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Primer post: 18 mar 2011Último post: 10 jul 2011
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Calendario Maya
Calendario Maya
Salud BienestarporAnónimo3/18/2011

EL CALENDARIO MAYA CAMBIO HACIA UN TIEMPO SINCRONIZADO CON LA NATURALEZA http://www.youtube.com/watch?v=oqMasq6qQ7Y Jorge Mañalich Arana* Los Mayas sincronizadores galácticos nos legaron un sistema complejo, el Tzolkin un calendario basado en el movimiento de la luna, ella con sus cuatro fases de 7 días de duración cada una conforman un movimiento armónico de 28 días por luna, lo que hace un total de 13 lunas por año o 364 días de rotación de la tierra en su órbita, dejando un día llamado día fuera del tiempo o día verde, que es el salto a una octava superior una vez por año pues los sistemas galácticos tienen su movimiento en forma helicoidal y no circular. Este calendario o sincronizador galáctico es siempre eterno y su forma o plantilla es una estructura armónica que representa el tiempo natural, utilizando este calendario acompañamos a la naturaleza en su flujo evolutivo y ella nos acompaña a nosotros. Respetando este flujo de energía accedemos a la ley del mínimo esfuerzo, que significa con el menor uso de energía obtener el mayor resultado. Los mayas siempre se fijaban en el movimiento de la luna nunca iban a sembrar en un tiempo donde se debía cosechar, siempre se fijaban las características de cada luna para saber que hacer. El calendario gregoriano es un instrumento totalmente desincronizado, pues su uso contempla una plantilla de 12 meses, con meses de 31, 30, 29, 28, días cada uno, donde ponen un movimiento lunar de 28 días en una plantilla de 30, mezclando parte de dos lunas en un mes, aparte que cada día no tiene mayor sentido, puesto que si no es una fecha importante para nosotros su uso es estrictamente comercial, para los humanos la única y gran fuerza que mueve el uso del calendario gregoriano, es ver cuando cobro, si cobre estoy esperando que termine el mes para cobrar de vuelta o cuando es mi cumpleaños o alguna fecha importante para mi, o cuando me voy de vacaciones. El calendario gregoriano una plantilla irregular que distorsiona el tiempo quedándose solamente en la tercera dimensión, atrapados por el ego, en una energía 12/60, 12 meses con horas de 60 minutos solamente para trabajar y ser productivo, esto solamente nos desincronizan con el tiempo y el ser multidimensional que somos nosotros y nuestro querido planeta. LA IMPORTANCIA DE SINCRONIZARSE CON LA 4TA DIMENSION Este sincronizador galáctico nos permite acceder a la cuarta dimensión, el tiempo, el aquí y ahora, para ascender a las quinta dimensión, donde no hay dualidad. El calendario Maya nos permite entender que cada día tiene un sentido y energías, conociendo esas energías podemos acceder a otras dimensiones, actuando en el día a día conforme la naturaleza lo permite. Cada día tiene fuerzas destino, guías, análogas, ocultas y antípodas, sabiendo como utilizarlas según sus cualidades y sus acciones nos favorecemos pues vamos en la dirección que estas van. También cada uno de nosotros somos una de esas energías que sabiendo como reconocernos nunca vamos a ir en contra de nuestra naturaleza. El calendario Maya nos permite saber que energía somos nosotros, cual es el don que nos han regalado y cuales las energías análogas y ocultas que nos favorecen y de esta manera poder crecer según las energías antípodas o desafío que nos permite crecer. Desde el punto de vista del calendario Maya nosotros somos el cuerpo celular del planeta, si mi información energética y genética dice por ejemplo que soy una célula del hígado del planeta y yo trato de ser otra cosa, estoy yendo contra mi propia naturaleza eso me frustra y me hace sentir mal, sin comprender por que. Cuando me sincronizo con mi propia naturaleza y actúo desde ese punto voy siempre a favor de lo que tengo que ser y no de lo que se supone debería ser. También al saber que yo soy una célula del cuerpo planetario comparto con otros seres la misma información lo cual me permite acceder a un trabajo mas participativo y comunitario conformando así un órgano de este planeta con una función especifica, de esta manera hago lo que vine a cumplir como misión planetaria. CALENDARIO MAYA Y LOS CAMBIOS EN EL ADN Debido al cambio energético de nuestro amado planeta , la tierra, durante miles de años la vibración magnética fue de 7,8 hz/seg. A partir de los años 80 mas o menos comenzó a modificarse esta vibración y hoy esta cerca de los 12 hz/seg., lo que produce una aceleración del tiempo lineal y de nuestro cuerpo energético y biológico, por eso los seres humanos estamos perdiendo la noción del tiempo y estamos comenzando a incorporar el aquí y ahora. Este cambio vibratorio juntos con otros, están modificando las cadenas del ADN energético y el biológico, por ejemplo el cuerpo celular de un humano cambio en un año el 98 % de sus células, menos las células del corazón y las neuronas, cuando nacen las células nuevas estas en su conformación atómica de un núcleo y varios electrones estos son reemplazados por nuetrinos, la diferencia entre un electrón y un neutrino es que el primero vibra a 160.000 Km/seg. Y el neutrino vibra a 300.000 Km/seg lo que produce un acercamiento del cuerpo energético al cuerpo biológico, que con este cambio las personas comenzamos a sufrir cambios muy importantes desde el aspecto biológico, energético y psicológico. Bueno los aspectos que maneja el calendario Maya tienen también otras informaciones más que en futuros informes les seguiré ampliando. Un abrazo en la luz ----------------- *Jorge Mañalich Arana es Instructor del Calendario Maya e Instructor de Técnicas Chamánicas, puedes localizarlo a través de su e-mail: [email protected]

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Chistes De Drogados
HumorporAnónimo7/10/2011

link: http://www.youtube.com/watch?v=y-tmOXr_I5w

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Te enseño "El Codigo Ictus"
Te enseño "El Codigo Ictus"
Salud BienestarporAnónimo7/2/2011

VER A PANTALLA COMPLETA Un accidente cerebrovascular (ACV o ACVA), ictus cerebral, apoplejía, golpe o ictus apoplético, ataque cerebrovascular o ataque cerebral es la pérdida de funciones cerebrales producto de interrupción del flujo sanguíneo al cerebro y que origina una serie de síntomas variables en función del área cerebral afectada. Lo que diferencia el ACV de otros conceptos similares es la consideración de ser un episodio agudo y la afectación de las funciones del sistema nervioso central. El ictus es un trastorno brusco de la circulación cerebral, alterando la función de una determinada zona del cerebro.  Es más común la presencia de este trastorno en personas mayores aunque también puede producirse en jóvenes, se le conoce como accidente cerebro vascular o apoplejía, también se le da el nombre embolia cerebral, trombosis, congestión o infarto cerebral. Un ictus es el equivalente cerebral del ataque al corazón. El ictus se produce al obstruirse o romperse los vasos sanguíneos del cerebro, interrumpiéndose el flujo del oxígeno que llega a esa zona del cerebro. Médicamente, el ictus se define como un síndrome clínico, supuestamente de origen vascular, tipificado por la aparición rápida de signos de alteración focal o global de las funciones cerebrales que duran más de 24 horas o que conducen a la muerte. Hay dos tipos principales de ictus: El ictus isquémico, que se produce cuando el riego sanguíneo del cerebro está comprometido o se bloquea debido a aterotrombosis, émbolos cardiacos o enfermedad de los vasos pequeños (infarto lacunar). Cuando la pared de unas arterias poco sanas se obstruye con una acumulación de depósitos grasos y colesterol, pueden formarse coágulos de sangre en los vasos sanguíneos que riegan el cerebro. Como alternativa, el coágulo puede haberse formado en otra parte del cuerpo, generalmente el corazón, y ser transportado después al cerebro. Un 85% de todos los ictus son isquémicos. El ictus hemorrágico, que se produce al romperse un vaso sanguíneo con la consiguiente hemorragia en o sobre la superficie del cerebro. Los ictus hemorrágicos pueden estar causados por varios trastornos, entre ellos una presión arterial elevada de larga duración y los aneurismas cerebrales (un área débil en la pared de un vaso sanguíneo). Un ataque isquémico transitorio (AIT) es un síndrome clínico que se caracteriza por una pérdida aguda de la función cerebral y síntomas que duran menos de 24 horas. Probablemente se debe a un suministro sanguíneo inadecuado causado por un flujo sanguíneo lento, una trombosis o una embolia en algún otro lugar del cuerpo. Un AIT no provoca déficit neurológico permanente. Prevalencia.- Cada año, 15 millones de personas sufren un ictus. De ellos, 5,5 millones son mortales y más de cinco millones de personas quedan permanentemente discapacitadas. En Estados Unidos, por término medio, cada tres minutos muere una persona a causa de un ictus. El ictus ocupa la cuarta posición en cuanto a carga de enfermedad en el mundo. Un 20% de los pacientes discapacitados por un ictus en Estados Unidos requieren cuidados en instituciones sanitarias. En los últimos años en Europa se superan los 10 millones de años de vida de pacientes perdidos a causa de la mortalidad y la discapacidad asociada al ictus. A pesar de ello, la investigación del ictus todavía recibe mucha menos financiación que las enfermedades del corazón o el cáncer. Síntomas del ictus Los síntomas del ictus incluyen algunos o todos de los siguientes: Adormecimiento o debilidad repentina en la cara, el brazo o una pierna, especialmente en uno de los lados del cuerpo. Confusión repentina, dificultad para hablar o para entender. Problemas repentinos para ver en uno o los dos ojos. Repentina dificultad para andar, mareo, pérdida de equilibrio o coordinación. Dolor de cabeza repentino sin que se conozca la causa. Es esencial ponerse en contacto con un equipo médico de urgencias lo antes posibles tras la aparición del ictus. Los efectos del ictus.- En Estados Unidos, en los últimos años, aproximadamente entre un 8% y un 12% de las personas que sufren un ictus isquémico y entre un 37% y un 38% de quienes tienen un ictus hemorrágico mueren antes de 30 días. Los efectos de los ictus no mortales pueden ser devastadores. Aunque el ictus afecta principalmente a los vasos y tejidos cerebrales, su repercusión se deja sentir en todo el cuerpo. Los efectos físicos y psicológicos varían enormemente dependiendo de la región del cerebro que resulte dañada. Entre los posibles problemas figuran: Problemas del habla o del lenguaje. Debilidad o parálisis (hemiplejía) – generalmente de un sólo lado del cuerpo. Problemas cognitivos. Fatiga. Dificultad de percepción. Cambios de humor. Un tercio de las personas que sobreviven a un ictus quedará funcionalmente dependiente durante el año siguiente al ictus. En Estados Unidos, por ejemplo, entre los mayores de 65 años supervivientes a un ictus isquémico, los resultados 6 meses después de un ictus agudo incluían: Parálisis que afectaba a un lado del cuerpo (50% de los supervivientes). Incapacidad para caminar sin algún tipo de ayuda (30% de los supervivientes). Dependencia en actividades de la vida diaria (26% de los supervivientes). Dificultad para hablar, escribir o comprender el lenguaje (19% de los supervivientes). Síntomas depresivos (35% de los supervivientes). Internamiento en una residencia (26% de los supervivientes). Carga económica del ictus.- En Europa, el tratamiento del ictus supone del 5% al 10% de los recursos sanitarios. Sólo en Estados Unidos, por ejemplo, el gasto en ictus a principios de esta década superaba los 56.000 millones de dólares anuales, un 62% de los cuales se destina a costes directos como asistencia hospitalaria y domiciliaria. Factores de riesgo.- Existen numerosos factores de riesgo de padecer un ictus. Uno de los factores más importantes que contribuye al aumento del riesgo de tener un ictus es la existencia de un ictus o un AIT previos, lo que incrementa en un 30% a 40% el riesgo de padecer nuevos ictus en los 5 años siguientes. Factores no modificables o no controlables Edad. Sexo. Antecedentes familiares/raza. Antecedentes familiares de diabetes. Factores modificables o controlables: Presión arterial elevada (hipertensión). Fibrilación auricular (latidos irregulares). Tabaquismo. Sedentarismo. Diabetes. Tratamiento.- Las directrices de tratamiento hacen hincapié en la importancia de la prevención primaria y secundaria mediante ajustes en el estilo de vida y reduciendo al mínimo los factores de riesgo. La mayoría de los episodios de ictus no son mortales pero dar lugar a que muchas personas queden con alguna forma de discapacidad. Por consiguiente, la rehabilitación es esencial después de la recuperación de un episodio agudo. El mejor resultado depende de empezar a aplicar el tratamiento a la mayor brevedad después del comienzo de los síntomas. Existen varias pruebas que ayudan a identificar tanto el tipo de ictus que se ha producido como las mejores opciones de tratamiento. Las que se utilizan con mayor frecuencia son: Medidas de la presión arterial, glucemia, función de la coagulación y niveles de colesterol. Imágenes cerebrales por tomografía computadorizada (TC) o resonancia magnética (RM). Radiografía de tórax, ECG y ecocardiograma para evaluar las funciones pulmonar y cardiaca. Ecografía de las arterias carótidas para evaluar el flujo sanguíneo al cerebro. Trombólisis.- Como terapia autorizada para el tratamiento del ictus agudo se dispone de la trombólisis, que consiste en disolver los coágulos de sangre que obstruyen el flujo sanguíneo al cerebro. No obstante, este tipo de tratamiento está contraindicado en los pacientes que presentan ictus hemorrágico ya que puede aumentar el riesgo de hemorragias. Por esta razón, es necesario confirmar mediante TC o RM el origen isquémico del ictus. Actualmente, el tratamiento trombolítico debe administrase en las tres horas siguientes al comienzo de los síntomas, lo que deja un margen de oportunidad estrecho para el tratamiento cuando se tiene en cuenta el tiempo necesario para ingresar al paciente y hacer una TC. Muchos pacientes no llegan al hospital suficientemente pronto y, en la práctica, menos del cinco por ciento de los pacientes son tratados con terapia trombolítica. Una necesidad médica actualmente sin cubrir Hoy por hoy, la terapia trombolítica es el único tratamiento específico para el ictus isquémico agudo. No obstante, puesto que sólo el cinco por ciento de los pacientes recibe el tratamiento, se necesita una terapia efectiva y segura con una ventana de actuación más amplia que pueda satisfacer esta enorme necesidad médica aún sin cubrir. Lo ideal sería que las terapias futuras no necesitaran una valoración previa mediante imágenes cerebrales, evitándose así un retraso adicional a la hora de proporcionar tratamiento. Neuroprotección: posible tratamiento del ictus en el futuro Actualmente se están investigando nuevas terapias para tratar el ictus, entre ellas los agentes neuroprotectores. Estos agentes conservan células neuronales viables en la zona de penumbra isquémica obstaculizando la compleja cascada de acontecimientos desencadenada por la isquemia cerebral que lleva a la muerte celular. Por lo tanto, son diferentes de los agentes trombolíticos que reducen la isquemia cerebral mediante el restablecimiento del flujo sanguíneo. En modelos experimentales recientes de isquemia focal, se ha demostrado protección histológica y neurológica al administrar un agente neuroprotector al menos 4-5 horas después de la oclusión. En un ensayo clínico de fase III, multicéntrico y controlado con placebo se demostró que un agente neuroprotector puede reducir la discapacidad después de un ictus isquémico agudo medida con la Escala de Rankin modificada (ERm), si bien es necesario realizar más estudios. Sería de esperar que un agente neuroprotector efectivo y bien tolerado aumentase el número de pacientes que reciben tratamiento específico para el ictus isquémico agudo. Posiblemente reduciría la discapacidad asociada al ictus lo que supondría una reducción de los casos de dependencia y proporcionaría un nuevo tratamiento para que los médicos puedan tratar este problema que supone una importante necesidad sin cubrir. Es de esperar que vaya aumentando la concienciación entre médicos y pacientes por igual, en el sentido de que el ictus es una urgencia tratable: cuánto antes llegue el paciente al hospital y reciba tratamiento menores serán las probabilidades de que sufra los graves y debilitantes efectos del ictus.  Fuente: Médicos y pacientes.com     VER A PANTALLA COMPLETA  Un accidente cerebrovascular (ACV o ACVA), ictus cerebral, apoplejía, golpe o ictus apoplético, ataque cerebrovascular o ataque cerebral es la pérdida de funciones cerebrales producto de interrupción del flujo sanguíneo al cerebro y que origina una serie de síntomas variables en función del área cerebral afectada. Lo que diferencia el ACV de otros conceptos similares es la consideración de ser un episodio agudo y la afectación de las funciones del sistema nervioso central.    El ictus es un trastorno brusco de la circulación cerebral, alterando la función de una determinada zona del cerebro.  Es más común la presencia de este trastorno en personas mayores aunque también puede producirse en jóvenes, se le conoce como accidente cerebro vascular o apoplejía, también se le da el nombre embolia cerebral, trombosis, congestión o infarto cerebral.    Un ictus es el equivalente cerebral del ataque al corazón. El ictus se produce al obstruirse o romperse los vasos sanguíneos del cerebro, interrumpiéndose el flujo del oxígeno que llega a esa zona del cerebro.  Médicamente, el ictus se define como un síndrome clínico, supuestamente de origen vascular, tipificado por la aparición rápida de signos de alteración focal o global de las funciones cerebrales que duran más de 24 horas o que conducen a la muerte.    Hay dos tipos principales de ictus:  El ictus isquémico, que se produce cuando el riego sanguíneo del cerebro está comprometido o se bloquea debido a aterotrombosis, émbolos cardiacos o enfermedad de los vasos pequeños (infarto lacunar). Cuando la pared de unas arterias poco sanas se obstruye con una acumulación de depósitos grasos y colesterol, pueden formarse coágulos de sangre en los vasos sanguíneos que riegan el cerebro. Como alternativa, el coágulo puede haberse formado en otra parte del cuerpo, generalmente el corazón, y ser transportado después al cerebro. Un 85% de todos los ictus son isquémicos.  El ictus hemorrágico, que se produce al romperse un vaso sanguíneo con la consiguiente hemorragia en o sobre la superficie del cerebro. Los ictus hemorrágicos pueden estar causados por varios trastornos, entre ellos una presión arterial elevada de larga duración y los aneurismas cerebrales (un área débil en la pared de un vaso sanguíneo).  Un ataque isquémico transitorio (AIT) es un síndrome clínico que se caracteriza por una pérdida aguda de la función cerebral y síntomas que duran menos de 24 horas. Probablemente se debe a un suministro sanguíneo inadecuado causado por un flujo sanguíneo lento, una trombosis o una embolia en algún otro lugar del cuerpo. Un AIT no provoca déficit neurológico permanente.  Prevalencia.- Cada año, 15 millones de personas sufren un ictus. De ellos, 5,5 millones son mortales y más de cinco millones de personas quedan permanentemente discapacitadas. En Estados Unidos, por término medio, cada tres minutos muere una persona a causa de un ictus. El ictus ocupa la cuarta posición en cuanto a carga de enfermedad en el mundo. Un 20% de los pacientes discapacitados por un ictus en Estados Unidos requieren cuidados en instituciones sanitarias.   En los últimos años en Europa se superan los 10 millones de años de vida de pacientes perdidos a causa de la mortalidad y la discapacidad asociada al ictus. A pesar de ello, la investigación del ictus todavía recibe mucha menos financiación que las enfermedades del corazón o el cáncer.    Síntomas del ictus  Los síntomas del ictus incluyen algunos o todos de los siguientes:  Adormecimiento o debilidad repentina en la cara, el brazo o una pierna, especialmente en uno de los lados del cuerpo. Confusión repentina, dificultad para hablar o para entender. Problemas repentinos para ver en uno o los dos ojos. Repentina dificultad para andar, mareo, pérdida de equilibrio o coordinación. Dolor de cabeza repentino sin que se conozca la causa. Es esencial ponerse en contacto con un equipo médico de urgencias lo antes posibles tras la aparición del ictus.    Los efectos del ictus.- En Estados Unidos, en los últimos años, aproximadamente entre un 8% y un 12% de las personas que sufren un ictus isquémico y entre un 37% y un 38% de quienes tienen un ictus hemorrágico mueren antes de 30 días.  Los efectos de los ictus no mortales pueden ser devastadores. Aunque el ictus afecta principalmente a los vasos y tejidos cerebrales, su repercusión se deja sentir en todo el cuerpo. Los efectos físicos y psicológicos varían enormemente dependiendo de la región del cerebro que resulte dañada. Entre los posibles problemas figuran:  Problemas del habla o del lenguaje. Debilidad o parálisis (hemiplejía) – generalmente de un sólo lado del cuerpo. Problemas cognitivos. Fatiga. Dificultad de percepción. Cambios de humor.  Un tercio de las personas que sobreviven a un ictus quedará funcionalmente dependiente durante el año siguiente al ictus. En Estados Unidos, por ejemplo, entre los mayores de 65 años supervivientes a un ictus isquémico, los resultados 6 meses después de un ictus agudo incluían:  Parálisis que afectaba a un lado del cuerpo (50% de los supervivientes). Incapacidad para caminar sin algún tipo de ayuda (30% de los supervivientes). Dependencia en actividades de la vida diaria (26% de los supervivientes). Dificultad para hablar, escribir o comprender el lenguaje (19% de los supervivientes). Síntomas depresivos (35% de los supervivientes). Internamiento en una residencia (26% de los supervivientes).  Carga económica del ictus.- En Europa, el tratamiento del ictus supone del 5% al 10% de los recursos sanitarios. Sólo en Estados Unidos, por ejemplo, el gasto en ictus a principios de esta década superaba los 56.000 millones de dólares anuales, un 62% de los cuales se destina a costes directos como asistencia hospitalaria y domiciliaria.  Factores de riesgo.- Existen numerosos factores de riesgo de padecer un ictus. Uno de los factores más importantes que contribuye al aumento del riesgo de tener un ictus es la existencia de un ictus o un AIT previos, lo que incrementa en un 30% a 40% el riesgo de padecer nuevos ictus en los 5 años siguientes.  Factores no modificables o no controlables  Edad. Sexo. Antecedentes familiares/raza. Antecedentes familiares de diabetes. Factores modificables o controlables: Presión arterial elevada (hipertensión). Fibrilación auricular (latidos irregulares). Tabaquismo. Sedentarismo. Diabetes.  Tratamiento.- Las directrices de tratamiento hacen hincapié en la importancia de la prevención primaria y secundaria mediante ajustes en el estilo de vida y reduciendo al mínimo los factores de riesgo.  La mayoría de los episodios de ictus no son mortales pero dar lugar a que muchas personas queden con alguna forma de discapacidad. Por consiguiente, la rehabilitación es esencial después de la recuperación de un episodio agudo.  El mejor resultado depende de empezar a aplicar el tratamiento a la mayor brevedad después del comienzo de los síntomas. Existen varias pruebas que ayudan a identificar tanto el tipo de ictus que se ha producido como las mejores opciones de tratamiento. Las que se utilizan con mayor frecuencia son:  Medidas de la presión arterial, glucemia, función de la coagulación y niveles de colesterol.  Imágenes cerebrales por tomografía computadorizada (TC) o resonancia magnética (RM).  Radiografía de tórax, ECG y ecocardiograma para evaluar las funciones pulmonar y cardiaca.  Ecografía de las arterias carótidas para evaluar el flujo sanguíneo al cerebro.  Trombólisis.- Como terapia autorizada para el tratamiento del ictus agudo se dispone de la trombólisis, que consiste en disolver los coágulos de sangre que obstruyen el flujo sanguíneo al cerebro. No obstante, este tipo de tratamiento está contraindicado en los pacientes que presentan ictus hemorrágico ya que puede aumentar el riesgo de hemorragias.  Por esta razón, es necesario confirmar mediante TC o RM el origen isquémico del ictus. Actualmente, el tratamiento trombolítico debe administrase en las tres horas siguientes al comienzo de los síntomas, lo que deja un margen de oportunidad estrecho para el tratamiento cuando se tiene en cuenta el tiempo necesario para ingresar al paciente y hacer una TC. Muchos pacientes no llegan al hospital suficientemente pronto y, en la práctica, menos del cinco por ciento de los pacientes son tratados con terapia trombolítica.  Una necesidad médica actualmente sin cubrir  Hoy por hoy, la terapia trombolítica es el único tratamiento específico para el ictus isquémico agudo. No obstante, puesto que sólo el cinco por ciento de los pacientes recibe el tratamiento, se necesita una terapia efectiva y segura con una ventana de actuación más amplia que pueda satisfacer esta enorme necesidad médica aún sin cubrir. Lo ideal sería que las terapias futuras no necesitaran una valoración previa mediante imágenes cerebrales, evitándose así un retraso adicional a la hora de proporcionar tratamiento.  Neuroprotección: posible tratamiento del ictus en el futuro  Actualmente se están investigando nuevas terapias para tratar el ictus, entre ellas los agentes neuroprotectores. Estos agentes conservan células neuronales viables en la zona de penumbra isquémica obstaculizando la compleja cascada de acontecimientos desencadenada por la isquemia cerebral que lleva a la muerte celular. Por lo tanto, son diferentes de los agentes trombolíticos que reducen la isquemia cerebral mediante el restablecimiento del flujo sanguíneo.  En modelos experimentales recientes de isquemia focal, se ha demostrado protección histológica y neurológica al administrar un agente neuroprotector al menos 4-5 horas después de la oclusión. En un ensayo clínico de fase III, multicéntrico y controlado con placebo se demostró que un agente neuroprotector puede reducir la discapacidad después de un ictus isquémico agudo medida con la Escala de Rankin modificada (ERm), si bien es necesario realizar más estudios.  Sería de esperar que un agente neuroprotector efectivo y bien tolerado aumentase el número de pacientes que reciben tratamiento específico para el ictus isquémico agudo. Posiblemente reduciría la discapacidad asociada al ictus lo que supondría una reducción de los casos de dependencia y proporcionaría un nuevo tratamiento para que los médicos puedan tratar este problema que supone una importante necesidad sin cubrir.  Es de esperar que vaya aumentando la concienciación entre médicos y pacientes por igual, en el sentido de que el ictus es una urgencia tratable: cuánto antes llegue el paciente al hospital y reciba tratamiento menores serán las probabilidades de que sufra los graves y debilitantes efectos del ictus.  Fuente: Médicos y pacientes.com

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