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Usuario (México)

Bueno este es mi primer post y me anime a escribirlo por que realize una busqueda aqui y no aparecio nada al respecto (2010-10-16) Es un cuento corto de un señor llamado Miguel Ángel Tenorio, para quienes no sepan aqui un extracto de su vida: "Dramaturgo, narrador y promotor de la lectura, nació en 1954 en el Distrito Federal donde radica hasta la fecha. Profesor de la UNAM y de la Escuela de Escritores de la SOGEM es, además, productor de programas de radio y televisión de contenido infantil como Los cuentos de María Luisa y Kolitas. Ha escrito obras de teatro y novelas para niños, adolescentes y adultos, su más reciente producción en disco compacto es Cuentos de utopías. En 1984 obtuvo el Premio Nacional de Dramaturgia Celestino Gorostiza por Cambio de Valencia y en 1996 Premio Nacional Obra de Teatro para Niños por El burro baturro." es un poco largo de leer (+ - 15min) pero fácil de comprender y bueno sin mas preámbulo la historia empieza asi: Por favor, lean esta historia, quizás para unos (as) sea algo tonto, pero les aseguro que a la mayoría les va a gustar, estas historias son muy interesantes y muy llegadotas… ¡¡¡Léanla!!! Mi secretaria recibió un telefonema del Centro de Medico La Raza, se trataba de un medico que llamaba de parte de una joven que tenia SIDA y que a veces, cuando podía, leía mis secciones con mucho interés, ella les había pedido, que antes de morir la dejaran hablar conmigo… Con todo el dolor que ello me causaba acudí rápidamente a su llamada. Llegue a un área del hospital destinada para estos enfermos, tenia que cumplir al pie de la letra todas las indicaciones que me daban. Me ofrecieron una bata, un tapabocas y unos guantes de látex. Por fin entre a una habitación extremadamente pulcra, pero muy fría, había una sola cama en el centro y sobre ella reposaba una jovencita de edad indefinida, su rostro tenia rictus de dolor y unas profundas ojeras, pero yo presentía que su dolor no era físico, ahí, en su lecho de muerte se encontraba Montserrat… -¿Así que usted es el famoso “Buscador”?- dijo con su dulce voz_ Gracias por venir_ ella trataba de ser simpática, yo trataba de seguir su intento sonriéndole suavemente. De pronto, frente a mi sufrió un breve desvanecimiento. Cuando volvió a abrir los ojos hizo una mueca que intentaba ser una sonrisa. Mire sus grandes ojos verdes y bonitos. Con voz tenue y apagada me empezó a decir… -Ya no tengo mucho tiempo, pronto moriré, no se si tener miedo o pensar que la muerte es el alivios. Siempre he vivido con tanto dolor… lo que mas lamento, ¿sabe?, Es que ya no conoceré el mar. ¿Usted cree que dios me permita hacerlo después?. –No supe que decirle, había aprendido a asimilar la muerte con cierta facilidad, pero ahí me sentía impotente, solo le acaricie la cabeza suavemente y le dije. –Vamos… hay que tener fe. -Siéntese, señor “Buscador”, lo que tengo que contarle es muy largo, aunque mi vida se ha ido muy rápido… En el silencio oía tenuemente los quejidos de otros enfermos, escuchaba atento y no comprendía por que los seres humanos tenemos tanta capacidad para lastimarlos. Sin pensarlo, me quite los guante y tome su mano, su piel era suave, delicada y fría. Ella empezó a hablar y más que una conversación… miro al cielo y comprendí que se trataba de una oración… Señor...Soy Montserrat Y Tengo Sida Señor… tal vez no te acuerdes de mí, pero tengo mas de dos años suplicándote, cada instante de mi vida, un milagro, que al parecer… no llego. Soy aquella niña delgada que vivía en la vecindad amarilla, enfrente del mercado. De ese barrio pobre sucio y olvidado. En la vecindad vivían más de veinte familias y a pesar de nuestras carencias, éramos gente unida. ¿Me recuerdas, verdad?... ¡No me digas que no!. En estos momentos Señor… tú eres mi único consuelo. Mi soledad es fría y triste. En esta habitación la gente me mira a través de cristales y los médicos tienen que tocarme con guantes de látex para no contagiarse. Señor… Señor no me abandones ahora. ¡Dios mío! ¡Perdóname! Por que desde pequeña te he culpado de todo. Y no sabes cuanto me arrepiento. Pero, tú sabes Señor lo horrible que ere vivir con esa mujer a la que tenia que llamar, mama. Ella solamente venia a dormir después de trabajar todas las noches en un burdel vendiendo sus encantos. Nunca acepte la idea de ver a mama llegar casi todas las noches con un hombre distinto. Mis arrullos en lugar de ser canciones de cuna, eran los ruidos que hacia mi madre y sus amantes en la recamara. Soporte de ella sus rechazos y sus frustraciones, pero que culpa tenia yo de que ella envejeciera y los clientes no la buscaran con la misma frecuencia. Siempre anhele que mi madre me despertara por las mañanas con un beso, que me peinara y preparara nuestro desayuno. Pero nunca fue así, todas las mañanas eran frías, me levantaba con sueño y como podía me vestía para irme a la escuela. Recuerdo que todos mis maestros y mis compañeros, me tenían asco, por que normalmente iba sucia. Pero eso no me importaba… no me importaba, pero yo tenia sueños, tenia ilusiones. Quería llegar a ser un gran medico. Siempre me esforcé por obtener las mejores calificaciones, aun siendo pobre sobresalía en mi grupo. Mi vida no era tan mala, tenía hambre, pero las vecinas se compadecían de mí y me regalaban algo para comer. ¿Por qué me tuvo que pasar eso? Realmente mis problemas empezaron cuando mi madre se junto con ese hombre, ¡con ese maldito hombre! Que nunca voy a dejar de odiar. Era un hombre joven, más joven que ella y muy atractivo. Mi madre estaba loca de amor por el y lo que ella ganaba en los bares era para dárselo. Pero mi madre nunca pensó que ese infame iba a destruir mi vida, y cuando lo supo tampoco le importo. Cumplí doce años, mi cuerpo y mis ideas empezaron a cambiar, comencé a usar las pinturas de mi madre. Me sentía dichosa de ser una hermosa mujer. Tenia muchos sueños, ilusiones y anhelos; soñaba con que el príncipe azul llegaría algún día y me llevaría con el. Y entonces mi vida cambiaria. ¡Que tonta fui por tener sueños!. Una noche como otras mí madre y su amante llegaron a dormir. Los escuche venir, no tenia sueño. Sentí calor y me levante a darme un baño. ¡Que error tan grande cometí! Me desnude, admiraba mi cuerpo y mi belleza en el espejo. El agua se deslizaba por mi cuerpo, como mis ilusiones. Quería que mi vida fuera distinta a la de mi madre; pero todos mis sueños, todas mis ilusiones derrumbaron, cuando ese hombre malvado entro sigilosamente por la puerta del baño y como un animal me ataco; se abalanzo contra mí… Sus sucias manos mancillaron mi cuerpo y mi inocencia, desesperada suplicaba y gritaba para que mi madre me ayudara. Lloraba, necesitaba que me ayudaran, no quería ser violada. Pero mi madre nunca acudió a mi auxilio. ¡Dejo que me violara cuantas veces quiso! Me dejo lastimada y llorando, con un ardor que nunca terminara. Me dolía el cuerpo y el alma. Apenas podía balbucir por ayuda pero todo fue inútil, no se cuanto tiempo estuve ahí tirada suplicando que me ayudaran… que me ayudaran… me ayudaran… Cuando la luz de la mañana me despertó vi entrar a mi madre al baño. Yo trate de levantarme, para abrazarla, con la esperanza que no hubiera escuchado nada. Necesitaba su ayuda, necesitaba su compresión y que ese hombre se fuera de nuestras vidas, pero todo fue lo contrario; me tomo de los cabellos y me golpeo la cara. Yo le suplicaba –mamita escúchame, escúchame mamita, por favor, el me violo, el abuso de mi, el me lastimó… Mi madre me gritaba sin escucharme -¡Eres una cualquiera! ¡Como es posible que mi propia hija me quiera quitar a mi hombre!. No comprendía las palabras de mi madre, suplique y llore para que me escuchara pero todo fue inútil. Recuerdo que su odio era tanto que me arranco la ropa y casi desnuda me saco a la calle. Abandone mi casa corriendo, no me importo que la gente me viera casi desnuda y llorando. Siempre recordare sus gritos y a mi mamita que me insultaba “Eres una cualquiera, lárgate de mi casa, tu no eres mi hija”. No supe cuanto tiempo vague por las calles. Solo se que termine sentada llorando en la puerta de una casa. Miraba al cielo suplicándote, Señor… que me ayudaras, que si mi vida no le importaba a nadie me llevaras contigo. ¡Dios mío, ya no quiero vivir mas!, Solo sirvo para hacer sufrir a mi mamá… Aun lloraba cuando una señora acaricio suavemente mi pelo, Su rostro era dulce y bondadoso, su mirada era un bálsamo que mitigaba mis heridas. Sin preguntarme nada me tomo del brazo y me invito a entrar a su casa. Después de arropar mi desnudez, preparó chocolate caliente y por primera vez en mi vida cenaba junto a una mujer que. Sin conocerme, sin ser de mi sangre, era buena conmigo como debían ser todas las madres. Le conté mi vida y ella me comprendió. Nunca más volvió a tocar el tema. Me invito a quedarme con ella. Fueron los tres años más felices de mi vida; me cuidaba, me ofreció su casa, su cariño y su amor. Ella era mi madre y yo su hija. Alguna vez me comento que estaba enferma, que no me alarmara, que ya era una señorita y que debía prepararme para no estar tan desprotegida en la vida. Busque empleo en una tienda, en donde al pasar el tiempo conocí a un muchacho muy guapo. El tenía dieciséis años y un automóvil que parecía que se iba a desarmar. Todas las tardes iba por mí al trabajo. Lo presente con la señora y ella nos permitía estar juntos en la sala de la casa. Pensaba que era el hombre de mi vida, por el cual te había pedido tanto Señor. Cumplí mis quince años y entonces me pidió, que fuera su novia. Recuerdo que no lo pensé, solamente lo abrace y lo bese con mucha alegría. Era mi primer novio. Pero sin saber por qué me sentí triste por lo que me había pasado. Pero eso no me importo, yo lo amaba. Al poco tiempo el insistió para que tuviéramos nuestra primera relación sexual. Me llevo a un “hotel de paso” y me hizo suya. Me estrague con amor, para mi ese momento fue hermoso y maravilloso. Casi me había olvidado de la violación de aquel hombre. Pero a mi novio no le había contando nada de lo que paso, por miedo a que me dejara y me despreciara… fue un grave error. Después de la primera relación, empezó a alejarse de mí. Ya no era atento conmigo. Iba pocas veces por mi al trabajo y tampoco quería platicar en la casa de la señora. Solamente una o dos veces pasaba por mí para llevarme al hotel. Y después me dejaba sola otra vez. Sus caricias ya no eran iguales, ni sus besos, ni sus palabras. Ya no entendía lo que sucedía. En aquel tiempo fue cuando murió la señora y mi hermoso mundo se derrumbo. Ella que había sido mi única madre, ahora estaba muerta… y aun la extraño. No sabía que estaba pasando. Él no me quería y sospechaba que estaba embarazada. Confirme lo de mi embarazo y fui a buscarlo, tenia la esperanza que con la llegada de nuestro bebe todo se arreglaría. Le propuse que nos casáramos y me dijo algo que me dejo muy triste.”Mira no me quiero casar contigo. Por que estoy seguro de que ese hijo, no es mío”. ¿Cómo me podía decir eso…Si el había sido el único hombre de mi vida?. Al único hombre que amaba ¿que pasaba? Me sentí decepcionada. Estábamos solos mi bebé y yo. Otra vez vino a mi memoria el recuerdo todos los maltratos que sufrí des de pequeña, por haber sido una hija no deseada. El recuerdo de tanta injusticia que tuve que vivir; fui rechazada, golpeada, humillada, nunca conocí a mi padre, uno de los amantes de mi padre me violo y ella me abandono para seguir amando a ese hombre. Mis lagrimas bajaron por mis mejillas cuando le platique todo, para que el comprendiera lo triste que es tener una vida así. Para que nuestro hijo tuviera una vida mejor; pero no le importo. Pasaron los días. Trate de adaptarme a mi nueva vida. Sola, sin amigos, sin el padre de mi hijo. Luchando por sobrevivir en un mundo injusto. Buscando la salida para que mi hijo no sufriera, como yo. Cuando tenía tres meses de embarazo mi novio fue a buscarme y me pidió perdón. Me propuso que viviéramos juntos. Yo lo amaba tanto qué aun con lo difícil que seria nuestra vida, lo acepte… Nuestra vida se convirtió en un infierno, todas las noches llegaba, triste, borracho y muy agresivo. Me culpaba de haberlo atrapado en una vida que el no quería. Me maltrataba, a veces me golpeaba y siempre me gritaba. Con el tiempo también empezó a drogarse. Muchas veces encontré cigarros de marihuana y pastillas en su ropa. Pero le tenía miedo y no le dije nada. Estuvimos juntos todo este tiempo, pero una noche desilusionada me di cuenta de lo que había pasado, de lo tonta que había sido. Una noche el llego tomado y muy drogado a la casa. Yo tenía cinco meses de embarazo. Salí a recibirlo, y me dio una cachetada. Trate de calmarlo pero todo fue inútil. Empezó a golpearme, pateaba mi vientre, como si quisiera matar a la criatura que llevaba dentro. Solamente cerré mis ojos, deje que pasara. Fue horrible… lo único que recuerdo fue que empecé a sangrar. Desperté en el hospital con la triste noticia de que había perdido a mi bebe. Que mi situación a causa de los golpes era critica, los médicos, me decían, que aunque todo saliera bien, lo más segura era que ya no podría tener hijos. Llore mucho, deseaba tener a mi bebe, pensaba que con el, todo iba a cambiar. Otra vez mis sueños se habían destruido. Apenas me recupere, le pregunte al doctor por mi “esposo”, y me dijo con mucho coraje, “A ese desgraciado lo tienen bien encerrado y ojalá nunca salga”. A penas Salí del hospital y fui a buscarlo. Para ayudarlo a salir de la cárcel tuve que mentir y decir que me había caído. En ese momento me sentí como mi madre, pero al verlo golpeado, totalmente desfigurado por el abuso de los agentes policíacos, lo único que pude hacer fue ayudarlo… mi hijo muerto, ya no me importaba. En la casa cure sus heridas, llore por mi bebe. No paso mucho tiempo para que el me abandonara. Perdí mi empleo, sola, con la vida destrozada, incapaz de ser una mujer completa, y sin la dicha de ser madre. Empecé otra vez a vagar, busque otro empleo pero era difícil conseguirlo, los hombres siempre querían abusar de mi. Miserable y con hambre; empecé a trabajar en un bar donde los hombres iban a ver a las chicas desnudarse y por una propina nos teníamos que dejar manosear. Aprendí a vender cigarros y las mejores mesas; Para los mejores “clientes”. Muchas terminábamos saliendo con los hombres para conseguir un poco mas de dinero. La gran mayoría de las chicas, ni siquiera usaban preservativos, mucho menos protección contra el SIDA. Empecé a atender a muchos hombres. Me convertí en la mejor prostituta y una de las más solicitadas. Pero mi vida me daba mucho asco, tenia que soportar las sucias caricias de muchos hombres, tocándome, maltratándome. En el mismo bar nos vendían la droga para “alivianarnos” de las desveladas. Pero luego me di cuenta que no era por las “desveladas” que nos vendían la droga. Lo hacían para controlarnos. Termine inyectándome morfina, inhalando coca y fumando marihuana, asi fue como me convertí en una adicta y una prostituta. ¡Y mírame aquí ahora Señor!. Señor...Soy Montserrat Y Tengo Sida… En estos momentos estoy a punto de morir, y el único milagro que te pido Señor… no es para mi. Yo solo te pido que ilumines la mente y los corazones de los jóvenes y padres del mundo. Que ayudes a que siempre exista comunicación y entendimiento entre padres e hijos. Que siempre exista matrimonios con amor. Que los padres tengan confianza y fe en sus hijos, y que siempre les crean. Que los jóvenes no busquen en la calle lo que tienen en su casa. Y sobre todo, Señor… que se encuentre la curación para esta terrible enfermedad. Al salir del hospital me sentí muy triste y pensaba en Dios y en Montserrat, únicamente pude decir una oración. Escribiendo esta historia, un pensamiento de rebeldía e impotencia sacudió mi mente. Era doloroso mirar a los jóvenes morir a diario por las drogas, violencia y maltrato. Los suicidios, asesinatos y abusos se extendían por toda la ciudad… por mi país… por todo el mundo. Autor: Miguel Ángel Tenorio. espero les haya gustado la lectura y reciban un cordial saludo! las fuentes que use son: http://www.tulancingocultural.cc/actividadesculturales/miguelangeltenorio/index.htm http://lily1beauty.spaces.live.com/blog/cns!EA70C2ACFC39EB50!214.entry?sa=812185480