el rotativo británico the Guardian revelaba en portada que Inhofe había financiado su campaña con dinero del entorno de la petrolera BP. Paradójicamente, Inhofe ha sido elegido para presidir el comité de Medio Ambiente del Senado, responsable de estudiar y proponer medidas contra el cambio climático. Desde ahí lleva tres meses torpedeando todos los planes del presidente Barack Obama en materia medioambiental, como por ejemplo los referidos a la reducción de emisiones, o en otros capítulos, al oponerse al envío de ayuda a los países afectados por el ébola. También obstaculiza el trabajo de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), una de las instituciones menos apreciadas por los republicanos: solo un 36% de sus votantes aprueba su labor, frente al 80% de los demócratas. Inhofe, Rubio y Cruz podrán tomar ejemplo de Lamar Smith, compañero de partido y presidente del comité de Ciencia de la Cámara de Representantes desde 2013, donde ha mostrado cómo aprovechar sus atribuciones para perjudicar el trabajo de instituciones como la Fundación Nacional para la Ciencia (NSF, el mayor organismo de financiación científica de EE UU) y la propia EPA. Junto a sus pegas al cambio climático, se suma su fijación con las ciencias sociales y el sentido utilitarista de la investigación. Así, viene poniendo innumerables pegas a la NSF y menospreciando públicamente aquellos trabajos —industria textil de Islandia desde los vikingos, las razones por las que visten velo las turcas o la polarización política de Twitter— que no le parecen dignos de apoyo público. El comité de Ciencia, Espacio y Tecnología, presidido por Lamar Smith, cuenta con otros miembros como Paul Broun, que asegura que la Tierra fue creada en seis días hace 9.000 años, y Todd Akin, que se oponía al aborto porque el cuerpo de la mujer "tiene mecanismos" para no quedarse embarazada en caso de "violación legítima". En ese comité se encuentra el único físico de entre los 435 miembros del Congreso: el demócrata Bill Foster. Votación simbólica El pasado enero, aprovechando la ley que permitiría la construcción del oleoducto Keystone (vetado por Obama), la minoría coló una enmienda para que los republicanos se tuvieran que retratar sobre el cambio climático. La enmienda se limitaba a señalar que el calentamiento es real y no un bulo (hoax). Aunque incluía la misma expresión que su libro, hasta el senador Inhofe voto a favor de esa enmienda: 98 senadores sí creen que es real y solo uno voto en contra. Roger Wicker, senador por Misisipi, pasaba oficialmente a la historia como el único senador que cree que el cambio es un engaño. Wicker preside el subcomité del Senado encargado del empleo verde y la nueva economía que surja de "la inversión en tecnologías y prácticas que reduzcan la huella de carbono o de la emisión de otros contaminantes, incluidas las que mejoren la eficiencia energética, la conservación, o fuentes de energía renovables". Además, la presidenta del comité de Energía y Recursos Naturales cree que el cambio climático es real, pero que lo están causando los volcanes. El físico y divulgador Michio Kaku ha definido toda esta situación como "poner al zorro a cuidar del gallinero". Después de que Mitt Romney haya decidido no presentarse a las presidenciales, solo queda un candidatable en el partido republicano, Lindsey Graham, que haya defendido en público la idea de que las actividades humanas han contribuido al calentamiento global. La semana pasada, la revista Science dedicaba un duro editorial a las injerencias de la política en la ciencia de EE UU y ponía varios ejemplos, como las presiones para no relacionar la sismicidad de Oklahoma con el fracking, o la instrucción que obligaba a no usar la expresión "cambio climático" en los documentos elaborados por los empleados del Departamento de Medio Ambiente de Florida. En respuesta a este episodio, el astrónomo y divulgador Neil DeGrasse Tyson ha sentenciado: "La ciencia no es política. Esto es como derogar la ley de la gravedad por haber ganado unos kilos la semana pasada". Aunque el propio DeGrasse Tyson insistía en que lo importante no son las apariencias, sino las políticas reales, y recordaba que la Administración Bush aumentó el presupuesto en ciencia, mientras la de Clinton disminuyó el de la NASA: "Lo que importa en el Congreso es el dinero. (...) No me interesa lo que digas o lo que pienses. Me interesan las leyes y las políticas".
Se ha seguido su ruta, vía satélite, entre Mallorca y el Marruecos Atlántico Águila pescadora cuya migración estacional a la costa Atlántica de Marruecos y regreso a Mallorca se ha seguido vía satélite. / GOB El misterio de la migración de las aves, a larga distancia, fascina no solo a los ornitólogos concentrados en documentar rutas y claves de este hábito, el desplazamiento hacia lugares cálidos. Gracias al seguimiento vía satélite de un águila pescadora, a la que un grupo de expertos incorporaron una mochila-emisor de 30 gramos, (el 2% de su peso) con batería de carga solar, acaba de registrarse un viaje de ida y vuelta, día a día, de una rapaz, desde que partió hacia África desde el parque natural de la Albufera de Mallorca, hasta que retornó cuatro meses más tarde, tras más de estar 100 días al sur de Marruecos, en el Atlántico. Han sido más de tres mil kilómetros. Ahora el águila, hembra, emite desde un mismo entorno en los acantilados de la sierra de Tramontana de la isla, está posicionada, adecuando su nido, se supone. “La migración es innata, está probado en las águilas pescadoras que los adultos no pilotan hacia el sur a sus crías. Parten primero los padres, solos, uno a uno y luego los jóvenes viajan en su primer año de vida”, explica Toni Muñoz, naturalista mallorquín que participa en el proyecto de conservación y seguimiento de la especie protegida y amenazada. Es una iniciativa común en la que coinciden los ecologistas del GOB (Grupo de Ornitología Balear) con su impulsor el Gobierno regional. La especie es cosmopolita y de comportamiento filopátrico -permanece en el territorio en el que nació-, detallan los expertos. Está presente como reproductora en tres comunidades autónomas, Andalucía, Canarias y Baleares. El vuelo solitario de su viaje meridional con retorno es registrado hora a hora gracias a las señales de posición del GPS, a través del programa Argos que cada tres días acumula datos y los aporta vía Internet. Antes, las investigaciones estaban muy limitadas, eran directas mediante la visualización o capturas de ejemplares con marcas y anillas o mediante el seguimiento de emisores de cercanía con antenas portátiles. Los avances y la bajada de los precios de los equipos y del alquiler del uso del satélite ayudan a estos complejos proyectos de los naturalistas. Un seguimiento por satélite puede costar entre 2.000 y 6.000 euros, el emisor y la banda reservada, según datos del naturalista Miguel Macminn. El águila pescadora de Mallorca ha volado a unos mil metros de altura –aunque superó los dos mil al cruzar los picos de la sierra de Granada- y su velocidad fue de hasta 90 kilómetros/hora. Se han registrado etapas de hasta 400 kilómetros, sin parar, en un ejemplar que acabó de cruzar el mar de noche hasta llegar a la isla. La especie se orienta y crea rutas siempre parecidas, dos veces al año y no suele errar. Pero siempre busca los trayectos más cortos sobre el mar, de ahí el paso del estrecho de Gibraltar, los saltos entre islas. Al anochecer suele posarse en tierra, descansar, tras alimentarse al pescar. Las imágenes majestuosas las ofrece cuando captura con sus garras peces en superficie y remonta con fuerza con las alas en el agua. También se sumerge velozmente en picado para alcanzar su presa y sale a flote y vuela con potencia. Por ello habitan o frecuentan el litoral, desembocaduras de ríos, estanques y albuferas. En sus dos desplazamientos, entre septiembre y marzo, el ejemplar piloto de Mallorca ha cubierto trayectos que suman más de 3.000 kilómetros y sus dos rutas han sido parecidas, de nueve días. De Mallorca a la península, por la Comunidad Valencia, rumbo al Sur, al Estrecho de Gibraltar y alrededores. Se le activó el instinto migratorio y retornó del mediodía cálido de África a Mallorca, con un solo cambio, una escala en la isla de Ibiza. Años atrás otro especialista en la especie, Rafel Triay de Menorca, registró un viaje de un ave de su isla a la zona subtropical de Mauritania, cerca de 3.500 kilómetros. Otro trayecto sorprendente fue el de otra águila marcada y seguida, denominada Karin, que fue de Baleares a Suecia, crió en una isla y retornó: 2.400 kilómetros de distancia. Miguel Macminn, un observador, señala que “es fascinante imaginar los viajes que realizan estas aves” y reconoce que “aún estamos aprendiendo mucho sobre el misterio de la migración”. El responsable del proyecto del águila, Toni Muñoz, asume que se están rellenando vacíos sobre la vida y costumbres, migración y sedentarismo de la especie, se ponen en cuestión ideas fijas o suposiciones sobre los ejemplares que migraban y donde criaban. En Baleares crían 23 parejas. El águila no conoce fronteras ni peligros El águila hembra capturada para marcarla ya adulta en s’Albufera de Mallorca pasó la época fría europea, unos cuatro meses, en Tafedna, Essaouira, al lado de un poblado marroquí de pescadores y durmió en un río cercano. Los naturalistas insisten en la necesidad no solo de proteger las aves e invertir fondos en los países europeos sino en explicar y ayudar en los países que frecuentan en sus migraciones, que no se han de destruir sus hábitats o dispararles. El águila no reconoce fronteras políticas de los humanos y ello representa su gran amenaza: Viajar a lugares donde no están protegidos. Es allí donde se juega el mañana de especies en situación aun tan frágil. “El proyecto de seguimiento busca conocer mejor los hábitos y movimientos de la especie para intentar corregir los riesgos que pongan en peligro su supervivencia”, concluye Toni Muñoz del proteccionista GOB.
Un microchip utiliza sonidos para separar células cancerosas de sanas El prototipo podría mejorar el diagnóstico del cáncer y el seguimiento de un tratamiento El investigador Subra Suresh, coautor del prototipo. / CMU Un dispositivo creado en EE UU es capaz de separar, mediante ondas de sonido, células cancerosas de células sanas a una velocidad suficiente para emplearse en la clínica, según sus autores. El aparato, un microchip del tamaño de un moneda de 10 céntimos de euro, podría “mejorar el diagnóstico del cáncer, la prognosis, el seguimiento de un tratamiento y la investigación sobre la metástasis”, opinan los científicos, entre los que se encuentra Subra Suresh, presidente de la Universidad Carnegie Mellon. Los médicos buscan células cancerosas en la sangre, procedentes de un tumor primario, para obtener la información genética de un cáncer, estudiar su respuesta a una terapia y averiguar si hay un proceso de metástasis, la propagación a otros órganos que es la principal causa de muerte en pacientes con cáncer. Extraer estas células de la sangre evita dolorosas biopsias —muestras tomadas directamente del tumor—, pero las técnicas actuales requieren marcar las células cancerosas con proteínas y aislarlas mediante magnetismo y fluorescencia, lo que puede alterarlas y dificultar su estudio. El nuevo dispositivo consiste en un canal en el que los investigadores introducen una muestra de sangre sin glóbulos rojos. A lo largo del canal, ondas de sonido pueden separar una célula cancerosa entre cientos de miles de glóbulos blancos, habitualmente de menor tamaño y densidad. El método, según explican hoy los autores en la revista científica PNAS, no modifica las células y permite su análisis. Además, la técnica es hasta 20 veces más rápida que dispositivos similares anteriores del mismo equipo de científicos, según sus propios cálculos. Los primeros prototipos tardaban entre 30 y 60 horas para separar las células cancerosas en un vial de sangre de cinco mililitros. El actual necesita unas cinco horas. “El dispositivo puede ayudar a detectar y extraer las escasas células cancerosas que no se pueden obtener de otro modo sin una cirugía invasiva. Este test también podría detectar aquellas células que se liberan a la corriente sanguínea a partir de ciertos tipos de cáncer, como el de páncreas, en los que en algunos casos la cirugía puede ser extremadamente difícil”, explica Suresh a Materia. Para este investigador, “con más mejoras, este test puede competir en precio con otras herramientas disponibles”. El coste es uno de los puntos flacos del prototipo, a juicio de David Olmos, experto del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y ajeno al nuevo estudio. Olmos recuerda que, por el momento, las técnicas para aislar células tumorales circulantes, conocidas como biopsias líquidas, apenas se utilizan en la clínica y que su precio ronda los 400 euros por muestra de sangre. “El nuevo método es muy interesante, pero su gran hándicap es que los autores todavía tienen que demostrar su utilidad clínica”, opina Olmos. El equipo de Suresh ha probado su prototipo en el laboratorio, logrando separar el 83% de las células tumorales en muestras de plasma preparadas con bajas concentraciones de células cancerosas (unas 100 por mililitro). Para confirmar la utilidad de su método, lo probaron en muestras sanguíneas reales de tres mujeres con cáncer de mama y los resultados fueron consistentes con los obtenidos con CellSearch, una técnica ofrecida por la multinacional Johnson & Johnson y aprobada en 2004 en EEUU para detectar células tumorales circulantes mediante su marcaje con proteínas.
Astrofísicos españoles siguen a un astro en formación durante 18 años y cazan un momento clave de una metamorfosis estelar que dura cientos de milenios La joven estrella masiva, en 1996 (izquierda) y en 2014. / WOLFGANG STEFFEN, INSTITUTO DE ASTRONOMÍA, UNAM En una de las películas más aclamadas de la última temporada, la estadounidense Boyhood, el director Richard Linklater seguía al niño protagonista durante 12 años, mostrando su brutal viaje desde la infancia hasta la adolescencia. Ahora, un equipo encabezado por el astrofísico español Carlos Carrasco ha repetido el rodaje pero, en lugar de enfocar sus cámaras a una familia normal de clase media, ha dirigido su objetivo hacia las estrellas. Los investigadores han observado por primera vez en tiempo real la metamorfosis de una joven estrella masiva, 300 veces más luminosa que nuestro Sol. La estrella, a una distancia de 4.200 años luz de la Tierra, fue retratada por primera vez en 1996. Entonces, “era como un aspersor, emitía materia en todas direcciones”, según Guillem Anglada, investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía (CSIC) y coautor del estudio. Transcurridos 18 años, los científicos volvieron a poner sus ojos en la estrella, mediante el radiotelescopio Karl G. Jansky, localizado en las secas Llanuras de San Agustín, en Nuevo México (EE UU). Como el niño de Boyhood, la estrella se había transformado. “Ahora era como el chorro de una manguera focalizado”, resume Anglada. El hallazgo, que se publica hoy en la revista Science, ilumina una etapa clave para entender el universo: el nacimiento de las estrellas masivas, algunas de las cuales llegan a ser un millón de veces más luminosas que el Sol. En su muerte, estas megaestrellas explotan, formando supernovas que dispersan elementos pesados, como el hierro, y otros ingredientes fundamentales de los planetas. El hierro de las lentejas es el mismo que escupen estos fenómenos estelares. La joven estrella, bautizada W75N(B)-VLA 2, parece ahora el sable de luz de doble hoja de Darth Maul, el personaje de la saga cinematográfica Star Wars. “Es su manera de desprenderse del exceso de masa y bajar su velocidad de rotación. Nuestro Sol rota sobre sí mismo una vez cada 27 días. Si no hubiera perdido masa de joven, giraría una vez por segundo”, explica Anglada. Sin este proceso de limpieza interior, las estrellas no llegarían a formarse. Su endiablada velocidad las despedazaría. En el descubrimiento ha intervenido el factor suerte. Las estrellas se forman en el interior de nubes de gas y polvo a partir de objetos más densos que colapsan por su propia gravedad. El proceso dura centenares de miles de años, pero los astrofísicos han conseguido capturar la evolución de W75N(B)-VLA 2 en tan solo 18 años. El equipo de Anglada ya observó en 2001 un estrella masiva muy joven que expulsaba materia en todas las direcciones. Parecía protegida por una esfera perfecta, algo que no cuadraba con los modelos teóricos, que pronosticaban que estas estrellas deberían expulsar la materia en chorros en una misma dirección, no como un aspersor. El Boyhood estelar muestra ahora que la eyección esférica es solo una primera etapa, hasta que se forman los chorros por efecto de la interacción con el medio externo, una especie de rosquilla de gas y polvo más densa que el resto de la nube. El campo magnético también puede desempeñar un papel, según los autores. Anglada dirigió en el CSIC la tesis doctoral de Carlos Carrasco, hoy en el Centro de Radioastronomia y Astrofisica de la Universidad Nacional Autónoma de México. “Es una de esas leyendas urbanas”, explica Anglada, en referencia a las declaraciones del presidente del CSIC, Emilio Lora-Tamayo, que calificó en diciembre la fuga de cerebros de “leyenda urbana”. Desde entonces, la Asociación para el Avance de la Ciencia y la Tecnología en España ha publicado fotografías de 440 científicos españoles en el extranjero.