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-Alexisromero-

Usuario (Argentina)

Primer post: 1 jun 2013Último post: 26 dic 2013
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El asesino de Chatroulette................................CP
ParanormalporAnónimo6/1/2013

El día de ayer estaba muy tranquilo en mi casa jugando Slender, ya que soy muy fanático de ese juego, cuando recibo un mensaje en el Facebook de un amigo mío llamado Carlos, e iniciamos la conversación: Carlos: che loco todo bien? Yo: Sisi bien y vos? Carlos: bien bien te queria preguntar algo Yo: Bueno, preguntame Carlos: vos crees en el asesino de chatroulette? Yo: Que es Chatroulette? Carlos: es una pagina donde podes chatear con personas a traves de una webcam Yo: Ahhh bueno, pasame la pagina que voy a ver que es eso del asesino de Chatroulette Carlos: http://www.chatroulette.com Yo: Listo, ahora entro e investigo. Pero contame mas sobre esa historia Carlos: el chico se sabe todos los idiomas conocidos para poder chatear tranquilamente con la victima. entra en chatroulette los miercoles a la noche y cuando encuentra a alguien para chatear empieza a asustarlo y se dice que en un momento la victima enloquece y muere. para que aparezca tenes que haber pasado las 3 conversaciones de 10 minutos para que tu webcam pueda verse, tener las luces apagadas y poner en la descripcion de tu perfil “search-user**born021044**start-chat” Yo: Jajajajajaja eso es puro cuento Carlos: te pregunto porque estoy en chatroulette y esto me acaba de contar una chica que sobrevivio a ese loco, estaba llorando Yo: Y porque se te ocurre venir a preguntarmelo a mi? Carlos: porque a vos te gusta investigar esas cosas paranormales Yo: Mmm… Esta bien, ahora investigo. Carlos: dale Después de investigar algo no encontré nada relacionado con algún asesino en Chatroulette, ni tampoco habían datos sobre esa famosa descripción que me dio Carlos; pero entré en Chatroulette.com y me registré. Como me dijo Carlos antes, tenía que pasar una conservación de diez minutos con tres personas diferentes. La primera persona era de Reino Unido, y con mi poco dominio del inglés me costó hablarle, pero pude mantener una conversación estable. Me atreví a preguntarle si conocía la leyenda del asesino de Chatroulette, y me dijo que «eso era una leyenda vieja de ese sitio, que la contaban para asustar a las personas y para evitar mostrarnos ante público desconocido». Empecé a pensar que el hecho de crear una leyenda urbana en esa página para evitar mostrarnos en público ante extraños me pareció raro, pero a la vez efectivo, porque muchos niños son de entrar a estas páginas sin saber con qué puedan cruzarse. Me di cuenta de que habían pasado diez minutos y seguí charlando con él porque me había copado, hasta que le pregunté qué significaba «search-user**born021044**start-chat». Se desconectó… Pasé a la segunda conversación, que fue con un italiano que por suerte hablaba algo de español. Le pregunté si conocía la leyenda urbana del asesino de Chatroulette, y éste no lo conocía, así que con gusto se la conté. Se asustó y dijo que era una muy buena historia, y entonces mantuve conversación con él por diez minutos. Me faltaba una sola conversación con alguien, y me tocó con una mujer de Arabia. Le pregunté si conocía la leyenda del asesino de Chatroulette, y me dijo que sí, y que era verdad. Yo le pregunté que cómo fue que llegó a esa conclusión, y me respondió lo siguiente: «Porque ……………………..». Quedé con tremenda cara de WTF, y le volví a preguntar. Todas las veces que le pregunté me dijo eso, como si todas las veces que lo decía, la palabra se censuraba. Vi que pasaron diez minutos y pude activar mi webcam. Agregué en la descripción de mi perfil «search-user**born021044**start-chat» y fui a apagar las luces. Estuve así durante más o menos una hora, y no pasaba absolutamente nada. Aproveché que Carlos estaba conectado en el Facebook para decirle que era pura mentira, que estuve una hora así y no paso nada. Me respondió esto: Carlos: bueno ya que terminaste de hacer eso tenes que buscar en chatroulette alguna persona con las luces apagadas, escribir en un papel “born021044″ y quemarlo frente a esa persona. eso hace enojar al asesino Yo ya estaba medio cansado, pero decidí hacer eso último que me dijo. Busqué a alguien con las luces apagadas, fui por un papelito, escribí «born021044» y lo quemé frente a esa persona. No notaba nada, hasta que de pronto escuché un golpe en la habitación de la persona con la cual chateaba. Me dijo que iba a fijarse para ver qué era, y cuando se fue a fijar, escuché un gran grito de susto y horror que me dejó los pelos parados. Por un minuto se escuchó puro silencio, hasta que noté que estaba escribiendo, y quien escribió no fue ella. Miren: Partner: born021044**chat-started Partner: Hola Ahí mismo, yo me dije «Esto no es real… esto no es real…», y con todo el miedo de mundo, me atreví a responder: Yo: Hola Partner: ¿Quien sos? Yo: ¿Por que preguntas? Partner: Quiero saber quien sos, decime dale. Yo: Tengo miedo Partner: Decime o te mato Yo: Que? Partner: Apurate, o me decis, o te mato, elegi vos Yo: Bueno para, espera un poco… Partner: Dale que se me acaba la paciencia. Nombre y apellido, decimelo ya. Ese momento fue muy horrible, y decidí intentar decirle un nombre y un apellido falso, para ver qué ocurría. Mientras estaba escribiéndole, estaba llamando a mi amigo Carlos para que viniese a mi casa, pues tenía al asesino hablando conmigo. Yo: Damian Macedo Partner: Dale pibe, decime tu nombre y apellido verdadero ya o te arranco las tripas. Decidi salirme del Chatroulette, pero no me dejaba. Partner: Pendejo de mierda apurate, y no intentes apagar la computadora porque sino tu amigo Carlos muere. En ese momento se me caían lágrimas de los ojos, y decidí decirle mi nombre y apellido: Yo: Juan Martin Herrera Partner: Ahora decime tu edad Estaba a punto de marcarle a la policía, cuando me mandó: Partner: Baja ese celular y decime tu edad, pelotudo de mierda. Yo: 14!!! Contento?!?! Tenes de victima a alguien de 14!!!! Partner: Jajajajaja que genial, ahora vas a cobrar. Yo: Que queres de mi, hijo de puta? Partner: Volveme a faltar el respeto y te arranco el cerebro. Yo: Pero porque sos tan sadico conmigo? Partner: Jajaja no entendes una mierda pichón Partner: Vos me convocaste, ahora bancatela Partner: Se donde vivis, se a que escuela vas, se donde vive tu novia, se que Carlos esta viniendo a tu casa, se donde vive cada uno de tus mugrosos padres, se todo de vos Partner: Ahora te voy a hacer un par de preguntas y me vas a responder con la verdad, si no entro a tu casa y te abro la panza. Ya no sabía sobre qué más llorar, hasta me dolía la cabeza de pensar en todo este asunto. No podía llamar a nadie, no tuve que haber llamado a Carlos para que viniera, no podía ni siquiera en pensar algo que me pudiera salvar. Partner: Ya te la garchastes? Yo: Que? Partner: Dale no te hagas el boludo y decime, te garchaste a tu novia? Yo: Es una joda muy pesada esto? Partner: Respondeme o la mato Yo: Si… Partner: Y esta embarazada? Yo: Pero loco, porque justo tenes que joderme a mi? Yo no te hice nada malo Partner: Vos me convocaste, ahora bancatela. Dale responde, esta embarazada tu novia? Yo: Si Partner: Y es tuyo el bebe? Yo: LOCO PARAAAA!!!! DEJA DE JODERME LA VIDAAA!!!!! PORQUE TENGO QUE BANCARME ESTAS JODAS?!?! Partner: Asi que vos pensas todavia que esto es una joda Partner: ¿Queres que te mande una foto de tu novia? La acabo de sacar recien. ¿La queres ver? Yo: Voy a llamar a la policia Partner: Llama a la policia y yo mato a Carlos, elegi Yo: Esta bien Me estaba volviendo loco, no sabía de qué forma librarme de esta «persona», era un infierno. Justo en un momento, Carlos llegó sano y salvo, y yo llorando le conté todo esto. Él me preguntó si era verdad, y le dije que lo viera por sí mismo. Quedó callado. Estaba a punto de decirle que llamáramos a la policía, hasta que de la webcam se escuchó: —Che pendejos de mierda, ni se les ocurra llamar a nadie porque los mato, ¿me escucharon? El asesino estaba ahí, con una máscara de Anonymous, toda ensangrentada. Yo fui y por el micrófono le dije: —Mostranos tu cara. —Ni en pedo se las muestro. ¿Al final te enseño las fotos de tu novia? Está acá conmigo. En ese momento se me vino a la cabeza la idea que él o ella mató a mi novia. —¡HIJO DE LA GRAN PUTA! DEJÁ A MI NOVIA EN PAZ, ¡¡¡LA PUTA MADREEEEEE!!! —¿Entonces las fotos no te las muestro? Está bien, mejor te la muestro acá por webcam. Tras decir eso, vi que fue a agarrar algo que estaba en el piso. Cuando volvió a la webcam, me dijo «Mirá esto», y ahí mostró una cabeza. Una cabeza decapitada. Pero no cualquier cabeza, era de una persona que yo conozco, de una chica que yo conozco. De una chica con la cual pase dos años feliz. Era… la cabeza de mi novia. Carlos y yo estábamos viendo la pantalla de la webcam y a mí se me estaban cayendo las lágrimas. En ese momento, el asesino me dijo: —Che, ahora que te mostré a tu novia, volvamos a las preguntas. Partner: ¿Tus papas viven separados? Yo todavía estaba callado, inmóvil, con lágrimas cayéndome, y Carlos intentando que reaccionara. Cuando lo hice, vi el mensaje que me había dejado, y le respondí: Yo: Esuchame una cosa hijo de la gran puta, no se quien sos, no se como es que sabes tanto de mi, pero te juro que si llego a averiguar quien sos, te voy a matar. Partner: Y mas vale que me escuches lo que te voy a decir, yo naci el 2 de noviembre de 1844, y me mato una persona que sabia datos sobre mi y decidio ponerlos en mi contra, matando a casi todos mis familiares y proximamente a mi. Yo descansaba en paz hasta que alguien me contacto desde el juego de la ouija y me dijo si queria vengarme, y yo accedi. Desde ese dia soy el que maneja la cuenta “born021044″ de Chatroulette, y para mantener contacto conmigo, deben hacer lo que vos hicistes. Ahora, te vuelvo a preguntar, ¿tus papas viven separados? Y mas vale que me respondas o mato a Carlos. Yo: Si, estan separados y mi mama esta con otro hombre. Partner: ¿Y porque se separaron? No había escapatoria, era luchar contra un demonio, no sabía qué hacer. Recordando todo lo que Carlos me dijo, le respondí: Yo: Hay alguien mas que mantuvo contacto con vos, me lo dijo Carlos Partner: ¿Quien? Yo: Una chica Cuando le dije eso, se sacó la mascara. Carlos se quedó mirando, y me dijo «Es ella… ella me contó lo del asesino de Chatroulette». Partner: Ambos hablaron conmigo antes de que me convocaran. Carlos hablo conmigo cara a cara, y yo hable con vos tambien. ¿Recordas esa persona de Arabia con la cual hablastes? Partner: De nuevo, ¿por que se separaron tus padres? Yo: No te voy a decir una mierda Partner: Esta bien, igual quiero que los saludes Esas palabras fueron suficientes para que enloqueciera por completo. La chica mostró a la cámara la cabeza de mi madre seguida de la de mi padre, y empezó a reírse de una manera diabólica. Partner: Ahora si no me respondes esta pregunta, muere tu amigo. Carlos estaba tan asustado que entró en pánico y me amenazó con matarme si no respondía lo que la asesina me pedía. Yo ya estaba al borde de la locura e indefenso, tuve que responderle todo lo que me preguntó: Partner: ¿Tuviste una hermanita? Yo tenía una hermana cinco años menos que yo, llamada Sasha, y éramos los más unidos. Yo: Si Partner: ¿Donde esta? Hace dos años, ella fue con mi padre al parque. Mi padre la dejó sola un momento porque tenía que retirar plata del banco, y le dijo que no se moviera de donde estaba. Cuando mi padre volvió, ella había desaparecido. Nos pusimos a buscarla todo el día, hasta que la encontramos… muerta. Yo: Enterrada Partner: ¿La extrañas? Ese mismo día, mi madre terminó con mi padre por no ser lo suficientemente responsable para cuidar a mi hermana, y desde ese día no lo vi. Yo me quede solo con mi mamá, y cada vez que alguien nombra «La concha de tu hermana», «Tu hermana está re buena», me largo a llorar. Nunca había extrañado tanto a alguien. Yo: Muchisimo, pero por lo que mas te pido, no te metas con ella… Partner: Jajajajaja tranquilo, esa fue la ultima pregunta. Pero igual, hay alguien que no viste aun. Cuando terminó de escribir eso, me mostró por webcam otra cabeza más. La cabeza de mi hermana Sasha… eso fue más que suficiente para llegar a la locura extrema, para pasarme de la raya, para querer mandar a todos a la mierda. Terminó de mostrarme, y tiré el monitor contra la pared. Carlos reaccionó e intentó calmarme, pero no lo logró. Entre tantos esfuerzos por intentar calmarme, lo tiré contra el piso y lo ahorqué con todas mis fuerzas. Después empecé a romper todo y a tirar todo. Estaba por ir a la cocina cuando me encontré con ella, con la chica, la asesina de Chatroulette, riéndose macabramente. Me abalancé contra ella y empecé a golpearla fuertemente. Ella siguió riendo, entonces agarré un cuchillo y se lo clavé. Ella seguía riéndose todavía, y me agarró del cuello, me levantó y me dijo: —El dolor y la locura te hacen un asesino… Hoy, en este momento, estoy en Chatroulette, bajo el seudónimo «born050799». Ya que el asesino de Chatroulette ahora soy yo… Si reciben «born050799**chat-started» en Chatroulette, NO CONTESTEN…

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Golpe de suerte
ParanormalporAnónimo12/24/2013

Podemos mirar atrás y en algunas ocasiones nos encontraremos con pequeños, raros y, a veces, mágicos momentos en los que un llamado «golpe de suerte» tocó nuestras vidas. Momentos que después o bien no pasaron a más y quedaron en una alegre anécdota, o se volvieron experiencias que verdaderamente influyeron en nuestras vidas. Lo que estoy por contar es la historia de un chico y su «golpe de suerte», que pronto se convirtió en una experiencia aterradora que marcaría su vida profundamente, o al menos eso es lo que creo… Ya nadie prestaba atención a lo que decía el profesor, el calor iba en aumento al igual que el sinfín de palabras anotadas en el pizarrón. Mi aburrimiento era extremo y el ambiente del salón no me ayudaba en nada. Mientras paseaba la mirada por el salón, noté que dos compañeros hablaban en voz muy baja; sin embargo, no fui el único que se dio cuenta de esto. El profesor también los había visto y comenzó a regañarlos, enojado porque no prestaban atención a su muy importante lección, sentimiento reforzado notablemente por el horrible calor del día. Después del regaño, el profesor decidió que como castigo contaran a todos los del salón qué era lo que estaban platicando. Al principio ninguno habló, pero después de que fueron amenazados con la calificación del examen próximo, contaron la historia. Al parecer uno de ellos, Santiago, le contaba a su amigo, Javier, una serie de eventos extraños y escalofriantes, eventos que estaban destruyendo su vida y desmoronando a su familia. Al principio, pocos eran los que le prestaban atención; el clima era insoportable y la idea de escuchar a alguien narrando sus problemas familiares era algo que no queríamos hacer. Pero una vez comenzado su relato, su expresión se volvió sombría, sus ojos se perdieron en el vacío y cuando hablaba parecía hacerlo de manera automática, por mera inercia… En un día normal, Santiago se dirigía a su casa después de haber concluido las clases. Se encontraba tonteando por las calles cuando, según él, un fuerte sentimiento lo hizo ir a un parque que se encontraba cerca de donde estaba. Al llegar, simplemente no supo qué hacer, así que comenzó a caminar por la pista que normalmente utilizan los ciclistas. Después de caminar un rato, se dio cuenta de que, aunque las clases habían terminado hacía un rato, no había ningún adulto o niño en el parque. Mientras sus pensamientos se alborotaban debido a tan extraña soledad, se dio cuenta de que, un poco más delante de donde estaba parado, había algo similar a una carriola. Tardó unos momentos en decidir, pero al final se acercó. Era una carriola de color negro, y conforme se iba acercando comenzó a escuchar lo que parecían ser unos balbuceos de bebé. Al encontrarse a tan sólo unos pasos, se detuvo en seco: ¿por qué se encontraba un bebé solo en medio del parque?, pensó, ¿que acaso no tenían miedo de que se lo llevaran? Mientras estas preguntas invadían su mente, una pequeña mano se asomó por la carriola, impulsándolo a asomarse dentro de ésta. Lo que vio fue un pequeño niño, balbuceando, pataleando, nada extraño en sí. El niño parecía estar jugando con algo, un pequeño objeto redondo y de color plateado; estaba tan absorto en su juego que no se había percatado de que Santiago estaba ahí. —No tengo idea de si fueron minutos u horas los que estuve viendo al bebé jugar, por un momento mi mente incluso quedó en blanco —comentó Santiago—. Cuando por fin me di cuenta, el bebé había dejado de hacer ruidos y me miraba fijamente. Los ojos del infante se apartaban de Santiago, su mirada era inquisitiva, curiosa, como si estuviera viendo a un extraño bicho o animalito. Finalmente, en un movimiento muy rápido (tal vez demasiado rápido para un bebé), el niño le extendió la mano en la que tenía aquel objeto plateado, que resultó ser una tapa de refresco; pero al parecer tenía algo escrito en ella. Después de dudarlo, Santiago la tomó, y al hacerlo el bebé nuevamente perdió interés en él y retomó su juego. Santiago leyó la inscripción de la tapa y su asombro no encontró cabida a lo que estaba viendo, la tapa tenía la leyenda ganadora de un concurso de la refresquera, cuyo premio —que Santiago había visto en algún momento en un comercial de televisión— era una camioneta totalmente nueva. Mi compañero no podía creer su suerte, ¡un bebé le acababa de regalar una camioneta nueva! Observó de nuevo a su alrededor en busca de otra persona, pero no vio a nadie. Comenzó a alejarse de la carriola, primero caminando y luego casi corriendo, pero un momento después se detuvo en seco: ¡no podía dejar al bebé solo a medio parque! Cuando se dio la vuelta, vio cómo una mujer se inclinaba sobre la carriola y levantaba al bebé, mientras que el pequeño reía y sonreía al ver a la mujer que sacaba un biberón para luego dárselo. —Parecía ser su madre o niñera, así que pensé que estaría bien —dijo Santiago. Ya a esta altura, muchos nos habíamos olvidado de la clase por completo; incluso el profesor parecía muy intrigado por el resto de la historia. Así pues, Santiago continuó—. En ese instante la señora levantó la mirada y me vio; al notar que yo también la veía, me sonrió y saludó con la mano, y después tomó la carriola y se fue. Al parecer no notó que le faltaba aquel pequeño objeto plateado con el que jugaba el pequeño. Santiago se encontró perdido por un segundo, no sabía qué hacer. Finalmente, comenzó a caminar muy aprisa hacia su casa, sin volver a mirar atrás. Al llegar a su casa botó la mochila al piso y buscó a sus padres, su mamá se encontraba lavando los platos, mientras que su papá intentaba arreglar una pata suelta del sillón de la sala. En este punto muchos de mis compañeros y yo pensamos que oír el resto de la historia sería inapropiado, pero, de nuevo, nadie detuvo a Santiago. El joven les dijo a sus padres acerca de la tapa, pero omitió todo lo relacionado con la extraña señora y el bebé; hasta la fecha no sabe por qué. Su padre no tardó mucho en sugerir que reclamaran el premio, pero su mamá se sintió un tanto insegura con todo el asunto. El padre de Santiago tardó tres días para poder convencer a su esposa y que así pudieran reclamar el premio. Juntos, Santiago y su papá llamaron a la refresquera y, después de solicitar algunos datos inscritos en la tapa de refresco, corroboraron que en efecto era una de las tapas premiadas. Pasaron otros dos días hasta que la camioneta por fin llegó a su casa; era enorme y de color azul marino, un vehículo impactante a la vista. Todo fue euforia al principio, el ganar un premio de tal magnitud era sin duda algo para celebrar; su padre estaba increíblemente feliz e incluso su madre se alegró una vez recibida la camioneta. Pero como ustedes se imaginarán, pequeños eventos comenzaron a suceder. Al principio no eran más que ruidos lejanos (como si alguien arrastrara alguna silla), así como esa sensación de que alguien te observa, eventos que uno va pasando por alto por considerarlos comunes. Sin embargo, todo fue empeorando poco a poco, y ya no sólo eran ruidos a lo lejos, sino que había cosas que cambiaban de lugar, platos que caían de sus estantes sin que al parecer nadie los tocara. A aquella sensación de ser observado se le sumaron pequeños susurros que no venían de ninguna parte. —En una ocasión, estaba en el baño cepillando mis dientes para poder ir a la escuela, y cuando me estaba enjuagando la pasta dental, escuché un susurro que dijo, «¿Ya te vas?». Me asomé al pasillo pero no había nadie, y mis padres estaban en el piso de abajo, por lo que no pudieron ser ellos. Después de eso salí de la casa, no tenía ganas de hablar con nadie, así que no le dije nada a mis papás. En ese momento del relato, volteé a ver al resto del salón y me encontré con otros compañeros que hacían lo mismo, volteaban a su alrededor desorientados, como si acabaran de despertar repentinamente de un sueño o un aletargamiento. Todo fue extraño por un instante, sólo Santiago se encontraba de pie junto a su butaca, en tanto que todos los demás (incluido el profesor) nos encontrábamos sentados, con la expresión tensa, rígida, parecía que estábamos en algún tipo de trance. —El clima que se percibía en mi casa comenzó a tornarse pesado, tétrico… en pocas palabras, tenebroso… —continuó Santiago. Sus padres parecían estar de mal humor con más frecuencia, toda pequeña discusión se convertía con alarmante facilidad en una pelea verbal muy agresiva. En una ocasión su padre estuvo a punto de golpear a su madre, pero se logró controlar de último momento. Otro día, su madre se enojó tanto con Santiago que, después de gritarle, arrojó un vaso que por poco golpea al chico en la cabeza. Los pleitos familiares estaban subiendo de tono con cada día que pasaba, y en algún momento la palabra «divorcio» salió en un grito histérico de la boca de la madre de Santiago. »Y después… todo simplemente se fue al caño cuando recibimos aquella llamada —dijo mientras un escalofrío que lo hizo temblar recorría su cuerpo. Nos contó que, una mañana, el teléfono comenzó a sonar, y cuando él contestó una voz extraña le dijo, «¿Qué te pareció mi regalo? ¿Lo estás disfrutando?». Cuando le hizo estas preguntas soltó una carcajada que lo aterrorizó. Santiago colgó el teléfono sin decir nada, sentía cómo se le helaba la sangre; al ver su rostro su madre le preguntó quién había llamado, Santiago le respondió que se habían equivocado de número, pues sintió que no debía contarles acerca del bebé o de la tapa de refresco, acerca de nada. La llamada dejó en Santiago un sentimiento de inseguridad y preocupación, ¿había sido un error terrible el haber tomado la tapa aquel día?, ¿o simplemente era una broma enfermiza de algún desquiciado anónimo? Él no quería aceptar la idea de que aquel maravilloso premio era en realidad un artefacto que estaba trayendo desgracias e infortunios a su familia. Debía de ser un error, un simple y común error, pero ¿cómo estar seguro? Debía verificar la camioneta, comprobar que no había nada de malo en ella, pero debía hacerlo cuando sus padres no lo vieran, o de otra forma sospecharían que algo sucedía y no dejarían de bombardearlo con preguntas tontas y sin sentido. Así pues, esperó hasta una tarde en la que sus padres salieron a hacer algunos mandados para acercarse a la camioneta. El vehículo estaba estacionado en una pequeña cochera improvisada que la familia anteriormente utilizaba como bodega, tenía una cortina de aluminio que daba hacia el exterior y su padre había colocado dos bloques cortados en forma de triángulo al final de la banqueta para que sirvieran de rampa al automóvil a la hora de sacarlo a la calle. Santiago se acercó con cautela a la camioneta, era imponente, pero no vio nada extraño en ella, solamente un vehículo como todos aquellos que circulaban en la calle en ese instante. No había forma de que estuviera embrujada o maldita o algo, ¿o sí? Santiago abrió la puerta del conductor y se sentó frente al volante; al instante se sintió diferente, más grande y… ¿sería eso? Sí, lo era: con algo de poder. Estaba centrado en sus pensamientos cuando, de repente, la puerta se cerró de golpe. Santiago intentó abrirla, pero aunque no tenía el seguro puesto, la puerta no se abría. Después escuchó una risa y dejó de empujar la puerta; había vuelto a escucharla, pero ¿de dónde provenía? La risa se escuchó una vez más, sólo que esta vez la acompañó un estruendoso golpe a la puerta del conductor, sobresaltando a Santiago, quien intentó abrir de nuevo la puerta sin éxito alguno. Se dirigió hacia la puerta del copiloto y ésta sí se abrió, pero en el instante que comenzó a bajar del automóvil algo le arañó la pierna derecha con suficiente fuerza como para romper sus pantalones y dejar una herida muy profunda. Santiago cerró de nuevo la puerta y quedó encerrado en la camioneta una vez más. Se volvió a escuchar la risa, seguida de unos pasos que al parecer estaban rodeando la camioneta; esa cosa estaba buscando la manera de entrar a la camioneta, de hacerle daño, de atraparlo. Tenía que salir de ahí, debía alejarse lo más que pudiera de la camioneta y decirles a sus padres que debían deshacerse de ella. Pero antes de que siquiera pudiera pensar en un plan, escuchó una voz que provenía de la parte trasera de la camioneta. «¿Estás disfrutando de mi regalo?», dijo la voz. —Estoy seguro de que era la misma persona que había hablado por teléfono —comentó Santiago. Pero al intentar voltear para ver a aquella persona, sintió como si alguien lo golpeara con una fuerza tremenda, y de pronto todo se volvió negro. Al parecer quedó noqueado por bastante tiempo, ya que fueron sus padres quienes lo despertaron. Su padre lo había encontrado desmayado en la camioneta, y lo llevó dentro de la casa para acostarlo en el sillón de la sala. Santiago se sentía débil, todo su cuerpo estaba adolorido y su cabeza parecía que estaba a punto de explotar. Su madre entró a la sala con una taza de té y se sentó junto a su hijo. Ambos le preguntaron al chico qué había sucedido en la cochera, y éste se limitó a ver sus piernas con el pantalón intacto, como si nunca hubiera sucedido aquel evento; pero al levantarlo, ahí estaban. Justo donde sintió el arañazo en aquel momento, tres marcas largas y profundas recorrían su pierna como un recordatorio imborrable de aquella terrible pesadilla. Al ver las marcas su madre ahogó un grito y su padre le preguntó de nuevo qué había sucedido (al parecer no había encontrado nada en la camioneta, ni sangre o abolladuras). Santiago comenzó a contarles la historia de cómo había obtenido aquella tapa premiada… …Pero antes de que pudiera continuar con su historia, el timbre de salida sonó estrepitosamente, lo que sobresaltó a casi todos en el salón de clases. Por un momento olvidé por completo que nos encontrábamos en la escuela, y creo que le sucedió a varios de mis compañeros, hasta el profesor quedó totalmente inmerso en la historia, sin interrumpirla e incluso estaba sentado detrás de su escritorio. Salimos del salón sin hacer ruido alguno, parecía que habíamos salido de un trance. Nadie pronunció palabra alguna acerca de la historia, y al final, cada individuo se dirigió a su hogar por separado. En los días siguientes nadie volvió a mencionar aquella historia, nadie se atrevió a preguntarle a Santiago qué había sucedido luego de mostrar aquellas terribles heridas, hasta que un día, él dejó de asistir a la escuela. Según me enteré días después, se había mudado con sus padres y habían abandonado su casa junto a varias de sus pertenencias, y entre ellas, se rumorea, estaba la camioneta. Un día llegué a mi casa, y al entrar a la sala, me encontré a mi abuelo leyendo un viejo libro en el sillón y me senté junto a él. Mi abuelo siempre me ha contado anécdotas extrañas y un tanto tenebrosas de eventos que le han ocurrido a lo largo de los años, así que empecé a contarle aquella historia, aquel «golpe de suerte maligno». Mi abuelo escuchó atentamente toda la historia, y una vez terminada, me contó otra historia, un evento que no le sucedió a él, sino a su amigo más cercano… Pero creo que esa historia la contaré otro día. De momento estoy cansado, rendido… y tengo la sensación de que, estando frente al monitor escribiendo esto, alguien me está observando…

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El usuario g00gle_240394 - El CreepyPasta mas largo
ParanormalporAnónimo12/24/2013

Tenía yo dieciséis años cuando comencé a trabajar. Mi primer trabajo fue en un cibercafé en el que trabajaba un amigo, y gracias a él entré a ese lugar. Luego de que estuvo enseñándome todo lo que debía saber por algunas semanas, dejó el trabajo y me quedé solo por casi dos meses. En el transcurso de ese tiempo recuerdo un día muy peculiar, cuando conocí a un usuario llamado «g00gle_240394». El nombre me extrañó un tanto, pues llevaba la palabra Google escrito con dos ceros sustituyendo las o, pero supuse que sólo era alguien que estaba aburrido, porque lo primero que me dijo fue, «¿Qué estás haciendo?». Antes de contestarle miré a mi alrededor, pues el chat por el cual me comenzó a hablar era el que comunicaba los ordenadores en el cibercafé. Los clientes usaban ese chat casi nunca, sólo lo ocupaban algunos tímidos para enviar mensajes como «¿Puedo mandarte a imprimir?» o «¿Me permites usar tu baño?». Normalmente, el chat lo utilizábamos los que estuviéramos de encargados para notificar que íbamos a cerrar o alguna cosa por el estilo. El local estaba casi lleno, pero el mensaje fue enviado desde una máquina que el PC del administrador (es decir, yo) no reconocía. La ventana del chat se veía algo así: Cyber Chat: Admin 02 PC: 00 g00gle_240394: ¿Qué estás haciendo? Supuse que algún tipo listo había cambiado la configuración de su ordenador. Si ese mismo sujeto había logrado cambiar el nombre predeterminado del usuario, el cual en el chat debería ser algo como «Usuario PC 01», pues entonces también era capaz de cambiar la configuración predeterminada de su máquina. Para asegurarme, le contesté: «Veo q cambiaste la configuración de tu maquina, pero quien es tan tonto como para enviar un mensaje al administrador después de hacer algo así? gracias a esto ya lo note, pon todo en orden por favor, gracias». Tardó un par de segundos en contestar, pero al hacerlo sólo se disculpó y no volvió a escribir. No supe quién había sido, luego de que revisé todas las máquinas por medio de la mía no vi ningún mensaje enviado. Tal vez fue alguien robándose la señal, de todas formas sólo era el encargado del local, así que no podía hacer mucho. Cuando estuve con el dueño antes de cerrar, le comenté lo sucedido, y él me dijo que lo revisaría y me retiré. Al día siguiente me dijo que no había ningún interceptor en la señal, pues la única forma de conectarse era por medio del cable de Ethernet; me refrescó la memoria diciendo que habíamos desactivado la señal wi-fi porque varios negocios de la cuadra la utilizaban y eso ralentizaba la red. No respondí nada, pero me quedé con la duda. Pasaron un par de días y ya me había olvidado de lo sucedido, pero ese usuario volvió un día por la tarde, haciendo la misma pregunta. Esta vez no le contesté y decidí mostrarle a mi patrón el mensaje para así poder saber de dónde provenía. Transcurrieron aproximadamente unos veinte minutos hasta que apareciera en el chat que el usuario g00gle_240394 estaba desconectado. En ese momento mi jefe entró al local y le dije que viera a la pantalla; lo que le mostré fue una ventana de chat sin PC seleccionada y en blanco, totalmente en blanco. Me preguntó la razón por la que le había mostrado eso, pero me limité a decir, «Vaya que soy descuidado, creo que lo cerré. Olvídelo, no era nada…». Ese día me sentí como un tonto y pensé que lo mejor era que yo mismo descubriera a ese sujeto. Llegué a mi casa y descargué un programa para localizar ordenadores alrededor del mundo. Pasaron muchos días sin que apareciera, casi dos semanas. Yo ya había instalado el programa en la máquina del cibercafé. Entonces llegó el día, g00gle_240394 volvió con su pregunta. Inmediatamente busqué el programa y me di cuenta de que no estaba en donde lo había dejado, sin acceso directo o archivos en disco; mas no me detuve ahí —pensé que mi jefe pudo haberlo borrado, él solía borrar los archivos sin dar previo aviso cada vez que descargaba algo y no lo justificaba—. Busqué de nuevo el programa, pero mientras estaba descargándolo el sujeto se desconectó… sólo que esta vez me dijo lo siguiente antes de retirarse: «Si querías saber de dónde soy, ¿por qué no lo preguntaste?». Al parecer sabía, de alguna manera, que lo quería localizar. El archivo se descargó y comencé a rastrear la procedencia del mensaje, pero casi al finalizar la búsqueda la ventana volvió a ponerse en blanco como la vez pasada y el programa marcó error. No me di por vencido y lo guardé en una USB, de esa forma no correría el riesgo de perder el programa de nuevo. Él volvió a escribirme justo al día siguiente. Sabía cómo funcionaba el programa, así que decidí entretenerlo mientras terminaba de buscar. Hizo la misma pregunta: «¿Qué estás haciendo?». «Trabajo, q me dices tú???». «Interesante, ¿acaso trabajas en un cibercafé?». «Como lo sabes???». «Tienes internet, estás conectado todo el día. Si estuvieras en una oficina o algo similar, no podrías tener acceso a la red tan constantemente. ¿Acaso crees que te estoy espiando?». «Nada d eso, simple curiosidad, tu q me cuentas, aun no me respondes». El programa estaba por terminar, cuando él dijo lo siguiente: «Nada… Oye, lo siento. Me tengo que ir. Pero por si te aburres, o aún quieres saber en dónde estoy, revisa este enlace: http://archives/map/register_ssxa44a2gghdfg12/g00gle_240394». El programa marcó error de nuevo, pero, al parecer, el sujeto era o torpe o quería jugar conmigo, tal vez confundirme. Entré al enlace por curiosidad, y porque supuse que mis intentos por localizarlo seguirían fallando. Mi sorpresa no fue mucha, pues el enlace conducía a una foto de la calle en donde se encontraba el cibercafé, sólo que ésta se veía distinta. Creí que él la pudo modificar o que era la misma calle antes de que yo la conociera. Cuando mi jefe llegó para cerrar, pensé en mostrarle la imagen, pero no pude ubicarla; busqué en el historial sin ningún éxito. Mi jefe no dijo nada, sólo me miró extrañado por mi comportamiento. Al otro día, luego de que mi jefe se hubiera ido, g00gle_240394 comenzó a chatear conmigo. Esta vez intenté sacarle alguna respuesta. «Hola amigo, ¿qué tal tu día?». «Pues apenas empieza, en donde estamos, según tu foto de ayer, apenas son las…», antes de que terminara de escribir, él mandó un mensaje: «9». «¿?», le escribí. «Son las 9, 9:03 a.m., para ser exactos». «Bueno mi reloj dice q son las 9:00 a.m. pero son solo minutos d diferencia». «¿Y qué tal si fuera más que eso?». «A q t refieres???». «¿Recuerdas la foto? Creo que no podrás seguir trabajando aquí por mucho». «Quieres decir q vienes del futuro o algo así???». «Es una forma de decirlo». «Cual es tu nombre real???». «Google». «Aha y yo me llamo Wikipedia jajajajaja», le respondí cínicamente. «No, tu nombre real es Guillermo, pero prefieres que la gente te llame Dracko». En ese momento no me asusté, si el tipo era un gran informático (algo de lo que no me cabía la menor duda) pudo haber averiguado eso gracias a la infinidad de redes sociales y otros sitios a los que me he registrado. Entonces le dije: «Veo q eres bueno para esto, debes ser un Hacker, si es así, por q sigues a alguien como yo y no a la CIA o el FBI, no sé, podrías cambiar las acciones d FaceBook a tu favor, por q me sigues a mi???». «Sencillo, porque el dinero no me es útil; ¿para qué lo quiero si no lo necesito? En cambio, si logro encontrar a alguien que me ayude, como tú… eso podría servirme más que el dinero». «Quieres decir q necesitas a alguien… Para???». «Una página, una que pueda ser constantemente visitada. Tal vez varias páginas. Creo que me serviría alguien como tú para esto, tienes el tiempo libre suficiente para ayudarme, además de que busco a alguien en particular, y tú lo localizarás más rápido que yo». «Paginas, solo eso, por q no hackeas una ya existente???». «Porque ya son mías, cualquier página que te llegue a la mente; y no sólo eso, los dueños de esas páginas son personas como tú, a las que también contacté y las volví ricas y poderosas. Digamos que soy el dueño de esos seres». «Acaso estas Trolleandome??? Q sigue, dirás q eres el diablo y estas consumiendo almas, por eso FB y YouTube son tan conocidos, por q los creadores vendieron sus almas y ahora tienen lo q querían». «No lo mal interpretes, no tengo nada que ver con algo sobrenatural. Te lo dije antes, soy Google, ¿acaso eso no te suena familiar?». «Demuestralo viejo…». «http://google.com.mx». «Vaya, se nota q eres google ¬¬…». «Sé tus contraseñas, las biografías de tus páginas, con todas las modificaciones que les has hecho. Sé todo lo que has llegado a registrar entrando a mí, tu historial, incluso el eliminado. Mira esto, incrédulo… http://archives/map/register_ssxa44a2gghdfg12/g00gle_240394». Entré al enlace y éste llevaba a la misma imagen del día anterior, lo que no demostraba absolutamente nada; aún seguía creyendo que era un hacker troll sin nada más que hacer, pero mi curiosidad era grande, y no detuve la conversación: «Bien “Google” y q es lo q hare por ti???». «Sencillo, revisa esto: http://hiawfgfhjy518ss1ffg4d5f121fd8g7s». Era un enlace que llevaba a una página vacía de fondo negro, nada especial. Entonces le pregunté: «Q con esto???». «Necesita algo relevante, ¿no lo crees? Tal vez una imagen, algo como esas ventanas emergentes. Puede ser un enlace troll como Ooskar o Goatse.cx, algo que haga que la audiencia trabaje por sí sola». «Por q no subes tu imagen alterada, la d esta calle???». «Buena idea, pero no puedo usar el registro de esa imagen hasta que suceda». «Suceda???», pregunté algo impactado. «Q debe suceder???». «Lo que ves en la foto, su registro será el día miércoles de la semana que viene. De hecho, a la imagen la subirán desde tu cibercafé; es una fotografía tomada con un Sony Ericsson W580. Ésta será tu evidencias, así sabrás que yo soy Google, mientras tanto, me retiro. Pasado este suceso te contactaré, exactamente a las 4:22 p.m., para acordar lo que se subirá a nuestro sitio». Mi amigo navegador se desconectó y me dejó pensando. La curiosidad de saber qué pasaría era grande en mí, así que esperé a ese miércoles. Habíamos cambiado la ubicación del cibercafé hace dos o tres días, apenas comenzábamos a trabajar de nuevo cuando llegó mi jefe a mostrarme algo; era la foto de la que había hablado con g00gle_240394. Mi jefe me contó que tuvimos mucha suerte, pues hace un par de horas, hubo un accidente en la calle en la que trabajábamos anteriormente. Un tráiler de combustible se volcó y esto ocasionó una fuerte explosión. Mi jefe, emocionado, me pidió que me moviera de la máquina; vi lo que estaba haciendo, y él estaba subiendo la foto, para después publicarla en sus redes sociales contando lo sucedido y la suerte que tuvo al irse de ahí. Eran las 4:20 p.m. y mi jefe seguía en la máquina, y pensé que él al fin lograría ver a g00gle_240394. Esto me alegró, pero de un momento a otro recibió una llamada, desconectó su teléfono del ordenador, el cual era exactamente un Sony Ericsson W580, y atendió la llamada. Colgando me dijo que ya se iba. Faltaba sólo un minuto, por lo que le pedí que esperara, pero me contestó que no podía, que se tenía que ir urgentemente, y luego de que abandonó el establecimiento, el mensaje llegó. Le grité y le pedí que volviera, pero me dijo que fuera lo que fuera, tendría que esperar. Miré el mensaje, era de g00gle_240394, y decía: «Hola de nuevo. El gran día llegó». A decir verdad, me pareció extraño que lograra localizarme, tal vez haber cargado la imagen fue lo que delató mi ubicación, pero eso era lo de menos. Él había acertado en cuanto a lo sucedido, la fotografía era exactamente como la recordaba. Al ver que tardaba en responder, mandó otro mensaje. «¿Acaso no te alegras de conversar conmigo de nuevo?». «No es eso», le dije. «Es solo que no me lo esperaba, bueno, tal vez en algun sentido lo esperaba, mas no estaba seguro de que volveriamos a estar en contacto…». «Entonces, ¿estás listo?». «Supongo, d q se trata?». «¿Sabes lo que significa el término snuff?». «Si, eso, lo paranormal y el gore son muy famosos en la red, claro despues d la porno…». «Sí, eso pensé. Sé que has llegado a curiosear sobre todos esos términos, así que espero que estés listo para lo siguiente: http://hdakdfuyrkfisd2654gsaafd1f5dfsdfds5fds4fdf4ds5f4d5f4d5f». Entré al enlace…, pero esta vez era algo más fuerte. Esta vez me sorprendió ver al que parecía ser mi jefe, muerto; pero no sólo había sido asesinado como en cualquier homicidio, ésa parecía la obra de un psicópata sanguinario. No pude mirar la imagen por mucho tiempo, la cerré casi de inmediato y le exigí que me diera una explicación. «Es lo que quiero en nuestra página». «No entiendo, debo fotografiar a un muerto y subir la imagen???». «Algo así, pero no es tan sencillo…». «No entiendo…». «Tú eres quien debe asesinarlo». «COMO?!?!?!». «No hay más explicaciones, sé que lo harás». «Y q si me niego???». «No hay vuelta atrás, pues ya sabes de lo que se trata. Tu cuenta está hecha, y ahora debes hacerlo si no quieres que tu registro sea dado de baja, o que nuestra página tenga algo así, como… ¡TÚ en el lugar de ese cadáver!». «Jajajajaja… esto es estúpido, no se por q t sigo el juego, vete al diablo!!! .l.». Cerré la conversación y llamé a mi jefe. Le dije que teníamos problemas con la luz, que se había ido y no volvía, a lo que él respondió con que cerrara en veinte minutos si no regresaba. Entonces cerré y me fui de ahí, no esperé que el tiempo pasara, sólo esperé los veinte minutos una vez afuera para poder marcarle y decirle que iba a cerrar. Estaba en mi casa y aún pensaba en la imagen y en esas tan extrañas conversaciones… Por la noche no pude dormir. Al día siguiente llegué al trabajo algo tarde, estaba desvelado y aún seguía un poco asustado por lo sucedido. Hablé con mi jefe para informarle que no podía seguir trabajando ahí; me preguntó por qué, pero sólo le mentí diciendo que era por mis estudios. Aceptó, pero me pidió que me quedara un par de días más para darle la oportunidad de encontrar a alguien que me reemplazara. Sin más remedio, me quedé. Él estuvo conmigo todo el día, así que no supe nada de g00gle_240394 en el transcurso de éste. Pasaron dos días más sin saber nada de g00gle_240394, pero aún seguía teniendo insomnio y terrores nocturnos. Sentía que me volvía paranoico, en especial cuando mi jefe salía o me dejaba solo. Ese día llegó una chica que venía por el empleo, era una chica linda, simpática y amistosa; jamás olvidaré cómo era ella antes, ese día que la conocí. Se llamaba Victoria, pero le gustaba que le dijeran Vicky. El mismo día le enseñé lo que debía hacer, pero no podía dejar de actuar como un maldito loco, me desconcentraba con facilidad y no podía hablarle tranquilamente. Me sentía nervioso, sentía que algún mensaje llegaría. Eso me hizo recordar que cuando comencé a trabajar en el cibercafé, mi amigo, que estaba en el puesto antes que yo, actuaba de una manera semejante, quizá porque él también había sido acosado por Google. Éste le pidió que hiciera algo que no quería, y mi amigo abandonó el lugar. Cuando terminó nuestra jornada laboral nos fuimos juntos, y esta chica, algo preocupada, me preguntó si me encontraba bien, a lo que sólo le comenté: —¡Nunca, nunca…! ¡Escúchame con atención, jamás hables con alguien que no conozcas por chat, no lo hagas; Google te buscará y, una vez dentro, no habrá salida! Luego de que dije eso, salí corriendo y me dirigí a mi casa. Estando ahí traté de localizar a mi amigo; comencé vía internet, pero no encontré sus antiguas cuentas en redes sociales, páginas de juegos ni correo electrónico, era un fantasma en la red. Mientras estaba buscándolo, pasó lo esperado. Un mensaje llegó, pero esta vez él sólo dijo algo y se desconectó. Lo que decía el mensaje era: «Más vale que lo hagas, no corras el mismo destino que g00gle_010692: http://archive/g00gle_010692/fg1f5g4fgfd5g4sd8f4eq65f78ef4». Mi curiosidad me llevó a una respuesta. El enlace me condujo a una clase de perfil de mi amigo. Anoté el número de su celular y apagué el equipo, pues no pensaba quedarme a esperar a que otro mensaje llegara. Marqué el número un par de veces, sin obtener respuesta. Justo cuando dejé de marcar y estaba a punto de irme a la cama, una llamada entró. Contesté y era mi amigo, el cual me preguntó sólo una cosa: —Dracko, ¿eres tú? —Sí, soy yo viejo. No sé cómo supo que era yo, pero no dudé en preguntarle si nos podíamos ver. Aceptó y acordamos un punto. Al día siguiente me encontré con mi amigo, el cual lucía tranquilo, transmitiéndome la idea de que no pudo pasarle nada de lo que a mí me estaba pasando. Él comenzó la charla. —Cuánto tiempo, vaya, apenas y me acordaba de ti. ¿Cómo has estado? —Bien, yo… —No quise hacer más rodeos y fui al grano—. Viejo, ¿qué sabes de un usuario llamado google guion bajo 24, 03, 94? Su cara se puso pálida, y sólo me dijo: —Me tengo que ir, fue un error venir a verte, tengo que trabajar… —No, espera, necesito respuestas. Ese usuario me está acosando, amenazando y, por lo visto, lo conoces. Dime qué es lo que sabes, por favor. Estaba a punto de retirarse, estaba de espaldas, y me contestó con lo siguiente: —No sé por qué olvidé mencionar eso cuando tomaste mi empleo, pero ahora lo siento, en serio, por segunda vez… Por ti… —¿A qué te refieres? —pregunté curioso. —Lo siento, pero creo que para remediarlo puedo terminar lo que empecé ese día, antes de que ellos vuelvan… Una mirada psicópata y una sonrisa demoníaca se dibujaron en su rostro. Entonces se lanzó hacia mí gritando que en serio lo sentía. No supe qué hacer, sólo intenté defenderme; pero cuando estaba sobre mí y yo estaba en el suelo, un extraño sujeto encapuchado se acercó a nosotros y golpeó fuertemente a mi amigo, quitándomelo de encima. Lo escuche decir: —Tu tiempo se acabó, es hora de cerrar sesión. Una vez que estuve libre intenté escapar, pero escuché un tremendo grito desgarrador y, al voltear, vi a mi amigo pidiéndome ayuda; el sujeto encapuchado lo había atravesado con un fierro, con el cual después lo golpeó frenéticamente. Sólo fui capaz de seguir huyendo, y cuando empecé a correr, un mensaje llegó a mi celular. Era Google nuevamente, me había enviado un mensaje, que decía: «Vuelve y tómale una fotografía, sólo eso. Te he facilitado el trabajo, ¿no lo crees?». No recuerdo bien qué fue lo siguiente que hice ese día, pero al día siguiente cuando logré reaccionar, estaba en la ducha. Salí y un mensaje estaba en mi celular, éste tenía un número que, según decía, era una cuenta bancaria en donde podría cobrar lo ganado por la fotografía. Decidí ignorarlo y apagué el celular… sólo quería olvidarlo todo. Pasó un año, pensé que ya había acabado para mí, pero sólo lo había ignorado por un largo tiempo. Había dejado de utilizar teléfono celular con cualquier servicio de internet, borré mis cuentas de cualquier servicio en línea y me alejé de la web en cualquier aspecto desde ese día. No había olvidado por completo lo sucedido, pero al menos intentaba no recordarlo. Un día, sin embargo, en mi nuevo trabajo en un supermercado —uno de esos que abren las veinticuatro horas del día—, vi a Vicky. Eran alrededor de las dos de la madrugada. Sabía que era ella, jamás olvidaría a nadie involucrado en ese maldito evento. Vicky se veía más demacrada y muy alterada, no era la chica que yo recordaba. Entró al lugar y me miró fijamente, para luego decir: —Al fin te encuentro… Su cara estaba pálida, tenía unas ojeras tremendas y simplemente se veía devastada; su voz sonaba entrecortada y débil. Preocupado, le pregunté: —¿Qué sucede…, por qué me buscabas? No entendí bien lo siguiente que dijo, pues se desplomó en el piso, desmayada. Lo que creí entender fue… «Google»… La llevé a mi auto y la recosté ahí, y pedí permiso para irme. Llegué a casa, recosté a Vicky en mi cama y yo me quedé en el sofá. No podía conciliar el sueño, todas esas memorias llegaban a mi mente una y otra vez, nuevamente, sin dejarme en paz. Decidí leer algo para ignorarlo, desde que me había alejado del internet solía leer regularmente novelas de misterio y cosas de detectives; me gustaba distraerme con eso, pues con los libros me sentía seguro. Apenas comenzaba a leer cuando escuché a Vicky gritar. Corrí a mi habitación y miré a todos lados; ella estaba sola, pero me dijo con voz débil que necesitaba mi ayuda. Aún tenía dudas sobre por qué me estaba buscando, así que le pregunté: —¿Por qué dices que me buscabas? —Ellos vendrán por mí. Me dio curiosidad saber quién era ese sujeto que me hablaba por el chat… debí haberte hecho caso. Él me dijo que ahora no habría salida. —¿Salida de qué? —Ahora… debo asesinarte, o ellos me mataran a mí. —Dime que tú no… Me sorprendió lo que escuché, pero decidí ayudarla, pues supuse que ella también se había involucrado con Google. Le pregunté más, pero sólo me mostró una foto con su celular y se quedó dormida, estaba débil y necesitaba descansar. Miré la foto y me sorprendió, era una de un homicidio similar al de la foto que yo recibí. Era yo, sólo que me veía muerto en un sentido más… tranquilo, ya que sólo se podía apreciar una porción de mi cuerpo con un agujero de bala en la frente, algo más práctico que la última vez. El nombre del archivo era «http://user_g00gle_240394_29_april_2012/fghfd1g4g56df2d1f2a4ff4af1d2/log_out». Miré la URL un rato y me percaté de algo que no había notado en otros enlaces enviados por este asesino: estaba escrita lo que parecía ser una fecha. No podía dormir, no dejaba de mirar a Vicky, en lo único que pensaba era en que sería asesinado. Me senté en el piso, y después de un rato de lectura e incómodos pensamientos, logré dormir. Un olor nauseabundo me despertó. Estaba recostado en mi cama, y ésta se encontraba bañada en sangre. Me volteé y vi a lo que parecía ser Vicky acribillada. Sus órganos estaban esparcidos por toda la habitación, al igual que su sangre. Cuando logré salir del shock me levanté rápidamente de la cama y noté que su celular estaba en mis manos. Tenía puesta una dirección que me recordó mucho a lo que Google llamaba «nuestra página», sólo que la URL se parecía a la del día anterior, con un pequeño cambio: «http://user_g00gle_240394/change/g00gle120393_03_april_2012/fghfd1g4g56df2d1f2a4ff4af1d2/log_out». Había otro «google» con números escrito ahí. Decidí ver la página y ésta solamente contenía un video sin título. Lo reproduje, la calidad era de no más de tres pixeles. Supuse que g00gle_240394 lo había editado para que se viera más tenebroso, pues al comenzar se veía a la silueta de alguien con un cuchillo acercándose a la cámara y comenzando a rondar el cuarto. No logré ver mucho hasta que encendió una pequeña luz, tal vez una lámpara; en cuanto esto sucedió descubrí que era mi cuarto. Enfocó la cama en la cual se encontraba Vicky, pero no estaba dormida, ella estaba despierta, atada a la cama y amordazada. La silueta se acercó y, en un acto al estilo Guinea Pig: Flowers of Flesh and Blood, enfocó una pequeña mesa que tenía en mi cuarto, sobre la cual había un mantel, una charola y varios utensilios de uso cotidiano, asemejándose grandemente a esas mesas que los cirujanos utilizan para colocar sus herramientas. Sabía exactamente lo que sucedería, pues el cadáver de Vicky ahora se encontraba en mi cuarto. El video continuaba, el sujeto que grababa hacía que pareciera que el espectador era quien estaba haciendo todo, como una clase de video en primera persona. Tomó un desarmador con una mano, se acercó lentamente a Vicky, acarició su pierna y con un violento movimiento lo clavó en su pierna; grabó su rostro, podía apreciarse el dolor en ella y apenas se escuchaban sus gritos y gemidos. Volvió a la toma del desarmador y comenzó a retorcerlo dentro de su pierna, y luego lo sacó y volvió a la mesa, de la cual tomó un cuchillo de cocina común y corriente. Se acercó nuevamente a Vicky y esta vez no la lastimó, sólo utilizó el cuchillo para desgarrar su ropa. La siguiente escena fue algo tan sumamente enfermo, que la única forma en la que podría describirla, es diciendo que esta escena parecía sacada de la película A Serbian Film. El sujeto puso la cámara en un lugar donde pudiera grabarse lo que hacía claramente. Durante unos veinte minutos, aproximadamente, violó a Vicky, pero eso no fue nada. Después de ese tiempo, el sujeto comenzó a acuchillarla en sus extremidades de modo que sólo la hería sin matarla, y de un momento a otro, se detuvo; Vicky lloraba, y se vio al sujeto levantarse tranquilamente y salir de escena, para después entrar con una licuadora. La conectó y la encendió, entonces introdujo la mano de Vicky y la destrozó por completo, pudiéndose ver cómo la sangre y trozos de carne desechos volaban por la habitación. La agónica escena se cortó y se vio un ángulo distinto, como si alguien más grabara. Se veía el brazo de Vicky, el que no fue dañado por la licuadora, y una segueta comenzó a hacer un corte brusco en él; Vicky intentaba zafarse, pero ese forcejeo inútil sólo causaba que el sujeto hiciera varios cortes adicionales en su brazo. Cuando estaba a punto de cercenarlo, ella lo arrancó de un jalón y se escuchó un grito tremendo; a pesar de que estaba amordazada, los gemidos eran fuertes y me hacían sentir el dolor que ella sintió. El video comenzó a fallar, y luego de unos segundos la toma se recuperó, sólo que esta vez Vicky ya estaba muerta y totalmente desecha, era sólo un tronco sin forma alguna en su rostro y desgarrada de cualquier otra parte. La toma se veía borrosa y se adelantaba sin razón alguna, para después regresar a donde nos habíamos quedado. En esta toma Vicky ya no estaba amordazada, y lo poco que le quedaba de brazo estaba desatado. Parecía que ella se quitó la mordaza como pudo, pues su cara estaba llena de sangre. Con voz débil pedía clemencia, que la dejara ir, sólo lloraba y rogaba por ser liberada. En esta toma la calidad había subido impresionantemente, como si una cámara profesional hubiese grabado sus últimas palabras. La toma hizo un corte rápido, y la siguiente escena volvió a ser de una calidad baja y aspecto turbio. A pesar de que no quería continuar viendo, el morbo no me dejaba reaccionar. Para empezar, la escena tenía un ángulo poco apreciable, y se oían gritos, como si la tortura se hubiera vuelto sumamente sádica. Se podían ver ligeras salpicaduras de sangre y se escuchaba algo así como un motor o una máquina escandalosa, y sonaban herramientas cayendo al suelo, un caos total. Lo único que se podía ver con la pobre iluminación era un par de siluetas peleando, pero cuando la imagen se volvió clara, la cámara cayó al suelo y sólo se veía la toma de unos pies. En esa toma vi caer lo que parecía ser una pierna cortada, un par de entrañas y mucha sangre. Entonces un pie del atacante pisó la cámara y ésta se quedó filmando estática por aproximadamente unos diez segundos. El video se cortó y se puedo ver al sujeto que hizo todo vistiendo una capucha. Lo primero que pensé fue que ese extraño sujeto era Google, pero no pude verlo bien, la capucha lo cubría y apenas había un poco de luz en la toma. Esta escena entrecortada del asesino duró poco más de unos segundos. El video terminaba ahí, se cortó bruscamente y la página se cerró de manera automática. Una sensación escalofriante recorrió todo mi cuerpo. Miré a Vicky y sólo comencé a llorar. Entonces recibí un mensaje en su celular, que decía: «Hola de nuevo». Era Google. Decidí contestarle, diciéndole: «¿Cómo pudiste hacer esto? Pensé que me habías dejado en paz, ¿por qué le hiciste esto a Vicky? ¡Ella no debía estar involucrada!». «Lo sé, pero ella se involucró y le tocó perder. Deberías dar gracias de que aún seguimos activos; es decir, ella simplemente cerró sesión en su vida mortal, pero estará conmigo para siempre, su video la ha inmortalizado». «¡¡¡MALDITO ENFERMO!!!». Dije eso y apagué el celular. Salí de la habitación y decidí irme de ahí. Tenía que investigar lo que estaba pasando, quién era Google en realidad y por qué aún me involucraba en esto después de tanto tiempo. Los libros que había leído todo ese tiempo me dieron ideas de cómo investigar sin involucrar a la policía, pues si lo hacía ellos pensarían que fui yo quien mató a Vicky y quien cometió el asesinato de mi amigo. Hice una pequeña maleta con algo de ropa y sólo llevé mi laptop, a pesar de que había pasado tanto tiempo desconectado, pues tenía otras intenciones aparte de sólo investigar. Por último, tomé las llaves de mi auto, y me fui. Conduciendo llegué a las afueras de la ciudad. Había un hotel, esos que están a la mitad de las carreteras, que sólo tienen cuartos básicos y no cobran mucho; era un lugar perfecto para ocultarme mientras averiguaba quién era este asesino. Renté una habitación por un tiempo y comencé mi investigación. Google empezaba a hastiarme, hablaba de nuestra página y del dinero que estábamos ganando. No contesté nunca, pero él insistía y hacía distintas preguntas, como si ya no me importaba esto o si le ayudaría con lo siguiente. Pude ignorarlo por casi una semana, pero mi estado mental me estaba llevando demasiado lejos, ya debía dinero al hotel, y mi trabajo, aunque no lo quisiera, seguramente lo había perdido. Fue entonces cuando tomé medidas drásticas: esperé a que Google se conectara y le pedí mi cuenta bancaria. Él accedió de inmediato, y la apunté y fui a un banco. Una vez ahí traté de retirar dinero de la supuesta cuenta, pero no había registro de ella. Siempre pensé que era una mentira, y por esa razón no me molesté, pero al volver a casa, Google me había escrito. El mensaje decía: «¿Eres estúpido? Si querías retirar el dinero me lo hubieras dicho, yo mismo lo haré por ti. No vuelvas a involucrar a nadie más en esto, podrían saber de mí. Y aparte, ¿cómo un niño de diecisiete años va a retirar dinero así como así?». Leí eso y escuché la puerta. Al abrir, era un sujeto con un paquete. Me lo entregó y me pidió mi nombre para registrarlo como recibido, pero le dije que no esperaba paquetes. Luego me preguntó todos mis datos, los cuales estaba leyendo desde una hoja que describía la entrega. Todos los datos eran reales, pues hasta la ubicación actual —el hotel— la tenía indicada en esa hoja. Decidí tomar el paquete y me pidió escribir mi nombre de nuevo. Cuando comencé, me dijo: —No señor, su nombre de usuario, por favor. —¿Usuario? —le pregunté extrañado. —Como ejemplo, mire el mío. Miré lo que llevaba bordado en su playera. Me dejó en shock, porque lo que decía era «g00gle_301193». Me hizo reaccionar y me pidió nuevamente mi nombre de usuario. Le dije que no sabía de lo que hablaba. —Ambos sabemos que eso es mentira, usted cuenta con un nombre de usuario otorgado por alguien que también ya debe conocer. ¿Acaso acaba de iniciar sesión? Sólo escribí lo primero que me llegó a la mente, «g00gle_240394». El sujeto me dio las gracias y se retiró. Estaba mirando el paquete, no quería abrirlo, esperaba encontrarme con la cabeza humana de algún familiar o tal vez un video de otro homicidio. Decidí ponerlo en la mesa y no lo abrí en todo el día. No dejaba de pensar en lo que ese tipo había dicho, «nombre de usuario»… En ese momento volvieron a tocar la puerta. Antes de abrir me asomé por la mirilla; era el dueño del hotel. Lo hice pasar y me dijo que tenía que pagarle la renta o si no me echaría de ahí. Conversé con él y lo convencí de no echarme, le dije que tendría el dinero pronto, que no podía dejar que me echara. Justo cuando cerré la puerta y encendí la máquina, vi un mensaje de Google: «Abre el paquete, es tu parte. Espero que sea suficiente». Abrí con miedo el paquete, pero sólo era una cámara. La reconocí de inmediato, era la cámara que había comprado tiempo atrás; estaba sucia y llena de algo que parecía ser sangre. No me preocupé por eso y vacié la caja, encontrando también una pistola y un sobre con una tarjeta de débito. Realmente necesitaba el dinero, así que la tomé y salí a un cajero. Eran las once de la noche, llegué a un cajero y, al mirar la cantidad que la cuenta de la tarjeta tenía, casi no lo creí: tenía más de medio millón de pesos. Sólo retiré lo necesario para pagar el hotel y regresé, le pagué al dueño y me fui a mi cuarto. La laptop seguía encendida, y como si supiera que había regresado, Google me escribió nuevamente. «Veo que estás más relajado ahora». «Supongo, pero aún debo saber… ¿quién diablos eres tú?». «Buena pregunta, pero ¿por qué no te evitas la fatiga y vuelves a la escena del crimen? Ahí puedes obtener respuestas, ¿no lo crees?». Tenía razón, salí tan rápido de ahí que jamás me di el tiempo de observar con atención. No escribí nada más y fui en dirección a mi antiguo departamento. El olor se había vuelto penetrante, sólo abrí la puerta y mi estómago se revolvió a tal grado que me ocasionó el vómito. Soporté el hedor y comencé a explorar el sitio; aún estaba el cuerpo de Vicky, su celular… todo como lo recordaba. Pero después recordé la cámara, la que venía en el paquete. ¿Cómo pudieron entregármela si ésta debería seguir por aquí arrumbada? Encendí mi laptop y Google estaba listo para chatear: «¿Qué dices, tus inútiles libros no te enseñaron nada?». «No es eso, sé que tú eres quien hizo esto, vi a un encapuchado cuando murió mi amigo, ese mismo sujeto aparece en el video. ¿Por qué no das la cara? Sé que eres tú…». «Y entonces… ¿por qué usas la misma capucha?». «¿Qué dices?», pregunté asombrado. «¿Qué maldita capucha?». «Entre tus cosas, ahí la encontrarás. ¡Busca bien, Sherlock!». No dijo nada más y se desconectó. Volví a mi habitación y busqué desesperadamente; grande fue mi sorpresa al encontrar entre mi ropa la capucha de la que Google hablaba. No podía creerlo, no podía ser cierto. ¿Entonces por qué veía a otros sujetos? No busqué respuestas en ese momento, sólo salí y deposité un mes de renta en mi antiguo departamento para evitar que alguien sospechara e intentara entrar. Volví al hotel, en ese momento el dueño me detuvo, y me cuestionó: —¿De dónde sacaste el dinero, hijo? No tenías nada, y en un par de horas saliste y conseguiste el efectivo. Dime la verdad, ¿a qué te dedicas? No contesté, ni siquiera lo miré, simplemente caminaba hacia mi cuarto. Una vez en la puerta, busqué mis llaves para abrir, pero él seguía haciendo preguntas: —Vamos, dime, ¿acaso eres ladrón? Si no me contestas me veré obligado a llamar a la policía. Eso me asustó, así que sólo abrí la puerta y la cerré con llave. El dueño seguía tocando y gritando, y luego se fue diciendo que iría por la policía. Lo único que pensé fue en contactar a Google, pero no sabía cómo localizarlo y estaba desconectado. Me desesperé, no sabía qué hacer, ahora estaba solo. Tal vez comencé a volverme loco y aluciné todo, en el mejor de los casos, nada de esto había pasado. Miré a mi alrededor y el cuarto en el que estaba, la ropa que traía, y… me recordó la imagen de mi muerte. Hasta tenía con qué dar el disparo. El arma a la que no le había tomado importancia estaba en el paquete, pero cuando la tuve entre mis manos, llegó un mensaje, una URL. La abrí, esperando en ella una salida. Era nuestra famosa página, en ésta había una imagen de un hombre con un par de tiros en el cuerpo y unos cuantos golpes. Al ver bien la foto, vi que ese cuarto me era familiar, era el cuarto en el cual residía el dueño, su cabina. Podía ver el mostrador y al dueño ahorcado con su teléfono… Tomé la cámara del paquete y preparé el arma, bajé las escaleras y, cuando llegué, actué de manera inconsciente. Lo poco que puedo recordar es al dueño con el teléfono en la mano preguntándome qué hacía, que llamaría a la policía. Al día siguiente amanecí en la carretera, recostado en el asiento trasero de mi auto y en medio de un camino distinto. Estaba tapado con la capucha negra, fue entonces cuando comencé a aceptar que, en realidad, era yo el asesino. Pero no podía creerlo aún, después de todo, pude ver a más encapuchados, no era el único. El sujeto que me entregó el paquete, mi amigo y Vicky, ellos también se habían involucrado. Mi laptop estaba encendida y la cámara conectada, un video acababa de ser subido a nuestra página, junto con la imagen que había visto el día anterior. Reproduje el video para refrescar mi memoria. Comenzaba conmigo grabando lo último que recordaba, el dueño del lugar junto a su teléfono, amenazando con llamar a la policía. Me le acercaba lentamente, grabando con la cámara frente a mí. Luego coloqué la cámara en el mostrador y ésta enfocaba sólo una parte de nuestro abdomen. Se escucharon amenazas y gritos por parte del dueño del hotel, después hubo un forcejeo por la bocina del teléfono seguido de un golpe hecho con la misma. Al alejarnos un poco de la cámara pude ver una toma más amplia, al menos se nos veía del torso para arriba. El dueño estaba sangrando de la cabeza, tenía una pequeña herida, se le escuchaba amenazar y en su cara se apreciaba el terror. Comenzó a retroceder poco a poco, y al intentar escapar tiró la cámara, permitiéndome ver ahora desde un ángulo que mostraba de los pies hacia arriba. Me podía ver ahorcando al dueño con el cable del teléfono, para luego soltarlo tras unos segundos y dejarlo caer al suelo, justo encima de la cámara. Estaba sobre sus manos y rodillas, se pudo ver cómo tomó la cámara e intentó huir con ella, y mientras se veían varias tomas de él corriendo, se oyó un disparo. Cayó y la cámara grababa al dueño viéndome caminar poco a poco hacia él. La toma se cortó, para ser retomada con el dueño sentado en el piso de su cabina. La cámara volvió a ser posicionada en el mostrador; esta vez, el hombre estaba sudando y sangraba, el cable del teléfono estaba alrededor de su cuello, y lloraba, pidiendo débilmente que lo dejara ir, que no lo matara; pero el cable alrededor de su cuello se apretó y él comenzó a forcejear para liberarse. Se podía ver cómo moría lentamente, y, justo cuando parecía que ya no tenía fuerzas para seguir luchando, varios disparos terminaron con su dolor. La cámara se movió, grabó mis pies y luego el video terminó. Google me escribió en ese instante. «Bien hecho, al fin aceptaste tu objetivo. Sólo por eso, mira: http://user_g00gle_240394_29_october_2013/fghfd1g4g56df2d1f2a4ff4af1d2/log_out». La dirección me llevaba a una imagen en la que aparecía yo nuevamente, pero esta vez en un sitio distinto, parecido a una calle, tal vez una avenida. Me mostraba como si hubiese sido atropellado. Entonces le pregunté: «¿Qué significa esto?». «Eso no es nada más ni nada menos que la fecha de caducidad de tu cuenta». «¿A qué te refieres?». No respondió, así que lo presioné: «Te hice una pregunta, ¡RESPONDE!». «Bien, g00gle_240394 es tu cuenta. Como puedes notar, si no es que ya lo has hecho, los números son tu fecha de nacimiento, mientras que «Google» soy yo. Los ceros significan mi posición, no tengo fecha de nacimiento, por eso llevo sólo un par de ceros. La URL que te envié y la que viste en el celular de Vicky no eran más que la fecha de caducidad de tu cuenta, lo que significa que cuando esa fecha llegue, te pasará lo que a g00gle_010692 y g00gle120393: sus cuentas caducaron, pero iniciaron sesión conmigo. Gracias a ti, ellos ahora son, en cierto sentido, inmortales. ¿No es eso lo que muchos como ustedes, los mortales, desean?». «Entonces qué tenía que ver el sujeto que maté anoche, ¿él también tenía relación con todo esto?». «Digamos que no fue su día de suerte, porque cuando un usuario, como tú anoche, está a punto de cerrar sesión, tiene la oportunidad de renovar su cuenta por un tiempo determinado. Ese tiempo es lo que le quede de vida a alguien más…». «¿Qué, quieres decir que tomo su vida como en Destino final?». «No, porque no puedes matar a lo imbécil o a quien tú quieras; debes matar a quien yo diga. Vicky debía matarte a ti, pero como su noble corazón no accedió, ella cedió en tus manos, pensando que la ayudarías. Quién lo diría, ella confió en ti y tú la acribillaste. Usuarios como tú hay pocos, por eso me agradas». «Entonces ¿por qué mi amigo intentó matarme y terminó muriendo?». «Porque es supervivencia del más apto. El día que te conoció debió matarte para renovar su cuenta, eras su renovación; pero tuviste suerte, se hizo el listo al querer alejarme en cualquier aspecto. Por eso mismo después te contacté, para que lo localizaras y cerraras su sesión de una vez por todas». «Quieres decir que al igual que Vicky…». «Era blando, pero tú eres un chico duro, por eso dije que me agradas». No podía creer lo que ese sujeto me estaba diciendo. Aún tenía dudas, no todo estaba claro, así que le pregunté sobre el futuro, por qué él lo sabía: «Qué hay de tus predicciones, ¿cómo sabes lo que pasará, cómo pasará y demás detalles?». «Sencillo, porque en realidad no existo, soy sólo una proyección de tus memorias, recuerdos y futuras imágenes, algo así como un déjà vu. Si no me crees, recuerda lo que hiciste ese día antes de cambiar de establecimiento en tu trabajo: en realidad tú ocasionaste ese accidente, y de alguna manera, en tu mente, ya estaba planeado que todo esto pasaría. Mira este enlace, un detective incluso nos lleva seguimiento, pero el muy imbécil aún no sabe cómo trabajamos y cree que yo realmente existo. Eso querías escuchar, ¿no?. http://policia_local/archivos/homicidios/2fd5f4d5fas42d4s8dsa45fd48f». Al entrar vi que era la página de la policía. Ese archivo hablaba de todos los homicidios que yo había cometido; al parecer fueron recuperados los videos, fotos y demás evidencias, pero aún eran casos sin resolver. Venían las URL de las que Google me habló tanto, y entre ellas nuestra página y distintas páginas con ventanas emergentes, las cuales son usadas por trolls en la red. Al intentar acceder eran enlaces rotos, pero eran las URL que Google me había enviado, de nombres largos, con números y letras sin sentido. Entre éstas se encontraba la del video de Vicky; no entré porque no se podía, pero sabía que era el video, pues había un nombre de usuario en la dirección. Me sorprendió todo eso y darme cuenta de que, en realidad, Google nunca habló conmigo ni me obligó a nada. Yo me había vuelto loco, o eso quería hacerme pensar; pero seguía sin entender por qué había visto a un tipo encapuchado aparte de mí, y por qué Vicky y mi amigo hablaban de un «Ellos». Tal vez se referían a esos tipos encapuchados. No recuerdo haber hecho algo para ocasionar ese accidente en mi antiguo empleo, además, las conversaciones borradas y esas trampas… las hizo desde el inicio. Pero pensar en esto no me sirvió, no obtuve respuesta alguna. Decidí entregarme, así podría conseguir respuestas, pero antes busqué al detective de la página con la esperanza de que él supiera algo de Google. Mis cuartadas para evidenciar que yo no era el asesino y demás pruebas me salvaron de ir a prisión. Tuve, en algún sentido, la suerte de terminar en un manicomio. Al menos sólo estuve ahí por poco tiempo, nadie me explicó bien por qué me dejaron salir en enero del año siguiente, siendo que mis crímenes debieron llevarme a una vida encerrado en ese lugar o una cárcel, aun siendo menor. Al fin sentía que estaba a salvo, pude olvidar, o al menos ignorar todo. El detective creía en mí y me apoyó en todo ese tiempo; recuerdo que en nuestra última charla estaba muy enojado y algo neurótico, quería al asesino y yo era el único sospechoso capturado. Entonces, bajo toda esa presión, recordé algo. —Mi laptop… —¿Cómo? —Las evidencias, todo está en mi auto. No sé de dónde apareció la cámara, al igual que mi laptop debía estar arrumbada, pero ahora que lo recuerdo, jamás la vi. No estaba en la caja, no, la tenía mi hermana… —¿Evidencia? —Lo escribí, tengo la entrada, él no lo sabe. Está en mi laptop; jamás le conté sobre esto a nadie, pero me prometí que quien pudiera ayudarme, podría saberlo. —¿De qué hablas, hijo? —Su actitud cambió radicalmente, y me propuso un trato—. Espera, ¿quieres decir que cooperarás para cerrar este caso? Ayúdame y yo te ayudaré a ti, puedo sacarte, pero debes probármelo todo. Recuerdo que escribí un pequeño diario, algo así como una bitácora en mi estancia en el hotel, pero todo quedó guardado en mi laptop y una página que creé con todo ese tiempo libre. De alguna manera sabía que Google no accedería a ésta, pues hice todo lo posible para ocultársela. Escribí todo esto en caso de que alguien creyera en mí y me pudiera ayudar. La única persona aparte de mí que sabía de esto ahora era el detective, pues, para empezar, no tenía mucho contacto con mi familia desde el día en que me emancipé. A decir verdad… no tenía mucho contacto con muchas personas. Salí de ese lugar, pero no supe bien por qué. El día de hoy estaba en mi trabajo, de nuevo en un cibercafé. Entonces un sujeto, que se presentó como el abogado que logró sacarme del manicomio, entró al lugar y me dijo que jamás tocara el tema con el detective de nuevo, si no quería que lo suspendieran de por vida. Me entregó una tarjeta y se fue. Salí con la tarjeta en la mano y la miré, era una tarjeta en blanco, y del otro lado sólo decía «g00gle_220175». No me lo podía creer, pero en ese preciso momento entré y vi un mensaje en la computadora. «Me eres muy útil, no podía dejar que te pudrieras en un manicomio o cualquier calabozo… ¿Estás listo para lo que viene?». Quería ignorarlo, pero aún dudaba: en este nuevo trabajo, la máquina del administrador, es decir, en la que yo estaba, era reconocida como la famosa «PC 0», la máquina desde la cual Google comenzó a hablar conmigo por primera vez. Por lo tanto, si era yo mismo, estaba loco desde un principio y por eso el día que le pregunté en dónde estaba, me dijo que estaba justo en donde yo estaba. Sin embargo, el detective me mostró pruebas de su existencia. Lo único que hice fue chatear de nuevo con él. Estaba muy confundido, y respondí: «¿Quién eres en realidad? ¿Por qué me confundes de esta manera? Si eres yo, ¿por qué eres tan inhumano? Yo jamás podría estar tan enfermo. ¿En dónde estás en realidad? ¡DIME LA VERDAD!». «Muchas preguntas como para llevar tanto tiempo de conocernos, ¿no lo crees? ¿No crees que eso ya lo deberías de saber?». «¡Sólo respóndeme!». «¿Qué quieres oír?». «Para empezar, ¿por qué me sacaste del manicomio? Si es que en realidad fuiste tú quien lo hizo». «Ese detective es una molestia, si te dejaba ahí, lo hubiera echado a perder todo». «¿Entonces sí eres real? Porque si tú fueras yo, como me hiciste creer… yo jamás hubiera podido salir solo de ahí». «Digamos que fueron contactos que tenía guardados, pero al igual que tú, ahora tienen su cuenta y deben estar activos constantemente, a menos que quieran ser dados de baja… de por vida». «¿Entonces sí hay muchos más?». «Claro. Como te mencioné el día en que empezamos a conocernos, muchos son ricos y poderosos sólo por hacerme caso. Con sus sacrificios, por supuesto, pues nada es gratis en esta vida. Unos más sólo fueron registrados para hacerme un par de favores, algunos otros siguen sirviéndome. Los mejores y más afortunados cerraron sesión, para después iniciarla en nuestra página, y así ser inmortalizados». «Eres real, no estaba loco, ¿eres ese encapuchado?». «Me has tenido frente a ti más de una sola vez. Así como tengo muchas páginas, también tengo millones de usuarios. No eres único, pero sí de los más útiles». «¿Y por qué me hiciste pensar que eras yo?». «Sólo te diré una cosa: Mi humanidad empieza donde termina la tuya». Se desconectó, y salí a fumarme un cigarrillo para calmar mis nervios. Noté que la calle en la que estaba era exactamente la misma de la foto de mi muerte, y al otro lado de la calle había un sujeto encapuchado. Con algo que parecía un celular entre sus manos. Me sonrió de manera grotesca y se fue. Esta vez no sentí miedo, ni decidí hacer nada, pues nadie a mi alrededor lo hacía. Al parecer, nadie notaba su presencia, que poco a poco desaparecía. No hice nada, después de todo, ahora no era más que una marioneta. Con menos dudas en mi cabeza me sentía más tranquilo, tal vez sólo era momento de esperar para ver qué pasaba. No sé si todo esto ha sido real o producto de mi imaginación, lo que sí sé es que, por lo que he pasado, lo más probable es que si no hago lo que se me ordena, el que tendrá que cerrar sesión… seré yo. Pero yo… debo seguir conectado. … Todo esto fue sacado de un reporte del detective que ha seguido el caso de manera no oficial por más de siete años. En el reporte también están archivados los distintos casos de otros usuarios y varias anotaciones del detective, como de los homicidios sin resolver y la existencia de usuarios desde que Google comenzó a volverse un buscador famoso hasta la fecha. Por ahora no es un caso olvidado, el detective encontró este archivo en un sitio llamado «nuestra_pagina.com». En éste se encuentran varios escritos parecidos, acompañados de videos al final en los que se muestra cómo cada uno de los usuarios ha «cerrado sesión» de manera explícita. Todos los usuarios cuentan con el nombre «g00gle» acompañado de su fecha de nacimiento, y en los videos se agrega la fecha de su muerte. La página también contiene imágenes y videos de distintos homicidios que son casos sin resolver. El detective encontró la página con dificultad, pues las URL de cada video, imagen o escrito cambian una vez que han sido vistos. Las ventanas se cierran automáticamente, y aunque se copie la URL, al intentar reingresar a ella el buscador no encontrará nada. El escrito anterior fue copiado y pegado por el detective como evidencia, y éste afirma, por las fechas desplegadas en el sitio, que el autor de dicho escrito es el único usuario que sigue con vida. Ya que el detective pudo tener contacto con el usuario g00gle_240394 cuando éste estuvo internado en el manicomio, todavía no se da por vencido. Tras su desaparición sólo tuvo contacto con él por sus entradas en línea. Por ahora se le busca como el único y principal sospechoso, de nuevo. La página es difícil de encontrar, pues sólo puede encontrarse con Google, escribiendo «nuestra_pagina.com». Pero para encontrarla no basta con dar clic en alguna de las primeras opciones que el navegador nos da, ya que éste sabe ocultarla a la perfección.

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Los Casos Spencer - 1 Hora - Creepypasta
ParanormalporAnónimo12/18/2013

bueno les traigo este creepypasta creado por ProyectoCabra. Duracion:1:00:00 link: http://www.youtube.com/watch?v=KMzhlMg7HxY

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La Casa Sin Fin
ParanormalporAnónimo12/26/2013

Permítanme comenzar diciendo que Peter Terry era adicto a la heroína. …….Fuimos amigos en la universidad y lo seguimos siendo después de graduarme. Nótese que dije «graduarme». Él se retiró luego de dos años de esfuerzo mínimo. Tras pasar de los dormitorios en la universidad a un pequeño apartamento, no frecuentamos tanto. Hablábamos en línea de vez en cuando (AIM era líder en los años previos a Facebook). Hubo un periodo que no estuvo en línea por cerca de cinco semanas consecutivas. No me preocupó. Era un completo vago y adicto a las drogas, por lo que asumí que sencillamente le dejó de interesar. Pero una noche le vi entrar de la nada. Antes de poder iniciar una conversación, me envió un mensaje: …….«David, hombre, tenemos que hablar». …….Entonces me contó de La Casa Sin Fin. Obtuvo ese nombre porque nadie había nunca llegado a la salida. Las reglas eran simples y cliché: alcanza el último cuarto del edificio y gana quinientos dólares, nueve cuartos en total. Estaba ubicada fuera de la ciudad, a unos seis kilómetros y medio de mi casa. Al parecer, él lo había intentado y fracasado. Supuse que su intoxicada mente exageró la situación y salió huyendo por algún fantasma de papel o semejante. Me dijo que sería demasiado para cualquiera, era antinatural. Yo no le creí; ¿por qué lo haría? Le dije que echaría un vistazo la noche siguiente, y no importaba lo mucho que tratara de convencerme de lo contrario, quinientos dólares sonaba muy bueno como para ser cierto. Partí el día siguiente. Esto es lo que pasó. . …….Al llegar y asimilar mi primera impresión del local… ¿alguna vez han visto o leído algo que no debería causar pavor, pero que por alguna razón un escalofrío se arrastra por tu cuerpo? Caminaba hacia el edificio, y la sensación de malestar se intensificó conforme abría la puerta principal. …….Mi corazón se desaceleró y solté un suspiro de alivio cuando entré. El lugar se veía como el vestíbulo de un hotel cualquiera decorado para Halloween. Un letrero remplazaba al recepcionista, decía: «Habitación 1 por aquí. 8 más le siguen. ¡Llega hasta el final y ganas!». Me reí e hice mi camino a la primera puerta. …….El área era una burla. La decoración te recordaba la sección de Halloween de un mini-súper, con fantasmas de tela y zombis animados que te gruñían al caminar a su lado. En el otro extremo estaba la salida, la única puerta además de la que usé para entrar. Caminé a través de las telarañas de juguete hacia la segunda habitación. …….Fui recibido por niebla cuando abrí la puerta; sin duda hubo un avance en términos de tecnología. No sólo había una máquina de humo, sino también un murciélago colgado del techo y volando en círculos. Parecían tener una banda sonora de terror barata reproduciendo desde algún punto de la habitación. No vi un equipo de música, pero supuse que debían haber utilizado un sistema de megafonía. Pasé por encima de unas cuantas ratas a cuerda y me fui con el pecho en alto a la siguiente zona. …….En la tercera habitación es cuando las cosas empezaron a cambiar. …….Superficialmente, no podías ver nada fuera de lo ordinario. Había una silla en el medio del piso tapizado con fina madera, una sola lámpara en la esquina hacía un pobre trabajo iluminando el lugar, y proyectaba algunas sombras en el piso y paredes. Ése era el problema. Sombras. Dejando fuera la de silla, había otras. Fue al momento que supe que algo no estaba bien. Ni siquiera pensé mientras automáticamente intentaba abrir la puerta por la que vine… Estaba asegurada desde el otro lado. …….Aquello me desconcertó, ¿alguien las aseguraba a medida que progresaba? No, no había manera. Le habría escuchado. ¿Un seguro mecánico? Quizá. Pero estaba demasiado asustado como para pensar realmente. Me volví al frente de la habitación y las sombras se habían ido. La sombra de la silla se mantuvo, pero las demás se habían ido. Lentamente empecé a caminar. Solía alucinar cuando era un niño, así que atribuí a ello lo ocurrido. Me sentí mejor al seguir el trayecto, revisé abajo por obstáculos, y ahí fue cuando lo vi. O no lo vi. Mi sombra no estaba. No tuve tiempo de gritar; corrí tan rápido como pude a la otra puerta y me adentré a la cuarta habitación sin pensar en lo que podría contener. …….Ésta fue posiblemente la más inquietante. Cuando cerré la puerta, toda la luz pareció ser succionada y puesta de vuelta en la habitación anterior. Me quedé ahí, envuelto en la oscuridad, sin poder moverme. No le temo a la oscuridad, nunca le he temido, pero estaba aterrado. Toda visibilidad me había abandonado. Sostuve mi mano frente a mi rostro y de no saber que le había ordenado a mi cuerpo tal cosa nunca habría sido capaz de darme cuenta. Oscuridad no lo describe. No podía escuchar nada, era un silencio inerte. Cuando estás en una habitación a prueba de sonido, aún puedes escucharte respirar. Puedes escucharte estando vivo… yo no podía. Comencé a empujarme hacia adelante, mi corazón palpitando agitadamente era lo único que podía sentir. No parecía haber una puerta del otro lado, no estaba seguro de que hubiese una esta vez. El silencio fue entonces roto por un leve zumbido. …….Me giré violentamente al sentirlo detrás mío, pero no podía siquiera ver mi nariz. De cualquier forma, sabía que algo había ahí. El zumbido se acrecentó, más fuerte, más cercano. Di un paso atrás, nunca había experimentado esa clase de miedo. Realmente no puedo describirlo. No temía morir, temía las alternativas. Las luces parpadearon durante menos de un segundo y lo vi. Nada. La habitación estaba de nuevo inmersa en tinieblas y el zumbido era ya un chirrido salvaje. No podía seguir con ese sonido maldito durante otro minuto. Corrí hacia atrás, lejos del ruido, hasta llegar al otro extremo; al dar con la perilla de la puerta la giré y caí a la siguiente habitación. …….Antes de que detalle la quinta habitación deben de tener claro algo. Yo no soy un adicto a las drogas. No he tenido historial de abuso de drogas o cualquier tipo de episodios psicóticos fuera de las alucinaciones en mi infancia que mencioné antes, y ésas sólo ocurrían cuando estaba muy cansado o recién despertaba. Entré en La Casa Sin Fin con la mente sana. …….Después de caer por el cuarto anterior, mi vista de la habitación número cinco era de espaldas, mirando hacia el techo. Lo que vi no me asustó, simplemente me impresionó. Árboles habían crecido en la habitación y se alzaban por encima de mi cabeza. El techo era más alto que en las otras habitaciones, de lo cual pude conjeturar que estaba en el centro de la casa. Me levanté del suelo, sacudí el polvo, y di un vistazo. Fue sin duda la más grande habitación. No llegaba a ver la salida desde donde estaba, varios arbustos y ramas bloqueando mi línea de visión me debieron impedir de ubicar una. Imaginé que a partir de este punto las habitaciones serían más y más aterradoras, pero esto era un paraíso en comparación con la última habitación. También asumí que lo que fuera que estuviera ahí en la cuarta habitación, se quedó en la cuarta habitación. No lo hizo. …….En lo que me adentraba por el área comencé a escuchar lo que uno escucharía si estuviera en un bosque, el ruido de los insectos y el aleteo ocasional de un ave parecían ser mi única compañía en esta habitación. Eso fue lo que más me molestó. Escuchaba los insectos y otros animales, pero no veía ninguno. …….Caminé, esperando que tras el siguiente árbol diera con la puerta. Después de unos momentos sentí un mosquito acomodarse en mi brazo. Lo sacudí y seguí andando. Un segundo después, sentí diez mosquitos más volar a mi piel en diferentes lugares. Los sentí arrastrarse de arriba hacia abajo en mis brazos y piernas, y unos pocos bordando mi cara. Hacía un esfuerzo por espantarlos pero seguían viniendo. Cuando vi abajo dejé escapar un grito ahogado. No había un tan solo insecto. Ni un solo mosquito estaba en mi piel, pero podía sentirlos a lo largo de mi cuerpo. Los sentía picarme y los oía volar por mi rostro y alrededor. Me tiré al suelo y comencé a rodar. Estaba desesperado, odio a los insectos, especialmente los que no puedo ver o tocar. Estos mosquitos podían tocarme, y estaban por todas partes. …….Me puse a gatear. No tenía idea de a dónde iba, la entrada no estaba por ningún lado, y seguía lejos de encontrar la salida. Así que gateé, con mi piel siendo agredida por esos insectos fantasma. Después de un interminable periodo de tiempo di con la sexta puerta. Agarré el árbol más cercano y conseguí ponerme en pie, perdidamente bofeteando mis brazos y piernas en vano. Traté de correr pero no pude, mi cuerpo estaba agotado de arrastrarse y hacerle frente a lo que fuera que tuviera encima. Emprendí algunos pasos tambaleantes hacia la puerta, agarrando cada árbol en el camino para sostenerme. Fue sólo a unos metros de distancia cuando lo escuché. El mismo insistente zumbido de antes. Venía de la habitación siguiente, y era más grave. La sensación de los mosquitos se reducía mientras el zumbido tomaba fuerza. Al poner mi mano en la perilla, los mosquitos desaparecieron, pero no me atreví a girarla. Esperé, con mi cabeza apoyada en la puerta y mi mano en un agarre tembloroso. El zumbido era tan ruidoso que ni siquiera podía oírme pretendiendo reflexionar. Sabía que de soltar la perilla los insectos volverían y no habría forma de que regresara hasta la habitación anterior. No había nada que pudiera hacer sino continuar. La sexta habitación seguía, y la sexta habitación era el Infierno.

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Muerte pornográfica
ParanormalporAnónimo6/1/2013

Muerte pornográfica Sí, lo sé, el título es algo raro, pero no encuentro otras palabras para describir lo siguiente. Siempre fui muy apegado a mi prima Alejandra. Cuando esto ocurrió, hace ya varios años, ella tenía la edad de diecinueve años y yo quince. Nuestros familiares siempre nos decían que parecíamos «uña y mugre», ya que siempre andábamos juntas de un lado a otro. Pero siempre hubo un hábito de Alejandra que a mí nunca me gustó: a ella le gustaba la pornografía. Siempre creí que la pornografía sólo le gustaba a los hombres, pero mi prima muchas veces me contó de nuevas páginas que encontraba o de algunas prácticas sexuales bastante extrañas. Como ella sabía que a mí no me gustaban esas cosas, se limitaba a contarme de vez en cuando los resultados de sus búsquedas, pero jamás me incitó a ver una pagina así. Cierto día de abril, me contó que había encontrado una página nueva en donde si te registrabas, tú mismo podías hacer tus videos o tus fotos «xxx». El primer error que cometió fue el de registrarse. En un inicio ella miraba pornografía, pero jamás subía fotos suyas o daba alguna información acerca de su vida. Desgraciadamente, después me enteré de que había empezado a tener varios seguidores en esa página porque había empezado a subir fotos de ella desnuda. Entonces nuestra relación se fue debilitando poco a poco, hasta que terminó por extinguirse. Pasaron algunos meses en los que no tuve contacto con ella, pero una noche acudió a mi casa llorando y pidiéndole a mis papás que la dejaran hablar conmigo. Mis papás, preocupados, nos dejaron charlar a solas. Alejandra me contó que desde que empezó a subir ese tipo de fotos, una chica de nombre Esther la había agregado como amiga, y que en la página de Esther había fotos de ella haciendo muchas cosas incorrectas. A pesar de saber que de esa amistad no saldría nada bueno, mi prima aceptó ser su amiga y poco a poco fueron compartiendo fotos y experiencias. Después de contarme esto, mi prima se puso muy nerviosa y me dijo que desde hace algunos días, Esther subía fotos en donde aparecía desnuda y llena de sangre, con su cuerpo mutilado, moretones en su cara y cadenas en sus pies. En pocas palabras, eran fotos de ella asesinada, en las que también se veía la sombra de quien había tomado las fotos, y mi prima sospechaba que el mismo fotógrafo era el asesino. Aunque su relato me sorprendió, aún no comprendía del todo por qué Alejandra quería hablar conmigo, pero la respuesta a esa pregunta me llegó pronto. Mi prima me dijo que en los comentarios de las fotos del asesinato de Esther aparecía un link bastante extraño, y que ella, por curiosidad, se atrevió a abrir esa página. Lo que vio fue algo perturbador: cientos de fotos de chicas asesinadas de la misma manera que Esther, y al final de cada foto, la leyenda «Tú eres la siguiente», acompañada de la foto de mi prima… Obviamente ella se asustó y cerró de inmediato la página; pero dice que cada noche podía ver a un hombre en su ventana sosteniendo una cámara en sus manos. Y cuando lo miraba detenidamente, podía ver que ese hombre sólo tenía una horrenda sonrisa en la cara. Sin ojos ni nariz. ¿Qué podía hacer yo? Aunque no creía su historia, le permití que durmiera varios días en mi casa, y como ella no vio en esos días nada extraño en las ventanas ni nada por el estilo, se sintió lista para regresar a su departamento. Después de un tiempo dejé de saber de ella, hasta que un día mis padres me informaron que la habían asesinado; pero no me dijeron cómo o por qué. Tampoco me dejaron ir al funeral esa tarde, así que decidí meterme a la red social pornográfica en la que se había suscrito. Y ahí estaban: fotos de ella, un día antes de su muerte, amarrada a una cama, desnuda y con muchas agujas en su cuerpo, llagas en los brazos y moretones en su cara. No pude ver las siguientes fotos. Lo único que me alegró fue no ver el link que ella me describió… Aquel en donde le anunciaron que ella sería la siguiente. Cuando les conté a mis papás de lo que vi, y quisimos revisar la página, ésta había sido dada de baja, y el cómo murió mi prima quedó en una pregunta sin respuesta. Aunque juraría que ayer, cuando dormía, pude ver la silueta de un hombre en la ventana de mi vecina… un hombre sosteniendo una cámara… «Pobre chica», pensé. «Todo por subir sus fotos a una página de internet» . PARA VER MAS RELATOS O CREAR RELATOS UNETE A LA NUEVA COMUNIDAD DE CREEPYPASTAS Y RELATOS DE MIEDO Y TERRO:http://www.taringa.net/comunidades/creepypastastero/

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