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La rebelión mundial de la población sobrante Proletarización, “globalización” y lucha de clases en el siglo XXI Revista Razón y Revolución N°19 - Eduardo Sartelli (Historiador) Una de las consecuencias de la derrota de la última oleada revolucionaria que vivió el mundo capitalista, la de los años ’70, y que la distingue de otras, fue la profundidad que alcanzó en el plano ideológico. Uno de los temas más recurrentes fue el de la muerte de la clase obrera. Ahora se trataba de “nuevos” sujetos y “nuevos” movimientos sociales. Sin embargo, la negación de la clase obrera es un fenómeno más profundo, además de recurrente y no sólo entre los enemigos sino en el seno mismo del marxismo. En particular, la negación de la clase obrera en el marxismo asume la forma de invisibilización del proletariado rural y la asignación de sus batallas históricas a su antagonista, el campesino. Veamos el asunto con más detalle.(1) ¿Nueva ruralidad o neocampesinismo? En los años ’70 se llevó adelante un debate muy importante sobre el futuro del campesinado, la controversia entre “campesinistas” y “descampesinistas”. Los primeros postulaban la persistencia del campesinado mientras los segundos su progresiva desaparición bajo los procesos de concentración y centralización del capital. Veamos como reseña hoy ese debate un participante por el lado “campesinista”. “25 años de estudios rurales”, de José Bengoa, es testimonio de una deriva peculiar: el mundo ya no es el mismo, el campesino desapareció pero sigue existiendo, los descampesinistas tenían razón pero no la tienen, los obreros rurales bien, gracias.(2) Hay una “nueva ruralidad”, eufemismo para no reconocer la proletarización masiva de millones de “campesinos”.(3) Bengoa comienza reconociendo la importancia de los cambios, señalando, incluso, que los textos clásicos de los años setenta ya no tienen relevancia. Es más: la cuestión rural ya no es un problema más que simbólico, porque la idea de un mundo agrario diferenciado ha pasado a la historia. Los cambios en la temática se deben, sobre todo, a las transformaciones objetivas en la producción agraria, por un lado, y a la introducción de las categorías étnicas y de género, por otro. Es decir, un cambio en el objeto y en la forma de estudiarlo. En los ’70, la manera predominante era enfocar el problema desde el ángulo de la necesidad del desarrollo rural. Esta “mirada” ya era, a su vez, un intento de superar la perspectiva “criollista”, romántica, más preocupada por la opresión del indígena a través de una mirada compasiva. Según Bengoa, “esta mirada ocultaba la condición de productores de los indígenas, su mundo cultural vivo, su participación en las luchas políticas”. Como se ha dicho, el desarrollismo, en los ’50, sucedió a la perspectiva criollista, imponiendo una lectura desde la economía y la historia económica, donde el problema es la estructura agraria como obstáculo al desarrollo. Es esta perspectiva la que transforma a los indígenas en “campesinos”, categorización que los mismos protagonistas adoptan. No queda claro si es la forma en que los estudiosos miran lo que provoca el cambio o la adopción por los indígenas de la nueva categoría la que reformula el problema, pero está claro que los “indios” desaparecen y emergen los “campesinos”. La política que se impone es la reforma agraria, desde una perspectiva “urbana”, que percibe un “campo” atrasado y fuente de la opresión campesina. La reforma agraria, en general, fracasó en sus ilusiones, pero inició un proceso de cambio rural profundo, que incluyó la transformación de latifundios en empresas agrícolas, la transformación de muchos campesinos en productores capitalistas y la apertura de nuevas tierras en colonización. Sobre las consecuencias de este proceso se producirá el debate entre campesinistas y descampesinistas. Obviamente, los campesinistas reflotaron a Chayanov y los anti-campesinistas a Lenin. Según Bengoa, el debate terminó a comienzos de los ’80, con la fórmula elaborada por David Lehman, “ni Chayanov ni Lenin”. ¿Qué es lo que resultó? Otra vez, en palabras de Bengoa: “Quienes miraban desde una perspectiva más proletarista, afirmaban el inexorable proceso de destrucción de la vida rural. Seguían tendencias europeas claramente descriptas que finalmente no ocurrieron en América Latina. Los campesinos que abandonaron el campo no se proletarizaron. Los que quedaron tampoco se transformaron en obreros agrícolas. Un extraño proceso económico y político ocurrido en los ochenta, marcado por la crisis más generalizada (y aún no concluida) condujo a que esas enormes masas de personas humanas no quedaran incluidas en una categoría social claramente detectada por las ciencias sociales. Masas pobres flotantes entre las ciudades y los campos, trabajadores de temporada, semiasalariados, habitantes de poblados semirurales, en fin, una nueva masa poblacional sobre la cual tenemos muy poco que decir y de la que los intelectuales y cientistas sociales latinoamericanos sabemos muy poco, ya que la tratamos de aprehender con categorías anejas, europeas, norteamericanas y sin “imaginación sociológica”.” Bengoa se niega a sacar las conclusiones de lo que está describiendo, el fin del campesinado y la aparición de una masa de proletarios distribuidos en diferentes capas: “semiproletarios” (¿qué son si no los “semiasalariados”?), obreros pertenecientes a la desocupación estacional (los “pobres flotantes”), a la infantería ligera (“trabajadores de temporada”), etc. Lo que no quiere reconocer es que los descampesinistas tenían razón (y Lenin con ellos). Frente a la evidencia que resume, prefiere, simplemente, afirmar que “nos encontramos con sociedades y culturas campesinas más vivas que nunca”. Paradójicamente, se celebra el “retorno” del “indígena”, ahora que se reconoce que el campesino se ha “des-subordinado”, es decir, se enfrenta ahora no a un “patrón” sino al mercado. Dicho de otra manera: Bengoa no arriesga la hipótesis de que el neoindigenismo no sea sino la ideología de la burguesía rural emergente post-reforma agraria.(4) Esta burguesía agraria “indígena” emergente arrastra tras sí a los obreros rurales “indígenas”, a quienes utiliza como masa de maniobra. La masa de los ex-campesinos se proletariza y no se da cuenta porque no pasa de campesino a obrero fabril o rural, sino a población sobrante. El mismo Bengoa reconoce que el productor directo ahora ya no es el trabajo subordinado sino el asalariado. ¿Por qué insistir en el campesinismo cuando se reconoce el fin del campesino? El autor confunde la representación con la realidad: como ahora se reconocen indios, son eso, indios. Es más, festeja y se congratula por esta “re-indianización”, cuando debería pugnar porque el sujeto se reconozca en su realidad, es decir, como obrero. Esta negación del obrero rural, aun cuando por todos lados reaparece, se encuentra incluso en quienes lejos están de negar el leninismo. Veamos el caso de James Petras y Henri Veltmeyer.(5) En efecto: a pesar de considerar los cambios sociales vividos por la agricultura latinoamericana en los últimos años, insisten no sólo en la conceptualización de “campesino” sino que defienden el “hecho” de que “bajo las condiciones combinadas de una crisis fiscal y de un profundo “impasse teórico” en los ’80, y el consecuente avance del capitalismo, los campesinos han desafiado una vez más la teoría y la historia para constituirse a sí mismos en la fuerza más dinámica de resistencia contra el desarrollo capitalista en su última fase”. A renglón seguido se señala que campesinos y trabajadores rurales sin tierra, muchos “proletarizados”, han protagonizado revueltas y luchas contra el capital. El ejemplo más importante es el del MST brasileño. Por qué un “trabajador sin tierra” es considerado un campesino incluso por marxistas, es todo un síntoma de los tiempos. Aún así se insiste en que la “centralidad del campesinado en estos movimientos es clara”. Como si faltara cereza en la torta, a los campesinos y trabajadores rurales se agregan los “indigenas”. Y esto aún reconociendo que probablemente dos tercios de la población rural de América Latina ha sido proletarizada y que más de la mitad de los llamados campesinos en realidad han sido transformados en obreros. Petras y Veltmeyer reconocen que en realidad, la lucha “rural” en la actualidad se ha trasladado a las grandes ciudades, junto con los obreros rurales migrantes y ex campesinos que no pueden romper sus relaciones definitivamente con la tierra. También reconocen que aun el MST brasileño, con sus logros, no ha logrado detener la tendencia a la expulsión de la población rural. Revisando la política de los movimientos campesinos de los últimos años, los autores declaran que “el abandono de la perspectiva de clase del análisis político y de la política de alianzas estratégicas ha socavado los avances sociales conseguidos entre 1985 y 2003 por los movimientos sociales”. Demandan también que se retorne a una política de clase independiente. Sin embargo, ¿cómo exigirle a otros lo que uno mismo no hace? Su análisis tiene una conclusión lógica: el problema es la categoría misma de “campesino” y la política que de ella se desprende. Hoy, cuando la mayoría de los campesinos (sin entrar a discutir si alguna vez lo fueron) ya no lo son, en vez de enfatizar en la teoría lo que la propia realidad subraya, los “teóricos” marxistas mantienen con vida categorías muertas en la realidad. La población sobrante Como señalamos más arriba, el caso del obrero rural es sólo un ejemplo clásico de la negación del proletariado y su capacidad de acción. Podríamos dar varios más: los “inmigrantes” en Estados Unidos; los “piqueteros” argentinos; los “jóvenes” en Europa. A todos se los engloba bajo “nuevos” conceptos, que excluyen, naturalmente, el de clase obrera, tarea en la que los “intelectuales” de europeos y norteamericanos (muchos de los cuales se autotitulan “marxistas”) tienen un lugar fundamental, auxiliados diestramente por los medios burgueses, que escapan al proletariado como a la peste por razones que no es necesario explicar. Piénsese, por ejemplo, en la fama de personajes como Naomi Klein o Toni Negri y se tendrá una idea de la colusión entre la burguesía y los “nuevos” pensadores “globales”. En realidad, detrás de los “inmigrantes” se esconde, lisa y llanamente, la clase obrera. Las últimas y extraordinariamente multitudinarias manifestaciones por la legalización de su permanencia en los Estados Unidos y Europa muestran, más que la importancia de la categoría “étnica”, el renacimiento de la fracción más explotada de la clase obrera del “Primer Mundo”. Las rebeliones de los “mileuristas” europeos no es otra cosa que la expresión de las condiciones de existencia de generaciones enteras de desocupados, es decir, de obreros. Los “piqueteros” argentinos, a los que se ha llegado a caracterizar como “lúmpenes”, cumplen con las mismas características. Ya se ha hecho alusión al MST brasileño, que no es otra cosa que una organización de raíz proletaria, igual que las masas chavistas en Caracas o las que se encolumnan tras Evo Morales. Hay que preguntarse, entonces, por las razones por las cuales estos personajes resultan excluidos de la clase a la que pertenecen. Es decir, explicar por qué parece tan difícil aceptar que son parte de la clase obrera. Sin querernos extender demasiado en un tema para el cual estamos preparando un texto mucho más largo, podemos señalar dos razones particularmente importantes, la primera, de orden “teórico” y la segunda, de orden político. La primera causa del “desvanecimiento” de porciones enteras del proletariado mundial, en especial las más movilizadas, es la persistente idea de que sólo lo integran los obreros industriales. “Empleados” a tiempo parcial, desocupados y “pobres” rurales, no entran en una definición, no sólo restrictiva sino arbitraria. Obrero es todo aquel que carece de medios de producción y de vida y Marx es muy explícito al respecto. Puede ser que desde otras posiciones se pretenda defenderla, pero debe quedar claro que un marxista no puede pretender serlo e idenficar al proletariado solamente con el viejo proletariado fabril. Esta arbitrariedad terminológica es la que da base “teórica” a la segunda razón: liberados de la teoría marxista, “porque el mundo ya no es el que era”, se hace posible no sólo definir de otra manera a la clase obrera, sino extender esa maniobra a otros conceptos fundamentales. No habiendo ya clase obrera, no hay razones para pensar en el socialismo en los mismos términos que antes: ahora hablaremos del “socialismo del siglo XXI”, de la “redistribución de la riqueza” vía impuestos, de reformas agrarias sui generis y de la peculiaridad de los “ritmos políticos” de los “pueblos originarios”. Todo ello mientras se construyen aparatos políticos gigantescos para contener la irrupción de las masas y desarrollar políticas perfectamente burguesas, como sucede en la Venezuela de Chávez, el Ecuador de Correa, el Brasil de Lula, la Argentina de los Kirchner y la Bolivia de Evo Morales. Algo a lo que ya nos tiene acostumbrados el Chile de Bachelet, la Nicaragua de Ortega y el Uruguay de Tabaré, y que no hará más que confirmar, otra vez, el Uruguay del “tupamaro” Mujica. Si hasta Obama es considerado socialista y entusiasma a más de un izquierdista… Ambas razones son, lo dijimos, solidarias. No se entiende lo que realmente ha pasado en el mundo en los últimos treinta años y, al mismo tiempo, esa inconsciencia tiene una enorme utilidad para el poder burgués. Lo que parece constituir un obstáculo epistemológico es el hecho de que buena parte de la insurgencia mundial es protagonizada hoy por la población sobrante. El concepto de población sobrante excede con mucho el mundo de los desocupados: es la parte de la población que ha dejado de rendir plusvalía en forma directa para el capital en condiciones de productividad media del trabajo mundial. Va desde los desocupados efectivos (en cualquiera de las categorías en que los separa Marx) hasta los “empleados” estatales que constituyen desocupación oculta y los jóvenes que no encuentran ningún trabajo real y viven de los sistemas de caridad pública, pasando por las masas rurales expulsadas del campo y que fluctúan entre las ciudades y la campiña en busca de ocupación, tanto como los obreros formales de las industrias que sólo sobreviven gracias a subsidios abiertos o encubiertos (eso que suele llamarse sector “pyme” o el mundo de las empresas “recuperadas”). Esa población, que en el mundo monta centenares (si no miles) de millones de personas, es el resultado del desarrollo de la acumulación del capital en los últimos treinta años, de los procesos de concentración y centralización que han barrido capas enteras de burguesía y pequeña burguesía, por no hablar de “campesinado”. El proceso de polarización social que previera Marx en El capital, se ha cumplido acabadamente. Sorprende que hoy, cuando el mundo se parece más que nunca a esa pintura que adelantó en más de un siglo el escenario actual, haya quienes lo declaren un libro caduco y busquen otros conceptos y otras ideas para entender una realidad más que obvia. Semejante ceguera sólo se explica como consecuencia de la derrota de la que hablábamos al comienzo de esta presentación, pero también por el uso político que las variantes centro-izquierdistas latinoamericanas (incluyendo allí a sus intelectuales, como Atilio Borón o Martha Harnecker) han hecho de ella. Contra esa ceguera, se alza hoy la rebelión mundial de la población sobrante. Es tarea de revolucionarios no sólo abrir los ojos, sino organizarla. Los materiales que integran este dossier, aunque podamos divergir con muchas de sus conclusiones, ayudan en esa tarea. NOTAS 1Lo que sigue es un acápite de nuestra tesis doctoral que será publicada en breve bajo el título La sal de la tierra, Ediciones ryr, Bs. As., 2010. 2Bengoa, José: “25 años de estudios rurales”, en Sociologias, n°10, jul/dez de 2003, Porto Alegre. 3Qué se entiende por “nueva ruralidad” no es algo tan fácil de explicar, más allá del reconocimiento implícito de que los últimos años han dado por tierra con todas las ilusiones campesinistas. Véase Giarraca, Norma (comp.): ¿Una nueva ruralidad en América Latina?, Clacso, Bs. As., 2001; Barkin, David y Mara Rosas: “¿Es posible un modelo alterno de acumulación? Una propuesta para la Nueva Ruralidad”, en Polis: revista académica de la Universidad Bolivariana, nº 13, Caracas, 2006; Gómez, Sergio: La “nueva ruralidad”: ¿Qué tan nueva?, Universidad Austral de Chile, Santiago de Chile, 2002 4La costumbre de adoptar la “identidad” campesina por miembros de la “élite” es un fenómeno muy extendido y conocido. Véase Edelman, Marc: “Movimientos sociales y campesinado. Algunas reflexiones”, Conferencia dictada en el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Costa Rica, 1/6/2003, http: //www.iis.ucr.ac.cr/publicaciones/libros/textos/5/medelman.pdf 5Veltmeyer, Henry and James Petras: “Peasants in an Era of Neoliberal Globalization: Latin America on the move”, en Theomai, n° 18, 2° semestre de 2008. La traducción de los párrafos citados es nuestra. http://www.razonyrevolucion.org http://www.ceics.org

La (d)evaluación de la escuela secundaria: de Onganía a Videla Natalia Alvarez Prieto Grupo de investigación de educación argentina - CEICS Artículo publicado en El Aromo n° 55: "Después del Mundial" Como hemos señalado en varias oportunidades, una de las tendencias que atraviesa al sistema educativo argentino desde mediados del siglo XX es la flexibilización del régimen de evaluación. Fenómeno que cobró renovado impulso recientemente, con la sanción de la obligatoriedad del nivel medio de enseñanza y el establecimiento de los “Lineamientos políticos y estratégicos de la educación secundaria obligatoria”.(1) Analizaremos aquí los primeros pasos que se dieron en ese sentido durante los años '60 y '70 en el nivel medio. Sin embargo, al igual que toda tendencia de largo plazo, veremos que no se trató de un proceso lineal. Por el contrario, la última dictadura militar introdujo reformas de signo contrario al señalado, determinadas en gran medida, por el ascenso de la lucha de clases durante los años previos y por las tareas que se propuso realizar. La flexibilización educativa Durante los años '70, diversos estudios alertaban sobre los altos índices de deserción que presentaba el sistema educativo, tanto en el nivel primario como en el secundario. En ese sentido, el Consejo Nacional de Desarrollo (CONADE), una de las instituciones más activas durante aquella época en el desarrollo de diagnósticos y políticas para el sistema educativo, realizó numerosas investigaciones orientadas a determinar la eficiencia y el rendimiento escolar. En un informe de 1968,(2) el organismo señalaba la existencia de un alto índice de deserción, que producía una merma de la matrícula desde el ingreso hasta los últimos años. A esta problemática debía sumarse un elevado índice de repetición entre grados. A partir del análisis de una cohorte compuesta por mil alumnos del nivel primario en el período 1961-1962, observaba que la deserción escolar ascendía a un 51,1%. Por otra parte, del 48,9% de los graduados, sólo un 19,8% egresaba en tiempo normal (7 años), es decir, sin repetir ningún grado. En el nivel medio encontraron la misma dinámica. De ese modo, llegaba a quinto año menos de la mitad de los inscriptos en primero. Asimismo, en la promoción de 1º a 2º año se reducía a un 67,7% de la matrícula. Al igual que en la actualidad, una de las formas que se encontró para garantizar la permanencia de los alumnos en las escuelas fue, precisamente, la flexibilización de la evaluación. Con Onganía, a través de la reforma Orgánica de 1968, fue implementada la “promoción automática” entre los distintos ciclos del sistema educativo, eliminándose así la acreditación de saberes entre grados. Desde la perspectiva de los funcionarios, para evaluar los conocimientos, habilidades y hábitos de los estudiantes, se aplicaría un amplio repertorio de instrumentos de medición, por lo que la “calidad” educativa no se vería afectada con tales medidas. En paralelo a la implementación del proyecto que afectaba a una parte del nivel medio (los dos primeros años), se procedió a modificar la cantidad de materias pendientes con las que los estudiantes promovían de grado en el secundario. Así, si hasta ese momento los alumnos podían pasar de año con una sola asignatura previa, mediante la Resolución nº 1379/69 aquel límite se extendió a dos materias. Con el retorno del peronismo, esta tendencia a disminuir las exigencias del régimen de evaluación continuó su curso. Uno de los cambios efectuados consistió en eliminar las pruebas de revisión bimestral establecidas en el Reglamento de Calificaciones, Exámenes y Promociones de 1972. Dichas pruebas tenían un carácter comprehensivo y debían realizarse en cada una de las materias. El objetivo era evaluar los conocimientos aprendidos y la capacidad de los alumnos para analizarlos, apreciarlos, relacionarlos, utilizarlos y elaborar síntesis. En términos generales, entre 1966 y 1975, ninguna medida dispuesta para el sistema educativo fue contraria a la disminución de los requisitos de la evaluación. Por ello, podemos decir que, al igual que lo ocurrido en otras esferas (régimen de disciplina, currículum, etc.) la tendencia general del régimen de evaluación no se vio afectada por los cambios de signo del personal político de turno. Un breve interludio Sin embargo, durante la última dictadura militar ciertas transformaciones iniciaron una nueva etapa. En ese sentido, se destacan la modificación de la división temporal del ciclo escolar y el aumento de la calificación exigida a los alumnos para promocionar las asignaturas. En cuanto a la primera, en 1980 el curso lectivo pasó de dividirse en 4 bimestres a 3 trimestres. De ese modo, la estructura temporal del nivel medio se alejaba de la correspondiente al nivel primario y se acercaba a la del nivel superior. Con respecto a la segunda, en el año 1977, mediante un Decreto Presidencial, el promedio anual para aprobar las asignaturas pasó de seis a siete puntos. Aquellos cambios fueron de la mano de nuevas concepciones en torno a la evaluación promovidas por el régimen dictatorial. Así, en el seno de la Dirección Nacional de Investigación, Experimentación y Perfeccionamiento Educativo, fue creada la Comisión de Hábitos de Estudio y Evaluación. En los diversos documentos de apoyo elaborados como guía e instrucciones para los docentes, se estableció una estrecha relación entre la evaluación y la disciplina. Por un lado, la comisión subrayaba que las actitudes, los hábitos y las habilidades debían ser evaluados, al igual que los conocimientos adquiridos por los educandos. En ese sentido, sostenía que el proceso evaluativo no debía parcializarse, “reduciéndolo al aspecto cognoscitivo, cuando los objetivos últimos de la educación acentúan el énfasis en los otros aspectos de la personalidad”.(3) Asimismo, indicaba que toda calificación establecida por el docente debía tener en cuenta el esfuerzo y la actitud ante el estudio por parte del alumno, traduciéndolo en un puntaje más a promediar. Por otra parte, la evaluación no debía realizarse en un momento puntual, sino que debía apoyarse en una observación permanente. De este modo, durante la última dictadura militar se abrió un paréntesis dentro de una tendencia de largo plazo que, por lo menos, desde fines de los años '60, pareciera orientarse a disminuir las exigencias en el régimen de evaluación. En ese sentido, durante los años de plomo asistimos al desarrollo de algunas reformas sustantivas, orientadas, centralmente, a restringir la permanencia y promoción de los estudiantes en el nivel medio. Este hecho debe entenderse en el marco de los objetivos centrales expresados por el régimen dictatorial: la eliminación de la fuerza social revolucionaria y la reconstrucción de la hegemonía burguesa. Es decir, la búsqueda de la “despolitización” de las escuelas secundarias fue de la mano de un aumento de la exigencia en los rendimientos de los estudiantes y de su vigilancia permanente. De esta forma, ambos aspectos de la realidad educativa -disciplina y evaluación- estrecharon filas. La actividad de los alumnos en el espacio escolar debía limitarse a aprehender los contenidos impartidos por la escuela, acreditar esos saberes y respetar el orden establecido. Por ello, los menos “aplicados”, y por tanto más indisciplinados, serían puestos a raya o alentados a alejarse del sistema educativo. Asimismo, la dictadura también buscó asegurar la disciplina a partir del régimen de evaluación de un modo más directo, es decir, a través de la calificación de las conductas de los estudiantes. Por su parte, los docentes debían convertirse en los guardianes del orden -político- de manera permanente y calificarlo. ¿Todo cambia? Como hemos visto, desde un comienzo la transformación del régimen de evaluación se justificó mediante la apelación a la problemática de la deserción educativa. Así, la flexibilización de la evaluación del nivel medio caracterizó la etapa comprendida entre 1966-1975. El ascenso de la lucha de clases se imprimió sobre esta tendencia. Por ello, la dictadura desarrolló políticas de signo contrario. Ahora bien, una vez reconstruida la hegemonía burguesa, el proceso de flexibilización del régimen de evaluación continuó su curso. Ahora sí, la burguesía podía afirmar tranquilamente su necesidad de retener a los jóvenes en las aulas. Dicha tendencia no deja de profundizarse desde mediados de la década del noventa. Así, la llamada “promoción social” reeditó, de manera informal, la promoción automática de fines de los años sesenta. Recientemente, en octubre de 2009, el Consejo Federal de Educación elaboró un documento en el que se establecieron los “Lineamientos políticos y estratégicos de la educación secundaria obligatoria”. Allí se señalaba que, para conseguir trayectorias escolares “completas”, el sistema de evaluación debería ser revisado integralmente. El supuesto básico es que la evaluación no puede constituir una herramienta de expulsión o exclusión de los estudiantes del sistema educativo. Si bien el nuevo régimen de evaluación aún no ha sido establecido, algunas provincias impulsaron ciertas reformas que, tal vez, puedan entreverse como su antesala. Este es el caso de la provincia de Córdoba, que se ha puesto a la cabeza de un cambio radical, a saber, la promoción de los estudiantes con tres materias previas. A ese tren ya se sumaron los proyectos educativos de distintas provincias, entre las cuales se encuentra Tucumán. Al respecto, la ministra de educación de la provincia, Silvia Rojkés de Temkin, dijo: “es preferible tener las aulas llenas y no llenar los institutos de menores y las cárceles”.(4) Ilustrativo para quien tiene dudas sobre los objetivos de estas reformas. Ilustrativo también del futuro de la escuela pública bajo este sistema social. (1) Véase: De Luca, Romina: “Kamuflando la miseria. La ¿nueva? escuela en la provincia de Buenos Aires, El Aromo, nº 51, 2009. (2) Secretaría del Consejo Nacional de Desarrollo: Educación, recursos humanos y desarrollo económico social. Situación presente y necesidades futuras, Bs. As., Agosto de 1968. (3) Ministerio de Cultura y Educación- Dirección Nacional de Investigación, Experimentación y Perfeccionamiento Educativo-Comisión Hábitos de Estudio y Evaluación: Criterios para evaluar al alumno, Buenos Aires, 1979. (4) La Gaceta, 31/12/2009. El Aromo Año VII - Número 55 - Julio/Agosto del 2010 Razón y Revolución Organización Cultural Índice Editorial: Volviendo de Sudáfrica “Este libro es un acto de justicia” - Presentación de Culpable, de Gonzalo Sanz Cerbino Servidos en bandeja. Legislación migratoria y desarrollo capitalista en la historia argentina Frágil como el cristal. La represión a los obreros del vidrio bajo el gobierno de Yrigoyen Homero, Krusty y la izquierda argentina. Improvisación y conocimiento histórico La Columna de Fuego de Alberto Ghiraldo y su incidencia en la fusión de las centrales obreras: 1913-1914 En la mira. La DIPBA a la caza de militantes: Eaton y TENSA, 1973. La rebelión del “alto”: La clase obrera de Bariloche y el gatillo fácil Ninguno me hable de penas… Condiciones laborales en los tambos argentinos Una cuestión de método. A propósito de la crisis mundial, el Nuevo MAS y el irracionalismo políticamente correcto Mentiras verdaderas. Mario Bunge y la Facultad de Psicología El pase del año. El PO y su caracterización de Montoneros En guardia. A propósito de la participación de De la guarda en los festejos del Bicentenario La modificación socialista del hombre - Liev S. Vigotski SUPLEMENTOS La (d)evaluación de la escuela secundaria: de Onganía a Videla “Hoy no cualquiera puede trabajar de docente y aguantar lo que es la situación social”. Entrevista a Elena Rigatuso, Directora de la Escuela Nº 661 “Nicasio Oroño” y Secretaria de Nivel Primario de AMSAFE-Rosario Pavadas en tu nombre. Respuesta a “Ni socialistas ni científicos: las falacias lógico formales de Razón y Revolución”, de Tribuna Docente. Documento: Es imperativo que los sistemas educativos se tornen más eficientes y reduzcan al mínimo los costos unitarios en educación Fantasías del pasado. Qué fue y qué no fue la “industrialización por sustitución de importaciones” Crisis financiera y de la integración regional capitalista Dulzor Amargo. La izquierda ataca el corazón del capitalismo argentino Los colores del corazón. Celebración del Bicentenario y lucha de clases El imperio contraataca. La “nueva” estrategia de seguridad nacional de Barack Obama A 2 años y medio del gran conflicto en el Casino Flotante de Puerto Madero Por las tierras de Cleto. Cooperativas y trabajo en negro en las cooperativas ajeras de Mendoza El Termómetro Social. El universo de los planes sociales ¿Qué son las políticas sociales? EduKación rural. Acerca de la educación secundaria rural en Santiago del Estero El Aromo Año VII - Número 55 - Julio/Agosto del 2010 Razón y Revolución Organización Cultural Links Razón y Revolución Centro de Estudios e Investigaciones en Ciencias Sociales (CEICS)
La (d)evaluación de la escuela secundaria: de Onganía a Videla Natalia Alvarez Prieto Grupo de investigación de educación argentina - CEICS Como hemos señalado en varias oportunidades, una de las tendencias que atraviesa al sistema educativo argentino desde mediados del siglo XX es la flexibilización del régimen de evaluación. Fenómeno que cobró renovado impulso recientemente, con la sanción de la obligatoriedad del nivel medio de enseñanza y el establecimiento de los “Lineamientos políticos y estratégicos de la educación secundaria obligatoria”.(1) Analizaremos aquí los primeros pasos que se dieron en ese sentido durante los años '60 y '70 en el nivel medio. Sin embargo, al igual que toda tendencia de largo plazo, veremos que no se trató de un proceso lineal. Por el contrario, la última dictadura militar introdujo reformas de signo contrario al señalado, determinadas en gran medida, por el ascenso de la lucha de clases durante los años previos y por las tareas que se propuso realizar. La flexibilización educativa Durante los años '70, diversos estudios alertaban sobre los altos índices de deserción que presentaba el sistema educativo, tanto en el nivel primario como en el secundario. En ese sentido, el Consejo Nacional de Desarrollo (CONADE), una de las instituciones más activas durante aquella época en el desarrollo de diagnósticos y políticas para el sistema educativo, realizó numerosas investigaciones orientadas a determinar la eficiencia y el rendimiento escolar. ... SEGUIR LEYENDO ... “Hoy no cualquiera puede trabajar de docente y aguantar lo que es la situación social”. Entrevista a Elena Rigatuso, Directora de la Escuela Nº 661 “Nicasio Oroño” y Secretaria de Nivel Primario de AMSAFE-Rosario Natalia Alvarez Prieto Grupo de investigación de educación argentina - CEICS A fines de mayo, un estudiante denunció haber sido amenazado por un profesor con un arma de en una escuela técnica nocturna de Rosario. Según el alumno, el profesor se habría enfurecido al ver que escuchaba música con su celular. Por su parte, el docente, que cuenta con 32 años de ejercicio, negó el hecho y alegó que tenía el arma en su poder ya que la había llevado a arreglar antes de ingresar a la escuela. Según su testimonio, “Ellos se asustaron porque cuando colgué la campera vieron la culata de la pistola en el bolsillo. Al terminar de dar clases me di cuenta de que todavía llevaba la pistola en la campera y me fui a guardarla en un armario bajo llave. En ese momento, se me cayó y lo vieron los chicos de 12 años. Cargué el arma para guardarla, para no olvidarme de las cosas. Pero los chicos llamaron a sus familiares y a la policía.”(1) Luego del episodio, el profesor fue separado de su cargo, se le inició un sumario y dos causas judiciales (una por amenazas y otra por portación de armas). A la gravedad que reviste el hecho en sí mismo, se le suman las repercusiones sobre cada uno de sus partícipes. Recientemente, en una entrevista en un diario local, el docente declaró: “Siento una avalancha de emociones en la cabeza. Pensé hasta en suicidarme. Tengo una pastillita de cianuro en el bolsillo. Estoy desequilibrado mentalmente. Me sacaron de dar clase, me relegaron de la docencia y yo, acá en mi casa, no sé que voy a hacer.” (2) Sin embargo, no se trata de una situación aislada. En el transcurso de un mes, se hicieron públicos dos casos graves más de violencia en las escuelas de Rosario. En una escuela secundaria un chico amenazó con un arma a sus compañeros y le gatilló varias veces a uno de ellos. En otra, una maestra de sexto grado trató de evitar que dos alumnos se golpearan y resultó herida. ... SEGUIR LEYENDO ... Pavadas en tu nombre. Respuesta a “Ni socialistas ni científicos: las falacias lógico formales de Razón y Revolución”, de Tribuna Docente. Romina De Luca Grupo de investigación de educación argentina - CEICS Como diría mi maestra de primer grado, “no hay peor burro que el que no quiere aprender”. Resulta extraño que Tribuna Docente se empeñe en dar una batalla para la que carece de argumentos y cuyas conclusiones contradicen sus propias acciones. Acciones, por otra parte, que hemos reivindicado desde estas mismas páginas, entre otras cosas, porque como docentes hemos participado de ellas. Sin embargo, ha decidido hacerlo y estructurar su respuesta sobre la base de chicanas de baja estofa. Pues bien, veamos los argumentos que Tribuna aduce para concluir el debate y cuánto hay de cierto en ellos, recordando que el problema profundo que se esconde detrás de tanta “dialéctica”, es si la ciencia constituye o no una herramienta necesaria para la intervención revolucionaria. Claramente, Tribuna cree que no y que ella puede ser reemplazada por didácticas caminatas por la provincia de Buenos Aires. Parece ignorar que la mitad de los miembros de RyR es docente de secundaria en lugares como La Matanza, San Martín, la Villa 31 de Retiro y lugares por el estilo. Parece ignorar también que muchos de los que escriben en Prensa Obrera o incluso dirigen el partido, son hijos de la burguesía (incluso de la grande) o becarios del CONICET o profesores universitarios y no “patearon” nunca el Conurbano. Parece incluso ignorar que con ese razonamiento sólo las amebas, que no tienen cerebro, podrían investigar la biología de las amebas. Tal como advirtió Marx hace tiempo, toda ciencia sería superflua si la forma de manifestación y la esencia de las cosas coincidiesen directamente. Evidentemente, Tribuna supone que los determinantes últimos de la sociedad son transparentes y pueden ser percibidos a simple vista. ... SEGUIR LEYENDO ... Documentos de la Burguesía: Es imperativo que los sistemas educativos se tornen más eficientes y reduzcan al mínimo los costos unitarios en educación En esta oportunidad, en la sección documentos, le presentamos al lector un trabajo editado en formato libro(1) , producido por el Centro Multinacional de Investigación educativa (CEMIE) de la Organización de Estados Americanos (OEA), con sede en San José de Costa Rica, y por la Agencia para el Desarrollo Internacional. El estudio, dirigido por Germán Chew Sandoval y elaborado por el personal del CEMIE, colocaba sobre el tapete la necesidad de reducir los gastos en materia educativa. El lector podrá ver la amplia receta de medidas que se propusieron a los dirigentes educativos de los distintos países latinoamericanos para que pusieran en marcha. Cabe destacar que numerosas instituciones argentinas cooperaron para su elaboración, entre ellas, el Ministerio de Educación y Cultura de la Nación. Como veremos, su publicación en 1974, buscaba señalar los principales problemas que afrontaba el sistema educativo y, al mismo tiempo, aportar posibles soluciones. Los países latinoamericanos, al igual que los de las demás regiones del mundo, se encuentran enfrentados a una creciente demanda de servicios educativos, situación que ya presenta características críticas. […] La llamada explosión demográfica ha motivado una mayor “explosión escolar”, con toda su secuela de problemas políticos, administrativos, pedagógicos y financieros en los sistemas nacionales de educación. […] Esta expansión ha provocado una creciente demanda de maestros, edificios, materiales, servicios administrativas, etc., demanda que ha exigido y continuará exigiendo un aumento masivo de fondos. […] pero los fondos serán cada vez más difíciles de conseguir, puesto que los porcentajes del PBI y del presupuesto nacional destinados a educación, han llegado, o están llegando a un punto límite. […] Ante esta situación es imperativo que los sistemas educativos se tornen más eficientes y reduzcan al mínimo los costos unitarios en educación. […] Es deseo del CEMIE que este manual sea una ayuda en el trabajo de quienes tienen posiciones dirigentes en los sistemas de educación y por lo mismo deben tomar decisiones sobre política educativa […]. Las políticas aquí presentadas se refieren a la educación primaria y secundaria en el sector público. ... SEGUIR LEYENDO ... El Aromo Año VII - Número 55 - Julio/Agosto del 2010 Razón y Revolución Organización Cultural Índice Editorial: Volviendo de Sudáfrica “Este libro es un acto de justicia” - Presentación de Culpable, de Gonzalo Sanz Cerbino Servidos en bandeja. Legislación migratoria y desarrollo capitalista en la historia argentina Frágil como el cristal. La represión a los obreros del vidrio bajo el gobierno de Yrigoyen Homero, Krusty y la izquierda argentina. Improvisación y conocimiento histórico La Columna de Fuego de Alberto Ghiraldo y su incidencia en la fusión de las centrales obreras: 1913-1914 En la mira. La DIPBA a la caza de militantes: Eaton y TENSA, 1973. La rebelión del “alto”: La clase obrera de Bariloche y el gatillo fácil Ninguno me hable de penas… Condiciones laborales en los tambos argentinos Una cuestión de método. A propósito de la crisis mundial, el Nuevo MAS y el irracionalismo políticamente correcto Mentiras verdaderas. Mario Bunge y la Facultad de Psicología El pase del año. El PO y su caracterización de Montoneros En guardia. A propósito de la participación de De la guarda en los festejos del Bicentenario La modificación socialista del hombre - Liev S. Vigotski SUPLEMENTOS La (d)evaluación de la escuela secundaria: de Onganía a Videla “Hoy no cualquiera puede trabajar de docente y aguantar lo que es la situación social”. Entrevista a Elena Rigatuso, Directora de la Escuela Nº 661 “Nicasio Oroño” y Secretaria de Nivel Primario de AMSAFE-Rosario Pavadas en tu nombre. Respuesta a “Ni socialistas ni científicos: las falacias lógico formales de Razón y Revolución”, de Tribuna Docente. Documento: Es imperativo que los sistemas educativos se tornen más eficientes y reduzcan al mínimo los costos unitarios en educación Fantasías del pasado. Qué fue y qué no fue la “industrialización por sustitución de importaciones” Crisis financiera y de la integración regional capitalista Dulzor Amargo. La izquierda ataca el corazón del capitalismo argentino Los colores del corazón. Celebración del Bicentenario y lucha de clases El imperio contraataca. La “nueva” estrategia de seguridad nacional de Barack Obama A 2 años y medio del gran conflicto en el Casino Flotante de Puerto Madero Por las tierras de Cleto. Cooperativas y trabajo en negro en las cooperativas ajeras de Mendoza El Termómetro Social. El universo de los planes sociales ¿Qué son las políticas sociales? EduKación rural. Acerca de la educación secundaria rural en Santiago del Estero El Aromo Año VII - Número 55 - Julio/Agosto del 2010 Razón y Revolución Organización Cultural Links Razón y Revolución Centro de Estudios e Investigaciones en Ciencias Sociales (CEICS)

Periódico Cultural Piquetero Año VII - Número 54 - Mayo/Junio del 2010 Para bajar el pdf clickear en la imagen Razón y Revolución Organización Cultural http://www.razonyrevolucion.org http://www.ceics.org
Las 200 omisiones de la antología: “200 años de poesía argentina” Eduardo Dalter* "Es infinita esta riqueza abandonada” Artículo publicado en El Aromo n° 56: "Promesas sobre el Bidet" Por cierto, las antologías poéticas del país dejaron de ser motivo de interés en los circuitos literarios y culturales por razones más que obvias. Una serie de objetos voladores no identificados, para ser ilustrativos, arreció estos años sin piedad sobre la credibilidad y el sentido. Y entre esos objetos hubo ejemplos, valga la redundancia, de verdad antológicos: una muestra de poesía argentina de finales de siglo, editada en la ciudad en 1995, y presentada con discursos y platillos, que incluyó a 23 autores nacionales, 21 de ellos de Buenos Aires. Y otra, para decir sólo de dos ejemplos, más cercana, también preparada en la ciudad, y editada en Santiago de Chile, que terminó siendo más conocida, y comentada, por los piedrazos y palos chilenos que recibió. Pero por estos días el interés parece haber regresado, por un nuevo ejemplo, sobre el tema antología (que es todo un tema). Más bien se fue gestando una corriente de monólogos, por decirlo de alguna forma, donde intervienen, observo, tanto escritores como docentes, y que se incluye ya en algunas “cartas de lectores”. La aparición de la antología 200 años de poesía argentina, en el año del Bicentenario, tiene ese mérito. Un tomo editado por la editorial Alfaguara, de un millar de páginas, que se presenta como un verdadero documento histórico (que incluye la letra del Himno Nacional), y que fue precedido de una avanzada publicitaria y de un abanico de auspicios varios, comprendió a unos y a otros, y no podía ser para menos. Porque la falta de interés en la edición de libros de poesía por la industria editorial; la apatía o el descuido, para lo mismo, por las instituciones oficiales, ya nacionales o provinciales; la carencia de obras ensayísticas que aborden la cosa poética nacional y la poesía en su historicidad, ya como letra y voz de nuestros creadores; y, en definitiva, la necesidad cultural de un compendio del horizonte de voces, también para su incidencia en el quehacer docente, creaban un deseo, una expectativa, en torno de esta muestra que se anunciaba bajo el nombre ostentoso de 200 años de poesía argentina. Pero será el propio Licenciado Monteleone, firmante de la antología citada y crítico del matutino La Nación, quien en los comienzos mismos del prólogo nos va a advertir, contraviniendo en rigor al propio título, y abriendo el paraguas, para que no queden dudas, lo que sigue acerca de la obra: “Tal vez no sea un conjunto más o menos razonado o azaroso de inclusiones, sino un sistema de ausencias, porque la acosa el fantasma de la totalidad. No sólo porque hay poetas que no están, que deberían haberse incluido y que, aun por motivos extraliterarios, cuya peripecia es irrelevante, no figuran en esta selección”. Entonces uno no puede sino preguntarse ante tan voluminoso y pesado tomo, ¿en qué quedamos? ¿200 años de poesía argentina o el acoso del fantasma de la totalidad?; ¿200 años de poesía argentina o los poetas no incluidos por motivos extraliterarios? Y ¿cuáles son esos motivos? Porque aquí quedaron desdeñadas, o en olvido, las producciones poéticas de provincias enteras, en no pocos casos en las voces de poetas referenciales, o de verdaderos hitos (¿acaso Carlos Alberto Álvarez, Bernardo Canal Feijóo y Roberto Themis Speroni no lo son?, ¿y Felipe Aldana?, ¿y la santiagueña María Adela Agudo?), que desvanecen o tiran por tierra el publicitado sentido documental de la obra. Ciertamente, hay toda una provincia copiosa de omisiones, de identidades y obras soslayadas –recordamos a propósito algunos poemas de Felipe Rojas, de Lucía Carmona, entre otros–, que dan a esos aires latido y carnadura. Porque podrá afirmarse que están presentes tales voces y tales otras, amadas siempre y leídas (bueno sería que tampoco lo estuvieran), pero faltan esas geografías, esos poetas, de los que por ejemplo habla esa docente en las “cartas de lectores” del diario El Día, de La Plata, con tanta razón y elocuencia. No están excluidos dos, tres o diez poetas, cuyas ausencias podrían tratarse de un juicio o de un olvido del antólogo; aquí queda en entredicho el título mismo de la obra, ya que los 200 años de la poesía argentina fueron y siguen siendo otra cosa, con una diversidad honda y una vitalidad que el Licenciado Monteleone, parece, no ha comprendido, y una apertura y una promesa que los tornan ejemplares. Caben numerosas preguntas, entre tantas sorpresas que tejen las ausencias, en un tema inclusive que a nivel ensayístico, a nivel de la fecundidad e incidencia de la propia historia en sus dos siglos, esta obra no alcanza siquiera a rozar con sus escasas y ligeras veinticuatro páginas de prólogo. Las ausencias son más que significativas, y van, por acercar sólo algunos ejemplos, desde Álvaro Yunque a Julio Huasi, o desde Armando Tejada Gómez a Alberto Vanasco, nombres a los que se suman el cordobés Osvaldo Guevara, autor de ese legendario canto al sapo, que es probable que el Licenciado Monteleone aún no haya leído, y el platense Horacio Preler, con sus estremecedores poemas de Oscura memoria (1992). Pero lo que también sorprende, y deja pensando, en estos ríos de exclusiones, es que esas aguas también atañen a numerosas voces de referencia actual en sus provincias, que han contribuido con sus obras, escritas en el lapso de estas tres décadas, para la extensión de un mapa lo suficientemente cierto e identificable. La lista es importante; pero baste citar a cuatro muy apreciados poetas: Jorge Isaías (Los Quirquinchos, 1946), autor de una singular Crónica gringa, con numerosas ediciones; César Cantoni (La Plata, 1951); Alejandro Schmidt (Villa María, 1955) y Roberto Malatesta (Santa Fe, 1961), creador del recordado poemario Por encima de los techos (2003), entre otras obras. Y además de ello los duros poemas de Soldados, de Gustavo Caso Rosendi (Esquel, 1962), vivenciados en el campo de batalla, en Malvinas. Pero avanzando y volviendo sobre esas mil páginas son más y más los pozos de olvido, los huecos, de modo increíble, desde el entrañable Marasso (de Dichoso aquel que vive en mansión heredada…) hasta el inspirado Romilio Ribero, creador de un Libro de bodas… (1963), que aún canta y maravilla. Y más, mucho más, porque los viejos maestros modernistas tampoco la sacaron barata: desde Leopoldo Díaz al polémico Manuel Ugarte; como si una podadora automática hubiera pasado zumbando con todo su filo. De modo parecido se obró, entendemos, en relación a la poesía de Buenos Aires de estos años, con intensos poemas de referencia, en su mayoría ignorados o desechados. Preguntamos: ¿estaba el Licenciado Monteleone, aun con el aporte de su ayudante Saavedra, en condiciones intelectuales para intentar abordar una obra de tal magnitud? ¿O se trató, en verdad, que la editorial Alfaguara entrevió un mercado propicio con la poesía, a propósito del Bicentenario, y tuvo en cercanía o a mano al Licenciado Monteleone para redondear un libro, aunque fuera sin mucha investigación, que llegara a las librerías alrededor de mediados de año? Porque, además de cualquier presunción o crítica, fue el propio Licenciado que en reportaje escrito declaró que le llevó un año, un solo año, terminar un libro que trata de una historia de dos siglos. Todo un verdadero record Guinness, para figurar en los anuarios, pero no en las páginas que entiendan del territorio vasto y profundo de la Poesía Argentina, que sigue siendo posible. Por momentos siento que ésta es una antología, básicamente, para circular y afirmarse en los cenáculos de los selectos grupos del denominado “canon porteño”, y para su difusión y confirmación más allá de sus fronteras, y decididamente para la facturación y caja de la empresa editorial. A propósito, una vez me tocó escuchar en una reunión informal de poetas, en cercanía del Centro Cultural Rivadavia, de Rosario, unas palabras que a nadie sorprendieron, y que decían, si recuerdo bien: “En Buenos Aires cualquiera hace una antología de poesía argentina, que después aparece comentada en los diarios…” Otras veces, en otros encuentros, me tocó escuchar cosas por el estilo, que ahora no puedo sino recordar. Hay un mapa concreto y amplio de la poesía argentina –y no una pirámide, como afirma extrañamente el Licenciado firmante–, en nombres y en títulos, que en esta obra aparece lastimado, entre nieblas y agujeros negros; en mucho, también, por los numerosos poemas referenciales, inclusive de los poetas seleccionados, en que esta antología no reparó. “Esto sucede –escuché exponer a una profesora de letras– por la falta de un equipo de investigación, con tiempo y espacio, y porque todo recayó en una sola persona y en una empresa editorial comercial, aun tratándose de un segmento sensible de la producción cultural del país.” Copio a continuación algunas palabras de otra docente, en este caso del diario El Día, también críticas a partir de la no inclusión de Roberto Themis Speroni y de otros poetas platenses, que firma Laura Santoro y que asevera, entre otras cosas: “Hay omisiones que son inexplicables en la antología de Monteleone (...). Habrá que explicar a los alumnos de las muchas escuelas y universidades argentinas”. Para concluir: “es imperdonable para la memoria de la literatura argentina”. Y a tal punto, creo, que el Licenciado Monteleone les debe una disculpa a los poetas del país, inclusive, y mucho más, a los seleccionados, por haberlos enrumbado en una aventura precaria y sin destino. Y a la editorial Alfaguara, que entrevió en la poesía la posibilidad de una concreción rápida y jugosa, no creo que le quede más que reparar lo hecho, y, mientras, reintegrar a los lectores los importes embolsados. Una antología, siento, muy propia de este tiempo que corre, y muy representativa de él, con toda su arrogancia, sin dudas, su olvido, su desdén y sus vacíos. NOTA *Eduardo Dalter nació en Buenos Aires en 1947. Poeta e investigador cultural. Parte de su obra está reunida en la antología Hojas de ruta, 1984-2004, que tuvo edición en 2005. En el bienio 2004/2005 diseñó y dictó los seminarios de poesía latinoamericana en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. El Aromo Periódico Cultural Piquetero Año VII - Número 56 - Septiembre/Octubre del 2010 "Promesas sobre el bidet " PDF - Click en imagen Razón y Revolución Organización Cultural Índice Editorial: un barrilete alza vuelo La historia jamás explicada. Reseña del libro Firmenich. La historia jamás contada del jefe montonero, de Felipe Celesia y Pablo Waisberg, Aguilar, Bs. As., 2010 Las hienas. La burguesía chilena y el golpe de Pinochet “En Irak y Afganistán la izquierda secular se ha desacreditado a sí misma”. Entrevista a Alex Callinicos "El problema de la organización no es solamente una cuestión de espontaneidad”. Entrevista a Eugene Gogol a propósito de El poder de la negatividad, de Raya Dunayevskaya Un nuevo análisis sobre la Fenomenología del espíritu de Hegel De segunda mano…Notas sobre el proyecto científico del kirchnerismo La Biblioteca militante - Cómo me hice socialista Ayudamemoria para un zanguango. A propósito de la respuesta del “Nuevo” MAS a nuestra crítica Las 200 omisiones de la antología “200 años de poesía argentina” El caso León Trotsky. Primera edición en español de un documento fundamental* El clásico: ¿Cuál es el propósito de estos juicios? - León Trotsky SUPLEMENTOS Farsa sobre farsa. El nuevo estatuto del trabajador rural y la realidad del discurso kirchnerista Un mal menor para el macrismo. Las cooperativas cartoneras y el nuevo pliego licitatorio de recolección de basura Para otros… Formas de contratación de fuerza de trabajo en la producción primaria de leche “Después del voto que nos vean también esos dirigentes que hay aquí, del municipio, esos no nos ven a nosotros, estamos muy olvidados” Rumbo a los '90. Inflación , sobrevaluación de la moneda y endeudamiento Límites y potencialidades de la soja Abonado al dólar: China y su aparente recuperación económica Cruzada contra el salario en Europa y en EEUU:Desempleo duradero y crecimiento lento para rejuvenecer al capital Radiografía de un Estado policíaco. Entrevista a una dirigente estudiantil colombiana. La contrarrevolución en América Latina. Primera parte. El informe Santa Fe I (1980) Los mineros de Cananea y la confrontación de clase en el México de hoy Aquellos tiempos difíciles. Dirigentes sindicales hablan sobre la situación de la izquierda en los ’90 y en la actualidad ¡Epa! La Argentina que no enseña. Acerca del programa “Enseña por Argentina” y su propuesta en “escuelas vulnerables” “Si tocan a uno, nos tocan a todos” Entrevistas a Cristian Jurado, Patricio Finoli y Mariano Rodríguez Otero La escuela capitalista en Francia ¡Marche preso! La lucha de los estudiantes del Joaquín V. González por la reforma de la formación docente Razón y Revolución Organización Cultural WEBs Razón y Revolución CEICS Barrilete Libros